El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza
Conversación sobre la historia
Miguel Ángel del Arco Blanco*
Universidad de Granada
Con motivo del cincuentenario de la muerte de Francisco Franco, reproducimos la introducción al dossier monográfico de la revista Ayer (vol. 141, n.º 1, 2026) publicado recientemente. En ella se propone una reflexión historiográfica sobre los estudios del franquismo en los últimos veinticinco años, poniendo el acento tanto en los avances conceptuales y metodológicos alcanzados como en las razones que los han hecho posibles: la renovación generacional, la apertura de archivos, el diálogo interdisciplinar y la transformación de los marcos interpretativos desde los que se analiza la dictadura. Además, el texto aborda las aportaciones de los distintos autores y autoras que integran el dossier, destacando las temáticas, ideas centrales y enfoques de sus aportaciones.
Esta introducción comienza a escribirse un 20 de noviembre, justo cuando se cumplen 50 años del fallecimiento de Francisco Franco, el dictador que, durante casi cuarenta años, gobernó España con mano de hierro. Hoy la prensa nacional e internacional está llena de noticias y artículos de opinión sobre el aniversario del general ferrolano. El niño que vio regresar a su ciudad los barcos derrotados de la armada española en 1898, el joven cadete que pasó por la Academia de Toledo, el oficial africanista que ascendió con rapidez forjándose en la guerra colonial, el general golpista que logró acabar con la República y se convirtió en “Caudillo por la gracia de Dios”, el inmutable dictador que convirtió la violencia (y el hambre) en un arma política durante la guerra y la posguerra, el amigo de Hitler y Mussolini que después pasó a serlo de los Estados Unidos, para terminar dando una imagen de afable anciano que velaba por el interés de todos los españoles. La vida, personalidad, obras y mitos de Franco han sido abordadas en no pocas publicaciones.[1]
Sorprende, no obstante, que el mismo día en que se cumplen cincuenta años de su desaparición, la visión que parte de la sociedad tiene de él y de su régimen esté viviendo un proceso de rehabilitación. De hecho, en la edición del diario El País del día de hoy aparece el resultado de una encuesta de opinión que a muchos dejaría perplejos si lo leyesen, por ejemplo, hace veinticinco años. Según el trabajo realizado por 40dB, casi tres cuartas partes de la población (73,7%) creen que “la democracia es preferible a cualquier otra forma de Gobierno”; un 17,4% considera que, “en determinadas circunstancias”, “un régimen autoritario puede ser preferible” y un 8,8% afirma que le es “indiferente un régimen que otro”. Lo más preocupante es el resultado por franjas de edad: casi una cuarta parte de los jóvenes -el 23,6% en el caso de la generación Z (18-28 años) y el 22,9% en los millennials (29-44 años)- cree que puede ser preferible un sistema no democrático. Es evidente que estos resultados tienen que ver con una tendencia ascendente de la extrema derecha en los últimos tiempos. Pero como historiadores tenemos que buscar siempre mejores explicaciones, mirando por ejemplo al mundo de la educación formal e informal, a la posición de los partidos políticos, al desarrollo tardío de políticas públicas de memoria democrática, al papel pujante de las redes sociales entre los jóvenes donde se banalizan con frecuencia los símbolos y significados del fascismo y, por qué no decirlo, al papel bastante marginal de los historiadores en la esfera pública.[2] Cabría añadir, en último lugar, otra posible causa: si los historiadores y las historiadoras hemos ignorado el estudio del franquismo, priorizando otros temas o dejándolo de lado dentro de nuestra agenda historiográfica.

Este dosier demuestra que no ha sido así. No queremos ser autocomplacientes, puesto que en Historia ninguna investigación es completa, perfecta o definitiva. Pero los trabajos contenidos en este dossier demuestran que la dictadura se ha convertido en uno de los temas predilectos de los historiadores en los últimos veinticinco años. Y lo ha sido no sólo por cantidad, sino también por calidad, profundidad y complejidad en los análisis realizados.
