El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza
Conversación sobre la historia
La Transición se escribió en Andalucía con sangre joven, también. Javier Verdejo, estudiante de 19 años, fue asesinado por la Guardia Civil en 1976 mientras pintaba “Pan, Trabajo y Libertad” en una pared de Almería. Su muerte, envuelta en el silencio y las versiones oficiales dudosas, se convirtió en símbolo de la violencia policial durante la Transición. Decenios después, homenajes y testimonios siguen recordando a una generación de estudiantes y trabajadores que luchó por la democracia y los derechos de los ciudadanos en las calles. Un notable ejemplo de la labor de hacernos recordar es el relativamente reciente documental de Adolfo Dufour titulado “Las armas no borrarán tu sonrisa” (2024), en el que se nos muestran varios de los casos de la violencia de extrema derecha y la policial en aquellos años. Las investigaciones de historiadores especializados como David Ballester, Mariano Sánchez Soler y Sophie Baby identifican un patrón claro en los asesinatos que sufrieron aquellos jóvenes progresistas. El texto que presentamos de Enrique Tudela Vázquez nos da la oportunidad de conocer la historia de Javier Verdejo, uno de los casos más significativos de la cara menos contada de la Transición, la de la violencia del entramado franquista en las instituciones del Estado contra los más jóvenes para truncar el retorno de la democracia, una violencia que llegó hasta el extremo de hacerlos pagar con su vida el deseo de libertad.
Conversación sobre la historia
Enrique Tudela Vázquez
Universidad de Granada
etudelava@ugr.es
De todos los homenajes que a lo largo del tiempo se han dedicado a la memoria de Javier Verdejo Lucas (Almería, 1957-1976) el del pasado 8 de abril en Granada fue especial. Autoridades académicas, estudiantes, políticos, familiares y antiguos compañeros de militancia se dieron cita en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada (UGR) para recordar la figura de Javier, antiguo alumno de Biológicas en esa misma facultad, donde era delegado de curso y miembro de la comisión gestora de la Asociación Democrática de la Juventud. Las intervenciones se sucedieron, tal y como lo habían hecho décadas antes, aunque en circunstancias muy distintas, durante el primer homenaje que le pudieron brindar sus compañeros de la UGR al poco de comenzar el nuevo curso 1976-1977. En la tercera parte de la extensa obra La cara al viento. Estudiantes por las libertades democráticas (1965-1981), Alfonso Martínez Foronda e Isabel Rueda Castaño relatan que un 27 de octubre de 1976 “a pesar de la prohibición, se celebraría en la Facultad de Ciencias de Granada el acto homenaje que sus compañeros de facultad le tributarían, el Aula Magna, abarrotada de personas, según el informe de la DGS, contaría con las actuaciones de algunos Sindicatos Democráticos de Estudiantes de Jaén, Almería, Málaga, Córdoba y Cádiz, canciones del Manifiesto Canción del Sur y algunas otras en las que se criticó abiertamente la actuación de las FOP y la indiferencia de las parroquias y el Arzobispado de Granada que no habían accedido a que se le hiciere una Misa Funeral”. El recuerdo del único estudiante de la UGR asesinado durante la Transición permanece vivo, a pesar de que no exista en toda la universidad ningún espacio que honre su figura ni explique las circunstancias de su asesinato, algo que sería deseable que se llevara a cabo en algún momento.

