Noticia de libros

Asunción Esteban Recio, Dunia Etura y Matteo Tomasoni

 
 
Introducción

Igualmente una sociedad recuerda lo que le conviene, que es generalmente lo que conviene a sus élites, al poder. El sistema social juega estratégicamente con la memoria para constituir la tradición que la legitima, para seleccionar las tradiciones que la constituyen como tal sociedad. Así, la función de los archivos es precisamente esta: preservar lo que sabemos y prevenirnos contra el olvido, contra las triquiñuelas del olvido, contra el uso selectivo y falso de la memoria y del olvido.

Mario Benedetti

 

El franquismo ha sido parte integrante de la historia de España y, como tal, nuestro deber es plantear nuevas reflexiones que permitan una mejor comprensión de su naturaleza y de los procesos que caracterizaron su configuración social e ideológica. La investigación ha avanzado mucho en este sentido, aunque somos conscientes de que a estas alturas quedan todavía muchas cuestiones pendientes de estudiar. El debate sobre el franquismo está más vivo que nunca y es imprescindible buscar un enfoque amplio y flexible, como el que trabaja la historiografía actual.

Esta obra pretende reflejar las múltiples facetas de la dictadura a lo largo de sus cuarenta años de existencia, planteando cuestiones relacionadas con la naturaleza del régimen, los motivos de su larga duración y las huellas que ha dejado en nuestro entorno el denominado franquismo sociológico. Con un enfoque multidisciplinar, reconocidos expertos en la materia abordan estas preguntas dando respuestas desde el ámbito del análisis histórico, educativo o de género, sin olvidar el papel de los medios de comunicación en la configuración de la mentalidad durante el franquismo.

Franco ha muerto (fotoensayo: Lea Levi en El País Semanal 18 de noviembre de 2018)

Este libro surge de la colaboración entre Les Territoires de la Mémoire-Liège y Territorios de la Memoria-España, y se enmarca en un espacio de trabajo dedicado al estudio de los totalitarismos, los derechos humanos, la democracia como valor fundamental, el concepto de ciudadanía y la memoria como objeto de investigación, principalmente en el ámbito europeo. Ambas entidades comparten unos fines comunes, en particular, la defensa de los derechos humanos y la necesidad de reivindicar el movimiento memorialístico como vía necesaria en la construcción de una sociedad más democrática, que no repita errores pasados y siga los tres principios de verdad, justicia y reparación, reconocidos por las Naciones Unidas, a través de la figura de las comisiones de la verdad.

La naturaleza del franquismo

Las raíces ideológicas del franquismo

En la primera parte de esta obra, Pere Ysàs aborda en «El franquismo: de la victoria a una larga supervivencia» las razones que permiten explicar el mantenimiento de un régimen dictatorial durante varias décadas; un periodo dilatado de tiempo que abarca un gran número de transformaciones, ante las cuales el sistema tuvo capacidad para reaccionar, adaptarse y pervivir. Con la maestría que le caracteriza después de su larga y fructífera trayectoria de investigador en este campo, Ysàs sintetiza cómo, desde los momentos iniciales de la Guerra Civil hasta la construcción del Nuevo Estado, el franquismo, mediante la represión y con el apoyo de amplios sectores sociales y su capacidad de acomodación a los cambios en el contexto internacional durante la Guerra Fría, logró sobreponerse a las coyunturas críticas hasta que, en los años sesenta y setenta, las transformaciones operadas en la sociedad hicieron insostenible un régimen que, a esas alturas, ya no admitía reacomodación, sino tan solo sustitución.

