Maria Dolors Garcia-Ramon
Catedrática emérita de la Universitat Autònoma de Barcelona.
Departament de Geografia

Introducción

Este artículo que escribí hace unos años se centraba en la geografía humana, mi disciplina, y en la segunda parte se refiere a un campo concreto de la geografía humana y social, el de la geografía del género. Pero es cierto que muchas de las ideas son completamente aplicables a varias de las ciencias sociales de nuestro tiempo, ya que también  la globalización cultural y el neoliberalismo las ha llevado a una situación en que la hegemonía anglosajona en la academia se presenta casi como incuestionable.

La firmante de este artículo es una de estas personas (cada vez más frecuentes) que navega desde hace casi cinco décadas en los márgenes del imperio académico anglosajón pero con fuertes raíces en otras tradiciones geográficas -en su caso, dentro de la tradición catalana, española y latinoamericana- y que de forma continua e inevitable tiene que dialogar o trabajar en el contexto cotidiano en dos lenguas (catalán y castellano con una posición de poder muy asimétrica),  y a la vez en el contexto internacional más amplio (léase angloamericano) con su propia lógica y su lingua franca particular.  Por lo tanto, los problemas de lengua y poder y su relación asimétrica con el “Otro/a”  lo experimento de forma diaria.  Además, y por diversas razones. mi carrera académica  ha estado muy expuesta al mundo universitario anglosajón, desde ya un lejano máster en la universidad de Berkeley en 1970.  Y es precisamente por esta  experiencia  personal (positiva  y muy larga) de “navegar por lo márgenes del imperio académico angloamericano” que me puedo posicionar y que me veo capaz de señalar en esta trayectoria, desde la perspectiva de la geografía crítica  y del género, no solo las luces sino también las sombras.

berkeley campus
Campus de la Universidad de California en Berkeley

Quiero señalar que este artículo no es un alegato en contra de la utilización del inglés como lingua franca en la comunicación científica en este siglo XXI, un hecho por ahora irreversible debido al peso hegemónico económico y cultural de los EEUU en los últimos 60 años en el mundo. También comparto la opinión de que la hegemonía de una lengua fue siempre compañera del imperio,  pero que también las geopolíticas de dominación no son permanentes,  y que la rueda de  la fortuna gira sin descanso y que no se debe olvidar que desde el Renacimiento la lingua franca  de comunicación científica ha sido sucesivamente el latín, el italiano, el español y el francés e incluso el ruso en el campo socialista. Pero el proceso de globalización cultural y científica al que asistimos hoy en día tiene una escala y un impacto incomparable con las situaciones anteriores, por lo que las consecuencias sobre la problemáticas de las lenguas y las diferentes tradiciones científicas tienen un alcance mucho más penetrante y quizás totalmente inconcebible  hace tan sólo unas décadas.

El tema de la hegemonía angloamericana en geografía se debatió en los foros internacionales de geografía crítica con cierto interés hace ya casi veinte años, pero el debate se ha ido apagando lentamente en geografía con algunas honrosas excepciones y no precisamente porque la situación haya cambiado, sino porque se ha ido aceptando esta hegemonía  y cada vez más como algo incuestionable en la Academia. ¡Ojalá la situación no sea la misma en otras ciencias sociales!

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Las diferencias que crea el lugar: Una mirada crítica a la hegemonía angloamericana en geografía [1]

