Ángel Luis López Villaverde

Autor, entre otras obras, de «Cuenca durante la II República: elecciones partidos y vida política, 1931-1936″. 1997;  «La Segunda República, 1931-1936: las claves de la primera democracia española del siglo XX». , (2017) «El gorro frigio y la mitra frente a frente». (2007) [1]

Profesor Titular de Historia Contemporánea.

Universidad de Castilla-La Mancha

 

 

El 25 de noviembre de 1947, Francisco Franco puso el pie –al parecer, por primera y única vez— en la ciudad de Cuenca. El motivo fue la inauguración del ramal Cuenca-Utiel, que completaba el recorrido ferroviario con Valencia, seis décadas después de concluir la línea Madrid-Cuenca.[2] De ello dio su cuenta propagandística NO-DO.[3]

“Visita oficial del Caudillo D. Francisco Franco, para inaugurar el ferrocarril Cuenca-Utiel, en el campo de deportes de la Fuensanta en una concentración Provincial del Frente de Juventudes, asistiendo 73 centurias de Falanges Juveniles de Franco, presidiendo el desfile de dichas centurias. Foto Pérez Hijo” (Memoria Local Biblioteca Municipal Cuenca) https://www.flickr.com/photos/103218145@N06/10344176074/

Pero las preceptivas muestras de entusiasmo local no pudieron mostrarse en sus calles, por las que no paseó, sino en dos escenarios bien estudiados. Uno de ellos, el más “político”, en el entonces recién estrenado estadio de la Fuensanta, rodeado de toda la parafernalia falangista. El otro, en la estación de ferrocarril, de carácter más “popular”. En la tribuna instalada en la Fuensanta, Franco pronunció un despropósito histórico: “vosotros me otorgasteis vuestra confianza, quiero seguir siendo diputado por Cuenca”.[4]

Una burda manipulación –que, naturalmente, nadie se atrevió a contradecir— porque Franco no fue diputado. Ni por esta circunscripción ni por ninguna. Pudo haberlo sido. Su nombre llegó a circular, durante unos días, entre la candidatura derechista por Cuenca para las elecciones de 3 de mayo de 1936 –una segunda vuelta de las de febrero—. Pero se retiró, a su pesar. Y, al parecer, el dictador mantuvo una espina clavada con Cuenca desde entonces, cuya provincia sería excluida en los años sesenta no sólo de sus polos de desarrollo sino también de los de promoción industrial. De poco sirvió la generosidad que le profesaron las instituciones conquenses pues, cuando el entonces jefe del Estado pisó Cuenca lo hizo como “alcalde honorario” de la ciudad.[5] La inauguración de la línea férrea no era una concesión a la ciudad, ni siquiera a la provincia, sino una baza propagandística para mayor gloria del Régimen, que mostraba así la tarea de reconstrucción del país tras la llamada “guerra de Liberación”.

“Visita oficial del Caudillo D. Francisco Franco, para inaugurar el ferrocarril Cuenca-Utiel, es recibido en la estación por el Alcalde de Cuenca D. José Domínguez. Foto Pérez Hijo” (Memoria Local Biblioteca Municipal Cuenca) https://www.flickr.com/photos/103218145@N06/10344234436/ 

       

Once años y medio habían pasado desde que los nombres de Cuenca y del general Franco se habían cruzado. De esas elecciones y de su candidatura me ocupé en mi tesis doctoral, leída hace ya dos décadas y media. En este artículo se actualizarán unos contenidos que han vuelto a recuperar protagonismo en la bibliografía reciente sobre los antecedentes de la guerra y permiten trazar nuevas perspectivas de interpretación.[6]

“Visita oficial del Caudillo D. Francisco Franco, para inaugurar el ferrocarril Cuenca-Utiel, a su llegada a la estación de Cuenca. Foto Ortiz” (Memoria Local Biblioteca Municipal Cuenca) https://www.flickr.com/photos/103218145@N06/10344143525/in/photostream/

 

De febrero a mayo. A vueltas con las elecciones de 1936 en Cuenca

Las elecciones celebradas el 16 de febrero de 1936 habían vivido una disputa en la provincia de Cuenca entre la candidatura derechista y la centrista por el dominio de los distintos resortes del poder. Una pugna desigual. Las derechas disponían del control de la mayoría de los gobiernos municipales conquenses desde abril de 1933. La candidatura centrista –portelista, por tener el beneplácito del presidente del Gobierno que las convocó, Manuel Portela Valladares— confiaba en los manejos del gobernador civil, siguiendo una tradición gubernamentalista bien arraigada en estas tierras desde la Restauración. Sin embargo, las esperanzas centristas se frustraron cuando el gobernador, el republicano radical José Andreu de Castro, que llevaba dos años en el puesto, fue cesado, justo unos días antes de las elecciones, por no seguir las directrices de Madrid. La más perjudicada por el control municipal derechista y la frustrada operación gubernamental fue la candidatura del Frente Popular. Lo reconoció el candidato portelista y ministro de Agricultura, José María Álvarez Mendizábal. El resultado fue que la lista de las derechas, que se presentó al copo, obtuvo las seis actas –las cuatro de las mayorías y las dos de las minorías— en litigio.

