La complejidad del fenómeno VOX , cuya suerte parlamentaria se decide hoy (al parecer, con vientos muy favorables)  obliga a no reducirlo  a la nostalgia del franquismo. El Valle de los Caídos representa solamente la parte emergida de ese iceberg de la nostalgia alimentada con varios ingredientes. Los artículos relacionados que figuran al final ayudan a entender el componente internacional que da fuerza al partido del exPP  Santiago Abascal.  El resurgimiento del reaccionarismo franquista no es por tanto  fruto de una generación espontánea.  Entre los condicionantes específicos que no se dan en otros casos, la transición sin ruptura de 1978  con su política de memoria y la idea de reconciliación ha facilitado el resurgimiento de los relatos negacionistas y la creencia de que la única memoria histórica legítima es la memoria histórica de la derecha.  Esperemos que no se cumpla el pronóstico de Kavafis: “Cuando los bárbaros lleguen darán la ley”. R. Robledo


Manuel Vázquez Montalbán

En estado de gracia escribió Kavafis su poema sobre la existencia o inexistencia de los bárbaros. Parte el poeta alejandrino de la expectativa creada por el anuncio de la inmediata invasión de los bárbaros, las conductas dispuestas a metabolizar la barbarie anunciada y finalmente, ante la no aparición, la duda de su existencia. ¿Y si no existieran? Con una osadía sólo contemplable en alguien que ha prolongado la adolescencia sensible más allá de los 50 años, escribí por entonces que es inútil esperar a los bárbaros externos pero que es evidente la existencia de bárbaros internos. Nuestros bárbaros. Hay que reconocerlo sin caer en la tentación de la señora esposa de un escandaloso alcalde lerrouxista de Barcelona, el señor Pich i Pon. En el Liceo la dama y sus amigas repasaban con anteojos a las fulanas de los principales prohombres de la ciudad, incluido su marido, y pasó al fulaneo comparativo cuando le confesó a una amiga: ¿Sabes qué te digo? Que la mejor es la nuestra.

Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003)

No. No hay que cegarse con nuestros bárbaros pensando que son mejores que otros y ante los cotidianos, crecientes, salvajes casos de brutalidades cometidas contra inmigrantes africanos o ecuatorianos o los ahorcamientos de perros en la ancha Castilla cuando ya ha terminado la temporada de caza, que a nadie se le ocurra agradecerle a ningún Dios que no tengamos un Le Pen como tienen los franceses.

 

Le Pen ha acentuado la tendencia tan acreditada como acretinada de hablar o escribir sobre la decadencia francesa, una nación Estado que nos da sopas con honda en casi todo menos en horas solares. Desde la asistencia social hasta la elaboración cultural, pasando por la capacidad de mantener la pluralidad en tiempos de pensamiento uno, grande y libre, Francia sigue siendo el referente democrático y civilizatorio ejemplar y les ha crecido Le Pen porque la izquierda trató de achicar la demagogia contra los extranjeros y porque esa misma izquierda dividida olvidó que los bárbaros no llegan de fuera y es gravemente erróneo observarlos con catalejo para decidir: ¿Sabes qué te digo? Los mejores son los nuestros.

* Este artículo, titulado «Bárbaros», apareció en la edición impresa de El País, Lunes, 6 de mayo de 2002.

Imagen de portada: Alejandría, la ciudad de Kavafis


Constantino Kavafis (1863-1933).

Esperando a los bárbaros (1904)

 

¿Qué esperamos congregados en el foro?
Es a los bárbaros que hoy llegan.

-¿Por qué esta inacción en el Senado?
¿Por qué están ahí sentados sin legislar los Senadores?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
¿Qué leyes van a hacer los senadores?
Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.

-¿Por qué nuestro emperador madrugó tanto
y en su trono, a la puerta mayor de la ciudad,
está sentado, solemne y ciñendo su corona?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
Y el emperador espera para dar
a su jefe la acogida. Incluso preparó,
para entregárselo, un pergamino. En él
muchos títulos y dignidades hay escritos.

-¿Por qué nuestros dos cónsules y pretores salieron
hoy con rojas togas bordadas;
por qué llevan brazaletes con tantas amatistas
y anillos engastados y esmeraldas rutilantes;
por qué empuñan hoy preciosos báculos
en plata y oro magníficamente cincelados?
Porque hoy llegarán los bárbaros;
y espectáculos así deslumbran a los bárbaros.

-¿Por qué no acuden, como siempre, los ilustres oradores
a echar sus discursos y decir sus cosas?
Porque hoy llegarán los bárbaros y
les fastidian la elocuencia y los discursos.

-¿Por qué empieza de pronto este desconcierto
y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)
¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?
Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen.

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución


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