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Conversación sobre la historia


 

Los restos de Marc Bloch (1886-1944), junto con los de su esposa, Simonne Vidal, reposan desde el día 23 de junio en el Panteón de Francia. El texto que presentamos de Pablo F. Luna enfoca este acto desde la perspectiva de “lo que la panteonización no debería hacernos olvidar”.

Al igual que para Pablo F. Luna, para Conversación sobre la Historia poder homenajear a Marc Bloch es una dicha. La forma en que Marc Bloch concibió el papel de la Historia, del oficio de historiador, nos conmueve profundamente, pues marca “el ánimo y las ideas que nos mueven”, hasta el punto de que en nuestra Presentación en el Blog no dudamos de copiar aquella frase inspiradora de Marc Bloch: “La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero quizá es igualmente vano esforzarse por comprender el pasado, si no se sabe nada del presente”.

Somos conscientes de que para algunos de nuestros lectores volver a releer Problemas de Europa, escrito en 1935, les provoca cierto erizamiento en el plexo cervical, por esa sensación, que nos lleva acompañando ya algunos años, de lo que allí se explicita se parece pasmosamente al presente. Pero es momento de júbilo, y como él mismo March Bloch hizo al analizar el Tapiz de Bayeux en su obra La sociedad feudal, la historia no está en los relatos de los que quieren convencernos, sino en nuestros restos arqueológicos e iconográficos, que revelarán lo que hemos sido hoy.

Escena del tapiz de Bayeux en la que se representa la construcción de la flota para la invasión de Gran Bretaña (foto: artehistoria)

Pablo F. Luna
CRH-CNRS-EHESS-Erhimor

Introducción

Sucesivamente postergado (porque “no era aún el momento” o por otras razones, quizá aún más circunstanciales), la Francia actual ha organizado el ingreso al Panthéon[1] del gran historiador medievalista Marc Bloch, héroe de la resistencia contra la invasión nazi, el sistema hitleriano y sus cómplices. Encarcelado y torturado durante semanas, fue luego asesinado por el ocupante, en junio de 1944, cerca de Lyon. Digámoslo con toda claridad, aunque no haya sido proclamado como tal por parte de sus promotores: estamos ante un homenaje no solo francés sino de alcance europeo y mundial, sobre todo en los momentos actuales, cuando ha renacido el nazi-fascismo por Europa y el mundo, adaptado a las circunstancias presentes.

Con ese homenaje se está reconociendo el papel y el mérito de un resistente de los primeros momentos (no de la hora undécima) que no dudó en arriesgar su vida y su caudal intelectual e institucional en pro de la lucha organizada contra el nazi-fascismo y sus consecuencias globales —no solamente en Francia y no exclusivamente contra el genocidio judío[2]. Además de que, según su propia aseveración, la que también explica su actitud y compromiso, solo había un caso —siendo no obstante ateo— en el que reivindicaba abiertamente su ascendencia y orígenes judíos: para defenderse frente a la persecución antisemita.

Tras una ceremonia con presencia popular, marcada por la emoción, las expresiones artísticas y la poesía —a pesar de los diversos intentos de instrumentalización política, civil y militar—, los restos del gran Marc Bloch fueron acogidos y depositados en el recinto donde reposan los de aquellos a quienes la patria reconoce como sus hijos e hijas más queridos, al término de una vida de extraordinario valor. Sin embargo, ha habido aspectos y personas en la obra y el itinerario del hombre consagrado en el Panteón francés que no han recibido la suficiente atención; es necesario mencionarlos.

Retratos de Marc y Simone Bloch en Paris, el pasado 22 de junio, durante los actos de ingreso de sus restos en el Panteón (foto: AFP / Adnan Farzat / NurPhoto)

La Panteonización

No es solamente el reconocimiento de Marc Bloch como historiador el que se traduce en esta panteonización. Razones había de sobra para ello empero, al tratarse de uno de los dos profesionales cuya actividad permitió dar un vuelco revolucionario a la disciplina histórica —no exclusivamente a su escritura, como se dice demasiado frecuentemente, sobre todo a su producción y construcción—, durante la primera mitad del siglo XX, junto con Lucien Febvre y gracias a la creación, en 1929, de la revista Annales. Es decir, de un lado, por el hecho de haber establecido como exigencia metodológica la necesidad de incorporar el análisis histórico de las estructuras socioeconómicas y no solo la política o el discurso (como se practicaba hasta entonces). Y, por otro lado, de nunca olvidar que se debe interrogar el presente (o sea, la inevitable presencia de lo actual, como él mismo lo subrayara) y hacer que la ciencia histórica lo practique de manera sistemática y permanente, yendo más allá de la comodidad de las certezas del pasado o de las fuentes documentales consultadas, dando lugar a una disciplina que también se interese por el bienestar y el buen vivir de los seres humanos en la vida presente.

