Resumen y artículos de Guillermo Altares, Joquín Estefanía, Jordi Amat, Pablo Castaño, José Miguel Contreras y Eva Baroja.  Entrevista en Plaza de Catalunya. Enric Juliana, Josep Ramoneda y Joaquín Estefanía

  • Reportaje de Guillermo ALTARES en El País (9-05-21): Así contarán los historiadores el 15-M El ciclo que se abrió en la Puerta del Sol hace ahora una década aún no se ha cerrado. Los efectos de aquellas protestas reverberan hasta nuestros días y las recientes elecciones a la Comunidad de Madrid son prueba de ello … Hemos consultado a siete historiadores españoles, todos estudiosos del siglo XX, de diferentes generaciones y especialidades, por la huella del 15-M en la historia reciente. Acostumbrados a moverse en los tiempos largos del pasado, incluso los historiadores del presente se sienten siempre más cómodos con una perspectiva amplia. Sin embargo, coinciden en señalar que tal vez no la fecha, pero sí el espíritu del ­15-M, ha entrado para quedarse en la historia reciente de España (y del mundo occidental) … Los siete historiadores consultados coinciden en que el 15-M es una manifestación de la gran recesión de 2008, que vino acompañada de una oleada brutal de recortes que laminaron a la clase media, condenaron a la pobreza a millones de ciudadanos y cegaron el futuro de muchos jóvenes en Europa y EE UU … Las consecuencias sobre el sistema político español, con la entrada de nuevas fuerzas y nuevos actores que hasta entonces se habían quedado fuera, es sin duda un elemento crucial del 15-M en el que coinciden los investigadores consultados. Más allá de las pancartas, impregnadas de ecos del provocador y certero gamberrismo de Mayo del 68 —”Se alquila esclavo económico”, “Rebeldes sin casa”, “Más educación, menos corrupción”—, y de las asambleas y círculos de la Puerta del Sol, que luego se trasladaron a los barrios, existía una clara voluntad de romper con el statu quoEl replanteamiento de la Transición ha sido otro de los efectos más duraderos del 15-M: los acontecimientos rompedores no solo cambian el futuro, sino que también transforman el pasado. Una nueva generación irrumpió aquellos días de mayo en la vida política y social española: no solo se negó a aceptar su papel en el sistema económico, sino que rompió lo que hasta entonces había sido uno de los mayores consensos en la memoria colectiva de las fuerzas democráticas españolas: que el paso de la dictadura franquista a una democracia integrada en Europa había sido un éxito sin paliativos. Consenso fruto de la forma en que se hizo la Transición, un acuerdo que agrupaba a antiguos enemigos irreconciliables. Solo quedaron fuera los extremos violentos, como ETA o la ultraderecha.
  • Artículo de Joaquín ESTEFANÍA en El País (9-05-21); De mayo a mayo Las señales emitidas por el 15-M siguen ahí, pero hoy tienen una cara mucho más conservadora … “Después de estos acontecimientos, ¿qué queda del 15-M? Recordemos los principales elementos comunes del movimiento de los indignados en el mundo: ira contra los gobiernos y los partidos políticos tradicionales; desconfianza frente a los medios de comunicación clásicos a los que calificaban de máquinas de manipular en beneficio de sus propietarios, pertenecientes a las oligarquías financieras, empresariales o políticas; furor contra la complicidad existente entre las élites económicas y las élites políticas que servían a las primeras y olvidaban a sus representados; rechazo de las organizaciones formales y de las formas clásicas de hiperliderazgo, asumiendo sus decisiones, tanto las grandes como las anecdóticas, de modo asambleario y, por tanto, en muchas ocasiones, de manera lenta y caótica. El primer manifiesto de convocatoria del 15-M se iniciaba así: “Somos personas normales y corrientes, somos como tú, gente que se levanta por la mañana para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean…”. Muchos de los problemas que señaló el 15-M siguen ahí, junto a nosotros, pero las señales emitidas hoy tienen otras características mucho más conservadoras. Este es el camino recorrido de mayo de 2011 a mayo de 2021”.
Foto: Ana Rey
  • Jordi AMAT en diario.es (10-05-21): El ciclo de Pablo Iglesias Con la retirada del líder de Podemos, atrapado entre el activismo y la política, podría estar cerrándose el ciclo político que abrió el 15M … “En el período ascendente, decantando el significado del el 15M, la propuesta de Podemos fue inequívocamente populista: estaba centrada en la impugnación destituyente de la clase dirigente de aquel régimen en crisis como condición necesaria para una mutación del sistema que ellos, tan puros, tan listos, debían liderar … El fundamento de su carisma en construcción era ese contraste entre él y los otros. No era un significante vacío. El contraste existía. Era la desigualdad y su onda expansiva … Quien por entonces era secretario general del PSOE -Alfredo Pérez Rubalcaba- reiteraba que España estaba atravesaba por una triple crisis: social, institucional y territorial. Formulo otra vez la pregunta que implícitamente dejó planteada el 15M: ¿estaba la tecnoestructura del 78 capacitada para regenerarse? ¿Aún era operativo el consenso transicional? Podemos fue quién daría una respuesta más contundente a esas preguntas. La respuesta era no. Un no rotundo. Quienes lo creían no eran sólo los politólogos.
