Declaración del Consejo de científicos atómicos norteamericanos  de 2021[1]

Traducción e introducción de Luis Castro

Autor, entre otros libros, de  «La bomba atómica española:
La energía nuclear en la transición» (2015)

 

El pasado día 28 el Consejo de científicos atómicos norteamericanos publicó la nueva hora del Doomsday Clock (“Reloj del Apocalipsis”). Desde hace un año, este reloj fatídico marcaba 100 segundos simbólicos para la medianoche planetaria, es decir, el colapso de nuestra civilización;  el  momento más peligroso desde que crearan el reloj en 1947 Einstein y los científicos de la Universidad de Chicago, autores intelectuales de la bomba atómica con el Proyecto Manhattan. Para este año se mantienen inmóviles las manecillas, pues las inercias negativas detectadas se compensan con puntos de luz esperanzadora, sin descartar que la acción conjunta de los gobiernos, las instituciones y las ciudadanías consigan frenar y dar marcha atrás en ese camino hacia el desastre.

Rachel Bronson, presidenta y CEO del Bulletin of Atomic Scientists (foto: Joel Wintermantle)

El informe que avala a ese acto simbólico, así como las declaraciones de los consejeros (13 de ellos premios Nobel), tiene un enorme interés: en síntesis, se trata de ponderar la evolución anual de las tres principales amenazas para la humanidad: la carrera de armamentos nucleares, el cambio climático y la corrupción de “la ecosfera de la información”, esto es, la plétora de información y noticias falsas en las redes sociales, que agrava los problemas citados propiciando las respuestas irracionales. A todo ello, obviamente, se añade en esta ocasión el problema sobrevenido de la pandemia del COVID-19. No es el menor de los logros del informe denunciar el perverso efecto de la unión de estas dos últimas lacras: la epidemia del virus y la de la desinformación, no menos virulenta en sus efectos. “La información falsa y engañosa – señala el informe– difundida a través de Internet (…) ha creado caos social en muchos países, provocando muertes innecesarias. Este desprecio desenfrenado por la ciencia y la aceptación a gran escala de disparates conspirativos, a menudo impulsados por figuras políticas y medios partidistas, ha socavado la capacidad de los líderes nacionales y mundiales responsables de proteger la seguridad de sus ciudadanos”.

Llama la atención, sin embargo, el escaso eco que este informe suele recibir en los medios europeos, incluso en publicaciones sensibles a los asuntos que denuncia (por ejemplo, en el caso de España, revistas como Ecologistas en acción, Mientras Tanto o Sin Permiso). Algo que quizá se explica por el tono autorreferencial de la Asociación de científicos atómicos y de su Boletín (BOAS). Sus análisis y propuestas nacen y giran generalmente en torno a sus propios análisis y propuestas anteriores, sin mucha referencia a otras instituciones o grupos de científicos, como podrían ser el Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC) o el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), que llevan muchos años estudiando estos problemas y promoviendo actitudes responsables entre los gobiernos y los ciudadanos.

Por otro lado, se advierte cierta opacidad respecto de temas tabú, que no deberían serlo para científicos independientes. Por ejemplo, cuando denuncia la escalada de armamentos nucleares, la declaración no menciona el caso de Israel –aunque sí el de Irán–, que sin duda condiciona la situación política en el Próximo Oriente al menos desde la Guerra de los Seis días (1967), cuando estado judío disponía ya de un pequeño arsenal atómico. EE.UU., que buscó armas atómicas donde no las había para justificar una agresión injustificable contra Irak, debería dejar de apoyar a Israel y, cumpliendo su propia legislación sobre política exterior, presionar para su entrada en el Tratado de no proliferación de armas atómicas, eliminando mientras tanto sus ayudas económicas, como hace (selectivamente) con países poco respetuosos con los derechos humanos. Esa es al menos la opinión de Desmond Tutu en un reciente artículo en The Guardian[2].

