El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza
Conversación sobre la historia
Con motivo de la reciente edición en inglés del libro La opción por la guerra civil, Conversación sobre la Historia publica el prólogo a la edición en inglés realizado por Quinn Slobodian y presentado en el blog Terrestres. La revue des écologies radicales.
Quinn Slobodian*
Al final de Le choix de la guerre civile, Pierre Dardot, Haud Guéguen, Christian Laval y Pierre Sauvêtre mencionan un encuentro entre Napoleón y Goethe en 1808. Según se dice, Napoleón habría afirmado: «¿Por qué siempre hablan del destino? El destino es la política». Esta frase caló hondo y el industrial alemán Walter Rathenau la retomó en la década de 1920 transformándola en: «La economía es el destino». Tras la Segunda Guerra Mundial, Ludwig Erhard, ministro de Economía de Alemania Occidental y figura clave en la puesta en marcha de una primera versión alemana del neoliberalismo de la posguerra, utilizó esta misma fórmula: «La economía es el destino».
Esta reformulación refleja bien la oposición habitual entre el neoliberalismo y sus adversarios. Hay quien sostiene que existe «la ley de la economía», en nombre de la cual burócratas irresponsables e instituciones financieras dirigidas por algoritmos determinan nuestro destino según principios abstractos extraídos de las ciencias sociales; mientras que otros se niegan a estar sujetos a las fuerzas del mercado y sobrevaloran el Estado, la soberanía y el poder de un líder carismático, lo que equivale a decir: el regreso de lo inesperado. Esta alternativa nos remite a las ideas que circulan desde hace una década. Se oye hablar del regreso de los hombres fuertes, como tantos mini-Napoleones que enarbolan el estandarte de «la política del destino», también denominada por Timothy Snyder «la política de la eternidad», frente a la despiadada lógica distributiva del mercado.
Este es precisamente el marco interpretativo que este libro pretende cuestionar. En primer lugar, porque ninguna de estas dos opciones ofrece una solución real; en segundo lugar, porque la propuesta es empíricamente falsa. El neoliberalismo no se adhiere, en realidad, a la idea de que la economía es el «destino». El neoliberalismo, también él, es napoleónico, sostienen los autores. El universo conceptual en el que se movía Ehrard en la década de 1960 estaba moldeado por una doctrina influenciada por Carl Schmitt, el jurista nazi. De la forma más estricta posible, los primeros neoliberales compartían con Schmitt la creencia en la necesidad de una concentración del poder del Estado que se situara por encima de los intereses conflictivos del pueblo.
Para ellos, la decisión política debía tomarse en función de fines distintos. Schmitt y Friedrich Hayek creían que existía una diferencia fundamental entre el Derecho (Recht), que se situaba por encima del gobierno democrático, y la legislación (Gesetz) de los órganos elegidos, que debía estar siempre circunscrita a límites estrictos. Compartían lo que los autores denominan una «demofobia».

Cuando Margaret Thatcher, durante la huelga de mineros a mediados de la década de 1980, afirmaba que los mineros desconocían la ley del país y, por tanto, la ley de la economía, se arrogaba así el derecho a interpretar lo que significaba «la economía», tal y como había hecho Napoleón ante Goethe en relación con la política. Las exigencias económicas quedaban subordinadas a una lucha política más amplia contra el socialismo y la organización de los trabajadores. Un leitmotiv recurrente del neoliberalismo, nos dicen los autores, «es recodificar esta lucha de clases como una guerra civil para situar mejor al Estado neoliberal por encima de los intereses particulares».
Lejos de ser un acto apolítico, el proyecto destinado a convertir la economía en un destino es, sin duda, la expresión más lograda de la política de finales del siglo XX y principios del XXI. Se trata de una política que, según los autores, presenta «sus propias decisiones como si no fueran decisiones y, de este modo, prohíbe cualquier alternativa en materia de política económica». No estamos ante un movimiento de péndulo que va de la economía hacia la política, sino ante una modulación en el tipo de política que se lleva a cabo. Este libro nos muestra lo que ocurre cuando se adopta una forma de política que se niega a reconocer su propio estatus político. Lo que ocurre es la lógica de la guerra civil, pues, según los autores, si se niega la existencia de la política como tal, lo que ocurre en el vacío así creado se convierte en determinante.
