La Fábrica de Papel de Seguridad de Burgos: origen y desarrollo de una decisión autárquica

 

Ofrecemos un interesante trabajo que casi podría valer como una síntesis de historia de la fabricación de moneda en España desde la Ceca medieval de Burgos hasta la Fábrica de Papel de Seguridad, creada en 1952. Con cierto detalle y aparato gráfico podemos conocer aquí el origen (muy vinculado a la gestión Burgos como capital del Nuevo Estado durante la Guerra civil) y los aspectos técnicos, económicos y laborales relacionados con las múltiples producciones de esta fábrica, desde los primeros billetes hasta la llegada del euro.

La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre prepara para el próximo invierno una exposición sobre la Ceca de Burgos en el Arco de Santa María de la ciudad. En principio, este texto iba a ir incluido en el libro-catálogo de la exposición, pero los condicionantes censores puestos por los responsables de ella indujeron al autor a retirar su aportación, que “Conversación sobre Historia” tiene el gusto de ofrecer a sus lectores.

Luis Santos y Ganges
Doctor en historia. Universidad de Valladolid

 

1. De la ceca a la fábrica de papel: un hiato histórico

 

Este texto da cuenta del origen autárquico de la Fábrica de Papel de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre – Real Casa de la Moneda (FNMT-RCM), así como de su impulso posterior, en el contexto de una exposición sobre la Ceca de Burgos que el Museo Casa de la Moneda (MCM) tiene previsto realizar en el próximo invierno. De este modo, se pretende centrar el tema en la Ceca de Burgos para finalmente enlazar con la Fábrica de Papel de Seguridad de Burgos. Este enlace es un salto gigantesco en el tiempo que no permite enlace directo en términos históricos. No hay continuidad de ningún tipo. Sólo se dispone de una razón de oportunidad: el objeto principal de estudio y exposición es la casa de moneda de Burgos, una de las principales cecas del reino de Castilla y León, pero claro: ¿cómo no aprovechar para explicar también la fábrica de Burgos donde se produce el papel de los billetes de banco desde hace más de setenta años? De este modo, se podría apreciar que la FNMT-RCM sería el nexo de asuntos distintos y distantes, pero no tan ajenos: la acuñación de moneda metálica en las edades medieval y moderna y la emisión de papel moneda en la edad contemporánea.

Comprobamos que nada tienen que ver entre sí la Ceca de Burgos y la Fábrica de Papel de Seguridad de Burgos, salvo una conexión artificiosa pero bella: aunque la casa de moneda de Burgos ya había desaparecido en el siglo XVIII y no es posible relacionarla con nada posterior, podemos citar cuatro hechos históricos concernientes a la moneda que, convenientemente engarzados, nos hacen volver a Burgos. Veamos: En 1861 se puso en funcionamiento la «Real Casa de la Moneda» como resultado del proceso de unificación de las casas de moneda del reino de España. En 1893 se creó la «Fábrica Nacional de la Moneda y Timbre» por fusión de la Real Casa de la Moneda con la «Fábrica del Timbre del Estado». En 1940 se dio carta de naturaleza a la FNMT para el diseño, el grabado y la impresión de billetes de banco. Y en 1944 se aprobó la construcción en Burgos de una fábrica para proveer el papel de seguridad, que fue inaugurada en 1953 y que sigue hoy en funcionamiento. Así pues, desde el cambio del siglo XII al XIII hasta el siglo XVIII funcionó en Burgos una casa acuñadora de moneda y desde mediados del siglo XX funciona en Burgos una fábrica con cuyo papel se imprimen billetes en Madrid. Un hiato de dos siglos y una correspondencia compleja entre moneda metálica y papel moneda no nos permiten hablar de tradición ni de correlación, pero sí de feliz coincidencia.

Quizás no sea una exageración poética afirmar que la actual FNMT-RCM es la entidad heredera de las cecas monederas de época medieval y moderna en los territorios europeos de la Corona hispánica. Una somera exposición histórica a este respecto nos permite entrever su sentido más preciso. A finales del siglo XVII funcionaban aún unas dieciséis casas de moneda. Eran las de Barcelona, Burgos, Córdoba, Cuenca, Granada, La Coruña, Linares, Madrid, Pamplona, Segovia, Sevilla, Toledo, Trujillo, Valencia, Valladolid y Zaragoza. Con el cambio de siglo cerraron algunas y, en 1730, una Ordenanza real estableció la clausura de las cecas existentes salvo las de Madrid, Segovia y Sevilla, aunque los cierres se fueron materializando a lo largo del siglo XVIII y del siglo XIX. Además, en esta misma etapa, la Corona fue haciéndose paulatinamente con la titularidad de las casas de moneda que estaban en manos señoriales o a cargo de contratistas. Durante el reinado de Isabel II se creó la Real Casa de la Moneda, dando pie a la clausura paulatina de las pocas casas que estaban en funcionamiento: Barcelona, Jubia (La Coruña), Madrid, Pamplona, Segovia y Sevilla. El gobierno provisional emanado de la revolución liberal de 1868 creó la peseta como unidad monetaria y en 1869 concentró definitivamente la producción monedera en la Real Casa de la Moneda. Así pues, aunque su marca de ceca fue la M, la de la antigua ceca madrileña, la Real Casa de la Moneda sucedía a las seis casas monederas que entonces quedaban.

Este proceso de concentración tuvo su origen formal en el Real Decreto de 28 de octubre de 1855, el cual estableció la creación de una “casa de moneda, grabado y sello”. Ello suponía no sólo la centralización en Madrid de los preexistentes establecimientos monetarios del Reino de España mediante la creación de la Real Casa de la Moneda, sino además su fusión con el «Real Departamento de Grabado y Construcción de instrumentos y máquinas para la Moneda» y con la Fábrica del Timbre del Estado, anteriormente denominada Fábrica de Papel Sellado. La Ley de 18 de enero de 1856 autorizó la construcción por el Ministerio de Hacienda de las edificaciones pertinentes en una misma parcela para todas las operaciones de fabricación de moneda y efectos timbrados. Isabel II las inauguró en 1861, si bien la Real Casa de la Moneda y la Fábrica del Timbre del Estado siguieron teniendo su propia organización a pesar de compartir parcela (en la que hoy están los Jardines del Descubrimiento) y de depender ambas del Ministerio de Hacienda. Fue treinta años más tarde, con el Real Decreto de 29 de agosto de 1893, cuando estas casas quedaron refundidas en un solo establecimiento fabril al servicio de la Hacienda Pública, con la denominación de Fábrica Nacional de la Moneda y Timbre. Y otros treinta años después, con el Real Decreto de 16 de mayo de 1921, la FNMT fue reconocida como nuevo organismo de la Administración Central con cierta autonomía de gestión. Entonces podía acuñar monedas y medallas, elaborar efectos timbrados y sellos de correos e imprimir documentos ministeriales.

Desde el Decreto de 5 de abril de 1940, la FNMT adquirió una nueva función como fabricante de billetes de banco. Así, la Ley de 11 de abril de 1942 reorganizó la FNMT y amplió sus fines: por un lado -y sobre todo-, la ejecución de documentos de valor (o “valores”), es decir, los billetes de banco, los títulos de la Deuda pública y las obligaciones, carpetas y otros documentos asimilables, que debían ser difícilmente falsificables. Por otro lado, la elaboración de los efectos timbrados en sentido extenso, no sólo circunscrito a los documentos por los que se hacían efectivos el Impuesto y Renta del Timbre del Estado, sino también a los de la Renta de Aduanas, los de la Renta de Loterías (billetes, impresos y listas de la Lotería Nacional) y los recibos de las contribuciones e impuestos directos e indirectos. Así pues, cuando en el inicio de los años 1950 se puso en funcionamiento la Fábrica de Papel de Seguridad de Burgos, había un elenco amplio de productos papeleros vinculados a todos estos fines de los que tenía que hacerse cargo la FNMT, especialmente el papel de los billetes del Banco de España.

Ahondando en esta relación pretendida entre la ceca monedera y la papelera de los billetes, hemos de observar que en términos históricos eran asuntos bien diferentes la moneda y el billete, por su origen y sentido y por su titularidad. La moneda era una regalía de origen medieval, una competencia de la Hacienda pública, es decir, era el Tesoro quien acuñaba; mientras que el billete de banco era una utilidad de la banca privada emisora, ya fuesen distintos bancos o un solo banco privilegiado, aunque con la supervisión gubernamental.

