El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza

Conversación sobre la historia


Alberto García Molinero
Universidad de Granada
Departamento de Historia Contemporánea

 

La larga lucha por la independencia de Vietnam fue uno de los procesos históricos decisivos en la configuración del Tercer Mundo dentro del contexto histórico de la Guerra Fría. Tal y como reconoció el historiador Christopher E. Goscha en su estudio sobre «la tercera guerra de Indochina», la experiencia vietnamita tuvo un alcance global que fue mucho más allá de la descolonización del sudeste asiático.[1] Alentando el despertar combativo en otros territorios afroasiáticos —e incluso latinoamericanos—, la encomiada resistencia frente al sucesivo envite de Francia, Japón y los Estados Unidos situó al horizonte vietnamita en un espacio privilegiado dentro de la construcción ideológica del futuro Sur-Global durante la segunda mitad del siglo XX.[2] En este contexto, más allá de las visiones propagandísticas reproducidas en torno a la «soledad» de Hồ Chí Minh en su resiliencia antiimperialista, diversas investigaciones recientes han puesto de relieve el peso que tuvieron las relaciones de solidaridad y contrainsurgencia internacional a lo largo de este conflicto.[3] Alejados de miradas únicamente centradas en la agencia de grandes superpotencias, investigadores como Agustín Prina han reparado en el papel que actores no gubernamentales, experiencias históricas y poderes entonces considerados «secundarios» jugaron en el devenir de una conflagración donde la sombra de la guerra civil española dejó un legado mayormente ignorado hasta el momento.[4]

Los precedentes de esta desconocida realidad se remontan a la dilatada historia contemporánea de España en el vasto continente asiático tras la pérdida definitiva de Filipinas ante el ascenso de emergentes potencias y dinámicas internacionales en la región. De acuerdo con Carlos Pérez Fernández-Turégano y Hiroaki Kawabata, durante el primer tercio del siglo XX pioneros canales de comunicación se abrieron entre países como España, India, China o Japón, inaugurando así una senda de intercambios que naciones como Vietnam continuaron más adelante en el tiempo.[5] A partir de eventos como la invasión japonesa de Manchuria (1931), acontecimientos del mundo asiático fueron seguidos cada vez con más atención por la prensa de la recién proclamada Segunda República, dando inicio de esta forma a un diálogo de creciente interés mutuo que conoció su punto de inflexión en el año 1936.[6]

Convertido, según Enrique Moradiellos, en un conflicto armado de hondo calado internacional en el tiempo, la guerra civil española cambió para siempre la imagen del país ibérico dentro el continente asiático en su totalidad.[7] Por un lado, de la forma en que ha observado Florentino Rodao, el Golpe de Estado del 18 de julio constituyó un destacado motivo de celebración para las fuerzas anticomunistas repartidas a lo largo del lejano oriente en el contexto del periodo de entreguerras.[8] Habiendo sido reconocido oficialmente como gobierno legítimo de España por el Japón de Hirohito el 1 de diciembre de 1937, el aparato político-militar liderado por Franco se convirtió en un temprano referente ideológico en la lucha de inspiración fascista global que mantendría un largo recorrido en el continente incluso después de la Segunda Guerra Mundial.[9]

Por contraparte, considerado un episodio de vital significación entre algunos de los principales líderes anticoloniales asiáticos, la guerra civil española se convirtió también en un señero ejemplo de resistencia antifascista con notable influencia regional. A ojos de Jawaharlal Nehru, padre de la independencia de la India e icono del Tercer Mundo, la causa republicana española constituyó un episodio inspirador de un profundo impacto personal en el devenir de su lucha y pensamiento político.[10] Para el dirigente chino Mao Zedong, por su lado, el antifascismo ibérico tuvo un impacto ideológico-moral decisivo a la hora de afrontar la invasión japonesa lanzada por el Imperio nipón a mediados del año 1937 —llegando incluso a popularizarse llamamientos a «aprender de la actual experiencia de España en su triunfante defensa de Madrid» junto a canciones como: «¡Defendamos Wuhan como los españoles defienden Madrid!»—.[11]