También ha habido desde luego razones de orden moral y ético en ese homenaje de la nación. Recordemos que, en circunstancias en que las clases sociales dominantes simple y llanamente habían claudicado y se habían abandonado a la colaboración con la estructura militar de los ocupantes hitlerianos, ante la derrota y dispersión de los ejércitos de entonces, hubo entonces en Francia fuerzas que se opusieron a la capitulación e hicieron frente al desastre y la ignominia. Muy rápidamente, durante el mismo verano de 1940, solo semanas después de la humillación sufrida (durante el terrible mes de mayo), Marc Bloch compuso “desde adentro” (puesto que se encontraba movilizado en varios frentes bélicos) —a la manera del examen de conciencia integral del combatiente—, un agudo análisis de la derrota, plasmado en un conjunto de textos que fueron luego reunidos y editados, en 1946 (hace 80 años), bajo el título de L’Etrange défaite (La Extraña Derrota).

Su objetivo fue el de pensar históricamente[3] la debacle francesa, sus orígenes y factores; es decir, los elementos internos, morales e intelectuales de la sociedad que habían favorecido y propiciado la hecatombe. Con sus naufragios e imprevisiones militares, basados en la arrogancia e incompetencia de sus mandos, sin ocultar la política de abdicación y renuncia de los medios económico-financieros dominantes. Fue su manifiesto de acusación, antes de pasar a la clandestinidad combativa —a los 56 años de edad— e integrarse plenamente desde entonces en las redes de los que ya constituían la resistencia frente a la ocupación nazi y el régimen de colaboración del mariscal Pétain. De allí que se le recuerde también como el historiador que nunca renunció ni se rindió.

Lo que la panteonización no debería hacernos olvidar

No obstante, hay algunas cuestiones y algunos personajes que han quedado más o menos olvidados por esta panteonización y que conviene recordar —aunque no sea del agrado de todos y no quepa en lo “políticamente correcto”. Tratemos de clarificar nuestro punto de vista, en los límites de este artículo, en relación con dos asuntos.

1) Desde el punto de vista académico y científico —fuera de la importancia y el alcance europeos y mundiales del ejemplo del homenajeado, de lo que poco se ha reseñado, tal como ya lo dijimos—, no se ha hablado mucho de la repercusión internacional y mundial de la obra de historiador de Marc Bloch. No es un aspecto que él mismo no tomara en cuenta o desdeñara. Como bien sabemos, sus trabajos fueron rápidamente conocidos y difundidos (por ejemplo, la Apología por la historia) y a fortiori utilizados por el mundo hispanoamericano —especialmente a partir de México—, inspirando un conjunto de investigaciones de historia, especialmente de historia del campo, el campesinado y las evoluciones agrarias.

Con lo que entramos asimismo en otro de los asuntos que han sido relativamente poco valorizados por la mencionada panteonización. Es decir, el hecho de que la obra de Marc Bloch es principalmente una obra de historia rural, de historia de los campesinos, de historia socioeconómica de modalidad francesa[4], cuya influencia se ha dejado sentir (y lo sigue haciendo) no solamente por Europa sino también por otros espacios del mundo, dentro de ellos la ya mencionada Hispanoamérica. Pero es también una historia que apuntaba a la imprescindible confrontación con otros casos susceptibles de admitir la comparación. Lo que significa que Marc Bloch no solo se interesó por la historia rural y agraria francesa sino también simultáneamente, casi de forma pionera (con su orientación específica), por la historia rural y agraria germánica y británica (inclusive ibérica e italiana), componiendo trabajos al respecto o estimulando su realización, revisando las fuentes documentales correspondientes y planteando problemas de amplia envergadura, que siguen esperando que se reasuma su investigación. Subrayando entonces la necesidad imperativa de la historia comparatista, estableciendo normas para conducirla.

