Iván Gil
Redactor de El Confidencial

 

Las fuerzas de seguridad alertan en informes internos sobre un otoño caliente de movilizaciones, la demoscopia señala una creciente desafección hacia los políticos y partidos (la mitad de los encuestados por el CIS lo señalan como el principal problema del país) y la crisis económica se asocia históricamente a una mayor contestación social. Las encuestas de consumo señalan también la creciente falta de expectativas. El caldo de cultivo está ahí, pero no hay todavía suficientes certezas para discernir qué expresiones y qué alcance podría tomar el descontento o qué movimientos y partidos podrían capitalizarlo y cómo. Ahora, todas las miradas se dirigen a los extremos, a la antipolítica y a la oposición conservadora, que adopta una táctica que algunos analistas denominan «proceso de venezuelización».

La pulsión destituyente de Colón: pancarta contra Pedro Sánchez durante una protesta en el barrio de Salamanca (foto: Efe)

Desde FAES, el ‘think tank’ liderado por el expresidente José María Aznar, avisaban en un argumentario difundido esta semana, coincidiendo con las protestas en el madrileño barrio de Salamanca, que «la prórroga del estado de alarma hasta el 30 de junio solo tiene una motivación real en el Gobierno, a saber, llegar al verano con la calle controlada y hacer del calor y de la pausa parlamentaria la parada de posta desde la que afrontar el otoño del descontento que se divisa«. Pulsión destituyente de Colón con la mirada puesta en el ciclo de movilizaciones 2004-2008 contra el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. No en vano, el líder del PP Pablo Casado aprovechaba su intervención en la última sesión de control al Gobierno para sacudir el fantasma de Zapatero.

Los analistas coinciden en señalar que todo dependerá de los carriles que ponga ahora el Ejecutivo para aliviar los efectos de la crisis y, en último término, de la repuesta que se cocine en Europa, con condiciones a los países del sur más o menos estrictas. Vuelve a la agenda política el «rescate». Que haya o no nuevos rebrotes del virus y, por ende, nuevos confinamientos y hasta qué punto crecerá la desafección, sobre todo entre los jóvenes, determinarán el alcance y la orientación de la contestación social, que según las bases actuales se orientaría más a un 15-M invertido, una suerte de «chalecos amarillos» a la española y una microfísica del descontento, nihilista, «tipo Joker». Polarización y desafección, el caldo de cultivo.

La desafección viene de atrás y ahora, como ocurre con las crisis, todo se acelera. «Venimos de un contexto de crisis profunda, prolongada en el tiempo, de malestar hacia la política. El proceso de formación de Gobierno supuso un desgaste, los españoles son más pesimistas y tenemos señales bajo la superficie, pero los estallidos sociales no son fácilmente predecibles, como ocurrió con las movilizaciones del campo. Puede haber un malestar larvado que dependerá de que se canalice o no de manera institucional«, explica el politólogo de la Universidad Carlos III y comentarista político, Pablo Simón. En su opinión, «una crisis económica es condición necesaria pero no suficiente para generar un estallido social o un cambio en la oferta política. Va a depender mucho de lo que hagan ahora los políticos, por eso es tan importante la discusión en la UE. Ahora se están poniendo los rieles para la contestación de los próximos años«.

El emblemático edificio Huarte (Felipe Heredero, 1952-1957), construido en el Paseo de La Habana por la empresa adjudicataria de la obra del Valle de los Caídos, luce una pancarta de inspiración orwelliana  diseñada por el influencer Alvise Pérez (Luis Pérez), antes asesor de Ciudadanos, utilizando la fotografía de Pedro Sánchez (obra de Carlos Spottorno) empleada en la campaña del PSOE de abril de 2019  (foto: rebelionenlagranja.com)

Para Daniel Innerarity, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco y director del Instituto de Gobernanza Democrática, «es evidente que una crisis sanitaria de esta envergadura implica otras crisis: social, económica y política. Todo dependerá mucho de cómo se resuelvan ahora las cosas a nivel político y si hay nuevos rebrotes o no«. En lo que más pone el foco es el nivel de confianza de la sociedad en sus representantes políticos, «que está bajo mínimos«. Un factor que alimenta los estallidos sociales y que, añade, se agrava porque «se han acelerado mucho los tiempos. Ya no es época de turnismo y ahora los líderes políticos están con su última bala y se lo juegan todo a una sola carta con una intensidad brutal«.