“Momento de las votaciones en un colegio electoral de Cuenca. Fotografía de VIDEA (AGA)”. Publio López Mondéjar, La huella de la mirada: fotografía y sociedad en CLM 1839-1936, Barcelona, Lundvwerg, 2005, p. 115

 

Cuadro 1. Elecciones legislativas de 16 de febrero de 1936 en la provincia de Cuenca

Candidatos Filiación política Votos %
Manuel Casanova Conderana CEDA 56.415 42,7
Antonio Goicoechea y Conderana Renovación Española 53.491 40,5
Joaquín Fanjul Goñi Independiente 53.277 40,3
Modesto Gosálvez Fuentes Manresa [CEDA] 52.291 39,6
Enrique Cuartero Pascual CEDA 50.609 38,3
Tomás Sierra Rustarazo P. Republicano Radical 46.429 35,1
Aurelio López-Malo Andrés Izquierda Republicana (FP) 34.753 26,3
Aurelio Almagro Gracia PSOE (FP) 32.544 24,6
Albino Lasso Conde Izquierda Republicana (FP) 31.373 23,8
José Mª Álvarez Mendizábal Bonilla Centro 31.289 23,7
Luis García Cubertoret PSOE (FP) 30.446 23,1
Jesús Martínez Correcher Centro 22.656 17,1
Cayo Faustino Conversa Martínez Monárquico Indep. 18.578 14,1
Manuel Alique   25  
José Ignacio Fanjul Sedeño   10  

Fuente: BOPCu, núm. 23 (21-2-1936). Ángel L. López Villaverde, Cuenca durante la II República, p. 272 (en negrita, los candidatos electos).

La treintena de actas electorales conservadas confirman las irregularidades, fruto básicamente de las presiones municipales. Una peculiaridad ignorada en el reciente libro sobre el supuesto fraude del Frente Popular[7], de tanto impacto editorial y mediático, tan atento a detectar los pucherazos de la izquierda y a minusvalorar los del otro flanco, de cuyas carencias ya advertimos en alguna reseña.[8] Los autores del citado libro han explicado el copo de las derechas en Cuenca como consecuencia de la debilidad de sus adversarios. Una simplificación que no tiene en cuenta ni la prensa, ni la bibliografía local especializada, que ha destacado la campaña tan activa que llevó el Frente Popular en esta circunscripción, en contraste con una derecha que no pudo contar con su líder, el general Fanjul –destinado en Canarias, como comandante militar, donde había llegado a principios de febrero, puesto del que fue destituido dos semanas después por el mismo gobierno que lo había nombrado, de Portela, dos días antes de las elecciones—, que no llegó a pisar la provincia durante la campaña. Desde luego, un resultado tan apabullante para la candidatura derechista, y con tanta precisión entre sus votantes para que fueran equilibrados los votos de los seis candidatos, no se explica sin listas confeccionadas ad hoc y fuertes presiones municipales. Y así lo denunciaron tanto los candidatos izquierdistas como el centrista Mendizábal.

Las denuncias de las irregularidades obligaron a las Cortes a anular sus resultados. La provincia de Cuenca fue una de las dos que pusieron de nuevo las urnas el 3 de mayo de 1936. Deberían haber sido más. Difícil de explicar es que no se repitieran en A Coruña.[9] Pero la convocatoria se limitó a Granada y Cuenca. El decreto convocante fue confuso.[10] No quedaba claro si era una segunda vuelta o una repetición. La propuesta de la Comisión de Actas y Calidades, que fue la proponente, se basaba en dos hechos distintos para anularlas, tanto en Granada como en Cuenca: 1) que ningún candidato había llegado al 40% de los votos; y 2) la existencia de irregularidades electorales. El primer argumento suponía una segunda vuelta. El segundo significaba la celebración de nuevas elecciones. En el decreto se hablaba de una nueva elección, pero en su primer artículo se decía que eran “elecciones parciales“; y el en tercero que “el número de candidatos y el censo (…) serán los mismos de las elecciones generales verificadas el día 16 de febrero último”.

Diablos de Almonacid del Marquesado haciendo campaña electoral por Gil Robles (¿enero de 1936?). Publio López Mondéjar, Crónica de la luz: fotografías en CLM, 1885-1936, Madrid, Fundación Cultural CLM, 1984.

 

En el caso de Cuenca se daban los dos supuestos, pero se optó por el primero de ellos, no por las irregularidades. Por consiguiente, se convocó, en la práctica, una segunda vuelta (elecciones parciales), por más que su preámbulo pareciera indicar lo contrario. Y aumentó aún más la confusión el hecho de que el artículo 2º previera, a su vez, “una segunda vuelta de la segunda vuelta” para el día 17, si era preciso. La polémica jurídica siguió avivándose tras el acuerdo de la Junta Provincial del Censo de Cuenca de que los candidatos fueran quienes en febrero habían superado el 8% de los electores. Las derechas llevaron el asunto a las Cortes. El ministro de Justicia reconoció la confusa redacción del decreto, que justificó por englobar en el mismo a dos circunscripciones con circunstancias diferentes, y defendió que el acuerdo de la Junta Provincial del Censo se basaba en un precepto legal que estaba por encima de la letra del decreto.

En este contexto, de aguas turbulentas, intentaron remar, sin éxito, tanto el entonces comandante militar de Canarias, el general Francisco Franco Bahamonde, como el líder falangista, José Antonio Primo de Rivera, preso en la cárcel Modelo de Madrid. Al fin y al cabo, la conquense era una pieza fácil para las derechas —conocida en medios conservadores, desde 1932, como “la Covadonga del resurgimiento derechista español[11]—, cuyos escaños ocuparon célebres “cuneros” –candidatos sin relación con la circunscripción y colocados por intereses políticos aquí—, empezando por uno ya veterano, el agrario independiente Joaquín Fanjul[12], y terminando por el más reciente, el monárquico Antonio Goicoechea, ambos diputados por Cuenca. Huelga decir que, de haber salido electos como diputados Franco y José Antonio, la historia reciente de España hubiera sido muy distinta. Pero no pudieron concurrir por razones diferentes, que se analizarán más adelante.

