Reseña de libros *

 

Enric Juliana Ricart (Badalona 1957), director adjunto y delegado en Madrid de La Vanguardia, se aleja de la actualidad política para reconstruir, a partir de una controversia político-histórica cuyas repercusiones sacudieron la vida interna del PCE, las casualidades y causalidades que transformaron el franquismo hasta desembocar en la actual democracia, que sincronizaron con Europa la economía española y que alteraron profundamente biografías personales y colectivas. «Aquí no hemos venido a estudiar» (Arpa Editores, Barcelona, 2020) es una crónica que conecta la Prisión de Burgos bajo la dictadura con los debates, las esperanzas, los logros y los fracasos de nuestra contemporaneidad.

 

Jaume Claret

Profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Su último libro «Ganar la guerra, perder la paz. Memorias del General Latorre Roca» (Crítica, 2019)

 

Apenas iniciado 1964, Bob Dylan difundía una pieza grabada seis meses antes titulada “With God on Our Side”, donde criticaba a sus conciudadanos por autoerogarse la superioridad moral de creerse siempre en el lado correcto de la historia. Obviamente, el PCE y el PSUC no contaban con dios entre sus filas, pero sí con unas convicciones ideológicas suficientemente firmes cómo para que sus militantes aceptasen cualquier sacrificio contra la dictadura franquista: la clandestinidad, la lucha guerrillera, la tortura, la prisión, el extrañamiento familiar y las depuraciones internas. Todo se justificaba para derrocar al último aliado del fascismo vencido en la Segunda Guerra Mundial… sobre qué debía substituirlo, aquí las posiciones eran menos concretas.

Manuel Moreno Mauricio y su esposa Maria Sarriera en los años 30 (foto: La Vanguardia)

Enric Juliana reconstruye, a partir del icónico militante Manuel Moreno Mauricio (MMM), la memoria de aquella generación de hierro. Desde una antigua admiración juvenil, el periodista badalonés describe a aquellos curtidos comunistas como una gente comprometida, cuyos ideales, más allá de los errores políticos cometidos y de los abusos estalinistas permitidos, la caracterizaba como buenas personas. El sacrificio personal como exoneración de los pecados grupales. El ejemplo individual como genealogía reivindicable para los primeros demócratas durante la Transición y como referentes cívicos de una cierta sensibilidad de izquierdas.

Pero, como nos recuerda el premio Nobel en la canción antes citada, aquello que garantizaba el triunfo en última instancia no era la adhesión al ideal correcto, sino la fuerza para imponer tu criterio. Las victorias morales no configuran el mundo, y para los auténticos vencedores la retórica es únicamente la guinda del éxito. En este sentido, la crónica de Juliana nos relata cómo la principal fuerza antifranquista será incapaz de hacer tambalear la dictadura española, se convertirá en un simple peón de la guerra fría internacional y, a pesar de todo, aportará –implosión de los partidos incluida— elementos significativos para la evolución democrática del país.

Presos políticos (entre los que se encuentra Manuel Moreno Mauricio) en la prisión central de Burgos en 1957 (foto: archivo de Pere Ruzafa)

La contraposición entre el sector partidario de formarse y prepararse para el largo plazo y el defensor de la confrontación para precipitar la caída del régimen a corto plazo singulariza el enfrentamiento entre dos de las principales almas del comunismo español durante el franquismo y la Transición. En la prisión de Burgos, las dos posiciones se personalizan en MMM y en el dirigente vasco Ramón Ormazábal: prudencia vs. temeridad. Este baile mutará a lo largo del tiempo (desde la guerra civil hasta casi el presente) y en personajes (con Santiago Carrillo o Dolores Ibarruri y Fernando Claudín o Jorge Semprún, entre otros), pero la esencia se mantendrá, en un vals literario que recuerda en parte a la construcción en espiral de Anatomía de un instante, con los modismos característicos e identificadores de la pluma de Juliana.

Porque, a pesar de la innegable ambición del volumen, el texto se adscribe más a la crónica periodística que no al ensayo histórico. Contienen mucha historia estas páginas –y algún pequeño error como la referencia a la guerra civil griega en realidad resuelta en el acuerdo entre Churchill y Stalin, la errónea caracterización de Nin como trotskista o la conversión del obituario que Mao dedicó a Bethune en libro—, pero sobre todo contiene datos, contexto e informaciones puestas al servicio de un relato con voluntad interpretativa y al mismo tiempo reivindicativa de nombres como Joan Comorera, Julián Grimau, entre otros. Todo ello no exento de alguna pulla (como el recordatorio del colaboracionismo del abuelo del president Puigdemont con la prisión franquista de Burgos), de alguna afirmación atrevida (“Carrillo siempre fue socialista”) y de alguna imagen especialmente inspirada: «Mentalidad mercantil: los productos que ya no tienen salida, fuera del escaparate. Hoy mismo, en Cataluña nadie ha sido nunca franquista, ni comunista, ni pujolista. […] La política no es el punto fuerte de los catalanes, a pesar de su extraordinaria pasión por la política mercantilizada”.

