Edgar Straehle
Autor de «Claude Lefort. La inquietud de la política» (2017)
y de «Memoria de la revolución» (2020)

 

Para comprender la deriva independentista que se ha dado en Cataluña en los últimos tiempos puede resultar de utilidad esta pequeña y esencial bibliografía (aunque ampliada y matizada en los comentarios). El objetivo, y sin ánimo de exhaustividad, ha consistido en escoger aquellas obras que dan mejor cuenta de la complejidad tanto histórica como política de este proceso histórico. Por eso, y más allá de los posicionamientos políticos inevitables en cada historiador, se han seleccionado sobre todo aquellos escritos que, hasta donde alcanza mi conocimiento, reconocen esa complejidad o que, de algún modo, ayudan a reflejarla.

Así pues, el propósito ha sido el de evitar caer en interpretaciones instrumentalizadas o politizadas de la historia, y por supuesto también en las más simplistas. Por eso mismo, no solo es interesante tener en cuenta las obras mencionadas en sí mismas, sino también con qué otras se relacionan y de qué modo, al hacerlas dialogar o confrontar entre sí, pueden contribuir conjuntamente a recrear la dimensión real de lo sucedido. De ahí también que, más allá de los olvidos o ausencias que pueda contener, algunas simplemente debido a una falta de ciertas lecturas, es bastante probable que esta lista no satisfaga a casi nadie, pues deliberadamente hace referencia a textos que a veces se sitúan (o son situados) en un costado u otro de la contienda política. Su propósito, empero, no es tanto conciliador como el de buscar puentes desde donde intentar favorecer una relación lo más sana posible con el pasado, una no meramente condenatoria o apologética, una más llena de matices, aristas y ambigüedades, obviamente por “ambos lados”. 

Como yo mismo tengo un posicionamiento determinado en esta cuestión, no quiero dejar de señalar que este listado, naturalmente, también procede de una perspectiva personal concreta; y de una que ha desembocado en un texto propio como Nación, pueblo e independencia: el nacionalismo como problema en Cataluña (2018) y que, en cierto modo, puede ser visto en parte como un resultado de muchas de las lecturas de los libros aquí enumerados.

1. “Naciones sin nacionalismo” (PUV, 2008) de Xavier Torres

Me parece una obra muy importante que ayuda a problematizar (que no negar del todo) las tesis modernistas del nacionalismo y a observar cómo no se puede comprender este fenómeno político desde una mirada exclusivamente contemporaneista. En especial, porque, al menos en gran medida, esos nacionalismos no serán construidos desde la nada, sino que, al menos en el caso catalán, tendrán o arrastrarán una historia previa (y que más tarde podrá ser recuperada o instrumentalizada con unos fines políticos, para lo cual resultan asimismo útiles estudios como el de David Martínez Fiol que analiza la construcción política de la memoria de 1714). Eso explica el empleo por parte de Xavier Torres de esa expresión deliberadamente paradójica de “naciones sin nacionalismo” en el libro, la cual ayuda a entender acontecimientos de la época como la Guerra de los Segadores (un episodio que el mismo historiador ha tratado en un libro homónimo) y, a su vez, puede ayudar a hacer entender la tensión histórica entre “lo nacional” y “lo nacionalista”.

Todo ello no excluye, naturalmente, que para la Edad Moderna haya muchas obras de otros historiadores, solo por decir unos cuantos, como Pierre Vilar, J. H. Elliott, Joaquim Albareda, Agustí Alcoberro, Ernest Lluch, Eva Serra, Joan Lluís Palos u Oscar Jané (pensemos en el concepto de “afrontera” que sirve para mostrar la porosidad de ciertos límites estatales y que desarrolla en L’afrontera. De la dominació a l’art de transgredir) que también son de gran valor y que asimismo han sido grandes contribuciones para explicar la historia moderna de Cataluña.

2. “Cultura nacional en una societat dividida. Patriotisme i cultura a Catalunya (1838-1868)” (Curial, 1992) de Josep Maria Fradera.

