Presentación

Hace poco más de una año, Ignacio Francia anunciaba en su publicación  A la sombra de la guerra civil. Basilio Martín Patino, el cineasta indómito que estaba preparando una exposición sobre el cineasta que, tras incidencias diversas, se inauguró el 12 de febrero pasado. Nadie preveía entonces que la llegada de la pandemia tuviera que interrumpir a mitad de su recorrido  la propuesta expositiva «Basilio Martín Patino. Pasión por el juego», organizada por la Universidad de Salamanca. Volverá a abrirse en el momento en que la situación sanitaria lo permita, pero, mientras tanto, y, luego, cuando llegue la hora de su conclusión, el blog será el cobijo de la obra de uno de los cineastas más difícil de clasificar y menos acomodaticio.

Esta Documentación consta del Folleto de la exposición, de la Galería de imágenes  y de dos documentos audiovisuales que recogen dos videos de «Canciones para después de una guerra», dos de «Caudillo», uno de «Nueve cartas a Berta», otro de «Los paraísos perdidos» y  dos  de «Octavia».

 


 

Basilio Martín Patino, el cineasta que relató la historia desde la ficción y el juego

 

Ignacio Francia Sánchez (*)

 

La exposición reúne 1.200 documentos –fotografías, documentos personales y creativos, materiales de prensa…, y, lógicamente, obras fílmicas—con la pretensión de ofrecer un reflejo de la trayectoria vital y profesional del cineasta. Entre esos materiales figuran buen número de documentos inéditos o escasamente conocidos, que en algunos casos permiten establecer una nueva visión sobre algunas de las obras del realizador. Al lado de la documentación se proyectan íntegramente varias piezas de su filmografía, así como fragmentos seleccionados de otras de sus obras.

Desde sus primeras películas, Martín Patino está considerado como un cineasta que ya marcó un camino personal en su creación. Para salvaguardar su independencia creativa se alejó de la industria y también prescindió de someterse a los trámites oficiales y censores, con un enfrentamiento abierto a la dictadura desde su trabajo en la clandestinidad. Buscó hacer de la libertad personal una forma de entender el cine y la vida. También, sus obras las afrontó desde un marcado sentido lúdico que él explicó al señalar que “creo que el cine, por encima de todo, es juego. Y para mí, seguirá siendo un juego o una pasión personal”. Por ello, la exposición, ya desde el comienzo, señala esas posiciones del realizador.

En noviembre de 2006 Basilio Martín Patino escribió que “me hice director de cine con apenas ocho años, a partir de manipular una bombilla dentro de una caja de zapatos agujereada y un ingenioso mecanismo de carretes giratorios”, con los que consiguió proyectar movimientos sincopados de imágenes que había dibujado, lo que lo deslumbró y excitó su imaginación. Y también dejó en su archivo una cuartilla con esta anotación: “Insisto en remarcar lo de juego, que creo ha sido la constante más notable que me ha incitado, por encima de todo, hasta mi última película, y no me importa confesar que como tal actividad lúdica, la he realizado sin concesiones, a mi aire, resultando de ello la verdadera y más intensa compensación”.

Caudillo: desfile en la Plaza Mayor de Salamanca

La propuesta expositiva desgrana, igualmente, el recorrido de quien fue con su obra un director intrépido en sus propuestas, y cómo el recorrido de su cine ha supuesto un camino cargado de búsqueda, de innovación, de desafíos estilísticos y estéticos. Rompedor en sus planteamientos no eludió el riesgo, consciente, como él mismo señaló, de que “en cada película construimos una ventana desde la que inventarnos el sentimiento de la historia y su poética”. Y también, porque estaba convencido de que “la libertad en cine consiste en creer o no en la inteligencia del espectador, allá él, para que se interese o se abstenga del juego, crea o no crea”.

Juego y libertad son los dos pilares que sustentan la exposición. De ahí se derivan otros dos ejes para el desarrollo expositivo. Por una parte, se entra en la lectura de un terreno no explorado hasta ahora, que son los espacios de su niñez en Lumbrales, además de la adolescencia en Salamanca y el seminario de Comillas, antes de pasar a la etapa en la Universidad de Salamanca, cargada de pujanza intelectual y motivaciones emprendedoras. Y por otro lado, la propuesta plantea un recorrido narrativo de la trayectoria de Martín Patino a través de su obra fílmica, con las ricas y llamativas ramificaciones que transitó desde sus constantes desafíos. Los materiales seleccionados documentan la andadura de un cineasta que entendió que tanto para el autor como para el espectador el cine resulta “más gratificante cuanto más me atreva a olvidarme de toda atadura, preceptiva o normativa de lo que académicamente se deba hacer, para hablar en directo al espectador”.