De punta de lanza de la reacción anticomunista mundial a vanguardia revolucionaria para los movimientos del Tercer Mundo, las visiones de una España «partida en dos» dejaron una huella profunda en diversos territorios del continente asiático desde finales de los años treinta.[12] Lejos de difuminarse con la victoria definitiva del Caudillo en 1939, la genealogías de la guerra civil española siguieron incidiendo de manera directa e indirecta en amplios territorios asiáticos envueltos en conflictos armados (e ideológicos) durante la segunda mitad del siglo XX. En este sentido, a pesar de constituir proyecciones «veladas» y, en buena parte de los casos, ajenas a los grandes circuitos políticos estatales-institucionales de la época, las ramificaciones del viejo conflicto ibérico siguieron condicionando pautas de actuación en contextos tan remotos como el de Vietnam. A modo de un escenario donde dar continuidad a la pugna republicana-franquista, el horizonte de la Península de Indochina acogió reverberaciones del conflicto civil español que descubren genealogías ocultas de un fenómeno intrínsecamente ligado a las relaciones internacionales (anti)comunistas en el ámbito de la Guerra Fría global.

Inauguración del “Puente del España” sobre el río Mekong, bautizado así en honor a los sanitarios españoles (Fuente: foto del blog El Gran Capitán)

Franquismo y anticomunismo en la lucha contra el Việt Cộng

En primer lugar, como punto de partida en el estudio planteado resulta fundamental tomar en consideración que la política exterior del régimen franquista hacia el Sur-Global mantuvo una ambiciosa hoja de ruta desde el término de la Segunda Guerra Mundial hasta el año 1975. Tal y como examinó Ángel Viñas en su ya clásica monografía Autarquía y política exterior en el primer franquismo, las prioridades estratégicas del Estado español variaron sustancialmente a lo largo de la contienda entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, encontrando en el anticomunismo un filón político-ideológico de inmenso potencial en la progresiva aproximación hacia la esfera occidental.[13] No obstante, más allá de las grandes superpotencias, la acción externa del régimen prestó también gran interés a las transformaciones sociopolíticas que atravesaron los continentes de África, Asia y América Latina durante la segunda mitad del siglo XX. De acuerdo con Lorenzo Delgado Gómez-Escalonilla, Franco trató de sacar rédito del legado imperial de la Monarquía Hispánica para redefinir el rol de España en Latinoamérica, llegando incluso a interesarse por ampliar su área de influencia a diversas regiones del continente asiático (antaño dominios españoles).[14] Recuperando una visión artificiosa de un «imperio cristiano occidental-universal» avant la lettre, la España franquista se proyectó así hacia regiones tan distantes como Filipinas, Taiwán o Vietnam en forma de un referente histórico con inmenso potencial propagandístico en la coyuntura de la Guerra Fría cultural.[15]

Dentro del contexto particular de este último escenario, la política exterior de Franco jugó un rol escasamente reconocido por la historiografía que constituye una página singular del Soft-Power que el régimen ibérico fue capaz de poner en práctica bajo la sombra de su pretendida neutralidad internacional.[16] Dejando de lado los estudios existentes en torno a las relaciones internacionales «oficiales» entabladas entre ambos territorios —con primeros contactos que datan de la década de los sesenta, formalmente refrendadas durante el año 1977—, la influencia de la España franquista se hizo sentir de manera notable en el país asiático mediante múltiples canales y mecanismos que datan desde finales de la Segunda Guerra Mundial.[17] A partir de la progresiva recuperación de episodios pasados en la Conchinchina, la propaganda franquista de los cuarenta trabajó por reconstruir una «memoria ibérica» en la Península Indochina anterior a la colonización francesa que aumentara sus posibilidades de ejercer influencia activa en el territorio.[18] Poniendo el foco en las bondades civilizatorias del viejo expansionismo español, así como en el omnipotente peso de la cristiandad, los medios de prensa afines al régimen publicitaron relatos sobre la presencia española en Vietnam todavía cuando la colonia francesa se hallaba bajo el dominio japonés.[19]

A pesar de mantener una política de aparente no intromisión en los acontecimientos de una zona sin significativo interés para Madrid, diversos registros históricos revelan que desde el año 1947 canales diplomáticos españoles comenzaron a monitorear los avances de los comunistas vietnamitas con la ayuda de los servicios de inteligencia estadounidenses.[20] Recibiendo noticias de las gestiones norteamericanas (junto a la Cruz Roja) en el traslado con garantías de misioneros españoles a zonas bajo control francés, el franquismo se interesó así desde época temprana por la situación sociopolítica de una región que, tal y como ha examinado John Prados, pronto ganaría un creciente protagonismo en la opinión pública mundial.[21] A comienzos de la década de los cincuenta, aprovechando el ferviente catolicismo del líder vietnamita prooccidental Ngô Đình Diệm, la España franquista dio un paso más para aumentar su presencia en los intercambios diplomáticos indochinos, donde pese a mantener (en apariencia) un rol simbólico, la égida del nacionalcatolicismo comenzó a constituirse como un pilar ideológico de creciente protagonismo en el conflicto.[22]