Traducido al castellano como “Cultura nacional en una sociedad dividida. Cataluña, 1838-1868” (Marcial Pons, 2003).

Este clásico ha ganado un justo reconocimiento gracias, entre otras cosas, al sugerente concepto de “doble lealtad” o “doble patriotismo” que se plantea, desarrolla y examina a lo largo del libro; una expresión que de manera simplificada se puede sintetizar en la idea epocal de que “España es la nación y Cataluña la patria” y que evidencia que, en aquel momento (y todavía más adelante), ambas identidades podían perfectamente no ser incompatibles. Por ello mismo, este libro también resulta recomendable para disipar las posibles y tentadoras lecturas teleológicas o presentistas del pasado. Algunas jugosas reflexiones posteriores del mismo autor sobre este tema y su libro también se pueden encontrar en La pàtria dels catalans (2009).

Obviamente, en este contexto también resulta importante la lectura de un texto relacionado y tan detallado como es Nacionalisme espanyol i catalanitat (2017) de Joan-Lluís Marfany (el mismo autor recoge y reconoce explícitamente el legado de Fradera en su libro y lo quiere complementar con su propia investigación), pero no por ello se debe excluir la lectura de otras obras, en apariencia antagónicas, como Els precedents del catalanisme (2000) de Pere Anguera.

Para comprender la historia del catalanismo resulta crucial intentar comprender el continuo, complejo y no unilineal juego de continuidades y discontinuidades que se fue desarrollando y que no puede ser retratado desde una perspectiva unilateral u homogénea. Por eso, en este contexto no querría olvidar las importantes investigaciones de Jordi Roca Vernet, sobre todo en torno a una época tan interesante, ambigua y a veces desatendida como el Trienio Liberal (al cual dedicó su importante tesis doctoral “Política, liberalisme i revolució. Barcelona, 1820-1823”) y sobre el liberalismo de la primera mitad del XIX.

3. “Escolta Espanya: la cuestión catalana en la época liberal” (Marcial Pons, 2001) de Borja de Riquer.

Una versión anterior fue Identitats contemporànies. Catalunya i Espanya (Eumo, 2000).

Me parece una obra crucial que dialoga con la de Fradera (y también con Marfany) y a la que en cierto modo complementa como si fuera una suerte de continuación cronológica. Entre otras cosas, es un libro que sirve para aquilatar el progresivo distanciamiento político entre España y Cataluña en la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX (para dicho período también sigue siendo útil su monografía de sobre la Lliga Regionalista o sus estudios sobre Cambó). Esto entronca con un proceso (o, si se quiere una suerte de sensación) que he denominado desrepresentación política y que, por resumirlo groseramente, se pone de relieve por ejemplo en datos proporcionados por Borja de Riquer (p. 82) como que de los 850 ministros que hubo en España entre 1814 y 1900 sólo 22 fueron catalanes (y curiosamente 10 de ellos durante el llamado Sexenio Democrático) y que solo ha habido 3 presidentes catalanes que hayan llegado a ser jefes del gobierno en los últimos dos siglos (todos ellos también durante el mismo Sexenio). Por otro lado, no hay que olvidar que uno de los temas sobre el cual orbita el libro es la discutida tesis de la nacionalización débil en España que ha suscitado debates muy fértiles, entre los cuales también se debe incluir Los orígenes del nacionalismo catalán (2019) de Ángel Smith, aunque el texto original en inglés es anterior.

La obra de Borja de Riquer se puede (o debe) leer en diálogo con La Región sospechosa: la dialéctica hispanocatalana entre 1875 y 1939 (2012) de Andreu Navarra, quien en este texto sigue su estela y explora las tensiones entre el “centro” hispánico y la “periferia” catalana y que para evitar victimismos las analiza desde los dos lados, y no solo uno solo. Por cierto, el prólogo está firmado por Ricardo García-Cárcel, quien ahí escribe que “este libro reafirma mi convicción de que la presunta desafección catalana hoy tantas veces reiterada no ha sido unidireccional, sino que ha fluido en ambas direcciones cuando ha existido. La voluntad de concordia e integración la hemos visto también tanto entre catalanes como entre castellanos. Tanto las diferencias como las similitudes, los entendimientos como los divorcios, los construye, más que la naturaleza, la historia. Los fosos de separación a lo largo del tiempo pueden ser tan abismales como fácilmente franqueables. La bipolaridad Cataluña-España queda diluida entre las muchas Cataluñas y las muchas Españas que nos unen y separan al mismo tiempo”.

