Eloy Fernández Clemente
Catedrático jubilado de Historia económica
Universidad de Zaragoza

Cuando, hace ahora diez años, la Biblioteca de Cataluña introdujo la revista «Destino» en la Memoria Digital de Cataluña (MDC), aquí,  su directora, Dolors Lamarca, dijo entre otras palabras: «Durante muchos años Destino fue el semanario por excelencia. Al igual que se ha dicho que el Barça es más que un club, Destino fue más que un semanario. Conectó con amplios sectores de la población, y se convirtió en indispensable para conocer la evolución de la cultura y las costumbres de Cataluña. Dejó una gran huella no sólo en el mundo de la prensa, sino como parte de una sociedad que quería ser diferente bajo el franquismo. Destino es una de las joyas de las publicaciones catalanas en lengua castellana. Por supuesto que la más valiosa”.[1]

La revista tuvo, sin embargo, una historia muy compleja y, recientemente en este blog, Marc Arza ha analizado con  profundidad el papel que desempeñó la revista para que J. Pla y Vicens Vives difundieran la necesidad del desarrollo de una élite política catalana que aprendiera a gobernar gobernando, aquí . Fundada en plena guerra civil el 6 de marzo de 1937 por los falangistas catalanes José Mª Fontana Tarrats y Xavier de Salas (futuro director del Museo del Prado), con sede en Burgos -cuartel general de Franco-, pronto se les une Ignacio Agustí, que a partir del nº 34 la dirige y moderniza e incorpora a José Vergés (siempre con mucho mando en la sombra, luego copropietario), Juan Ramón Masoliver, Antonio Tovar, Carlos Sentís, Xavier Montsalvatge, Eugenio D’Ors, y el dibujante Castanys, siempre protegidos por Dionisio Ridruejo. Gente valiosa, de lo más “presentable” del Régimen, para el que son desde el principio “sospechosos” por ello mismo.

Josep Vergés, Carlos Sentís, Josep Pla y Jaume Vicens Vives en la redacción de Destino (foto: El País)

Tras la caída de Barcelona se traslada allí su sede (el día de san Juan de 1939) y en esta segunda etapa colaboran Vicens Vives, Martín de Riquer, José Plá, José María de Sagarra, Fernando Valls Taberner, Guillermo Díaz Plaja, Eugenio y Santiago Nadal, escritores como Bartolomé Soler, Sebastián Juan Arbó y otros; Pedro Laín, Francisco de Cossío, Azorín, Zunzunegui, Pemán, y mujeres como Concha Espina y Josefina de la Maza. La mezcla es agridulce, con nombres que garantizan ortodoxia… y otros que la cuestionan.

Portada del 25 de marzo de 1944, con el artículo que le costó a Santiago Nadal una detención de tres semanas

Un nuevo giro se produce cuando en 1942 el conde de Godó compra el 50% de la revista, que se imprime en La Vanguardia (y es cuna ese año de la editorial del mismo nombre y dos después del premio Nadal, dedicado a Eugenio, muerto hace poco). Agustí marcha de corresponsal a Ginebra (y conspirador con Don Juan de Borbón y gran novelista) y le sucede el gallego Álvaro Ruibal; en 1952 venderá Ignacio Agustí su parte a Vergés, coeditor ahora con Godó[2]. Su carácter aliadófilo, lleva a sufrir persecuciones al viejo falangista Santiago Nadal por un artículo en esa línea y la redacción sufre un ataque vándalo por un grupo de sus teóricos camaradas falangistas. Entre las leyendas, se cuenta con verosimilitud que Franco mandó a Churchill una colección de la revista publicada hasta entonces, para demostrar cierta imparcialidad y recabar su apoyo: lo tuvo.