Imposición de condecoraciones de Vietnam del Sur a los miembros de  la Misión Sanitaria Española. (Fuente: foto del blog El Gran Capitán)

Conscientes de la llegada de antiguos republicanos españoles —tal y como examinaremos a continuación— a Vietnam a través de la Legión Extranjera Francesa, la España franquista trató de fortalecer todavía más su posición exterior en una guerra donde las «persecuciones contra los cristianos» realizadas por los soldados de Hồ Chí Minh se presentaron como un móvil de inmenso potencial para la política exterior de Franco.[23] A través de un recurrente paralelismo con los pasados acontecimientos anticlericales vividos durante la guerra civil española, la España franquista se presentó como un garante en la defensa ideológico-espiritual de los cristianos vietnamitas bajo un horizonte que Mitchell Tran ha descrito en términos de «fraternidades espirituales».[24] Con la debacle francesa en la batalla de Ðiện Biên Phủ, a España comenzaron a llegar telegramas procedentes del naciente Estado de Vietnam del Sur anunciando la imposibilidad del ministro vietnamita Trần Văn Đôn de acudir a las celebraciones conmemorativas por el 1 de octubre, pero trasladando a Franco “sus mejores deseos y los del pueblo vietnamita”.[25] Aun no llegando a constituir redes con amplia repercusión público-propagandística internacional para la época, las conexiones entabladas entre ambos gobiernos abrieron un universo de afinidades e interacciones interculturales que hallaron continuidad con la escalada del conflicto tras la retirada colonial francesa y entrada de los Estados Unidos en la guerra.

A lo largo de la década de los años sesenta algunas de las figuras más prominentes del espectro político anticomunista vietnamita se dirigieron de manera periódica a Franco solicitando apoyo y un mayor grado de implicación directa en su lucha contra el Việt Cộng. El 31 de marzo del año 1962, el Presidente de la República de Vietnam (del Sur) Ngô Đình Diệm envió una carta personal dirigida al Caudillo rogando que elevara «su voz para la defensa de la libertad y de la paz en esta región del mundo, condenando la agresión comunista emprendida contra el Gobierno legal de la República de Vietnam».[26] Poco tiempo después, el dirigente Ngô Dình Nhu contactó con los servicios de asuntos exteriores españoles con objeto de hacer llegar al Gobierno de España una «nota explicativa de la angustiosa situación que padecía su país».[27] El conjunto de estas conexiones descubre un alto grado de cercanía personal entre la cúpula dirigente survietnamita y la España franquista del momento. A partir de unos principios católicos-anticomunistas basados en la defensa de un horizonte prooccidental compartido, ambos Estados hallaron un abanico de afinidades repleto de posibilidades historiográficas todavía por explorar.

Legionarios en Indochina, a la izquierda soldados vietnamitas. En la 2ª fila y con bigote, Antonio Palanco, natural de Valverde del Camino (Huelva), que combatió en Vietnam entre 1951 y 1954 (Fuente: huelvabuenasnoticias.com)

Constituidos como vínculos de diplomacia informal comúnmente no publicitados en la Península ibérica —para no romper con la imagen de «neutralidad» proyectada por el Régimen en torno a un conflicto especialmente impopular entre las generaciones jóvenes de los años sesenta—, el grueso de estas conexiones dio forma a un marco de actuaciones de contrainsurgencia y Soft-Power donde, si bien la España franquista nunca llegó a ejercer un rol protagónico, mantuvo un papel de apoyo moral-ideológico significativo en la región hasta la independencia de Vietnam. A este respecto, a través del intercambio epistolar conservado entre Franco y Lyndon B. Johnson el 18 de agosto de 1965, se observa una honda preocupación de las autoridades franquistas por el futuro de una contienda en la que, aun no pudiendo colaborar militarmente de manera activa, el régimen ibérico se mostró dispuesto a participar mediante otras formas de asistencia.[28] Iniciativas «humanitarias» como la célebre misión médica del Gò Công (1966-1971) —por la que pasaron más de un centenar de militares españoles— fueron desplegadas para poner de manifiesto, no sólo el compromiso de la España franquista para asistir al ejército de los Estados Unidos, sino también el propio deseo de Franco por seguir constituyendo un baluarte activo en la lucha internacional contra el comunismo en el Tercer Mundo.[29]