El proceso expositivo plasma cómo el niño que había nacido en Lumbrales (Salamanca) el día 29 de octubre de 1930 en el seno de una familia de maestros conservadores y muy religiosos rememoró siempre la especial felicidad y libertad con que vivió en el pueblo, hasta el punto de que cuando la familia se trasladó a Salamanca dejó escrito que:   “Yo venía de un pueblo con caminos y nombres de pájaros conocidos, un pueblo con eras, vendimia, grillos, pan blanco, calostros, corrales con animales, desván. Y en contraste, el ámbito se me llenó de pisos altos de cemento y medicinas y cupones de lentejas y vírgenes de Fátima y un maestro gordo del barrio Garrido del que nunca entenderé por qué nos pegaba tanto”. En ese nuevo tiempo de la adolescencia Martín Patino dejó constancia de que la etapa de la primera posguerra no afectó a su vida, como él mismo señaló: “No conocí ni la guerra ni la posguerra. Viví en Salamanca. Era un niño de derechas feliz en una Salamanca feliz. De lo que pasó me di cuenta más tarde”. Las imágenes de las películas Caudillo y Canciones para después de una guerra apuntalan la documentación sobre aquel periodo a través de esas obras que –junto a Queridísimos verdugos—requirieron la posición contundente de rebeldía por parte del realizador ante la arbitrariedad e irracionalidad  del régimen.

Nueve cartas a Berta

De la toma de conciencia del joven que había ingresado en la facultad de Letras de la Universidad de Salamanca se ofrece amplia y notable documentación en esos espacios. Los documentos que figuran en la exposición trazan la trayectoria del Cine-club del SEU que fundó y se enlaza sin solución de continuidad con el planteamiento de las I Conversaciones Cinematográficas Nacionales, de modo que se plasma nítidamente cómo se gestaron y desarrollaron mediante dos vías bien engrasadas: en la gestión de lo burocrático y financiero, como promotor y aparato legal, figuró el Cine-Club del SEU con Martín Patino y, en los aspectos ideológicos, a través del PCE con Ricardo Muñoz Suay, Juan Antonio Bardem y Eduardo Ducay, a la búsqueda de “una eficacia poítica”. La instrumentalización del SEU, junto con el apoyo del rector de la Universidad, Antonio Tovar, hizo posible aquella propuesta de analizar el cine español oficial desde posiciones críticas con apertura de mente y libertad entre los diferentes sectores implicados. Pero, sobre todo, por primera vez después de la guerra civil se congregaron en una sala y expusieron y debatieron sus ideas personas de procedencias ideológicas muy distintas, contenidas dentro de la horquilla marcada por los afectos al régimen y los comunistas. Fue posible el diálogo y el entendimiento con sentido democrático, lo que se denominó el “espíritu de Salamanca”.

Esas posiciones que hicieran posible permeabilizar los estratos dictatoriales del régimen era lo que pretendía el PCE, en la búsqueda del avance para propiciar la toma de conciencia sobre los problemas de la sociedad española. Desde luego, el primer sorprendido por aquellas desviaciones fue el régimen, y eso es lo que por primera vez se puede documentar a través de la exposición, en la que figura el libro de actas del Consejo Provincial de FET y de las JONS, que hasta ahora no se había podido consultar. En la sesión que se celebró en noviembre se pusieron de relieve “los resultados absolutamente contraproducentes de las Conversaciones”, ya que “vencieron los técnicos contrarios a nuestra política falangista”, y se acordó informar la Secretario General del Movimiento “sobre la realidad y experiencia de aquellas Conversaciones”.

Y en función de esa experiencia el régimen su puso en guardia ante cualquier otro intento dentro del ámbito de la “apertura cultural” que había iniciado el ministro J. Ruiz-Jiménez. De ahí se derivó la posición frente al Congreso Nacional de Estudiantes –antes, Congreso Universitario de Escritores Jóvenes– convocado en la Universidad de Madrid con planteamientos y propuestas democráticos, desde terrenos convergentes con las Conversaciones, que se proyectaron en febrero de 1956 a través de un manifiesto “desde el corazón de la Universidad española”. Demasiado para el régimen dictatorial, que prohibió el Congreso promovido por quienes fueron “calificados como jaraneros y alborotadores”, al tiempo que saltó la agitación estudiantil en las Universidades, con detenciones importantes de “hijos del régimen”. Conversaciones y Congreso pusieron a funcionar de manera explícita a la oposición contra la dictadura.