 Durante la última década y en algunos foros internacionales de geografía crítica se ha debatido sobre la hegemonía angloamericana respecto a la producción del conocimiento en geografía y el estatus del inglés como lingua franca de la comunicación académica. A nivel personal hace mucho tiempo que me preocupa el tema, quizás porque lo he experimentado y sufrido desde muy joven -desde que fui a Berkeley a hacer un máster en geografía en 1970-, y porque mi trayectoria académica ha estado muy expuesta a la geografía anglosajona. También he de decir desde el principio que mi perspectiva no es anglo-céntrica pero, por supuesto, podría ser y es euro-céntrica…, sin embargo, los países mediterráneos están en la periferia de Europa, una periferia que no ha sido  “inventada” (Best, 2009) – ahora incluso se habla de los PIGS (cerdos) de la Unión Europea, jugando con las iniciales de  Portugal, Irlanda, Grecia, y España (Spain). Mi experiencia, pues, no está de ninguna manera compenetrada con las decisiones que se toman en los centros del poder y en los centros de la geografía ‘internacional’. Además, en Cataluña (con una sociedad civil anclada sobre una fuerte identidad regional y sobre una lengua propia, el catalán) tenemos una experiencia de trabajo y diálogo diario con los/las geógrafos/a españoles/as y una experiencia cotidiana de relacionarnos y de hablar en dos lenguas (catalán y castellano/español) que se encuentra en una posición de poder asimétrica.  Por lo tanto, los problemas de lengua y poder y su relación asimétrica con el “Otro”  los he vivido a diario y  es lo que me interesa discutir aquí. A nivel internacional está claro que la consolidación de la hegemonía del inglés como lengua global ha situado el discurso geográfico en un lugar de poder privilegiado dentro de la comunidad académica internacional de geógrafos/as y ello tiene numerosas consecuencias. En este artículo me referiré  en primer lugar a la situación de la geografía internacional y después me centraré con más detalle en el caso de la geografía feminista que no es ninguna excepción.

critical geographie neele bunjes
Ilustración de Neele Bunjes (web de Critical Geographies of Global Inequalities, Universidad de Hamburgo)

El tema de la hegemonía de la geografía anglosajona se ha venido discutiendo en la última década últimos diez años en algunos foros internacionales (sobre todo en los de geografía crítica y también en los de género) (Short et al., 2001; Braun, 2003; Minca, 2003; Rodríguez-Pose, 2004; Albet et al., 2005; Paasi, 2005). Por ejemplo en la Conferencia Internacional de Geografía Crítica que tuvo lugar en Hungría en el 2002 los dos temas que dominaron las discusiones tanto dentro como fuera de las conferencias fueron la hegemonía angloamericana en la geografía internacional y el estatus del inglés como lingua franca en la academia. Algo parecido sucedió en muchas de las sesiones de la Conferencia Internacional de Geografía Crítica en México DF en 2005. Poco después de estas conferencias se publicaron algunos  artículos (Kitchin, 2003, Garcia-Ramon, 2003, 2004; Vaiou, 2004; Timar 2004; Rodríguez-Pose, 2006) pero en los últimos años y con alguna honrosa excepción (Peake, 2011), parece que el tema no ha estado tan de moda en el mundo anglófono (¡las modas pasan muy deprisa en la geografía anglosajona!) aunque es interesante el debate publicado recientemente en Area protagonizado por geógrafos belgas (Derudder, 2011; Meeus et al. 2011). Lo que es cierto es que si bien se ha publicado sobre el tema es muy poco lo que se ha hecho y la situación no ha cambiado si es que no ha empeorado.

La indisputada hegemonía de la geografía angloamericana

Hoy, quizás más que nunca en la historia de nuestra disciplina, se observa una indisputada hegemonía internacional de una única geografía, la angloamericana. Ésta establece las pautas del debate intelectual que tiene lugar en distintas partes del mundo, en gran parte debido a la hegemonía del inglés. Pero esta hegemonía lingüística es una forma de poder que mientras dignifica ciertas tradiciones académicas desautoriza a otras. Además, el lenguaje no sólo refleja el mundo externo sino que también lo materializa y lo corporifica. Pues el lenguaje es más que una herramienta comunicativa de intercambio de ideas; el lenguaje condiciona una manera de pensar y establece el marco en el que expresamos nuestras experiencias y percepciones. Por ello, el problema de las diferentes tradiciones académicas en geografía debe ser incorporado en nuestra discusión sobre las lenguas y la hegemonía de un pensamiento único. Es verdad que el discurso geográfico se ha globalizado, pero su globalización ha sido parcial y desigual. Quienes pueden hablar y escribir en inglés pueden contar con un público internacional, pero quienes hablan y escriben en otras lenguas tienen una difusión restringida no sólo a las conferencias internacionales sino a la mayor parte de las revistas de geografía contemporáneas más destacadas y conocidas. Nos guste o no, el acceso a estas publicaciones significa tener el poder real para establecer las pautas del debate intelectual en geografía en muchas zonas del mundo.