Estimación de las cabezas nucleares existentes en el mundo en agosto de 2020 (imagen: Arms Control Association https://www.armscontrol.org)

En torno a estos asuntos y otros se debería invocar el concepto de seguridad colectiva mundial, tal como lo definió el movimiento pacifista de los años ochenta y, antes aún, el espíritu fundador de Naciones Unidas. Que ahora se observe un nuevo despliegue de armas atómicas de alcance intermedio por parte de Rusia –sin que se hayan desmantelado los arsenales occidentales del mismo tipo– nos trae a la mente el amplio movimiento pacifista contra el despliegue de euromisiles de la OTAN en Europa occidental a principios de los años ochenta (que coincidió con las movilizaciones contra la entrada de España en esa organización). La campaña por el “Desarme nuclear europeo” (E.N.D.) planteaba una Europa libre de armas nucleares “desde los Urales hasta el Atlántico” y contó con valedores ideológicos tan lúcidos como Bertrand Russell o el historiador y activista E. P. Thompson. Hoy, como entonces, “tenemos que protestar, si hemos de sobrevivir. La protesta es la única forma realista de defensa civil[3]. Y no por casualidad el minutero del Reloj del Apocalipsis alcanzó entonces uno de sus momentos más críticos: a tres minutos de la medianoche en 1984, momento en que se desplegaron los euromisiles en varios países de Europa occidental (RFA, Reino Unido, Italia y Benelux) y en que Ronald Reagan soñaba con ubicar en el espacio exterior sus misiles contra el “imperio del mal”, lo que se llamó “Guerra de las galaxias” (Stars War).

Sin duda, estos planteamientos pacifistas eran más ambiciosos y más radicales en tanto que vinculaban la carrera armamentista a otros fenómenos patológicos existentes tanto en el Occidente capitalista como en el bloque sedicente comunista. La Guerra fría implicaba, como señaló Thompson, una corrupción del lenguaje encaminada a moldear las conciencias dentro del miedo y la hostilidad al enemigo exterior; un endurecimiento de los sistemas políticos que, en ese ambiente, recelan del “enemigo interior” y tienden a recortar la disidencia y la crítica; suponía también, en fin, un gigantesco despilfarro de recursos económicos, humanos y científicos. (“La bomba atómica –afirmó Fidel Castro– aún sin explotar ya está matando gente”).

Sea como sea, la Declaración de los científicos atómicos tiene algunos aspectos que la hacen merecedora de una atención especial: en primer lugar porque su ponderación de los hechos integra un análisis global en un doble sentido: por un lado, al enfrentar en conjunto las amenazas que penden sobre la humanidad, viendo las relaciones entre unas y otras, y tanto las “antiguas” como las sobrevenidas (COVID-19) o las futuras; por otro lado, porque el análisis se hace desde una perspectiva internacional y presupuestos racionales y humanitarios –no muy distintos de los del movimiento pacifista clásico– que deberían ser aceptables para todos. Además, es muy relevante su constante llamamiento a la acción responsable de gobiernos, instituciones y ciudadanos, así como el avance de una serie de propuestas de acción encaminadas a frenar y revertir la inercia actual, preñada de sombrías perspectivas de futuro. Desde esa perspectiva, no parece muy exagerado el tono dramático con que termina la Declaración: “Quedan 100 segundos para la medianoche, la situación más peligrosa que jamás haya enfrentado la humanidad. Es hora de que todos tomemos las medidas necesarias para, literalmente, salvar el mundo”.

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Esto marca tu despertador del COVID: faltan 100 para la medianoche.

Declaración de 2021 del Reloj del Apocalipsis

 (De: thebulletin.org, 27-1-2021)

La humanidad continúa sufriendo a medida que la pandemia de COVID-19 se propaga por todo el mundo. Solo en 2020, esta nueva enfermedad ha matado a 1,7 millones de personas, afectando al menos a 70 millones más (…) Pero el COVID-19 no destruirá la civilización y esperamos que desaparezca en algún momento. Aun así, la pandemia sirve como una llamada de atención histórica, una ilustración vívida de que los gobiernos nacionales y las organizaciones internacionales no están preparados para manejar las armas nucleares y el cambio climático, que actualmente representan amenazas existenciales para la humanidad, y otros peligros como pandemias más virulentas o las guerras de nuevo tipo, que podrían amenazar a la civilización en un futuro próximo (…)