 Cuadro 2. Elección parcial de 3 de mayo de mayo de 1936 en la provincia de Cuenca

Candidatos Filiación política Votos
Aurelio López-Malo Andrés Izquierda Republicana (FP) 69.407
Albino Lasso Conde Izquierda Republicana (FP) 66.091
Luis García Cubertoret PSOE (FP) 63.843
José Mª Álvarez Mendizábal Bonilla Independiente (FP) 63.634
Modesto Gosálvez Fuentes Manresa [CEDA] 48.573
Manuel Casanova y Conderana CEDA 48.334
Antonio Goicoechea Cosculluela Renovación Española 46.077

Fuente: BOPCu, núm. 57 (10-5-1936). Ángel L. López Villaverde, Cuenca durante la II República, p. 302 (en negrita, los candidatos electos).

 

El 3 de mayo de 1936 venció en Cuenca, con holgura, el Frente Popular. Hay varias razones para explicar el vuelco electoral producido entre febrero y mayo. La primera es que, tres meses atrás, los resultados habían estado hinchados por el fraude derechista, mientras que, en mayo lo fue por la ayuda gubernativa y los amaños favorables a los candidatos frentepopulistas. ¿Razones semejantes a las que obligaron a anular los resultados de febrero podrían haber hecho lo propio con los de mayo? No exactamente, pues los candidatos superaron el 40% y el fraude estuvo más localizado en esta segunda vuelta. Tras un concienzudo recuento, acta por acta, incluso eliminando las fraudulentas, ya demostramos que la coalición de izquierdas ganaba holgadamente. Del mismo modo que, si se hubieran aceptado todos los sufragios recibidos por Primo de Rivera o repetido las votaciones en las secciones donde hubo fraude,[13] el falangista podría haber conseguido el acta, pues quedó a poco más de mil votos del primer candidato derechista.

 

Cuadro 3. Elección parcial de 3 de mayo de mayo de 1936. Votos, descontado fraude
Candidatos Filiación política Votos
Aurelio López-Malo Andrés Izquierda Republicana (FP) 60.838
Albino Lasso Conde Izquierda Republicana (FP) 57.530
Luis García Cubertoret PSOE (FP) 55.289
José Mª Álvarez Mendizábal Bonilla Independiente (FP) 55.322
Modesto Gosálvez Fuentes Manresa [CEDA] 46.996
Manuel Casanova y Conderana CEDA 46.768
José Antonio Primo de Rivera F.E. de las J.O.N.S. 45.828
Antonio Goicoechea Cosculluela Renovación Española 44.517

Fuente: Ángel L. López Villaverde, Cuenca durante la II República, p. 310.

 

Vincular, básicamente, el triunfo de mayo del Frente Popular en Cuenca a un pucherazo y a la baja participación es quedarse en la espuma de la ola. Caben otras razones de mayor peso. Una abstención mayor se explica por la fatiga del electorado –que había acudido a las urnas, con esta, tres veces en cuatro meses, si contamos las elecciones de compromisarios— y la poca incidencia que, a esas alturas, podrían tener los resultados de Cuenca en la composición de las mayorías parlamentarias. Y el vuelco tuvo que ver también con la moderación que trajeron las variaciones en la candidatura izquierdista, pues el socialista Aurelio Almagro –que prefirió concurrir en las listas de Granada— le dejó hueco al republicano Álvarez de Mendizábal, que había ido en la centrista tres meses antes. Como estrategia política resultaba potente para contrarrestar la imagen de radicalismo del Frente Popular. En esta misma línea moderada cabe interpretar la presencia en campaña del socialista Indalecio Prieto, que pronunció el 1 de mayo uno de sus discursos más famosos, en el que defendió una idea de España alejada del verbalismo revolucionario de los caballeristas, que eran, por cierto, mayoritarios en el socialismo conquense.[14] Y como acierto cabe traducir también que se mantuviera la candidatura del socialista Luis García Cubertoret, que atrajo el voto anarquista –sobre todo en los barrios obreros— en una ciudad en la que la CNT era mayoritaria entre sus trabajadores sindicados, pues había defendido meses antes a unos anarcosindicalistas conquenses acusados de conspiración. Esa movilización cenetista conquense, por un lado, y la incorporación de un candidato centrista a las izquierdas, por otro, contradice las tesis de quienes han exagerado el fraude izquierdista para cuestionar, aunque no lo lleguen a asegurar formalmente, la legitimidad el triunfo electoral del Frente Popular.[15]

 

La candidatura de Franco (y de José Antonio Primo de Rivera) por Cuenca

Franco in 1937 foto: Hulton Archive/Getty Images)

La “malograda operación de Cuenca”, que frustró la candidatura de Franco por esta circunscripción´, ha adquirido nuevas dimensiones y relevancia a raíz de las últimas investigaciones sobre los preparativos militares de 1936.[16] Tradicionalmente, se ha explicado como un intento del entonces comandante militar de Canarias para jugar dos bazas a la vez, la política y la golpista, en unos momentos de incertidumbre. Pero con la bibliografía reciente, se han planteado como alternativas: por un lado, una estrategia básicamente legalista; por otro, una tapadera para recuperar un protagonismo en la trama conspiratoria que había perdido por estar fuera de la Península. Vayamos por partes.