    En mayo de 2014 quedó demostrado cuando su candidatura al Parlamento Europeo tuvo miles y miles de votos y obtuvieron cinco escaños. Que fuera el rostro de Iglesias el icono del partido en las papeletas electorales demostraba un nivel de conocimiento de su figura muy superior al de su proyecto … En ese período de plenitud Pablo Iglesias se hermanó con la otra gran figura de la protesta continental desde las instituciones: Alexis Tsipras. Sus trayectorias convergen entonces. Igual que Europa no era el destino final de Tsipras, tampoco lo era para Iglesias. Iglesias compartió campaña nacional con él en Atenas y Tsipras estuvo en Madrid durante el proceso de maduración del nuevo partido español. Pero el griego se hizo con el poder, aceptando al fin los límites de lo posible, mientras que Iglesias nunca lo lograría del todo, situándose en la tierra de nadie que es el de la pulsión del activista que se contradice con la voluntad de gobernar. Ganar o no ganar. Esa es la diferencia. El equipo dirigente de Podemos -en especial el tándem Iglesias/Errejón- no se concebía como una muleta de la socialdemocracia, sino que tenía una vocación de mando auténtica. Para conseguirlo la clave era el cacareado sorpasso: imponerse en unas elecciones generales a un PSOE artrósico. En algún momento creyeron que podrían conseguirlo. Contaban con el apoyo necesario, además de un relato a la altura de los tiempos y algunas encuestas favorables. Pero no. Durante una buena temporada, ciertamente, la ola de Iglesias, reforzada por el éxito municipalista de Carmena en Madrid y Colau Barcelona, logró confundir al partido socialista, dejándole sin capacidad para convertirse en un partido votable para menores de 40 años. Y así sigue.Pero la realidad es que, a pesar de capturar a parte de sus votantes potenciales, Podemos nunca lograría superar a un partido comandado ya por Pedro Sánchez. El momentum Match point de Pablo Iglesias, me susurra el filósofo Pau Luque, fueron las elecciones generales de 2016. En aquella convocatoria Podemos, en cuya candidatura ya se había integrado Izquierda Unida, y los partidos hermanos, no dieron el esperado sorpasso. Ese fue el principio del fin.Hay una escena de esa campaña que siempre me ha parecido cargada de simbolismo, como el mejor testimonio de una determinada deriva: la aparición de Julio Anguita en un mitin de Podemos en Córdoba. Son diez minutos que pueden rescatarse en Youtube. Se ve a Echenique discurseando e Iglesias se le acerca para decirle que Julio está allí. Cambio de plano. En un extremo de la pista de un polideportivo, Anguita. La cámara le sigue acercándose al escenario y, justo antes de llegar, el veterano líder comunista se abraza con un Iglesias genuinamente emocionado. Las cámaras están tan cerca que escuchamos las palabras emocionadas que Anguita le susurra a Iglesias como si le cediera un legado. «Esto es el 77». Era un gesto de lealtad antifascista, pero también alejaba a Podemos de su espíritu inicial porque Iglesias estaba ahijándose a la derrota de la ruptura de la Transición. De la nueva izquierda evolucionaba al frentismo que el consenso del 78 había pretendido superar.
    No hubo sorpasso. Era, es muy difícil. En el sistema electoral español están sobrerrepresentadas zonas reacias al cambio. Rápidamente las tensiones internas de la organización, con asuntos personales por resolver, fueron drenando la inteligencia colectiva del partido. El carisma de Iglesias se deslizó por la pendiente de un cesarismo agónico.Y allí empezó el ciclo declinante de su trayectoria. Desde entonces el partido, para llegar el poder, solo podría hacerlo como socio minoritario del PSOE. Y el PSOE, reformateado cada vez más en el Partido de Pedro Sánchez, solo acudiría a ese partido a su izquierda si no tenía otra alternativa para volver a La Moncloa. En la construcción de dicha alternativa, Pablo Iglesias desempeñó un papel esencial. Es su segunda y última aportación a la política española de la segunda mitad del siglo XXI. Hacer posible el éxito de la moción … Así se ganó la moción y así coaguló una coalición cuyo principal elemento aglutinador, como señaló Santos Juliá, era el rechazo. Lo que les unía era el rechazo a un PP podrido por la corrupción y que había fracasado estrepitosamente en su gestión del desafío independentista planteado por la Generalitat. Pero celebradas las nuevas elecciones generales, convocadas bajo el impacto de la fotografía nacionalpopulista de la manifestación de Colón, Sánchez no miró al alfil que le había llevado a la presidencia. Su primera opción fue Ciudadanos. Era lo esperable. Su agenda gubernamental había sido la implementación de la agenda reformista sobre la que hacía pocos años habían llegado a un acuerdo con los naranjas. Pero Albert Rivera, ciego de la vanidad alimentada por los poderes de Madrid -el momento Rivera merecería una antología-, bloqueó ese acuerdo. La enésima repetición electoral, al fin, haría inevitable lo que pareció un matrimonio de conveniencia imposible. Sánchez prefería el insomnio a perder el poder. En enero de 2020, Pablo Iglesias llegó a vicepresidente. Pero su breve paso por el gobierno no lo consolidaría como un buen político. Digamos que no completó la maduración del personaje …
    El activista no liberaba al político para que fuera un gobernante. Un contraejemplo. Mientras Yolanda Díaz sí era percibida como una gobernante de izquierdas respetada transversalmente, Iglesias iba limitando su consideración. Lo significativo no era su acción política sino la retórica frentista en el Congreso de los Diputados cuya consecuencia principal ha acabado siendo la movilización extremosa del centro derecha contra del gobierno. Con la pandemia pretendió liderar la configuración del escudo social, en especial de una iniciativa como el Ingreso Mínimo Vital, pero a efectos prácticos la respuesta política a la emergencia sanitaria la facilitó Europa. Europa, lentamente, estaba cambiando. A diferencia de lo ocurrido durante la crisis anterior -la crisis que hizo de Tsipras un político y de Varoufakis un ideólogo-, ahora la Unión Europea es y seguirá siendo el principal salvavidas de una presidencia liviana. Vacunas y Fondos Europeos podrían actuar como el cemento que apuntale nuevamente el Estado del 78. Fin de ciclo. Seguramente las circunstancias que hicieron posible la construcción del carisma de Pablo Iglesias, pues, ya pertenezcan a otro tiempo. Lo sabía. Y, fatigado del desgaste, buscó la mejor manera para saltar de un presente donde el 15M es recuerdo de lo que pudo haber sido. El efecto mariposa de la fracasada moción de censura en Murcia le abrió la puerta a Pablo Iglesias para escapar de una situación de asedio maníaco. La campaña electoral madrileña le permitiría despedirse salvando el grupo de Podemos en la Asamblea regional y destensando la crítica contra el Gobierno. Al fin el activista había ganado al vicepresidente. Por ahora este es su epílogo”.

