Presentación

El origen medieval de la universidad asociado a la influencia y necesidades de la Iglesia (un doctorado en la Universidad de París era considerado como un doctorado de la Universidad de la Iglesia) convirtió a la universidad en motivo socorrido de los ataques no sólo de filósofos sino de los de cualquier gobernante por limitado que fuera el  alcance de su reformismo. Adam Smith fue el primero en exponer la necesidad de bienes públicos para el funcionamiento adecuado de una sociedad dirigida por la iniciativa privada: entre las obligaciones del soberano –que incluyen la administración de la justicia, la defensa de la sociedad y los medios para facilitar el comercio- había que contar con “la instrucción del pueblo”. Desde el sistema universitario alemán,  I. Kant hizo una profunda crítica a la jerarquización docente del sistema universitario que ensalzaba las facultades superiores de Teología, Derecho y Medicina y relegaba a la Filosofía, que era la que podía ser “independiente de los mandatos del gobierno”. Sobre el edificio en ruinas de la universidad medieval se fue configurando la universidad moderna («la razón debe tener el derecho de expresarse públicamente», había exigido Kant en 1798), que ayuda a entender, según divulga en esta publicación  L. Corchón, cómo determinados países lograron aventajar a otros en el desarrollo científico y técnico.

Ricardo Robledo


 

 

Luis Corchón Díaz *

Catedrático emérito de Economía en la Universidad Carlos III de Madrid

Nota del autor: Este artículo es parte de una serie de tres. En él sólo he intentado señalar algunos hechos que ayudan a comprender la universidad actual a la que dedicaré la próxima entrada. Se trata de abrir el apetito del lector para que él mismo indague sobre estas cuestiones. Agradezco a Pablo Amorós, Concha Artola, Carmen Beviá, Bernardo Moreno, Juan D. Moreno-Ternero y Leandro Prados de la Escosura sus comentarios y a Juan F. Jimeno su ayuda editorial. Todos los errores son de mi entera responsabilidad.

William Hogarth, Gin Lane (1751)

Algunos demógrafos apodan al siglo XVIII como el siglo de los bastardos. El cuadro de Hogarth (uno de los maestros de Goya) “Gin Lane” sugiere por qué. (Básicamente, la introducción de alcohol barato de alto octanaje tuvo consecuencias funestas: gente enganchada incapaz de trabajar, robos, leyes draconianas para proteger la propiedad… El caso British se cuenta en el capítulo 2 de aquí).

Pero también ocurren hechos que marcarán el porvenir de la educación y de la suerte de los países en los siglos venideros. La esperanza de vida de las clases acomodadas se sigue incrementado desde más o menos 1640 y ha llegado a unos 64 años a mediados de este siglo, casi un 7% más que cien años antes. (Omar Licandro y David de la Croix apuntan la hipótesis de que ese incremento es una condición necesaria para la revolución industrial, aquí). Pero la esperanza media de vida seguirá anclada alrededor de los 30 años hasta finales del siglo XIX).

Adam Smith se lamenta del “present state of degradation and contempt into which the greater part of these societies [universities] have fallen in almost every part of Europe” (aquí). Así que muchas viejas universidades europeas cierran. Ese cierre se hará en España en el siglo XIX y la ley Moyano (1857) consagra a la antigua Complutense, ahora Universidad Central, como la única que puede expedir títulos de doctor.

William Hogarth, Scholars at a lecture (1736)

La obsolescencia de la universidad está causada por la aparición de nuevas ideas filosóficas (la Ilustración) y la incipiente revolución industrial. La gente ya no está interesada en lo que se pensaba hace 2.000 años. Quiere saber qué está pasando. Y los países que responden a estos nuevos retos jugarán un papel importante en los siglos venideros. (ver aquí un estudio de las carencias educativas históricas y su enorme coste económico y social).