Antes de entrar en el porqué de la candidatura de Franco por Cuenca, hay que recordar algunos precedentes que, no por conocidos, dejan de ser necesarios. Cuando llegaron las primeras noticias del triunfo del Frente Popular, Franco, entonces jefe del Estado Mayor Central (EMC), intentó sin éxito, de la mano de Gil Robles, que el gobierno de Portela, con el refrendo del presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, proclamara el estado de guerra –como en octubre de 1934— y se anularan las elecciones[17]. Se ha interpretado de diversas maneras: desde un golpe de estado fracasado (Preston) o un golpe legal (González Calleja), por un lado, a una simple medida de orden público (Álvarez Tardío y Villa), por otro.[18] Pero en su lugar fue proclamado el estado de alarma,[19] que no supeditaba, como el de guerra, el poder civil al militar, aunque le otorgaba más protagonismo a este último. Cuando Portela dimitió y el presidente Alcalá-Zamora otorgó la responsabilidad gubernamental a Manuel Azaña, la táctica de Franco y Gil Robles quedó frustrada. No obstante, las dinámicas sociopolíticas (ola de violencia, sustitución de corporaciones locales derechistas por otras afines a las fuerzas del Frente Popular, traslados militares y la concesión de la amnistía a los revolucionarios de 1934) vinieron a fortalecer las tendencias golpistas en el Ejército, que fueron creciendo desde entonces y hasta julio de 1936, bien agitadas por las tribunas de prensa y políticas de las derechas.[20]

El nuevo gobierno de Azaña ordenó el traslado de varios generales considerados peligrosos, como Mola (a Pamplona) o Goded (a Baleares). También a Franco. El hasta ese momento jefe del EMC fue nombrado comandante general de Canarias, sustituyendo en el puesto al general Fanjul, cuya acta de diputado por Cuenca fue anulada. El entonces general de división embarcó en Cádiz el 9 de marzo, llegó a Las Palmas el 11 y, dos días después, a su destino en Tenerife.[21]

Antes de trasladarse al archipiélago, el 8 de marzo, Franco había participado en una reunión conspiratoria. Fue en casa del cedista José Delgado, junto a otros nueve generales (Rodríguez del Barrio, Varela, Ponte, Mola, Saliquet, Orgaz, Villegas, González Carrasco y García de Herrán) y al teniente coronel del Estado Mayor Valentín Galarza (un militar de gran relevancia por su potente red de informantes y enlaces, desarrollada desde 1932). El general Rodríguez del Barrio, el de mayor antigüedad entre los presentes y lugarteniente de Goded (que estaba en Baleares), dirigió el plan conspiratorio de la Junta de Generales, que tenía un carácter militar y apolítico y situaba el liderazgo militar en el general Sanjurjo. Las rencillas entre los generales tuvieron a Franco (apoyado por los alfonsinos, como Varela, Orgaz y Galarza) y a Goded como los dos polos enfrentados. Pero Sanjurjo mantuvo a Rodríguez del Barrio al frente de la trama, soportando las presiones, sobre todo, de los generales monárquicos. Como Franco no veía reconocido el protagonismo que creía merecer, mantuvo una cierta ambigüedad desde la segunda semana de abril y pareció desentenderse de una trama que, poco después, se paró. Demasiado improvisada, con divisiones en su seno y denunciada públicamente por Azaña –tras la delación de un comandante de la Guardia Civil de La Coruña al ministro de la Gobernación, Casares Quiroga—, los planes previstos fueron abortados por el general Rodríguez Barrio, enfermo de cárcel, antes de la fecha prevista para el golpe, el 20 de abril.[21] Es aquí donde debemos retomar la cuestión electoral.

José Antonio Primo de Rivera en la cárcel

Las memorias de José María Gil Robles hablan del interés de dejar hueco en la candidatura derechista conquense a José Antonio Primo de Rivera, para que pudiera salir de la cárcel el líder falangista:

Las circunstancias no eran propicias para acudir otra vez al copo. Sin embargo, pareció aconsejable aprovecharse de las peculiares características ideológicas de la provincia de Cuenca para facilitar la inmunidad parlamentaria a aquellas figuras destacadas de las derechas que habían quedado sin acta. En un momento, al considerarse perdida la del jefe del Bloque Nacional, se pensó en la siguiente candidatura: Calvo Sotelo, Goicoechea, Lamamié de Clairac y Primo de Rivera. La dificultad estribaba en la resistencia del señor [Modesto] Gosálvez a renunciar a su puesto. La CEDA, por el contrario, no vaciló en ofrecer el que legítimamente le correspondía, para que se dispusiera libremente de él.
Importaba, sobre todo, hacer figurar en la candidatura el nombre del jefe de la Falange, por encontrarse detenido (…)[23]

Según Maximiano García Venero, fue el general Joaquín Fanjul quien “brindó su puesto en la nueva candidatura para que la ocupase José Antonio”, haciendo su hijo, Juan Manuel Fanjul, de intermediario, que lo visitó en la prisión para comunicárselo.[24] Y no sólo estaba dispuesto a retirarse Fanjul, más ocupado ya en tareas conspirativas. También el cedista Enrique Cuartero manifestó su interés a dejar su puesto, al considerarse, en sus propias palabras, “legalmente investido”. Lógicamente, Primo de Rivera habría aceptado, pues no podía desaprovechar una ocasión como aquella para su excarcelación.

Pero entonces entró en la ecuación la ambición del general Franco. Por unos días –nunca antes del 19 de abril de 1936, pues, hasta esa fecha, se perfilaba una candidatura con Primo de Rivera, Goicoechea, Modesto Gosálvez y un representante de la CEDA, a convenir—, se jugó con la presencia del entonces comandante militar de Canarias. ¿Quién lo promocionó y por qué se retiró? Hay varias fuentes y versiones al respecto.