    Foto: eldiario.es
  • Artículo de Pablo Castaño  en CTXT 11/05/2021 El movimiento 15-M en 7 claves, una década después. Hace diez años, llegaba a la Puerta del Sol de Madrid una manifestación bajo el lema “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros”. Unas horas después, un grupo de jóvenes acampaba en la plaza, iniciando un movimiento social que transformaría la política española para siempre. Una década más tarde, muchas cosas han cambiado en el panorama político de nuestro país, transformado por el crecimiento de la ultraderecha, el proceso independentista catalán, el ascenso del feminismo y el ecologismo, y por la pandemia de coronavirus. Sin embargo, todavía son visibles los efectos del ciclo de protestas iniciado en 2011. ¿Cuáles fueron las principales claves del movimiento 15-M y qué podemos aprender de él quienes hacemos política hoy, en la calle o en las instituciones?
    1. Unir demandas diversas

    Analistas y medios de comunicación hablaron durante mucho tiempo del “movimiento de los indignados”, pero lo cierto es que el 15-M mostró una enorme capacidad propositiva. En las asambleas se discutió y se elaboraron propuestas sobre corrupción, educación, sanidad, políticas sociales, vivienda, participación política… El movimiento de las plazas dio paso a las “mareas” en defensa de distintos servicios públicos amenazados por los recortes. En el más puro estilo populista, el movimiento consiguió articular una enorme diversidad de demandas en torno a eslóganes sencillos. “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros” señalaba a un poder financiero que hasta entonces había conseguido manejar la política española entre bastidores. El “No nos representan” hacía temblar por igual a todos los partidos tradicionales. El lema “Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo” de Juventud sin Futuro consiguió convertir en un grito combativo las principales preocupaciones de la generación más castigada por la crisis financiera.

    1. Romper la barrera simbólica entre derecha e izquierda

    En junio de 2011, más del 80%  de la población española apoyaba al 15-M. Esta y otras encuestas mostraron que el movimiento había conseguido romper la barrera tradicional entre la izquierda y la derecha, recabando el apoyo de numerosos abstencionistas e incluso votantes de partidos conservadores. Hasta 2011, los grandes movimientos sociales habían estado alineados con los dos principales partidos (No a la guerra, manifestaciones conservadoras contra las reformas sociales de Zapatero…). En mayo de 2011, por primera vez, nació un movimiento masivo que atacaba por igual a PP y PSOE, unidos en la práctica por su apoyo a las políticas de recortes y privatizaciones promovidas por la UE como respuesta a la crisis financiera de 2008. Esta gran coalición de facto, sumada a los casos de corrupción en ambas fuerzas políticas, cristalizó un descontento generalizado con el sistema político español. 

    1. Renovar las formas de movilización

    Desde su inicio, el movimiento 15-M recurrió a una gran diversidad de formas de protesta. El éxito de la acampada en Sol, que el Gobierno no se atrevió a desalojar hasta semanas después, estimuló la imaginación de quienes participaban en el movimiento. Las asambleas y acampadas se extendieron por todo el país. A pesar de una represión muchas veces brutal, la desobediencia civil, hasta entonces restringida a entornos muy politizados, se convirtió en una práctica de masas. Miles de personas participaban en manifestaciones no comunicadas, cortaban carreteras y paraban desahucios poniendo sus cuerpos entre la policía y las personas a quienes querían echar de sus casas. Algunas de estas prácticas se normalizaron y siguen siendo parte del repertorio de movimientos como los sindicatos de vivienda.

    1. Arrastrar al cambio a los partidos políticos tradicionales

    El 15-M puso al descubierto las vergüenzas de las principales organizaciones de la democracia representativa española: los partidos políticos. En 2014, tres años después de la acampada de Sol, nacía Podemos, que hizo saltar por los aires la estructura de partidos surgida de la Transición. Poco después, daba el salto a la política estatal Ciudadanos, el “Podemos de derechas” reclamado por un banquero, y las candidaturas municipalistas impulsadas por Podemos y otros actores llegaban al poder en varias ciudades del país, incluidas Madrid y Barcelona. El bipartidismo había muerto. Además, la CUP y Bildu experimentaron un gran crecimiento en sus respectivos territorios durante esos años, relacionado con procesos propios como el movimiento independentista catalán, pero también con el nuevo clima político creado en todo el Estado desde 2011. El PSOE fue el partido más perjudicado por el mordisco electoral de la nueva política, lo que motivó el giro discursivo liderado por Pedro Sánchez contra el aparato de su partido. 