Los autores ponen de manifiesto una similitud fundamental entre la decisión del presidente francés Emmanuel Macron de reprimir el levantamiento de los chalecos amarillos y, en Estados Unidos, la calificación de «terrorista» de la protesta antirracista e internacionalista. En ambos casos, los dirigentes políticos se encuentran en un callejón sin salida: siguen defendiendo un orden económico que socava las condiciones de reproducción de la sociedad y genera síntomas de ira y frustración en cadena. A medida que el proceso se agrava, los síntomas, interpretados en un primer momento como señales de alerta que denotan una situación que no se ha abordado, acaban considerándose como prueba de la existencia de un cuerpo extraño en el seno de la nación que hay que controlar y expulsar. Un clima de «sospecha generalizada» deslegitima de antemano cualquier acto de descontento.
Hubo un momento revelador al final de la campaña presidencial estadounidense de 2024. Mientras los demócratas intentaban centrar la campaña en «la defensa de la democracia», descubrieron que muchos votantes compartían su punto de vista, pero que, a pesar de todo, iban a votar en su contra. Es cierto que esto pudo desconcertar a los especialistas en estrategia y asesoramiento, pero la historia tal y como se presenta en este libro permite explicarlo. Según Nancy Fraser, a partir de la década de 1980, el neoliberalismo encontró seguidores en ambos extremos del espectro político. El Partido Demócrata dio prioridad a criterios de eficiencia y crecimiento en lugar de a principios como la defensa de la clase obrera y la reducción de las desigualdades.

El neoliberalismo progresista ofreció, a modo de compensación a todos aquellos que salieron perdiendo, un discurso sobre la meritocracia, un fácil acceso al crédito y la promesa de una movilidad ascendente intergeneracional. Dicho esto, los autores corrigen a Fraser al señalar que la ruptura del centroizquierda con su base obrera siempre ha ido acompañada de tendencias más extremas de neoliberalismo autoritario. Se podría haber considerado que la discriminación positiva, el cuestionamiento de los relatos históricos dominantes y las nuevas normas contra el acoso y la discriminación en el trabajo eran concesiones marginales, típicas de una izquierda preocupada por su estilo de vida individual que dejaba intactas las estructuras económicas en su conjunto. En cambio, se consideraron nuevos avances en una guerra contra la propia civilización.
Se produjo un cambio de táctica en la derecha, lo que los autores denominan un paso de «el miedo paranoico a las masas a la seducción más cínica de las masas». En 1992, el anarcocapitalista Murray Rothbard lo interpretó como un alejamiento del modelo de Hayek, que consistía en «convertir a las élites intelectuales a la libertad, empezando por los filósofos más eminentes, para luego, mediante un lento goteo a lo largo de varias décadas, convertir a los periodistas y otros creadores de opinión en los medios de comunicación». La alternativa era la «movilización de los rednecks»1. Esto funcionaría de abajo hacia arriba. Escribe: «Esta estrategia de doble vertiente permite, por un lado, constituir un grupo basado en ideas acertadas con nuestros amigos libertarios, es decir, personas influyentes a favor de un Estado mínimo, y, por otro lado, de incitar a las masas a eludir a los medios dominantes y a las élites intelectuales, de incitar a las masas populares contra las élites que las saquean, las engañan y las oprimen tanto social como económicamente».
Con el Brasil de Bolsonaro y la América de Trump, hemos visto cómo se ha desarrollado esta estrategia a lo largo de la última década. Las cuestiones de la guerra cultural han servido de «paño rojo» para los votantes enfadados, mientras los think tanks elaboraban los planes de acción política. Los autores observan que: «el neoliberalismo produce a la vez su veneno (la desafiliación, las desigualdades sociales, la inseguridad económica) y, en su versión de derechas, su antídoto imaginario en forma de reencantamiento de un “nosotros” compuesto por gente sencilla y corriente, por personas similares, silenciosas y trabajadoras, por buenos ciudadanos que obedecen las normas y respetan la autoridad del Estado».
Al ver un documental reciente sobre las manifestaciones de 1999 contra la OMC en Seattle (WTO/99, dirigido por Ian Bell), me llamó la atención lo mucho que habían cambiado las cosas en un cuarto de siglo. Los enfrentamientos con la policía en aquella época habían causado un gran impacto e incluso supusieron una ruptura en la confianza del público hacia las instituciones liberales. En retrospectiva, veo otras diferencias notables: en primer lugar, el hecho de que las manifestaciones estuvieran autorizadas en las inmediaciones de los lugares afectados y que no se utilizaran técnicas que ahora se han convertido en habituales, como el cerco policial.