Como señalamos en nuestra última declaración [2020], las amenazas de las armas nucleares y del cambio climático se han intensificado en los últimos años debido a un factor multiplicador: la persistente corrupción de la ecosfera de la información, de la cual dependen la democracia y la toma de decisiones públicas. Aquí, nuevamente, la pandemia del COVID-19 es una llamada de atención. La información falsa y engañosa difundida a través de Internet –incluida la tergiversación acerca de la gravedad del virus, la promoción de curas falsas y la politización de medidas de protección de bajo costo, como máscaras faciales– han creado caos social en muchos países, provocando muertes innecesarias. Este desprecio desenfrenado por la ciencia y la aceptación a gran escala de disparates conspirativos, a menudo impulsados por figuras políticas y medios partidistas, ha socavado la capacidad de los líderes nacionales y mundiales responsables de proteger la seguridad de sus ciudadanos (…)

Considerados en sí mismos, estos hechos negativos en el ámbito nuclear, el cambio climático y la desinformación podrían justificar el acercamiento del minutero a la medianoche. Pero en medio de la oscuridad vemos algunos puntos positivos. La elección de un presidente de los Estados Unidos que reconoce el cambio climático como una amenaza profunda y apoya la cooperación internacional y las políticas científicas sitúa al mundo en una mejor posición para abordar los problemas globales. Por ejemplo, la administración Biden ya ha anunciado que se reincorpora al Acuerdo de París sobre cambio climático y ha ofrecido prolongar por cinco años el acuerdo de control de armas estratégicas (START) con Rusia. En el contexto de un retorno a una relativa estabilidad después de la pandemia, este tipo de muestras de interés y respeto por la ciencia y la cooperación multilateral podría sentar las bases para un mundo más seguro y sano (…) Por lo tanto, los miembros del Consejo de Ciencia y Seguridad han fijado el Reloj del Juicio Final en 100 segundos para la medianoche, lo más cerca del apocalipsis que haya estado nunca, lo mismo que hicieron en 2020.

Un paisaje nuclear oscuro, con destellos de esperanza

El año pasado, los países con armas nucleares continuaron gastando grandes sumas en programas de modernización nuclear e incluso permitieron que logros conseguidos en la reducción de riesgos en el control de armas y la diplomacia se marchitaran o murieran. Continuaron proliferando las armas nucleares y las plataformas de lanzamiento capaces de transportar ojivas nucleares o convencionales, mientras continuaban los “avances” desestabilizadores en los ámbitos espacial y cibernético, en misiles hipersónicos y en defensas antimisiles. Los gobiernos de Estados Unidos, Rusia y otros países parecen considerar las armas nucleares cada vez más utilizables, lo que aumenta los riesgos de su uso real (…)

La modernización nuclear de EE.UU. y Rusia continuó acelerándose y Corea del Norte, China, India y Pakistán buscaron fuerzas nucleares «mejoradas» y más grandes. Algunos de estos programas de modernización están comenzando a desplegar armas con novedades peligrosas, como los planeadores de vuelo hipersónico Avangard de cabeza nuclear en Rusia, que se están instalando en los nuevos misiles SS-29 (Sarmat), diseñados para reemplazar los misiles balísticos intercontinentales (ICBM) de la década de 1980. Rusia continúa desplegando batallones dotados de misiles nucleares de alcance intermedio, lanzados desde tierra –misiles anteriormente prohibidos por el ahora desaparecido Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, del cual Estados Unidos se retiró en 2019–. China, que históricamente ha dependido de un arsenal nuclear pequeño, está expandiendo sus capacidades y desplegando múltiples ojivas independientes en algunos de sus misiles balísticos intercontinentales y probablemente agregará más en el próximo año.

Cohetes Hwasong 16 en el desfile conmemorativo del75 aniversario del Partido de los Trabajadores de Corea, en octubre de 2020 (imagen: Wikimedia Commons)

El interés mostrado por EE.UU. y Rusia en armas hipersónicas, probadas varias veces durante 2020, es profundamente preocupante. La carrera de armamentos hipersónicos ya ha dado lugar a pedidos de interceptores espaciales para destruirlos en vuelo. Esta militarización del espacio es peligrosamente desestabilizadora y aumenta el riesgo de escalada y conflicto accidental. Varios países están desarrollando plataformas de lanzamiento de armas que pueden llevar ojivas nucleares o convencionales, lo que presenta mayores riesgos de error de cálculo en una crisis o conflicto convencional. (…) El posible tropiezo con una guerra nuclear, siempre presente, ha aumentado.