    1. Empoderar a la gente común

    La democracia española arrastraba desde el franquismo un déficit de participación ciudadana, motivado por la cultura política del miedo heredada de la dictadura y por un sistema institucional alérgico a la participación popular directa. El movimiento 15-M transformó rápida y profundamente la cultura política española, politizando a amplias capas de la población y convenciéndola de su capacidad de influir sobre las decisiones políticas. Al contrario de lo que defienden los partidarios del “cuanto peor, mejor”, uno de los principales motores de las movilizaciones sociales es la esperanza, la sensación de que se puede conseguir el futuro anhelado. Se ha hablado y escrito mucho de cómo el 15-M canalizó la indignación ciudadana, pero sobre todo consiguió expandir los límites de lo que se consideraba posible de una forma que no lo había hecho ningún movimiento social en décadas. Mientras en otros países –y en España en la actualidad– el descontento alimentaba la antipolítica, aquí nació un movimiento profundamente político, con propuestas ambiciosas de democratización de las estructuras políticas, sociales y económicas. 

    1. Llegar a todas partes

    El 15-M fue el primer movimiento social desde la Transición en llegar de forma duradera a ciudades y poblaciones medianas y pequeñas. Durante meses, se celebraron asambleas multitudinarias y manifestaciones en cientos de ciudades y pueblos. Además, fue un movimiento profundamente internacionalista. Tuvieron un papel muy importante las y los emigrantes españoles, expulsados del país por la crisis económica, y fueron constantes las referencias a otros movimientos similares en otros lugares del mundo. Las cientos de miles de personas que salieron a las calles a partir del 15 de mayo de 2011 eran muy conscientes de formar parte de una ola de movilizaciones que abarcaba a medio mundo. Había empezado con las Primaveras Árabes y siguió con el movimiento español, las protestas estudiantiles en Reino Unido y las históricas movilizaciones anti-austeridad en Grecia que precedieron la llegada al poder de Syriza. Poco después, el movimiento alcanzó a Estados Unidos, donde nació Occupy Wall Street, y a la plaza Taksim de Estambul. Todavía en 2016 se dejaba sentir la influencia internacional del 15-M con el surgimiento en Francia de Nuit Debout, un movimiento directamente inspirado por las acampadas ‘quinceemeras’.

    1. La era dorada de las redes sociales

    En 2011 las redes sociales no estaban tan extendidas como ahora, pero por primera vez sirvieron como medio de comunicación masivo para un movimiento social, rompiendo el monopolio de la información que tenía la prensa tradicional. Desde la primera acampada, se multiplicaron las cuentas de Twitter, Facebook y las webs del movimiento, que sirvieron para conectar a activistas de diversos lugares y también para transmitir un relato propio sobre las protestas. Por primera vez circularon de manera masiva vídeos de las agresiones policiales grabados por los propios manifestantes con sus móviles, convertidos en instrumentos para denunciar la represión policial. La madurez tecnológica de las redes sociales coincidió con un clima de desconfianza hacia los medios de comunicación tradicionales. Las redes sociales también fueron centrales en la expansión internacional del movimiento, de una manera que ahora sería más difícil por la fragmentación producida por los algoritmos, que cada vez encierran más al usuario en una burbuja informativa.

    Hace 10 años, el 15-M se enfrentó a un sistema político anquilosado, dominado por las élites e incapaz de dar respuesta a una ciudadanía castigada por la crisis (…)

    Ahora estamos ante una nueva situación política, con una ultraderecha fuerte y una profunda crisis sanitaria, económica y ambiental que nos recuerda la urgencia de transformar nuestra sociedad. La entrada de Podemos y candidaturas municipalistas como Barcelona en Comú en lugares de poder institucional ha tenido y sigue teniendo efectos importantísimos en la vida de las personas. Sin embargo, la política institucional no podrá impulsar por sí sola las profundas transformaciones que necesitamos para responder a la crisis ambiental, revertir las desigualdades y garantizar los derechos básicos de toda la población, como el derecho a la vivienda y a una renta suficiente. Solo unas movilizaciones tan potentes como las del 15-M o el movimiento feminista podrán vencer las resistencias de las élites a esta agenda política. Los derechos no se regalan, se conquistan combatiendo privilegios. (…)

     Sin nostalgias paralizantes, ojalá este aniversario sirva de aliciente para todas las personas que creemos que hay mucho que cambiar y que salir a la calle sigue siendo una herramienta política fundamental.

    Foto: El Viejo Topo
  •   Artículo de José Miguel CONTRERAS y Eva BAROJA  es (14-05-21): Diez años del 15M: la comunicación impone su poder en la vida política
     

    (…)También en el terreno de la comunicación política, el 15M tuvo un impacto espectacular. La importancia del fenómeno en este terreno tiene que ver con el hecho de que la llamada nueva política tiene como una de sus bases fundamentales la conversión de la comunicación en el elemento director de la estrategia partidista. Desde la década de los sesenta, los medios electrónicos habían ido ganando peso en el mundo de la política. Sin embargo, en estos últimos diez años su importancia ha pasado a ser abrumadora.

    Se calcula que, desde hace una década, se han promovido diferentes movimientos de protesta contra el sistema establecido, tras el impacto de la crisis económica de 2008, en alrededor de 90 países. Es evidente que este efecto imitador solo puede explicarse por el impacto creciente de los medios que en esta época empezaban a tener en internet un extraordinario desarrollo global. En 2004 había nacido Facebook en Cambridge (Massachusetts); en 2005, arranca YouTube en San Mateo (California); en 2006, comienza a operar Twitter en San Francisco (California). En 2011, las redes sociales se esparcen por todo el mundo e intercomunican a jóvenes de todo el planeta. Juntos, globalmente, comparten una revolución colectiva cuyo único precedente anterior habría que buscarlo en lo ocurrido en 1968.Si intentamos reunir algunos de los efectos que el 15M y otros movimientos similares provocaron en la comunicación política, podemos encontrar algunos especialmente trascendentes. Veamos algunos de ellos:


    1.Medios y redes sociales, el nuevo territorio de la polí
    tica. En estos últimos años hemos vivido una significativa transformación. Durante décadas anteriores se podía observar que los medios seguían la actividad política y su cobertura influía de vuelta en esa misma actividad. Este círculo se ha roto. La nueva política tiene en los medios su principal escenario de actuación. Los medios no es que reflejen la vida política. La realidad es que, ahora, esta se desarrolla dentro de los medios. Basta señalar un ejemplo enormemente significativo: los principales líderes políticos que han marcado estos años inician su carrera como participantes en tertulias televisivas. Pablo Iglesias, Pablo Casado, Isabel Díaz Ayuso, Albert Rivera o el propio Pedro Sánchez adquieren relevancia política en los platós de televisión. Las redes sociales se han convertido de forma prioritaria en la vía de comunicación dentro de las diferentes comunidades políticas. 

