El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza
Conversación sobre la historia
A partir de las recientes obras de Antònia Carré Pons y Carlota Gurt, este artículo reflexiona sobre la histórica sumisión y el silenciamiento de la sexualidad femenina. Una realidad de abusos que, lejos de ser un mal del pasado, sigue proyectando su sombra en los campus universitarios actuales. Detrás del poder fascinador de la tarima, la impunidad y el corporativismo, perpetúan conductas que exigen romper de una vez por todas el silencio y la complicidad masculina.
El desequilibrio de género y de edad entre profesores y alumnas puede llevar a la indulgencia y el corporativismo en situaciones de abuso.
«Somos frágiles. Vivimos a la intemperie». Podría ser un buen resumen de La gran familia (Club Editor, 2025) que ha merecido el premio Òmnium a la mejor novela del año. Escrita por Antònia Carré Pons (Terrassa, 1960), ficciona la vida de dos hermanas en un relato donde se entrecruzan algunas de las muchas vidas de la autora que, además de escritora, es también una reconocida filóloga medievalista y la fundadora de la exquisita editorial —que toma el nombre de la antigua tocinería familiar— Cal Carré. Muchos de estos elementos, junto con experiencias y diálogos de eco privado y vivido, despuntan a lo largo de sus páginas en la que sobresale el juego de elipsis, intimidades y subjetividades.
Si Carré es especialista en el misógino clásico medieval L’espill (1474) de Jaume Roig, la protagonista explora cómo la mujer, y de forma especial su sexualidad, ha estado sometida a un machismo atávico. En una conferencia impartida en la novela por Montserrat Vidal —Rateta, para los suyos—, este maltrato se ejemplifica a través del desconocimiento sobre la concepción o, directamente, sobre la fisiología femenina. El primero se resolvía con teorías absurdas y el segundo con una mezcla de miedo y asco. Tampoco tendría que sorprender tanto si tenemos presente que hace solo treinta años del primer estudio serio sobre el clítoris y que el primer mapa 3D es de este 2026.
Desnudarse en un monólogo
Sin ser el principal, este hilo no deja indiferente y, de hecho, liga perfectamente con Una aniquilació fallida (Ara Llibres, 2025). Este ensayo literario, y a la vez pieza de dramaturgia, firmado por Carlota Gurt (Barcelona, 1976) quiere ser, como dice en el subtítulo, «una cápsula sobre la libido femenina en la historia». Con la contundencia e irreverencia marca de la casa —«¿Podemos empezar a hablar ya de la envidia del coño?»—, denuncia la manipulación maniquea practicada durante generaciones y que reduce a la mujer a estereotipos, especialmente en cuanto a su sexualidad.
Corregir este sesgo no es sencillo y no solo por lo que atañe a la sexualidad femenina. Lo constata en cuanto al feminismo, aunque con cierta esperanza, el director editorial de El 9 nou, Agustí Danés (Manlleu, 1973). En el recopilatorio de artículos Passa página (El 9 Nou, 2026) nos dice: «Este cambiar las supuestas verdades absolutas respecto del rol de las mujeres en la sociedad, es un reto en mayúsculas. […] Este es un viaje largo. Pero tiene una ventaja: no se tiene que comprar billete de vuelta. No se tiene que deshacer nunca el camino de los derechos conquistados.»
En todo caso y para cargarse de razones, Gurt —premio Anagrama de Novel·la de este año con Els Erms— revisita la tradición, pero también su experiencia vital. Esto genera seguramente los fragmentos más divertidos y, a la vez, más crudos. Aunque extraída de su novela anterior, Sola (Proa, 2021), hay una frase que encaja en este contexto: «Y me he quedado allá, tendida en el suelo, con una mezcla ácida de ganas de llorar y de reír sin medida, a punto de romperme como un higo maduro». Porque con el monólogo se busca despertar la conciencia, el orgullo y el conocimiento (también el sexual) de las mujeres. De hecho, ya lo había advertido en diálogo con Jordi Lara en la pequeña maravilla que era el programa de 3Cat Il·luminats: «Escribir es una manera de gritar».
