Lucio Martínez Pereda
Profesor de Historia. IES Valadares de Vigo

 

España es un estado aconfesional poco secularizado y escasamente laicizado. Hábitos de ocio, ritos de paso, costumbres de representatividad institucional y actividades educativas, de salud y beneficencia aún siguen girando- en mayor medida que en otros países- en torno a principios morales y calendarios fijados por la iglesia en la cultura cotidiana y en la consciencia colectiva. En España aún existe dificultad para establecer relaciones entre los cultos religiosos y sus implicaciones políticas, muchas prácticas católicas están enraizadas desde bastante más de un siglo en la tradición del nacionalcatolicismo y, en consecuencia, resulta fácil hacer olvidar su origen con la excusa de su enraizamiento en la religiosidad popular. En un contexto semejante algunos cultos acostumbran a pasar por piedades exclusivamente religiosas ajenas a su funcionalidad política.

Trataremos un caso concreto que ilustra esta realidad: el reciente intento -aún no concluido- del alcalde de Vigo por levantar una estatua del Sagrado Corazón de Jesús [SJC] en un espacio de gran centralidad y visibilidad en el centro de la ría de Vigo.

Abel Caballero, alcalde de Vigo, contempla la estatua y uno de los modelos utilizados en la Escola de Canteria (foto: Infovaticana)

La devoción al SCJ -originada en la Francia contrarrevolucionaria- tenía como objetivo reactualizar la vieja teoría del absolutismo borbónico francés y volver a legitimar el origen de la soberanía real como manifestación de la voluntad divina- en contra de la noción democrática de soberanía nacional. Desde los años de la sublevación vendeana, el Sagrado Corazón de Jesús se ligó a la resistencia contrarrevolucionaria contra la convención jacobina, sosteniendo la esperanza de quienes confiaban en la simultánea restauración de la Monarquía borbónica y de la Francia cristiana.  Las consagraciones al Sagrado corazón y la restauración del reinado social de Jesucristo, sirvieron con la ayuda del papado -que estableció la festividad de Cristo Rey “como remedio contra el laicismo”- para conseguir apoyos en el enfrentamiento contra las políticas secularizadoras republicanas.

El SCJ- siguiendo el modelo francés- se introdujo en España de la mano de los jesuitas. El sacerdote Bernardo de Hoyos tuvo una aparición de Jesús: le había escogido para difundir la devoción del Sagrado Corazón en España. La aparición incluyó un mensaje conocido como la «Gran Promesa»: «Reinaré en España y con más veneración que en otras partes«. La consagración oficial de España al Sagrado Corazón se hizo en el Cerro de los Ángeles durante el reinado de Alfonso XIII, el 30 de mayo de 1919, día de Fernando III el Santo. En ese tiempo, el SCJ se convirtió en un rito político- religioso contra la creciente cultura política democrática republicana. La devoción a Cristo rey se extendió por todo el país en los años de la dictadura de Primo de Rivera.

El Rey, Alfonso XIII con la reina y otras autoridades bajo palio con el Santísimo Sacramento en la procesión durante la ceremonia de consagración de 1919 (foto: foto liturgia m.foros)

La funcionalidad política antidemocrática de este culto se reactivó durante la guerra civil en la zona nacional.  Desde el comienzo del «Alzamiento», el discurso religioso se convirtió en un recurso propagandístico para movilizar a la población y sumarla al empeño colectivo de la victoria bélica. En la retaguardia las pautas de conducta colectiva frente a la guerra se establecieron mediante un conjunto de ceremonias político-religiosas de adhesión a la causa franquista. Los actos de desagravio y reposición de crucifijos, las celebraciones de vírgenes, los funerales de mártires y héroes y las reposiciones de sagrados corazones se convirtieron en actos cotidianos. Había que crear un imaginario colectivo de exaltación patriótico-religiosa, gravemente mermado durante los años de gobierno republicano, y activar, de paso, los mecanismos de la religiosidad popular proclives a la causa de la sublevación.

Las ceremonias celebradas durante la guerra son una enorme inversión en la extensión de los fundamentos doctrinales del nuevo régimen. La triada patria, religión y ejército ha quedado indisociablemente unida en el imaginario popular gracias a estos espectáculos de masas. La plena identificación entre discurso religioso y discurso patriótico contribuyó a reforzar los lazos comunitarios. No sólo resultaba necesario construir la identidad ideológica del régimen, sino extenderla a toda la población. Había que crear un ambiente social de Cruzada, convencer a la población de la retaguardia de que la guerra era necesaria porque era justa y, además,  era justa porque a través de las armas se estaban defendiendo la Religión y la Patria, puestas en peligro durante el gobierno republicano. El fervor religioso contribuyó a potenciar el ánimo patriótico y éste a su vez ayudó a incrementar el primero, produciéndose una intensificación emocional mutua, sin la cual resultaba imposible imponer en la retaguardia una moral de victoria. Desde el inicio de la guerra, se extendieron en el bando nacionalista discursos, alocuciones y los textos propagandísticos que unían, bajo el renovado culto al Sagrado Corazón, los conceptos de Cruzada, religión y culto a la personalidad de Franco.  Las imágenes de sagrados corazones fueron un conductor de sacralidad utilizado durante la guerra civil para legitimar y consolidar a Franco como el gran intérprete de la voluntad favorable de Dios hacia su Cruzada, una legitimidad divina, de la que emanaba el mandato de instaurar el Reino de Cristo en suelo español, con Franco convertido en «caudillo de España por la gracia de Dios».