Antonio Goicoechea en 1935 (foto: Blanco y Negro)

Francisco Franco mintió cuando, dieciséis años después, confesara que fue Fanjul –su antecesor en la comandancia militar canaria— quien se lo propuso.[25] Ahora sabemos que fue él mismo quien se ofreció.[26] Su emisario fue su cuñado, Ramón Serrano Suñer, que se presentó en casa del secretario general de la CEDA, Geminiano Carrascal, con una carta escrita con su puño y letra, en la que expresaba su deseo de ser candidato “de preferencia por la circunscripción de Cuenca”, petición que encontró buena acogida en la Confederación Española de Derechas Autónomas, según Gil Robles. Serrano Suñer sería el encargado –quizás telefónicamente— de transmitir la buena nueva a su cuñado.

Pero la operación tenía sus riesgos y Serrano Suñer los conocía bien. Poco antes de las elecciones de febrero, el entonces diputado adscrito a la CEDA había presentado, en su propia casa, a José Antonio Primo de Rivera –íntimo amigo suyo, de quien era albacea testamentario— y a Francisco Franco. Y el encuentro resultó un fiasco. En su opinión, la entrevista fue “pesada” e “incómoda”, pues Franco estuvo “cauteloso” y “evasivo” y José Antonio “quedó muy decepcionado (…) y se deshizo en sarcasmos”.[27]

¿Qué pretendía Franco realmente con su candidatura? Roberto Muñoz Bolaños lo vincula a una táctica legalista, para obtener la inmunidad parlamentaria y arreglar la situación del país desde la legalidad, situando su objetivo en el Ministerio de Guerra.[28] Una tesis compatible con las memorias de Gil Robles, en las que hablaba de las dudas de Franco sobre la posibilidad de que los militares pudieran llevar a cabo un verdadero golpe de Estado y su deseo de reforzar su posición en la sociedad civil en espera de los acontecimientos.[29] Sin embargo, Ángel Viñas le ha dado una vuelta y ha sugerido la relación de ese deseo con el fracasado golpe de 20 de abril de 1936. Volver cerca de Madrid e “inyectar algo de nervio en los generales que no se habían atrevido a poner en práctica los planes para el golpe de abril”.[30]

Para comprobar cuál de las dos tácticas es la más verosímil, debemos recurrir a los “apuntes” del propio Franco. Eso así, con las debidas precauciones, pues fueron ordenados y transcritos por un biógrafo afín, Luis Suárez, y redactados de manera confusa: a veces, en primera persona y, en otras ocasiones, en tercera. Antes de desentrañarlos, recordemos que el golpe previsto para el 20 de abril había sido abortado por sus inductores. Aunque Orgaz y Varela habían sido confinados y se había roto la unidad de mando, los planes golpistas continuaban. Y en esas últimas semanas de abril cundía el desconcierto entre los conspiradores.[31] ¿Qué sentido tenía en ese momento buscar una inmunidad parlamentaria que tendría los días contados? A pesar de que Franco no pudiera hacer sombra ni a Sanjurjo ni a Goded en esos momentos, por prestigio o antigüedad, su salto a la arena electoral le daba una oportunidad de acercarse a la capital y buscar el momento propicio para dirigir una trama conspiratoria que había manejado hasta entonces, con poco éxito, su mayor rival, Goded. En sus propios “apuntes” personales, el ex jefe del Estado Mayor reconocía que ansiaba “un medio de abandonar legalmente el Archipiélago y que le permitiese tomar contacto con las guarniciones para estar presente en aquellos lugares donde el Movimiento amenazaba con fracasar. Y en este sentido había encontrado en las nuevas elecciones de Cuenca (…) un medio de regresar a la Península y de gozar una relativa impunidad para sus movimientos”. [32] Si los tomamos al pie de la letra, la tesis de la tapadera, para recuperar el protagonismo militar que había perdido por estar en Tenerife, quedaría confirmada. Pero la jugada le salió mal. Sigamos con el relato

El 24 de abril ya constató su candidatura en el diario canario Acción, junto a Goicoechea, Primo de Rivera y Gosálvez. El 25 de abril, apareció el nombre de Francisco Franco Bahamonde en la circular que, con la candidatura derechista, envió Fanjul a sus electores. Se confirmó al día siguiente, cuando se presentó públicamente a la Junta Provincial del Censo, lo que causó gran impacto local y trascendencia nacional.[33] Ese mismo 26 de abril se celebraban las elecciones a compromisarios para elegir al presidente de la República, cuya baja participación en la provincia de Cuenca permitió el triunfo aplastante del Frente Popular, que obtuvo los seis puestos en litigio.

Joaquín Fanjul en su época de diputado en las Cortes constituyentes (foto: Mundo Gráfico, 5 de agosto de 1931)

Pero Gil Robles, que había llegado a pedir la renuncia a Casanova para dar entrada a Franco, no tardó en cambiar de actitud. Se han dado distintas razones sobre la renuncia de su candidatura. No resisten un mínimo de rigor las de sus hagiógrafos, que vinculan su renuncia a su “alto patriotismo” (Anselmo Sanz Serrano) —para no restarle votos al fundador de la Falange—  o guiado por Dios para la redención española (Luis de Galinsoga). [34] Hay quien lo ha justificado para “evitar la impresión de amenaza militar que sin duda difundirían las izquierdas” (Ricardo de la Cierva). Sin embargo, la razón real fue la negativa del líder falangista a compartir la candidatura con ciertos militares, y menos con Franco, que amenazó con retirarse. Enterado por la prensa, Primo de Rivera lo vetó porque detestaba la cautela y ambigüedad del general. Algún biógrafo de Franco llegó a afirmar que José Antonio no quería asociarse con los militares, “unos gallinas” y menos con Franco, “el más gallina de todos” (Brian Crozier).[35]