En esta línea, complementando este complejo marco de actuaciones, existen registros que constatan la presencia de exmilitares fascistas de la guerra civil española en la guerra de Vietnam. Aun no habiendo constancia de que fuera un fenómeno patrocinado por el régimen franquista, la implicación de veteranos falangistas en la lucha contra Hồ Chí Minh descubre el largo halo de influencia que la contienda ibérica proyectó en conflictos internacionales incluso durante el periodo de la Guerra Fría. Movidos por una fiebre anticomunista despertada con la contienda contra el republicanismo español, figuras como el vizcaíno Roberto Mericaechevarría Alcorta (condecorado con la Cruz de Hierro de la División Azul) se unieron la Legión Extranjera francesa hasta encontrar la muerte luchando en las ciénagas de Vietnam contra el Việt Minh durante el año 1947.[30] Como en su caso —semejante al de otros excombatientes nazis de las Waffen-SS reinsertados luego en el Cuerpo Expedicionario galo—, viejos fascistas radicalizados a raíz del Golpe del 36 como Celso Aquilino Pérez hallaron en Vietnam una vía para dar continuidad a un compromiso anticomunista personal que le llevaría a convertirse en Boina verde de los marines estadounidenses.[31]

En conjunto, aun no habiéndose visto involucrada abiertamente en la contienda, la España franquista tomó partido en los acontecimientos conducentes a la independencia de Vietnam desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta la muerte de Franco. De lado del espectro de fuerzas anticomunistas survietnamitas envueltas de un marcado componente propagandístico católico-occidentalista, las fuerzas del régimen dictatorial español fungieron como referente ideológico en las redes de contrainsurgencia que discurrieron bajo los canales oficiales de diplomacia internacional constituidos en torno al conflicto. El grado de interconexión y el alcance que algunas de estas manifestaciones alcanzaron en el curso de los largos años sesenta revela un notable espectro de reverberaciones globales inspiradas en la guerra civil española cuyo legado se hizo sentir también en un plano contrapuesto dentro del mismo corazón de Vietnam.

Diploma del corazón púrpura concedido al asturiano Celso Aquilino Pérez, que moriría en combate en Vietnam el 4 de junio de 1967 tras alcanzar el grado de capitán del ejército de los EEUU (Fuente: La Nueva España)

El éxodo republicano en Indochina y los españoles de Hồ Chí Minh

De forma paralela al marco de influencias proyectadas por el franquismo desde la década de los cuarenta en la región, el legado de la contienda civil ibérica se hizo sentir en el contexto vietnamita a través del curioso caso de los republicanos españoles integrados en el Việt Minh durante la guerra contra Francia y los Estados Unidos. Habiendo abandonado la Península Ibérica a través de la ruta francesa al término de la guerra, un amplio número de antiguos combatientes republicanos se alistaron en la Legión Extranjera francesa a finales de los años treinta. En el marco de las filas de estos Legionnaires, cuerpo de élite colonial del ejército galo, numerosos españoles tomaron parte en la lucha contra el nazismo, al término de la cual continuaron sirviendo órdenes de sus nuevos mandos militares obsesionados con recuperar el control de sus preciadas posesiones coloniales en lugares como Vietnam.[32] Durante los ocho años que duró la guerra colonial francesa de Indochina (1946-1954) miles de antiguos republicanos españoles enrolados en la Legión Extranjera se vieron involuntariamente envueltos en uno de los eventos capitales de la Guerra Fría.[33] A pesar de que todavía no han sido desclasificados registros militares oficiales, autores como el antiguo corresponsal de guerra en Indochina, Jacques-René Doyon, cifraron en alrededor de 1.500 el número de españoles que participaron directamente en el conflicto.[34]