Mientras tanto, los acontecimientos en el noreste de Asia, Oriente Medio y sur de Asia aumentan aún más los riesgos nucleares. Corea del Norte continúa desarrollando sus programas nucleares. En un desfile militar de octubre de 2020 presentó un nuevo misil de largo alcance más grande (Hwasong-16), pero, en ausencia de pruebas de vuelo, no está claro si agregará capacidades importantes a su arsenal. No hubo reuniones de alto nivel entre Corea del Norte y EE.UU. en 2020, lo que arroja dudas sobre el futuro de las negociaciones.

El sur de Asia sigue siendo un potencial foco nuclear, ya que tanto India como Pakistán continúan ampliando sus arsenales y aumentando la sofisticación y el alcance de sus armas, con misiles balísticos indios ahora capaces de alcanzar objetivos chinos. El movimiento relativamente reciente de competitividad nuclear entre estos países que disponen de plataformas basadas en el mar, incluidos submarinos, aumenta el riesgo, ya alto, de que las escaramuzas convencionales puedan escalar al nivel nuclear.

El esfuerzo continuo de Irán para mejorar su capacidad nuclear ocasiona otra preocupación seria. Pero un punto brillante en un panorama por lo demás sombrío es el deseo declarado de la administración Biden de volver a unirse al acuerdo nuclear con este país, conocido como Plan de Acción Integral Conjunto (…)

Para evitar que los programas de modernización nuclear se conviertan en una carrera de armamentos a gran escala, será esencial que el nuevo tratado START, que limita el despliegue de armas estratégicas de EE.UU y Rusia, se extienda por cinco años más, ganando tiempo para un acuerdo de seguimiento (…) Otros esfuerzos de control de armas, incluido el Tratado de prohibición de ensayos nucleares y las negociaciones para dejar de producir materiales fisibles para armas, se han desmoronado o están estancados. La cooperación anterior sobre el control de material fisible y la proliferación nuclear entre los Estados Unidos, Rusia y China ha caducado, y no hay esfuerzos serios dirigidos a limitar los desarrollos peligrosos de armas cibernéticas y espaciales, defensas de misiles y misiles hipersónicos.

Negociaciones entre EEUU e Irán: John Kerry, secretario de Estado de la administración de Obama, con el ministro de Asuntos Exteriores iraní Mohammad Javad Zarif, en 2016 (foto: Kevin Lamarque/Reuters)

La décima revisión del Tratado de No Proliferación (TNPAN) se pospuso en 2020 debido a la pandemia de COVID-19. Reprogramada para este año, la conferencia de revisión brindará una oportunidad para que los países con armas nucleares demuestren los pasos prácticos que han tomado o tomarán para reducir los riesgos del uso de armas nucleares y su dependencia de las armas nucleares.

Hace apenas unos días, el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares entró en vigor después de que 50 países completaran la ratificación. Este tratado fue desarrollado por países que no tienen armas nucleares, con la intención de presionar a los estados que sí las tienen para que avancen con más fuerza hacia el desarme (…)[4].

Acción contra el cambio climático después de la pandemia

El año pasado habría marcado un hito en el cambio climático: se esperaba que las partes del Acuerdo de París se comprometieran aún más a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que perturban el clima de la Tierra. Las promesas iniciales hechas en 2015 para reducir las emisiones durante esta década fueron muy insuficientes, al estar destinadas solo a comenzar un proceso para limitar el calentamiento global muy por debajo de los 2˚ Celsius en relación con los niveles preindustriales. Se esperaba que los países aumentaran sus compromisos en la reunión de 2020, pero debido a la pandemia de coronavirus la reunión se pospuso a este año.