Noticia publicada en 1967 sobre una de las condenas sufridas por Néstor Luján durante su etapa como director de Destino

El brillante Néstor Luján encabeza como director una nueva leva en que figuran desde mediados de los 50 como colaboradores (la plantilla propiamente es muy limitada) Francesc de Carreras, Tristán La Rosa, José M. Espinàs, Sebastián Gasch, “Sempronio” (Andreu-Avel·lí Artís i Tomàs), Manuel del Arco, Luis Romero, Lorenzo Gomis, Jesús Fernández Santos, Camilo José Cela, Umbral. Como ha escrito Blanca Ripoll, “El posibilismo de Destino (que será duramente enjuiciado por los sectores más comprometidos y por los más catalanistas) ha sido vinculado por la crítica con la  “tercera vía”, formada por todos aquellos que habían luchado durante la Guerra Civil al lado de los vencedores, pero que, sobre todo a partir de 1942-1943, evolucionarían hacia posiciones ideológicas europeístas, aliadófilas y liberales, alejadas de la ortodoxia del régimen”. Ese progresivo liberalismo le gana quince expedientes y dos meses de suspensión, amén de una dura condena en 1969 a Luján, ya cesado año y medio antes y sucedido por Xavier Monsalvatge.

En la biografía de Josep Pernau que se escribe en la Universitat Pompeu Fabra se señala: “En los años 60, la entrada de los jóvenes Terenci Moix, Baltasar Porcel, Sergio Vilar y Jimenez de Parga, entre otros, confirma la consolidación de Destino como una revista culta y crítica con el franquismo. Asimismo, la tirada de ejemplares continúa aumentando hasta febrero de 1968, año en que la publicación llega al punto más álgido de difusión con 47.000 ejemplares. En 1971 se introduce el color al conjunto de la revista”.[3] y los números extraordinarios cuentan con 72 páginas y calidad fotográfica en la impresión del papel (huecograbado). Y con alguna periodicidad, dedica muchas páginas a un tema extra, desde la portada. En los que un plan inteligente mezcla casi a partes iguales historiadores reconocidos con periodistas de prestigio.

Es en la segunda mitad de los sesenta cuando la revista edita varios extraordinarios dedicados a “La Historia que sobrevive”. Encuadernados dormían en mi despacho, y rescatados en largas horas de lectura por la crisis vírica, los repaso con algunas noticias y consideraciones, quizá novedosas para los más jóvenes. Es el primero el dedicado a la Guerra de la independencia (en la portada, una fragmento de los fusilamientos del 3 de mayo, de Goya). Es el número 1475, de 13 de noviembre de 1965, lo dirige Néstor Luján[4], y junto a firmas muy de casa como Santiago Nadal, Joan Teixidor, Josep Plá (que firma un largo estudio sobre “Saint-Cyr en Cataluña”), Guillermo Díaz-Plaja y otros varios,  escribe el ya prestigioso jurista Manuel Jiménez de Parga (que evoca la Constitución de 1812, una oportunidad desaprovechada) y lo que es más importante, historiadores discretos como José María Jover, Santiago Sobrequés, Juan Reglá, y más a la derecha el casi inevitable Pemán (por gaditano, habla de las Cortes), y desde Zaragoza: Carlos Corona y Antonio Serrano Montalvo. No hay mucha diferencia en los tratamientos respecto a los tradicionales, pero hay nuevos lenguajes, nuevas perspectivas en muchos casos. Como veremos, se pueden nombrar muchas etapas sin tener que demonizarlas obligadamente.

Repiten los de casa en el extraordinario dedicado al Romanticismo (19 de marzo de 1966). No es sólo una mirada histórica, sino mucho más amplia, interdisciplinaria. Así, estudian la época literaria Joaquín Marco, José María Valverde, Antonio Vilanova, Sergio Vilar, José Tomás Cabot; la artística y musical Juan Perucho, Joan Teixidor, Oriol Bohigas, Xavier Montsalvatge, Sebastián Gasch, Arturo Llopis… Y dos incorporaciones importantes: Jordi Nadal, que aborda y explica un gran panorama sobre la revolución industrial, y Manuel Sacristán, que “Al pie del Sinaí romántico”, aunque rechaza encasillar así el pensamiento, se centra en el gran mundo alemán, en el que por primera vez son los filósofos profesores de sus grandes universidades; y vaticina que quizá sea la única generación en ello, ya que “esa actividad intelectual a la vez espectacular y oculta que suele llamarse filosofía…vuelve a encontrarse más entre científicos, artistas y hombres de acción que entre los profesores de filosofía”. [5]

El 30 de abril de 1966 se dedica gran parte del número a las Guerras Carlistas. Repiten Plá, Jiménez de Parga, los historiadores Reglá y Carlos Seco, Joaquín Marco, los periodistas Cabot, Edmón Vallés, el gallego Castroviejo y, otra sorpresa, Jordi Solé Tura, que analiza tradicionalismo y catalanismo, primera reflexión sobre lo que será al año siguiente su libro Catalanisme i revolució burgesa (1967). Según expresa, el tradicionalismo lastró a la burguesía catalana, “muy condicionada por sus intereses de clase. De hecho no consiguió, en un principio, acercarse a las masas obreras”.