En este contexto, más allá de las figuras (como la anteriormente presentada) de luchadores anticomunistas llegados desde España, un fenómeno poco explorado dentro de este horizonte se vio conformado por la extendida práctica de la deserción durante la Guerra en Indochina. Se estima que más de 1.300 legionarios desertaron a lo largo de todo el conflicto, habiendo entre ellos un considerable número de antiguos combatientes republicanos españoles.[35] Entre las razones que impulsaron a algunos de estos hombres a abandonar las filas de la Legión se esconden causas y motivaciones múltiples no siempre relacionadas con ideales o principios políticos. Las duras penalidades sufridas durante las campañas en la selva tropical, por ejemplo, bastaron para convencer a decenas de exiliados españoles como Juan Galdrón Jodrá, Lorenzo Pérez Avellana, Alejandro Sigfrido Huerta Cebreán, Elías Gómez Molinos o Sebastían Arzoaga Fernández, que en el año 1953 abandonaron las armas y huyeron hasta ser «hechos prisioneros por los comunistas chinos en las proximidades de la frontera».[36] De acuerdo con sus testimonios, reproducidos por el diario ABC, las insoportables condiciones de vida experimentadas en la región fueron las que motivaron una acción de «cobardía» que cientos de combatientes europeos emularían durante toda la contienda.

Más allá de las dificultades inherentes al día a día en la Legión Extranjera, hubo numerosos soldados que no tomaron, sin embargo, el camino de la deserción movidos por el deseo de una vida más cómoda, sino que se decidieron dadas sus convicciones e inquietudes políticas. En esta línea, multitud de legionarios procedentes de distintas nacionalidades dejaron atrás las líneas francesas para integrarse en el movimiento de liberación nacional del Việt Minh durante el periodo 1946-1954.[37] En el caso de la mayor parte de estos olvidados nombres, principios ideológicos revolucionarios vinculados al comunismo o el anarquismo pudieron más en la balanza que el miedo a tomar una travesía, un fenómeno que hs sido poco transitado por los historiadores hasta la fecha. Tal fue la historia de célebres exlegionarios como el alemán Erwin Borchers (rebautizado como Chiến Sĩ), quien cruzó las posiciones enemigas para unirse al Việt Minh, donde más adelante realizaría importantes tareas de propaganda en los periódicos Le Peuple y Waffenbrüder («Amigos combatientes») dirigidas a incentivar la deserción de antiguos compañeros.[38] Casos similares, como el del polaco Stefan Kubiak (Hồ Chí Toán), quien se integró en el ejército del general Võ Nguyên Giáp que derrotó a los franceses en la batalla de Điện Biên Phủ,[39] ilustran el alcance de un fenómeno reproducido por multitud de europeos como Robert Vignon, Michel King o Georges Boudarel.[40]

Comando de combatientes internacionales del Vietminh, hacia 1947-1949. En los combatientes internacionales se integraron nomerosos desertores del cuerpo expedicionario francés, entre ellos legionarios españoles. Fuente: Jacques Doyon, Les soldats blancs de Hồ Chi Minh. Les transfuges antifascistes et les communistes français dans le camp du Viet-Minh (Fayard, Paris, 1973)

En esta misma línea, a pesar de no haber sido nunca reconocidos como luchadores anticoloniales que participaron activamente en la independencia de Vietnam, hubo numerosos republicanos exiliados españoles que tras su paso por la guerra civil española formaron parte íntegra de este proceso. La investigación de este fenómeno se ve dificultada, en primer lugar, por el silencio que históricamente ha envuelto los testimonios de algunos de estos desertores temerosos a ser «despreciados» por sus antiguos correligionarios. Junto a esta realidad, las escasas fuentes documentales existentes al respecto, compuestas en su mayoría por breves notas de prensa aparecidas en diarios como ABC durante la dictadura, han ensombrecido doblemente el estudio de tan ignota dimensión. En este sentido, entre las informaciones difundidas por los medios afines al régimen, las experiencias de los legionarios que se unieron al Việt Minh por convicción ideológica fueron, a menudo, presentadas como casos de «cautiverio» muy particulares como el del asturiano José Torres García. Después de haber decidido «disfrutar» de su primer permiso como legionario junto a las posiciones enemigas, este singular «prisionero capturado por los comunistas» (en las inmediaciones de Hanói) fue presentado por la prensa franquista como una víctima que había pasado trece años recluido en Vietnam del Norte.[41] Las particularidades vitales de este preso con mujer e hijos vietnamitas que, voluntariamente, había cruzado las líneas del Việt Minh durante el año 1952, no fueron, sin embargo, atendidas por unos medios de comunicación donde se trató siempre de ocultar la existencia de esta realidad.