detalle del cartel de la 23 conferencia anual de geografía crítica ( universidad de kentucky, 2013)
Detalle del Cartel de la 23 Conferencia Anual de Geografía Crítica ( Universidad de Kentucky, 2016)

Parecería que las revistas consideradas “internacionales” serían el foro natural en que las diferentes comunidades internacionales de geógrafos pudieran comunicarse. Pero quizás el error sea identificar estas revistas como un foro de discusión internacional. Un estudio llevado a cabo por dos geógrafos españoles (Gutiérrez y López-Nieva, 2001) y publicado en  Progress in Human Geography  demuestra que las publicaciones denominadas ‘internacionales’ en inglés no son realmente internacionales y que no han conseguido crear un foro global de discusión, o es que  quizás nunca en realidad se buscó ser este tipo de foro. El análisis se basa en una muestra de 19 revistas elegidas entre las 30 que aparecen bajo la categoría ‘Geografía’ en el Social Sciences Citation Index. Si se toma en cuenta el lugar de trabajo de los autores, Estados Unidos e Inglaterra, representan más de las tres cuartas partes de todos los artículos publicados (73.4%). Canadá y Australia le siguen de forma inmediata y la contribución de los países de habla no inglesa es extremadamente baja (por ejemplo, Francia y Alemania con escuelas de geografía muy potentes desde hace mucho tiempo, aparecen con un valor simbólico bajo, de alrededor de 0,5%). Más aún, la mayor parte de los miembros de los consejos editoriales de estas publicaciones provienen de países de habla inglesa.  Otros dos geógrafos europeos (uno italiano y otro danés) constatan esta misma situación, a pesar de la diferencia de años en su publicación (Aalbers & Rossi, 2007; 2009).

Además estas revistas probablemente no son sentidas por muchos geógrafos como un terreno adecuado para el encuentro y debate entre diversas tradiciones geográficas pues existe una convicción bastante generalizada entre nuestros colegas no anglos (p. ej. italianos, franceses, portugueses, españoles, brasileños, argentinos etc.) de que estas revistas hacen referencia casi exclusivamente a los últimos debates teóricos dentro de la geografía angloamericana y que no dan cabida a “Otras” tradiciones (Hancock,1999). Este sentimiento ha sido reforzado por el hecho de que el sistema de evaluación (referees) de estas revistas es casi exclusivamente angloamericano.  Además me gustaría añadir que, en muchos países y para la mayoría de las disciplinas, cada vez más, el Citation Index (es decir las revistas incluidas en el ISI) se está convirtiendo en el punto de referencia  para medir la calidad de las publicaciones y las consiguientes promociones académicas, y la geografía no es ninguna excepción en este aspecto ( es cierto que en los últimos años el ISI ha incluido algunas revistas no anglófonas pero son escasas y con índices de impacto muy bajos, debido al sistema de elaboración del ISI).

castells the urban question

En definitiva si un libro o un artículo no esta escrito en inglés (o traducido a esta lengua) no existe para la comunidad angloparlante, es tan simple como esto. Dejadme poner un ejemplo que me toca muy de cerca pues el autor es español. Recuerdo que en Barcelona estábamos ya familiarizados con la obra de Manuel Castells en español hacia el año 1969 y la usábamos en nuestras investigaciones en geografía urbana (así como también lo hacían algunos de nuestros colegas italianos y franceses); pero Castells simplemente no existía para nuestros colegas de habla inglesa. En 1977, ocho años después, de repente, muchos de nuestros colegas angloparlantes hacían profusas referencias al mismo y ello lo convirtió en el académico más citado en geografía urbana en los foros “internacionales”. La explicación es muy simple: su famoso libro La question urbaine (1972) fue traducido del francés al inglés en 1977 (¡que es el año en que Harvey estaba de sabático en París y conoció a Castells y a su obra!).

