Crítica de libros

 

María-Cruz Santos
Doctora en Historia Contemporánea con una tesis sobre Ángel Pestaña.
Profesora jubilada de Historia en Enseñanza Secundaria

 

 

         Lo primero que me llamó la atención de este libro es que se trata de una biografía de Ángel Pestaña. Lo segundo fue el título, Ángel Pestaña, Caballero de la Triste Figura. Las razones por las que me interesó son que hice mi tesis doctoral sobre la figura de Ángel Pestaña y que el título es exactamente el mismo: Ángel Pestaña, Caballero de la Triste Figura. La leí en octubre del 2003 y se puede encontrar en Teseo. Además, se publicó en el año 2011 con idéntico título en la Editorial EAE. Desde luego está claro que César Alcalá no ha debido consultar ni una cosa, ni otra.

         No había leído nada de César Alcalá y confieso que no sabía de su existencia. En la solapa del libro leo que el autor está especializado en la guerra civil, las guerras carlistas y que ha escrito sobre las checas en Barcelona, los niños del exilio… Es la primera vez que escribe algo sobre la CNT.

         El libro ha merecido la atención ya de 3 medios de comunicación, si incluimos la Revista Digital del Vallés, de la que el autor es el Director. Lamento decir que la obra no merece tal atención. Lo lamento porque sé cuanto cuesta la investigación y, a mí, personalmente, la redacción de una simple página. Pero, en mi opinión, no cumple los mínimos requeridos. Carece de Bibliografía, de fuentes y no hay referencias de la hemeroteca. No hay notas a pie de página. Sí hay, a lo largo de las 312 páginas, de vez en cuando, dentro del mismo texto, el nombre del rotativo, incluso, muy de tarde en tarde, la fecha de publicación de una cita. También se da el nombre de autores a los que se cita profusamente. ¿Libro? No sabemos. ¿Página? Tampoco. Ni siquiera da el nombre de las memorias de Ángel Pestaña, Lo que aprendí en la vida, a pesar de los muchos párrafos que copia. Difícil es saber si las citas son fidedignas, o no.

         Por otro lado, es un libro de citas, de citas extensas. Seis y diez páginas ocupan algunas y son numerosas las que ocupan más de una página. En total he contado 109 páginas, más de una tercera parte del libro, que se han llenado solo con citas. Páginas en las que no haya ninguna cita: 42. Ciertamente no es el número de citas, ni su extensión, lo que define un buen libro de historia. Las citas, cuando se da la fuente completa, son legítimas e iluminadoras de lo que el historiador quiera poner de relieve en un momento determinado. Abusar de ellas, como es el caso, me parece que indica poco trabajo de reflexión, contextualización e interpretación. Por otro lado, si hay algún artículo, normativa o cualquier otro texto que el historiador considere que merece la pena que sea conocido in extenso, existe lo que se llama apéndice, donde se puede incluir hasta libros enteros. Antonio Elorza en un libro de 1974, Trayectoria Sindicalista, hace un recopilatorio de textos, incluyendo las memorias, de Pestaña y buena parte de sus libros, en un trabajo que todavía sigue siendo necesario consultar si se quiere hablar de Ángel Pestaña, porque hay una introducción que nos guía, nos aproxima al personaje y lo sitúa en su época, y es coherente. César Alcalá no deja constancia de que lo haya consultado.

         A pesar de las citas, no nos enteramos demasiado del contexto histórico de los años en que vivió Pestaña. Hay, sí, una prolija información, como pasa en momentos que inunda con detalles poco significativos, de cómo llegó a Barcelona desde Argel – de nuevo, ¿Cuál es la fuente de los datos? En cualquier información que da, tenemos la misma duda – pero no sabemos a qué Barcelona llega, cuando es una ciudad atravesada por la guerra, aunque España sea neutral. Una ciudad donde el dinero corre y los obreros ven disminuir su salario real a pesar de los aumentos que van consiguiendo.