El 20 de octubre de ese mismo 1966 se dedica el extra al Segundo Imperio. El número se presta a muchas evocaciones agridulces, muy periodísticas, de un rosa frívolo (Napoleón y Eugenia de Montijo, Lesseps, la aventura mexicana), y ya más en serio, Joaquín Marco sigue con literatos románticos, Francesc de Carreras escribe sobre Poderes e instituciones políticas, Ruiz Fornells sobre la guerra franco-prusiana, y, ya nos sorprende menos aunque el tema se las trae, de nuevo Solé Tura, que analiza La Comuna de París. A la que califica de un hecho auténticamente revolucionario: “pocos acontecimientos de la historia contemporánea pueden equiparársele en significación y trascendencia: es el primer caso de poder popular genuino en el seno de la sociedad burguesa occidental”. Por eso, concluye tras un relato impecable, “se integró plenamente en la épica revolucionaria, e inspiró muy de  cerca la teoría y la práctica de las revoluciones proletarias posteriores”.

Ojeamos en un salto importante el extra de 25 de marzo de 1967, dedicado a “De Isabel II a la Restauración”, con una portada que presenta a un joven general Prim a caballo. Se vuelcan los historiadores (Reglá, Sobrequés, A. Jutglar), y un paso más adelante, González Casanova (“La Constitución de 1869”), Josep Termes (“El obrerismo catalán y sus relaciones con el federalismo”) y de nuevo Solé Tura (“La primera República española”), mientras los periodistas, además de los fijos (Luján, Plá, S. Nadal), Edmón Vallés, Cabot, Ruiz Fornells, etc., tratan con seriedad asuntos históricos, en especial Tarín Iglesias que recuerda al “Mañé y Flaquer, contrapeso de la revolución”. Volviendo a Jordi Solé, su análisis es preciso, no hurtando los defectos achacados al breve periodo republicano por derechas e izquierdas, explicando que fracasó pero quedaron sus lecciones. Y fracasó, dice, porque “en España no existía una clase media, una pequeña y media burguesía capaz de ejercer el poder por sí misma”…, “la alta burguesía catalana prefería la salvaguarda de sus intereses estrechos de clase a la plena asunción de su cometido histórico”, y porque “el proletariado no podía ir a la lucha en forma inconexa y caótica, sin una organización y un programa concretos”. No se puede decir más ni mejor en tan breves conclusiones.

A 31 de mayo de 1969 un nuevo extra (ya dirigido como hemos adelantado por Xavier Montsalvatge), aborda la Restauración y la Regencia en España. De nuevo la hora de los periodistas habituales (Santiago Nadal advierte que el hombre está a punto de llegar a la Luna y opta claramente por buscar el camino de integración en Europa); y de nuevo historiadores: Joaquín Molas sobre los inicios del catalanismo, J. Romero Maura, Isidro Molas (“Los inicios del catalanismo”), José Manuel Cuenca, y Francesc de Carreras que escribe sobre “Joaquín Costa contestatario: hipótesis sobre la Restauración”; y otra novedad importante: Salvador de Madariaga, que sigue exiliado en Oxford y escribe sobre clericalismo y anticlericalismo.

No hay más ejemplares en mi gran tomo de unos 40 por 25 centímetros. Aquí cesa, pues, el breve análisis. Tras el cese de Fraga en 1972, se producen más cambios: la dirección de José Carlos Clemente, la compra  de la revista en 1974 por el banquero Jordi Pujol por unos 50 millones de pesetas con el fin de convertirla en portavoz catalanista en castellano. Baltasar Porcel, que no tiene carnet de periodista, y mal recibido por un amplio espectro de gentes de la cultura, dirige sin figurar como tal. En 1978 firma como director Jordi Domènech. Son años en que el ágil y serio periodismo diario irá “matando” a tantas revistas semanales, de Triunfo y Cuadernos para el diálogo a tantos otros. Destino se mantiene, muy vivaz periodísticamente, pero al fin, en 1985 desaparece…[6]

 

Bibliografía

De Cabo, Isabel (2001) La resistencia cultural bajo el franquismo: en torno a la revista «Destino» (1957-1961) Ediciones Altera, 2001. Es producto de su tesis doctoral de 1996 bajo el título “La función cultural de la revista «Destino», 1957-1961” conservada por la Universidad de Barcelona en su Col·lecció de tesis doctorals microfitxades.