 

Otro ejemplo significativo, esta vez en la geografía feminista internacional es el caso del excelente manual publicado por el grupo WGSG (Feminist Geographies: Exploration diversity and difference) (1997). Realmente aboga por la diversidad, la diferencia (conceptos muy queridos por la geografía del género ) y por lo tanto por el conocimiento situado, siguiendo a Haraway (1995) y a Monk (1996). No obstante el contenido se refiere tan solo a la geografía angloamericana  y la bibliografía, con la excepción de un par de referencias, sólo incluye las investigaciones publicadas y llevadas a cabo por la geografía anglófona…y, en cambio se ignoran las investigaciones de geógrafas italianas, españolas, portuguesas, griegas y francesas, ¡a pesar de que algunas de ellas publican en inglés! La geografía feminista(y por descontado las autoras del libro) reconocen que el conocimiento es situado pero me gustaría añadir que el conocimiento no solo es situado dentro del mundo anglosajón …en mi opinión un título más adecuado para este libro sería Feminist Geographies: exploration in diversity and difference within the Angloxason word. Y este ejemplo se puede generalizar a los libros de texto en inglés de muchas otras materias de la geografía.

feminist geographies cover

Aprender una lengua extranjera requiere tiempo y una gran dosis de humildad (es muy cómodo hablar en una lengua en la que no se cometen errores), pero este esfuerzo debe ser compartido por todo el mundo y no sólo por aquellos que no tienen al inglés como lengua materna. Como mujer me agrada la comparación hecha por una geógrafa del Grupo de Geografía Crítica: “Si el inglés no es nuestra lengua materna, el esfuerzo realizado para seguir los debates de la geografía internacional es grande y mucha gente lo considera injusto. Lo mismo sucede con la sub-representación de mujeres en la disciplina; para una mujer que quiere seguir la “normalidad demográfica” de una vida familiar competir por un buen trabajo significa un mayor esfuerzo que para un hombre que puede apoyarse en las normas sociales que le permiten contar con una compañera que acarreará con el mayor peso de las responsabilidades familiares. Tanto el hablar inglés como el ser hombre liberan más energía para el trabajo competitivo…estaría muy bien que todos encontráramos tiempo para consideraciones de carácter más humano como ampliar nuestra comprensión de otras lenguas y asumir responsabilidades iguales en la vida familiar” (Critical Geography Forum Archives, 1998).

Algunas veces se han  escuchado voces que objetan que el conocimiento de lenguas puede ser entendido también como un rasgo de elitismo (Critical Geography Forum Archives, 1998). Para quienes no tenemos el inglés como lengua materna, esta justificación del monolingüismo es más bien chocante –e incluso insultante- y revela hasta qué punto las ventajas de ser un angloparlante nativo puede considerarse una especie de don “natural”.

Cabe señalar que la hegemonía anglosajona en geografía  es muy compleja (Timar, 2004) y que dentro mismo del ámbito anglófono se da una graduación de hegemonías y unas geometrías variables del poder (Berg & Kearns, 1998; Samers & Sidaway, 2000). En la Conferencia Internacional de la UGI en Australia en Brisbane en 2006 en una sesión sobre “Antipodean Socio-spatial Theory” se debatió brillantemente la preponderancia de la geografía norteamericana y la británica como centros de poder dentro de la geografía anglófona. En la conferencia plenaria del norteamericano Eric Shepard y los posteriores comentarios de los australianos (Pauline McGuirk y Phillip O’Neill) se llegó a denominar a estos dos países como las “Torres Gemelas” de la geografía internacional y se criticó la “periferización” de algunos países anglófonos como Australia y Nueva Zelanda. Pero esto no quita que estos países no dejen de estar algo más próximos que los no anglófonos al centro de poder, aunque no sea más que por el hecho de hablar inglés y por lo tanto dominar la lingua franca, un instrumento claro de poder.