Como complemento de la obra de Borja de Riquer, tampoco se deben olvidar las aproximaciones al republicanismo de la época. Pienso sobre todo en los textos de Pere Gabriel y, por ejemplo, un libro suyo como El catalanisme i la cultura federal. Història i política del republicanisme popular a Catalunya el segle XIX (2007) o los numerosos de Ángel Duarte sobre el tema, entre los cuales baste citar su Història del republicanisme a Catalunya (2004). Por supuesto, tampoco se debe olvidar una obra ya clásica como La cultura del catalanisme. El nacionalisme català en els seus inicis (1995) de Joan-Lluís Marfany, que pone el foco en la última década del XIX y la primera del XX, apareciendo la fecha de 1898 como un momento clave para entender el desarrollo ulterior del catalanismo. Como contrapartida, y aunque la obra también se adentre en los años 30, no se puede dejar de citar el conocido Les arrels populars del catalanisme (1999) de Josep Termes o, el libro que él mismo publicó junto a Agustí Colomines, Patriotes i resistents: història del primer catalanisme (2003).

Para el cultivo de la historia de la época, un tema que en todo nacionalismo siempre ha desempeñado un rol muy importante, conviene leer Prat de la Riba i la historiografia catalana: intel·lectuals i crisi política a la fi del segle XIX (2008) de Giovanni Cattini, si bien la obra también proporciona un gran estado de la cuestión en el campo de la historia sobre el primer presidente de la Mancomunitat. De gran interés también es La Voluntat i la Quimera. El noucentisme català entre la renaixença i el marxisme (2017) de Jordi Casassas, que sirve para problematizar ciertas lecturas (digamos) excesivamente burgueso-céntricas del pasado catalán, en este caso el noucentista, y que relee esta corriente no solo desde una perspectiva nacional sino internacional. Para penetrar en la historia de la Mancomunitat no se pueden olvidar escritos como los de Albert Balcells o los de Agustí Colomines, aunque tampoco una obra coral llena de grandes firmas como L’aparença d’un poder propi. La Mancomunitat de Catalunya i el catalanisme (2019). Respecto a la Semana Trágica, es interesante tener en cuenta la lectura de la Semana Trágica, evidenciada en el título, que han hecho Josep Pich Mitjana y David Martínez Fiol en La revolución de julio de 1909: un intento fallido de regenerar España (2019). En su opinión, de hecho, este episodio habría sido la revolución republicana más importante entre la Primera y la Segunda República.

Para la restauración, también un tema como el del lerrouxismo ha suscitado por lo menos dos estudios cercanos en el tiempo y muy interesantes (y diferentes entre sí): El republicanisme lerrouxista a Catalunya (1901-1923) (1986) de Joan B. Culla (de quien también se deben leer sus libros sobre la evolución histórica y reciente de los partidos catalanes) y la profunda biografía de José Álvarez Junco, El emperador del Paralelo: Lerroux y la demagogia populista (1990), donde el retrato de la vida del político radical intersecciona muy hábilmente con el contexto político del momento. Para el anarquismo de la misma época, recomendaría obras como las de Xavier Díez, El pensamiento político de Salvador Seguí (2016), donde se penetra en la complejidad del personaje y en su faceta más intelectual, las de Ferran Aisa, La cultura anarquista a Catalunya (2006) o, más centradas en la ciudad de Barcelona,  La lucha por Barcelona: clase, cultura y conflicto, 1898-1937 (2004) de Chris Ealham en la que se plantea una historia desde abajo y se concentra en la lucha obrera que ayuda a problematizar la relación entre Barcelona y Cataluña y donde ya la cuestión de la inmigración adquiere una importancia cada vez mayor.  Desde una perspectiva más urbana, cabe sugerir la muy densa La quiebra de la ciudad popular espacio urbano, inmigración y anarquismo en la Barcelona de entreguerras, 1914-1936 (2008) de José Luis Oyón. También la obra colectiva Barraques. La Barcelona informal del segle XX (2010), editada por Mercè Tatjer i Cristina Larrea. Y respecto a la inmigración, un tema crucial para entender la historia de Cataluña en el siglo XX, una de las obras de referencia (aunque en el libro haya artículos que abordan muchos otros temas) recomendaría un clásico aún sugerente como La immigració a Catalunya i altres estudis d’història del nacionalisme català (1983) de Josep Termes.