Didier Corderot, Pilar (2004): “La revista Destino (1937-1939) y la cuestión de la catalanidad”, Centros y periferias: prensa, impresos y territorios en el mundo hispánico contemporáneo: homenaje a Jacqueline Covo-Maurice coord. por Nathalie Ludec, Françoise Dubosquet Lairys, IUFM de Martinique, 2004, pp. 207-219.

Doria, Sergi (2003) “Destino de un tiempo y un país”, ABC, 3 de noviembre.

Geli, Carles y Huertas Clavería, Josep Maria (1991) Las tres vidas de “Destino”, Barcelona, Anagrama.

Guillamet, Jaume (1996) Premsa, franquisme i autonomia. Crònica catalana de mig segle llarg (1939-1995), Barcelona, Flor del Viento.

Montero, Francesc (2011) “La memoria de los “vencedores vencidos” en Cataluña. Manuel Brunet y la “tercera vía” del grupo de Destino”, Revista Internacional de los Estudios Vascos, nº 8, pp. 154-161.

Ripoll Sintes, Blanca (2013) “La retórica del poder en Destino. Entre el periodismo y la literatura (1939‐1944)” en Falange, las culturas políticas del fascismo en la España de Franco (1936-1975) coord. por Miguel Angel Ruiz Carnicer, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, Vol. 2, págs. 515-524.

Ripoll Sintes, Blanca (2016) “Periodistas ante la pantalla: los inicios de la crítica cinematográfica en Destino” Doi: http://dx.doi.org/10.15366/secuencias2016.42.002.

Ripoll Sintes, Blanca (2015). «La revista Destino (1939-1980) y la reconstrucción de la cultura burguesa en la España de Franco». Amnis. Revue de civilisation contemporaine Europes/Amériques [En línea], 14 | 2015, Publicado el 15 julio 2015, URL : http://journals.openedition.org/amnis/2558

Vergés, Josep C. 2008, Un país tan desgraciat, memòria compartida amb l’editor de Destino, sd edicions, Barcelona.

Vila-San-Juan, J. L. (1985) “Historia (y despedida) de la revista Destino”, en Destino. Tercera etapa. Nº 1. 29 de marzo 3 de abril de 1985, pp. 85-94. Recogido en la web Los papeles de Don Cógito, 7 de enero de 2018.

 

[1] Digitalización disponible en el portal ARCA (Arxiu de Revistes Catalanes Antigues= Archivo de Revistas Catalanas Antiguas). Una selección del casi medio siglo en La crónica de Destino. Antología del semanario publicado entre 1937 y 1980 (2 volúmenes), Ediciones Destino, Barcelona, 2004.

[2] Vergés, Josep C. (2008) «Un país tan desgraciat, memòria compartida amb l’editor de Destino» sd edicions, Barcelona.

[3] Entrevistado Jordi Amat por Carles Geli sobre su ensayo ‘El largo proceso’, afirma: «La revista ‘Destino’ hizo más por el catalanismo que ‘Serra d’Or». «En las relaciones con el poder, los intelectuales catalanes siempre han sido unos pardillos». En El País, Barcelona 8 de abril de 2015

[4] Luján suele adjuntar al final notas biográficas o bibliográficas.

[5] Sacristán, el gran introductor del marxismo en España, que se había especializado en la Alemania federal en lógica matemática y filosofía de la ciencia, publicó en 1966 su “Introducción a la lógica y el análisis formal”, y hasta 1969 formó parte de la clandestina dirección del PSUC. No creo que lo ignorasen en la empresa Destino.

[6] Una evocación en Doria, 2003, “Destino de un tiempo y un país”, ABC, 7/11/2003

Portada: portada de La historia que sobrevive del 25 de marzo de 1967

Ilustraciones:

Artículos relacionados

Josep Pla y Vicens Vives, Cataluña frente al Minotauro

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here