El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza
Conversación sobre la historia
Jeffrey Epstein era un señor de la guerra. También hay que hablar de eso

Los vínculos del magnate neoyorkino con el ex-primer ministro israelí Ehud Barak para trasformar las convulsiones políticas y sociales en negocios, así como su participación en diversos conflictos globales, dejan ver una las facetas menos exploradas de quien logró un manto de impunidad sobre sus abusos.
Jeet Heer**
La perspectiva del caos y la guerra excitaba a Jeffrey Epstein. El fallecido financista y abusador de menores neoyorquino seguía de cerca las noticias sobre conflictos extranjeros que pudieran ser explotados con fines comerciales. El 21 de febrero de 2014, Epstein le envió un correo electrónico a Ehud Barak, ex-primer ministro israelí, con quien se asociaría al año siguiente como inversor en una empresa de tecnología de seguridad llamada Reporty Homeland Security (más tarde rebautizada Carbyne). Epstein escribió: «Con los disturbios civiles que están estallando en Ucrania, Siria, Somalia y Libia, y la desesperación de quienes están en el poder, ¿acaso esto no es una situación ideal para ti?». Barak intentó moderar el entusiasmo de su amigo señalando: «En cierto modo tienes razón. Pero no es fácil convertir todo eso en dinero».
Este intercambio, publicado por Drop Site News, revela uno de los aspectos más ocultos del escándalo Epstein. El nombre de Epstein está indisolublemente ligado a la depredación sexual, y es correcto que así sea. Pero también debería estarlo al militarismo y al autoritarismo globales. Epstein no solo ejercía el tráfico de los cuerpos de las menores de las que abusaba, sino también de las conexiones sociales que podían unir a las elites. Comprendía perfectamente que la «desesperación de quienes estaban en el poder» podía llevarlos a comprar lo que él ofrecía: vínculos con otras figuras poderosas y sistemas de seguridad para reprimir la disidencia.
El escándalo Epstein ha vuelto a estallar gracias a que los demócratas de la Cámara de Representantes publicaron un inmenso archivo de correos electrónicos entre Epstein y muchos de sus famosos socios. Como han escrito mis colegas de The Nation Chris Lehmann y Joan Walsh, estos correos electrónicos son políticamente perjudiciales para Donald Trump, ya que aportan aún más evidencia de que el presidente fue amigo íntimo de Epstein durante muchos años, estaba al tanto de sus actos de depredación y posiblemente participó en algunos de sus delitos.
Trump tiene absolutamente merecido cualquier daño reputacional y cualquier posible represalia legal que pueda sufrir como resultado de sus vínculos con Epstein. En esencia, este siempre ha sido un escándalo que involucra a la clase dirigente en conjunto, no a un individuo o partido político en particular.

Los correos electrónicos de Epstein documentan sus vínculos con una amplia franja de la elite estadounidense y mundial que trascienden las fronteras partidarias. Entre aquellos con quienes Epstein mantenía una relación cordial se encontraban el ex-secretario del Tesoro Larry Summers (quien ocupó altos cargos tanto con Bill Clinton como con Barack Obama), así como Steve Bannon, asesor de Trump, y el multimillonario de derecha Peter Thiel. Incluso Noam Chomsky escribió con admiración sobre su «muy preciado amigo».
La gran pregunta sobre Epstein es por qué se le permitió prosperar durante tanto tiempo cuando sus delitos, a todos los efectos, fueron por décadas un secreto a voces. Por ejemplo, ¿por qué obtuvo en 2008 un acuerdo ventajoso que equivalió a una amonestación menor por delitos sexuales con menores de edad? El hombre que negoció ese acuerdo, el ex-fiscal estadounidense Alex Acosta, le había confiado previamente en privado a Steve Bannon que Epstein «pertenecía a la inteligencia». Pero en su testimonio ante el Congreso, publicado el mes pasado por el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, Acosta afirmó que «no tenía conocimiento de si [Epstein] era o no miembro de la comunidad de inteligencia».