Tropas franquistas posan en las ruinas del monumento al Sagrado Corazón tras conquistar el cerro de los Ángeles (foto: Radio Cristiandad)

Se trataba de articular una forma de movilización religiosa antirrepublicana común para todas las familias ideológicas que apoyaron a la sublevación: desde falangistas a carlistas, pasando por alfonsinos. El SCJ fue un instrumento que sirvió para soslayar las diferencias políticas entre estos grupos, se convirtió en un mínimo común denominador para dotar a la idea de Cruzada de un rito que pudiera llevarse a los espacios religiosos, pero también a los espacios civiles.

Las advocaciones político religiosas que acompañan los actos del Sagrado Corazón de Jesús son abundantísimas. Nos centraremos en dos. Las palabras pronunciadas en octubre de 1936 por el arzobispo de Valladolid y principal impulsor de su culto, junto al obispo Víctor García de Tui, ejemplifican a la perfección el mensaje dominante en estos actos:

«En esta hora decisiva para los destinos de nuestra Madre España, cuando frente a las hordas sin Dios y sin Patria ofrendan su vida todos los españoles dignos de serlo, al servicio de la Cruz de Cristo y de nuestra gloriosa bandera roja y gualda, cuando la fe y el patriotismo hacen brotar legiones de héroes en las filas del Ejército y de las milicias para defender el secular patrimonio de la España católica, fuente abundosa de civilización cristiana, sería un crimen de lesa fe y lesa Patria permanecer en actitud expectante, limitándose a admirar los triunfos de nuestras armas, o a estériles lágrimas por los que sucumben en la lucha. […] España, cuyos soldados y milicias han esmaltado las más heroicas páginas de bravura con su generosa sangre en esta guerra de reconquista contra los precursores del Anticristo, tiene también que hacer honor a su piadoso abolengo en esta cruzada de oración a la que nos invita el propio Corazón Divino y de la que nadie estará dispensado porque a todos alcanza la consoladora promesa “Reinaré en España y con más veneración que en otras partes”.

 

Franco renueva la consagración de España al Sagrado Corazón en el 50 aniversario de la inauguración del monumento del Cerro de los Ángeles, acompañado por Vicente Enrique y Tarancón, Luis Carrero Blanco, Federico Silva Muñoz, Fernando Fuentes de Villavicencio, Alberto Martín Artajo etc. (foto: Santos Yubero)

 

El texto del acto de consagración al SCJ escrito por el obispo de Salamanca, en junio de 1939, como acción de gracias por la victoria en la cruzada, abunda en los mismos planteamientos que el anterior:” gloriosa victoria que nos has conseguido […] Suscitaste un invicto Caudillo que liberarse a España del comunismo. Algunas provincias han estado libres desde el primer momento de la Santa Cruzada […] Que, en adelante, Señor, ante el mundo se ofrezca España, Una, Grande y Libre, en donde reines Tú”

La popularización de estos actos y los frecuentes entronamientos de imágenes de SCJ en locales y dependencias oficiales en la zona de la retaguardia franquista facilitó que la propaganda extendiera entre los soldados del ejercito franquista la creencia de que al entrar en combate contra las tropas de los “Sin Dios” recibían la protección apotropaica de la divinidad si llevaban colocado sobre el pecho un detente bala con el símbolo del SCJ. En realidad, todas las religiones resultan útiles para superar el miedo a la muerte en combate: permiten la conformación de lugares sagrados, mitos y rituales para soportar la dimensión del desasosiego. La idea de la guerra civil como cruzada religiosa encontró en el culto al Sagrado Corazón el instrumento más eficaz para que los soldados no cuestionaran la utilidad de su muerte.

Franco inaugura el monumento restaurado en 1969 (foto: Fundación Nacional Francisco Franco)

La falta de percepción entre la ciudadanía de estas raíces históricas puede hacer pasar este culto por un rito políticamente desactivado, pero nada mas lejos de la realidad. Desde que el grupo de terrorista ultraderechista Guerrilleros de Cristo Rey empezase a usar a mediados de los años 70 del XX el grito simbólico de Viva Cristo Rey, el SCJ se convirtió en una referencia en los ambientes de la extrema derecha. Entre la actual cúpula de la Iglesia católica, así como en las asociaciones seglares y en los grupos de la extrema derecha, ha surgido una comunidad de intereses compartidos dirigidos a recuperar las tradiciones nacional católicas y a utilizarlas como vía de acción política. En este sentido, han encontrado en la renovación del culto al Sagrado Corazón un medio para conseguir este objetivo.

Sería un desprestigio para Vigo convertirse en la única ciudad del estado español que pague con el dinero público de un ayuntamiento socialista una estatua con la imagen religiosa que ha representado con mayor intensidad el «cruzadismo» belicista del nacionalcatolicismo.

Fuente: Nueva Revolución 6 de septiembre de 2021

Portada: un momento de la consagración de España al Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles, en 1919 (foto: Efe)

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

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1 Comentario

  1. La república cometió el gravísimo error de atacar a la iglesia católica y lo pagó muy caro. ¿ Por qué no se respetaron las convicciones religiosas? Si la república era el paradigma de la libertad, ¿ por qué no se respetó la libertad de culto? ( en el 32, el gobierno republicano disolvió la Compañia de Jesús, se prohibió que las órdenes religiosas se dedicasen a la enseñanza, se permitió la quema de iglesias, conventos, e incluso obras de arte de carácter religioso, etc. Y no digamos ya en plena guerra con el asesinato de monjas, frailes, sacerdotes,….)
    Es lógico que la Iglesia en su conjunto, por mera cuestión de supervivencia, se alineara con los nacionales

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