Los autores señalan que la escalada de violencia en la represión contra los manifestantes en la cumbre del G8 en Génova, apenas dos años después de Seattle, allana el camino para lo que se convertirá en una tendencia hacia la criminalización de la protesta. Los autores afirman que «la guerra no es únicamente ni necesariamente militar; atraviesa todos los ámbitos, todas las instituciones, todos los discursos». El segundo punto que me llamó la atención se encuentra en un fragmento de un telediario citado en el documental, en el que se decía que el nuevo acuerdo de la OMC afectaba a más del 90 % del comercio mundial, ya que China no se había incorporado a la organización hasta dos años después, por lo que se podía hablar del 90 % del comercio mundial sin contar a China. En aquella época, la cuota de China en el comercio mundial rondaba el 3 %; hoy en día es aproximadamente cinco veces mayor. Su cuota en la producción mundial de productos manufacturados también se ha multiplicado por cinco, lo que supone alrededor del 30 % del total, es decir, casi el doble que la de Estados Unidos. Los trabajadores y trabajadoras de Seattle temían perder sus empleos a causa de la globalización, y tenían razón. Es cierto que hubo una alianza entre los sindicatos y los jóvenes activistas radicales, pero ese momento ya ha pasado. Su convergencia parece ahora tan improbable que resulta realmente desgarrador pensar que pudo existir hace tan poco tiempo.
En este libro no se habla de China. Se podría considerar que China es un elemento perturbador en el esquema general de las dos caras del neoliberalismo progresista/conservador establecido por los autores. Investigadores como Isabella Weber han señalado que la cuestión de si China es o no neoliberal no lleva a ninguna parte. La doctrina económica del país se ha construido bajo la influencia de factores internos y externos que hacen que las manidas categorías de sociedad civil y Estado (por no hablar de las antiguas categorías de imperium y dominium) se apliquen de forma limitada. La esperanza que cabe albergar al terminar este libro es la de lograr, por fin, liberarnos del yugo de un neoliberalismo encorsetado en el derecho, así como de nuestros propios marcos de análisis.
Según los autores, el eslogan que opone al 99 % al 1 % (en inglés, «We are the 99%»), por muy famoso que sea, no resume un mundo en el que hay: «oligarquías coaligadas, que defienden el orden neoliberal por todos los medios del Estado (militares, políticos, simbólicos); clases medias adheridas al neoliberalismo «progresista» y a su discurso sobre las virtudes de la «modernización»; una parte de las clases populares y medias, cuyo resentimiento es canalizado por el nacionalismo autoritario; y, por último, un último tipo de agrupación que se constituye en gran parte en las movilizaciones sociales contra la ofensiva oligárquica y que sigue apegada a una concepción igualitaria y democrática de la sociedad ».
La impresión de complejidad también puede ocultar una conexión subyacente, observan los autores. Un archipiélago está formado por islas unidas entre sí por un lecho volcánico submarino. Es posible que, contra todo pronóstico, el paso de la demofobia a una demofilia sesgada y perversa deje el campo libre a un nuevo tipo de política como destino. Una cosa está clara: no hay vuelta atrás.

