Reseña de libros

Antonio Bernárdez Sobreira

 

Edicións Laiovento publicó con motivo del 150 aniversario de la Comuna parisina un libro breve de 157 páginas que introduce fuentes muy interesantes para quien quiera acercarse a la fugaz pero apasionante historia de esta experiencia revolucionaria. Proceden en buena medida del Journal officiel de la Commune,  denominación que recibe el Journal officiel de la République française en esos convulsos días (1). Se inicia el texto con una interesante introducción del autor, Xesús González Gómez, de tan solo 27 páginas pero muy densa y completa en el ejercicio de diagnosticar y explicar el episodio de 1871. El cuerpo más extenso de la obra es una selección de documentos clasificados en preliminares (páginas 35 a 61) y propios de la Comuna (61-145), traducidos y compilados junto con Alberto Allegue. Remata con un epílogo de la escritora e intelectual compostelana María do Cebreiro (145-151). Además se incluyen dos bibliografías referentes a cada uno de los textos aclaratorios y una breve cronología.

Podemos decir que es una publicación muy bien estructurada y con un uso más que adecuado para la docencia y la investigación, en tiempos en que conviene explicar el papel de la Comuna para la “imaginación política del presente”, tomado el concepto de la reflexión final de María do Cebreiro, quien también afirma que “na medida en que nela o ideal da  emancipación humana tivo lugar dun xeito efectivo, deixou tras dela un inxente rastro material”. Es ese hacerse posible de la Comuna quien le confiere una profunda dimensión utópica. En palabras de Quentin Deluermoz “pocas veces un episodio revolucionario, y además corto (72 días), ha sido estudiado y examinado tan extensamente” en un esfuerzo investigador absolutamente internacionalizado, clara muestra de la fascinación que despierta.

La presentación establece un marco general de los ciclos revolucionarios en la Francia decimonónica a fin de concretar la naturaleza histórica del acontecimiento de 1871. La de 1830 fue una revolución eminentemente burguesa contra un marco político, el de la Restauración Legitimista, que resultaba obsoleto en el contexto de las profundas transformaciones socioeconómicas que vinieron sacudiendo Francia desde 1789. González la califica de engaño o puesta en escena impulsada por unas élites que utilizarían  al pueblo de París como meros “figurantes” de una comedia.

Napoleon III retratado por Alexandre Cabanel, hacia 1865 (Wikimedia Commons)

1848 supondría la muda de la comedia por la tragicomedia en dos actos: la proclamación transitoria de la Segunda República y el ascenso del segundo Bonaparte, aquel conocido por Napoleón III y caracterizado en su momento por Karl Marx como “un personaje mediocre y grotesco” (2).

Con el nuevo Bonaparte, Francia va a conocer el camino hacia el desarrollo industrial y el boom financiero, ese proceso de cambio histórico que disecciona Zola con precisión en su serie de los Rougon-Macquart. Sería en este Segundo Imperio bonapartista cuando se agudizarían las contradicciones de clase, brotando en consecuencia el movimiento obrero en proporción a los desequilibrios económicos que ya en forma de recesión aparecen desde la década de 1860, como demostraría la creciente presencia de la AIT en la vida política y social.

 

 

¿Será la Comuna un fenómeno eminentemente parisino? El autor señala los movimientos insurreccionales que se producen en los departamentos en el año crítico de 1870, aunque anulados con celeridad por la autoridad competente. El fracaso previo del movimiento comunard en el verano y el otoño de ese año, expone para González la clave para explicar la aparente pasividad general ante el levantamiento de la capital en 1871 así como su aislamiento. Aún así, no se puede pasar por alto que iniciada la Comuna en París el 18 de marzo de 1871 (aunque no proclamada hasta el 27 o 28, según la fuente), serán alzadas entre el 23 y el 26 de marzo las efímeras comunas de Marsella, Lyon, Narbonne, Saint-Étienne, Creusot y Toulouse. Deluermoz señala al respecto que “a diferencia de la Revolución Francesa, de las revoluciones de 1830 o las Primaveras de los Pueblos de 1848, la Comuna de París no se inscribe a priori en una ola revolucionaria transnacional” aunque “hay ciertamente “Comunas”, llamadas provinciales y a veces declaradas antes que las parisinas”. El mismo autor, coincide con González en que “solo la antigua capital experimenta una forma de autogobierno durante varias semanas”.