 

Cárcel de Ventas
Dos estrategias contrapuestas

El antagonismo estratégico surge de las diferentes percepciones sobre un mundo que ya no tiene nada que ver con el ‘mundo de ayer’ finiquitado con la estrenada bipolaridad. La ‘guerra fría’ limitará la maniobrabilidad dentro de las respectivas esferas, someterá los aliados comunistas a los intereses soviéticos y convertirá el anticomunismo en cohesionador occidental. Tampoco España es ya la de la República, porque la debilidad inicial de la dictadura tan solo es superada por la fragilidad de la oposición, porque ser franquista no significa necesariamente ser imbécil, porque la represión fue realmente efectiva para erradicar ideologías e inquietudes políticas, y porque –tarde, mal y a rastras— el régimen aceptó a finales de los cincuenta reformas económicas.

Octubre de 2019. Homenaje en Barcelona

Aquí no hemos venido a estudiar constata como la España –y la Cataluña— actual es más hija del franquismo que no de aquellos hombres –sin olvidar el papel de las mujeres en el sacrificio de la cotidianeidad—: no de la dictadura fascistizante de la postguerra, sino del régimen tuneado por los tecnócratas del Opus Dei, por las influencias de la guerra fría, por los efectos del ‘desarrollismo’ y por la profesionalización de las estructuras administrativas. Y es en estas áreas donde el matiz resulta posible, donde aparecen confluencias imposibles de pensar veinte años atrás como la colaboración de personas ya no seleccionadas por criterios político-ideológicos, sino por su capacitación técnica y su competencia profesional. Juliana lo singulariza acertadamente en la figura del economista Joan Sardà Dexeus –personaje todavía demasiado desconocido—, cerebro gris del desarrollo español, en una designación donde parece evidente fue decisivo el amigo americano. Pero lo mismo podríamos decir de otras áreas y administraciones como, por ejemplo, el Gabinete Técnico del Ayuntamiento de Barcelona creado bajo mandato del polémico José María de Porcioles.

Toulouse, 1945. De izquierda a derecha, Enrique Líster, Francisco Antón, Santiago Carrillo, Dolores Ibarruri y Joan Comorera (foto: Efe)

A pesar de la estructura espiral, Juliana avanza cronológicamente y, al aproximarse al final de la vida de su protagonista, también se incrementa la implicación personal del autor. Ya en plena Transición, aquellos viejos comunistas protagonizarán un último servicio a la democracia naciente, mientras su partido agoniza. Ya como testigo coetáneo a los hechos, el director adjunto de La Vanguardia reivindica el legado del PSUC en la preservación de la unidad civil, en la actuación municipalista o en la defensa de la lengua y la cultura catalanas, pero también las aportaciones personales y los sacrificios grupales. De los primeros, destaca la figura de Jordi Solé Tura como padre de la Constitución; de los segundos, subraya su papel estabilizador ante las sacudidas durante los primeros gobiernos democráticos.

Este último giro dialéctico le permite a Juliana salvar el legado de MMM, poder decir que la trayectoria de aquella ‘bona gent’ [buena gente] no fue en vano. Ante el interrogante que planteaban los Manel en su hit –“encara no saps si amb el meu pas pel món faig que sigui una mica millor” [todavía no sabes si con mi paso por el mundo hago que sea un poco mejor]—, el periodista badalonés desea responder positivamente. Quizás los ideales que los acompañaron no eran los correctos, quizás sus objetivos últimos se hallaban fuera de su alcance, pero la odisea merece ser salvada como ejemplo humano y de humanidad y, en parte, como aportación a nuestra actual genealogía cívica y democrática.

Manuel Moreno Mauricio (con la mano levantada) en una reunión del PSUC en Badalona, 1981 (foto: Pere Ruzafa)

*Enric Juliana, Aquí no hemos venido a estudiar. Memoria de una discusión en el penal más duro de la dictadura. El debate de un mundo olvidado que explica el presente, Arpa Editores, Barcelona, 2020, 360 páginas, 19’90€

Fuente: «La ‘bona gent’ «, Núvol,   13 de agosto de 2020

Portada: Presos en la cárcel de San Miguel de los Reyes, en Valencia (foto: CTXT)

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