4. “La Catalunya populista: imatge, cultura i política en l’etapa republicana (1931-1939)” (La Magrana, 1982) de Enric Ucelay da Cal.

Pese a que se haya escrito hace ya casi cuatro décadas, La Catalunya populista todavía conserva una gran frescura y vigencia, sobre todo porque Ucelay abordó una cuestión tan actual como la del populismo y porque, de paso, eso le permitió dar cuenta de la complejidad o pluralidad real que se escondía detrás del proyecto político de ERC, y por extensión del nacionalismo catalán, en el marco de la Segunda República.

Para esta época, entre muchas otras obras, también puede ser útil la lectura del más nuevo La Nació imaginada: els fonaments dels Països Catalans: (1931-1939) (2006) de Arnau González i Vilalta, aunque en este contexto también me gustaría la gran cantidad de información que proporciona Josep Termes en su necesario libro La Catalanitat obrera: la República Catalana, l’Estatut de 1932 i el Moviment Obrer (2007), en el cual se propone hacer una labor arqueológica de espacios poco estudiados del catalanismo con el fin de evidenciar, tal y como recuerda en el epílogo, su carácter históricamente transversal y plural.

Por otro lado, no quiero olvidar el impresionante y voluminoso libro El imperialismo catalán. Prat de la Riba, Cambó, D’Ors y la conquista moral de España (2003) del mismo Enric Ucelay da Cal, un denso y muy detallado volumen de más de mil páginas y más centrado en verdad en la etapa de Prat de la Riba, aunque pienso que su vigencia, sorprendentemente, sirve hoy en día más para comprender ciertas tendencias crecientes en España, como eso que se ha venido a llamar la “melancolía imperial”. Al fin y al cabo, el libro concluye con un análisis del legado de las reflexiones de Eugenio d’Ors sobre la cuestión imperial en los años 30, cuando esta ya ha transitado del marco catalán originario a uno hispánico, y que también ha sido tratadas extensamente por Rafael Varela en su biografía sobre esta figura histórica o en su interesante artículo El sueño imperial de Eugenio d’Ors. Finalmente, no se debería olvidar la obra El Catalanisme davant del feixisme (1919-2018) (2018), editada por Enric Ucelay-Da Cal, Arnau González i Vilalta y Xosé M. Núñez Seixas, que revisita esta conocida cuestión y estudia los pocos (pero no inexistentes) contactos entre catalanismo y fascismo, una conexión de la que en tiempos recientes se ha querido abusar.

5. “Nosaltres els Catalans: del catalanisme catòlic al pujolisme” de Mariona Lladonosa (Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2019).

La obra de Mariona Lladonosa Nosaltres els catalans, ese título que debía ser originalmente el de ese libro tan importante de Jaume Vicens Vives que finalmente llevó el nombre de Notícia de Catalunya, es un muy buen y trabajado escrito, y con un marco teórico muy potente y meditado, que sirve para comprender la difícil reorganización o recomposición discursiva del catalanismo católico en los años 50 y 60, un momento fundamental en el que se comienza a esbozar o desarrollar un marco que ha arrojado no poca influencia hasta el presente. Al fin y al cabo, figuras tan importantes como Jordi Pujol o Josep Benet ya tienen una importante presencia en sus páginas. Además, lo que se observa en esta obra es la importancia que adquiere la cuestión de la identidad o, perdonen la palabra, incluso la ipseidad del catalanismo en un contexto resistencialista como el que se dio bajo la dictadura de Franco y en un momento en el que emerge una cuestión tan actual como la benetiana del un sol poble.