También es cierto que la internacionalización de la geografía no siempre refuerza la hegemonía angloamericana y muchas veces puede tener consecuencias muy positivas. Así pues se ha constatado que las corrientes de geografía crítica se han introducido en Alemania gracias a la internacionalización de la geografía alemana (Belina et al., 2009). Y lo mismo podríamos decir de la introducción de la geografía feminista y del género en numerosos países donde es cierto que la geografía británica y americana ha jugado un papel esencial (Garcia-Ramon & Monk, 2007). Frente a esta situación, creo que tenemos que plantear algunas soluciones. Deberíamos buscar foros alternativos para la discusión internacional en geografía, especialmente la feminista. No creo que sea solución cerrarnos en nuestra propia tradición y escuela nacional aunque, muchas veces, estemos tentados a hacerlo. Este tipo de parroquialismo es  peligroso y significa caer en el mismo tipo de errores que estamos criticando hoy en el mundo de la geografía anglófona feminista.

Las diferencias que crea el lugar: Algunos datos numéricos sobre la geografía del género

A pesar de que la geografía y la teoría feminista han sido pioneras en defender la diferencia y la diversidad, en la realidad diaria se olvida con demasiada frecuencia. Por lo general, se acepta que los temas y las metodologías de estudio de la geografía anglófona son la norma y el punto de referencia para la geografía feminista mundial. Es cierto que en muchos países debemos el inicio y los primeros desarrollos de la geografía del género a su influencia pero ello no supone que la evolución posterior se tenga que homologar con la de la anglosajona ya que la tradiciones geográficas locales condicionan mucho su desarrollo.  En un estudio publicado a finales de los 80  (Garcia-Ramon y Caballé, 1998), una joven colega y yo misma detectamos unas formas diferentes de la evolución de la geografía del género según los países  y lo estudiamos a través del análisis de los artículos de 75 revistas geográficas publicadas en 23 países y en 12 lenguas diferentes. Los diversos temas tratados se podían agrupar en cuatro modelos regionales de desarrollo de esta geografía. Las revistas anglófonas -que eran la mayoría- se caracterizaban por un enorme peso de la teoría, por un alto nivel de abstracción y por tratar temas como la sexualidad, masculinidad y posicionalidad, prácticamente inexistentes en los otros modelos en aquellos momentos. En las revistas francófonas y del área mediterránea abundaban los estados de la cuestión sobre las novedades de la geografía feminista en el mundo anglófono -lo que demuestra una cierta dependencia metodológica de ésta- pero también se distinguían por el peso de los temas del mundo rural, acusando la gran tradición de la geografía rural en estos países. En el tercer modelo regional -países escandinavos y centroeuropeos-  eran mayoritarios los temas de ocupación y mercado de trabajo, acusando la importante participación de la mujer en el mercado laboral y el interés por el estado del bienestar, en particular en los escandinavos. Y finalmente en el cuarto modelo- el de los países del Tercer Mundo, y sobre todo en América Latina-  predominaban los temas urbanos -en particular la participación de las mujeres en los movimientos de base-, reflejando pues la difícil realidad de la vida política y social de las ciudades de América Latina durante el periodo en que se agravaron los problemas del endeudamiento exterior.  Así mismo, en este modelo también los temas rurales tenían un peso muy significativo (mayor que en las revistas francófonas-mediterráneas), indicando la fuerte presencia del sector primario en el Tercer Mundo de esas décadas.

critical geography 3

Hace poco yo misma junto con una colega griega y otra danesa publicamos  un editorial en Gender, Place and Culture sobre el tema de la hegemonía angloamericana y analizamos bajo esta perspectiva el contenido  de la revista desde su origen en 1994 hasta 2005 (es decir 12 años) (Garcia-Ramon et al., 2006). Estudiamos la procedencia de los autores /as , la de las referencias bibliográficas incluidas en los artículos así como la de los miembros del consejo editorial de la revista.