De otro lado, sus principales trabajos examinaron cuestiones cruciales de los campos y las sociedades rurales, dentro de la geografía francesa, desde la Antigüedad, pasando por la Edad Media y la Edad Moderna. Al lado de sus estudios y reflexiones sobre los reyes taumaturgos, no olvidemos sus investigaciones sobre las campiñas parisinas (de las que sale su tesis), sus pesquisas respecto a la tecnología agraria y sus avances (por ejemplo, sobre los molinos hidráulicos), sobre la diversidad de las prácticas culturales y el saber campesino acumulado, o su profundo examen socioeconómico, cultural y estructural, de la sociedad feudal —inigualable modelo. Pero por encima de todo, recordemos que en 1931, haciendo un alto en sus investigaciones, con el fin de reflexionar mejor sobre la manera de continuar con su trabajo de análisis histórico, Marc Bloch compuso sus Caractères originaux de l’histoire rurale française, verdadero ejemplo de síntesis histórica, abierta a nuevos aportes y nuevas investigaciones de terreno[5]. Su relectura regular es casi una obligación profesional (de oficio, según la fórmula blochiana) para los historiadores. O debería serlo.

Fuera de la Extraña Derrota, como ejemplo de su actitud analítica y práctica de también pensar históricamente los asuntos del presente (con su amplia mirada crítica para profundizar y agudizar el conocimiento), se podría evocar su singular trabajo sobre las falsas noticias y los rumores que circulan en épocas de guerra —entre los hechos reales y la imputación e imaginación populares—, su certero y ponderado análisis de la historia de Europa o su extraordinario proyecto de reforma de la instrucción y educación francesa, de 1943, en cuyo fracaso y abandono de valores situaba —luego de un pormenorizado análisis— uno de los factores de la hecatombe de mayo de 1940. Son trabajos, digámoslo de paso, que vuelven a tener toda actualidad. Pero sería alargar excesivamente el contenido de los asuntos no tomados en cuenta, o solo parcialmente invocados, que siempre son la secuela de homenajes de esta naturaleza, tratándose de personalidades complejas y simultáneamente apasionantes.

2) Porque también ha habido personajes que no han sido suficientemente recordados en esta celebración. Seguramente, por un lado, ha faltado mencionar a los 29 compañeros de resistencia de Marc Bloch, torturados y ejecutados junto con él por la brutalidad de la venganza nazi contra sus opositores, o quizá evocar su red de colaboradores y simpatizantes, cercanos y lejanos. Pero, por otro lado, me parece que se debe sobre todo recordar a aquellos que, a pesar de diversas operaciones de silenciamiento (sus denuncias en la Extraña Derrota no habían dejado incólumes a personajes, grupos sociales ni instituciones), supieron sobreponerse a todo con el fin de conservar su ejemplo, enaltecer su obra y memoria. No era un asunto anodino o fútil el defender el ejemplo no sólo científico sino también cívico y resistente de un personaje como Marc Bloch.

Dentro de ellos, tanto por la calidad de su labor como por el inagotable ardor puesto en ella, resulta indispensable recordar el ejemplo de Etienne Bloch, hijo de Marc Bloch, quien supo durante décadas conservar y defender la herencia intelectual y resistente de su padre. En primer lugar, editando y reeditando sus obras, con elementos regulares de contextualización y actualización, así como su voluminosa correspondencia epistolar, a la manera de un editor historiador —algo que poco se ha dicho durante el proceso de panteonización. Gracias a él, se publicaron y republicaron numerosas obras, alimentadas por añadidura con el bagaje de los archivos personales y familiares, la memoria y el recuerdo de los sobrevivientes[6].

En segundo lugar, porque buscó Etienne dentro de los historiadores de oficio en ejercicio a aquellos que pudieran ayudarle a mantener viva la llama del ejemplo blochiano, incorporando a los especialistas de la biografía y obra del personaje, los que no obstante siempre tuvieron que rendirse ante la evidencia: el sesudo y profundo conocimiento de la obra de su padre, que caracterizaba a Etienne, sabía perfectamente en donde podían localizarse y encontrarse tales o cuales elementos o referencias, para aportar luces suplementarias a la contextualización de cada una de sus principales obras.