 

En la sala-recibidor de las oficinas de la Fábrica de Papel de Burgos se colocó un cuadro que representaba un fragmento del Fuero Viejo de Castilla en el que fueron coloreados los cuatro atributos inalienables de la autoridad real, entre ellos la acuñación de moneda. Se mostraba, así, que la moneda venía siendo cosa del Estado y, por el hecho de estar allí, en la papelera de los billetes, se sugería que el billete de banco era moneda. (Fotografía del autor.)

 

A lo largo del siglo XX, sin embargo, la diferencia entre acuñar monedas y emitir billetes se fue estrechando. En la coyuntura de la Guerra Civil de 1936-1939 y de la larguísima posguerra, los billetes divisionarios (de valores pequeños, por debajo de 25 pesetas) puestos en circulación eran moneda en formato papel. Además, se estaba dando un lento acercamiento teórico de los billetes de banco y de la moneda, reforzado por dos hechos: existía un solo banco emisor convertido en banco central, el Banco de España, y se dio la circunstancia imprevista de que una misma entidad fabril, la FNMT, se dedicó a la producción de monedas y de billetes, estando ambas entidades bajo la férula del Ministerio de Hacienda. Por todo ello, en un contexto en el que monedas y billetes respondían en el fondo a una misma cosa (el dinero: la moneda metálica y el papel moneda) y eran producidos por el mismo establecimiento industrial, podría decirse en un sentido laxo que la Fábrica de Papel de Seguridad de Burgos se dedicó, como siglos atrás la Ceca de Burgos, a la moneda. He ahí el puente entre ambas, ficticio pero sugestivo y simbólico.

 

2. Burgos y el sistema monetario durante la Guerra Civil: el oro nacional, los billetes de banco, los sellos de correos y la lotería nacional

 

Dos siglos después de desaparecida la Casa de la Moneda de Burgos, la capital castellana volvió a tener algo que ver con el dinero físico y con los metales preciosos. La coyuntura fue la Guerra Civil de 1936-1939. Pero fue una coyuntura con efectos a largo plazo. Porque la guerra conllevó unas rupturas históricas que dieron lugar a unos cambios que explican que la FNMT se convirtiera en los años cuarenta en fabricante de billetes de banco, lo que se revelará en el siguiente capítulo. Veamos en qué consistieron esas rupturas, centrándonos en lo que tocó al poder ejecutivo con sede en Burgos.

Hasta la Guerra Civil, los billetes eran producidos en Reino Unido por encargo del Banco de España (dado que desde 1907 su Fábrica de Billetes no era capaz de fabricarlos con los procedimientos litográfico, calcográfico y tipográfico), los sellos eran producidos por la FNMT y los billetes de lotería en casas impresoras nacionales, aunque con dibujos y grabados de la FNMT.

Durante la Guerra Civil, la Hacienda pública, el Banco de España y la FNMT, bajo control del gobierno republicano y con sedes en Madrid (y después Valencia y Barcelona), tuvieron su réplica en una Comisión de Hacienda, un Banco de España y una «Fábrica del Timbre e Imprenta Nacional», dependientes de las autoridades sublevadas con sede en Burgos. Todos ellos tuvieron muchísimos problemas en su ejercicio económico-financiero y en asegurar la circulación de billetes y monedas. Porque la guerra fue también una guerra económica, de manera que las instituciones de ambos contendientes hubieron de resolver la circulación de los billetes en su ámbito y dificultar la del enemigo, así como, ante la desaparición de la moneda metálica (por cuanto valía más el propio metal que su valor facial), debió producirse moneda-papel, los “billetes fraccionarios”, para las denominaciones inferiores a 25 pesetas.

Toda vez que en este texto interesa Burgos, por razones de espacio hemos de ceñirnos a las instituciones a ella referidas, de la “España Nacional”, fundamentalmente la Comisión de Hacienda de la Junta Técnica del Estado (desde 1938 Ministerio de Hacienda) y el Banco de España. Era evidente la necesidad de asegurar la financiación de la guerra. En este sentido, merece una primera mención el oro nacional obtenido con la “Suscripción Nacional” o campaña del “oro para la patria”, nombre inspirado en el fascista del “oro alla patria”.

Al principio, las autoridades sublevadas, que no disponían del tesoro nacional, debieron buscar ingresos para sostener la actividad bélica, por lo que, además de proceder a incautaciones e imponer tributos de todo tipo, exacciones diversas y contribuciones obligatorias para fines determinados, realizaron cuestaciones y actos públicos, y abrieron suscripciones patrióticas locales. Para asegurar el éxito de las colaboraciones y suscripciones, se procedió a “invitar” a donar ciertas cantidades, a conminar una colaboración e incluso a multar por no colaborar, lo que sin duda encuadraba y disciplinaba a la población. Del mismo modo, la Junta de Defensa Nacional hizo un llamamiento para que las familias entregaran sus joyas, en especial el oro, dictando además la Orden de Presidencia de 19 de agosto de 1936, que centralizó la recaudación del oro, ya fuere amonedado, en lingotes o en objetos preciosos. Así, desde el otoño de 1936 llegaron a Burgos las remesas de los centros, juntas o comisiones locales encargadas de su recogida, de manera que el «Laboratorio Nacional del Oro» (o Laboratorio de Oro Nacional o Laboratorio de metales preciosos de la Delegación de Industria de Burgos, ubicado en la calle Santander) procedió al desmontaje de las alhajas y a la selección en razón de sus leyes, obteniendo miles de lingotes de oro y plata así como rubíes, esmeraldas, brillantes y diamantes, además de monedas de oro y otras piezas de gran valor que no debían ser fundidas.

Imágenes del Laboratorio de Oro Nacional, 1939. (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica, signaturas GC-CAJA/74/1 y GC-CAJA/74/2.)

 

Por su parte, el Banco de España, con sede en el paseo de La Isla de Burgos (hoy paseo de la Audiencia), encargó la fabricación de sus propios billetes, no reconoció los puestos en circulación por el Gobierno republicano después de la sublevación y procedió al “estampillado” de los billetes puestos en circulación con anterioridad mediante un “sello en seco” (con la leyenda circular “Estado Español. Burgos” en cuyo centro había una corona mural), anulando así el valor de los billetes circulantes en campo enemigo. Puesto que, por motivos políticos, no pudo contratar los billetes a los habituales fabricantes británicos, encomendó la producción a la casa alemana Giesecke und Devrient y a la casa italiana Carte Valori Coen & C. Banconote. Además, se produjeron los denominados billetes divisionarios nacionales, que fueron encargados a las casas citadas, así como a la casa Litografía M. Portabella con papel alemán.

Billetes de las emisiones de Burgos durante la Guerra Civil: anverso del billete de dos pesetas de la emisión de abril de 1938 a cargo de Carte Valori Coen y reverso del billete de cien pesetas de la emisión de mayo de 1938 a cargo de Giesecke und Devrient. (Fuente: colección de Jorge Ganges.)

 

Los billetes divisionarios fueron muy importantes para asegurar la circulación monetaria en la España Nacional, con el pequeño refuerzo de las monedas de níquel acuñadas en Viena en 1938, de 25 céntimos de peseta.

En lo que se refería al papel oficial, al no disponer el gobierno de Burgos de la FNMT, creó la Fábrica del Timbre e Imprenta Nacional (en realidad una improvisada imprenta, a pesar del nombre), con sede en Tolosa y bajo la dirección del Servicio Nacional de Timbre y Monopolios del Ministerio de Hacienda con sede en Burgos. Entre 1938 y 1939 produjo letras de cambio, papeles de pagos al Estado, timbres de impuestos, tarjetas entero-postales y recibos de contribuciones, todos ellos con papel guipuzcoano. Pero no llegó a producir ni billetes de banco ni sellos de correos ni billetes de lotería.