Observamos que de un total de 242 autores/as solo 19 no pertenecían a universidades o centros de investigación angloamericanos, es decir un 7.3%. La autoría de EEUU y de Gran Bretaña representaba (por partes casi iguales) el 64% del total y la del Canadá anglófono un 19%. Se ha de constatar que el porcentaje de autoría de fuera del dominio anglófono no se incrementaba sino que sucedía lo contrario. Agrupando los datos en periodos de 3 años el primer trienio arrojaba un 6% de contribuciones, el segundo un 17%, el tercero un 10% y el último periodo volvía otra vez al 6%. Al analizar la lengua de los libros reseñados de un total de 320 tan sólo 7 no estaban escritos en inglés, es decir un 2.19% y en relación a los autores/as de las reseñas tan sólo el 5% no eran anglosajones (de 7 países diferentes, 3 europeos, tres asiáticos y uno de América Latina).

En las bibliografías de los artículos observamos que las referencias eran masivamente en inglés y llegaban al 95% del total, repartiéndose el 5% restante entre el francés, el alemán y el español. Y cabe señalar que en tres de los números examinados no había ni una sola referencia que no fuera en inglés. Casi la totalidad de la bibliografía no inglesa la citaban sobre todo los autores/as de fuera del ámbito anglosajón,  aunque algunos autores anglófonos incluían referencias bibliográficas no inglesas cuando escribían sobre estudios de casos de fuera del ámbito anglosajón.

También analizamos la composición del consejo editorial y observamos que representaba muy poco las diferentes tradiciones de geografías feministas en el mundo. Si bien es cierto que al principio de la revista (1994)  4 de los 19 miembros del Consejo Editorial eran de fuera del ámbito angloamericano (de Francia, Grecia, Alemania y Canadá francés) muy pronto (al año siguiente) fueron desplazados al consejo asesor (que es mucho más amplio y con mucha menos incidencia). En el año 2000 se incluyó en el Consejo Editorial una nueva persona de fuera del ámbito anglosajón (de Singapur)  pero en 2003 los tres miembros no anglos del Consejo Asesor fueron dados de baja. No obstante cabe señalar que desde 1995 una de las editoras no pertenece al ámbito anglosajón (de Singapur). Además cabe recordar que fue una de las editoras de la revista, Linda Peake, la que nos animó a la realización de este tipo de estudio sobre la revista.

gender, place and culture

Pero parece que los cambios son difíciles o sobre todo lentos y se tardará en ver los resultados. Desde 2006 la composición del Consejo editorial de al revista y las editoras no ha registrado grandes cambios en este sentido si bien se ha de destacar que la editora jefe es de Singapur (era ya editora desde 1995) y una de las nuevas editoras es de la periferia del mundo anglosajón (Nueva Zelanda). También es cierto que observando la lista de nombres de los censores anónimos de los dos años estudiados (218 nombres en 2009 y 205 en 2010) la gran mayoría pertenecen al mundo anglófono, pero aparece también un número significativo de censores que no son originarios de la esfera anglosajona.