Para profundizar en la historia de Cataluña durante la dictadura franquista, también resulta imprescindible la lectura de textos como los de Martí Marín, entre los cuales quiero destacar su Història del franquisme a Catalunya (2006) o el reciente ¡Ha llegado España!: la política del franquisme a Catalunya (1938-1977) (2019). Más acotado es El Franquisme i els catalans: els informes del Consejo Nacional del Movimiento: 1962-1971 (2000) de Carles Santacana. Para la guerra civil o la represión franquista, por supuesto, hay que tener cuenta la numerosa obra de Josep M. Solé i Sabaté.

Por otro lado, una obra bastante lejana en el tiempo y relacionada con la de Lladonosa, pero también muy informativa (sobre todo para el exilio), es Espanyolisme i catalanisme: la idea de nació en el pensament polític català, 1939-1979 (1984) de Josep M. Colomer (mientras que un pesimista texto suyo reciente, España: la historia de una frustración (2018), puede servir más bien como una muestra del desencanto o la decepción que ha sentido mucha gente en los últimos años y que, al menos indirectamente, puede ayudar a explicar el clima de desafección al que me referiré más adelante).

6. “El llarg procés: cultura i política a la Catalunya contemporània (1937-2014)” (Tusquets, 2015) de Jordi Amat.

Hay traducción ampliada al castellano “Largo proceso, amargo sueño: cultura y política en la Cataluña contemporánea” (Tusquets, 2018).

Se trata de un meticuloso estudio de la historia del catalanismo que va desde la Guerra Civil hasta el inicio del procés y que tiene la capacidad de meterse por muchos entresijos, entre los cuales se debe destacar la importancia del pujolismo (al respecto el mismo Amat acaba de publicar un vibrante e incisivo texto como El hijo del chófer (2020), centrado en el enormemente polémico periodista Alfons Quintà y que, en verdad, también permite una relectura de la misma transición española en sí mima) o la brillante parte inicial dedicada a Gaziel, Cambó o Aunós, todavía en el contexto de la Guerra Civil. En mi caso, además, se trata de un escrito que leí junto a la poderosa biografía que Amat hizo de Josep Benet (Com una pàtria, 2017) y que complementa o amplía algunas de las mejores páginas de El llarg procés: desde sus vínculos con Candel hasta las controversias en torno a Tarradellas.

Para un análisis de la transición desde la perspectiva catalana, se debe destacar La cuestión catalana. Cataluña en la transición española (2014) de Carme Molinero y Pere Ysàs, un texto muy exhaustivo que me gustaría conectar con su libro La Transición: historia y relatos (2018), obra con un tono muy atinado (algo bien difícil para este tema) y un escrito de referencia para comprender esta época (como también El mito de la transición. La crisis del franquismo y los orígenes de la democracia (1973-1977) (2008) de Ferran Gallego). Unas lecturas más concretas a leer respecto a esta coyuntura serían La ruptura catalana (2002) de Andreu Mayayo, texto focalizado en las elecciones en 1977, y La Transició franquista: un exercici d’apropiació de la historia (2014) de Marta Rovira Martínez, que se centra más en estudiar (y problematizar) las memorias y autobiografías de los principales protagonistas de la transición. Además, desde una perspectiva de Barcelona, me gustaría destacar el análisis de la organización del movimiento vecinal justo antes y durante la transición que ha sido modélicamente diseccionado por Marc Andreu en Barris, veïns i democràcia: el moviment ciutadà i la reconstrucció de Barcelona (1968-1986) (2015).