Sostiene González un aspecto más que interesante al respecto de lo que estamos comentando. Frente a la naturaleza inesperada y súbita de las sublevaciones parisinas del pasado, la de la Comuna sería el fruto de un proceso acumulativo, como prueba que de hecho el II Imperio viniese asumiendo una posición defensiva ante la crecente oposición de republicanos y obreros, protegidos estos en los éxitos electorales de aquellos. Y aquí aparece otro aspecto reseñable, pues a pesar del crecimiento de la I Internacional y del correspondiente peso que le fue conferido por la propaganda versallesca, relativizará el autor su papel, limitado por el árbol de opiniones y corrientes divergentes, fértil en la diversidad y anarquía de sus ramas, que medra en la crisis política y social de 1870-1871 como consecuencia de la caída imperial por la vía de la derrota en la Guerra Franco-prusiana (3).

La Comuna despertó el miedo de la burguesía, traducido en las políticas represivas contra una Internacional que es calificada como peligro social, así como en la apuesta por un régimen de orden. Quien haya leído el extraordinario diario que dejó el escritor Edmond de Goncourt como narración de sus días durante el asedio y la Comuna, obtendrá sensaciones fidedignas del temor, del desasosiego e incluso del desprecio de las élites con respecto a esas multitudes que toman las calles, expropian los bienes y derriban los  monumentos (4). Usaremos con frecuencia el diario y las impresiones de Goncourt como contrapunto de la visión comunard recogida en el texto de González.

París se constituye por lo tanto en la nueva capital de la sal de la tierra, llegada de toda la Europa proletaria (5). La fascinación de la revuelta comunera es directamente proporcional a la reacción represiva del gobierno republicano de Thiers, exilado de la capital en el paradójico refugio de Versalles, representación simbólica del absolutismo en cuyo salón de los espejos va a ser proclamado el nuevo Reich alemán. Es la Comuna una fuerza transformadora que trabaja febril en la construcción de una nueva sociedad. No lo veía así Goncourt, de los pocos ciudadanos acomodados que permanecen y no huyen de una ciudad que presuntamente busca recuperar (como recoge González) el sentido de comunidad.

 

“La Comuna detenida por la ignorancia y la reacción” (fuente: www. Viento Sur.info)

El segregacionismo espacial y social que representaron por ejemplo las reformas urbanísticas de Haussmann, muestra a las claras la superación de la urbe como espacio comunitario para dar paso a la ciudad capitalista, un escalón inicial cara al actual modelo gentrificado e individualista. En su dimensión utópica (esa utopía posible mencionada por María do Cebreiro en el epílogo) radica la trascendencia de la Comuna, en el renacer de una conciencia colectiva, que además incorpora a la mujer como sujeto político, y en la construcción de un nuevo orden moral que será aplastado implacablemente por la reacción burguesa, dejando irresolubles cuestiones que son las que hacen para el autor que la Comuna permanezca viva.

El Plan Haussmann: segregacionismo espacial y planificación urbanística (fuente: www. f3 arquitectura.es)

Resulta bastante acertada por parte del autor la disertación alrededor de la naturaleza histórica de la Comuna. ¿Estamos ante la última revolución decimonónica o ante la precursora de las revoluciones socialistas? La cuestión para González guarda relación por un lado con la mitificación de la Comuna por el que denomina el  “socialismo autoritario”, en el sentido de que su fracaso explicaría la necesidad del partido guía. Por otro lado, estaría una visión libertaria o heterodoxa de que ese partido guía en realidad castra la creatividad y la autodeterminación de las masas (6). De cualquier forma, el divorcio entre la burguesía y la clase trabajadora es tangible y en la Comuna van a aparecer un nuevo vocabulario y una nueva acción política que fascinan por ejemplo a muchos intelectuales y artistas de vanguardia. En el libro es citado entre otros el caso de Henri Bauër (hijo natural de Alejandro Dumas), quien fue deportado a Nueva Caledonia por su participación en los sucesos de 1871 como miembro de la Guardia Nacional. ¿Un precursor de aquellos internacionalistas que combatieron en la Guerra de 1936 contra el fascismo? ¿Un epígono de la tradición romántica de Lord Byron y su lucha por la causa griega así como de la pléyade de revolucionarios y carbonarios que pululan por la Europa liberal saltando de una nación a otra?

