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Conversación sobre la historia
Péter Magyar y su partido Tisza han logrado una victoria aplastante, poniendo fin a dieciséis años de gobierno de Viktor Orbán. Sin embargo, hasta qué punto los votantes han rechazado también el modelo político de Orbán, es algo que aún está por ver.
Grégoire Roos*
Director, Europe and Russia and Eurasia Programmes
Chatham House
En las elecciones del domingo, el partido Tisza de Péter Magyar obtuvo casi el 70 por ciento de los escaños del parlamento húngaro, poniendo fin a los dieciséis años de gobierno de Viktor Orbán. Esta victoria aplastante no es un mero cambio de gobierno, sino el rechazo histórico al sistema político más enquistado de la Unión Europea (UE). El modelo político de Orbán y su partido Fidesz parecía sólido porque supo fusionar con éxito la autoridad política, el control institucional y un poderoso relato nacional.
¿Por qué, entonces, los votantes se volvieron contra Orbán? Mientras su campaña pedía al electorado que pensara en clave geopolítica —y no siempre de la manera más honesta—, planteando disyuntivas como guerra o paz, Bruselas o soberanía, Ucrania o estabilidad húngara, los votantes se mostraron mucho más preocupados por asuntos domésticos como el estancamiento económico, la inflación y el deterioro del nivel de vida. Esto pone de manifiesto que Orbán pudo haber perdido su instinto populista al desconectarse claramente de las inquietudes reales de su electorado. Su derrota lanza una advertencia a los populistas de toda Europa: incluso los sistemas construidos para perdurar pueden ser derrotados cuando las preocupaciones económicas ahogan los grandes relatos políticos.

¿Sobrevivirá el modelo de Orbán?
Si bien resulta evidente que los votantes húngaros han rechazado a Viktor Orbán, no lo es tanto que hayan rechazado también su modelo político, el orbánismo. A lo largo de más de una década, Orbán reconfiguró profundamente el orden político húngaro, pero el sistema que construyó se asentaba asimismo sobre reflejos políticos más amplios y preferencias sociales profundamente arraigadas: el Estado fuerte, el escepticismo ante las restricciones externas, la política transaccional y la soberanía como método de gobierno. Estos rasgos están hondamente arraigados en la cultura política húngara y no desaparecen en una noche electoral.
Esto cobra aún mayor relevancia porque Orbán no abandona la política, sino que seguirá ejerciéndola desde la oposición. Lo que significa que Magyar tendrá que enfrentarse a un adversario derrotado, maltrecho, pero todavía muy bien organizado. Fidesz sigue profundamente enraizado en las redes locales, las instituciones y los ecosistemas mediáticos; y Orbán, por su parte, es uno de los operadores políticos más hábiles de Europa. Tampoco es esta la primera derrota electoral de Orbán: ya abandonó la jefatura del Gobierno en 2002, para regresar con más fuerza en 2010. Así pues, no estamos ante una ruptura definitiva con la era Orbán, sino ante el comienzo de una nueva fase en la que el orbánismo puede sobrevivir en la oposición como fuente de resistencia, sabotaje político y guerra de narrativas.

Alivio en Bruselas
Para la UE, el resultado electoral es, ante todo, una buena noticia. Bajo el mandato de Orbán, Hungría se había convertido en un foco crónico de fricción en torno a las sanciones, la guerra en Ucrania y los conflictos sobre el Estado de derecho. Es probable que un gobierno de Magyar sea menos obstruccionista, más previsible y más dispuesto a reparar las relaciones con Bruselas. Eso podría facilitar las decisiones sobre Ucrania y mejorar el clima en torno a los fondos europeos congelados o condicionados, aunque Bruselas espera ver reformas por parte del Gobierno de Magyar antes de desbloquearlos.
Hungría seguirá con toda probabilidad siendo cautelosa en materia de migración, mantendrá su enfoque soberanista y se acercará al «federalismo pragmático» de Mario Draghi con circunspección. Pero el resultado sigue siendo una buena noticia para el Partido Popular Europeo (PPE), la principal fuerza de centroderecha de la UE. Si bien no altera de la noche a la mañana el equilibrio de escaños en el Parlamento Europeo, sí refuerza políticamente al PPE: le otorga una victoria importante a escala nacional, consolida su pretensión de representar el centroderecha gobernante en Europa y debilita a uno de sus rivales iliberal es más poderosos.
Todo ello augura una coordinación europea más fluida en el horizonte. También podría contribuir a mejorar las condiciones para un acercamiento entre el Reino Unido y la UE.