Dentro de este marco, a pesar de los sucesivos intentos por silenciar la extensión de la deserción ideológica entre los legionarios españoles, atisbos de esta práctica pueden ser identificados de manera velada al menos desde principios de los años sesenta. En esta fecha, el diplomático español Alfonso de la Serna, entonces director general de Relaciones Culturales del régimen franquista, fue uno de los primeros en visibilizar (de manera involuntaria) el alcance del proceso. Con objeto de ensalzar el «espíritu español» de sintonía y fusión con otras «razas», este responsable político inmune a la censura escribió acerca del caso de «Nguyễn Thi Ba de Sánchez», un exlegionario (José Sánchez) casado y afincado desde hacía años en el Vietnam del Norte comunista.[42]

La ausencia de menciones explícitas a la deserción por principios políticos fue omitida en los diarios de prensa españoles, pero no puede pasar por alto a ojos de historiadores contemporáneos de la misma forma que tampoco lo hizo, ya en su día, entre corresponsales de guerra como el citado Jacques-René Doyon. Este periodista francés de Combat y Le Figaro narró la historia de numerosos veteranos republicanos enrolados en el Việt Minh como el albañil andaluz Diego «el español», caído en combate junto a Michele King bajo órdenes de Giáp; el comunista sevillano Manuel Ceballos Vega, quien retornó en su vejez a su localidad natal de Santiponce tras años de lucha o, incluso, los enigmáticos legionarios españoles Pinto, Arzenegas y Baisagoiti, quienes integrados en el campo de Bông Sôn desde el año 1951 se sentían fascinados ante el «formidable» espíritu de resistencia vietnamita.[43] Esta larga lista, a la que podrían sumarse otros muchos nombres como los de Roberto Pujol Gassó, Tiburcio Viñuelas o José Hernández Julián, ilustra la dimensión de un complejo fenómeno histórico silenciado en el tiempo.[44]

A lo largo de la década de los años sesenta, vestigios de este oscuro horizonte continuaron aflorando de manera periódica a través del retorno a Francia de exlegionarios desertores entre los cuales había antiguos republicanos como «Guarrida» en 1962.[45] El punto y final de este horizonte que, al mismo tiempo, supuso su momento de máxima expresión, vino marcado, sin embargo, por la célebre repatriación de dieciséis exiliados españoles residentes en territorio comunista norvietnamita.[46] Habiendo sido percibidos por la CIA en un momento álgido del conflicto contra Estados Unidos, estos viejos republicanos vinculados al Việt Minh fueron considerados un peligroso elemento de instrucción e información que era urgente expulsar de la región. De esta forma, mediante una oculta colaboración de los servicios secretos hispano-estadounidenses y el diplomático gallego José Antonio Varela Dafonte, los últimos republicanos españoles de Vietnam fueron repatriados forzosamente del país en el año 1967 bajo la promesa de indulgencia a su retorno por parte de las autoridades franquistas.[47]

Fuente: Jacques Doyon, Les soldats blancs de Hồ Chi Minh. Les transfuges antifascistes et les communistes français dans le camp du Viet-Minh (Fayard, Paris, 1973).

Conclusiones finales

El 1 de abril de 1939 terminó oficialmente la guerra civil española, pero su legado continuó haciéndose sentir durante largo tiempo en territorios que traspasaron las fronteras peninsulares. A pesar de no haber sido reconocido como uno de los escenarios donde las proyecciones del conflicto español resonaron con más fuerza, la larga lucha por la independencia de Vietnam acogió manifestaciones alternativas que dieron continuidad a la contienda ibérica en un contexto histórico radicalmente transformado por la Guerra Fría. Las visiones planteadas en esta breve investigación no aspiran a definir un marco cerrado de trabajo, sino más bien a perfilar nuevas líneas de estudios en torno a la proyección de este fenómeno en planos espacio-temporales muy alejados al de la España de la década de los años treinta.

Notas

[1] Christopher E. Goscha, ‘Vietnam, the Third Indochina War and the meltdown of Asian internationalism’, en Odd Arne Westad, Sophie Quinn-Judge (eds.), The Third Indochina War (Londres: Routledge, 2006), 160-194.

[2] Vijay Prashad, Las naciones pobres: una posible historia global del Sur (Barcelona: Península, 2013).

[3] Kim Christiaens, ‘Europe at the crossroads of three worlds: alternative histories and connections of European solidarity with the Third World, 1950s-80s’, European Review of History, 24, 6 (2017), 932-954; Evyn Lê Espiritu, ‘Cold War Entanglements, Third World Solidarities: Vietnam and Palestine, 1967-75’, Canadian Review of American Studies, 48, 3 (2018), 352-386.