Por su parte, para la etapa de Pujol en la Generalitat se puede leer Nacionalisme i autogovern: Catalunya, 1980-2003 (2008) de Paola Lo Cascio, una obra, con prólogo de Agustí Colomines, bastante equilibrada (probablemente el tono cambiaría ahora) y que deja caer no pocas valoraciones positivas hacia el gobierno de Jordi Pujol, sobre todo el de la primera etapa; desde una perspectiva mucho más abiertamente crítica, tiene cierto interés el poco conocido y muy combativo El Estilo populista: orígenes, auge y declive del Pujolismo (2003) de Laurentino Vélez-Pelligrini.

Por otro lado, no quiero olvidar la muy sugerente y trabajada tesis doctoral realizada por Pablo Giori, Cataluña-Quebec. Nacionalismo, sociedad civil y cultura popular en el siglo XX, donde el autor investiga el desarrollo del nacionalismo cultural en Cataluña y, por ejemplo, estudia desde una clave política (y en comparación con la reciente historia de Quebec) las transformaciones que se han dado en ese ámbito, prestando atención por ejemplo al resurgimiento y renovación de los castellers en las últimas décadas.

7. “Catalunya: de la identitat a la independència” (Empúries, 1999) de Xavier Rubert de Ventós.

Traducido al castellano como “De la identidad a la independencia: la nueva transición” (Anagrama, 1999).

Se trata de una obra clave (en la que también resulta interesante leer el prólogo que le escribió Pasqual Maragall, así como no olvidar la reseña que dedidada por Fernando Savater y la respuesta del mismo Rubert de Ventós) para comprender, en primer lugar, los intentos de repensar el nacionalismo de una manera novedosa (de la mano de adjetivos como plural, mestizo, postidentitario e incluso bilingüe), pero también los diferentes derroteros por los cuales gente como él ha podido llegar a defender una postura independentista, lo que ayuda a explicar el rápido aumento de partidarios de la independencia en los últimos tres lustros. Por eso mismo, también es recomendable leer esta obra en conexión con su anterior libro El laberinto de la hispanidad (1987), que se escribió desde una perspectiva bien distinta y abordó la cuestión de la conquista de América, o El cortesano y su fantasma (1991), donde Rubert de Ventós destaca los contrastes que vivió en su etapa parlamentaria entre la retórica política y la Realpolitik. Desde una perspectiva semejante, hay que destacar la obra de Montserrat Guibernau, especialmente escritos como El Nacionalisme català (2002) o Per un catalanisme cosmopolita (2009), donde esta pensadora ha analizado el desarrollo del nacionalismo catalán en los últimos tiempos (en parte también desde su conexión con España) y lo ha intentado repensar en una clave cosmopolita.

Por lo anterior, resulta importante la lectura de obras que han problematizado la transición o de otras que han analizado el resurgir del nacionalismo español en las últimas décadas. Entre estas, podemos resaltar obras como España reinventada: nación e identidad desde la transición (2007) de Sebastian Balfour y Alejandro Quiroga, La nación singular. Fantasías de la normalidad democrática española, 1996-2011 (2014) de Luisa Elena Delgado o, de más largo recorrido, Suspiros de España: el nacionalismo español, 1808-2018 (2018) de Xosé Manuel Nuñez Seixas (aunque parte de lo que expone también se puede hallar en su anterior libro Patriotas y demócratas: el discurso nacionalista español después de Franco (2010). Otra obra que podría encajar en este marco es La construcción política de la identidad española (2012) del siempre interesante Jordi Muñoz. Además, no debemos olvidar la infinidad de artículos y capítulos escritos en los últimos años por Ferran Archilés, un consumado experto en el tema del nacionalismo.

Por otro lado, un breve pero sugerente análisis teórico de la cuestión nacionalista se puede encontrar en Nacionalismos (2018) de Jorge Cagiao, que continúa y actualiza la estela del clásico Nacionalismo banal de Michael Billig. Y esta cuestión resulta muy importante dada la deriva inequívocamente peyorativa que ha adquirido la etiqueta de “nacionalismo” en los últimos tiempos, si bien no se debe olvidar que ya en su época Antoni Rovira i Virgili sustituyó el título de su libro El nacionalisme (1916) por El principi de les nacionalitats (1932) porque “en aquests darrers temps s’ha estès en gran manera l’accepció del mot “nacionalisme” en el sentit de xovinisme imperialisme i d’exclusivisme nacional” razón por la que, a lo largo del libro, sustituyó a menudo el término «nacionalista» por el de «nacional».