Federico el Grande de Prusia, después de observar que los soldados alfabetos son mejores que los analfabetos, instaura la educación obligatoria hasta los 14 años en 1763, que llega al Reino Unido, Francia y Austria sobre 1880. España tarda hasta 1970 (Villar Palasí) en adoptar esa medida, ampliada hasta los 16 años en 1990 por Javier Solana tras un impulso importante anterior de José María Maravall. Grandes éxitos militares catapultan al pequeño estado prusiano al estatus de gran potencia europea, con suerte porque estando a merced de Rusia esta se retira porque…

Fallece Isabel I una zarina emparedada entre dos grandes -Pedro (su padre) y Catalina- que subió al trono (1742) con la condición de no firmar sentencias de muerte.[1] Encargó a un científico notable, Mikhail Lomonosov, la primera universidad moderna de la que tengo constancia e instaura la educación gratuita excepto para los siervos. Cuando te preguntes cómo es posible que los rusos hayan hecho contribuciones de primera a la estadística, la matemática, la química, la astronáutica y por qué bastante de su material bélico en 1941 era mejor que el alemán, recuerda a esta zarina y a este científico. (La idea de muchos españoles sobre Rusia es la de un país atrasado, regido por tiranos y con muchos siervos, esto último correcto hasta 1861. Quizá esa pintura nos refleje mejor a nosotros. En España los señoríos, auténticos feudos de nobles y eclesiásticos, fueron abolidos en 1837. Hasta entonces, más del 50% de la población vivía en ellos. Rusia durante el siglo XIX toma la delantera también en literatura, música, ballet, etc… Y su corte es la más brillante de Europa).

“Aritmética mental en la escuela pública de Rachimsky” (1895), obra de Nikolai Petrovich Bogdanov-Belsky (1868-1945)(imagen: dominio público)

Francia, una de las potencias mundiales dominantes, publica La Encyclopédie, un intento de llevar a las casas no sólo un compendio del saber pasado sino lo último en filosofía, ciencia política, ingeniería… la ilustración (uno de los ilustrados más ilustres, Voltaire, fue amigo de Federico y Catalina). Más tarde, los revolucionarios crean las escuelas politécnicas de las que sale una nueva clase de ingenieros, que han pasado por la universidad y que ahora diseñan las máquinas de guerra (antes diseñadas y producidas por empresas que pasaban de padres a hijos) que explican la superioridad francesa en este arte en las décadas venideras. Eso, entre otras creaciones maravillosas como la Torre Eiffel, el canal de Suez y las estaciones de ferrocarril (en Madrid, tenemos un magnífico ejemplo en la antigua estación de Atocha).

El Reino Unido crea el gran Tour, un paseo de entre dos y tres años por Centroeuropa -Países Bajos, Alemania, Italia, Francia- en el que el joven (generalmente de estirpe aristocrática) acompañado de un tutor (Adam Smith lo fue), ve de primera mano las realizaciones artísticas y tecnológicas continentales y en el que los contactos del tutor le introducen en los círculos intelectuales más selectos. Vamos, un Erasmus a lo grande…

Retrato de Douglas, octavo Conde de Hamilton, en su Gran Tour (obra de Jean Preudhomme, 1774).

Han pasado las guerras napoleónicas y Prusia es otra vez un país de segunda en el concierto europeo. Tiempo de reformas. De ellas saldrán la universidad y el ejército modernos. De éste último destacamos la abolición de los castigos físicos, el buen trato al soldado al que los oficiales han de considerar como un pariente lejano, la libertad para hablar sinceramente con los superiores y una universidad para los mandos superiores en la que el clásico libro de Clausewicz “On War” iba a ser uno de los textos. (Desafortunadamente, Clausewitz murió antes de completar el libro. Esta tarea recayó en su mujer, Marie von Brühl, una aristócrata prusiana que publicó el libro en 1832). Esa educación les permite ser un ejército muy descentralizado en el que, dentro del plan general, se premia la iniciativa (aquí también puede decirse que la idea que muchos españoles tienen de Prusia -un estado tiránico, poblado por obedientes robots- está bastante desenfocada. Prusia era un estado multinacional que respetaba las religiones y las lenguas locales como pocos estados en el mundo: ver aquí).

Además, Prusia crea el modelo de la universidad moderna en la que los investigadores son los profesores: La universidad Humboldt. Y hace un fichaje estrella para que quede claro lo que buscan: Hegel. De nuevo cuando te asombres de que Alemania se levanta de sus cenizas una y otra vez, recuerda, además de la proverbial seriedad y laboriosidad de su pueblo, a quienes dieron al mundo el modelo de educación superior hoy dominante. Y cuando te preguntes por qué el único requisito para ser profesor de plantilla en cualquier universidad del mundo es una tesis doctoral, o sea una investigación original, aquí tienes la respuesta.