[4] Agustín Prina, La guerra de Vietnam (Nueva York: Seven Stories Press, 2025).

[5] Carlos Pérez Fernández-Turégano y Hiroaki Kawabata, ‘Relaciones Diplomáticas Japón-España en el Primer Tercio del Siglo XX (1901–1936)’, 愛知県立大学文字文化財研究所紀要, 7 (2021), 138-65.

[6] Manuel de Moya Martínez, ‘La invasión japonesa de Manchuria vista por la prensa española (1931-1934)’, Mirai. Estudios Japoneses, 3 (2019), 111-125.

[7] Enrique Moradiellos, Historia mínima de la Guerra Civil española (Madrid: Turner, 2016).

[8] Florentino Rodao, ‘Japan and the Axis, 1937-8: Recognition of the Franco Regime and Manchukuo’, Journal of Contemporary History, 44, 3, (2009), 431-447.

[9] Marició Janué i Miret, ‘Relaciones culturales en el «Nuevo orden»: la Alemania nazi y la España de Franco’, Hispania, 75, 251 (2015), 805-832.

[10] Michael P. Ortiz, ‘Spain! Why? Jawaharlal Nehru, Non-Intervention, and the Spanish Civil War’, European History Quarterly, 49 (2019), 445-466.

[11] Luis Vidal Corella, ‘Valencia: chinos en España’, Mundo Gráfico (Madrid), 27 de octubre de 1937, 4, (Hemeroteca Biblioteca Nacional de España).

[12] Julián Casanova, España partida en dos: breve historia de la Guerra Civil española (Madrid: Crítica, 2013).

[13] Ángel Viñas, Autarquía y política exterior en el primer franquismo (Madrid: Centro de Estudios Constitucionales, 1980).

[14] Lorenzo Delgado Gómez-Escalonilla, Imperio de papel: acción cultural y política exterior durante el primer franquismo (Madrid: Editorial CSIC, 1992).

[15] Loris Zanatta, ‘De faro de la Hispanidad a centinela de Occidente. La España de Franco en América Latina entre la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría’, Anuario iehs, 23 (2008), 47-73.

[16] Óscar J. Martín García y Rósa Magnúsdóttir (eds.), Machineries of Persuasion: European Soft Power and Public Diplomacy during the Cold War (Berlín: Walter de Gruyter GmbH & Co KG, 2019).

[17] Alfonso Ojeda, España y Vietnam: Una historia común (Madrid: Los Libros de La Catarata, 2018).

[18] Florentino Rodao, Franco y el imperio japonés. Imágenes y propaganda en tiempos de guerra (Barcelona: Plaza & Janés, 2002).

[19] Redacción ABC, ‘Se está derrumbando el frente chino-británico en Birmania’, ABC, 16 de abril de 1942.

[20] AHFNFF, ‘Telegrama del Encargado de Negocios en Washington’, 19 de febrero de 1947. Madrid, Rollo:149, no.ref.18384.

[21] John Prados, Vietnam: The history of an unwinnable war, 1945–1975 (Missouri: University Press of Kansas, 2009).

[22] Sean Fear, ‘The Ambiguous Legacy of Ngô Đình Diệm in South Vietnam’s Second Republic (1967-1975)’, Journal of Vietnamese Studies, 11, 1 (2016), 1-75.

[23] Jerome O’Mahony, ‘A Third Way? Vietnamese Catholics and French Personalism from Colonialism to Early Independence’, International Journal of Asian Christianity, 7, 2 (2024), 161-190; Peter Hansen, ‘Bắc di cư: Catholic refugees from the north of Vietnam, and their role in the Southern Republic, 1954-1959’, Journal of Vietnamese Studies, 4, 3 (2009), 173-211.

[24] Mitchell Tan, ‘Spiritual Fraternities: The Transnational Networks of Ngô Đình Diệm’s Personalist Revolution and the Republic of Vietnam, 1955-1963’, Journal of Vietnamese Studies, 14, 2 (2019), 1-67.

[25] AHFNFF, ‘Telegrama del ministro de Vietnam’, 30 de septiembre de 1954. Madrid, Rollo: 160, no.ref.19962.

[26] AHFNFF, ‘Carta al Jefe del Estado del Presidente de la República de Vietnam’, 31 de marzo de 1962. Madrid, Rollo: 132, no.ref.16075.

[27] AHFNFF, ‘Nota de Ngo Dinh Nhu’, 3 de mayo de 1965. Madrid, Rollo: 209, no.ref.25500.

