Carlos Gil Andrés

Profesor de historia. IES Inventor Cosme García. Logroño

 

Nuestro planeta se salvará entero o se hundirá entero”. Esta sentencia podría encabezar un artículo sobre la pandemia del coronavirus o la amenaza del cambio climático. Pero tiene muchos años. La pronunció Miguel Delibes el 25 de mayo de 1975, en su discurso de entrada en la Real Academia de la Lengua.

Hay que leer dos veces la fecha de aquel manifiesto en defensa de la Naturaleza y del mundo rural para creérselo. En la crónica posterior de La Vanguardia el nombre de Delibes ocupaba la misma página que la noticia del XXXVI desfile conmemorativo de la Victoria, presidido por Franco y por el príncipe Juan Carlos. El último desfile de la dictadura. Ha pasado casi medio siglo desde entonces. En todo ese tiempo, España ha experimentado la mayor transformación económica, social y política de su historia, pero el discurso del escritor vallisoletano en vez de un documento antiguo parece un llamamiento urgente.

Al subir al estrado de los académicos a Delibes le faltaba la mejor mitad de sí mismo. Estaba desolado por la muerte reciente de su mujer. En las cartas que ese año escribía a su editor confesaba que era muy ardua y dolorosa la tarea de vivir. La grave situación del país tampoco ayudaba a aventar la amargura que sufría. Tenía 55 años. Se le veía muy delgado, con el semblante serio y, tal vez, un poco amedrentado por el escenario, por la expectación del público que abarrotaba la sala.

Pero su voz no tembló. La crónica posterior que escribió Francisco Umbral señaló a Delibes como el último árbol en pie de Castilla, el último de los justos, que había llegado a la capital a contar la verdad profunda de la tierra. Madrid le aplaudió mucho, subrayó Umbral, pero no le iba a hacer ningún caso. “Todo se habrá quedado en una solemnidad académica”. Seguramente muchos de los empingorotados y peripuestos asistentes se sintieron incómodos ante un discurso que, en vez de ser literatura de evasión, una alabanza bucólica de la belleza campestre, había sonado como una denuncia, descarnada y acusatoria, con cifras y datos, de la destrucción del paisaje y del derrumbe despiadado de la cultural rural. Un discurso que, a fuerza de conservador, resultaba un manifiesto antisistema, casi revolucionario.

Dijo Delibes que el verdadero progresismo no estriba en un desarrollo ilimitado y competitivo, “ni en sostener a un tercio de la humanidad en el delirio del despilfarro mientras los otros dos tercios se mueren de hambre”. Dijo que caminamos hacia el suicidio colectivo si no organizamos la vida comunitaria sobre bases diferentes facilitando el acceso de todo el mundo a lo necesario, revitalizando los valores humanos y estableciendo en un plano de concordia las relaciones entre el hombre y la Naturaleza. Se atrevió a decir que la historia de nuestra especie no ha sido otra cosa “que una sucesión incesante de guerras y talas de bosques”, que vivimos en una civilización voraz, ensoberbecidos, poseídos por una fiebre de dominación insaciable. Que, huérfanos como estamos de una fraternidad cálida y universal, “nos resignamos a aceptar el miedo como garantía de supervivencia”. Que prostituimos a la Naturaleza “como si fuéramos el último inquilino de este desgraciado planeta”, como si detrás de nosotros no se anunciara un futuro. “¿No se nos habrán escapado de las manos las fuerzas que nosotros mismos desatamos y que creímos controlar un día?”.

Dijo también Delibes que el progreso desbocado no solo nos arrebataba la pureza del aire y del agua, que también amputaba el lenguaje. Temía que sus propias palabras, términos como aricar, agostero, escardar, celemín, soldada, helada negra o alcor, por ejemplo, iban a necesitar pronto notas aclaratorias “como si estuviesen escritas en un lenguaje arcaico o esotérico”. ¿Quién las conoce ahora? Para el escritor castellano cada vez que moría una palabra, que se cerraba una casa en el campo o que no había nadie para repetir el gesto de los humildes la humanidad entera perdía un poco de su savia.

Hemos matado la cultura campesina, pero no la hemos sustituido por nada noble”. Así de rotundo se expresaba. En sus artículos de prensa Delibes presagiaba que muchos pueblos se enseñarían a los visitantes como nuevas ruinas de Numancia, que la Castilla que amaba acabaría convirtiéndose en un pajonal estéril. Aquel amor quedó grabado en sus novelas, en los libros donde aprendimos a mirar el paisaje como un encuentro entre la Naturaleza y la cultura rural, en sus inolvidables personajes.