Las emisiones de sellos de correos de la llamada “España, Bando Nacional” fueron materializadas por distintas casas litográficas de Zaragoza, Vitoria y Burgos. La ya mencionada casa Litografía M. Portabella, con sede en Zaragoza y dirigida por Matilde Portabella López, fabricó una serie de doce sellos desde 1936 para la Junta de Defensa Nacional con motivos monumentales (entre ellos, la catedral de Burgos) y patrióticos. La casa Heraclio Fournier S.A., con sede en Vitoria y dirigida por Félix Alfaro Fournier, produjo impresos oficiales, mapas militares, sellos municipales, viñetas-sello y sellos del correo nacional. Sus sellos de correos tuvieron los motivos del Año jubilar compostelano de 1937, Isabel la Católica, Fernando el Católico, la conmemoración del segundo aniversario del Alzamiento y la serie básica de Franco. También desde 1937, la casa litográfica Hija de B. Fournier S.L., con sede en Burgos y dirigida por Teresa Fournier García de Quevedo, produjo timbres, sellos fiscales y algunas emisiones de sellos de correos desde 1937: en concreto, los sellos de la estampa del Cid Campeador a caballo (de un cuadro al óleo de Marceliano Santa María), los de la efigie de Isabel la Católica (de un cuadro al óleo de Juan de Flandes), además de los proyectos de sello con la efigie de Franco.

Imágenes de timbres fiscales y sellos de correos fabricados durante la Guerra Civil por la litografía burgalesa Hija de B. Fournier. (Fuente: colección del autor.)

 

En cuanto a la lotería, hubo “loterías patrióticas” en diversos ámbitos locales, si bien la Junta Técnica del Estado acabó prohibiéndolas y dictó en diciembre de 1937 establecer la Lotería Nacional en el territorio bajo su control, siendo el primer sorteo el realizado el primero de abril de 1938. El sorteo de Navidad de 22 de diciembre de 1938, que era el sorteo número 27 del año, fue celebrado en el Colegio de los Hermanos Maristas, del barrio burgalés de San Cosme y San Damián, y del evento quedó registrado un reportaje fotográfico.

Imágenes del sorteo de Navidad de 1938 en Burgos. (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica, signatura GC-CAJA/58/17, fotografías nº 4 (Colegio de los Maristas) y nº 7 (Espolón).

 

Como curiosidad para la loterofilia, merece mención que el sorteo número 22 de 1939 fue celebrado el primero de agosto de 1939 ya en Madrid, si bien fue impreso en sus billetes que se habría de celebrar en Burgos, por haber sido encargada su fabricación con anterioridad al fin de la guerra. Los billetes de la lotería sorteados entre abril de 1938 y enero de 1940 fueron producidos por Artes Gráficas Grijelmo S.A., de Bilbao.

 

3. La FNMT como nueva productora de billetes y la razón para una papelera propia

 

El gobierno de Burgos se trasladó a Madrid al concluir la contienda, de modo que ya sólo hubo un Banco de España y la Fábrica del Timbre e Imprenta Nacional fue lógicamente sustituida por la mucho mejor preparada FNMT.

El Tesoro intentó poner monedas en circulación con el fin de evitar los billetes divisionarios, cosa que no logró prácticamente hasta los años cincuenta: desde 1940 acuñó las monedas de aluminio de 5 y 10 céntimos y desde 1944 las monedas de aleación cobre-aluminio de 1 y 2,5 pesetas. El Banco de España continuó en 1940 con sus encargos de billetes de 25, 50, 100, 500 y 1 000 pesetas a la milanesa Calcografia e Cartevalori (Carte Valori Coen e Compagnia cambió de nombre para ocultar la ascendencia judía de la familia Coen, que después pasó a ser la familia Giori y que años después sorprendió con sus máquinas calcográficas a seis colores), imprimiendo los billetes divisionarios de 1 y 5 pesetas las casas Giesecke und Devrient, M. Portabella, Gráficas Reunidas S.A. y Rieusset S.A.

Billetes de las emisiones de 1940: reverso del billete de cincuenta pesetas, de la emisión de enero de 1940 a cargo de Calcografia e Cartevalori y anverso del billete de una peseta de la emisión de septiembre de 1940 a cargo de Rieusset. (Fuente: colección de Jorge Ganges.)

 

El primer ministro de Hacienda fue José Larraz López, que en 1937 había sido jefe del Servicio de Estudios del Banco de España y desde 1938 había formado parte del consejo del Banco de España en tanto director general de Banca, Moneda y Cambio, concluyendo como presidente del Comité de Moneda Extranjera. Larraz estimó entre 1939 y 1940 que la extrema gravedad de la problemática en materia de unos y otros billetes así como la urgencia de las soluciones no estaban siendo bien atendidas por el Banco de España (aún un banco privado, con sus propios intereses, y emisiones fabricadas en Italia que fueron rápidamente falsificadas), de manera que el gobierno franquista dispuso que fuera la FNMT la casa fabricante de todos ellos. De este modo, el Decreto de 5 de abril de 1940 autorizó a la FNMT para establecer con carácter permanente un servicio de fabricación y estampación de billetes del banco emisor. Posteriormente, ya con Joaquín Benjumea Burín como ministro de Hacienda, el Decreto de 24 de junio de 1941 otorgó preferencia a la FNMT en la fabricación de billetes del Banco de España, de tal suerte que, aun sin ser expreso el monopolio estatal, los billetes pasaron a ser asunto exclusivo de la FNMT, lo cual fue asentado con la ya mencionada Ley de 11 de abril de 1942 sobre reorganización de la FNMT. A las razones funcionales de aquella coyuntura apremiante de posguerra se unieron las dificultades impuestas por la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, la razón autárquica: había que dejar de depender de los fabricantes extranjeros.

La FNMT fue capaz de imprimir billetes divisionarios, que eran confecciones litográficas y tipográficas, pero también, con grandes dificultades, los billetes que requerían además un procedimiento calcográfico, puestos en circulación desde 1943 los primeros y desde 1946 los segundos. Con todo, la calidad era baja y el riesgo de falsificación alto, razón para que la FNMT se viera en la obligación de mejorar rápidamente sus producciones, algo que sólo pudo lograrse lentamente, hasta que en los años setenta se adoptaron técnicas y máquinas con un gran salto tecnológico que lograron billetes de mucha calidad.

Por otro lado, la FNMT volvió a ser el fabricante exclusivo de los sellos de correo para la Dirección General de Correos. Así, su primer sello, impreso en offset en 1939 y puesto en circulación en diciembre, incluyó el perfil de la efigie de Franco con el nuevo escudo nacional al fondo. Pero antes de que la FNMT comenzara su producción, Hija de B. Fournier S.L. imprimió el primer sello de Correos de la posguerra, emitido el 18 de julio de 1939, con el motivo del homenaje al Ejército.

En cuanto a la lotería, el Ministerio de Hacienda ordenó en mayo de 1939 que la FNMT debía producir todos los impresos y billetes de lotería, trasladando a sus instalaciones de Madrid la maquinaria y el personal del Servicio Nacional de Loterías. En la misma lógica estatista, desde el primero de febrero de 1940 la FNMT fue la única diseñadora e impresora de la Lotería Nacional.

Y en cuanto a los títulos de la Deuda Pública, las direcciones generales de la administración del Estado emisoras de títulos, bonos, carpetas provisionales, obligaciones, cédulas, etc. fueron facultadas para encomendar su elaboración a la FNMT. En definitiva, la FNMT se convirtió en los años cuarenta en un establecimiento público industrial con un repertorio extraordinario de producciones: monedas metálicas, medallas, efectos timbrados, billetes de banco y otros documentos de valor, así como la lotería y otros documentos impresos. Siguió incrementando sus tipos de producción en las décadas ulteriores: desde 1951 los libros del Registro Civil, desde 1953 el papel de los sellos, desde 1964 los documentos nacionales de identidad y los pasaportes, desde 1968 los boletos de las quinielas (Apuestas Mutuas Deportivas Benéficas), desde 1977 los cartones del Bingo y los nuevos pasaportes, desde 1985 los boletos de la Lotería Primitiva, desde 1986 los boletos de Bono-Loto, desde 1988 los nuevos documentos nacionales de identidad, desde 1998 la certificación electrónica, desde 1999 los permisos de residencia, desde 2017 una pluralidad de servicios electrónicos y administración digital.