Una dinámica que califica de «perversa», no tanto social sino de los propios agentes políticos. Así, explica que «Sánchez ve que esta es su oportunidad para afianzar su liderazgo, que lo tenía cogido con alfileres; Casado siente ansiedad por aprovechar la situación con un vuelco en el Gobierno y Abascal, que vive de la rabia y el sentimiento de frustración,» buscaría también su rédito. Los agentes políticos tendrían por tanto mucho que decir a la hora de capitalizar o incluso conducir la contestación social, lo que se agravaría porque «en la memoria de este país está la idea de que tanto la llegada del PSOE al poder como la salida tuvieron que ver con situaciones traumáticas. Incluso la derecha interpreta ahora que la investidura fue una especie de maniobra oscura y se tiene la idea de que aquí por vía ordinaria no hay quien cambie nada, se confían en que la naturaleza te eche una mano«.

El filósofo y director de la Fundación Juan March, Javier Gomá, cree que hay indicios de que el descontento, paradójicamente, trabajará en favor del sistema y propiciará una cierta vuelta al bipartidismo. Si la crisis económica anterior «produjo el movimiento antisistema de Podemos» y la crisis catalana y su declaración unilateral de independencia «produjo el movimiento antisistema de Vox«, para el autor de la ‘Tetralogía de la ejemplaridad’ ahora podría producirse «una nostalgia de una autoridad fuerte, institucional, con experiencia, capaz de gestionar la sanidad, el ejército, la seguridad social, el Estado de bienestar en su conjunto con la variedad de sus resortes, y eso se concreta en los dos partidos de la alternancia histórica en el poder, dejando a un lado por un tiempo los partidos radicales o experimentales«.

Los Peones Negros, un precedente de las actuales movilizaciones antigubernamentales (foto: Vozpopuli.es)

Sobre la creciente polarización, lanza una reflexión a propósito de los nuevos modelos de negocio de la prensa que apuntan a que seguirá creciendo: «Hay otro factor indirecto que no suele tomarse en consideración. Los muros que han levantado (con muy buenas razones) las versiones digitales de los periódicos antes de acceso gratuito. No solo los columnistas, antes muy influyentes, ven reducida vertiginosamente su influencia social, sin webs y sin redes sociales que divulguen sus artículos a todo el mundo; es que si antes uno podía curiosear las opiniones ajenas en periódicos de ideario contrario, ahora no lo hará y buscará en los suyos la confirmación de sus posiciones y prejuicios, alimentados por los medios que son afines. Se pierde la pluralidad de fuentes en la formación de la opinión pública y esta se divide y polariza. En esa polarización suele prevalecer el pensamiento binario amigo/enemigo y el binarismo aboca a un bipartidismo también«.

Un paradigma que circunscribe al terreno político porque en el social, explica, se siguen otras leyes «y los sentimientos y las costumbres bien pueden ser diferentes, emancipados de la confrontación de la política, y mucho más abierto al aprendizaje a largo plazo y a un lento progreso moral colectivo«. Con todo, apunta que «el dolor radicaliza las opiniones porque las hace vehementes y potencialmente violentas«.

El investigador de la Universidad Complutense y experto en derecha radical europea, Guillermo Fernández, no cree que se den las condiciones para un estallido social con conflictividad en las calles en el corto plazo, pero sí que la derecha y, sobre todo, la extrema derecha, arrancarán el otoño con un ciclo de movilizaciones como el de 2004-2008. La novedad aquí es que tendremos una judicialización de la gestión de la pandemia en el que tendrán cierto protagonismo las asociaciones de víctimas del covid-19 con clara influencia de la derecha o colegios de médicos conservadores que denunciarán al Gobierno.

La vía judicial: captura de pantalla de la web de la Plataforma de afectados por el covid-19 de la Comunidad de Madrid

Unas movilizaciones teledirigidas a nivel político y mediático, por lo que ve menos factible que la conflictividad venga del desempleo o «de las colas del hambre», principalmente si hay una respuesta social desde la UE. El cuadro sobre la conflictividad que dibuja tendría así colores que vendrán «más de la derecha, que tratará de desgastar al Gobierno desde el frente judicial y el de la calle«, concluye el autor de ‘¿Qué hacer con la extrema derecha en Europa?: El caso del Frente Nacional’.

Nihilismo, Joker y la generación maldita

El profesor de Teoría Política y miembro del ‘think tank’ Instituto de Estudios Culturales y Cambio Social‏, Jorge Lago, rehúye de las lecturas mecanicistas y entiende que el escenario está muy abierto. En su opinión, la contestación podría coger forma en tres expresiones diferentes. «La disyuntiva es si la reacción va a ser más bien tipo años 30, con una cierta fascistización; si será más reivindicativa, tipo años 60 y 70 o si toma una forma nihilista, ‘antistablisment’, incapaz de entroncar con un movimiento más amplio«. En su opinión, podría predominar esta última posibilidad, al entender que es más factible «una explosión del descontento tipo Joker, más nihilista».