Conmemoración soviética de la Comuna en su centenario (fuente: www. dreamstime.com)

Pero deja clara González su idea de que la Comuna “non foi nin crepúsculo nin aurora, foi, simplemente, un acontecemento”, propiciado por las clases trabajadoras aunque para Marx no fuesen necesariamente socialistas. En fondo, habría un empuje estético en todo esto, “porque a emancipación sempre pasa por ese cambio de estilo”.

 

La personal visión de Tardi y Vautrin sobre la Comuna de París (fuente: www. normaeditorial.com)

Comienza la compilación de documentos con el llamamiento a la constitución de unos Estados Unidos de Europa por parte de la sección francesa de la Internacional y dirigido al pueblo alemán, con data de 5 de septiembre de 1870. Acababa de llegar a París la noticia del desastre de Sedán y habían sido proclamados un gobierno de salvación nacional y una nueva república bajo el liderazgo de Adolphe Thiers, Léon Gambetta y del general Louis Jules Trochu, responsable de la defensa de la capital.

Louis-Jules Trochu (foto: Iberlibro)

Goncourt recoge el 4 de septiembre el ambiente de exaltación en las calles que sucedió al “abatimiento de los rostros” provocado por la nueva de la derrota militar frente a los prusianos y la captura de Bonaparte, no exenta su narración de una profunda desconfianza cara a la “plebe alborotadora” a quien califica despectivamente de “matones, borrachos de alegría y de vítores, granujas escépticos jugando a ser clase política”. Y continúa: “En estas circunstancias, creo que solo una república puede salvarnos, pero una república que no tenga en lo alto a un Gambetta (…) y no una república compuesta casi exclusivamente por todos los mediocres y todos los cretinos, viejos y jóvenes, de la extrema izquierda” (7).

 

Léon Gambetta (Wikimedia Commons)

Según el novelista, en la cena del 6 de septiembre en el restaurante Brébant, el mismísimo Renan irguió un canto a la superioridad prusiana, fundamentada ésta en la mecanización del individuo, “sí señores, ¡los alemanes son una raza superior!”, afirma.

Ernest Renan (foto: biografiasyvidas.com)

Parece que el general Trochu era bastante escéptico con las posibilidades reales de París para resistir un asedio por parte de los prusianos, pero establecido un Comité Central Republicano de Defensa nacional, con representación de las veinte circunscripciones de París, llamará a organizar la defensa de la capital con una restructuración de las fuerzas del orden basada en la eliminación de la vieja policía imperial y en el restablecimiento de la Guardia Nacional. Las  notas de Goncourt van a ser constantemente críticas con la labor de este cuerpo de ciudadanos armados durante el proceso de asedio prusiano y de proclamación de la Comuna.

En los diferentes documentos referidos a la actividad del Comité Central podemos observar el deterioro progresivo de la vida cotidiana en la ciudad asediada (“esta ciudad que casi mantenía el día durante la noche con la iluminación de sus comercios, sus cafés, sus cien mil puntos de luz, se ha vuelto oscura” se queja lastimero Goncourt el 23 de octubre) pero también la voluntad de mantener las condiciones normales de la vida política según parámetros democráticos e impedir la posibilidad de una reacción autoritaria, teniendo en cuenta la experiencia previa del 18 Brumario de Luis Bonaparte (Marx dixit) después de 1848. En el agitado otoño de 1870, la AIT profundiza en los llamamientos a la democratización por la vía también de la socialización. “A caída do Imperio tornaríase estéril se non provocase a eliminación de todo o sistema de corrupción e de privilexios que atentaba contra o sentido moral da nación”, sentencian en su proclama. En contraste, por la misma época Goncourt afirmaba que “todas las personas que frecuento en estos tiempos tienen una necesidad apremiante de tranquilidad del alma, de descanso de espíritu, de huida de París”. De cualquier forma, él quedó.

«Siège de Paris – le bombardement, guerre de l’invasion, 1870-1871». Estampa anónima, Paris, musée Carnavalet.