Los hechos son conocidos y a la vez siguen envueltos en la confusión: el joven se encontraba junto a otros compañeros la medianoche del viernes 13 de agosto de 1976 realizando una pintada con el lema “Pan, Trabajo y Libertad” en el muro del ya desaparecido balneario de San Miguel, en la conocida playa del barrio del Zapillo de la capital almeriense. Al verse sorprendidos por una pareja de la Guardia Civil se dieron a la fuga. Javier quedó solo en su huida. Fue en ese momento cuando uno de los agentes abrió fuego con su subfusil Star modelo Z-62 de tal modo que una bala acabó con la vida de Javier Verdejo. La versión oficial facilitada por la Dirección General de la Guardia Civil dijo que el guardia tropezó en su persecución y que la muerte fue el resultado de un fatal accidente. Era el primer verano tras la muerte del dictador y las autoridades locales, comenzando por el gobernador civil de la provincia, el fiscal Roberto García-Calvo Montiel, se afanaron en tapar las responsabilidades por el crimen. Pese a la citación en el juzgado militar para que prestara declaración todo aquél que pudiera aportar algún dato, el temor a represalias hizo que nadie informara de lo sucedido y las diligencias se archivaron por falta de pruebas. La comisión investigadora independiente creada por la Asociación Democrática de la Juventud con el apoyo de periodistas y abogados laboralistas tampoco pudo esclarecer la verdad del crimen. Adolfo Suarez veranaba en ese momento en el cercano Cabo de Gata, tras haber sido nombrado presidente de Gobierno el mes anterior. La transición española comenzaba de forma oficial y se puso especial empeño en evitar por todos los medios que la muerte del joven se convirtiera en el detonante de una oleada de movilizaciones. Pero la respuesta local no se hizo esperar. En un contexto en el que las asociaciones de vecinos bullían en los barrios de Almería y se estaban gestando las famosas huelgas de pescadores de 1976 y comienzos de 1977, la sociedad almeriense demostró una amplia capacidad movilizadora cargada de indignación.
A través de las crónicas publicadas en la prensa de la época, David Ballester describe en su obra Las otras víctimas. La violencia policial durante la Transición (1975-1982), análisis riguroso de unas 134 víctimas de la violencia policial durante la Transición, que precisamente el entierro de Javier Verdejo se produjo en mitad de “un ambiente cargado de tensión y rabia contenida”. Era la tarde del sábado 14 de agosto y en la Iglesia de San Pedro Apóstol se habían congregado más de dos mil personas. “Durante su celebración” relata Ballester “la Guardia Civil permaneció acuartelada. El alcalde de la ciudad y el presidente de la Diputación Provincial estuvieron presentes, mientras muchos de los asistentes, especialmente los jóvenes, llevaban un brazalete negro o claveles rojos. El acto transcurrió sin que hubiera homilía, y cuando a su finalización el «sacerdote obrero» Alfonso Solá intentó tomar la palabra, «tres sacerdotes se arrojaron inmediatamente sobre él» impidiéndoselo, mientras los asistentes coreaban «el pueblo unido jamás será vencido». A su finalización, se produjeron momentos de una extraordinaria tensión (…) El motivo fue la pugna entre la familia y los compañeros de militancia de Javier Verdejo respecto a cómo había de proceder el cortejo fúnebre. Finalmente estos sacaron el féretro del coche fúnebre al grito de «Si España olvida, está perdida», y lo cargaron sobre sus hombros (…) A continuación, emprendieron el camino hasta el cementerio de San José, a más de tres kilómetros, recogiendo durante el trayecto los aplausos y muestras de apoyo que les llegaban desde ventanas y balcones, mientras se gritaban consignas como «Javier, hermano, nosotros no olvidamos», «vosotros, fascistas, sois los terroristas» y «pan, trabajo y libertad», entre otras (…) Una vez a las puertas del camposanto, la policía intervino para que se entregara el féretro a la familia, y por su petición expresa, la policía impidió la entrada del público al recinto. Mientras se producía su inhumación en la intimidad, en el exterior tomaron la palabra representantes de diversas organizaciones políticas.” La fotografía de José Juan Mullor que retrata aquella comitiva fúnebre es un impresionante testimonio de un momento crucial en la historia de la transición andaluza. Fernando Martínez López, secretario de Estado de Memoria Democrática, participante en el homenaje del pasado 8 de abril en Granada junto al también historiador almeriense Rafael Quirosa-Cheyrouze y testigo de aquella época, recordaba en Crónica de un sueño. Memoria de la Transición democrática en Almería que las organizaciones clandestinas de la izquierda almeriense declararon el 18 de agosto un día de lucha por la muerte de Javier. Para evitarlo, la Guardia Civil estableció controles en los puntos de acceso a la ciudad y practicó numerosas detenciones. La exposición que con motivo de los actos de homenaje a Javier Verdejo se instaló este mes de abril de 2026 en el vestíbulo de la Facultad de Ciencias de la UGR, dedicaba varios de sus paneles a evocar las multitudinarias movilizaciones de protesta protagonizadas por jóvenes que se sucedieron en prácticamente todo el Estado español.