El retraso puede ayudar. Pocos países han prestado mucha atención a la acción climática durante la pandemia (…) A medida que esta se agravó en los primeros meses de 2020, las emisiones de CO2 se redujeron en un 17 por ciento en comparación con el año anterior. Sin embargo, las emisiones se han recuperado en gran medida, ya que las economías mundiales que dependen de los combustibles fósiles han comenzado a recuperarse y las emisiones totales del año se estimaron en solo un cuatro a siete por ciento más bajas que las del año pasado (…)

Afortunadamente, las energías renovables han resistido en el turbulento entorno energético pandémico. Su despliegue se ha ralentizado, pero menos que otras fuentes, y la inversión sigue siendo alta. En los EE. UU. se prevé que, por primera vez, el carbón proporcione menos electricidad que las energías renovables, debido a una disminución en la demanda de electricidad y a la incapacidad del carbón para competir, dado el bajo precio del gas natural y los costos operativos casi nulos de las energías renovables. A nivel mundial, la demanda de energía de origen fósil ha disminuido, mientras que la demanda de energía renovable ha aumentado.

Estos desarrollos deben mantenerse en la recuperación de la crisis de COVID-19, pero no son suficientes para detener el calentamiento. Las concentraciones globales de gases de efecto invernadero en la atmósfera han alcanzado un récord, y 2020 estuvo esencialmente vinculado con 2016 como el año más cálido registrado. Hasta que las emisiones globales de dióxido de carbono se reduzcan casi a cero, la carga de CO2 en la atmósfera seguirá aumentando y el mundo seguirá calentándose (…)

Calentamiento global, correspondiendo 0.0 a la temperatura media de la superficie de la Tierra en 1951-1980 (fuente: Universidad de California-Berkeley/BBC)

A largo plazo, las respuestas a dos preguntas relacionadas con la pandemia tendrán importantes efectos sobre el cambio climático:

Primero, ¿en qué medida el gasto de estímulo económico para frenar la desaceleración económica del coronavirus se dirigirá hacia una infraestructura verde eficiente e industrias bajas en carbono? Dicho apoyo competirá inevitablemente con las solicitudes de ayuda de las empresas de combustibles fósiles y otras industrias intensivas en carbono que también se enfrentan a presiones relacionadas con la pandemia.

En el caso del COVID-19, se están preparando muchos estímulos destinados a los fósiles. Los billones de dólares para programas de estímulo en distintos países no son particularmente ecológicos. En conjunto, los del G20 habían comprometido unos 240.000 millones de dólares para esos gastos hasta finales de 2020, respaldando la energía de combustibles fósiles, frente a los 160.000 millones para energías limpias. Asimismo, los paquetes de apoyo del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional para países en desarrollo no favorecen la baja en las inversiones en el carbón. Y aunque China ha asumido fuertes compromisos con la descarbonización de su economía nacional, su Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Iniciative) parece preparada para llenar el nicho que van abandonando los sectores financieros de los países desarrollados, invirtiendo en infraestructura de combustibles fósiles en todo el mundo.

En la actualidad, los planes nacionales para el desarrollo y la producción de combustibles fósiles son todo menos alentadores; proyectan un crecimiento global de las emisiones de dióxido de carbono por el uso de combustibles fósiles de aproximadamente un dos por ciento por año durante la próxima década crítica, mientras que las emisiones tendrían que disminuir drásticamente si se cumplen los compromisos de temperatura del Acuerdo de París. Si estos planes se llevan a cabo, la producción de combustibles fósiles en 2030 sería alrededor de un 50 por ciento más alta de lo que es consistente con cumplir incluso los objetivos menos ambiciosos del Acuerdo de París.

Una segunda pregunta: ¿Cómo afectará la pandemia a la capacidad del sistema político internacional para gestionar el cambio climático global? Al igual que el cambio climático, la pandemia del COVID-19 es un problema global que requiere una solución global. El éxito con que los líderes de las naciones del mundo coordinen sus respuestas a la pandemia afecta (o afectará) a su fe y compromiso con el multilateralismo. Podrían tener más confianza en el valor de la cooperación mundial y las instituciones internacionales sólidas, o podrían desconfiar más del multilateralismo y descartar sus compromisos de invertir en instituciones de cooperación mundial que ya están en declive y sobrecargadas (…)

Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (París, 2015) (Roberto Stckert Filho/PR)