La aportación de Alfonso Botti, «Franquismo y nacionalcatolicismo en el tiempo largo de los nacionalismos», plantea una original propuesta de análisis en torno a tres preguntas clave. La primera sería si el nacionalcatolicismo fue la ideología del franquismo: lo fue, según la interpretación de este excelente conocedor del tema, como lo fue de la Falange. En segundo lugar, el éxito del nacionalcatolicismo español puede explicarse a partir de la actitud adoptada por el Magisterio de la Iglesia durante la época de la irrupción de los nacionalismos a finales del siglo xix y principios del xx. El hecho de que durante mucho tiempo el nacionalismo español —frente a lo que ocurrió en Portugal, Francia o Italia— no se canalizase a través de un partido político le permitió adaptarse mejor a los tiempos, sin por ello sufrir condena alguna de la Iglesia. Por último, para comprender mejor el fenómeno convendría ampliar el marco espaciotemporal: bien por similitudes o por diferencias, el profesor Botti considera imprescindible reflexionar sobre la evolución de las relaciones entre los nacionalismos y la Iglesia en la Europa contemporánea.

Celebración en Salamanca de la toma de Tarragona en enero de 1939 (EFE)

Aunque nadie duda de que el proyecto político de Falange influyó en la creación del régimen del 18 de Julio, cabría preguntarse hasta qué punto contribuyó a su instauración. A ello responde Ferran Gallego en «La delgada línea azul. Identidad falangista y convergencia contrarrevolucionaria en la formación del fascismo español (1931-1936)». Dentro de su acreditada y consolidada línea de trabajo, el profesor Gallego plantea la especificidad del fascismo español, incidiendo en su relevancia histórica, frente a la visión tradicional de los manuales de Historia que lo presentan como un mero apéndice del fascismo europeo. Según el autor, el fascismo es una ideología, un proyecto y un movimiento social con dos elementos básicos (realzados en el caso particular de la Falange): los conceptos de revolución y de nación, de los que se derivarían el liderazgo, la idea de imperio, la violencia, etcétera. Durante la Guerra Civil, el aspecto doctrinal terminaría por concretarse y se iniciaría la fase de edificación institucional del Estado. En efecto, la contienda catapultó al exiguo movimiento falangista hasta convertirlo en un factor esencial de la estrategia de los sublevados, en un sustrato fundamental en la construcción del nuevo régimen.

El resultado de la Guerra Civil marcó ostensiblemente una ruptura entre la vida universitaria de los años veinte y treinta y la de los cuarenta. En el terreno concreto de la historia como disciplina académica, el cambio es analizado por Ignacio Peiró en su capítulo sobre los catedráticos de Historia en el franquismo («La continuidad innecesaria: consideraciones sobre los orígenes históricos de la historiografía franquista»), donde muestra la discontinuidad entre la República y los años que siguieron. Bajo su meticulosa lente pasan los numerosos profesores que acceden a la cátedra, los que son apartados de ella, los que van al exilio, así como el cambio de perspectiva en los estudios, un cambio que dictan los nuevos tiempos. Excelente conocedor de la historia de la historiografía, Peiró dibuja un pormenorizado panorama de cómo se trató la historia en aquellos momentos y de quiénes fueron los artífices de ese tratamiento.

La construcción de la dictadura

Los capítulos que forman parte del apartado dedicado a la construcción de la dictadura constituyen una aportación muy relevante para discriminar los materiales humanos, institucionales, simbólicos e ideológicos con los que la dictadura se fue consolidando y afirmando, y que remiten al poder omnímodo de Franco y a la excepcional duración de su mandato, lo que explica, asimismo, la dificultad para encerrar en un determinado modelo político el régimen al que dio nombre.

La profesora Carme Molinero en su ensayo «Control social, autarquía y miseria», tras señalar algunas de las características esenciales del franquismo (utilización de la violencia como medio de profilaxis social o su recurso al imaginario de la victoria como elemento cohesionador para los vencedores), opta por centrarse en los vencidos y, especialmente, en la represión. La depuración de los trabajadores, el Sindicato Vertical, el nuevo orden laboral confiado al Ministerio de Trabajo, la destrucción casi completa de los espacios y formas de sociabilidad republicanos, la política autárquica, etc. son los aspectos que configuran la aportación de Molinero.