La opción por la guerra civil. Otra historia del neoliberalismo
Christian Laval; Pierre Dardot; Haud Guéguen y Pierre Sauvêtre
Índice de la obra
Palabras preliminares
Introducción. Las estrategias de la guerra civil en el neoliberalismo
Estrategias diferenciadas
Políticas de la guerra civil
Una racionalidad estratégica que se pliega al contexto
Otra historia del neoliberalismo
1. Chile, la primera contrarrevolución neoliberal
El general, el premio nobel y la Dama de Hierro
El golpe de Estado, sus preparativos y el papel del imperialismo
La ideología de la junta y la reorientación de 1975
La Constitución de 1980 o la «Constitución tramposa»
La transición y los «enclaves autoritarios»
Singularidad y lecciones de la experiencia chilena
2. Demofobia neoliberal
Las dos formas de la democracia
El peligro de la ilimitación y el nacimiento del Estado social
El temor a las masas y el poder de las élites
3. Apología del Estado fuerte
Estado fuerte y Estado débil
El Estado fuerte por encima de las reivindicaciones democráticas
Demarquía antes que democracia
Cuando la dictadura resulta necesaria
Ludwig von Mises: la utilidad de la violencia fascista para el liberalismo
4. Constitución política y constitucionalismo de mercado
Constitución política y «constitución económica»
Un «modelo de constitución ideal»
Una separación de poderes singular
Un «constructivismo» institucional desenfrenado
«Poderes de crisis», «situaciones de excepción» y soberanía del Estado
Decisionismo constitucional y dictadura de Estado
5. El neoliberalismo y sus enemigos
Abolir el socialismo mediante la planificación de la competencia
Los dos frentes de lucha
Domesticar el sindicalismo
Contra el Estado social
6. Las estrategias neoliberales de la evolución social
La modernización en Lippmann
El hiperconservadurismo sociológico de Röpke
Evolucionismo y conservadurismo en Hayek
Sobre la superioridad de la civilización occidental
7. La falsa alternativa de los globalistas y los nacionalistas
El arma de la economía mundial contra la solidaridad económica
La militancia en favor del derecho internacional privado del capital
La constitución económica europea o la ley del mando
El globalismo neoliberal de la izquierda
El nacionalismo competitivo
La agenda de la nueva derecha nacionalista y sus raíces teóricas
8. La guerra de valores y la división del «pueblo»
Una contrarrevolución cultural
La tradición de la «libertad» vs. las libertades reales
La designación del enemigo y la redefinición del «verdadero pueblo»
Gobernar mediante valores progresistas
Dividir al pueblo poniéndolo en su propia contra
9. En el frente laboral
De la guerra contra el sindicalismo…
… a la producción neogerencial de la «guerra de todos contra todos»
La promoción de la autoempresarialidad y la destrucción del trabajo asalariado
Del empresario de sí al enemigo de sí
10. Gobernar contra las poblaciones
Una nueva racionalidad estratégica
Génesis y forma de la guerra interna
La represión de los chalecos amarillos
La racionalidad de la guerra civil
11. El derecho como máquina de guerra neoliberal
Estado de excepción y Estado de derecho
La guerra jurídica contra los enemigos del neoliberalismo
El giro de la guerra jurídica
El nuevo constitucionalismo al servicio del neoliberalismo
El giro jurídico contra el sufragio universal
Brasil: un caso ejemplar de guerra jurídica
Una versión empresarial del Estado de derecho
12. Neoliberalismo y autoritarismo
¿Un fascismo neoliberal?
¿Un «liberalismo autoritario»?
La función singular del derecho en el neoliberalismo
«Liberalismo autoritario» o neoliberalismo
Autoritarismo político y régimen autoritario
Conclusión. De la guerra civil a la revolución
El neoliberalismo y la guerra civil
Las estrategias de la guerra civil neoliberal
La economía no es un destino La política no es un destino
La revolución contra la guerra civil
¿Cuál es la respuesta ante la guerra civil neoliberal?
Una estrategia para la igualdad y la democracia
Fecha: Abril 2024
Editorial: Tinta de Limón Ediciones; LOM Ediciones y Traficantes de Sueños
Colección: Nociones comunes
Traducción: Elina Kohen.
*Quinn Slobodian es profesor de historia internacional en la Escuela Frederick S. Pardee de Estudios Globales de la Universidad de Boston. Su libro más reciente es Muskism: A Guide for the Perplexed, escrito en colaboración con Ben Tarnoff. Este texto es el prólogo a la traducción norteamericana del libro de Pierre Dardot, Haud Guéguen, Christian Laval y Pierre Sauvêtre, The Choice of Civil War, Neoliberal Strategy and the Politics of the Enemy, Verso, 2026. La traducción al francés ha sido realizada por Evelyne Méziani-Laval. La traducción española (La opción por la guerra civil. Otra historia del neoliberalismo) ha sido publicada por Traficantes de Sueños en abril de 2024.
Fuente: Terrestres 16 de junio de 2026
Traducción: Antoni Soy Casals en Sin Permiso 12 de julio de 2026
Portada: Manifestantes sentados en las calles del centro de Seattle durante la cumbre de la Organización Mundial del Comercio, el 30 de noviembre de 1999, algunos con esposas de plástico justo antes de ser arrestados (foto: George P. Hickey / Sociedad Histórica del Estado de Washington).
Ilustraciones
Los hijos bastardos de Hayek: las raíces neoliberales de la derecha populista.
Violencia política: entre legitimidad y legalidad. “Terrorismo” y estigmatización de la contestación
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