    2 La informalidad como etiqueta. En julio de 2011, el entonces presidente del Congreso, José Bono, reprochó públicamente al ministro de Industria, Miguel Sebastián, por acudir al Parlamento sin corbata. Hoy, la anécdota suena a broma. Desde que Podemos transformó el espacio político, no ha vuelto a verse a un líder que acuda a un mitin encorbatado. Los jeans y la camisa blanca remangada se ha convertido en el uniforme oficial de un político en campaña, sea de izquierdas o de la derecha más conservadora. En enero de 2016, la entrada de los diputados y diputadas de Podemos rompió con los formalismos arraigados durante décadas. La imagen de Carolina Bescansa con su bebé en el escaño se convirtió en símbolo de este proceso. La formalidad ha quedado relegada a los espacios institucionales. Fuera de ellos, la búsqueda de la cotidianeidad y la normalización es la norma.

    3 La renovación como exigencia. El 15M supuso la reivindicación de la necesidad de trazar una línea entre el pasado y el futuro. El impulso colectivo arrastró a la mayor parte de la sociedad a un imparable deseo de cambio a todos los niveles. El pasado se convirtió en paradigma del fracaso. La ilusión sólo aparecía si la mirada se fijaba en el futuro. Los partidos tradicionales se vieron obligados a seguir el camino marcado por el movimiento surgido en las plazas de toda España. Las fuerzas convencionales cayeron en una crisis de identidad. Solo han podido recuperarse en la medida en la que han asumido procesos de renovación internos frente a la resistencia de las estructuras asentadas en el poder hasta ese momento. Sin este impulso, por ejemplo, es imposible entender la llegada de Pedro Sánchez al PSOE o, incluso, la de Pablo Casado al PP.

    4 La antipolítica como emblema. Ha sido curiosa la importancia creciente que la antipolítica ha tenido dentro de la política. El 15M supone un golpe frontal a un modelo político que había fracasado como representativo de los derechos de los ciudadanos. La nueva política significa, en realidad, la aniquilación de la política tradicional. El «no nos representan» tiene sus consecuencias. Los outsiders de la política se han revalorizado en todo el mundo como las principales nuevas figuras políticas, sean de la ideología que sean. El caso más significativo de este proceso quizá sea la figura de Donald Trump, que llega a presidir Estados Unidos con un discurso basado en destruir la casta política que, en su opinión, había corrompido Washington desde que Ronald Reagan abandonara el poder a finales de los ochenta.

    5 Populismo y polarización. En todo el mundo, el concepto del populismo se extiende como referente en el mundo postmarxista. Figuras como la del filósofo argentino Ernesto Laclau sirven de referente ideológico para entender que el populismo implica la llegada real al poder de la voluntad popular. Sin embargo, el término ha sufrido un considerable deterioro con el transcurso del tiempo. El término «populismo» ha acabado por identificarse como la extensión de la demagogia, la falsedad, el oportunismo, la manipulación y la superficialidad. El lenguaje populista que se ha impuesto en el debate político implica el manifiesto intento de aprovecharse de la inocencia del pueblo para condicionar su juicio. En la práctica, las ideas y el discurso razonado han sido sustituidos por la difusión de mensajes emocionales que buscan despertar impulsos inmediatos basados en el miedo y alentadores de la confrontación y aniquilación del rival, transformado en enemigo. La polarización marca el debate público actual. 

    6 La diversidad como exigencia. El 15M y otros movimientos similares impulsan las reivindicaciones de minorías tradicionalmente castigadas por un modelo social homogeneizador y excluyente. El feminismo vive un proceso de incorporación a la agenda política imparable. Algo parecido ocurre con la quiebra de un sistema extremadamente homófobo que empieza a ser superado. La globalización también empieza a derribar barreras racistas que bloqueaban el acceso a la política de una sociedad multiétnica extendida en todo el mundo occidental. Hoy en día, es imposible entender grupos políticos que no asuman estos principios de forma abierta, aunque en ocasiones esconda una puro ejercicio de apariencia. Solo la ultraderecha se ha asentado frente a esta generalizada tendencia que le sirve como uno de sus principales soportes.
     
    7 Desideologización y volatilidad. Una de las características iniciales más poderosas de los movimientos de protesta surgidos hace una década es su transversalidad. Las ideologías partidistas tradicionales pierden su sentido y el eje que se impone bascula entre lo nuevo frente a lo viejo. Los partidos pierden su sentido original y atraviesan una significativa crisis existencial. La desideologización aumenta su peso en la sociedad durante estos años. Uno de los efectos derivados de este fenómeno es el crecimiento de la volatilidad en el voto de los ciudadanos. En los últimos años, puede apreciarse en Europa y también en España unos vaivenes continuos en la aparición, evolución, transformación o desaparición de diferentes partidos políticos.  Buena parte de la ciudadanía asume sin complejo alguno el cambio de posición en los procesos electorales. A la vez, también se observa un crecimiento de la incertidumbre que se suele extender hasta los últimos días antes de ir a las urnas.

