El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza

Conversación sobre la historia


 

Una nueva contribución a la historia del comunismo español[1]

 

 

Francisco Erice

Universidad de Oviedo

Hace ya tiempo que el tratamiento histórico sobre el comunismo español alcanzó su mayoría de edad, alejándose tanto de la hagiografía pomposa y autocomplaciente como de la demonización sectaria y heredada del espíritu de la Guerra Fría, y acercándose a una visión más acorde con lo mejor de las nuevas tendencias historiográficas. Estos progresos se han ido consiguiendo por tres vías concordantes, aunque de desigual importancia.

El primero de los caminos ha sido la elaboración de monografías de alcance nacional centradas en la organización y la política del PCE o, en su caso, de otras corrientes comunistas heterodoxas, proyectadas sobre distintos períodos (República, Guerra Civil, Franquismo. Transición…) o campos temáticos (“cuestión nacional”, movimiento obrero, memoria colectiva, etc.). El resultado es un conjunto de trabajos que han situado el conocimiento del comunismo español y su aportación a la historia de nuestro país en un elevado nivel, comparable o incluso superior al de otras corrientes y culturas políticas y sociales. Por citar sólo unos cuantos nombres que ilustran esos progresos en relación con la corriente mayoritaria de este sector ideológico (el PCE y su homólogo catalán el PSUC), y dejando a un lado las manifestaciones disidentes o más heterodoxas, los trabajos del malogrado José Carlos Rueda Laffond, de José Luis Martín Ramos, Fernando Hernández Sánchez, Pere Ysàs, David Ginard, Juan Andrade Blanco, Emanuele Treglia y otros muchos ejemplifican esta indudable renovación. Por supuesto, no podemos olvidarnos de algunos predecesores (Antonio Elorza, Marta Bizcarrondo, Rafael Cruz…) ni de la afortunada emergencia de nuevas generaciones de investigaciones jóvenes que han elegido adentrarse en este campo temático. La existencia de un rico archivo partidario plenamente accesible a los investigadores y de algunas plataformas impulsoras que no hace falta recordar tampoco son ajenas a este auge de los estudios al respecto.

Primero de Mayo de 1936 en Zafra

Los avances mencionados han permitido la realización de nuevas síntesis y puestas al día, que vienen  a reemplazar o a restar utilidad a obras de conjunto sobradas de tópicos anticomunistas o con la única virtud de algunas aportaciones eruditas (aunque lastradas por carencia del correspondiente aparato crítico) e impregnadas de juicios atrabiliarios y descalificaciones personales, como el conocido y voluminoso libro de Gregorio Morán sobre el PCE bajo el Franquismo y en la Transición. Si se me permite la inmodestia de citar un trabajo en el que el autor de estas líneas colabora, el libro colectivo Un siglo de comunismo en España (Madrid, Akal, 1921-1922, 2 t.) ofrece cumplida cuenta de los progresos realizados y de las lagunas que aún no han sido exploradas en la historia del comunismo español, incluyendo un minucioso balance historiográfico ad hoc.

Una segunda línea, más oblicua pero no por ello menos interesante y que se alimenta también en gran parte de la primera, es la inclusión de contenidos relacionados con la historia del comunismo en trabajos de ámbito más general o en monografías de temática sectorial (por ejemplo, el sindicalismo, el movimiento estudiantil, el papel de las mujeres, la guerrilla, la cultura, etc.), que vienen a ilustrar la presencia de esta corriente en la historia general de nuestro país, especialmente en determinados campos, períodos y acontecimientos.

El tercer nivel, en el que ese encuadra el libro que suscita las presentes observaciones, es el de los estudios regionales o locales de las organizaciones comunistas; ámbito que es, sin embargo, con la significativa excepción del PSUC, donde curiosamente los avances han resultado más lentos y, si se me permite el juicio, comparativamente menos productivos. Y ello es así en el sentido de que, si bien es cierto que los comunistas aparecen necesariamente citados en episodios o procesos en los cuales su mención resulta inexcusable, los análisis más sistemáticos o de conjunto de carácter local no brillan precisamente por su abundancia. De hecho, la prometedora eclosión de proyectos y anticipación de investigaciones que se desplegó en el I Congreso de Historia del PCE, celebrado en Oviedo en mayo de 2004, no parece haber culminado en el conjunto esperable (o deseable) de trabajos a la vez de síntesis, amplio espectro cronológico y ámbito regional o local. Algunos de los estudios de este tipo (como el centrado en Asturias en 1996) están pidiendo a gritos una actualización, y otros más recientes (como el dedicado a Alicante en 2011 por Francisco Moreno Sáez, o el realizado sobre Jaén por Luis Segura Peñas en 2018) destacan como islotes en un mar de realidades histórico-sociológicas locales aún en penumbra, cuyo conocimiento ayudaría a ilustrar mucho mejor la pluralidad y diversidad del movimiento.