Javier tenía 19 años cuando fue abatido por esa bala. Era el quinto de los ocho hijos de Elisa Lucas Martínez y Guillermo Verdejo Vivas, conocido farmacéutico y político local que había ocupado diversos cargos en el consistorio almeriense, llegando a ser alcalde de la ciudad entre 1965 y 1969. Casi cinco décadas más tarde, dos de las hermanas de Javier tomaron la palabra en el acto del 8 de abril de Granada para agradecer el homenaje y lamentar a la vez el hecho de que históricamente se haya señalado a la familia Verdejo Lucas como cómplice del crimen, por avalar en su día la versión oficial de los hechos y no exigir justicia. Sus intervenciones aludieron al terrible dolor vivido con la muerte de su hermano, sumado al trato injusto que afirmaron haber recibido por parte de muchos de los relatos históricos elaborados sobre esos días. “Nadie reconoce que nuestros padres”, afirmaron, “se negaron a denunciar a quienes arrebataron el féretro a nuestros familiares y lo llevaron a hombros hasta el cementerio el día del entierro, a pesar de que fueron presionados para hacerlo”. Ambas evocaron con cariño a un Javier Verdejo ecologista y amante de la naturaleza, aquel de quien un amigo cercano dijo, en un comentario que en su día juzgaron intempestivo pero que hoy recordaban cargado de amor, que a Javier le hubiera encantado conocer la saga de La Guerra de las Galaxias estrenada el otoño del año siguiente a su muerte.
El acto fue llegando a su fin tras numerosas intervenciones y culminó con unas actuaciones musicales cargadas de emoción. Algunos miembros del grupo Gente del Pueblo, llegados desde Morón de la Frontera junto a una nutrida delegación sevillana y emblema de la música vinculada a las luchas sociales andaluzas desde finales de la década de 1970 entonaron su tema “Pan, (T…rabajo y Libertad”, una canción dedicada a varias víctimas de la sangrienta transición española que fue incluida en su primer álbum Sevillanas democráticas, publicado en 1977: “Por las playas de Almería, nacieron claveles frescos, sembraos con la semilla, del joven Javier Verdejo”. Por último, el destacado cantante y compositor granadino Raúl Alcover entabló desde el escenario un diálogo imaginario con Javier Verdejo al tiempo que encadenaba fragmentos de conocidos temas de Carlos Cano, Silvio Rodríguez, Víctor Jara y muchos otros autores. La banda sonora de toda una época volvió a retumbar en las paredes del Aula Magna de la facultad de Ciencias. Sin duda un hermoso homenaje a Javier y a toda su generación, la de aquellos jóvenes que vieron, en palabras del historiador Pau Casanellas, “Morir matando” a la dictadura de Franco. Es decir, todos los que trabajaban, comenzaron una carrera universitaria o ya estaban estudiando en la UGR el otoño que falleció el dictador, quienes militaron o no en alguna de las organizaciones surgidas a la izquierda del PCE, pegaron carteles, lanzaron octavillas, se manifestaron ilegalmente en las calles de Granada o acudieron al primer homenaje a García Lorca “el 5 a las 5” en junio de aquel 1976.

Juan Antonio Peinado Marfil, conocido como Juan Planta, compartió en su libro testimonio de esa época Arremangadas 6 la experiencia de un sector de aquellos estudiantes de la UGR de la segunda mitad de la década de 1970: “En la universidad sentíamos que éramos participes de algo grande, algo que iba más allá de las aulas y los exámenes. La universidad se convirtió en un espacio de debate político y social donde nos reuníamos para discutir ideas y aspiraciones para el futuro de nuestro país (…) Recuerdo con especial cariño la sensación de unidad y solidaridad que se experimentaba en aquellos momentos. Las conversaciones en las aulas se convertían en acciones en las calles y trabajábamos para lograr un futuro mejor”. Esa Granada rebelde que había sido aplastada por la sangrienta represión de la huelga de la construcción del verano de 1970, se nutría nuevamente del entusiasmo y la entrega de una nueva juventud más combativa, reforzada por numerosas personas que llegaban a ella a estudiar desde todos los rincones de Andalucía y de España. Para aquellos estudiantes fueron años marcados por dobles militancias, tanto en organizaciones estudiantiles como en movimientos políticos, años de huelgas, manifestaciones y encierros. Aquel era el mundo que habitaba Javier Verdejo, militante de la Joven Guardia Roja y que pocos meses antes había sido detenido en la ciudad donde estudiaba cuando colocaba carteles en el polígono de Cartuja. La Granada efervescente a donde esperaba volver cuando acabara aquel verano de 1976 y comenzara nuevamente el curso académico.