En esa tesitura, las derechas, y, en especial, Gil Robles, prefirieron la opción que representaba José Antonio Primo de Rivera, antes que la de Francisco Franco. ¿Por qué? Franco, que había ido a su aire hasta entonces,[36] estaba fuera de una conspiración en la que “empezaba a destacar la figura de Mola”.[37] No puede ser ajeno que, el mismo día que el nombre de Franco aparecía en la circular de Fanjul, el general Mola enviara su primera “instrucción reservada”. De modo que, mientras la actitud de Franco podía llegar a incomodar a otros militares, la candidatura de Primo de Rivera representaba una baza política de extraordinario calado para las derechas. Esa misma tarde del 25 de abril, Serrano Suñer se entrevistó con su cuñado en Canarias para convencerle de que se retirara,

Costó que algunos generales aceptaran el papel de “Director” de Mola. Entre ellos, Franco, que asumió de mala manera su postergación política y empeoró su opinión sobre José Antonio Primo de Rivera y sobre el exministro que lo había puesto al mando del EMC, José María Gil Robles. Se quebraron así sus aspiraciones para encabezar una conspiración en marcha. La renuncia de Franco sería hecha pública el 27 de abril. Según Gil Robles, como no la manifestaba públicamente, y para que “su postura no resultase embarazosa ni desairada” encargaron ese día al cronista parlamentario de El Debate que “hiciera circular por los pasillos de las Cortes la noticia de que el general se negaba a figurar en la candidatura de Cuenca”.[38] Sin embargo, en sus citados “apuntes” personales, Franco vuelve a falsear la realidad y, en lugar de hablar del veto de Primo de Rivera, lo achaca a que la gestión de su candidatura se hizo pública antes de tiempo, que su nombre se quemó y que él mismo hizo su propia desautorización pública.[39] Pura manipulación auto justificativa, elaborada a posteriori, que pone en cuestión la sinceridad de su relato.

José María Álvarez Mendizábal

Poco importaba. La Junta Provincial del Censo había aprobado en la Audiencia, pocas horas antes, la relación de candidatos. Y, en ella, no figuraban ni Franco ni Primo de Rivera, por no haber sido candidatos en la primera vuelta. Dio así la razón la autoridad electoral al escrito presentado por Álvarez Mendizábal. La prensa local recogió que “los elementos de derechas se muestran indignadísimos, calificando de monstruosidad el acuerdo de la Junta Provincial del Censo”.[40] El Boletín Oficial de la Provincia del 29 de abril publicó el citado acuerdo, con la firma del gobernador, Antonio Sánchez Garrido.

 

Franco fue sustituido en la candidatura derechista conquense por el cedista Manuel Casanova. Sus compañeros fueron, finalmente, Antonio Goicoechea y Modesto Gosálvez. Desaparecían, respecto a febrero, el general Fanjul, Enrique Cuartero -ambos por renuncia- y el radical Tomás Sierra. A José Antonio no se le buscó un recambio, “como muestra de solidaridad con el compañero injustamente perseguido”.[41] Las derechas echaron un pulso al Gobierno y pusieron todo su empeño en que consiguiera la inmunidad parlamentaria y accediera a la libertad. La Junta Central desechó el recurso el 29 de abril y el asunto no tuvo enmienda en las Cortes, donde se produjo un tenso debate entre el monárquico José Calvo Sotelo y Ángel Pestaña, fundador del Partido Sindicalista.[42]

Pese a todo, las derechas no cedieron en su empeño. José Antonio no podía nombrar interventores o apoderados, al no ser candidato, pero la normativa electoral no podía impedir que los electores lo votaran. En las papeletas impresas de la derecha iba en primer lugar. Por medio de este subterfugio, José Antonio encabezó unas listas derechistas en las que, formalmente, no era candidato. Si confuso era el decreto, este hecho no hizo sino complicar aún más el recuento del proceso electoral.

El fraude electoral fue debatido en las Cortes. El cedista Giménez Fernández y el monárquico Súarez de Tangil denunciaron coacciones y atropellos. El socialista Rufilanchas negó que tuvieran fundamento las protestas. Cuando la mayoría parlamentaria de izquierdas rechazó el voto particular de Giménez Fernández para que se anularan las elecciones, Serrano Suñer presentó otro para que se recontaran bien los votos (descontando las mesas amañadas) y forzando el escrutinio, sacrificando a Casanova en beneficio del líder falangista. Aprovechó la ocasión Rufilanchas para felicitarse por haber admitido Serrano que no había ninguna prueba documental para anular las actas conquenses. También fue rechazado este voto particular. Y el de otros diputados de la derecha, para que se anularan las secciones denunciadas. Pero las Cortes aprobaron el dictamen de la Comisión y dieron validez a sus actas. Primo de Rivera, que no pudo obtener la inmunidad parlamentaria, fue trasladado poco después a la cárcel de Alicante, donde sería fusilado el 20 de noviembre de 1936. La misma suerte que había sufrido el general Fanjul, detenido en el Cuartel de la Montaña y ejecutado el 15 de agosto.

Entierro del general Balmes (foto: archivo de la familia Balmes)

Para entonces, el general Francisco Franco, que había eliminado su principal obstáculo en las islas, al general Balmes –“el primer asesinato de Franco”, parafraseando a Viñas[43]—, se había sumado a la red de conjurados, dirigida por Mola, que articuló en su entorno una “gran coalición política contra el Frente Popular”.[44] Y, en apenas dos meses, había acumulado todo el poder civil y militar de los sublevados. Su supuesta ambigüedad, calculada, tendría su premio meses después. Por un fraude de ley, el nombramiento que recibió en el Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional, de 30 de septiembre de 1939, como “jefe de gobierno del Estado” y “generalísimo” de los ejércitos, se transformó más tarde en “jefe del Estado”. Inició entonces el proceso de estructuración del “Nuevo Estado”, que dio paso a una larga dictadura que aprovechó la figura del “Ausente” para apropiarse de su legado político, pese a que su relación personal no fue, precisamente, buena. Como tampoco lo fue la experiencia frustrada de su candidatura para un dictador que, en lo sucesivo, dio la espalda a una provincia, la de Cuenca, de la que nunca llegó a ser diputado, ni permitió que nadie lo fuera durante cuatro décadas.