El autor, enfrente de la Universidad Humboldt

Este nuevo modelo catapulta a Alemania a líder mundial en las matemáticas (Gauss, Weierestrass, Cantor, Hilbert…), la física (Planck, Einstein…), la química,… la arquitectura (Bauhaus). Y de allí ese modelo pasa a Austria (Godel, von Neumann, Pauli, Schröedinger,..), Polonia (con su fantástica escuela de matemáticos), Dinamarca (Bohr) y al mundo entero. La universidad USA, líder mundial absoluto hoy en día, es el derivado más exitoso de la universidad creada en Prusia. Su gran salto adelante se produce cuando una pléyade de científicos y tecnólogos alemanes cruza el charco, primero asustada por Hitler y después hábilmente recolectados en la posbélica operación Paperclip. El alemán deja de ser la lengua científica por excelencia. (Una descripción del paso del testigo de la universidad alemana a la de US se narra en el cap 3 de “A Beautiful Mind” de Sylvia Nasar).

Más de un centenar de científicos aeroespaciales alemanes en la Universidad de Texas, 1946.

 

[1] Nicolás Salmerón renunció a la presidencia de la República en 1873 por no firmar condenas a muerte. Fue uno de los impulsores en España del Krausismo que dio lugar a la Institución libre de la enseñanza, de la que surgió la Junta de Ampliación de Estudios, dos excelentes iniciativas de las que vivieron nuestra cultura y ciencia durante décadas. La Universidad Carlos III los homenajea diariamente con esculturas y el nombre de varios de sus próceres en sus pabellones.

Fuente: Nada es gratis, 26 de noviembre de 2020

Breve e incompleta historia de la educación europea desde el siglo XVIII

*Luís Corchón, Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y la London School of Economics. Ha sido catedrático de las universidades de Alicante (1988-1996), Pompeu Fabra (como visitante, 1996-1997) y desde 1997 es catedrático en la Universidad Carlos III de Madrid. http://www.eco.uc3m.es/personal/cv/lcorchon.html

Portada: Federico Guillermo I de Prusia visita una escuela (obra de Adolph Menzel, 1860)

Ilustraciones: Nada es gratis y Conversación sobre la historia

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2 Comentarios

  1. El exclusivo objetivo de la educación en Europa durante el XVIII, XIX y XX ha sido el ADOCTRINAMIENTO de las poblaciones del Estado para su AMOLDAMIENTO a sus amos.
    La parte esencial de esa educación era remarcar a que patria pertenecían, quienes eran sus amos y a quien debían adorar y obedecer. Bandera, himno, oraciones patrioticas. Generar sentimiento nacional.
    Lo demas era la excusa.

  2. La sana prudencia del autor se muestra ya en el titular curándose en salud con lo de «breve e incompleta». Y como «breve e incompleta» el trabajo excelente nos sitúa ante un proceso histórico relevante que parte del holismo religioso y nos conduce hacia una secularización híbrida de carácter técnico y túnica cristiana.

    Donde el príncipe todo poderoso, o soberano prusiano, es reorganizado primero desde 1789 en torno al «Estado», y luego redirigido en la segunda mitad del siglo XX al imperio de la denominada «iniciativa privada».

    Está claro que la técnica y la ciencia juegan aquí un papel relevante como medio. Pero no son fin de nada. La expresión más clara de esta limitación son los enormes problemas medioambientales y de salud derivados del sesgo de la investigación universitaria como medio al servicio del bien privado.

    En las ciencias sociales, el paradigma cristiano sobrevive reforzado ya como fin tras el fuerte reduccionismo de la ilusión matemática y el exceso de curvas. Incluso la herencia de la ilustración se certifica ya como agotada en un relativismo de intereses que restablece la doctrina contrareformista de «la sana crítica».

    La Universidad española del siglo XX estuvo siempre en la órbita de la segunda escolástica; rescatada y desempolvada por Fraga Iribarne en la década de los 60 e inoculada por él mismo en la Constitución del 78 y conservada hasta nuestros días por las facultades de Derecho.

    Sería muy interesante completar este excelente trabajo entrando en el ser mismo de la institución de la enseñanza, penetrando la arquitectura institucional hasta llegar a los propios pupitres de la ficción de cátedra. Gracias y un cordial saludo. 17/12/20 11:44

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