Con todo, Lago insiste en que los escenarios están muy abiertos y todavía sin definir, lo cual dependerá, dice, de las medidas que tome ahora el Gobierno. «Si se sigue una lógica socialdemócrata clásica, de dar ayudas segmentando a la población, como abriendo una ventanilla para cada afectado, será difícil que se construya unidad por abajo. Las expresiones de descontento serían más radicales y minoritarias, quizá nihilistas, ya sean de lógica de derechas o de izquierda. La base social del Gobierno se alejaría. Por el contrario, si se desarrollan medidas más universales, no segmentando tanto en función de necesidades puntuales, el escenario sería distinto«. En resumen, según concluye se producirá polarización y desafección pero sin capacidad de articulación y quizá con algunos episodios violentos, lo que denomina «una microfísica del descontento no articulado«.

Las nuevas generaciones son para muchos de los analistas consultados uno de los agentes políticos en los que más habría que poner el foco. Los que salen ahora al mercado laboral y los que se han visto atrapados entre esta crisis y la anterior. No en vano, la mitad del empleo que se lleva ya destruido corresponde a menores de 35 años. Precariedad, inestabilidad y falta de expectativas forman un cóctel explosivo. Pablo Simón alerta que «nuestro sistema no cuenta con contrafuertes generacionales» y señala que la quiebra de expectativas y la material van de la mano. Esto podría explicar que Vox capitalice parte del voto joven, «que se siente más fuera del sistema, más damnificados y sin mecanismos para ayudarles. En general, el malestar está más larvado entre ellos«.

Cañas por España: Vox interactuando con el electorado juvenil (foto: Manuel Viejo/El País)

De ahí que no se descarta una suerte de 15-M invertido, con rasgos más orientados al populismo de derecha radical. «No sería extraño«, explica Simón, asumiendo que era una anomalía de los jóvenes españoles, en comparación con otros países europeos, que no se echasen en brazos de la extrema derecha. Sobre todo aquellos que veían en Ciudadanos una salida, de perspectiva más liberal, pero que ahora votarían contra de sus padres, añade. «Esto les puede servir para capitalizar el voto, aunque Vox parece que se apoya más en que le vaya mal al PP«.

Innerarity comparte que esta crisis rompe el contrato generacional. También la reacción a ella, pues que se orienta más a proteger a los mayores y a las pensiones, pero sin ayudas a los jóvenes, lo que genera «un antagonismo preocupante«. Se refiere a una «generación maldita» a la que cabalgará entre dos grandes crisis, pero duda de que se pueda articular políticamente.

Javier Gomá sí advierte de que «si el virus sigue condicionando la actividad económica y social mucho tiempo y la crisis económica se prolonga mucho tiempo, el descontento de la juventud será muy hondo«. Y lo desarrolla: «Sabemos cómo ha empezado la crisis pero no sabemos cómo terminará. Sabemos que el virus se ha ensañado con los mayores de 70 años y sobre todo con los hombres más que con las mujeres. Es decir, la crisis sanitaria ha preservado a los jóvenes. Pero es muy posible que en la crisis económica ocurra lo contrario: se preserven las pensiones de los mayores pero los jóvenes encuentren muchas dificultades para obtener un trabajo«.

Las pensiones del presente aun tienen quien las defienda. ¿Y las del futuro? Manifestación de pensionistas en Bilbao, verano de 2019 (foto: Miguel Toña/Efe)

A pesar de todo, cree que es previsible que «la voz de los jóvenes se confundirá en el coro de voces de protesta de casi la totalidad de sectores económicos y profesionales» y descarta una renovación tipo 15-M, «alentado por la extrema izquierda«, debido al freno que representaría para ello el hecho de que «el gobierno ahora lo compone una alianza entre la izquierda y la extrema izquierda«.

El propio vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, reconocía este jueves durante su intervención en la comisión de Derechos Sociales del Senado que los jóvenes constituyen, en la actualidad, el colectivo de mayor riesgo de pobreza y exclusión social. «Los primeros datos de esta crisis también muestran que el deterioro de las condiciones laborales afecta de forma comparativamente más acusada a los jóvenes: durante el pasado mes de marzo, por ejemplo, la mitad de la destrucción de empleo ha afectado a personas de menos de 35 años. La juventud es un sector de población de menor riesgo sanitario que otros colectivos en este contexto, pero de alta vulnerabilidad socioeconómica. Y esto también perjudica la solidaridad intergeneracional. Porque la mejor manera de garantizar las pensiones es que los trabajadores jóvenes tengan unas condiciones laborales y unos salarios dignos«, afirmaba.

Ni independentismo ni obrerismo

El sociólogo y analista político, Salvador Cardús, también duda de una respuesta netamente juvenil. A través de una entrevista vía WhatsApp responde: «No la ha habido después de la crisis del 2008… Además, los jóvenes son los que pueden adaptarse mejor a algunos cambios —si los hay— en los supuestamente «nuevos» estilos de vida. Antes, para salir a la calle, está la gente que entra en la jubilación y con necesidad de más cuidados médicos, o la generación que no pueda cambiar fácilmente de trabajo por falta de formación«.