La ambigüedad de la información sobre las declaraciones de Acosta, sumada a los numerosos misterios que rodean la fortuna y las conexiones sociales de Epstein, alimentó durante mucho tiempo la especulación de que había sido agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) o del Mossad.
Gracias a la minuciosa labor periodística de dos medios independientes, Drop Site y Reason, ahora comprendemos mucho mejor la relación de Epstein con la elite de la política exterior de Estados Unidos e Israel. Parece que Epstein no era agente de la CIA ni del Mossad, no por falta de capacidad, sino porque ese papel le parecía demasiado pequeño. Era, más bien, un broker del poder, un oligarca estadounidense que desempeñó un papel fundamental en la configuración de la política occidental, lo que le permitió establecer contactos con diplomáticos y agencias de espionaje.

Matthew Petti escribió en agosto, para la revista libertaria Reason, un artículo que documenta la naturaleza de los vínculos de Epstein con Ehud Barak: «Tras su primer arresto por delitos sexuales, Jeffrey Epstein intentó incursionar en nuevo negocio: la vigilancia. En 2015, se asoció con el ex-primer ministro israelí Ehud Barak para invertir en la startup de tecnología de seguridad Reporty Homeland Security, ahora conocida como Carbyne. Correos electrónicos filtrados revelan que Epstein utilizaba a Barak para buscar oportunidades en la industria de la vigilancia y establecer conexiones con figuras poderosas de todo el mundo, incluidos el empresario estadounidense Peter Thiel, el ex-director de la inteligencia de señales israelí y dos personas del círculo del presidente ruso Vladímir Putin».
Tras el segundo arresto de Epstein en 2019, Barak rompió relaciones con su socio. En una conversación con Haaretz, Barak explicó que Epstein era «una versión terrible del Dr. Jekyll y Mr. Hyde» (insinuando, curiosamente, que existe una versión «no terrible» de la novela de terror de Robert Louis Stevenson). Barak añadió que Epstein «en aquel momento parecía una persona inteligente, con buenos vínculos sociales y variados intereses, desde la ciencia hasta la geopolítica».
La investigación de Petti se basó en una fuente que los principales medios de comunicación en buena medida ignoraron: un conjunto de correos electrónicos intercambiados con Barak pirateados y encontrados en el sitio web Distributed Denials of Secrets (que funciona como centro de distribución de filtraciones al estilo de WikiLeaks).
Murtaza Hussain y Ryan Grim, de Drop Site, han utilizado recientemente el mismo sitio web para publicar una serie de artículos impactantes que se sumergen en la historia de los vínculos de Epstein con Barak y la elite de la política exterior de Estados Unidos e Israel. Uno de los artículos sostenía que «Jeffrey Epstein organizó el trabajo para abrir un canal de comunicación no oficial entre Israel y el Kremlin durante la guerra civil siria (…) El conjunto de correos electrónicos, intercambiados en el punto más álgido de la guerra civil siria entre 2013 y 2016, revela el exitoso trabajo de Epstein con el fin de conseguir una reunión privada entre Barak y el presidente ruso, Vladímir Putin, para discutir una solución al conflicto mediada por Rusia, lo que incluía obtener el apoyo ruso para la remoción negociada del presidente sirio Bashar al-Assad».
Vladimir Putin shakes saluda a Ehud Barak, entonces ministro de defensa de Israel, el 6 de septiembre de 2010 en Sochi, Russia (foto: Ariel Hermoni/ Israeli Defense Ministry via Getty Images).
Otros artículos documentan el papel de Epstein en el fortalecimiento de los lazos de Israel con Mongolia y Costa de Marfil (en ambos casos, facilitando la venta de tecnología de vigilancia israelí). El equipo de Drop Site también ha revelado que un oficial de inteligencia israelí (el fallecido Yoni Koren, socio de Barak durante años) era una visita frecuente en la residencia de Epstein en Manhattan.
Los vínculos de Epstein con la inteligencia de estados Unidos siguen siendo nebulosos, pero resulta difícil de creer que un ciudadano estadounidense pudiera participar en labores diplomáticas de tan alto nivel (que implican contacto con potencias extranjeras) sin el conocimiento y el apoyo tácito del aparato de seguridad nacional de Estados Unidos.