Del campus a OnlyFans
A Clark Kerr, rector de la Universidad de California-Berkeley, se le atribuye una ocurrente frase sobre cuáles eran las principales dificultades de gestión a que se enfrentaba en 1958. Según la revista Time, su formulación exacta fue: «The three major problems for a college campus are parking for the faculty, athletics for the alumni, and sex for the students». Como pasa a menudo con este tipo de citas, más allá del juego humorístico se esconde una experiencia cierta más o menos extrapolable. De hecho, los campus son un lugar propicio para estas ocurrencias de autoría espuria, pero de éxito asegurado… como por ejemplo aquella otra que sentenciaba: «Changing a university is like moving a graveyard —you can’t expect any help from the inhabitants».
La mirada ácida sobre el mundo universitario sigue presente. Solo hay que ver el argumento de dos series recientes y recomendables: Rooster de HBO y Margo´s Got Money Troubles de Apple TV. La primera saca jugo a los conflictos universitarios y humanos típicos de un campus tipo estadounidense, mientras que la segunda arranca con una brillante estudiante que, embarazada por su profesor, que se desentiende de la criatura, tiene que dejar los estudios y buscarse la vida a través de la plataforma OnlyFans para salir adelante con el neonato y no renunciar del todo a su ambición de ser escritora.
Visto desde aquí, existe la tentación de descartar aquella realidad como un mundo lejano. Pero quizás no lo es tanto… Históricamente, la relación jerárquica característica del entorno universitario ha sido propicia al abuso de autoridad, hasta el punto de ser normalizado por la costumbre: desde los ayudantes tratados como sirvientes por el catedrático de turno a la compra obligatoria del manual del profesor por cada nueva cohorte, pasando por la apropiación de la investigación de los becarios o el tráfico de favores y vetos. Progresivamente, muchas de estas conductas han sido abandonadas, condenadas e, incluso, perseguidas. Y, aun así, algunas persisten… Y entre las persistentes, encontramos ciertos comportamientos sexuales.
El ‘normal’ acoso
Porque a pesar de ser un ámbito adulto, este es uno de los entornos con elementos más favorables al abuso: el poder fascinador de la tarima (conocimiento, elocuencia, autoridad), el desequilibrio de género todavía persistente entre claustro y alumnado y, sobre todo, la impunidad, a medio camino entre la indulgencia y el corporativismo, presente en algunos centros. Cualquiera que haya pasado por un campus, ha conocido historias de mayor o menor gravedad. Quien tenga interés, puede averiguar qué profesorado es más susceptible de protagonizarlas. Que en todo el sistema universitario hayan surgido, al amparo de la legislación vigente, unidades de igualdad y protocolos de actuación ante la violencia de género no responde a una moda sino a un intento serio de corregir actitudes arraigadas y, por desgracia, renovadas, pese al transcurso de los años.
Hay algo que no funciona cuando todas tus colegas han vivido en algún momento de sus trayectorias académicas algún comentario, han sufrido alguna forma de acoso o se han visto agredidas. Porque si son todas y no sabías nada, quiere decir que o no prestabas atención o no lo querías saber. Y entonces, volviendo a Gurt, recuperas una frase de un artículo suyo publicado en el Quadern en enero de 2025: «Es hora de que los hombres dejen de ser cómplices callados y actúen contra sus congéneres, sus amigos, sus parientes, cuando sean testigos de actitudes abusivas». Porque una cosa es ser frágiles y una muy distinta es vivir, no por falta de techo sino por exceso de complicidad y silencios, en la intemperie.
Fuente: Política & Prosa 30 de junio de 2026
Portada: Cartel del monólogo conferenciado ‘Una aniquilació fallida (la libido, la història i jo)’, de Carlota Gurt.
Ilustraciones: Conversación sobre la historia y Política & Prosa
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