La hornada de Javier Verdejo es también la de quienes conectaron con “el largo 68” de la generación anterior y se dieron de bruces, en muchos casos, con los límites de una ruptura democrática que nunca se produjo. Como los definió German Labrador en su trabajo Culpables por la literatura. Imaginación política y contracultura en la transición española (1968-1986): “Son los jóvenes de 1977, quienes, como adolescentes, creyeron ver en la generación anterior un modelo de conducta y compromiso. Cuando sus hermanos mayores claudiquen y se desdigan en aras del consenso, adoptarán un escepticismo radical por toda consigna y abandonarán las grandes ideologías a favor de proyectos artísticos y políticos concretos, pensados desde la creación de lazos personales y desde la autonomía”. Javier Verdejo no tuvo tiempo de llegar a vivir ese desencanto. La consigna que estaba pintando la noche que fue abatido en las playas de Almería era la que proclamaba el Partido de los Trabajadores de Andalucía, en cuyas juventudes militaba con disciplinada convicción.

Resulta inevitable comparar la muerte de Javier Verdejo en Almería con la Manuel José García Caparrós en Málaga menos de un año y medio más tarde. Ambos tenían casi la misma edad y fueron víctimas de los excesos de las fuerzas de orden público. Como también lo fueron Ángel Almazán o Mari Luz Nájera, Carlos Martínez González o Fulgencio Egea, Begoña Menchaca o Josu Zabala. Todos ellos y ellas murieron en el transcurso de distintas protestas y manifestaciones en las calles de Andalucía, Madrid, de Euskadi y Valencia entre mediados de 1976 y comienzos de 1977. Los mataron a tiros o a golpes, por el impacto mortal de botes de humo y balas de goma disparados en manifestaciones o, como le pasó al adolescente onubense Juan Manuel Iglesias Sánchez, por un infarto que lo fulminó huyendo de una brutal carga policial en Sestao el 9 de enero de 1977. Sus asesinos fueron policías, guardias civiles o miembros de grupos de extrema derecha que actuaban en connivencia con las fuerzas del orden, con los que frecuentemente les unían lazos de amistad. A parte de esos asesinatos, muchas otras personas sufrieron lesiones irreversibles o fueron torturadas en comisarías y casas cuartel. Repasando los listados que hay en las obras especializadas, el número de heridos graves que provocó toda la violencia policial o parapolicial desatada en las manifestaciones de la primera etapa de la Transición es muy alto. Las cifras se disparan si sumamos en aquellos meses las víctimas por “gatillo fácil” de la policía y la Guardia Civil. Excesos policiales de todo tipo, con o sin contexto político. Aparecen entonces nombres como el de Javier Verdejo o Bartolomé Díaz, de Tenerife, Carlos Hernández, de Madrid y tantos otros, a quienes las fuerzas armadas afirmaron haber confundido con delincuentes o simplemente asesinaron en el transcurso de discusiones.
De todas las muertes que hubo en esos pocos meses llama la atención su juventud. Salvo escasas excepciones, prácticamente ninguno de los muertos había alcanzado el límite que determinaba entonces la mayoría de edad. De hecho, casi la mitad de las víctimas mortales policiales que hubo en toda la transición, de 1976 a 1982, tenía entre catorce y veintiún años. Las circunstancias de sus muertes fueron y son por lo general menos conocidas que las de otros casos más célebres sucedidos en fechas similares, como los cinco muertos de Vitoria el 3 de marzo de 1976 y los dos que hubo en protestas posteriores por esos sucesos en Basauri y Tarragona, los dos muertos en Montejurra el 9 de mayo de ese año o las cinco personas que fueron asesinadas en el despacho de la madrileña calle Atocha el 24 de enero de 1977. Las suyas fueron muertes solitarias, individuales. Da la sensación de que fueron cazados, que iban a por ellos y a la vez no. Podían haber sido otras personas, pero les tocó a ellas porque eran quienes estaban allí en ese momento. Eso es lo que le pasó a Javier Verdejo y es lo que sugiere evidentes conexiones con el famoso Caso Almería, el terrible asesinato de tres jóvenes a manos de agentes de la Guardia Civil sucedido en 1981. La Transición se abrió y cerró en Almería con sangre.