El papel preponderante de Epstein en la política exterior deja claro que no era un servidor del imperio, sino un personaje influyente. El experto en relaciones internacionales Van Jackson, académico de la Universidad Victoria en Wellington, ofrece un agudo análisis de la singular posición de Epstein. En su blog de Substack Un-Diplomatic, Jackson señaló que Epstein era «uno de los geopolíticos más prominentes del mundo, razón por la cual involucró a tantas personas poderosas en sus fechorías. Las andanzas sexuales que involucraban trata de personas no fueron el principal motivo que lo unió a sus amigos pedófilos. Fueron el dinero y el juego de poder, que funcionaban como una arteria vital de la hegemonía global estadounidense. Epstein, como intermediario entre la inteligencia israelí y oligarcas y cleptócratas extranjeros, también fue un subproducto de la estructura de la hegemonía estadounidense, es decir, al orden económico neoliberal, también conocido como la era de la globalización neoliberal».
La historia de Jeffrey Epstein no tiene sentido a menos que se comprenda que estaba profundamente arraigado en la elite de la política exterior, un hecho que le otorgó gran parte de la impunidad de la que disfrutó durante la mayor parte de su vida. Los poderosos se sentían cómodos con Epstein porque era uno de ellos. Compartía la misma visión del mundo que ha dominado a la elite estadounidense desde el fin de la Guerra Fría. Creía en el Consenso de Washington, la hegemonía militar estadounidense reforzada en Oriente Medio por la alianza con Israel, la globalización, la privatización de las funciones gubernamentales, la educación centrada en las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (CTIM), y el hedonismo sexual masculino, un ethos que llevó a extremos repulsivos.

En un correo electrónico que le envió en 2015 a Barak, Epstein afirmaba que «muchas empresas buscan una nueva perspectiva de gestión, similar a la militar». Esta fusión de la cultura corporativa con el militarismo es uno de los rasgos distintivos de la era neoliberal. Epstein estuvo a la vanguardia de este proceso.
Cuando intentamos comprender la trayectoria de Epstein, resulta inevitable recordar una de las grandes novelas estadounidenses: El arco iris de gravedad (1973), de Thomas Pynchon. Pynchon estaba obsesionado con el sistema clandestino que se formó en tiempos de guerra, el cual fusionaba objetivos públicos engañosos con ambiciones privadas y agendas corporativas. En un momento dado, el narrador de la novela reflexiona sobre cómo la guerra permite que prosperen traficantes de todo tipo: de artículos de lujo, de explotación sexual, de refugiados: «No debe olvidarse que el verdadero negocio de la guerra es comprar y vender. El asesinato y la violencia tienen su propia dinámica, y pueden confiarse a los no profesionales. (…) La verdadera guerra es la fiesta de los mercados. Mercados organizados, cuidadosamente llamados ‘negros’ por los aficionados, surgen en todas partes». Epstein prosperó en las sombras de esos mercados organizados.
Los principales medios de comunicación han mostrado una asombrosa falta de interés por la naturaleza de la actividad geopolítica de Epstein. No ha habido nada similar a las impactantes investigaciones publicadas por Reason y Drop Site: ni en el New York Times, ni en el Washington Post, ni en la CNN ni en las grandes cadenas de televisión. De hecho, los principales medios de comunicación han participado durante mucho tiempo del encubrimiento de la real magnitud del caso Epstein. Inicialmente, este consistió en ignorar sus delitos sexuales, hoy muy bien conocidos. Pero al ignorar hasta qué punto Epstein estaba integrado en el imperio estadounidense, esos medios están llevando a cabo un nuevo encubrimiento.
**Jeet Heer es un autor, crítico de cómics, crítico literario y periodista canadiense, corresponsal de asuntos nacionales de la revista The Nation y ex redactor de The New Republic, que ha colaborado en The National Post, The New Yorker, The Paris Review y Virginia Quarterly Review.
Fuente: Nueva Sociedad noviembre de 2025
La versión original de este artículo, en inglés, se publicó en The Nation, el 14/11/2025, y está disponible aquí. Traducción: Carlos Díaz Rocca.