[1] Quiero agradecer a los profesores Ángel Viñas y Roberto Muñoz Bolaños que hayan leído el borrador de este artículo y me hayan aportado valiosas sugerencias.

[2] Para una historia del ferrocarril local, vid. José Luis Muñoz, El día que el tren llegó a Cuenca, Toledo, Almud, 2019.

[3] Vid. Ángel L. López Villaverde, “Y Franco cogió su tren”, en Tiempos Modernos, núm. 2 (2017), p. 13. El NO-DO: http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-257/1467422/ (a partir del minuto 7:17). La información periodística local, en Ofensiva (3-11-1947). Sobre la construcción de los grandes viaductos para la construcción del ferrocarril, vid. https://www.youtube.com/watch?v=gI8khvaT_2Q [consultado el 9-11-2019]

[4] ABC (26-11-1947).

[5] ABC (20-11-1947).

[6] Vid. Ángel L. López Villaverde, Cuenca durante la II República. Elecciones, partidos y vida política, 1931-1936, Cuenca, UCLM / Diputación Provincial, 1997, pp. 289-311.

[7] Manuel Álvarez Tardío, Roberto Villa, 1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular, Madrid, Espasa, 2017. Sobre Cuenca, vid, pp. 415 y 434.

[8] Ángel L. López Villaverde, “Lo que la verdad esconde. A propósito de fraudes y violencias en 1936”, en ctxt. Revista contexto (3-5-2017) https://ctxt.es/es/20170503/Firmas/12537/II-republica-frente-popular-golpe-de-estado-alvarez-tardio-roberto-villa.htm. En una línea similar, Diego Caro Cancela, “El canon del revisionismo y la historia local. A propósito de 1936: fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular, en La voz del Sur (14-7-2017) https://laandalucia.lavozdelsur.es/2017/07/el-canon-del-revisionismo-y-la-historia-local-a-proposito-de-1936-fraude-y-violencia-en-las-elecciones-del-frente-popular/        . Con anterioridad, Santos Juliá, “Las cuentas galanas de 1936”, en El País (Babelia, 5-4-2017) y José Luis Martín Ramos “¿Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular? Unas notas de réplica a Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa”, en Rebelión (22-4-2017/6-5-2017) https://www.rebelion.org/noticia.php?id=225669; http://www.rebelion.org/noticia.php?id=226004; https://www.rebelion.org/noticia.php?id=226271

[9] Vid. Manuel Álvarez Tardío, Roberto Villa, 1936. Fraude y violencia… cit., pp. 373-392. Las irregularidades de la izquierda allí son paradigmáticas para estos autores (“España se ha vuelto Coruña”).

[10] Gaceta de Madrid (9-4-1936). Reproducida en el Apéndice VII.

[11] J. R. Montero, La CEDA. El catolicismo social y político en la II República. Madrid, Ediciones de la Revista de Trabajo, 1977, vol. 1, p. 387; El Defensor de Cuenca (12-1-1935).

[12] Es verdad que son dos casos diferentes, porque Fanjul había desarrollado sólidas relaciones en la provincia desde hacía casi dos décadas. Pero sus primeras actas de diputado, entre 1919 y 1923, fue un típico cunero.

[13] Al conservarse las actas remitidas por los presidentes de las mesas a la Junta Provincial del Censo, con una información muy completa, las pude analizar pormenorizadamente. Pese a la prohibición de la autoridad electoral, el nombre de José Antonio Primo de Rivera siguió en las papeletas y no fue sustituido por ningún otro candidato derechista. Según nuestro recuento, el candidato falangista, con 44.857 sufragios reconocidos, obtuvo otros 2.426 en las mesas donde no se contabilizaron como protesta en el acta.

La documentación existente permite detectar fraude claramente en veintiséis secciones, pertenecientes a dieciocho municipios, donde el Frente Popular obtuvo todos los votos posibles. Se pueden añadir otras cinco secciones más, donde las derechas no llegaron a sacar los cinco votos que marcaban como criterio mínimo la Comisión. Pero las derechas tampoco quedaron al margen del pucherazo, pues en dos fueron al copo. Otras cuatro secciones mostraron irregularidades, al registrar algunos votantes más que votos, en tres de las cuales venció el Frente Popular. No obstante, las protestas recogidas en las actas vinieron de ambos lados, repartiéndose la culpabilidad (por coacciones de caciques o de delegados gubernativos). En cualquier caso, descontando las mesas fraudulentas, la ventaja del Frente Popular se hubiera reducido (de los dieciocho mil a los once mil votos) pero no hubiera cambiado la victoria de la izquierda, pues el total de sufragios con irregularidades fue del entorno de diez mil. El Frente Popular venció de forma clara en las elecciones de mayo en Cuenca, aunque no tan limpiamente. Vid. Ángel L. López Villaverde, Cuenca durante la II República… cit., pp. 308-311.

[14] Ángel L. López Villaverde, “Indalecio Prieto en Cuenca. Comentarios al discurso pronunciado el 1º de mayo de 1936”, en Añil. Cuadernos de Castilla-La Mancha, núm. 19 (invierno de 1999), pp. 14-21. En este artículo hay un error, al confundirse Paredes con Paredes de Melo, pues este último es un pueblo de colonización, nacido durante el franquismo.