[28] Archivo Histórico del Departamento de Estado de los Estados Unidos, ‘Letter From General Franco to President Johnson’, Foreign Relations of the United States, 1964–1968, Volume XII, Western Europe, 184.

[29] José L. Rodríguez Jiménez, ‘La misión de la sanidad militar española en Vietnam del Sur (1966-1971)’, War Heat Internacional, 16, 119 (2013), 14-24; Andrés López-Covarrubias, Good Morning Go Cong: Una historia de españoles en la guerra de Vietnam (Madrid: Ediciones Rialp, SA, 2022); José Luis Rodríguez Jiménez, ‘Antecedentes y primeras misiones en el exterior de las Fuerzas Armadas’, La Albolafia: Revista de Humanidades y Cultura, 14 (2018), 134-155.

[30] Pablo Sagarra y Óscar González, ‘Un vizcaíno en los pantanos del Vóljov y de Indochina’, Ares, 86 (2022), 14-27; Valérie Esclangon-Morin, ‘La Légion étrangère, une particularité française‪’, Hommes & migrations, 1306, 2 (2014), 133-137.

[31] Vietnam Veterans Memorial Fund, ‘The Wall of Faces: Celso A Perez’, Miami-Dade County, 21E/56.

[32] Diego Gaspar Celaya, ‘Breve historia de un exilio combatiente. El alistamiento español en las Fuerzas Francesas Libres (1940-1945)’, No es país para jóvenes, (2012), 1-16.

[33] Hoàng Bích Sơn, ‘Chiến tranh đặc biệt và chủ nghĩa thực dân mới’, La Habana, mayo de 1968, Archivo Biblioteca Nacional José Martí (ABNJM), Tricontinental, no.6, 6-14.

[34] Jacques Doyon, Les soldats blancs de Ho Chi Minh (París: Marabout, 1990).

[35] André-Paul Comor, ‘La désertion dans la Légion étrangère’, Guerres mondiales et conflits contemporains, 280, 4 (2020), 11-26.

[36] Redacción ABC, ‘Llegan a Manila cinco españoles que luchaban en Indochina’, ABC, 4 de octubre de 1953.

[37] Joaquín Mañes, Postigo, ‘Añoranzas hispanas de la legión extranjera’, La Toga, 188 (2013), 108-108.

[38] Junto a él, hubo también otros muchos desertores como el alemán Schröder (Lê Duc Nâhn) o el austriaco Ernest Frey (Nguyễn Dân), quien tras su fallido intento por combatir en las Brigadas internacionales durante la Guerra civil española se integró en la Legión extranjera francesa. (Heinz Schutte, ‘Between the Fronts: German-speaking Intellectuals in the Viet Minh’, Arena Journal, 28 (2007), 197-221.

[39] Nguyễn Tử Siêm, ‘Tưởng nhớ Stefan Kubiak (Hồ Chí Toán)’, Văn hóa và Đời sống, https://vanhoavadoisong.vn/tuong-nhostefankubiakhochitoana21290.html, (consultado el 10 de diciembre de 2025).

[40] Georges Boudarel fue juzgado tiempo después por haber torturado a prisioneros franceses durante la guerra. Sobre este caso, véase: M. Kathryn Edwards, ‘Traître au colonialisme? The Georges Boudarel affair and memory of Indochina War’, French Colonial History, 11 (2010), 193-209.

[41] Redacción ABC, ‘Un español, trece años prisionero en Vietnam del norte’, ABC, 24 de agosto de 1965.

[42] Alfonso De La Serna, ‘Nguyễn Thi Ba de Sánchez’, ABC, 16 de septiembre de 1960.

[43] Jacques Doyon, Les soldats blancs de Ho Chi Minh (París: Marabout, 1990).

[44] Joaquín Mañes Postigo, Españoles en la Legión Extranjera francesa (Barcelona: Inédita Editores, 2009), 140-147.

[45] Ibid.

[46] Redacción ABC, ‘Llegan a Madrid un grupo de españoles evacuados de Vietnam del Norte’, ABC, 10 de diciembre de 1967.

[47] Joaquín Bardavío, Pilar Cernuda, y Fernando Jauregui, Servicios secretos (Barcelona: Plaza & Janés, 2000).

Fuente: Conversación sobre la Historia

Portada: El equipo sanitario español en la entrada del hospital de Go Cong (Archivo Ramón Gutiérrez de Terán/Wikimedia Commons)

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

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