La amistad de Chomsky con Epstein dice mucho de la política progresista
Kavita Krishnan*
“He conocido a [toda] clase de personas, incluso verdaderos criminales de guerra. No lamento haberme reunido con ninguno de ellos”. Esta fue la respuesta beligerante del conocido intelectual Noam Chomsky, en 2023, a la pregunta de un periódico sobre sus relaciones con Jeffrey Epstein 1. Más recientemente, los correos electrónicos de Epstein revelan que este mantenía una estrecha amistad con Chomsky y su esposa 2.
Tiene un interés particular el testimonio escrito (sin fechar, pero no antes de 2017) por Chomsky para Epstein, donde califica su amistad, que duró seis años, de experiencia “interesante” y “provechosa” gracias a la amplitud de miras y la capacidad intelectual de Epstein y dice que “Jeffrey ha sido capaz de organizar repetidamente, a veces sobre la marcha, reuniones muy productivas con figuras destacadas de la ciencia y las matemáticas, así como de la política mundial, personas cuya labor y actividad yo conocía, aunque nunca había esperado conocerlas personalmente”.
En la infame entrevista del programa Newsnight de la BBC preguntaron a Andrew Mountbatten Windsor 3 si retrospectivamente, sabiendo que Epstein fue un pedófilo y depredador sexual, sentía “culpa, arrepentimiento o vergüenza” por su amistad con Epstein. No, dijo, “y la razón es que las personas que conocí y la oportunidad que tuve de aprender de él y a través de él me fueron realmente muy útiles… (lo que) dio unos resultados verdaderamente provechosos en cuestiones que no tienen nada que ver con (sus delitos)”.
Tanto Chomsky como Andrew dicen que no lamentan ser amigos de Epstein porque a través de él pudieron conocer a gente interesante e importante.
Andrew se enfrenta a la acusación de haber violado a una menor de edad que le proporcionaron Ghislaine Maxwell 4 y Epstein. He de subrayar en este punto que conocer a Epstein o reunirse con él no implica de ninguna manera que Chomsky fuera copartícipe de sus delitos contra niñas y mujeres. No sugiero que sea culpable por asociación ni me interesa pillarle en un renuncio. Pero para mí la cuestión es esta: ¿qué nos dice la relación de Chomsky con Epstein sobre si las víctimas de agresión sexual nos importan desde el punto de vista de nuestra política, de la política de izquierda y progresista?

En 2005, las autoridades ya habían comenzado a investigar las denuncias de 36 menores, una de nada más que 14 años de edad, a quienes Epstein había presionado para darle masajes sexuales y que había puesto a disposición de otros hombres. Se presentaron un montón de pruebas para respaldar las declaraciones de las víctimas y finalmente Epstein fue imputado en 2008. acusado de 60 delitos federales, suficientes para ser condenado a cadena perpetua.
Sin embargo, Epstein, en una sentencia infame, no recibió más que una simple reprimenda. Logró un pacto favorable confesando un delito menor, consistente en haber pedido a una menor de edad que se prostituyera, y pasó 13 meses en la cárcel en régimen abierto, quedando en libertad durante el día y volviendo a la noche al centro penitenciario. Todo esto fue objeto de amplios debates públicos y criticado en los grandes medios de comunicación.
En 2023, Chomsky explicó por qué él y su mujer trabaron amistad con Epstein a pesar de su condena por delitos sexuales contra de edad. “Lo que se sabía de Jeffrey Epstein era que había sido condenado por un delito y había cumplido la pena”, dijo. “De acuerdo con la normativa legal vigente en EE UU, con esto queda limpio de polvo y paja.”
Veámoslo un poco más de cerca.
Chomsky es un icono de la izquierda cuyos escritos ilustraron a generaciones enteras sobre la naturaleza del poder, la impunidad de la gente poderosa y la propaganda que fabrica el consenso con esta desigualdad, violencia e impunidad sistémicas. Si unos niños de clase obrera se quejaran de haber sido reclutados por un empresario ricachón para obligarles a hacer un trabajo insalubre y peligroso y el empresario lograra irse de rositas, ¿diría Chomsky que ahora estaba limpio de polvo y paja?