Nicanor Almarza Herranz (1898-1968)(foto: https://historia-hispanica.rah.es/biografias)

De esta última vía de aproximación potencialmente fructífera forma parte el trabajo de José Hinojosa Durán objeto de estas observaciones. Hinojosa es ya un veterano estudioso que ha ido avanzando resultados de sus investigaciones desde hace al menos un par de décadas, pero que ahora presenta el fruto de su tesis doctoral, galardonada con el premio Arturo Barea de la Diputación pacense; un libro macizo, bien articulado, de factura clásica, obra de quien desempeña el papel de fundamental impulsor de la investigación histórica sobre esa región a través del hiperactivo GEHCEx (Grupo de Estudios sobre la Historia Contemporánea de Extremadura).

Siguiendo un esquema cronológico básico, las 600 páginas del trabajo citado se estructuran en tres capítulos de desigual extensión, correspondientes respectivamente a los primeros años del PCE y de la República (1932-1935), a la emergencia y desarrollo del Frente popular hasta la guerra y al período de la Guerra Civil. Además, claro está, de la pertinente Introducción explicativa y con el consabido “estado de la cuestión”, la correspondiente bibliografía y relación de fuentes y una decena de anexos que también incluyen alguna aportación relevante..

La primera etapa se aborda en un capítulo propiamente introductorio, que recorre los primeros pasos del PCE extremeño, el cual nace tardíamente, en el primer semestre de 1932;  y que, como su organización matriz del conjunto de España, no acaba de encontrar su papel entre la clase obrera y los campesinos y jornaleros extremeños hasta muy avanzado el régimen republicano. Este primer anclaje coincide, en todo caso, con el progresivo pulimento de su extremado sectarismo inicial, la coyuntura política movilizadora de la República y los profundos anhelos de cambio presentes en la sociedad española del momento; y, desde luego, con la asunción, a menudo vacilante y contradictoria, de políticas unitarias antifascistas, que permitirán su pausado crecimiento, hasta superar la cifra, nada ostentosa pero apreciable, de 1.300 militantes a la altura de  septiembre de 1935.

Máximo Calvo Cano (1901-1937), alcalde de Cadalso y candidato a Cortes en 1933 (foto: archivo Sierra de Gata Digital)

Hinojosa destaca la relación entre el surgimiento de los primeros núcleos comunistas organizados, las disidencias sindicales en UGT y el papel de los trabajadores de la tierra, una constante en el comunismo de la región, obviamente relacionada con la composición social de las provincias extremeñas. La organización comunista -lo cual no es una excepción en el contexto nacional- exhibe una evidente precariedad en estos primeros años, sin capacidad para extender la canónica organización en células a la manera leninista, deseable pero inalcanzable por falta de masa crítica militante hasta la Guerra Civil, debiendo optar por modestos radios locales, conectados a una sencilla y poco eficaz estructura de dirección. También se destaca, en esta parte del proceso, el conocido fracaso de la huelga campesina del verano de 1934 -a la que quizás podría dedicarse algo más de espacio desde la perspectiva de los comunistas, pese a los estudios previos sobre el conflicto-, así como la más que discreta participación del PC extremeño en los acontecimientos de octubre del mismo año, que no impidió detenciones, cierres de sedes y el estricto seguimiento policial sobre la militancia. Sólo en 1935 empieza a percibirse, a tenor de lo que nos cuenta Hinojosa, el comienzo de la dinámica antifascista que marca el resurgimiento partidario o incluso lo que podríamos calificar de “refundación” del PCE, aunque la continuidad orgánica formal se mantuviera.

La segunda parte, que es ya componente esencial del trabajo y no mera introducción, se centra en la preparación y el desarrollo de las elecciones de febrero y los meses que preceden a la guerra.  Como en otros lugares de España, el partido avanza en 1935 hacia su reorganización y despliegue, consiguiendo estabilizar sendas federaciones provinciales y un aparato de dirección más sólido, y desarrollando asimismo el tejido de colectivos afines (la Juventud Comunista, el Socorro Rojo, etc.), que también podrían beneficiarse de tratamiento más amplio… si las fuentes lo permiten. Desde los meses finales de 1935, la reactivación tiene ya como objetivo inmediato la campaña por la consolidación de la alianza frentepopulista y la preparación de los inminentes comicios.