Pero, volviendo a los billetes de banco y a la lógica autárquica impuesta en 1940, pronto se tuvo claro que no bastaba con diseñar y estampar los billetes en la FNMT, sino que además el papel debía ser producido también por ésta. El papel de los billetes se había venido adquiriendo a Giesecke und Devrient, pero en 1943 fue bombardeada su sede de Leipzig. Ya no se podía contar con el apoyo de los regímenes del Eje, pues la Guerra Mundial había cambiado de rumbo. Con dificultad, la FNMT adquirió papel especial a una casa inglesa, la londinense Samuel Jones, y a una casa francesa, cercana a Grenoble: Papeteries de Rives. Pocos años después, adquirió papel a las casas inglesas Portals Limited y Wiggins Teape y a la casa holandesa Gepacy. Pero no dejó de ser una desagradable obligación que, en cuanto se pudo, se evitó. Es decir, la implantación de la autarquía, que requería emanciparse de las potencias extranjeras, y la perspectiva estatista se manifestaron en una primera decisión en 1940 sobre la estampación de los billetes en Madrid y en una segunda decisión en 1943 sobre la producción del papel especial para los billetes en Burgos.

Billetes fabricados por la FNMT con papel extranjero en los años 1940: anverso del billete de una peseta, de la emisión de mayo de 1943 y reverso del billete de cien pesetas de la emisión de mayo de 1948. (Fuente: colección de Jorge Ganges.)

 

En el razonamiento oficial para justificar la construcción de una papelera del Estado, el director general de la FNMT, Luis Auguet Durán, argumentaba en 1944 tanto la visión autárquica como la estatista: “La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre proyecta instalar una Fábrica de Papel para billetes de Banco y documentos de valor, al objeto de dejar de ser tributaria del Extranjero, estableciendo la autarquía en esta clase de productos, ya que en el país no se consigue obtener papeles de alta calidad, en cuya elaboración puedan adoptarse las garantías necesarias, como marcas de agua, fibrillas coloreadas intercaladas en la pasta, etc. para dificultar la falsificación de los documentos de valor que con estos papeles se confeccionan”. Con el mismo sentido, la Ley de 26 de mayo de 1944, sobre concesión de un crédito extraordinario para aumentar el capital fundacional de la FNMT, expresó en su preámbulo que la fabricación de los billetes “debe independizarse en absoluto del extranjero”. Incluso diez años después, con motivo de la inauguración por el general Franco de la Fábrica de Papel en 1953, el No-Do nº 553B seguía expresando que la Fábrica de Papel de seguridad respondía al “propósito de independizar España del extranjero en tan importante materia” pues era “subsidiaria de Inglaterra en la importación del papel moneda, lo que suponía un elevado desembolso en divisas e implicaba grandes dificultades en épocas anormales”.

Así pues, la fabricación autárquica de los billetes españoles requirió que la FNMT se hiciese cargo de todo el proceso productivo completo: diseño, papel, grabado y estampación. Otra cosa aparentemente distinta y siempre ocultada era que la inmensa mayor parte de las tecnologías, de las máquinas y de muchas materias primas (desde los trapos de algodón a las tintas), así como de algunos materiales procesados (las telas troqueladas), siguieron dependiendo de casas extranjeras durante décadas.

 

Pensando una Fábrica de Papel: qué tipo de papelera y dónde localizarla

 

Decidido que debía construirse una fábrica de papeles especiales o superfinos, en aquel mismo año de 1943 debieron decidir qué tipos de tecnologías y maquinarias eran posibles y preferibles, y cuál era la mejor localización para la instalación fabril.

En lo que respecta a la primera decisión, toda vez que la Segunda Guerra Mundial había cerrado muchos mercados y que la colaboración de los países del Eje ya no era posible, pareció plausible servirse de tecnologías suizas o suecas. En efecto, por tratarse de países neutrales en donde había empresas expertas, podían asesorar, proyectar y proveer todo lo necesario para construir una fábrica de papel para billetes y otros documentos de valor. Se optó por Suiza, que disponía de sociedades con una superior tecnología de papeles de seguridad y que podían hacer sus envíos por transporte terrestre a través de Francia.

Se contactó con Aktiengesellschaft für Unternehmungen der Papier-Industrie, una corporación industrial papelera cuyo administrador delegado, Carl Thiel, presidía la casa zuriquesa Gruppe Thiel, con la que la FNMT contrató la proyección de una fábrica de papel según el estándar productivo de cuatro etapas: preparación de las materias primas, preparación de la pasta, fabricación del papel y acabado del papel. Entregado el anteproyecto en diciembre de 1943, con una segunda versión en febrero de 1944, el Consejo de Administración de la FNMT acordó en marzo su construcción. En abril, la FNMT contrató con Gruppe Thiel el proyecto de ejecución para una fábrica con una producción diaria máxima de 600 kg de papel de billetes y 1 900 kg de otros papeles de seguridad o garantía, así como el estudio y la adjudicación de las máquinas e instalaciones. Y en julio de 1946 la FNMT contrató con la casa zuriquesa Gustav Rathgeb, Bureau d’Étude pour l’Industrie du Papier la dirección de los trabajos de construcción y de los montajes de las máquinas y de todas las instalaciones, y la recepción y prueba de todas las máquinas y aparatos. Se trataba, pues, de una pequeña papelera con proyecto industrial, máquinas y puesta a punto eminentemente suizos. Aunque en materia de diseño y construcción, el proyecto de los volúmenes, fachadas y cubiertas fue del arquitecto de Hacienda Miguel Durán Salgado y la redacción y dirección de obras e instalaciones del ingeniero José María García Roméu.

Imágenes correspondientes a los exteriores de la Fábrica de Papel de Burgos en los años cincuenta. (Fuente: Archivo de la Fábrica de Papel de Burgos.)

 

Intervinieron muchas casas suizas y algunas alemanas, británicas, suecas y españolas: era una fábrica dotada con la mejor tecnología europea. Y no fue una factoría “llave en mano”, pues la dirección de la FNMT tuvo en todo momento el control de cuanto debía hacerse, lo cual hizo más lento el proceso.

Intervinieron muchas casas suizas y algunas alemanas, británicas, suecas y españolas: era una fábrica dotada con la mejor tecnología europea. Y no fue una factoría “llave en mano”, pues la dirección de la FNMT tuvo en todo momento el control de cuanto debía hacerse, lo cual hizo más lento el proceso.

EMPRESAS SUMINISTROS
Theodor Bell, filial suiza de la alemana Escher Wyss Máquinas de papel de formas redondas y de encolar
Sulzer Frères, suiza Instalaciones de acondicionamiento de aire con recuperación de calor, la térmica, la de desempolvado de trapos, las bombas de agua y de pastas, calefacción y caldera central.
Brown Boveri, suiza Estaciones de derivación, distribución y transformación, caldera eléctrica, motores y equipos eléctricos de las máquinas.
Buhler Frères, suiza Transformador de cinta para mover trapos.
Ludwig von Roll, suiza Dos cribas vibrantes, una mesa luminosa y un depósito para preparar la lechada de cal y caolín.
Tiefbohr und Baugesellschaf, suiza Un filtro especial para el agua.
Maschinenfabrik Burckhardt, suiza Un compresor de aire.
Kesselschmiede Richterswil, suiza Un recipiente de condensación, agitadores y tubos difusores para la máquina de papel.
Krebs & Co., suiza Instalación de hipoclorito sódico.
Knowles Trotman, inglesa Bombos de la máquina de papel.
Bertrams Ltd. Sciennes, escocesa Cortadora de trapos, seis refinadoras de tipo pila holandesa y una supercalandra.
Scholz Maschinenbau, alemana Lejiadora esférica.
Hermann Finckh, alemana Tres depuradores rotativos.
Strecker-Bruderhaus, alemana Una cortadora longitudinal y transversal de papel.
A. Ekströms Maskinaffär, sueca Tres reguladores de densidad de la pasta.
Leje & Thurne, sueca Instalación para la preparación de cola resinosa.
Talleres de Tolosa, casa guipuzcoana con licencia Bertrams Un espesador, tres tinas mezcladoras con sus hélices, dos pilas blanqueadoras, tres reguladores de densidad y cuatro depuradores planos.
Babcock & Wilcox, vizcaína Una caldera de vapor y todo tipo de tubos de acero.
J. Trabal, barcelonesa Un molino de papel y un molino de celulosa.
Talleres Miguel de Prado, vallisoletana Varias máquinas pequeñas máquinas, aspiradores, compuertas, agitadores, mezcladores, etc
Victorio Luzuriaga, casa guipuzcoana, fabricó Los puentes-grúa.
 