Sin embargo, las normas parecen cambiar si los niños de clase obrera en cuestión son niñas, captadas y esclavizadas para prostituirse y no para trabajar en una fábrica. En el mundo político de Chomsky, estas víctimas individuales de una depredación sexual son invisibles.

El término clave del testimonio de Chomsky es “normativa legal vigente”. Lo que da a entender es que el movimiento MeToo ha alterado la legalidad y que la amistad de Chomsky con Epstein no debe juzgarse de acuerdo con esta nueva normativa feminista. Pero esto no es cierto. Incluso agentes de policía condenaron públicamente el pacto de Epstein con la Fiscalía, calificándolo de burla a los criterios actuales de la justicia, al igual que la mayoría de comentaristas de los grandes medios de comunicación. ¿Por qué aceptó Chomsky de buena gana los criterios del pacto que habían caído a unos niveles vergonzosos desde todo punto de vista?
En una entrevista de 2008, después de reconocer su culpabilidad, Epstein utilizó una metáfora increíble, que reveló cómo veía él sus actos y la “normativa legal vigente”. Se “comparó con Gulliver naufragado entre los pequeños habitantes de Liliput”, diciendo que “el carácter juguetón de Gulliver tuvo consecuencias imprevistas. Eso es lo que ocurre con la riqueza: conlleva cargas y ventajas imprevistas”.
Recordemos que en su correo electrónico a Epstein, Andrew se despidió con las palabras “Juega más adelante”. Epstein y sus adláteres ven la depredación pedófila como fruto de un “carácter juguetón”. El propio Epstein se consideraba especial, autorizado por su riqueza para jugar con gente pequeña como niñas menores de edad carentes de dinero o situadas en la parte baja de la escala social. La normativa legal vigente es obra de gente pequeña y de mente estrecha que no logra entender la cultura de quienes están mucho más arriba de su nivel.
Como intelectual público, Chomsky se considera defensor de la “gente pequeña”. Sin embargo, trabó amistad con Epstein y le dio su aval, pero hasta ahora no ha soltado palabra en apoyo de las pequeñas víctimas. El hecho de que Chomsky expresara su admiración por la capacidad de Epstein de coger el teléfono y contactar de inmediato con toda clase de peces gordos es ilustrativa: ¿realmente no pensó que esta capacidad, esas conexiones, tuvieran algo que ver con la suavidad de su castigo?
¿Por qué Chomsky escribió incluso el citado testimonio a favor de Epstein, dirigido a “quien pueda interesar”? Sabemos que Epstein lanzó una importante campaña de relaciones públicas para rehabilitar su imagen después de declararse culpable del delito de abuso sexual de menores. Parte de esa campaña incluyó donaciones a universidades y reuniones con intelectuales y científicos, quienes contribuyeron a lavar su imagen mancillada. ¿Escribió Chomsky su testimonio a petición de Epstein como contribución a su campaña de relaciones públicas? Chomsky escribió el testimonio en su calidad de figura pública: ahora tiene el deber de explicar al público por qué lo hizo.

El problema es que Chomsky no es una excepción. Aquí en India, acabo de leer reseñas elogiosas de una puesta en escena de Mahmud Faruqui en Dastan-e-Ret-Samadhi, una adaptación de la novela escrita e hindi Ret Samadhi (por la cual la escritora y la traductora obtuvieron el Booker Prize). Faruqui fue condenado una vez por violación y su sentencia fue anulada por un tribunal superior.
El juez que lo absolvió aceptó las conclusiones del juzgado que lo condenó, dando credibilidad a la declaración de la víctima y al hecho de que hubiera dicho “no”. Según el espíritu y la letra de la legislación vigente, esto es violación, y punto. Sin embargo, el juez creó un nuevo concepto jurídico, suavizando la normativa legal vigente para declarar la absolución: un “no indeciso”, dictaminó, “puede significar un sí”.