Por su parte, Ismael Saz, en su trabajo «Los poderes de Franco. Dictadura soberana y doctrina(s) del caudillaje», se propone poner de manifiesto la complejidad del proceso de construcción del mito del caudillo, lo que vendría subrayado en el hecho de que no hubo una, sino varias doctrinas al respecto, que presentan notables ambigüedades y denotan que no se dio una relación simétrica entre las dinámicas del poder y las retóricas asociadas a dicho mito. Esas ambigüedades y asimetrías las observa también el autor en las doctrinas o teorías que buscaron sustentar y legitimar el caudillaje de Franco. El punto de inflexión más importante en dicho concepto tendrá lugar a partir de la década de 1940, momento en que el caudillaje franquista se va despojando de sus rasgos más populistas, en la medida en que iban ganando terreno el Ejército y la Iglesia.

Consejo de Ministros del 12 de agosto de 1939 (foto: EFE)

Enrique Moradiellos, en su aportación «El régimen de Franco en la Europa de preguerra, guerra y posguerra (1936-1947)», llama la atención sobre la dificultad para conceptualizar el régimen de Franco y situarlo en un marco comparado con otros regímenes autoritarios. Desde luego, no fue una simple dictadura militar, por cuanto el caudillo fusionó en una única magistratura las tres fuentes de legitimación de sus poderes soberanos, la militar, la religiosa y la política. Una concentración de poder que no cabría disociar del contexto político europeo —periodo 1914-1945— con regímenes dictatoriales configurados a través de un proceso de «carismatización» de la autoridad personal. El caso de Franco, no obstante, sería diferente al de otros líderes coetáneos, ya que en él se observa la fusión en «un único mando» de poderes de legitimación de extracción diversa, pero complementaria, cuyo resultado fue la adopción del título de «caudillo de España» y el desarrollo del culto a su personalidad como uno de los elementos centrales del aparato de propaganda del régimen. Ante la dificultad de conceptualizar un régimen tan duradero y que atravesó por etapas muy diferenciadas, el autor señala que quizás la única constante definitoria y configurativa del franquismo fue la presencia del propio general Franco como supremo y omnímodo dictador militar bonapartista, de juicio inapelable y magistratura vitalicia.

Por último, José-Carlos Mainer, en su análisis sobre «La cultura en el franquismo: historia de un fracaso», plantea la cuestión de si el régimen produjo una identidad cultural de referencia o si, más bien, lo que hubo fue un pasajero mimetismo de los modelos italiano y alemán. Para este autor, el modelo cultural del fascismo español, o mejor de la derecha fascistizada, se configuró relegando a una posición secundaria el componente vanguardista de los inicios (Giménez Caballero) en beneficio de un fascismo en el que tuvo más peso la aportación católica tradicional y radicalizada (José María Pemán). En la primera etapa, la exaltación del héroe adquirió tintes peculiares, al conjugar el culto fascista a la violencia con el martirio. Será en la segunda mitad de los años 40 cuando empiecen a aparecer, aunque tímidamente, elementos como la paz, el conflicto y la reconciliación e, incluso, se manifiestan ya disidencias notables (Ridruejo). A finales de esta década comienzan, así, a advertirse atisbos de una progresiva autonomía o independencia —vigilada— de la cultura. Por último, situado ya en la divisoria ideológica representada por los años que van de 1964 a 1966, Mainer dibuja con autoridad y lucidez la trayectoria seguida por la cultura española hasta los años de la Transición, para lo que se apoya en conceptos expresivos como el de subnormalidad (Manuel Vázquez Montalbán) o el de desencanto.

Los motivos de su larga pervivencia

Los instrumentos de dominación del régimen

Raimundo Cuesta, en su aportación «Cirugía de cuerpos y almas. Totalcatolicismo y educación franquista», aborda el complejo mundo de la educación durante el franquismo, sobre todo durante el periodo 1936-1945, con el fin de analizar los cambios operados en el sistema para adoctrinar a la juventud en las nuevas claves ideológicas. Con rigor desgrana la Ley de Bachillerato Universitario de 1938, la de Ordenación Universitaria de 1943 y la de Enseñanza Primaria de 1945, para mostrarnos cómo funcionó a la hora de controlar la educación ese equilibrio inestable entre las fuerzas que apoyaban al régimen. Componentes falangistas e inspiración católica fueron los ingredientes más relevantes en la ruptura con la tradición liberal, aunque, a pesar de ello, como bien explica el autor, sobrevivieron las seculares culturas académicas y profesionales. Pero no se limita a la legislación: Fernández Cuesta se interna en el día a día del aula, en los libros de texto, en los contenidos y en las prácticas de una cosmovisión educativa que comenzaría a cambiar en los años sesenta.