 

 

Imágenes de las instalaciones interiores de la Fábrica de Papel de Burgos en los años cincuenta. (Fuente: Archivo de la Fábrica de Papel de Burgos.)

 

En cuanto a la localización de la fábrica de papel, era evidente el enérgico factor limitante de la disponibilidad de aguas limpias. Pero las posibilidades iniciales podían ser muchísimas. Ahora bien: las consideraciones estratégicas y políticas prevalecieron sobre las ingenieriles y económicas.

Veamos los factores de localización que sí intervinieron expresamente en la decisión: 1- la cantidad (5 a 6 m3 de agua por minuto), calidad (exenta de materia orgánica e impurezas mecánicas, con bajo nivel de metales y sales, y con la menor dureza y alcalinidad posible) y regularidad del abastecimiento hídrico, 2- la accesibilidad general, la dotación infraestructural  (carreteras y ferrocarriles) y los servicios de transporte (conexiones con los puertos marítimos y con Madrid), 3- la disponibilidad de suficiente suelo (de 3 a 4 hectáreas) relativamente llano, con facilidad de desagüe y lo más barato posible, y 4- la disponibilidad inconcusa de energía eléctrica. No intervinieron otros factores lógicos en aquella época, como el entorno industrial, la mano de obra especializada o el riesgo de avenida.

En cualquier caso, la decisión de localizar la fábrica no siguió sólo un razonamiento sobre la base de estos factores empresariales de localización, sino que hubo otros factores, esencialmente políticos, que fueron decisivos. En primer término, se limitó el estudio de posibilidades a dos provincias españolas del eje Madrid-Irún/Pasajes: Burgos y Guipúzcoa, sin mayor explicación, lo que redujo sobremanera las candidaturas posibles. En segundo término, pudo valorarse la conveniencia de una situación geoestratégica en términos de menor vulnerabilidad en tiempo de guerra, que requería lejanía relativa a las fronteras con los países vecinos, tal como se hizo en Francia con la experiencia de la Primera Guerra Mundial. En tercer y concluyente término, debía tratarse de una localización en una zona segura en tanto fiel al régimen y que mereciera premio por su papel en la reciente Guerra Civil. Así, como expresara el presidente del Consejo de Administración de la FNMT, Fernando Camacho Baños, el día de la inauguración de las obras en 1944: “Burgos fue la ciudad donde pudo encontrarse el clima apropiado para ganar la guerra, que era no solo una guerra civil sino también la clave del resurgimiento total de España y exigía naturalmente aquellos principios morales, religiosos y patrióticos imprescindibles para que se reanudara el hilo de nuestras glorias más preciadas”. La Fábrica de Papel era, así, una gratificación estatal a la que fue capital provisional de la España Nacional. Veinte años después, la localización de un polo industrial en la ciudad fue otra recompensa para la “capital de la Cruzada”.

Decidida la localización en la ciudad Burgos, debió seleccionarse uno entre cinco sitios propuestos, eligiéndose los “Terrenos situados en la carretera del Penal después del Puente de Los Ingleses”, emplazados en el pago de Las Pastizas, al oeste de la ciudad, más allá del paso de la carretera del Penal bajo el ferrocarril Santander-Mediterráneo. Adquiridos los terrenos, las obras dieron comienzo oficialmente en 1944 y fueron concluyendo entre 1951 y 1953; nada menos que nueve años, una lentitud que mostraba a la vez la complejidad del proyecto y el fiasco de la autarquía. En los años cincuenta, estando ya en funcionamiento la papelera burgalesa, la FNMT creó para su gestión la sección «Fábrica de Papel para documentos de valor».

En enero de 1952 la máquina de papel produjo oficialmente su primera banda de papel. En mayo de 1952 la papelera comenzaba públicamente a funcionar, cuando varios ingenieros y peritos de la FNMT recibieron a las autoridades nacionales, provinciales y municipales, y les explicaron su funcionamiento. En julio de 1953, el jefe del Estado, acompañado por los ministros de Hacienda, de Industria y de Educación Nacional, varios subsecretarios y directores generales, el capitán general de la Región militar, las autoridades locales y el arzobispo, inauguraba oficialmente la Fábrica de Papel.

Imágenes de anversos de billetes fabricados por la FNMT, correspondientes al primer billete de moneda fraccionaria hecho con papel de Burgos (de una peseta, emisión de noviembre de 1951) y al primer billete con marca de agua localizada hecho con papel de Burgos (de cien pesetas, emisión de abril de 1953). (Fuente: colección del autor.)
Sobre aquellas características del papel de los billetes

 

La fabricación de los billetes de banco nunca ha sido nada fácil. En tanto relevantes documentos de valor, era y es preciso asegurar su autenticidad y dificultar su falsificación, lo que ha requerido siempre las mejores tecnologías disponibles de diseño y fabricación en cuanto a las características del papel, la calidad del grabado, el empleo de los colores y las técnicas de impresión. Además, el papel debía ofrecer una excelente resistencia al plegamiento, a la tracción y a la perforación, un gramaje preciso y homogéneo, un buen satinado y la incorporación de elementos de seguridad, tales como la incorporación en el papel de fibras, hilos o bandas y, fundamentalmente, las marcas de agua sombreadas.

La marca de agua o marca al agua consiste en una variación deliberada en la opacidad del papel que permite apreciar una huella que puede representar un nombre, un dibujo o un diseño más o menos elaborado. Podemos distinguir dos tipos básicos de marca de agua: la filigrana y la marca de agua sombreada. La filigrana es el tipo más elemental y añejo de marca de agua, una marca de hilo que estaba presente ya en algunos papeles medievales, frecuente en muchos papeles desde la Edad Moderna y presente ya en los primeros billetes de banco. Por su parte, la marca de agua sombreada es un tipo perfeccionado de marca de agua, que, al ofrecer semitonos, permite representar figuras complejas y, en su caso, puede localizarse en un sitio muy preciso del papel. Esto último es lo que se necesitaba para los billetes de banco: la marca de agua localizada, uno de los elementos de seguridad más frecuentes durante muchas décadas.

La Fábrica de Papel de Burgos fue diseñada para producir 60 resmas de 500 hojas cada una, en una jornada de 14 horas. Debía tratarse de un papel extrafuerte de la mejor calidad de algodón y lino, con un peso de 80 gramos por metro cuadrado y con marcas de agua sombreadas con una variación máxima en su localización de 3 milímetros. Debía resistir como mínimo 2 500 dobles dobleces y ofrecer una resistencia a la tracción de al menos 7,25 kilogramos. Debía poder encolarse con gelatina animal pura y quedar sus hojas perfectamente lisas, sin irregularidades ni bolsas de ninguna clase, y con perfecta aptitud para un proceso de estampación por tipografía, litografía o calcografía.

En 1966, tras más de una década en funcionamiento, el papel de billetes de la mejor calidad producido en la Fábrica de Papel de Burgos tenía las siguientes características: hecho con recortes textiles de algodón blanco nuevo de primera clase; exento de cargas salvo un 2 % de bióxido de titanio para aumentar la opacidad; con marca de agua sombreada y localizada con una tolerancia de 1,5 milímetros; encolado en la superficie con gelatina animal (6-7 % de cola); gramaje de 82,5 gramos por metro cuadrado y espesor de una décima de milímetro.

El papel de los billetes del Banco de España fabricado en Burgos se ha hecho siempre por completo con algodón. Durante las dos primeras décadas se utilizaron los “trapos” o recortes de algodón blanco provenientes de la industria textil. A partir de los años sesenta se usaron también los “linters” (cotton linters o borra de desmotadora, tratada y conformada en pasta) pero sólo para el papel de seguridad que no fuese de billetes. Y a partir de los años setenta, en la fabricación de los billetes se sustituyó el recorte textil por un tipo de borra de algodón, los “combers” (cotton combers o borra de peinadora), lo que mejoró notoriamente la uniformidad del papel y su resistencia al doble pliegue, habilitando la introducción de un hilo de seguridad. A ello pudo sumarse, más adelante, el uso de las fibrillas visibles bajo luz ultravioleta o la coloración del papel, gracias a la sustitución de los blanqueantes ópticos por otros menos agresivos.