La expresión misma del “no indeciso” nos recuerda que la víctima dijo que no, lo que demuestra que de hecho fue violada sexualmente en contra de su voluntad. Amigos míos progresistas me han llegado a decir que “ha sido absuelto, de modo que es inocente, así que por qué vamos a ponerlo en la picota, no podemos castigarle a perpetuidad”. A cada uno de ellos le digo que es libre de criticar o aplaudir a Faruqui, pero desde todo punto de vista cada vez que lo ensalza corrobora y propaga el lema de “un no indeciso es un sí”. Igual que Chomsky, tú también estás encantado de aprobar la burla más grotesca y absurda de las normas jurídicas.
El juez del “no indeciso” aplicó al no de una mujer educada criterios más exigentes: dependía de ella expresar el no con la rotundidad necesaria para que el hombre lo entendiera. En cambio, aplicó al hombre un criterio muy laxo: a pesar de su dominio del idioma, la literatura, las artes escénicas y el cine, ese hombre podía no entender que no es no. No cabe esperar de él que en caso de tener alguna duda preguntara a la mujer: has dicho que no, ¿quieres que pare?
Chomsky quedó encandilado con Epstein y otro de los invitados a su mesa, el “gran artista” Woody Allen (también acusado de abuso sexual por su propia hija cuando era pequeña). Progresistas literarios y culturales indios están encandilados con el arte del hombre con su hoja de parra del “no indeciso”.
Si percibes unas acusaciones de agresión sexual contra un hombre como algo irrelevante para tu juicio político de su intelecto, su arte y sus ideas, eres lo contrario de progresista. Las normas han avanzado y harías mejor en ponerte al día o perderás el tren.

Notas
- 1. Jeffrey Epstein fue un financiero estadounidense y abusador sexual convicto que murió en prisión en 2019 en espera de juicio por tráfico sexual de menores. Cultivó relaciones con numerosos personajes poderosos de la clase política, del mundo académico y de círculos empresariales.
- 2. Véase “Why the rich and powerful couldn’t say no to Epstein” [Por qué los ricos y poderosos no podían decir no a Epstein], en: https://www.bbc.com/news/articles/cy7v6xl4me8o
- 3. El príncipe Andrés, duque of York, es el segundo hijo de la reina Isabel II de Inglaterra. La entrevista, emitida en noviembre de 2019, fue ampliamente criticada por su falta de arrepentimiento con respecto a su amistad con Epstein.
- 4. Ghislaine Maxwell, mujer de mundo británica y abusadora sexual convicta, fue declarada culpable en 2021 de reclutar y preparar a niñas adolescentes para Epstein.
*Kavita Krishnan es activista feminista y escritora
Fuente: scroll.in 7 de diciembre de 2025
Traducción: Viento Sur 20 de diciembre de 2025
Para leer más:
Entrevista a Vijay Prashad, coautor de dos libros con Chomsky: “Ningún contexto puede explicar esta atrocidad”: la respuesta del colega de Chomsky a las revelaciones sobre su relación con Epstein”, en ElDiario.es, 3 de febrero de 2026
Entrevista a Valeria Chomsky, sobre su relación con Epstein: “Fue un grave error, y pido disculpas por ello en nombre de los dos”, en El País 9 de febrero de 2026
¿Podremos perdonar a Chomsky?, por Santiago Alba Rico, en ElDiario.es 10 de febrero de 2026
Nuevos documentos revelan cómo Jeffrey Epstein se rodeó de destacados científicos para apoyar sus ideas racistas y misóginas, en ElDiario.es, 11 de febrero de 2026
Ilustraciones: Conversación sobre la historia
Portada: “Mejores amigos para siempre”, escultura de 3,5 m. de altura colocada el 23 de septiembre de 2025 en el parque de la National Mall (Explanada Nacional) de Washington, cerca de la Casa Blanca. El monumento representa a Donald Trump y Jeffrey Epstein cogidos de la mano, e incluye una placa con la inscripción “Celebramos el duradero vínculo entre el presidente Donald J. Trump y su ‘amigo más cercano’, Jeffrey Epstein”. La autoría de la estatua se atribuye al grupo de activistas The Secret Handshake (foto: AFP/Getty Images)
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