Ángel Pestaña con sus hijos Eliseo y Azucena (foto: Fondo Josep Mª Sagarra en el Arxiu Nacional de Catalunya)

     Atribuye a Anselmo Lorenzo la puerta por la que Pestaña entra en el ambiente anarcosindicalista catalán, cuando fue Tomás Herreros su mentor. Su desconocimiento del anarcosindicalismo hace que atribuya la convocatoria del “Congreso de El Ferrol” a una huelga. Desde luego no ha leído la tesis de Pere Gabriel[1]. Modestamente, tampoco ha leído un artículo que dediqué al mismo hace ya más de 20 años y que apareció en la revista Historia 16[2]. Casi con toda seguridad no ha dado un vistazo al libro de Jasson Gardner: Goals and means. Anarchism, Syndicalism, and Internationalism in the Origins of the Federacion Anarquista Iberica, del 2016. El Congreso de El Ferrol responde a una iniciativa de los anarquistas ibéricos para tratar de parar la guerra. Con resultados y consecuencias muy distintos, persigue los mismos fines que tendrá Zimmerwald al año siguiente, solo que la realidad de nuestro país los aleja de la transcendencia del encuentro suizo. Sin embargo, sus trabajos y conclusiones resultaran decisivos para la reorganización de una CNT que había estado condenada a la clandestinidad, casi sin haber tenido tiempo para estructurarse desde su fundación en 1910.

         Los convulsos años de 1914 a 1918 fueron el inicio del trágico período conocido como el pistolerismo. El pistolerismo alcanza su punto crítico después de la Huelga de la Canadiense. La Huelga de La Canadiense es mítica en la Barcelona obrera y militante. César Alcalá no dice nada sobre ella, ni sobre sus causas, ni tan siquiera tiene una mención de la conquista de la jornada laboral de las 8 horas. En cambio, sí que aprovecha para hacer una enumeración prolija, como otras que encontraremos, del terrorismo anarquista cuyo origen, él, viene a atribuir a Alejandro Lerroux y, siempre según el autor, la primera bomba terrorista explota en 1902. No sabemos qué fueron la Bomba del Liceo (1893) y la de Canvis Nous (1896), por ejemplo. A partir de ahí, y a lo largo de más de 15 páginas, hace una enumeración, ya lo hemos dicho, de hechos terroristas para concluir poniendo a Lerroux, Iglesias (suponemos que Pablo Iglesias pero hay que recordar el lugarteniente de Lerroux en Barcelona también es Iglesias, Emiliano Iglesias) y Seguí en un mismo plano pues asegura que los tres aprovecharon la revolución obrera para conseguir poder político [pág. 15]. Poco sé de Seguí, pero yo nunca igualaría sus objetivos con los de Alejandro Lerroux. Ni mucho menos le atribuiría ninguna ambición política. La famosa “declaración política” de 1922, que tanto revuelo causó en el sector anarquista del Sindicato, solo era la constatación de que una organización tan poderosa, como lo era la CNT, era tenida en cuenta a la hora de tomar decisiones políticas, para bien o para mal.

          A todo esto, ¿Qué nos dice de Pestaña? Nada. Porque hasta 1914 Ángel Pestaña no había pisado la Ciudad Condal y porque no hay ninguna evidencia de que, después, Ángel Pestaña participara en ningún acto terrorista. Sí que tuvo conocimiento de los atentados terroristas y bien que confesó la imprudencia que supuso no haberlos desautorizado a tiempo, pero participación no tuvo en ninguno, excepto en los tres casos, que yo sepa, en que fue objetivo y víctima de los mismos.

Ángel Pestaña con su mujer y su hijo tras el atentado que sufrió en Manresa el 25 de agosto de 1922 (foto: Mundo Gráfico)

         El mismo interés por los aspectos más macabros de las actuaciones de la izquierda lo muestra al tratar el tema de las checas durante la guerra civil. Nuevamente nos encontramos con un relato extenso para la dimensión del libro y la finalidad que persigue. La descripción de las checas en Barcelona, su número, las torturas, son minuciosos. Lo que sorprende es que pocos de estos lugares eran de la CNT, que, a la altura de 1936, Pestaña ya no pertenecía a la CNT, era presidente del Partido Sindicalista, que no cita ninguna checa del Partido Sindicalista a pesar de que, por lo que sabemos, hubo una, en la calle del Marqués de Cubas 19 de Madrid y también tuvo sus personajes siniestros, “El Dinamita” y “El Bigotes”. Pestaña debió estar al tanto de su existencia, porque más de un testigo le vio allí, según consta en la Causa General, Caja 1526. De la existencia de esta checa, ni media palabra. Me pregunto, ¿entonces a qué viene esta desviación del relato? Porque, además, y para colmo, la situación en el conjunto del libro es, cuando menos, inesperada, en el capítulo titulado “Zaragoza, Manresa”, que, se suponía, nos debía hablar de la Conferencia Nacional de Zaragoza de 1922 y el posterior atentado sufrido por Pestaña dos meses más tarde y cuando faltan 14 años para que aparezcan tan siniestros lugares.