  • Protestas Puerta del Sol Madrid mayo 2011

    Entrevista. El 15-M se reencuentra diez años después: «Seguimos indignados», EL PERIÓDICO (14-05-2021) reúne a AnnaCeciPatoAriadnaLlum y Joan Manel en el punto exacto donde se conocieron y empezó un movimiento multitudinario: el centro de la plaza de Catalunya de Barcelona. Hoy la única marea la forman las palomas, pero los activistas sostienen que la «magia» del 15-M sigue viva en los barrios y en un sinfín de movimientos sociales que Anna lleva anotados en una larga lista. Eso sí, al mencionar fenómenos como el de Podemos o los comuns’, surgen divergencias evidentes entre los que sostenían eso de «no nos representan».
    ¿Cómo fue posible esa explosión? Anna subraya que el movimiento estalló tras muchas luchas que ya se venían larvando. (…) «Al poder le cogió a contrapié, las primeras semanas, y el equipo de redes y comunicación era bestial». Anna recuerda cómo todo surgió en un evento en Facebook que convocó a una concentración a las nueve de la noche. (…) «Es la primera vez que escuché a la gente hablar de política», recuerda Ariadna. «Había un runrún tras la crisis de 2008, y la primavera y el hechizo de la plaza jugaron a favor», apunta Joan Manel. «La gente aprendió qué es activismo, qué es la democracia», recureda Ceci. También fue una moda, añade. Reviven con emoción la explosión de creatividad en las pancartas, en las convocatorias improvisadas y en los lemas, que impactaron en personas como Llum: «Yo no estaba en ningún movimiento, era autónoma, paga mis impuestos, hipoteca… Vi que algo se estaba moviendo, me sentía muy bien y vi que todo se podía cambiar, había mucha esperanza». Desde entonces, Llum ha hecho del activismo su vida. «Todo era sorprendente, nuevo», describe Joan Manel, recordando las asambleas con hasta 3.000 personas juntas usando el lenguaje de signos para comunicarse en silencio. El silencio de la plaza a rebosar les emociona a todos todavía al recordarlo.Y la plaza calló
    ¿Por qué se acabó la acampada? Según la mayoría de ellos, por la llegada de infiltrados para trolear las reuniones. También «se radicalizó bastante todo», recuerda Pato. Es conocido que las asambleas acabaron derivando a menudo en discusiones bizantinas y encontradicciones infinitas. Después, el surgimiento de partidos como Podemos o los ‘comuns’ generó, y genera, entre estos activistas muchas disputas. Para Anna, estos partidos dijeron: «Iros a casa que ahora lo haremos nosotros». Una parte de la gente se fue a estos partidos, admite Llum. Ceci añade que el procesismo’ independentista desdibujó al movimiento. Joan Manel responde a Anna: «Que los activistas pasen a la política es interesante porque entienden las dificultades del sistema, y los políticos han de bajar al activismo, es el paso que falta». El 15-M es heterogéneo, constata Pato, que es de la opinión de que la izquierda ha de estar siempre en la oposición. Y Lllum defiende que el 15-M hablaba más de anticapitalismo que de izquierdas o derechas.Una de las crisis más graves del 15-M fue el bloqueo del edificio del Parlament.
    Pero en eso todos están de acuerdo: se magnificaron los hechos para criminalizar al movimiento. «En el desalojo de la plaza sí se hostió a tutti quanti, las hostias reales fueron allí», se queja Joan Manel. El reencuentro de los indignados en la plaza coincide con el adiós de Pablo Iglesias a la política. «Estoy contenta con que Pablo haga política desde fuera de las instituciones», opina Ceci. Pato cree que Iglesias se autoproclamó continuador del 15-M. Anna carga contra los ‘comuns’ y Joan Manel le responde que «la CUP también tiene sus pecados» y admite que el surgimiento de los nuevos partidos ha debilitado al movimiento: «Que no haya mucha gente en la calle es un problema».¿Y donde está hoy el 15-M?
    Todos lo tienen claro: el 15-M ha servido para engordar los movimientos de los barrios, reivindicaciones como la de la vivienda digna. Ariadna pertenece al colectivo de Sarrià, que sigue enviando periódicamente ‘e-mails’ con todo tipo de convocatorias y recomendaciones. Anna tiene una lista de «cosas conseguidas por la lucha de todas las indignadas». Entre otras, la creación de la coordinadora laboral 15-M, las huelgas feministas, las mareas de sanidad y de vivienda, SOS Educació’ y ’15-M para Rato’, que logró la condena por las ‘tarjetas black’… Cada cual con su propia morfología, lógicamente.¿Es repetible ese estallido de hace 10 años? Todos constatan que la crisis avanza, que las ideas no han caducado y que «sigue viva una red contra toda la potencia del sistema. «Si no tienes sus recursos, es complicado», según Joan Manel. Otra cosa es que el activismo deba o pueda reproducir el formato de la acampada. «Ahora no es tan espectacular, es menos gente pero trabajando», describe Pato (…). 