Agravado el asedio militar prusiano en los inicios de 1871, los delegados de las veinte circunscripciones de París acusaban de incompetencia al gobierno de septiembre, que no era quien de contrarrestar la agresión extranjera ni de evitar los sufrimientos de la población de la capital. La ruptura entre el gobierno republicano y la ciudad de París es evidente. En febrero se establecen comités de vigilancia basados en la ortodoxia revolucionaria y que se ocuparán de mantener el orden en los distritos, situando “a República por riba do dereito das maiorías”. Comienza la cuenta atrás hacia la proclamación de la Comuna: “En la plaza del Hôtel de Ville, al fondo, cerca del río, con el tambor en cabeza y ramos de siemprevivas en el ojal, desfilan los guardias nacionales borrachos”, comenta el diario de Goncourt en la entrada del 27 de febrero.

En esos días del final del inverno de 1871, el desolado literato describe con dramatismo la destrucción y la tristeza de la ciudad, ocupada ya por los prusianos desde el 1 de marzo y saqueada previamente en algunos barrios por la soldadesca republicana. No obstante, Karl Marx llamaba el 28 de febrero a la observancia de la Ley “até o día en que o peso da intelixencia, unido ao peso das inxustizas e das persecucións da sociedade enteira, fará inclinar a balanza ao noso favor”. La conciencia de que hay abierta una ventana de oportunidad coexiste precisamente con el temor a un fracaso que, como ocurriría en la realidad, arrastre consigo a la propia AIT.

Fuente: Points de vue & Documents

Aquellos documentos relacionados ya con el desarrollo específico de la Comuna, son clasificados por Xesús González en oficiales (procedentes del Journal Officiel) y no oficiales  (procedentes de otras fuentes pero publicados en un apartado correspondiente del Journal). El orden cronológico de los materiales permite una composición en tiempo real del nacimiento, auge y muerte del proceso revolucionario, comenzando por la proclama del 19 de marzo de 1871 por la que el Comité Central de la Guardia Nacional convoca al pueblo de París a elecciones comunales, toda vez que la capital fuese evacuada por el gobierno (“la insurrección triunfante toma posesión de París” se queja un lacónico Goncourt) tras la captura y muerte del general Jacques Léonard Clément-Thomas por parte de una multitud que también había impedido la recuperación de la artillería de la Guardia Nacional por parte del ejército en Montmartre.

Fusilamiento de los generales Clément Thomas y Claude Lecomte, foto de Ernest Eugène Appert (se trata de un montaje propagandístico realizado posteriormente con actores)(Wikimedia Commons)

El 22 de marzo de 1871 y desde el Hôtel de Ville, el Comité de la Guardia Nacional afirmaba que “París non quere reinar, senón ser libre; non ambiciona outra ditadura que non sexa a do exemplo”. La elección del consejo municipal de la ciudad sería de esta forma “a primeira pedra do novo edificio social”. “A Comuna é a base de todo Estado político, como a familia o embrión das sociedades”, puede leerse en el Manifiesto de las Veinte Circunscripciones del 27 de marzo. Como ya hizo Jeanne Moisand en este mismo blog, uno no puede evitar la asociación con los cantonalistas españoles, que en estos primeros convulsos años de la década de 1870 intentan construir también la casa de la democracia popular desde el cimiento municipal, algo que también recalca Deluermoz al afirmar que “la referencia a la Comuna fue así retomada durante la revolución cantonal española de 1873 contribuyendo, junto con otras piezas del pasado como la revolución de 1868, a dar vida al espíritu federalista español”. Como establece Moisand, “los dos movimientos estaban conectados por amplias circulaciones de ideas, tanto republicanas radicales como internacionalistas, entre Francia y España desde los años 1860”.

 

Caricatura del bombardeo de la Cartagena cantonal (Wikimedia Commons)

En estos días convulsos, Auguste Blanqui proclama la grandeza y la justicia de la causa comunard frente a un gobierno traidor y cobarde. Es en este contexto de ruptura con el gobierno republicano cuando habrá incluso que aclarar que no se busca la separación de París del resto de Francia, tal es la confusión del momento. Para el Consejo Federal de las Secciones Parisinas de la AIT “a independencia da comuna é a garantía dun contrato cuxas cláusulas (…) farán cesar o antagonismo das clases e asegurarán a igualdade social”. La democracia será social o no será y el pueblo de París rechaza ser un niño para aspirar a dirigir su propio destino.