El trapo de algodón, la materia prima básica durante las primeras décadas de funcionamiento de la Fábrica de Papel, no podía ser adquirido en España, de modo que debió ser importado, siendo los proveedores unas pocas casas europeas: las británicas John Barry Ltd. y Robert Hough Ltd., la francesa Verdier-Dufour & Cie y la austriaca Bunzl & Biach, y más adelante también la francesa Ets. Léonce Bloch. Así pues, la autarquía no fue posible en la realidad a pesar de las declaraciones oficiales sobre la emancipación del extranjero. Fueron de origen foráneo no solamente la ingeniería de proceso y la maquinaria principal, sino también una parte crítica de las materias primas, los trapos de algodón, y uno de los asuntos más sensibles en la producción de los billetes: las marcas de agua y las telas en las que se hincan, que fueron servidas por la casa francesa Les Toiles Métalliques de Rai-Tillières. Aunque al principio se intentó disponer de un taller de telas y marcas de agua, resultó demasiado difícil, por lo que durante los años cincuenta y sesenta debió contratarse con una casa especializada: Rai-Tillières, con fábrica en Rai, en la baja Normandía (entre Caen y Chartres o entre Évreux y Alençon). Sólo con la intensa modernización producida en los años setenta se pudo disponer de un taller propio de telas y marcas de agua.

 

La Fábrica de Papel de Burgos entre 1952 y 1972

 

A lo largo de los años cincuenta se fue regularizando la producción en la Fábrica de Papel al tiempo que se continuaba mejorando muy poco a poco todas sus instalaciones. Asegurada la producción del papel para los billetes, enseguida se apreció la conveniencia de producir también el papel engomado para la impresión de los sellos de correos, que venía importándose de papeleras europeas. Por ello, el primer gran cambio de la papelera burgalesa fue acometer la transformación del papel mediante su engomado, su estucado o su estucado y engomado. Ello requirió la construcción de un pabellón de transformación del papel (o de “Estucado y Engomado”, pero mayormente denominado “Transformados”), cuya obra civil se materializó entre 1955 y 1957 y cuyo equipado con toda su maquinaria se llevó a cabo entre 1956 y 1963. A finales de 1957 se logró por primera vez el engomado de papel y en 1960 el estucado y engomado.

 

EMPRESAS SUMINISTROS
Hofmann & Wöllner K.G. Spezial Maschinen–KFM, alemana Proyecto industrial y parte de la producción de la maquinaria de Transformados: la máquina engomadora, la estucadora, la cortadora en hojas de tipo longitudinal y transversal, y la quebradora alisadora. Luego asesoraron el ingeniero suizo Oskar Koch (destacado en Burgos durante tres años por Rathgeb en la puesta a punto de la fábrica) y la casa suiza Werner Kupferschmid.
Joseph Eck & Söhne, alemana Una calandra especial para satinar papel estucado y engomado.
Goebel, alemana Una cortadora-bobinadora de precisión y la rebobinadora.
Janke & Kunkel, alemana, Un molino coloidal.
A. Hering, alemana Un filtro con tamices de acero inoxidable
Th. Brauwer, alemana Una batidora de caseína y una mezcladora especial de pigmentos.
Watford Engineering Works, británica Un aparato tamizador y preparador de la salsa de estuco.
Mecánica Miguel Peraita, burgalesa-madrileña Trabajos de montaje y adecuación de las instalaciones.
Imágenes de la construcción y a parte de la maquinaria del pabellón de Transformados de la Fábrica de Papel de Burgos entre 1956 y 1960. (Fuente: Archivo de la Fábrica de Papel de Burgos.)

 

Pero la transformación del papel no fue la única producción ajena a los billetes. La producción general de la Fábrica de Papel fue variada desde su inicio: aunque la producción mayoritaria de las labores de papel fabricado correspondió siempre al papel para los billetes de banco, no siempre llegó a ser la mitad de la producción total en peso del papel acabado. Y las labores de engomado, de estucado y de estucado y engomado se produjeron mayoritariamente sobre papel adquirido a casas españolas, si bien el papel soporte hilo para su engomado fue fabricado en no pocas ocasiones en la propia papelera burgalesa.

En 1953 la Fábrica de Papel produjo 324.686 kg de papel: un 48,6 % de la producción correspondió a los billetes, un 40,5 % a los títulos y un 10,9 % al papel litos. En 1963, la Fábrica de Papel produjo 411.452 kg de papel (un 65,3 % para billetes, el 23 % para letras y el 11,7 % para efectos timbrados) y transformó 127.078 kg de papel engomado y 189 585 de papel estucado-engomado. En 1968 fabricó 604.932 kg de papel (un 55,3 % para billetes, un 28 % para lotería -con pasta de esparto-, un 7,3 % para efectos timbrados y pólizas, un 4,8 % de soporte hilo y un 4,6 % para letras) y transformó 963.737 kg de papel engomado, 220 kg de papel estucado y 199.508 kg de papel estucado-engomado. Y en 1972 fabricó 625.428 kg de papel (un 69,2 % para billetes, un 14,8 % para letras de cambio, un 11,1 % para efectos timbrados, un 3 % de soporte hilo y un 1,9 % para bonos del tesoro) y transformó 168.119 kg de papel engomado y 129 402 kg de papel estucado-engomado.

En 1970 se había ya sobrepasado la capacidad teórica nominal de 2.000 kg/día de papeles especiales, produciéndose 2.860 kg/día, y en 1971 la producción de papel de seguridad había duplicado a la de los años cincuenta. En aquel mismo año se asumió claramente que se había alcanzado el techo de las posibilidades productivas de la Fábrica de Papel, lo cual, sumado a la previsión de incremento del consumo en un 10 % anual, a la demanda de mayor calidad y rapidez productiva, y a la creciente obsolescencia de unas instalaciones proyectadas en los años cuarenta y construidas en los cincuenta, llevó a plantear unas inversiones de ruptura.

 

7. La modernización de la Fábrica de Papel de Burgos en los setenta y ochenta

 

Una segunda etapa histórica de la Fábrica de Papel se inició con el Plan de Reorganización de 1971 y sus proyectos industriales de 1972 y 1979. Fue una modernización importante desplegada en un período largo y políticamente inestable, del Tardofranquismo a la Transición, aproximadamente de 1972 a 1982. Y fue una modernización integral que se fue instaurando en una fábrica en funcionamiento, con toda la complejidad que eso conllevaba.

Hemos apuntado que la primera Fábrica de Papel, construida en los años cuarenta y cincuenta, fue un proyecto suizo desde el punto de vista tecnológico, con máquinas como la de papel, de Theodor Bell. La puesta en funcionamiento de Transformados incorporó, sobre todo, tecnologías y máquinas alemanas. Y en la modernización de la producción de papel de seguridad y garantía ocurrió lo mismo, pues las tecnologías y las máquinas alemanas se fueron imponiendo paulatinamente a lo largo de los años sesenta y rápidamente en los setenta y ochenta: la segunda generación de máquina de papel y de encolar fue de la casa alemana O. Dörries. Más adelante, en los años noventa, fueron ya españolas las máquinas primordiales, si bien con licencias estadounidenses y alemanas: la máquina de papel fue de Enertec Técnicas Energéticas y Papeleras con licencia Beloit. Y, desde 2018, las máquinas proceden de muy diversos orígenes, españoles e internacionales, si bien la nueva máquina de papel, compleja y capaz, es de la casa alemana Voith Paper GmbH & Co.

Volvamos entonces a la reorganización de los años setenta. En la modernización estudiada en 1971 debía elegirse entre ampliar la fábrica (mediante la construcción de una nueva línea de fabricación completa) y actuar en fases (una primera fase de “reforma” y otra ulterior de “nueva planta”). El “Plan Integral de Reorganización de la Fábrica de Papel” optó por las dos fases, materializadas en 1971-1977 y en 1978-1982, aunque asegurándose de no producir perturbaciones sensibles en la fabricación. La empresa consultora que asesoró la implantación de los objetivos del plan fue Security Printing AG, sociedad zuriquesa de la órbita del grupo societario muniqués Giesecke und Devrient, con experiencia adquirida en su fábrica de papel de seguridad Papierfabrik Louisenthal, cerca de Múnich, y en la de AB Tumba Bruk, cerca de Estocolmo.

