Jordi Amat

Escritor y filólogo. Dirige el quincenal «El Món de Demà» (La Vanguardia). Sus últimos libros son la biografía «Com una pàtria. Vida de Josep Benet», la crónica «La conjura de los irresponsables» y el ensayo «Largo proceso, amargo sueño» donde se analiza la reconstrucción de las culturas políticas del catalanismo tras la guerra civil.

 

Los díscolos discípulos de Plutarco leemos, cuando el maestro no nos mira, las cartas cruzadas entre dos de los más gamberros renovadores del género: los amigos modernistas Lytton Strachey y Virginia Woolf. En una de esas cartas, que se tradujeron completas al castellano hace un par de años, el estrafalario genial que era Strachey le decía a su íntima amiga que estaba leyendo el primer volumen de la biografía de Florence Nightingale –la primera enfermera moderna, una reformista social– escrita por el ortodoxo Edward Cook. El voluminoso libro está colgado en la red. La de Cook era una biografía rendida a la ejemplaridad de su protagonista, pero Strachey, a medida que avanzaba en la lectura, se iba rebelando contra aquella mujer canonizada ya en vida como un paradigma de la bondad victoriana: “¿no crees que es un muy buen ejemplo de los extraños caminos por los que pueden llevarnos los furores del egoísmo?”.

Él mismo respondería cuatro años después a su propia pregunta retratando con palabras a Nightingale. A través de su ojo atento Strachey descubría que aquella actitud pública efectivamente ejemplar podía convivir una intimidad caracterizada por un afán de poder invisibilizado. Aquel texto se publicó en el libro que en 1918 cambió la historia del género: Victorianos eminentes.  En la colección “Españoles eminentes”, impulsada por la Fundación Juan March, se publicó la biografía de otra pionera. En este caso española, nacida el mismo año que Nightingale y también una reformista social admirable: la católica y liberal Concepción Arenal (Ferrol, 1820 – Vigo, 1893). Ahora esta obra, espléndida, ha sido justamente galardonada con el Premio Nacional de Historia.

Anna Caballé (foto: Lena Prieto, Crónica Global)

El libro deslumbra porque todo él está penetrado por una luz nueva –nuevas fuentes, potente interpretación– y su autora –Anna Caballé– suma una serie de talentos como investigadora que la convertían en la biógrafa modelo para este personaje. Además de estudiosa del género –hace 25 años fundó la Unidad de Estudios Biográficos– y biógrafa experimentada –Francisco Umbral, Carmen Laforet–, la profesora Caballé no sólo construyó el mejor canon de las literaturas españolas escritas por mujeres sino que en 2014 también propuso una lectura integral de toda la tradición del feminismo de nuestro país (el libro lo publicó Cátedra). Allí ya se formulaba preguntas más que pertinentes sobre algunos interrogantes biográficos relativos a Arenal. “¿Cómo no se han estudiado todavía los motivos de su relativa claudicación?”. Años después ella dio la respuesta por extenso.

Y no era fácil porque esta pensadora –“levanta una filosofía moral práctica de la nada” – borró centenares de huellas personales e hizo lo posible para que, ante la mirada ajena, su mundo interior fuera imposible de reconstruir como los restos de un vaso oscuro que impacta y se pierde en el océano del olvido. Ante la falta de información disponible Caballé lo ha leído todo: lo mucho que publicó en su día pero también los textos que quedaron inéditos (manuscritos de novelas, poemas malos pero reveladores, una obra de teatro que no hace tanto se llevó a escena por vez primera). Y ha perseguido cualquier fósil de su paso por la vida: cartas, actas notariales o referencias en prensa. Allí donde vivió, en Potes o en Madrid, en Ferrol o Gijón, allí ha estado la biógrafa para ver lo que Arenal veía desde su ventana o comía en su comedor; si ha sido necesario, como puede leerse en el texto, ha entrado en una vivienda en obras perseguida por un albañil angustiado que sólo podía advertirle que “si viene el jefe, me despedirá por su culpa”. 

Concepción Arenal (imagen: Inma Sáinz de Baranda en La Vanguardia, 29 de septiembre de 2019)

De alguna manera podríamos decir que La caminante y su sombra es, al mismo tiempo, una biografía ortodoxa –porque revaloriza la obra y el ejemplo de Arenal, cuyo prestigio internacional como penalista o especialista en sistemas penitenciarios es indiscutible–, pero (como las de Strachey) también es heterodoxa: Caballé no oculta que la protagonista atravesó diversas crisis emocionales mayúsculas (la peor relacionada con la muerte de su madre que desveló una fascinación casi edípica por su padre) y muestra la cara oculta de una mujer sinuosamente orgullosa. “En el fondo”, leemos en unas líneas que son puro conocimiento biográfico, “hay un deseo oculto de impresionar al otro con la entereza de la resignación”. Sería a partir de esa resignación, reflexionando sobre el mal, la injusticia y el dolor, con plena conciencia de ser una intelectual muy encima de sus contemporáneos (lo supo la condesa de Mina, los krausistas, pocos más), que está mujer se convertiría en una de las españolas sin duda más eminentes de su tiempo. 

Anna Caballé: Concepción Arenal. La caminante y su sombra. Madrid, Ed. Taurus, colección Españoles eminentes, 2018.

Fuente: Nueva versión del artículo «Concepción Arenal vista por Anna Caballé», publicado en La Vanguardia,  29 de septiembre de 2019.


 

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1 Comentario

  1. Sín ánimo de de desmerecer a nadie en particular, de Freud para aquí se sabe que «todos nosotros» tenemos nuestras motivaciones concientes que nos impulsan para hacer algo, o ser alguién, pero que también tenemos nuestras motivaciones inconscientes. Estas últimas a la hora de decidir suelen pesar mucho mas. Esto de las «motivaciones inconscientes» ( aunque me esté yendo un poco del tema,) suele aparecer de manera bastante vista en el caso de la elección de la pareja, sobre todo cuando a través del tiempo se reiteran, los mismos errores, como sí en nuestra psique, o en nuestra conciencia, existiera una suerte de «agujero negro» al que habitualmente el común de los mortales no tenemos acceso. En este caso se trata de algo que suele ocurrir muy a pesar de nosotros mismos. Pero debemos tener en cuenta que las «motivaciones inconscientes» que en muchos casos se encuentran originadas en el deseo de «reparar» , también se encuentran presentes en otros actos personalísimos de los seres humanos, como por ejemplo, la elección de una profesión. o una actividad, cualesquiera que esta pudiera llegar a ser.

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