En febrero, las combinaciones nacionales entre partidos y el reconocimiento de la fuerza que iba adquiriendo la organización del PCE permitieron incluir en la candidatura unitaria de la izquierda por Badajoz (no así en Cáceres) a un comunista. No se trataba, sin embargo, de un dirigente regional, sino nacional, Pedro Martínez Cartón. El libro analiza con cierto detenimiento las presiones y negociaciones que condujeron a este encaje, así como los avatares de la campaña electoral y el triunfo amplio de la candidatura de izquierdas en la provincia, incluyendo la elección del diputado comunista.

Se abre así un período especialmente intenso de la política española, y por ende del comunismo español y extremeño, entre febrero y julio de 1936. El libro lo analiza en un doble nivel: el de la organización partidaria y el de su acción política o proyección externa. La mayor abundancia de fuentes refleja de forma más inequívoca el crecimiento orgánico, aunque el autor reconoce la insuficiencia de informaciones no estrictamente numéricas y el diferente conocimiento de datos por localidades. En marzo, si aceptamos las estimaciones oficiales (con las cautelas que ello implica), la militancia se elevaba a la cifra de 3.662 afiliados, que cuando estalla la guerra civil se habían convertido ya en 11.000 (7.000 en Badajoz y 4.000 en Cáceres), con una amplia red de radios locales, dotados de sus correspondientes direcciones. Yendo más allá de los números, podemos destacar la práctica ausencia de militancia femenina, así como la presencia especial de los trabajadores del campo y de numerosos adeptos procedentes de las filas socialistas; o la relativamente baja edad media de los afiliados. También se recupera el semanario “Extremadura Roja”, que había tenido una presencia anterior sumamente fugaz. La descripción de las organizaciones no puede obviar los nombres fundamentales de los protagonistas y la mezcla de “veteranos” con las más numerosas incorporaciones posteriores.

Rafaela Brú Casanova, secretaria femenina del buró político provincial de Cáceres en 1936, y su marido Ricardo Vila Maset. Ambos fueron asesinados en 1936 (foto: nuevodiario.es)

Como en otros lugares de España, los comunistas extremeños se convirtieron en los más firmes defensores de la política del que ya empieza a denominarse frente popular, apoyando las tareas institucionales, a las que también se incorporan los comunistas en ámbitos locales, dentro de los nuevos ayuntamientos designados para sustituir a los anteriores de la derecha. Una mayor implicación de mujeres y sobre todo el vuelco en las tareas sindicales fueron algunas de las líneas de trabajo más relevantes. El PCE extremeño comenzó a ser un partido más grande y complejo, necesitado de reforzar los cauces orgánicos para acoger este crecimiento de aluvión, a la vez que se esforzaba en impulsar los procesos unitarios, con éxito entre las Juventudes (que en su unificación integraron a 20.000 militantes) y mucho menos en su aproximación al Partido Socialista, al menos según los datos disponibles. Pero la prioridad era abordar los explosivos problemas del campo, tanto de los pequeños y medianos campesinos, como sobre todo de los jornaleros. En ese sentido, se destaca el apoyo del PCE al conocido episodio de las ocupaciones de tierras (organizadas e impulsadas activamente también por el PCE) y las roturaciones organizadas de yunteros, dando un impulso decisivo a la estancada reforma agraria anterior.

La tercera parte, la más extensa, se dedica a la guerra, caracterizada en Extremadura por la pronta partición del territorio entre las fuerzas leales a la República y las controladas por los sublevados; a los pocos meses, estos últimos ocupaban ya las dos terceras partes de la región. El capítulo, con respecto a los anteriores, gana en minuciosidad en la descripción de la situación y la vida interna del partido, aunque siempre con la cautela necesaria al abordar ciertos temas, con el fin de evitar deslizarse -tal como repite en diversas ocasiones el autor- hacia consideraciones sin la suficiente base documental. Se analiza con bastante detalle (en la medida -repito- en que las fuentes lo permiten) la estructura orgánica del partido; la presencia -aun minoritaria pero ya más amplia- de mujeres; o el significativo predominio de obreros agrícolas (seguida, a mucha distancia, por campesinos y obreros no agrícolas), sobre todo en el período fundamental de noviembre de 1936 (con la primera dentellada al territorio dado por las tropas facciosas) y el verano de 1938 (con un segundo avance, que reduce a la mitad la zona republicana anterior=.