Basilio Martín Patino encuadra la Gran Vía Madrileña en el rodaje de su película Madrid (1987)

La exposición también muestra por primera vez una destacada documentación relacionada con la película Nueve cartas a Berta, cuya génesis será necesario rescribir.  Ha aparecido la novela La agonía de los luceros –que se tituló Calle Toro, 36 en posterior reescritura– y que era desconocida. Es en ese texto donde se encuentra la raíz de la película, tanto en su estructura como en sus personajes. Pero, además, también se han localizado siete tratamientos previos al que fue el guión de rodaje de la película, en los que se advierten diferentes variaciones, algunas destacadas. Con aportación simbólica destacada en relación con la película allí figura la novela Éstos son tus hermanos (México, 1965), de Daniel Sueiro –entrañable amigo del cineasta–, donde el protagonista, también Lorenzo, como en la película, regresa a España desde el exilio.  Son obras que con sus imágenes y textos componen la sala de “los retornos”, junto con Los paraísos perdidos (1985) y Octavia (2002).

En la propuesta expositiva también se dispone por primera vez una amplia muestra de los muchos textos de guiones que elaboró Basilio (varios, con Daniel Sueiro) y que nunca pasaron a imágenes. El filólogo José Antonio Pascual, que lo conoció de cerca, lo ha captado claramente al señalar que en la exposición se advierte “la posibilidad de comprender la importancia que tuvo a escritura en Basilio”, así como de caer en la cuenta de su formación humanística. Muchos de esos guiones no realizados entraron de lleno en el campo de la historia, desde la posición de quien nunca quiso ser historiador sino que reconoció que falsificó sin límites para conseguir “verosimilitud en la copistería” en su búsqueda de la complicidad con el espectador. Para él, el cine era un modo de transmitir historia, “pero contándola de otra manera”, como dejó escrito. Hay textos como la propuesta –junto con José Luis García Sánchez– sobre los Episodios Nacionales de Pérez Galdós, o Crónica sentimental de España, de Vázquez Montalbán, aparte de la serie Apócrifos, que hubieran ofrecido un panorama deslumbrante.

Y en ese ámbito de la falsificación y del juego –que, no se dude, evidentemente era el montaje, en el que fue maestro– se ha logrado reunir una aportación de elementos relacionados con la producción de spots publicitarios, campo en el que Martín Patino trabajó con intensidad y alcanzó prestigio y donde, como señaló reiteradamente, consiguió el dominio del lenguaje cinematográfico. Figuran anuncios, como el celebrado y laureado sobre el café Monky, o el relativo al lanzamiento del libro de Hugh Thomas La guerra civil española, que marcaron época. Precisamente, en relación con éste último, Basilio Martín Patino filmó él mismo nuevas imágenes sobre situaciones guerreras, y una de ellas fue la reproducción de la conocida foto de Robert Capa sobre el guerrillero del Cerro Muriano, ficción que fue muy reproducida. Cuando, más tarde, se levantó una polémica  en torno a si Capa había tomado la foto durante la batalla real o la había simulado posteriormente, Basilio lo celebraba con regocijo: “De lo que están hablando es de lo que yo rodé, y yo busqué la situación, nunca la simulación de la perfección”.

(*) Ignacio Francia Sánchez (Lumbrales, Salamanca, 1943). Periodista y escritor. Trabajó en los diarios salmantinos El Adelanto y La Gaceta Regional, así como en RNE, de cuya emisora en Salamanca fue director. Corresponsal de El País, La Vanguardia, El Norte de Castilla y Agencia Efe. Es autor, entre otros libros de «Salamanca 1950-1992. Materiales para la Historia» (2002), «Salamanca de Cine» (2008), la novela «La curva del camino» (2016). Comisario de las exposiciones «El tiempo de Miguel de Unamuno y Salamanca» (1998), «Sueños de concordia. Filiberto Villalobos y su tiempo histórico» (2005).


   

Folleto de la exposición

 

Galería de imágenes

 

 BSO Canciones para después de una guerra

 

Vídeos de la exposición (lista de vídeos)


 

Portada: Basilio Martín Patino contemplando «El cielo de Salamanca»

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