         Existe a todo lo largo del escrito un interés manifiesto en poner de relieve la parte más oscura del anarquismo y de la CNT. No niego esa parte, la conozco, no al detalle, pero la he estudiado. Es difícil estudiar el anarquismo y no encontrarla porque existen muchos intereses en que sea lo primero con lo que te tropieces. Hoy en día hay sectores que la justifican y hasta la ensalzan. Me parece un error. Pero darle el protagonismo que se le da en esta obra que se supone centrada en el personaje de Pestaña, me parece del todo tendencioso.

         No hay apenas referencia al contexto social del momento. Tampoco lo hay al devenir de la CNT, un sindicato, no lo olvidemos, coartado en su desarrollo por los continuos períodos de clandestinidad, ni se preocupa de ningún matiz sobre las distintas corrientes que lo componían. No se distingue entre anarquismo y sindicalismo revolucionarios (claro que ambas corrientes están delimitadas por una línea tan fina, que se hace casi imposible distinguirlas en la mayoría de ocasiones). El proceso de organización que tuvo lugar entre 1917 y 1919 apenas ocupa lugar. Al Congreso de Sants casi no le presta atención, atribuye únicamente a Pestaña la propuesta y aprobación del Sindicato Único, sin más relevancia, sin mención de Seguí, sin análisis de sus consecuencias… El Congreso de Sants fue el más trascendental de la CNT antes de 1939, no importa que fuera de ámbito regional. Lo que allí se decidió, se aprobó  año y medio después en La Comedia, en Madrid, para todo el resto de España. Lo que vino después, avenencias y desavenencias en la familia anarcosindicalista, no dio marcha atrás a ninguna de sus decisiones. El principal protagonista de dicho encuentro fue Seguí, sin ninguna duda, aunque algo tan sólido siempre requiere de un equipo y lo hubo y Pestaña era parte fundamental en el mismo[3]. De todo esto no hay noticia.

         Habla, sí, de la etapa de Pestaña al frente de Solidaridad Obrera pero todo el proceso que culminó en su asunción del cargo de director del rotativo queda tan enmarañado que resulta imposible reconocer lo que ocurrió, en cuyo desarrollo jugaron un papel importante las sospechas que habían de complicidad de la CNT con el espionaje alemán. Había una guerra, una guerra mundial y en Barcelona se concentraba una parte del espionaje de ambos bandos interesados en las compras y provisiones del adversario y Barcelona eran uno de los lugares en que lo obtenían. Confunde momentos y razones, el período en que se le encargó el cierre del periódico con el momento en que ya se le hace director. Igual que resulta enrevesada y errónea la descripción de las conferencias que dio en Madrid en 1919, no 1918, y el motivo de las mismas. La necesidad de refutar las acusaciones que se hacían a la CNT de estar detrás de los atentados a los patrones llevó a que se programaran. No menciona a Seguí. Es el tándem Pestaña-Seguí, Seguí-Pestaña el que acude a Madrid, a explicar lo que está pasando en la Barcelona de 1919, después de la Huelga de “La Canadiense”. Insiste Alcalá a lo largo de todo el libro en oponer ambas figuras, algo desgraciadamente de manual, una opinión que no comparto porque, siendo caracteres diferentes, habiendo diferencias en la radicalidad de los métodos a adoptar en la lucha, la realidad de los hechos nos los muestran siempre cooperando en los escenarios decisivos, como el Congreso de Sants, el de la Comedia, en la Conferencia Nacional de Zaragoza de 1922. Pestaña “el terrible”, ya acude a un encuentro con el gobernador civil de Barcelona en 1915, extraoficialmente porque la CNT había declinado la invitación. Si algo fue Pestaña es puntilloso en no extralimitarse al aplicar los acuerdos de la Confederación.

         En la página 119, al hablar de las comisiones mixtas de otoño de 1919, asegura que la CNT las quería. Diríamos que la situación de tremenda debilidad en que había quedado después de la huelga general de abril, que siguió a la Huelga de “La Canadiense”, no ofrecía demasiadas alternativas a la Confederación. La participación en las comisiones mixtas se hace con mala conciencia porque se está traicionando uno de los principios sagrados del anarcosindicalismo: la acción directa.

         Al tratar el viaje a Rusia, Alcalá hace una de esas afirmaciones que salpican el libro, sin referencia, sin fuente y que tal vez sea cierta, pero que es cuando menos curioso que nadie de cuantos compartieron aquel período con él y que han dejado algo escrito, lo haya mencionado: Lenin le ofreció dinero a Pestaña para los gastos del viaje de regreso a España. No tengo conocimiento de que un ofrecimiento semejante se le hiciera a él ni a nadie más.