Atado y bien atado. Los medios de comunicación durante la dictadura

Siempre que se aborda la historia del franquismo termina surgiendo el tópico del control del régimen sobre los medios de comunicación como uno de los elementos básicos constitutivos de la dictadura y quizá también como una de las razones por las que pudo durar 40 años. Evidentemente, la radio y la prensa ya existían cuando Franco llegó al poder, pero el régimen los hizo suyos, imprimiéndoles carácter. La desaparición forzada de la libertad de expresión y de comunicación determinará que los medios asuman un papel inédito en la historia de España desde las Cortes de Cádiz: se convierten en un instrumento más al servicio del Estado. No obstante, la propia duración del régimen hará que ese control fluctúe y evolucione con el paso del tiempo, y que el dominio asfixiante y totalitario de finales de los años 30 deje paso al relativo aperturismo de los años sesenta.

Franco durante la grabación de un Nodo (imagen: rtve.es)

Salvador Gómez, en «Radio Nacional de España en el laberinto franquista. Nacimiento y consolidación de la radiodifusión estatal (1937-1962)», reconstruye la trayectoria de la radio española desde la fundación de Radio Nacional en 1937 hasta 1962. Una etapa larga en la que se pasa de la beligerancia propia de tiempos de guerra a los inicios del desarrollismo. Todo ello en un contexto cambiante en el que el propio régimen dudará sobre las fórmulas legales de control sobre la radio (las radios por mejor decir), que nunca llegará a ser absoluto.

España cambia en los años sesenta, y el franquismo no pudo permanecer ajeno a ello. Las rígidas normas censoras que venían de la Ley de Prensa de 1938 ya no se adecuaban a un país moderno y urbano. El profesor Carlos Barrera, en «Prensa atada y prensa desatada», aborda la progresiva apertura del panorama informativo español a partir de la Ley Fraga de 1966 y cómo la prensa contribuyó a preparar al país para los cambios que sobrevendrían después de 1975. La Transición en los medios había comenzado ya antes de la muerte de Franco.

Legitimar el régimen a través de las mujeres: la mujer ideal franquista

Uno de los elementos fundamentales para la legitimación de la dictadura fue el control de las mujeres como sujetos cardinales para el establecimiento y la continuidad del «nuevo orden». Para ello, el régimen puso en marcha un férreo sistema de ideologización de género con el que pretendía devolver a las mujeres a su «lugar natural»: el espacio privado. De este modo, se fue imponiendo un modelo de mujer basado en la perfecta esposa y madre devota.

La legislación fue uno de los elementos fundamentales en los que se asentó la política de género franquista que convertía a las mujeres, en palabras de Rosario Ruiz, en «eternas menores». La autora desarrolla en «Legitimar a golpe de Ley: la imposición de la mujer ideal franquista» la reforma de la legislación republicana que llevó a cabo la dictadura desde antes del final de la Guerra Civil hasta la aprobación de leyes ad hoc, de marcado carácter patriarcal, que sentenciaban a las mujeres a cumplir el rol de personas sumisas, dependientes del padre, primero, y del marido, después.

Otro de los elementos fundamentales en los que se apoyó la dictadura para el desarrollo del modelo de mujer franquista fue la enseñanza. Así, desde la educación formal, encomendada a la Iglesia católica, y la no formal, que gestionó la Sección Femenina, se instruyó a las niñas españolas sobre cómo debían convertirse en mujeres. El principio unívoco de segregación por sexo determinó no solo la diferenciación física, sino también el currículo al que estaban expuestas las menores españolas, con asignaturas específicas como «hogar», «formación del espíritu nacional» y «educación física», dependientes de la institución falangista, que venían a reforzar el modelo de mujer al que las jóvenes debían aspirar. Raquel Osborne explica en «La mujer ideal del franquismo: el quiero y a veces no puedo del régimen», a través del caso personal de la periodista, escritora y feminista Carmen Alcalde, cómo, desde posturas supuestamente adeptas, podía surgir la disidencia, si se interponía «en la construcción de la chica ideal que pretendían las monjas franquistas» una orientación sexual no preceptiva.