Ucrania y la defensa europea
Para Ucrania, el resultado tiene una relevancia inmediata e indudable. Orbán había mantenido a Hungría formalmente dentro del bloque occidental mientras utilizaba al mismo tiempo su posición para ralentizar, diluir o instrumentalizar políticamente el apoyo a Kiev, también durante la propia campaña electoral. Una victoria de Magyar debería traducirse en una postura húngara menos ambigua respecto a Ucrania y en menos fricciones internas en la UE. Para Moscú, esto supone claramente un revés: Orbán se había convertido, si no en un aliado, sí al menos en un elemento díscolo de indudable utilidad dentro de la UE. El resultado no elimina las dependencias estructurales de Hungría, pero sí hace que Budapest resulte menos útil a Moscú como palanca de presión interna en Europa.
La defensa, uno de los ámbitos más críticos para la UE, es precisamente donde un gobierno de Magyar podría protagonizar los cambios más visibles. Tisza se ha comprometido a elevar el gasto en defensa hasta el cinco por ciento del PIB exigido por la OTAN antes de 2035. Sin embargo, los equilibrios difíciles no desaparecen: Magyar descartó tanto el despliegue de tropas en Ucrania como el restablecimiento del servicio militar obligatorio. No obstante, los planes para reducir la dependencia energética de Rusia antes de 2035 y revisar el proyecto nuclear de Paks —construido y financiado en gran medida por Moscú— apuntan a una Hungría que resultaría menos obstruccionista dentro de la OTAN y la UE, y por tanto más útil para la postura de seguridad del conjunto de Europa.

Una advertencia para los populistas europeos
La trascendencia europea del resultado es difícil de pasar por alto. En las últimas semanas, Giorgia Meloni ha encajado en Italia un claro revés con la derrota en el referéndum sobre la reforma judicial propuesta, mientras que la Agrupación Nacional de Francia no logró convertir su peso nacional en el control de las principales ciudades en las elecciones municipales. Hungría lanza ahora una señal aún más contundente: no de estancamiento, sino de reversión en toda regla. La lección no es que el populismo haya llegado a su fin, sino que incluso los sistemas más sólidamente atrincherados son reversibles cuando dejan de ofrecer resultados materiales y se vuelven demasiado herméticos, demasiado agotados o demasiado ensimismados en sus propios intereses.
Mientras tanto, la victoria de Magyar demuestra que todavía existe espacio para una política de centroderecha que sea conservadora sin ser iliberal, y proeuropea sin ser políticamente anémica.
La apuesta de Washington… y su fracaso
Para Washington, la victoria de Magyar supone un golpe considerable. La elección fue seguida con atención desde el Despacho Oval, y el vicepresidente estadounidense JD Vance llegó incluso a viajar a Budapest días antes de la votación para reforzar las opciones de Orbán, denunciando la supuesta «injerencia» de la UE y elogiando a Orbán como aliado de Donald Trump. Esa intervención tiene ahora todo el aspecto de un autogol político. En términos más amplios, socava la idea, extendida en los círculos afines a Trump, de que apuntalar a los soberanistas europeos debilitaría la UE desde dentro y haría a Europa más moldeable. Si acaso, Hungría apunta en sentido contrario. Varios partidos de la ultraderecha europea ya han comenzado a tomar distancia respecto a Trump ante sus movimientos de política exterior más erráticos, y este resultado podría acelerar aún más una tendencia hacia una mayor autonomía respecto al movimiento MAGA. La pregunta que queda en el aire es si Washington ajustará sus métodos de influencia en Europa o simplemente apostará por una estrategia más agresiva.
Fuente: Hungary election: Orbán has been defeated – but will Orbánism survive? (14/04/2026)
Portada: Péter Magyar y otros miembros del partido opositor Tisza celebran los resultados parciales de las elecciones en Budapest (foto: REUTERS/Marton Monus)
Ilustraciones: Conversación sobre la historia
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