    Asamblea fundacional de Podemos en Vista Alegre, en octubre de 2014. De izquierda a derecha: Carolina Bescansa, Luis Alegre, Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias. Iñigo Errejón y Tania González (foto: Benito Ordóñez)
  • Artículo de Enric Juliana. La Vanguardia (15-05-2021). Mayo, 15. Se cumplen diez años del movimiento de protesta conocido como 15-M. Se ha escrito tanto sobre el tema que poco queda por añadir. Quizá sea interesante subrayar el papel propulsor que tuvieron las imágenes de la protesta democrática egipcia en la plaza Tahrir de El Cairo, iniciada en enero del 2011 y desarrollada de manera intermitente hasta agosto de aquel año. Los realizadores de televisión norteamericanos apreciaron semejanzas entre las imágenes cenitales de la pequeña Puerta del Sol madrileña con las estampas de El Cairo. Dos realidades muy distintas, sin duda alguna, aunque España y Egipto no se hallan tan lejos para un productor de televisión de Estados Unidos. Algo se movía en un cuadrante del mundo enmarcado por el mar Mediterráneo. La intensa divulgación internacional de las imágenes de las plazas españolas dieron una mayor propulsión al movimiento. “Spanish revolution”, decían algunos medios de comunicación anglosajones. No fue una revolución, fue una movilización pacífica que ha dejado huella y que hoy, diez años después, presenta algunas ásperas paradojas. 
    -El 15-M no tuvo efectos políticos y electorales inmediatos. En las elecciones municipales y autonómicas de finales mayo del 2011, apenas se notaron los ecos de la protesta en la calle. Tampoco se apreciaron efectos en las elecciones generales de noviembre del 2011, que ganó el Partido Popular por mayoría absoluta, como consecuencia del hundimiento del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a causa de la crisis económica. A finales de año 2011, el movimiento 15-M parecía muerto y enterrado. 
    Los efectos políticos y electorales del 15-M empezaron a cristalizar en las elecciones europeas de mayo del 2014 y especialmente en las elecciones municipales de mayo del 2015 en las grandes ciudades, para irrumpir finalmente en el Congreso tras las elecciones generales de diciembre del 2015. Por primera vez, los dos partidos principales, PP y PSOE, no lograban sumar el 50% de los votos. Una nueva fuerza política llamada Podemos entraba en escena, a la que pronto se contrapondría Ciudadanos, como alternativa de renovación desde la derecha. Primera lección: la historia casi nunca discurre en línea recta y no se mueve al ritmo frenético de Twitter. Toda alteración del rumbo de los acontecimientos es siempre muy contradictoria. 
    Entre los diversos factores que condujeron a la abdicación del rey Juan Carlos en junio del 2014, figuraba la ola de protesta juvenil. 
    El 15-M también influyó en la fuerte eclosión del independentismo en Catalunya. Por un lado, provocó un reflejo de emulación (incluso en el lenguaje) en el movimiento independentista de base y al mismo tiempo generó un impulso defensivo en el grupo dirigente del nacionalismo catalán. Atemorizado por el giro a la izquierda que el 15-M podía provocar en Catalunya, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, no dudó en ponerse al frente del movimiento independentista, a modo de cortafuegos. Diez años después, la confusión política reina en Catalunya. 
    El 15-M modificó la sensibilidad social. Multiplicó, quizá de manera temporal, el rechazo político y moral a la corrupción. La palabra transparencia se puso de moda y no había congreso o acto social de cierto relieve sin una escenografía de debate en horizontal, a modo de ágora. Las administraciones empezaron a mostrar una cierta sensibilidad ante la problemática de los desahucios. La corbata aceleró su eclipse en el atuendo masculino, siguiendo la moda impuesta por los líderes del nuevo capitalismo norteamericano. Consultas y referendos internos empezaron a ser más frecuentes. Incluso el Partido Popular introdujo un sistema de primarias. 
    En términos políticos, el 15-M acabó moviendo al PSOE a la izquierda, para mayor desespero de sus antiguos dirigentes, mientras Podemos moderaba e incluso diluía algunas de sus exigencias iniciales, como el impago de la deuda externa. El actual gobierno de coalición en España es, en buena medida, fruto de ese corrimiento de posiciones.
     –Diez años después es temerario llegar a la conclusión de aquel ciclo se ha cerrado del todo, puesto que el país se halla ante una situación nueva e insólita. El cuadro político no puede considerarse estabilizado y el malestar social persiste, agravado ahora por los efectos de la epidemia. –Diez años después, las condiciones materiales de vida de los jóvenes no han mejorado. Al contrario, han empeorado: más paro juvenil, más precariedad laboral, más dificultades de acceso a la vivienda. La cuestión juvenil es hoy uno de los problemas más graves de España. Hace diez años surgió un movimiento de protesta de carácter regeneracionista que pedía una mejor democracia, apelando a los valores colectivos. En un futuro inmediato, el desengaño puede conducir a posiciones de desapego a la democracia y a un mayor individualismo. Empieza a haber claros síntomas de ello.