La infodemia COVID-19 y otras amenazas disruptivas

La pandemia de COVID-19 ha afectado al planeta de muchas formas extraordinarias y negativas, una de las cuales es la difusión de información falsa o engañosa a través de Internet. Cuando surgió la pandemia, generó lo que la Organización Mundial de la Salud ha llamado una «infodemia masiva»: una abundancia excesiva de información… que dificulta a las personas hallar fuentes y orientación confiables cuando las necesitan«. Ello incluye intentos deliberados (a veces por parte de líderes nacionales) de difundir información errónea y desinformación que daña la salud física y mental; amenaza los beneficios de la salud pública; daña las economías; y hace que sea mucho más difícil para las naciones del mundo detener la pandemia. La pandemia de COVID-19 y la infodemia que la acompaña se han entrelazado con incertidumbres críticas con respecto a la ciencia, la tecnología y las comunicaciones de crisis.

Primero, no toda la ciencia relevante para poner fin a la pandemia se conocía desde el principio. Por desgracia, muchas voces en voz alta consideraron la evolución del conocimiento científico sobre COVID-19 como una razón para ignorar y menospreciar los consejos científicos sobre el control de la pandemia.

Además, a medida que se desarrollaban y probaban nuevos tratamientos e intervenciones científicas, los expertos necesitaban aprender cómo maximizar sus efectos beneficiosos y transmitirlos al público. Este proceso de aprendizaje introdujo incertidumbre en el discurso pandémico en todo el mundo. Y, finalmente, las declaraciones oficiales sobre el COVID-19 incluyeron narrativas inconsistentes y contradictorias que surgieron de líderes políticos e instituciones que deberían haber estado cooperando y coordinando.

A medida que estas tres incertidumbres se desarrollaron el año pasado, la respuesta del público a la emergencia del coronavirus se fracturó a lo largo de líneas ideológicas y el partidismo a menudo reemplazó a la ciencia como justificación de las medidas de salud pública (…)

Las redes sociales, los motores de búsqueda, las tecnologías informáticas móviles siempre activas y otras aplicaciones han explotado las propensiones cognitivas humanas a dejarse engañar, enfurecerse y reaccionar impulsivamente, exacerbando las diferencias políticas e ideológicas (…) Como mínimo, la disfunción generalizada en el ecosistema de la información actual es un multiplicador de amenazas que complica enormemente la capacidad de la sociedad para abordar los principales desafíos. Las respuestas a la pandemia en algunos países, incluido EE.UU., han proporcionado una demostración gráfica de que tales preocupaciones no son meramente teóricas. La desinformación ha llevado a líderes y ciudadanos a rechazar los consejos científicos para limitar la propagación del COVID-19, con resultados trágicos (…)

Científicos de todo el mundo se han movilizado para crear tratamientos y vacunas contra COVID-19, y su trabajo parece prometedor para reducir la gravedad de la pandemia y, finalmente, suprimirla. Pero los funcionarios públicos que han descartado el valor de la ciencia durante la pandemia ahora se enfrentan a poblaciones que dudan en tomar las vacunas. Esas mismas figuras públicas tampoco resolvieron la fabricación, distribución y otros detalles logísticos necesarios para programas de vacunación eficientes (…)

La investigación y el desarrollo biológicos que avanzan rápidamente han producido y seguirán produciendo tecnologías disruptivas que podrían aumentar el riesgo biológico. En la categoría de riesgo creciente se encuentran las aplicaciones de biotecnología que podrían, por ejemplo, crear “supersoldados” o producir armas biológicas. Muchos países y corporaciones están invirtiendo en ciencias biológicas viendo inmensas oportunidades para desarrollar negocios en ese campo (…)

La seguridad internacional requiere una acción rápida para reducir esas vulnerabilidades. Un mejor esfuerzo de salud pública mundial para prevenir, detectar, responder y recuperarse de las pandemias naturales, como efecto secundario beneficioso, prepararía mejor al mundo para responder a los accidentes y ataques biológicos.

Esta es una llamada de atención para ti

(…) Pero la pandemia no es una desviación única de una realidad segura. Es un presagio, una señal inequívoca de que vendrá algo mucho peor si los líderes y las instituciones no programan  reformas de amplio alcance para prevenir y minimizar futuras pandemias, restaurar la primacía de las políticas basadas en la ciencia y reducir la posibilidad de una guerra nuclear y los impactos del cambio climático.