Discurso en el Teatro Castelar de Elda, 1 abril 1933 (foto: Valle de Elda)

         En los años de la Dictadura se refiere a la polémica de Peiró y Pestaña, claro que sin profundizar en el origen de esas diferencias. Sin referencias a las condiciones que la Dictadura pone con la intención de estrangular la CNT y llevarla a la desaparición. Poco se entretiene en la fundación de la FAI y sus consecuencias, si bien sí recuerda la división que se produce en la CNT y como Pestaña se convierte en uno de los objetivos a desacreditar preferidos de la FAI.

         Poco o nada informa Alcalá de las insurrecciones en las que elementos anarquistas se implican, ni de Vera de Bidasoa. En cambio, accedemos a un relato pormenorizado de la situación del ejército en Marruecos y de la “Invasión de Prats de Molló”, protagonizada por Maciá, de carácter republicano y catalanista pero en la que no recibió ayuda de los anarquistas. El catalanismo es una de sus fijaciones. Al llegar la República y Maciá proclamar la República catalana, lo reprueba (libre es de hacerlo) y se remonta a Pau Claris y la guerra de 1640. Nada dice de Casanova, aunque sí informa de que la institución de la Generalidad fue suprimida el 6 de septiembre de 1714, no dice por quien. A partir de ahí las citas sobre las proclamas el 14 de abril, los discursos de Maciá o los artículos de Gaziel, son extensos, muy extensos. Mucho más que cuanto afecta a Pestaña del que apenas habla, ni sigue las dramáticas escisiones y discusiones que agitan el sindicato en esos años. Pasa por cuanto afecta al protagonista del libro durante la República prácticamente de puntillas, si nos acogemos al espacio que se le dedica. Y otro tanto podemos decir sobre lo explicado al llegar a los hechos del 6 de octubre, (en cuya redacción llega a citar la sentencia que condena a González Peña sin haber mencionado para nada su nombre antes) lo que no cuenta es que Pestaña fue detenido casi un mes en Barcelona sin razón ni motivo.

         La República no merece la aprobación ni la benevolencia del autor. Sabemos que es experto en el carlismo y, quizás por eso, nos ofrece textos publicados en El Correo Catalán, pero no habla de Fal Conde. Según César Alcalá, ya desde su proclamación, el único destino final de la IIª República era la guerra civil. Pone en boca de Alcalá Zamora, o en su pluma, las siguientes reflexiones, tras la aprobación de la Constitución de 1931:

         Es una constitución que invita a la guerra civil, desde lo dogmático, en que impera la pasión sobre la serenidad justiciera en lo orgánico; en que la improvisación y el equilibrio inestable substituye a la experiencia y a la construcción sólida de poderes[4]

Foto: Biblioteca Nacional, serie personajes republicanos y afines, políticos y militares, 9

   

      Como en todas las citas, no sabemos si lo puso por escrito, si fue una declaración o una confidencia. Lo que sí sé es que me cuesta mucho creer que así pensara el que fue presidente de esa “espantosa” república desde la aprobación de constitución tan “perversa”, hasta el 7 de abril de 1936. Como no podía ser menos, lo único de lo que nos informa del nuevo régimen es de acciones violentas en las que no hay un criterio. En el mismo nivel se incluye un atraco a un banco o a una tienda. Motines, huelgas, insurrecciones, asesinatos… todo es lo mismo, sin nombrar a los autores o, al menos, de la afiliación política.

         Sí que habla del Partido sindicalista pero poco. Nuevamente cita, esta vez a Pestaña. ¿De dónde procede la cita? ¿Del folleto ¿Por qué se fundo el Partido Sindicalista?? De algún discurso recogido posteriormente en el Ideario de Ángel Pestaña,  publicado por el Partido en 1937? El capítulo dedicado a la Guerra Civil no mejora nada de cuánto he dicho. Las últimas semanas de vida de Pestaña nos son relatadas de la misma forma confusa. No se nos dice que a Pestaña le sucedió Marín Civera, quien abandonó su puesto de director de Pueblo, en Valencia, para hacerse cargo del diario Mañana, en Barcelona. Pestaña, ya muy enfermo, abandonó sus funciones al frente del rotativo ya in extremis porque había peleado por hacerse con una cabecera en la que había puesto todas sus ilusiones.