    Placa conmemorativa del 15-M en la Puerta del Sol de Madrid (foto: Jorge Paris)
  •  Artículo de Josep Ramoneda en El País (15-05-2021). Diez años del 15-M: De la doctrina al cuidado. En las Navidades de 2010, un veterano diplomático francés, Stéphane Hessel, publicó Indignez-vous, un libro que tuvo un inesperado éxito de ventas y dio nombre a la revuelta de los indignados que, en 2011, se propagó por toda Europa. En España, la fecha del 15-M, en que se convocaron manifestaciones en 58 ciudades y miles de manifestantes acamparon en la Puerta del Sol de Madrid, ha quedado como momento fundacional de aquella movida. En Barcelona, la plaza de Catalunya sería ocupada el 27 de mayo. Y el 15 de junio tendría lugar el cerco del Parlament. Eran los efectos de la crisis económica de 2008 que puso en evidencia los estragos de la revolución neoliberal y sus consecuencias demoledoras sobre las nuevas generaciones. El paro alcanzó en España el 21%. Y el 43% de los jóvenes no tenían acceso al trabajo. Se desmoronaba una sociedad sometida a control por la vía de la indiferencia en una cultura que pretendía reducir el ciudadano a simple sujeto económico. Se cerraba el ciclo abierto en 1979 con el acceso de Margaret Tatcher al poder en el Reino Unido y la publicación de La condición posmoderna de Jean François Lyotard.Aquellas movilizaciones hay que enmarcarlas por tanto en un contexto de crisis global, en el que se integran también fenómenos como las primaveras árabes que si fueron capaces de tumbar algún Gobierno, no han tenido, en general los efectos transformadores que se esperaban. En Europa, la izquierda griega (Syriza), llegada al poder en el momento más extremo de las medidas radicales de austeridad, fue literalmente asfixiada por la Unión Europea.En España, mientras los movimientos derivados del 15-M se mantuvieron al margen de la política institucional, aunque algunos poderes las veían con recelo, se asumieron como parte del paisaje social. La sorpresa llegó cuando ocurrió algo que no estaba en el guión: Podemos desafió a los partidos convencionales disputándoles el poder en el terreno electoral. En tiempo récord, irrumpieron en las elecciones europeas (2014), el mismo año en que el independentismo catalán dio el primer aldabonazo (consulta del 9-N), conquistaron importantes cuotas de poder municipal (2015), y llegaron al Gobierno de España (2020).Con alcaldías como las de Madrid y Barcelona, de la mano de Podemos y sus aliados, el activismo de la generación de la crisis 2008 tocaba poder, con un PP asfixiado por los casos de corrupción y un PSOE en crisis de relevo generacional. En vez de celebrar la capacidad de integración del sistema, los sectores conservadores pusieron a Podemos en el punto de mira. Predomina, no solo en el PP, sino también en el espacio socialista una concepción muy estrecha de la democracia, como un sistema corporativo en el que dos partidos tendrían el monopolio del poder y a los demás les correspondería un papel estrictamente decorativo o subalterno.

    De modo que la democracia no se valora por su capacidad inclusiva, sino todo lo contrario: por mantener a distancia a todo aquel que ose llamar a la puerta del bipolio del poder. Sólo la osadía —o el oportunismo táctico— de Sánchez ha roto este tabú. Y bien que se le está reclamando desde su propia casa que vuelva al orden establecido. Del sistema de intereses simple del capitalismo industrial hemos entrado en una fase más compleja en que es lógico que suenen voces muy distintas. Pero los poderosos son, por definición, partidarios de simplificar.

    Para gente formada en la cultura de la militancia y la contestación no fue fácil el tránsito: la distancia entre la doctrina y la vida, entre la promesa y la realidad exigía una adaptación que no todos supieron asumir. La coincidencia entre el décimo aniversario del 15-M y la salida de Iglesias de la política invita hablar de final de etapa. El 15-M puso en evidencia el anquilosamiento del régimen del 78, los estragos de la crisis y abrió una agenda de renovación, pero la dificultad (agravada por la pandemia) de afrontar los retos que ellos mismos se habían marcado fue degradando su imagen. Y, como ha ocurrido en otros países, la demagogia de la derecha reaccionaria ha arrastrado a sectores populares que parecía que debían ser sensibles a sus mensajes. Si la izquierda quiere sobrevivir al fin del ciclo abierto el 15-M ha de ser desde una cultura del cuidado y la atención, es decir, del trato a los ciudadanos como sujetos y no como súbditos, que es lo que distingue a la democracia del autoritarismo. Saber escuchar y pasar del adoctrinamiento al reconocimiento. Feminismo y ecologismo saben algo de ello.

    15M. El tiempo de las plazas. Ana Ramírez Blanc . Alianza Editorial, 2021
    Tras la indignación. Cristina Monge y otros (coord.). Gedisa, 2021
    El tiempo de la revuelta. Donatella Di Cesar . Siglo XXI, 2021
    Memorias y libelos del 15M. Ernesto Castro. Arpa, 2021
    Los invertebrados. Gastón Segura. Drácena, 2021

  •  

    Articulo de Joaquín ESTEFANÍA en “Babelia” de El País (15-05-21): ¡Hasta siempre, 15-M! Se cumplen 10 años del movimiento de los indignados, que tuvo en Madrid y Nueva York sus mayores exponentes. Numerosos libros examinan su legado … Tal día como hoy, tras una manifestación en vísperas de las elecciones municipales, empezó a acampar en la Puerta del Sol una multitud indignada con la “vieja política” que pedía “ya” democracia “real”. Han pasado 10 años y el panorama es muy diferente del de entonces, aunque sigue perviviendo un tic sociocultural más rocoso que el régimen del 78: las conmemoraciones. Con ese motivo, los editores han llenado las mesas de novedades de libros que analizan qué pasó en aquellos tiempos en los que gobernaba Zapatero, Rajoy se sentaba en la bancada de la oposición y España tenía un rey llamado Juan Carlos I. Joaquín Estefanía los ha leído y nos cuenta sus conclusiones. Entre ellas, esta: “Diez años después se puede decir que bastantes de las señales representativas del 15-M han repercutido de modo central en el espacio político y social, y han sido ondas expansivas en distintos aspectos de la vida pública. Ello no significa que alcanzaran sus objetivos finales. Ninguna revolución los consigue del todo. Movimientos como el 15-M, que fue apoyado por más del 80% de la población según las encuestas, alimentaron el optimismo de que era posible cambiar las cosas”. Los más hiperbólicos lo llamaron Spanish Revolution. ¿Cómo lo llamarían hoy? ¿Reforma? Cuentan que una vez preguntaron a Margaret Thatcher cuál había sido su mayor é Respuesta: Tony Blair. Siguiendo la misma lógica -y sin perder el sentido del humor- cabría decir que tal vez la herencia del 15-M tenga tres nombres obvios y otros que no lo son tanto. Los más obvios: Pablo Iglesias, Manuela Carmena, Ada Colau. Los menos: Pedro Sánchez, Pablo Casado, Felipe VI.

Portada: imagen de la Puerta del Sol la noche del 15 de mayo de 2011 (foto: Efe)

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

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