Evolución de la distancia del mundo a las 00:00 del Doomsday Clock (Imagen: physicsworld.com)

Fijamos el Reloj del Juicio Final en 100 segundos para la medianoche, lo más cerca que ha estado nunca, porque los riesgos existenciales que enfrenta la humanidad hoy exigen una acción rápida y completa en todo el complejo espectro de amenazas del siglo XXI. Aquí hay algunos pasos prácticos que los líderes mundiales pueden y deben iniciar en 2021 para proteger a la humanidad de las principales amenazas globales que tienen el potencial de acabar con la civilización:

  • Los presidentes de EE.UU. y Rusia deberían, tras la prolongación del nuevo tratado START, iniciar conversaciones de seguimiento para establecer límites más ambiciosos y completos sobre armas nucleares y sus sistemas vectores.
  • Ahora que EE.UU. ha anunciado que se reincorporará al acuerdo climático de París, debe acelerar su compromiso con la descarbonización y poner en marcha políticas que hagan factible el cumplimiento de ese compromiso.
  • Ahora que EE.UU. ha reincorporado a la Organización Mundial de la Salud, debería trabajar a través de ella y de otras instituciones internacionales para reducir los riesgos biológicos de todo tipo. Además, los líderes nacionales y las organizaciones internacionales han de prepararse para la emergencia de problemas biológicos antes de que ocurran vigilando más cuidadosamente las interacciones entre animales y humanos y mejorar los esfuerzos internacionales de vigilancia y notificación de enfermedades; aumentar la capacidad mundial para producir y distribuir rápidamente suministros médicos; y ampliación de la capacidad hospitalaria.
  • El presidente de los EE.UU., Joe Biden, puede mostrar liderazgo al reducir la dependencia de su país de las armas nucleares limitando sus funciones, misiones y plataformas, y al disminuir los presupuestos. EE.UU. debe declarar su compromiso de no utilizar primero las armas nucleares y persuadir a sus aliados y rivales de que acepten que no utilizar primero es un paso hacia la seguridad y la estabilidad.
  • El presidente Biden debería desterrar el temor de que una sola persona tenga el poder de acabar con la civilización eliminando su autoridad y la de los futuros presidentes estadounidenses para lanzar armas nucleares. Debería trabajar para persuadir a otros países con armas nucleares para que pongan barreras similares.
  • Rusia puede volver a unirse al Consejo OTAN-Rusia y abrir debates serios sobre la reducción de riesgos y sobre cómo evitar los peligros de escalada.
  • Corea del Norte puede aceptar codificar y permitir la verificación de su moratoria sobre pruebas nucleares y pruebas de misiles de largo alcance.
  • Irán y EE.UU. pueden volver juntos a cumplir plenamente el Plan de Acción Integral Conjunto, e Irán puede acordar conversaciones nuevas y más amplias sobre la seguridad de Oriente Medio y las limitaciones de sus misiles y otras actividades militares.
  • EE.UU. y Rusia pueden renovar la cooperación en materia de material fisionable y seguridad nuclear para asegurarse de que los terroristas no puedan adquirir los medios para construir un arma nuclear.
  • Los bancos y otras fuentes de capital pueden implementar políticas que limiten la inversión en proyectos de combustibles fósiles, como de hecho ya lo han hecho algunos, y redirigirlas a inversiones amigables con el clima.
  • China puede reorientar su Iniciativa de la Franja y la Ruta, por lo que establece un ejemplo para otros inversores al perseguir vías de desarrollo sostenible en lugar de apoyar el desarrollo intensivo en combustibles fósiles.
  • Todas las naciones pueden comprometerse con objetivos de descarbonización más sólidos en el marco del Acuerdo de París e implementar políticas dirigidas a la realización de estos objetivos. Esas políticas deben abordar no solo objetivos a largo plazo, sino también reducciones de emisiones a corto plazo e inversiones en cambios estructurales a largo plazo. Mientras tanto, los países más ricos del mundo deben mejorar sus compromisos en virtud del Acuerdo de París para proporcionar el apoyo financiero y la cooperación tecnológica que requieren los países en desarrollo para emprender una acción climática sólida.
  • Los líderes de los gobiernos y el sector privado pueden aumentar las inversiones de recuperación de COVID que favorecen fuertemente los objetivos de mitigación y adaptación climática en todos los sectores económicos y abordan la gama completa de posibles reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero. Esto incluye inversiones de capital en desarrollo urbano, agricultura, transporte, industria pesada, edificios y electrodomésticos y energía eléctrica.
  • La nueva administración de los EE. UU. puede ocupar puestos de liderazgo en agencias científicas sobre la base de la experiencia y las credenciales científicas; prohibir la injerencia en la producción o difusión de informes científicos del poder ejecutivo; utilizar la mejor ciencia posible para informar las consideraciones de política; permitir que los científicos del gobierno se involucren con el público sobre su trabajo; y proporcionar financiación para restaurar y fortalecer la cooperación científica internacional.
  • Los líderes nacionales y las organizaciones internacionales pueden crear regímenes más efectivos para monitorear los esfuerzos de investigación y desarrollo biológicos, de modo que se puedan maximizar los beneficios potenciales y minimizar o eliminar las posibles consecuencias negativas.
  • Los gobiernos, las principales empresas de tecnología de las comunicaciones, los expertos académicos y las organizaciones de medios responsables pueden cooperar para encontrar formas prácticas y éticas de combatir la información errónea y la desinformación que se genera en Internet.