Los objetivos perseguían un 70 % de incremento de la fabricación de papel de seguridad, seis puntos de incremento del rendimiento medio en papel útil (del 76 % al 82 %), el aumento de la calidad en distintos ítems (nitidez y localización precisa de las marcas de agua y homogeneidad en la formación y propiedades de la hoja) y el acrecentamiento de la productividad. Security Printing preparó los proyectos y proveyó a la FNMT de la ingeniería de procesos, de buena parte de las máquinas e instalaciones necesarias, de la coordinación y de la puesta en marcha, así como de la formación del personal y del papel para billetes de Papierfabrik Louisenthal que supliera el descenso de producción durante la reorganización. Por su parte, la sociedad española Heymo Ingeniería coordinó la obra civil y asesoró en materia de instalaciones auxiliares.

Hubo cuatro asuntos que centraron la modernización de la primera fase: la capacidad de refino debía superar los 4.500 kg de pasta refinada para los papeles de calidad superior por jornada de 24 horas; el nuevo taller de Telas y marcas de agua debía poder confeccionar seis telas completas al año; la nueva máquina de papel debía poder fabricar 4.500 kg de papel de seguridad por jornada de 24 horas; y la nueva máquina de encolar debía tratar la misma cantidad de papel que la propia producción de la máquina de papel.

Esquema del proceso productivo de la Fábrica de Papel de Burgos con el Plan de Reorganización de los años setenta. (Fuente: FNMT, 1978, «Fábrica de Papel», pág. 35.)

 

EMPRESAS SUMINISTROS
Voith-Tolosa S.A., guipuzcoana Instalación de refinado de la pasta en continuo, de la sección de prensas y secadero de papel, así como de la primera fase de la sección de encolado.
O. Dörries, alemana de Düren, en la órbita de J.M. Voith GmbH La sección de dos formas redondas de la máquina de papel, los formadores de hoja, la instalación medidora y el equipo controlador de la deformación del papel
Maschinenfabrik Goebel GmbH, alemana Una cortadora-bobinadora y una cortadora transversal.
Kofra Industrie-Einrichtungen, alemana El sistema de aire y vapor para la máquina de papel.
Blasberg, alemana, Apartado de galvanoplastia del taller de telas.
Security Printing, suiza La prensa para troquelar las marcas de agua en las telas.
Atlas Copco, sueca, La instalación de aire comprimido.
Infilco Española S.A., madrileña La instalación de tratamiento y suministro de agua.
Orgafer S.A., vizcaína La instalación de vapor.
Heymo Ingeniería y Walux S.L., madrileñas, y la barcelonesa Brown Boveri-Oerlikon S.A. La instalación eléctrica.

 

La segunda fase no fue una segunda línea de fabricación, tal como estaba previsto, sino que continuó la reforma, lo que supuso la reorientación del plan a lo largo de 1979-1985. En la sección de materias primas, donde se optó por la borra de peinadora en vez del trapo, se instaló un almacén de borras automatizado, una desgarradora y un sistema de transporte neumático y por cinta. Fue ampliada la instalación de desfibrado y refino previo, siendo sustituido el filochado por el sistema de apisonadoras, turbostat y abridoras de bloques. Así, la producción potencial de semi-pasta se quintuplicó hasta los 10 000 kg/día. Además, se actuó en la segunda fase de refinos (a cargo de Voith Tolosa), se instaló un refino igualador en cabecera de máquina, a cargo de la casa tolosana Gorostidi S.A., se acometió la segunda fase de la encoladora (a cargo de Security Printing), además de modernizar el laboratorio.

Imágenes de los años 1980 correspondientes a la maquinaria principal instalada con el plan de reorganización de la Fábrica de Papel. (Fuente: Archivo de la Fábrica de Papel de Burgos.)

 

Fueron construidas, además, dos nuevas secciones: la de Manipulado de papel y Almacén de seguridad (conocido como Acabados), y el taller de Telas y Marcas de agua (conocido como Telas). Para Acabados hubo de construirse y equiparse entre 1975 y 1981 un nuevo pabellón: con una parte con grandes ventanales para el previo escogido, contado y empaquetado, y una parte ciega para almacén de seguridad. Para Telas debió instalarse todo el proceso entre 1972 y 1976: el grabado de ceras, la realización galvánica de troqueles, el troquelado preciso de las telas y el montaje de las telas en los bombos.

Para el grabado de las ceras, la FNMT contrató al orfebre burgalés Rafael Calvo Zumel (Burgos, 1925-2020), que en 1973 se formó en el Taller de Grabado de Giesecke & Devrient en Múnich. El proceso consistía, primero, en diseñar y dibujar el motivo de la marca de agua. En segundo término, también artístico, debía prepararse un bajorrelieve en una placa de grabado a base de una superficie milimétrica de cera sobre cristal. En tercer término, se debía conseguir un molde y un contramolde de silicona teniendo presente la deformación necesaria. En cuarto término, convertir los moldes galvánicamente en formas metálicas o galvanos, con los cuales producir los troqueles que debían marcar la tela. En quinto término, correspondía el hincado o troquelado, es decir, prensar con los troqueles en los lugares adecuados de la tela. Y en sexto término, debía montarse la tela con otras dos o tres para formar la tela definitiva en el bombo. Por todo ello, se hacía preciso disponer de mesas especiales para el grabado, de una instalación de galvanoplastia y obtención de los troqueles, de placas calentadoras, máquinas herramienta, equipo de soldadura autógena y una prensa para la estampación de las telas y equipos de deformación y de soldadura eléctrica hilo a hilo con aportación de plata.

La producción papelera se vio muy incrementada con el plan de reorganización, en especial la fabricación de billetes de banco, creciendo también el rendimiento de fabricación y la productividad. En 1973 la Fábrica de Papel produjo 761 776 kg de papel (un 77,6 % para billetes, un 9,5 % para letras de cambio, un 6,5 % para efectos timbrados y un 6,4 % de soporte hilo) y transformó 255 476 kg de papel engomado y 192 422 kg de papel estucado-engomado. Alcanzó de nuevo su máximo productivo, concentrándose en el papel para los billetes, con el fin de acopiar todo el papel posible para los billetes previendo que el proceso de modernización supondría cierta crisis productiva. Diez años más tarde, en 1983, la Fábrica de Papel produjo 1 152 640 kg de papel (un 82,9 % para billetes, un 6,5 % de papel parchemín, un 4,9 % de papel soporte hilo, un 4,5 % para papel de pagos y un 1,2 % para pasaportes) y transformó 111 260 kg de papel engomado y 88 346 kg de papel estucado y engomado. En este año no sólo se alcanzó un máximo en la producción de papel de seguridad, sino que además comenzó el declive continuado de la transformación de papel.

Desde los años ochenta hasta la actualidad no se ha parado de modernizar las instalaciones, las máquinas y las tecnologías productivas. Y a la vez se ha procurado fabricar papel de billetes también para las imprentas de bancos centrales en el extranjero.

 

8. El mundo del trabajo en la Fábrica de Papel de Burgos

 

Si durante la dictadura franquista las relaciones laborales de la FNMT se definían por una jerarquía autoritaria y una disciplina paternalista, la Fábrica de Papel careció de reglamento interno entre 1951 y 1967, sujetándose a unas pocas circulares, mientras que las secciones madrileñas de la casa contaban ya desde los años cuarenta con sendos reglamentos por secciones, además del reglamento del personal especial (funcionarios de la FNMT). No estaba, pues, regulado el organigrama, la estructura funcional, las categorías ni la distribución de competencias y responsabilidades en la papelera burgalesa. En 1963 se aprobó el Reglamento de Trabajo de la FNMT, aunque sólo de aplicación en los centros de trabajo de Madrid.