En su trabajo sobre la violencia política El mito de la transición pacífica. Violencia y política en España (1975-1982), Sophie Baby señaló que el desfase entre las expectativas de cambio y una política de mantenimiento del orden público que todavía arrastraba la herencia del régimen franquista provocó un enorme sentimiento de incomprensión y frustración en el contexto de la muerte de Javier Verdejo y de tantos otros crímenes sucedidos al comienzo de la transición española. Como sabemos, la losa del olvido cayó sobre la mayoría de estos casos a partir de mediados de la década de 1980, mientras cristalizaba el mito de un cambio de régimen ejemplar, sucedido sin apenas derramamiento de sangre. Hoy sabemos que no fue así y a medida que puedan ir surgiendo nuevos trabajos, esperemos que con la pronta consecución del acceso a la documentación histórica custodiada en el Archivo General del Ministerio del Interior que está reclamando actualmente la comunidad investigadora (archivos-abiertos.org/), sabremos mucho más sobre lo sucedido, por ejemplo, aquella la medianoche del 13 de agosto de 1976 en las playas del Zapillo almeriense. Mientras tanto, es necesario seguir promoviendo acciones que permitan honrar la memoria de aquellos jóvenes, estudiantes y trabajadores que tan caro pagaron su compromiso. En palabras de Javier Almazán, miembro del Colectivo por los Olvidados de la Transición y hermano de Ángel Almazán, un chico de dieciocho años que se manifestaba en Madrid pidiendo la abstención para el referéndum por la Ley de Reforma Política convocado 15 de diciembre de 1976 y a quien unos policías propiciaron una paliza mortal ese mismo día: “La transición tuvo esta trastienda de muerte que llenaron personas como mi hermano, que luchaba por derechos que hoy están fuera de toda duda. Eran unos niños, unos niños valientes”. Hagamos lo posible por conocerlos y recordarlos, seguro que a Javier Verdejo y a todos ellos y ellas les hubiera gustado no ser olvidados.

Referencias
Baby, S. (2018) El mito de la transición pacífica. Violencia y política en España (1975-1982), Madrid, Akal.
Ballester, D. (2022) Las otras víctimas. La violencia policial durante la Transición (1975-1982), Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza.
Fernández Amador, M. y Quirosa-Cheyrouze y Muñoz, R. (eds.) (2024) La lucha por una vida mejor. Los inicios del movimiento vecinal en Almería, Madrid, Sílex.
González Alcantud, J.A. (2026) Teoría de Granada, Córdoba, Almuzara.
Labrador, G. (2017) Culpables por la literatura. Imaginación política y contracultura en la transición española (1968-1986), Madrid, Akal.
Mellado, J.D. (ed.) (2005) Crónica de un sueño. Memoria de la Transición democrática en Almería, Málaga, C&T Editores.
Martínez Foronda, A (coord.) (2012) La cara al viento. Estudiantes por las libertades democráticas (1965-1981), Córdoba, Páramo y Fundación de Estudios Sindicales – Archivo Histórico de CC.OO-A.
Peinado Marfil, J.A. (2024) Arremangadas 6, Granada, Esdrújula Ediciones.
Tudela Vázquez, E. (2010) Nuestro pan. La huelga del 70, Granada, Comares.
Fuente: Conversación sobre la historia
Portada: Javier Verdejo Lucas (detalle de la foto publicada en http://www.pte-jgre.com/homenajes/In%20Memoriam%20Javier%20Verdejo.html)
Ilustraciones: Enrique Tudela Vázquez y Conversación sobre la historia
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