Auguste Blanqui (foto: www. revistamentesinquietas.blogspot.com)

Proclamada la Comuna el 27 de marzo, la derrota electoral de los republicanos de Thiers anunciaba que lejos de cesar el antagonismo de clase, va a agudizarse. Previamente, el 22 de marzo una manifestación de los llamados “Amigos del Orden”, contrarios a la Comuna, había degenerado en un tiroteo de la Guardia Nacional en la Plaza de la Concordia. “En un grupo, un joven cuenta que en la plaza de la Concordia los batallones del comité han disparado contra la manifestación del orden, que iban desarmados, que hay una decena de muertos y heridos” narra Goncourt en la entrada de ese día. Se hace tangible el éxodo de los habitantes de los barrios acomodados. Para el escritor, lo que está ocurriendo no es ni más ni menos que el sometimiento del noble, del burgués y del campesino bajo el despotismo de la clase obrera que conquista Francia por la fuerza. “No se habla más que de fusilar y de guillotinar”, afirma en la entrada del 29 de marzo. Ese mismo día, el Journal Officiel proclamaba que el voto popular del 26 había sancionado la revolución victoriosa en legítima defensa frente a un poder cobardemente agresor.

Louis-Adolphe Tiers, retrato oficial por Pierre Petit

El Manifiesto de las Veinte Circunscripciones de 27 de marzo de 1871 contiene conceptos políticos significativos. Por un lado, la idea de que París “reconquistou a súa autonomía, é dicir, o dereito de organizar a súa  forza pública, a súa policía e a súa administración financeira”. Por el otro, que los hechos ocurridos se inscriben en una longeva tradición histórica que desde el municipalismo medieval llega a 1871 previo paso por la revolución de 1789. En la práctica, la revolución comunera  invadirá sin pudor el espacio político de la República, asumiendo tareas como la transformación de la función pública, la seguridad, la implantación real del laicismo o aspectos estratégicos de índole productiva y financiera (8). París sería la punta de lanza de la república social y de su correspondiente fórmula federada. “Sobre el bulevar, la borrachera de los guardias nacionales se vuelve agresiva con los paseantes” es como resume Goncourt la situación en su entrada del 4 de abril. Hay que decir que el afamado escritor parece tener una cierta obsesión con lo etílico cuando habla de la Guardia Nacional.

La Comuna como una Marianne de pesadilla (www. e-ducativa.catedu.es)

El 2 de abril de 1871 la Comuna decreta la separación entre la Iglesia y el Estado mientras que el 13 declara la enseñanza pública libre de cualquier contenido religioso, “en nome da liberdade de conciencia inaugurada pola revolución”; el 5 de abril se establecen medidas extraordinarias de orden público (que incluyen penas capitales) para contrarrestar las ejecuciones sumarias que están a llevar a cabo las fuerzas de Versalles; el 16 de ese mismo mes, se decidirá la puesta en marcha de un proyecto de constitución de sociedades cooperativas obreras que pongan en funcionamiento los talleres abandonados por los patronos; el 17 es aprobado un decreto sobre vencimientos de las deudas; el 24 se inicia la requisa de viviendas vacías para “fornecer aloxamento ás vítimas do segundo bombardeo de París”. En el bando contrario, la represión del gobierno de Thiers (en colaboración con la ocupación prusiana) confiere al conflicto político e institucional un inequívoco aire de guerra civil. “¿Por qué en las guerras civiles, aumenta el coraje y gentes que no se habrían levantado frente a los prusianos se hacen matar heroicamente por sus conciudadanos?” se pregunta un Goncourt entre indignado y desconcertado el 4 de abril.

La masacre  (www. laizaquierdadiario.com)

Mientras tanto, continúa la revolución ética y estética. Hay que destacar el decisivo concurso de la emancipación femenina. El 13 de abril, el apartado no oficial del Journal publica una proclama de las ciudadanas a la Comisión Ejecutiva de la Comuna, suscrita por siete mujeres obreras, miembros del denominado Comité Central de las Ciudadanas y que reclaman la constitución de espacios y políticas que favorezcan el activismo femenino y su compromiso con la causa. El 6 de mayo, en el mismo apartado aparece un manifiesto del Comité Central de la Unión de Mujeres para la Defensa de París, ratificando su compromiso con la defensa de una ciudad cada vez más acorralada por la contrarrevolución (9).