[15] Demuestra, por ejemplo, que no se puede despreciar el peso del voto cenetista en algunas circunscripciones. O que no se pueden sumar, sin más, los votos de las candidaturas derechista y centrista, como si fueran un bloque homogéneo, frente a las izquierdas, como hacen reiteradamente Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa, 1936. Fraude y violencia… cit.

[16] Ángel Viñas, Miguel Ull Laita, Cecilio Yusta Viñas, El primer asesinato de Franco: la muerte del general Balmes y el inicio de la sublevación, Barcelona, Crítica, 2017. Vid. también Roberto Muñoz Bolaños, Las conspiraciones del 36. Militares y civiles contra el Frente Popular, Madrid, Espasa, 2019.

[17] Su versión sobre los hechos, en “Apuntes” personales del Generalisimo sobre la República y la guerra civil, Madrid, Fundación Nacional Francisco Franco, 1987, pp. 23-31.

[18] Respectivamente, Paul Preston, El holocausto español, Barcelona, Debate. 2011, p. 781; Eduardo González Calleja,  Contrarrevolucionarios: radicalización violenta de las derechas durante la Segunda República, 1931-1936, Madrid, Alianza, 2011, p. 304; Manuel Álvarez Tardío, Roberto Villa, 1936. Fraude y violencia… cit., p. 288.

[19] Ángel Viñas, Miguel Ull Laita, Cecilio Yusta Viñas, El primer asesinato de Franco… cit., pp. 402-407.

[20] Roberto Muñoz Bolaños, Las conspiraciones del 36… cit., p. 113.

[21 Ángel Viñas, Miguel Ull Laita, Cecilio Yusta Viñas, El primer asesinato de Franco… cit., p. 410.

[22] Vid. Roberto Muñoz Bolaños, Las conspiraciones del 36… cit., pp. 113-135.

[23] José Mª Gil Robles, No fue posible la paz, Barcelona, Ariel, 1968, p. 562.

[24] Maximiano García Venero, El general Fanjul. Madrid en el alzamiento nacional, Madrid, Cid, 1967, pp. 212-213.

[25] Lo hizo al recibir el 23 de enero de 1952 en El Pardo la primera medalla de oro de Cuenca, otro reconocimiento añadido al que le otorgó el ayuntamiento en su visita de 1947. Vid. José Luis Muñoz, “El diputado de Cuenca”. En El Banzo, núm. 4 (1975), p. 14. Y se reitera en sus “Apuntes”… cit., p. 34.

[26] Ángel Viñas, Miguel Ull Laita, Cecilio Yusta Viñas, El primer asesinato de Franco… cit., pp. 419-426.

[27] Hugh Thomas, Historia de la Guerra Civil española, Barcelona, Círculo de Lectores, 1976, p. 190.

[28] Roberto Muñoz Bolaños, Las conspiraciones del 36… cit., p. 125.

[29] José Mª Gil Robles, No fue posible… cit., p. 563.

[30] Ángel Viñas, Miguel Ull Laita, Cecilio Yusta Viñas, El primer asesinato de Franco… cit., p. 426.

[31] Roberto Muñoz Bolaños, Las conspiraciones del 36… cit., p. 129.

[32] “Apuntes” Ibid.

[33] José Luis Muñoz, “El diputado… cit.”, p. 10.

[34] Luis de Galinsoga, Centinela de Occidente, Barcelona, 1956.

[35] Todas se pueden ver en José Luis Muñoz, “El diputado… cit.” pp. 10-14. Vid. Ricardo de la Cierva, Francisco Franco, un siglo de España, Madrid, 1974; Brian Crozier, Franco, historia y biografía, Madrid, 1969.

[36] Ángel Viñas, Miguel Ull Laita, Cecilio Yusta Viñas, El primer asesinato de Franco… cit., pp. 351-409.

[37] Roberto Muñoz Bolaños, Ibid.Por otra parte, en los documentos del archivo personal de José Sanjurjo, que el historiador Fernando del Rey Reguillo ha analizado (”Los papeles de un conspirador. Documentos para la historia de las tramas golpistas de 1936”, en Dimensioni e problema della ricerca storica, 2/2018, pp. 129-159) se muestra la fidelidad que mantenía Mola a Sanjurjo y cómo el general Franco aparecía ya durante la intentona golpista de marzo y abril, que no llegó a cuajar, en una segunda posición entre los sublevados, tras Sanjurjo.

[38] José Mª Gil Robles, No fue posible… cit., p. 566.

[39] “Apuntes”… cit., p. 35.

[40] Heraldo de Cuenca, núm. 70 (27-4-1936).

[41] Vid. el manifiesto distribuido en Cuenca el día 29 y publicado en ABC el 30 de abril. También José Mª Gil Robles, No fue posible… cit., p. 567.

[42] José Mª Gil Robles, No fue posible… cit., p. 568. Vid. Diario de Sesiones de las Cortes, núm. 23 (30-4-1936), pp. 524-537.

[43] Ángel Viñas, Miguel Ull Laita, Cecilio Yusta Viñas, El primer asesinato de Franco… cit., p.

[44] Roberto Muñoz Bolaños, “¿Quiénes se sublevaron el 18 de julio de 1936. La gran coalición política contra el Frente Popular”, en Anatomía de la Historia (26-7-2017) http://anatomiadelahistoria.com/2017/07/quienes-se-sublevaron-el-18-de-julio-de-1936-la-gran-coalicion-politica-contra-el-frente-popular/

 

Imagen de portada: “Votantes haciendo cola para votar durante la jornada electoral que dio el triunfo al Frente Popular. Tarancón, febrero de 1836 (sic)”. Publio López Mondéjar, La huella de la mirada: fotografía y sociedad en CLM 1839-1936, Barcelona, Lundvwerg, 2005, p. 115.

 

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