Finalmente, quiero mencionar el poco conocido, analítico y sugerente libro Independència i autonomia: una teoria històrica de la modernitat (2017) de Gerard Rosich, una indagación histórica y filosófica (encuadrable en parte en la Begriffsgeschichte o historia conceptual de Koselleck) que estudia el desarrollo moderno del concepto político de autonomía, del que remonta su origen al siglo XVI (frente a la costumbre de situar su desarrollo en el XVIII) y del que reivindica su original componente político y colectivo, razón por la que se propone releer la democracia desde esta perspectiva.

8. “La confusión nacional” (Los Libros de la Catarata, 2018) de Ignacio Sánchez-Cuenca.

Esta es una de las obras más valientes, honestas, lúcidas e imparciales que se ha escrito en pleno Procés, una que no cae en el partidismo ni en la desfachatez y una que ha ayudado a profundizar en muchas de las cuestiones políticas que había en juego. Es un libro, pues, que combina la crítica al independentismo (al que reprocha, por ejemplo, su irresponsable unilateralismo) con la crítica al gobierno español (por temas como la judicialización de una cuestión política). Una de las tesis centrales es que el mayor problema de la democracia española no se halla tanto en su diseño institucional (que considera homologable al de las mejores democracias liberales) como en la propia práctica democrática concreta. Además, también ahonda en una cuestión ante la cual ha habido una notable ceguera en la reflexión política: la de que la teoría de la democracia ha tendido a dar por supuesto que detrás de toda democracia hay un pueblo, razón por la que se ha pensado poco en los problemas que se derivan y en cómo afrontarlos cuando lo que justamente se cuestiona es algo habitualmente dado por descontado como es la pertenencia a este mismo pueblo y, por lo tanto, cuando lo que se pretende es redefinir sus límites.

En mi opinión, y aunque en algunas ciertamente podía haber alguna reflexión remarcable, la gran mayoría de obras que en los últimos años se han escrito sobre el procés han tendido a estar demasiado escoradas y no han logrado salir mucho de su propio posicionamiento. Por ello, es difícil hallar textos que tengan la capacidad de escapar de planteamientos maniqueos, si bien el libro Cataluña y las demás Españas (2014) de Santiago Muñoz Machado, escrito antes de los hechos de 2017, se manifiesta más conciliador, amable y comprensivo que muchos otros. Una visión externa más original e interesante ha sido el difícil, pero muy meritorio, ejercicio comparativo llevado a cabo por J. H. Elliott en Catalanes y escoceses: unión y discordia (2018), menos logrado a mi juicio por lo que respecta a la historia más reciente. Para un relato más periodístico y más apegado a los hechos, puede resultar de utilidad y es muy informativo El naufragio. La deconstrucción del sueño independentista (2018) de Lola García.

9. “Assaig general d’una revolta: les claus del procés català” (Portic, 2019) de Francesc-Marc Álvaro i “El principi de realitat. Una proposta per a l’endemà del Procès” (L’Avenç, 2020) de Jordi Muñoz.

El primero ha sido traducido al castellano como “Ensayo general de una revuelta: las claves del proceso catalán” (Galaxia Gutenberg, 2019).