Foto: Euskonews.

Además de los elementos anteriormente expuestos, la represión de género fue una de las piezas clave en las que se asentó la dictadura para la imposición del renovado modelo de mujer patriarcal, ya que, a través de un castigo específico, tanto en las causas como en el modo de ejercerlo, se pretendía sancionar, de manera cruenta, a aquellas mujeres que habían transgredido los roles de género, por ser considerabas «enemigas de la patria».

Sin embargo, como no puede ser de otro modo, la represión facilitó la creación de resistencias que, desde posturas subversivas, luchaban contra la dictadura. La profesora Mercedes Yusta reflexiona en su texto «El primer franquismo “visto desde abajo”. Resistencia armada y resistencias cotidianas (1939-1952)» sobre el impacto de las represiones que sufrieron las comunidades rurales durante el primer franquismo, donde coexistieron la lucha armada, a través de las guerrillas, y las resistencias «cotidianas» que la población elaboró de forma más o menos espontánea, mostrando especial interés en la resistencia de las mujeres de las clases populares en el ámbito rural.

Las huellas del franquismo

El libro también se acerca a lo que queda del franquismo en la sociedad actual. Es una constante en la historia de la humanidad que todo régimen que perdura durante un largo periodo deja improntas y secuelas en los individuos y en la sociedad en su conjunto. En esta línea de pensamiento, el profesor belga Philippe Raxhon, en «La necesidad de la pedagogía de la memoria en Europa y España», refiriéndose en concreto a la dictadura franquista, afirma que «cuanto más tiempo dura un régimen fascista, tanto más tienden a “pasar página” quienes lo sustentan».

Nadie pone duda que la pervivencia del franquismo se hace patente, tal como destacan los diferentes autores, en distintos ámbitos de la sociedad, que van desde el mundo de la política, las instituciones y la economía hasta la cultura. Marie-Claude Chaput sostiene en su análisis sobre la «La herencia político-institucional del franquismo en ABC y El País» que la jefatura de Estado es el vínculo más evidente con la dictadura de Franco: «una de las bases intocables de la Transición era justamente que no se podía cuestionar la monarquía». Pero si hay un hecho evidente que manifiesta dicha pervivencia es la bochornosa existencia en nuestro país de miles de fosas que albergan los restos de los represaliados franquistas, y que aún esperan la puesta en valor de los tres principios fundamentales que un Estado democrático debe garantizar: verdad, justicia y reparación.

Exhumación de fosa común en La Pedraja (Burgos) (foto: Sociedad de Ciencias Aranzadi)

La impunidad está siendo la enfermedad crónica que aqueja a la sociedad española en el proceso de curación del pasado dictatorial, hasta el punto de que, como afirma Emilio Silva en «Todos somos franquismo», «se ha convertido en una política institucionalizada en diferentes ámbitos, en un hábito y en un hábitat en el que sobreviven enormes y numerosos residuos de la dictadura que forman parte del paisaje cotidiano de nuestra democracia». Solo así se puede entender la existencia de una fundación dedicada «a ensalzar la figura de Francisco Franco y sus logros políticos». De igual forma se explica que un juez de la Audiencia Nacional abriera una investigación sobre los crímenes franquistas y, poco después, fuera suspendido de sus funciones en la judicatura. De ahí que Guillem Martínez, en «La pervivencia del franquismo», considere que la responsabilidad última de la herencia del franquismo haya que achacarla más a la democracia que al propio régimen fascista. Se deja en evidencia, así, que durante las cuatro décadas transcurridas desde la Transición ha faltado la voluntad necesaria para cerrar definitivamente tan negro capítulo de nuestra historia reciente. Es hora de que la sociedad española asuma la realidad y las consecuencias del pasado dictatorial. Para ello, como advierte Philippe Raxhon, es imprescindible crear una pedagogía de transmisión de la memoria con «proyectos educativos tendentes a que el conocimiento del pasado y la difusión de ese conocimiento contribuyan a evitar que las tragedias del pasado se repitan en el futuro».