Aquel domingo lejano de 1975 Delibes tenía ganas de quitarse el disfraz del frac, el traje académico que tanto le agobiaba. Sus disfraces preferidos eran otros seres, los personajes que había creado. Unos seres primarios, elementales, pero que no abdican de su humanidad, “que esperan, aquí en la Tierra, algo de un Dios eternamente mudo y de un prójimo cada día más remoto”. Pienso en Daniel el Mochuelo, en Pacífico Pérez, en el señor Cayo, en Azarías, en Paco el bajo, en el Nini, en la Desi, en el Barbas, en Lorenzo el cazador o en Nilo el joven. Nos siguen mirando con su verdad insobornable. Cuando se muere la realidad, cuando se apaga lo que tuvo vida, solo la ficción permanece. Sus personajes siguen vivos, andan entre las páginas de los libros y en la memoria clara de los lectores más fieles. Descubrimos en ellos la compasión hacia las víctimas, los desvalidos y los desposeídos; la sensibilidad hacia lo pequeño, lo efímero y lo humilde. Pero para sobrevivir, los personajes de Delibes necesitan nuevos huéspedes, nuevos lectores, llegar a los jóvenes que no los conocen. Ellos son su legado. Esta es nuestra tarea.

Fuente: La Rioja 19 de octubre de 2020

Portada: Historiarum

 

Miguel Delibes, en 1999, junto a un retrato suyo con su mujer, Ángeles de Castro (foto: Agustín Cacho/Efe)

 

Obras de Miguel Delibes
  1. NOVELAS
  • La sombra del ciprés es alargada(1948).
  • Aún es de día(1949).
  • El camino(1950).
  • Mi idolatrado hijo Sisí(1953).
  • Diario de un cazador(1955).
  • Diario de un emigrante(1958).
  • La hoja roja(1959).
  • Las ratas(1962).
  • Cinco horas con Mario(1966).
  • Parábola del náufrago(1969).
  • El príncipe destronado(1973).
  • Las guerras de nuestros antepasados(1975).
  • El disputado voto del señor Cayo(1978).
  • Los santos inocentes(1981).
  • Cartas de un sexagenario voluptuoso(1983).
  • El tesoro(1985).
  • 377A, madera de héroe(1987).
  • Señora de rojo sobre fondo gris(1991).
  • Diario de un jubilado(1995).
  • El Hereje(1998).
  1. LIBROS DE RELATOS
  • La partida(1954).
  • Siestas con viento sur(1957).
  • Viejas historias de Castilla la Vieja(1964).
  • La mortaja(1970).
  • Viejas historias y cuentos completos(2006).
  1. LIBROS DE VIAJES
  • Un novelista descubre América (1956).
  • Por esos mundos: Sudamérica con escala en Canarias(1961).
  • Europa: parada y fonda(1963).
  • USA y yo(1966).
  • La primavera de Praga(1968).
  • Dos viajes en automóvil: Suecia y Países Bajos(1982).
  1. ENSAYOS Y ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS
  • Vivir al día(1968) [Artículos periodísticos].
  • O.S.(1976) [Incluye «El sentido del progreso desde mi obra», discurso de ingreso en la Academia, y dos ensayos más].
  • Un mundo que agoniza(1979) [Reedición del discurso de ingreso en la RAE].
  • El otro fútbol(1982) [Selección de artículos].
  • La censura en la prensa en los años 40 y otros ensayos(1985).
  • Pegar la hebra(1990) [Colección de escritos periodísticos y conferencias].
  • He dicho(1996) [Incluye el discurso de entrega del Premio Cervantes y una recopilación de artículos y ensayos].
  1. LIBROS DE CAZA Y PESCA
  • La caza de la perdiz roja(1963).
  • El libro de la caza menor(1964).
  • Con la escopeta al hombro(1970).
  • La caza en España(1972).
  • Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo(1977).
  • Mis amigas las truchas(1977).
  • Dos días de caza(1980).
  • Las perdices del domingo(1981).
  • El último coto(1992).
  1. OTROS
  • Mi mundo y el mundo(1970) [Selección antológica para niños].
  • Un año de mi vida(1972) [Diario que abarca del 22 de junio de 1970 al 20 de junio de 1971].
  • Castilla, lo castellano y los castellanos(1979) [Antología de textos sobre Castilla].
  • Tres pájaros de cuenta(1982) [Libro para niños].
  • Castilla habla(1986) [Crónicas sobre viejos oficios].
  • Mi querida bicicleta(1988) [Libro para niños].
  • Mi vida al aire libre: Memorias de un hombre sedentario(1989).
  • Los niños(1994) [Antología de textos sobre el mundo de la infancia].
  • Correspondencia con José Vergés(2002) [Cartas entre el autor y su editor].

La tierra herida (2006) [Diálogo entre el escritor y su hijo, Miguel Delibes de Castro, sobre temas medioambientales

Fuente: Biblioteca Virtual

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

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