Pero además, en tercer lugar, la importancia de la contribución de Etienne radicó también en el hecho de haber enfrentado y vencido (en reiteradas oportunidades), vinieran de donde vinieran, las diversas operaciones de manipulación, desinformación y de grosera utilización reaccionaria de la imagen, el ejemplo y la memoria del medievalista resistente antinazi. En particular aquellas procedentes de la extrema derecha neofascista o de presuntos “nacionalistas de izquierdas” (a veces confabulados y coaligados entre sí), que inclusive pudieran esconderse detrás de asociaciones o fundaciones que usurparan el nombre de Marc Bloch, con fines inconfesos.

No conviene que olvidemos entonces los esfuerzos del magistrado Etienne Bloch, lamentablemente fallecido en 2009, para defender la herencia intelectual y resistente de su padre. Su solidaria personalidad y su búsqueda incesante de la verdad, inspirados en el ejemplo de su padre (Dilexit Veritatem, “amaba la verdad”, epitafio funerario escogido por Marc Bloch), también se manifestaron en su apoyo a las luchas de los pueblos del mundo, especialmente de Irlanda y Brasil[7]. No es inútil invocar su ejemplo, no siempre recordado, por la senda de las huellas de la panteonización de su padre.

Libros de Marc Bloch incautados por los ocupantes nazis y restituidos en mayo de 2026 por el estado alemán a los descendientes del historiador (foto: Biblioteca estatal de Berlin/Felix Baßler)
Notas

[1] El acto y la ceremonia han tenido lugar el 23 de junio pasado. Como necrópolis institucional de Francia, el Panthéon fue instaurado por la Révolution de 1789 (en los locales de la antigua iglesia católica de Sainte-Geneviève), en donde reposan los restos de “mujeres y hombres a los que la Patria testimonia reconocimiento”. Así, los restos de Marc Bloch acompañan ahora a los de Voltaire, Rousseau, Víctor Hugo, Zola, Dumas, Jaurès, Gouges y Manouchian, entre otros.

[2] Sobre la vida de Marc Bloch, resulta ineludible la consulta del magnífico Marc Bloch, 1886-1944. Une biographie imposible (Limoges, 1977), compuesto por Etienne Bloch, su hijo e incansable defensor y difusor de la obra blochiana hasta su fallecimiento, en enero de 2009.

[3] Como Pierre Vilar aconsejaba que se hiciera, con respecto a la historia que se desarrolla ante nosotros, utilizando para ello la metodología y las herramientas del historiador. Ver, entre otros, Pensar Históricamente. Reflexiones y Recuerdos, Barcelona, 1997.

[4] Para distinguirla de otras como, por ejemplo, la anglosajona. No deseamos multiplicar las referencias bibliográficas, pero recientemente se han publicado dos trabajos que ayudan a comprender que estamos hablando de una historia que forma parte del patrimonio historiográfico francés y de la particularidad de las contribuciones de Marc Bloch durante el siglo XX. Se trata del libro de Gérard Béaur, Le paysan, les pouvoirs, l’argent, 1614-1815 (París, Champ Vallon, 2026) y del artículo de Nadine Vivier, “Le succès durable de ‘Lutte pour l’individualisme agraire’”, Revue d’Histoire, 169, 1, pp. 79-90.

[5] La versión en castellano apareció en 1978, publicada por la Editorial Crítica, bajo el título de La historia rural francesa: caracteres originales.

[6] Una de las últimas reediciones de trabajos de Marc Bloch, elaborada bajo la dirección de Etienne (y de Annette Becker), fue Marc Bloch: L’Histoire, la Guerre, la Résistance (Paris, Quarto Gallimard, 2006), una minuciosa recopilación de textos —de casi 1100 páginas—, excelentemente contextualizados, sobre asuntos relacionados con las guerras mundiales (la primera y la segunda), el siglo XX, la política y la resistencia.

[7] Como activista de los comités parisinos de solidaridad con la lucha de dichos pueblos, tal como debe de recordarlo seguramente el presidente Lula en Brasilia.

Fuente: Conversación sobre la historia

Portada: retrato de Marc Bloch, con la cúpula del Panthéon al fondo, fotomontaje de Linsoumission.fr

Ilustraciones: Pablo F. Luna y Conversación sobre la historia

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