Después de haber matado a más de dos millones de seres humanos, el COVID-19 es una inconfundible llamada de atención mundial. El mensaje es simple y escalofriante: la próxima vez podría ser mucho peor. Dada la experiencia de la pandemia, nadie puede decir razonablemente que no fue advertido.

Quedan 100 segundos para la medianoche, la situación más peligrosa que jamás haya enfrentado la humanidad. Es hora de que todos tomemos las medidas necesarias para, literalmente, salvar el mundo.

 

[1] Ofrecemos una versión extractada de la declaración. Traducción e introducción de Luis Castro

[2] The Guardian, 31 de diciembre de 2010. Según Tutu, Israel ofreció tecnología atómica a Suráfrica en los años setenta, realizándose algunos ensayos. Sobra decir que la declaración tampoco entra en los ataques terroristas –no se pueden calificar de otra manera– de EE.UU. a Irán, que han causado la muerte al menos de cinco científicos y un general iraníes.

[3] E. P. Thompson, “Protesta y sobrevive”, manifiesto publicado en Mientras Tanto, 5 y 6 con traducción de Manuel Sacristán, y más tarde en Editorial Crítica (1983). El título da la vuelta a un folleto de propaganda del gobierno de Thatcher, Protect and Survive, que pedía a la población civil que tomara medidas en previsión de un ataque nuclear soviético (refugios antiatómicos, acopio de víveres y medicinas, etc.). En aquella época, algunos doctores Strangelove, tanto civiles como militares, especulaban con la idea de una guerra nuclear limitada o “de teatro” cuyo escenario sería Europa y que tendría posibilidades de ser resistida por la OTAN con ventaja sobre el Pacto de Varsovia. Por el contrario, Thompson y muchos otros analistas, incluso militares, veían muy difícil impedir la escalada en caso de que alguien tomara la iniciativa del “primer golpe” (first strike). Piénsese que los misiles estarían bajo control de la OTAN, no de los países donde se ubicaran, y de este modo, EE.UU., a su vez controlador de la organización, tendría a su alcance toda la Rusia europea, incluyendo Moscú, mientras que su propio territorio permanecía lejos del hipotético escenario ruso.

[4] Convendría recordar que el TNPAN de 1968 obligaba a las potencias nucleares no solo a frenar la proliferación horizontal (nuevos países con el arma atómica), sino a detener y revertir su carrera armamentista y, más a largo plazo, plantear la reducción de los arsenales nucleares hasta su total erradicación. (Nota del T.).

Fuentethebulletin.org, 27-1-2021. Selección y traducción de Luis  Castro

Portada: Dangerous times (imágenes: iStock/Gerasimov174; iStock/piyaset; iStock/martin-dm; iStock/matejmo)

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

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