Tras 16 años de actividad sin regulación normada, fue en 1967 cuando se aprobó el Reglamento de régimen interior de la Fábrica Nacional de Papel de Burgos, sometida a la Reglamentación Nacional de Trabajo de la industria papelera de 1958. Esta última fue sustituida por la Ordenanza Laboral de la Industria Papelera de 1970, de modo que en 1972 fue adaptado el Reglamento de la Fábrica de Papel y le fueron aplicadas las tablas salariales del Convenio Colectivo Sindical Interprovincial de la Industria Papelera, beneficiosas para los trabajadores.

Hasta 1973 no pudo la FNMT tener jurado de empresa. En 1977 se aprobó la Ordenanza laboral de trabajo para toda la FNMT y a partir de 1978 empezaron a constituirse los primeros comités de empresa, si bien no fue hasta 1987 cuando se aprobó el primer convenio colectivo de la entidad. Actualmente, la FNMT-RCM se rige por el XI Convenio Colectivo.

En cuanto al personal femenino de la Fábrica de Papel, cabe señalar que, desde un principio, fue categorizado de modo segregativo, a pesar de representar (o quizás por ello) la cuarta parte de la plantilla total de Burgos. Ello no ocurrió sólo en la FNMT, pues el Reglamento Nacional de Trabajo de la Industria Papelera de 1946 dictaba que el personal obrero (el que ejecutaba trabajos de orden mecánico y material) podía estar formado por profesionales de oficio y por especialistas. Los profesionales de oficio (los obreros que después de un aprendizaje realizaban trabajos de un oficio) podían estar adscritos a los oficios propios de la industria, a los oficios auxiliares o a los “oficios complementarios femeninos”. Es decir, la segregación por razón de sexo era indubitable. Y las tablas salariales la ahondaban.

El papel desempeñado por la mujer en la Fábrica de Papel, como en toda la FNMT y en general en la administración pública y en buena parte del sector industrial durante el franquismo, fue restringido y oprimido. Sólo podían trabajar las mujeres solteras y viudas, debiendo abandonar la empresa en cuanto contrajesen matrimonio. Era una especie de despido a cuya indemnización llamaron dote, equivalente a una mensualidad por año de servicio hasta un máximo de seis. El Reglamento de 1946 dictaba que el personal femenino debía abandonar el trabajo en el momento en que contrajese matrimonio, considerándose desde entonces en situación de excedencia forzosa, con derecho a reingresar si se constituyera en cabeza de familia. Esto sí fue de aplicación a la Fábrica de Papel de Burgos.

Aparte de las administrativas y de las limpiadoras, las mujeres trabajadoras de los oficios complementarios femeninos desempeñaron fundamentalmente su labor en el escogido y cortado a mano de los trapos, en el cosido de las telas y en el escogido, contado y empaquetado inicial de los pliegos de papel terminado. Así pues, el personal obrero femenino no trabajaba con máquinas ni desempeñando oficios industriales, sino con mesas de trabajo, donde la observación, la concentración y el tesón responsable eran las capacidades requeridas.

La Ordenanza Laboral de Trabajo para la FNMT de 1977 mantuvo la segregación de los oficios complementarios femeninos, algo que sólo pudo cambiar paulatinamente con los convenios colectivos de nuestra etapa democrática.

 

9. Epílogo: el euro y los cambios recientes

 

A lo largo de los años noventa, la producción de papel de billetes en Burgos se repartía casi a partes iguales entre los billetes del Banco de España y los de bancos emisores extranjeros. El Estatuto jurídico de la FNMT de 1999, acordó denominar a la Entidad Pública Empresarial como Fábrica Nacional de Moneda y Timbre – Real Casa de la Moneda. Fue en aquellos años cuando la FNMT-RCM formó parte del diseño y la producción de los primeros billetes de euro del Banco Central Europeo, que entraron en circulación en 2002. La Fábrica de Papel se vio sometida a una renovación continua de las instalaciones, antes y después de la introducción del euro.

La adaptación al marco legal europeo de contratos del sector público y de producción de billetes en euros supuso que en 2015 fuera constituida la Imprenta de Billetes S.A. (IMBISA), sociedad dedicada a la fabricación de billetes en euros y medio propio del Banco de España, que tenía una participación del 80 %, estando el 20 % restante en manos de la FNMT-RCM. Desde entonces, ésta dejó de ser la fabricante de los billetes de euro, siendo su Fábrica de Papel una eventual subcontratista de IMBISA mediante los oportunos concursos internacionales. Así, por ejemplo, en 2022 la Fábrica de Papel de Burgos transformó 113 toneladas de papel para el Departamento de Timbre y produjo 2.464 t de papel: un 10,38 % de papel de euros para IMBISA, un 19,01 % de papel de nairas para el Banco de Nigeria, un 33,18 % de papel de pesos argentinos para el Banco de Argentina, un 24,16 % de papel de Lotería y un 13,27 % de otras labores (sobre todo para pasaportes).

El Estatuto de 2023 de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre-Real Casa de la Moneda, Entidad Pública Empresarial, Medio Propio (FNMT-RCM, E.P.E., M.P.), fijó la consideración de la casa como medio propio personificado de la Administración Pública y de los entes del Sector Público. Entre sus funciones debió modificarse la de la fabricación de los billetes de banco, pero se incorporó la de “la prestación de servicios de seguridad en las comunicaciones a través de técnicas y medios electrónicos, informáticos y telemáticos (EIT), así como los servicios de identificación electrónica y de confianza para las transacciones electrónicas, dirección electrónica habilitada y notificación electrónica, digitalización, depósito y custodia de documentos en cualquier soporte, y la expedición, fabricación y suministro de los títulos o certificados de usuario, en soporte digital o en tarjeta; la provisión de servicios blockchain y de emisión y verificación de credenciales descentralizadas, y el desarrollo y prestación de servicios digitales para la transformación digital de las administraciones públicas, de acuerdo con los términos que establezcan las disposiciones legales de ámbito nacional, comunitario o internacional”.

Así pues, la Fábrica de Papel de Burgos se ve impelida a competir en el difícil y cada vez más reducido mercado mundial del papel de billetes de banco y, al mismo tiempo, quizás pueda participar en la prestación de servicios referidos a las técnicas y medios electrónicos, informáticos y telemáticos que la FNMT-RCM está tratando de implantar en este mundo digital tan cambiante y dinámico, como podría ser un centro de proceso de datos para las administraciones públicas. El futuro, como siempre, está por decidir.

Para saber más:

Santos y Ganges, Luis. 2023. “De las máquinas y su género: la mujer obrera en la Fábrica de Papel de seguridad de la FNMT en Burgos durante el franquismo”, en Trabajos de (no) andar por casa.  Perspectivas de género para el patrimonio industrial. Actas VIII Congreso de Patrimonio Industrial y Obra Pública en España. TICCIH-España y Diputación Foral de Vizcaya. ISBN: 978-84-7752-734-3. Este trabajo está disponible para descargar en https://www.womenslegacy.eu/mediateca/.

Santos y Ganges, Luis. 2018. La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y la industria de los billetes de banco. Historia de la Fábrica de Papel de Burgos. Ed. Dossoles (col. Historia, 21), Burgos, 579 pp. ISBN: 978-84-15907-53-4. Disponible online en: https://iuu.uva.es/publicaciones/otras-publicaciones/la-fabrica-nacional-de-moneda-y-timbre-y-la-industria-de-los-billetes-de-banco-historia-de-la-fabrica-de-papel-de-burgos/

Santos y Ganges, Luis. 2016. “Las marcas de agua sombreadas del papel de seguridad de la FNMT-RCM”, en FNMT-RCM, Filigranas. Las huellas del agua. FNMT-RCM, Madrid, pp. 91-123. ISBN: 978-84-89157-70-5. Disponible online en: https://uvadoc.uva.es/handle/10324/22185

FNMT-RCM. 2003. La Fábrica de Papel de Burgos. 50 años garantizando autenticidad. Madrid, 101 pp.

FNMT. 1978. Fábrica de Papel (Edición con motivo del XXV aniversario de la inauguración). Madrid, 35 pp. y anexo gráfico.

Burgos, junio de 2024. Luis Santos y Ganges

Fuente: Conversación sobre la historia

Portada: anverso billete de 2 pesetas puesto en circulación el 30 de julio de 1938, con las imágenes del arco de Santa María y la catedral de Burgos (foto: Todo Colección)

Ilustraciones del autor

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