Recientemente he puesto al día el análisis numérico que se publicó en 2006 para todos los números de la revista de 2009 y 2010 (doce números en total, un número igual al de los trienios analizados anteriormente). Es interesante señalar que en este nuevo análisis se observan  luces y sombras. Por ejemplo el número de autores de fuera del ámbito anglosajón ha aumentado ligeramente a un 13%, destacando el papel de Turquía y algunos países europeos (también el papel de países anglófonos “periféricos” como Nueva Zelanda y Australia se ha incrementado). Es evidente que es el resultado de una cierta política editorial que aplaudimos.  Pero el número de referencias en inglés en los artículos sobrepasa el 95% anterior (la no anglos son un 3.2%), lo que es un reflejo de la creciente  hegemonía de la literatura anglófona en este enfoque. Asimismo, en los dos años observamos que del total de 33 reseñas de libro tan sólo hay uno que no se ha escrito en inglés (en catalán, España). Pero entre los 64 autores de las reseñas  el porcentaje de autores no anglos ha aumentado sensiblemente a un 14 % y ello también se debe indiscutiblemente a la política editorial de la revista. Asimismo cabe recordar que desde hace un par de años se publican los resúmenes en chino y es de esperar que esta política de cierta apertura de la revista consiga sus frutos en el próximo futuro.

Conocimientos “situados” en geografía feminista

Jan Monk (1995) afirmaba que el lugar es una categoría fundamental en el desarrollo de la geografía del género, y que, por consiguiente, las tradiciones geográficas de los países pesaban mucho.  El lugar pues importa en la producción de conocimientos situados y el predominio de la geografía feminista anglófona se ha reflejado en la selección de temas estudiados. Y así lo constatamos en la editorial de Gender, Place and Culture a la que me he referido anteriormente pues es evidente que el peso de las elaboraciones teóricas es muy importante en esta revista surgida en unos momentos en que la geografía anglosajona se caracterizaba por la crítica a las “Grandes Narrativas” y la fuerte irrupción del “Giro cultural”, hechos que se reflejan en su contenido. Así pues abundan artículos sobre temáticas relacionadas con la identidad, la diferencia, la raza, la sexualidad, la “performatividad” de las masculinidades y las feminidades, las identidades “queer” y los discursos postcoloniales, el (trans)nacionalismo y la ciudadanía. En cambio, tienen poca presencia temas corrientes en la geografía del género en España y América Latina como por ejemplo empleo, globalización y reestructuración económica, violencia, activismo y movimientos urbanos y rurales desde la base. Es cierto, sin embargo, que en los últimos años los temas de sexualidad han penetrado en estas otras geografías feministas, en particular en la brasileña.

belgeo

En un Seminario Internacional que organizamos en Barcelona en 2006 titulado “Geografías del género en el mundo: cuestionando la hegemonía anglosajona”  (BELGEO, 2007; Documents d’Anàlisi Geogràfica, 2007) también constatamos que la temática de la geografía feminista se veía muy influenciada por las diversas tradiciones geográficas de los diferentes países (en el seminario estaban representados 14 países). La geografía británica era la más proclive a elaborar teorías de tipo general y, en cambio, en los países de África subsahariana las investigadoras feministas buscaban temas relacionados con las culturas locales (por ejemplo diferencias en la religión, la etnicidad, la edad etc.), y estaban preocupadas porque existía un fuerte sesgo “occidental” en las teorías sobre el desarrollo que habían penetrado en los estudios feministas locales. En cambio la geografía del género de América Latina se orientaba mucho más hacia los análisis de clase social, de la fuerza de trabajo de las mujeres  y temas de activismo, sobretodo en las zonas urbanas (Lan y Silva, 2007). En el caso de España la geografía feminista en los años 80’s y principios de los 90’s  se dedicó a estudiar temas rurales siguiendo por una parte la tradición ruralista de la geografía española y por otra reflejando la fuerte crisis en la agricultura española al entrar en el Mercado Común. Como la mayor parte de las participantes en el seminario no pertenecían al mundo anglosajón, pocas referencias se hicieron a los temas en boga en dicho ámbito, como por ejemplo el cuerpo, la sexualidad y la reflexividad y el rol de las/los investigadores (Garcia-Ramon y Monk,2007).