Los archivos del franquismo. Posibilidades de investigación y limitaciones en el acceso

Se cierra el libro con un capítulo dedicado a las fuentes documentales, que son absolutamente básicas para avanzar en la investigación sobre la dictadura franquista. Los archivos de regímenes dictatoriales con fines represivos testimonian la violación de derechos humanos, por lo que es imprescindible garantizar la conservación de sus documentos, ya que constituyen una prueba fundamental para llevar a cabo los procesos judiciales, la reparación de las víctimas, la averiguación de la verdad y las garantías de no repetición. Antonio González Quintana expone en «El acceso a los archivos, derecho a saber y derecho a la verdad» el papel que juegan estos conjuntos documentales como mecanismos de justicia transicional, que determinan, en cierto modo, el proceso y la calidad de la transición que deben afrontar todas las sociedades que han pasado por experiencias traumáticas.

En los archivos españoles son muchos y variados los fondos documentales que de una u otra forma son de gran utilidad para llevar a cabo esta tarea de lucha contra el olvido. Evelia Vega analiza en «Los fondos del franquismo en los archivos del Estado» las agrupaciones documentales más relevantes que se conservan en el Archivo General de la Administración, entre los que se encuentran los documentos producidos por los diferentes órganos del «Movimiento».

Tratamiento de documentos restituidos por el Centro Documental de la Memoria Histórica (Foto: Cristóbal Castro, El País)

A su vez, el Centro de Salamanca, como apunta su director, Manuel Melgar, en «Los fondos de la represión franquista en el Centro Documental de la Memoria Histórica: posibilidades de investigación y condiciones de acceso», custodia los fondos de los servicios documentales de la dictadura, pero también los expedientes generados por diferentes organismos de carácter represivo, como eran el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, el Tribunal de Responsabilidades Políticas y el Tribunal de Orden Público, entre otros.

Por otra parte, los archivos militares conservan documentos que fueron creados por el franquismo para legitimar la dictadura, junto con otros que son testimonio de la represión, especialmente los procesos judiciales contra los disidentes políticos. María del Carmen Rial presenta en «Los fondos del franquismo en los archivos militares» los documentos de la represión franquista que se encuentran en archivos como el Archivo General Militar de Ávila y en los archivos intermedios de los diferentes subsistemas que integran el Sistema Archivístico de la Defensa, ya que en estos centros se localizan la mayoría de los consejos de guerra de este periodo, que constituyen un testimonio de importancia capital para el estudio de la represión.

Por último, Luis Miguel Rodríguez plantea, en «Los fondos del franquismo en los archivos históricos provinciales: el ejemplo de Salamanca», la necesidad de un tratamiento técnico para que estos documentos sean más accesibles a los ciudadanos e investigadores, contribuyendo de esta forma a un mejor conocimiento de este periodo de nuestra historia reciente.

En definitiva, este libro pretende enriquecer un debate que permanece abierto en nuestra democracia, como permanecen abiertas las heridas que «aún no están cerradas y que laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Solo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular» (Juan Gelman).

Para concluir, nos gustaría dedicar unas palabras de agradecimiento a Ricardo Martín de la Guardia, Rafael Serrano García, José-Vidal Pelaz López y Virginia Martín Jiménez, docentes e investigadores del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid. Asimismo, tenemos que destacar la silenciosa pero fundamental participación de María Jesús Izquierdo García, cuya ayuda ha sido determinante en la elaboración de esta publicación. A todos ellos, por su profunda dedicación en este proyecto, damos las gracias para que esta edición viera la luz.

Asunción Esteban Recio (coord.), Dunia Etura (coord.), Mateo Tomasoni (coord.)
LA ALARGADA SOMBRA DEL FRANQUISMO (INCLUYE CD). Naturaleza, mecanismos de pervivencia y huellas de la dictadura. Granada: Comares, 2019


Ilustraciones: Conversación sobre la Historia

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