     Remata su trabajo con la insinuación de que a Pestaña lo mataron sus mismos compañeros. Se basa, para hacerla, en el testimonio de Javier Vives, hijo del barbero cuyo establecimiento frecuentaba Pestaña. Según Vives, María Espés, compañera del sindicalista, le dijo a su padre “Me lo han matado”. Cierto que después matiza la insinuación, pero el sensacionalismo está servido. Más en estos tiempos que parece que se busquen agravios que ser compensados. Es una sospecha que carece de fundamento. La enfermedad de Pestaña fue larga. Hubo momentos en que parecía que la iba a superar, pero su estado se debilitó lenta e inexorablemente. Él pretendió mantener su actividad, no fue posible. Nuevamente se olvida el contexto: había una guerra donde todo escaseaba, las medicinas también. La penicilina aún no se había popularizado. A lo que hay que añadir el racionamiento que ya se había establecido. Difícil recuperarse con todos esos problemas. Ciertamente a Ángel Pestaña le “tenían ganas”. Su vuelta a la CNT fue mal acogida por “Los Amigos de Durruti” aunque no creemos que la indignación llegara a tanto. Los tiempos habían cambiado, las pasiones no andaban exacerbadas como en 1932. La República significó una disminución de militantes y el Congreso de Zaragoza fue la expresión del deseo de que las aguas volvieran a su cauce.

     En su último libro, Ángel Viñas dice que cualquier investigación histórica produce resultados provisionales, que pueden ser desautorizados por nuevas investigaciones y nuevos hallazgos. Estoy completamente de acuerdo. También Viñas afirma que las conclusiones de cualquier historiador han de estar refrendadas por evidencias. También lo comparto. Yo añadiría que las conclusiones han de ser coherentes con las evidencias. Alcalá parece desconocer muchos tramos fundamentales en la actuación de su biografiado. Pretende constatar que el sindicato anarquista era violento y destructivo, al enumerar actos terroristas y delictivos que, al final, no sabemos quién los cometió. Sin embargo, considera a Pestaña alguien centrado, honesto e idealista. Mal encaje tiene un hombre así con ese anarquismo tan nocivo. La incoherencia es evidente.

      Helenio Molina, hijo de Juanel, una vez me lo definió como “un valiente”[5]. Pestaña fue valiente porque siempre defendió sus ideas, también en Rusia. Fue valiente por defender el anarquismo en años convulsos y muy peligrosos para esa ideología. Los anarquistas de antes de 1939 no eran seres inocentes e indefensos. Eran personas indignadas con la injusticia y conscientes de las violencias de todo tipo de las que eran objeto los obreros y las clases más desfavorecidas y estaban decididos a hacer la revolución para acabar con esas injusticias. A ese colectivo pertenecía Pestaña.

 

[1] GABRIEL, Pere: “Classe obrera i Sindicats a Catalunya, 1903-1920”, de 1981

[2] SANTOS SANTOS, María-Cruz: “El Congreso de la Paz de El Ferrol”, Historia 16, nº 279. Págs.: 78-87

[3] SANTOS SANTOS, María-Cruz: “La respuesta sindical a los nuevos desafíos del capitalismo: En Viento Sur, 7/12/2018

[4] págs. 208-209

[5] Pido disculpas. No puedo en este momento consultar la fecha de la entrevista

Es reseña de: Ángel Alcalá, Ángel Pestaña, Caballero de la Triste Figura. SND editores, 2021

Portada: Ángel Pestaña durante un discurso en el teatro Maravillas

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

Artículos relacionados

Ángel Pestaña Núñez. Semblanza de un anarcosindicalista

Ángel Pestaña, falangista. Anatomía de una mentira histórica

 

2 Comentarios

  1. Puedo entender que una historiadora se interese por un texto cuyo nombre es similar al de su tesis doctoral. Pero creo que con sólo buscar el nombre de la editorial se habría librado de leer el libelo. La editorial SND es una editorial dedicada a la edición de textos de la extrema-extrema derecha. Predomina en su catálogo textos de estudios sobre el legado de Blas Piñar o escritos por él, incluyendo ¡una novela y una antologia poética! , otros títulos están dedicados a los Circulos José Antonio, bastantes a la exaltación del nazismo incluyendo la División Azul, textos exculpatorios del 23 F, las chekas y demás crimenes. Sólo con estos antecedentes puede imaginarse de qué puede ir una biografia de un dirigente anarquista e igualmente los «recursos» utilizados por su peregreñador

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here