Se trata de dos obras que intentan revisar desde el desapasionamiento y la distancia crítica (a la par que autocrítica) los errores cometidos durante el Procés (como las diversas formas de wishful thinking, los autoengaños o las faltas de legitimidad de decisiones como la declaración de independencia del 27 de octubre). Por lo tanto, son ensayos honestos, incómodos y para mí necesarios,  que se arriesgan a recibir “fuego amigo”, pues intentan repensar críticamente lo sucedido en los últimos años a partir de los no pocos aprendizajes logrados a lo largo de este tiempo. Y eso no es poco en un contexto tan difícil y emocionalmente cargado que ha favorecido la habitual tentación de que unos y otros se reafirmasen y encastillasen en sus posiciones y decisiones políticas, lo que ha hecho consolidar la polarización. En cambio, en estas obras la relectura del pasado, reciente o no tan reciente (la obra de Francesc Marc Álvaro revisita más la historia de Cataluña y se remonta en algunos momentos incluso al siglo XIX) se hace en vistas hacia un futuro que se pretende reabrir. En este sentido, el libro de Jordi Muñoz tiene un carácter más prospectivo en su parte final y se aventura a lanzar o repensar propuestas concretas que, sin renunciar a su postura explícitamente soberanista, ayuden a desatascar la coyuntura actual. De algún modo, se podría decir que en las dos obras germinan pensamientos elaborados desde una derrota, pero de una que pueda ser fecunda y que no nos encadene a todos a los problemas del pasado.

En esta misma línea, también quisiera destacar Un haz de naciones: el estado y la plurinacionalidad en España: (1833-2017) (2020) de Xavier Domènech, un sesudo, profundo e inteligente intento de repensar la historia de España desde el republicanismo, el federalismo y la plurinacionalidad en los últimos dos siglos que no se centra exclusivamente en el caso catalán. Además, el libro también se detiene en analizar pormenorizadamente los acontecimientos más cercanos e incluso se detiene en los recientes juicios a los dirigentes políticos independentistas.

10. “La construcción del catalanismo. Historia de un afán político” (2014, Los Libros de la Catarata) de Jaume Claret y Manuel Santirso.

Esta obra es probablemente la más lograda síntesis que retrata de manera sucinta pero certera y equilibrada los dos, e incluso tres, últimos siglos del catalanismo. Además, es un libro que logra hilvanar un relato que es capaz de respetar la complejidad histórica del pasado y que, por ello mismo, recoge muchas de las obras mencionadas más arriba.  

Otras obras muy recomendables son la Breve historia del separatismo catalán (2018) de Enric Ucelay da Cal o, con una periodización más reducida (aunque en verdad se retrotraiga más atrás de lo que se anuncia en el título), La reconstrucción nacional de Catalunya, 1939-2012 (2013) de Andrew Dowling. Un interesante y original ejercicio, es el libro Héroes de la Nación. Apóstoles de la República (2014) de Ángel Duarte, más centrado en la biografía de grandes personajes (Valentí Almirall, Enric Prat de la Riba, Antoni Rovira i Virgili, Pere Coromines, Lluís Companys, Josep Tarradellas y Heribert Barrera) y que sirve como una panorámica alternativa a la historia del nacionalismo catalán.

Desde un punto de vista claramente antinacionalista, algo que se evidencia en el mismo título, también tiene interés una obra como Con permiso de Kafka: el proceso independentista en Cataluña (2018) de Jordi Canal, quien entre otras cosas considera que la polémica entre Solé Tura y Termes fue algo artificial y que hoy en día poco aporta, pues “el nacionalismo impulsado inicialmente por la burguesía catalana no es contradictorio con la existencia de un catalanismo popular”. Desde otra perspectiva, también se deben leer las diversas obras de Jordi Casassas, desde La Nació dels catalans: el difícil procés històric de la nacionalització de Catalunya (2014) hasta la reciente Pervivència de Catalunya: la formació de la societat catalana i de les seves identitats a l’època contemporània (2020). Por cierto, muy recomendable es el volumen colectivo que él coordinó, Les identitats a la Catalunya contemporània (2006).

Aunque inevitablemente sea de calidad desigual, de Josep Fontana se debe mencionar La formació d’una identitat: una història de Catalunya (2014), un libro que conecta con el último de Casassas y en el que el gran historiador marxista se atreve a hacer el titánico esfuerzo de realizar un escorzo que abarca más de mil años de la historia de Cataluña.

Portada: mural «Les quatre cròniques», de Antoni Tàpies (1990), Barcelona, Palau de la Generalitat.

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

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