Pero Cardús descarta también un nuevo ciclo de movilizaciones independentistas, como las que se agudizaron las la crisis de 2008. «En cuanto al independentismo, no creo que se vea afectado por el covid-19. Entró desconcertado —y encarcelado— en la pandemia y va a salir igual mientras no se reorganicen los liderazgos sociales y se entre en un nuevo ciclo político con nuevos o iguales equilibrios de partidos. Ha demostrado de sobra que está ahí, también, para quedarse y que va sufrir pequeños vaivenes según sea la respuesta por parte del gobierno español. En toda la crisis sanitaria el gobierno actual se ha mantenido en el plano de la reivindicación de su capacidad de decisión, de la que ya tenía y se le retiró, es decir, de reivindicación autonómica, y solo ha tuvo un breve «desliz» independentista —ampliamente exagerado— que corrigió inmediatamente. El distanciamiento social —del estado de alarma— es un gran obstáculo para un movimiento de masas como este. Con la «nueva normalidad» reaparecerá el independentismo de siempre. Quizás algo más reforzado, pero dependerá de cómo acabe todo«.

El referente venezolano: Pablo Casado en una manifestación contra el gobierno de Nicolás Maduro en Madrid, enero de 2019 (foto: Efe)

Si Cardús no ve una capitalización del independentismo, Lago también lo descarta a nivel obrero o sindical. «El problema de la lógica sindical es la precarización bestial. No tiene el mismo sentido que en una sociedad de pleno empleo«. Además, añade el también editor de ‘Lengua de Trapo’, «si la respuesta del Gobierno afianza la segmentación del mercado laboral, ahondas en la división por abajo y se alimenta la desconfianza entre trabajadores estables y precarios. De ahí que tenga más sentido una renta básica universal que un ingreso mínimo vital para dar más seguridad laboral«.

La «venezuelización» o el todo o nada de Abascal

Si el autor de ‘¿Qué hacer con la extrema derecha en Europa?: El caso del Frente Nacional’ se inclina más por predecir un «movimiento destituyente», califica las protestas de las últimas semanas como el resultado de un proceso impulsado de la oposición como de «venezuelización de España». La derecha española, dice, «lleva años hablando de Venezuela y de tanto contacto con ellos se han mimetizado«. Las protestas de los denominados Cayetanos en el madrileño barrio de Salamanca y los marcos discursivos de «Gobierno criminal, dictadura comunista o campos de exterminio«, enumera Fernández, «no funciona desde mi punto de vista porque se trata de una burbuja que solo hace que se radicalicen los que están dentro, pierden el contacto con la pluralidad de sus propios votantes y de toda la sociedad española«. Se trata de un lenguaje, añade, que «aunque tengas razón en tus reivindicaciones solo captas a tu parroquia«.

Para pinchar esa burbuja, Fernández cree que Vox podría dar un giro hacia el proteccionismo, al estilo Le Pen. «Está en barbecho pero han plantado algunas semillas en ese sentido«. Regarlo o no, cree que dependerá de la respuesta europea, si se abre un nuevo ciclo de austeridad o no. En esta línea, cree que se podría producir una movilización híbrida entre la surgida en Francia con los chalecos amarillos y las movilizaciones del campo en España. «En realidad la cuestión es económica pero también es una disputa cultural, donde la derecha se mueve bien con marcos como que la izquierda ‘es bienpensante’, ‘va lo a suyo’ y ‘nos miran con desprecio porque en realidad odian nuestro modo de vida’«.

Definiendo marcos, en este caso el del «modo de vida del mundo rural»: manifestación por la caza frente a las Cortes de Castilla y León (foto: Miriam Chacón/Ical)

Sobre los bodegones del barrio de Salamanca, Jorge Lago remarca las dificultades estructurales de Vox para orientarse hacia una derecha radical populista abandonando el espacio clásico de la extrema derecha española. «Están anclados en la lógica ultraliberal y anticatalana, y la competición con el PP les dificulta este movimiento. No creo que puedan lepenizarse y capitalizar el descontento, menos con lo que estamos viendo«, concluye. Innerarity añade un elemento más global, que tiene que ver, dice, «con el descrédito de los liderazgos populistas en esta crisis, desde Boris Johnson a Trump o Bolsonaro«.

 

Fuente: El Confidencial, 17 de mayo de 2020
Portada: un coche policial circula entre los participantes en una cacerolada antigubernamental en el barrio de Salamanca (foto: Joaquín Corchero/Europa Press)
Imágenes: Conversación sobre la historia

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