Mirando al futuro y produciendo conocimientos “situados”

Algunas voces autorizadas de la geografía angloamericana crítica también se han sumado a esta necesidad de desestabilizar la hegemonía angloamericana y del inglés en geografía (Kitchin, 2005). Es necesario pues abrir la geografía a una mayor pluralidad de voces, a formas diferentes de “hacer” geografía y a métodos alternativos de evaluar el trabajo académico en geografía. Y para ello deberíamos buscar foros alternativos para la discusión internacional en geografía. No creo que sea solución cerrarnos en nuestra propia tradición y escuela nacional aunque, muchas veces, estemos tentados de hacerlo. El parroquialismo es  peligroso y significa caer en el mismo tipo de errores que estamos criticando hoy en el mundo de habla inglesa. No es este el lugar y el momento para enumerar y discutir las posibles soluciones concretas pero sí me gustaría simplemente indicar algunas estrategias posibles.

Un posible camino es fomentar el plurilingüismo en la formación de los geógrafos. En efecto, tenemos que erradicar el monolingüismo de la geografía ( ya sé que la idea es algo utópica pero no por ello la he de dejar de mencionar) . Los geógrafos académicos tendrían que poder leer más de una lengua extranjera. Los geógrafos que no son de habla inglesa han hecho un gran esfuerzo en este sentido en las últimas décadas, y pocos de ellos son monolingües, pero los geógrafos angloamericanos no parecen haber hecho un esfuerzo de similares características.

Tenemos que aceptar hoy en día que el inglés hace funciones de lingua franca y que esto por ahora es irreversible. Es verdad, pero otra forma de romper el imperio del monolingüismo anglófono es batallar en todos los foros internacionales para conseguir que otras lenguas (aparte del inglés) tengan el estatus de lengua de trabajo y que estas sean aceptadas en las publicaciones  de los eventos realmente internacionales. En este sentido la Unión Geográfica Internacional es la plataforma más internacional de que disponemos en nuestra disciplina y por lo tanto una plataforma que se debería potenciar.

Una tercera posibilidad es trabajar para conseguir publicaciones verdaderamente  internacionales  en las que las ‘Otras’ voces puedan ser escuchadas aunque también sometidas al mismo tipo de rigor metodológico (y esto es importante). Por un lado, ello podría implementarse abriendo las revistas académicas “internacionales” a otras lenguas, además del inglés (o alternativamente, facilitar a los académicos no anglófonos la revisión de sus artículos en la lengua propia); por otro lado (y quiero subrayar esto en particular) se debería abrir el sistema de evaluación (ampliando la red de evaluadores anónimos y escogiéndolos de un mayor número de países). Algunas revistas anglosajonas (como p. ej. Social and Cultural Geography, Antipode, ACME) están llevando a cabo un esfuerzo en este sentido publicando (y no sólo en inglés) contribuciones de distintas tradiciones académicas así como comentarios extensos sobre libros destacados escritos en lenguas no inglesas. Pero quiero insistir en que también debemos intentar que revistas de fuera del mundo anglosajón se sitúen por su calidad y rigor metodológico en un puesto destacado a nivel internacional y lleguen a tener índices de calidad reconocidos a nivel internacional.

antipode covers

En síntesis, no quiero sugerir que todos nosotros tengamos que hablar muchas lenguas, sólo que de forma colectiva, tenemos que intentar dar una cobertura más adecuada a lo que se hace en la geografía fuera de nuestro propio entorno. Ni nosotros ni los geógrafos de habla inglesa debemos encerrarnos en nuestro mundo, esto lo tengo muy claro. Se trata de un camino largo y difícil, pero todo intento de favorecer un pluralismo disciplinario vale el esfuerzo a fin de hacer posible los intercambios reales que sólo pueden llevarse a cabo desde el pluralismo y la hibridación.

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[1] GARCIA RAMON,Maria Dolors (2012) “Las diferencias que crea el lugar. Una mirada crítica a la hegemonía angloamericana en geografía”, Documents d’Anàlisi Geogràfica 58(2) 307-319
 
 
 
 

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