El repaso que Hinojosa hace de la política del PCE extremeño muestra pautas similares en casi todo a las del PCE en general, incluyendo sus propuestas de reforma agraria con las premisas defendidas y puestas en práctica por los comunistas desde el  Ministerio de Agricultura: fuerte impulso a la distribución de tierras y, sin rehusar la posibilidad de colectivizar la tierra si así lo decidían los interesados, velando a la vez, de manera especialmente cuidadosa, por preservar los derechos de los pequeños campesinos y conservar así su adhesión a la República. Quizás podía pedirse -pero las fuentes (o su escasez) mandan de nuevo,  y los límites inevitables de un trabajo amplio como este exige dejar temas abiertos- una mayor aproximación a los logros o limitaciones de la política unitaria con los socialistas y, sobre todo, más atención a lo sucedido con los comunistas extremeños en las zonas que van cayendo en manos de los sublevados, más allá del señalamiento de lo obvio, pero sin olvidarlo: por ejemplo, la conocida represión en masa aplicada en Badajoz. También sabe a poco lo apuntado sobre la vida en la retaguardia y la dinámica de organizaciones afines (Mujeres Antifascistas, Socorro Rojo, JSU, etc.). Los cambios en la línea de frente y el propio análisis pormenorizado de la organización por localidades harían verdaderamente útil un pequeño y esclarecedor aparato cartográfico, especialmente para los lectores no extremeños que no conozcan al detalle el mapa regional.

Otra cuestión que surge de la lectura misma del libro y que es de imaginar que Hinojosa abordará en el futuro es lo que tiene que ver con el “desenlace”: la destrucción de las organizaciones del partido y el destino de los comunistas derrotados, por lo menos en un primer momento: la huida o dispersión, la represión en general, los paseos y consejos de guerra, encarcelamientos, exilio, control social, etc. Tal vez podría haberse incorporado un breve epilogo que, sin exhaustividad, planteara los trazos básicos de esta problemática.

Como complemento, el libro incluye una decena de apéndices interesantes, muy en especial los que se refieren a la cuantificación de la militancia y datos referentes a la estructura organizativa y la implantación local. Hay también una breve autobiografía político-personal, la de Mariana Merino González, Secretaría Femenina del Comité Regional, uno de esos documentos tan característicos del sistema de control de la militancia en la tradición comunista, estudiados ya en diversos países (en España, por ejemplo, por Rueda Laffond). Asimismo, encontramos en los anexos algún artículo de prensa particularmente relevante, un documento sobre una escuela de cuadros o las resoluciones de la Conferencia Regional de marzo de 1938.

En definitiva, gracias a este trabajo, contamos ya con la reconstrucción de una nueva pieza del puzle de la organización comunista española en un período crucial como el de los secretos orígenes del Frente Popular y la Guerra Civil. El libro nos aporta los materiales básicos disponibles y lleva a cabo un análisis y una reconstrucción sobria y ponderada, correcta y contenida, sin estridencias, de todo o casi todo lo que la documentación disponible y localizada para la tesis doctoral del autor, le permite. Su valor, como el de toda historia local, desborda, como es evidente, el marco extremeño, en la medida en que contribuye a ir completando la imagen, territorialmente diversa, de una organización o movimiento que, como no podía ser de otra manera y a despecho de los tópicos habituales, no dejaba de ser diverso y adaptado, en su despliegue, a las peculiaridades regionales o locales en lo social y lo cultural. Pero deja inevitablemente algunas cuestiones pendientes de historia militar, social o cultural, que tal vez la exploración de otras fuentes -en la medida de su existencia- podrían incorporar y que a menudo el propio autor menciona o deja entrever.

Rosa Caballero Arcos, responsable de la Secretaría Femenina en el Comité Regional del PCE durante la guerra civil

Libros como el de José Hijonosa resultan, por tanto, imprescindibles para ir matizando y complementando visiones más generales y, en ese sentido, constituyen un buen estímulo y un ejemplo para que otros investigadores o investigadoras continúen la tarea en otros espacios territoriales, regionales y locales. La historia local, de la que tantas veces se ha escrito o teorizado, ofrece un marco idóneo para resaltar las particularidades y, de paso, incorporar el papel de determinados individuos, no solo en términos de homenaje o reconocimiento (puesto que esto es un trabajo de historia y no de memoria), sino integrando sus experiencias personales en la corriente colectiva. ¿Dónde, si no, podrían analizarse mejor las redes, influencias de liderazgos en la militancia y otras muchas cuestiones de interés relacionadas con lo cotidiano?