El 14 de abril, la Asamblea de Artistas acuerda constituirse en federación dentro de la República Comunal, contando entre sus bases programáticas “a libre expansión da arte, liberada de toda tutela gobernamental e de todo privilexio” así como el rechazo de “toda exhibición mercantil, tendente a substituír o nome do verdadeiro creador polo do editor ou fabricante”. La preside el pintor realista Courbet. Dos días antes, la Comuna había decretado la demolición de la columna de la Praza de Vendôme, “símbolo da forza bruta e da falsa gloria”. Esta se lleva a cabo el 16 de mayo y a partir de esa fecha hay que hacer constar que se va a emplear también en el Journal la nomenclatura del calendario republicano de 1792.

Gustave Courbet (Wikimedia Commons)

Como ocurre en cualquier guerra cultural, la brecha entre partidarios y adversarios deviene en abismo y así un  Goncourt descorazonado por la permanente espera del asalto y de la consiguiente “liberación” que no acaban de llegar, manifiesta su pesar ante el comportamiento de unos revolucionarios, que non habrán de merecer su “clemencia”, “no se puede imaginar el sufrimiento que se pasa en las aceras en medio del despotismo de esta escoria vestida de soldado”, sentencia.

El derribo de la Columna Vendôme (www. izquierdadiario.es)

Avanzado mayo, la sensación de huida hacia adelante adquiere caracteres de vértigo. Instituido un Comité de Salvación Pública y concentrado cada vez más el poder en la Guardia Nacional, parece inminente que la revolución fracase a pesar de las llamadas a la resistencia de hombres y mujeres (10). A final de mes, los llamamientos se dirigen  directamente a los soldados del ejército republicano, con la vana esperanza de despertar su conciencia de clase solidaria con el pueblo de la ciudad mártir. Pero desde el 21 de mayo la progresiva invasión militar de los barrios parisinos convierte la lucha en una carnicería que rematará el 29 con la caída del último baluarte, el fuerte de Vicennes. “Leo, en unos carteles pegados a las paredes, la proclamación de Mac-Mahon anunciando que todo acabó ayer a las cuatro” relata Goncourt ese mismo día. La paz de Thiers se va a traducir en un número que oscila entre las diez mil y las treinta mil muertes y más de siete mil exilados (11). La revolución que tenía que ser, no fue, y Goncourt ya podía dormir tranquilo al escuchar nuevamente “el movimiento de la vida parisina que renace, y su murmullo parecido a una gran marea lejana”.

General Patrice de Mac-Mahon (Wikimedia Commons)

La Comuna vivió y la Comuna murió. La Comuna soñó pero nunca durmió. Se levantó  en pie pero no cayó de rodillas pese a las muertes o a los destierros en Nueva Caledonia. La honestidad intelectual de Xesús González Gómez nos deja una apropiada guía interpretativa pero también la posibilidad real de poder hacer una lectura personal a partir de la riqueza de los documentos compilados. Y en galego, un valor añadido en estos tiempos de retroceso interesado de la lengua propia cara al rincón de la Historia, ese mismo donde quieren enterrar el recuerdo de aquellos movimientos que soñaron un mundo diferente, con sus sombras pero también con sus trascendentales luces.

Notas:

  1. Deluermoz, Quentin (2021): “La comuna de París, 1871, acontecimiento local, acontecimiento global” en legrandcontinent.eu.
  2.  González Madrid, Miguel (2014): “El análisis político de coyuntura. En torno a El dieciocho brumario de Luis Bonaparte” en kmarx.wordpress.com.
  3. Esas medidas fueron el resultado de debates entre una variedad de posiciones políticas que hacen recordar la riqueza del republicanismo y el socialismo del siglo XIX: blanquistas, internacionalistas, proudhonianos, jacobinos, radicales, etc. Sin embargo, el punto de referencia común, tanto en el ayuntamiento como en el terreno, es más la “república democrática y social”, que se había afirmado durante la anterior revolución de 1848. Según esta, no es posible cambiar la forma política (la República) sin cambiar la organización social y económica, mediante la Asociación”, vid. Deluermoz (2021).
  4. Este diario ha sido editado en febrero de 2020 por Julio Monteverde en la editorial Pepitas de calabaza, incluyendo una completa cronología y perfiles biográficos, con el título La Comuna de París. Diario del sitio y la Comuna de París. 1870-1871.
  5. “….es la ocasión de un vasto movimiento transnacional de voluntarios, especialmente después del 4 de septiembre. La causa francesa se convierte entonces en una causa republicana, y en particular en la de la “República Universal”. Rápidamente, miles de voluntarios internacionales acuden a luchar en Francia en nombre de la libertad de los pueblos. La mayoría son italianos, pero también hay polacos, españoles, belgas, irlandeses, griegos, estadounidenses y uruguayos. Estos hombres, raramente mujeres, participaron a menudo en las grandes luchas políticas de la época: las luchas de liberación italianas de 1848 y 1860, los conflictos polacos de 1830 y 1848, la gloriosa “revolución” española de 1868, la guerra civil americana de 1861-1865, el fenianismo de los años 1850 y 1860… Sin embargo, no sin tensión y rechazo, el movimiento continúa con la proclamación de la Comuna en marzo”, Deluermoz (2021).
  6. “…a grandes rasgos, los marxistas inscribieron la Comuna en una línea de revoluciones, como una etapa de la que hay que sacar una lección, mientras que los anarquistas la situaron más en una lucha constante de los explotados contra los explotadores, siguiendo una concepción más germinal de la revolución. Juntos sedimentaron la idea de una Comuna que sería el punto álgido de la lucha de clases, otra idea llamada a perdurar que se fue solidificando en el seno de las nuevas organizaciones políticas y sindicales”, íbid.
  7. Gambetta siempre defendió postulados democráticos como el sufragio universal o el laicismo del Estado, siendo ministro del Interior y de la Guerra durante el sitio prusiano y protagonizando durante el mismo una espectacular fuga en globo para reunirse con el gobierno provisional en Tours, como señalan las notas biográficas de la edición española del diario de Goncourt, páginas 290-291.
  8. El grupo de 79 representantes electos que ocupan un escaño en el ayuntamiento, entre ellos R. Rigault, J. Vallès, F. Jourde, E. Varlin, y que proclaman la “Revolución Victoriosa” el 29 de marzo, son bien conocidos. Por primera vez en el siglo XIX, ese grupo se caracteriza por su gran contingente de obreros cualificados (33, es decir, el 41% del total). Las medidas adoptadas durante las 57 sesiones de la Comuna también han sido estudiadas: separación de la Iglesia y el Estado, escolarización laica, gratuita y obligatoria, prohibición del trabajo nocturno de los panaderos, prohibición de las retenciones sobre los salarios en los talleres y las administraciones… Esto la convierte en una experiencia política original”, vid. Deluermoz (2021).
  9. Una serie de resoluciones de la Comuna mejoraron la situación de las mujeres. Estas podían obtener el divorcio de sus maridos mediante una simple declaración de voluntad y recibían apoyo material de la Comuna hasta que decidiera el tribunal. Maestras y maestros percibían el mismo salario. Las compañeras de guardias nacionales caídos en combate recibían de la Comuna la misma indemnización que las mujeres casadas”, vid. Kellner, Manuel (2021): “Las mujeres en la Comuna de París” en vientosur.info.
  10. lo que llama la atención en la Comuna es su final, la Semana Sangrienta (21-28 de mayo de 1871), caracterizada por el incendio de los principales edificios de la ciudad, por un lado (Ayuntamiento, Palacio de las Tullerías), y la masacre de los insurgentes, por otro (entre 8.000 y 20.000 muertos)”, vid. Deluermoz (2021).
  11. Su sangriento final, marcado por el incendio de la ciudad, el asesinato de los rehenes y la terrible masacre de los insurgentes, provoca un giro y, como suele ocurrir con los acontecimientos importantes, una redefinición a posteriori. Inmediatamente después de los hechos, la mayoría de las reacciones fueron de rechazo. La condena diplomática fue unánime, tanto en Gran Bretaña como en Brasil, donde la Cámara afirmó su “horror ante la anarquía que había logrado destruir la parte más hermosa de la gran capital de París […] Se congratuló de la victoria de la causa de la civilización y de los principios del cristianismo”. Las autoridades francesas confiaron en este sentimiento como baluarte contra las nuevas amenazas revolucionarias que parecían avecinarse”, íbid.

Reseña de: A revolución en marcha. Decretos e proclamas da comuna de París (setembro 1870-maio 1871). Xesús González Gómez, Laiovento, 2021. 157 págs.

Fuente: Este texto es una versión traducida y ampliada de un original en gallego publicado en la revista cultural Grial.

Portada: miembros de la Comuna ante el consejo de guerra en Versailles el 2 de septiembre de 1871 (foto: Ernest Charles Appert/Museo Carnavalet)

Ilustraciones: Autor y Conversación sobre la historia

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