Tras este trabajo duro y laborioso, pero fructífero, podemos seguir esperando nuevas aportaciones del autor, veterano ma non troppo; incluso (¿por qué no?) la reconstrucción global de la trayectoria del comunismo extremeño y de la labor tenaz, dura y difícil de tantos hombres y mujeres que lo protagonizaron. A modo de recuerdo personal, he de decir que, hace ya algunos años, participé en un acto conmemorativo donde Pepe Hinojosa exhibió un profundo conocimiento prosopográfico de la historia del comunismo extremeño en general. Si se incorpora el tratamiento de las etapas posteriores, contaríamos -y seguro que así va a ser sin excesiva tardanza- con una reconstrucción más extensa y completa, que permita la comparación con otras realidades regionales, incluyendo un mayor reconocimiento de los actores individuales y los grupos sociales en presencia en cada lugar, casi siempre inevitablemente soslayado, minimizado o postergado en las visiones generales.

[1] Reseña del libro de José Hinojosa Durán, El Partido Comunista de España en Extremadura durante el Frente Popular. República y Guerra (1936-1939), Badajoz, Diputación de Badajoz, 2024, 602 pp.

Índice de la obra

Introducción

Capítulo I. Los primeros años del PCE en Extremadura (1932-1935). De los años del “Frente único por la base” a las primeras experiencias unitarias

I.1. El PCE y su andadura hasta el inicio de la II República

I.2. Extremadura a comienzos de la II República

I.3.La aparición de los primeros núcleos del PCE en tierras extremeñas

I.4. La actividad comunista en Extremadura durante los años 1932 y 1933

I.5. 1934, año de nuevos Primeras experiencias unitarias, grandes huelgas y desorganización

I.6. La primera mitad de Reorganización y nuevas políticas unitarias

Capítulo II: El PCE en Extremadura y la política frentepopulista hasta el golpe de estado del 18 de julio de 1936  

II.1. Hacia el Frente Popular: del VII Congreso de la Internacional Comunista a la firma del “Manifiesto Electoral de las Izquierdas”

II.2. Los comunistas extremeños y las elecciones del 16 de febrero de 1936

II.3. El PCE en Extremadura desde el triunfo del Frente Popular hasta el 18 de julio

II.3.1. EL PCE “por dentro”: hacia una fuerza política organizativamente consolidada en Extremadura

II.3.2. La política comunista en Extremadura a partir del 16 de febrero

II.3.2.1. En defensa del Frente Popular y trabajo institucional

II.3.2.2. Iniciativas políticas en diversos asuntos

II.3.2.3. El “problema del campo” en Extremadura

II.3.2.4. La unidad de acción con los socialistas

II.3.2.5. Las conferencias provinciales que no llegaron a celebrarse

Capítulo III: El PCE en Extremadura y su política frentepopulista durante la guerra civil

III.1. Un tiempo de “confusión” (de julio a octubre de 1936)

III.2. Un partido ante una nueva situación (de noviembre de 1936 a julio de 1938)

III.2.1. Una organización interna para un nuevo tiempo: de la reorganización a la definitiva consolidación

III.2.1.1. Los pasos para la formación de una dirección regional

III.2.1.2. La afiliación comunista extremeña durante la Guerra Civil: cuantificación y caracterización

III.2.1.3. La organización de la afiliación comunista extremeña durante la Guerra Civil.

III.2.2. Una política para la guerra

III.2.2.1. El PCE y la vida política en la Extremadura republicana

III.2.2.2. “El problema campesino” y los comunistas extremeños

III.2.2.3. El PCE en Extremadura y las mujeres

III.2.2.4. La política militar de los comunistas extremeños

III.3. Epílogo (de agosto de 1938 al 1 de abril de 1939)

Conclusiones

Fuentes y bibliografía

Anexo documental

Fuente: Conversación sobre la historia

Portada: manifestación del Primero de Mayo de 1936 en Montijo. Los militantes del Radio Comunista desfilan con su pancarta detrás de los socialistas (foto: ANSAMA)

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

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