La revista Ayer siempre ha sido un espacio para albergar contribuciones relevantes de la historiografía sobre el franquismo. Fue puntal en superar el límite de la Guerra Civil para el estudio de la historia actual española. No sólo publicó artículos sólidos y debates historiográficos claves para el conocimiento de la dictadura, sino que apostó por dosieres que abordaban el periodo desde distintas perspectivas (entre otros en 1999, 2001, 2007, 2016, 2022). Este monográfico quiere proseguir con esta necesaria tarea.
El objetivo del dosier es múltiple. En primer lugar, se quiere ofrecer una puesta al día historiográfica de lo que sabemos del régimen de Franco, reconociendo los trabajos precedentes, aunando interpretaciones y ofreciendo conclusiones sobre distintos periodos y temas. En segundo lugar, se opta por algunos de los aspectos más candentes y vitales para profundizar y comprender el franquismo, analizando durante las casi cuatro décadas del régimen el tema de la violencia, de Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET-JONS) y de la difícil reconstrucción de la democracia a través de conflictos, asociaciones y movimientos sociales. En tercer lugar, las contribuciones quieren subrayar qué queda por hacer y sugerir posibles vías de investigación en el futuro próximo.
El dosier persigue proyectar una mirada historiográfica al franquismo cincuenta años tras la muerte del dictador. Para ello queremos huir de una mirada biográfica al personaje o incluso a algunos de sus principales protagonistas. Queremos lanzar nuestra mirada a la anatomía del régimen, a sus políticas, a sus transformaciones y, especialmente, a la sociedad.[3]

El perfil de los autores también requiere una mención. Todos ellos pertenecen a una generación que nació entre el final del franquismo y la transición a la democracia. Además, defendieron su tesis doctoral en la primera década del siglo XXI, mientras que se agitaba el movimiento para la recuperación de la memoria democrática. Ambos datos no son algo baladí. No conocieron la dictadura, pero siempre estuvieron preocupados por ella, quizá porque en su infancia sintieron o vieron una parte de su rostro. Dejar en su mano el trazo de las últimas dos décadas y media de la historiografía era una experiencia sana porque, de esta forma, se daba voz a una generación que no había participado en revisiones historiográficas del periodo con anterioridad y, además, pertenecían a esa generación “milennial” que en parte no ve con malos ojos la dictadura del “Generalísimo”.
Desde luego, es imposible sintetizar todas las contribuciones realizadas en cinco décadas de estudio. Por eso, apostamos por una mirada que, partiendo de los aportes realizados durante los últimos años del siglo XX, se centre especialmente en la evolución de la historiografía durante el siglo XXI atendiendo a los últimos veinticinco años. Lo hacemos así porque pensamos que, por lo menos desde el año 2000, se ha producido un salto cuantitativo y cualitativo en las investigaciones del franquismo.
Ello ha sido posible por diversos motivos. En primer lugar, por las esenciales contribuciones que diversos investigadores e investigadoras realizaron en las últimas décadas del siglo XX. Ellos y ellas fueron los verdaderos renovadores de la historiografía, llevando sus estudios no sólo más allá de 1936, sino también de 1939 e incluso cubriendo en sus análisis décadas posteriores de la dictadura. No podemos recogerlos a todos en esta introducción que, además, no quiere ser más que un proemio para presentar las líneas maestras que siguen los artículos que hemos preparado. Pero sí queremos dejar constancia de lo importante que han sido para nosotros porque, en gran parte, idearon y comenzaron a andar caminos a los que luego nos sumamos, o incluso sugirieron otros que después comenzaron a transitarse. Nos referimos a nombres como Carlos Barciela, Alfonso Botti, Jordi Catalán, Julián Casanova, Antonio Cazorla, Ángela Cenarro, Francisco Cobo Romero, Francisco Espinosa Maestre, Borja de Riquer, Ferran Gallego, Conxita Mir, Carme Molinero, Enrique Moradiellos, Francisco Morente, Encarna Nicolás, Manuel Ortiz Heras, Paul Preston, Ismael Saz, Joan Maria Thomàs, Ángel Viñas, Pere Ysàs o Mercedes Yusta.
En segundo lugar, el avance en el conocimiento del largo franquismo debe mucho al cambio y consolidación de la investigación de la historia en nuestro país. En las últimas décadas se han celebrado numerosos congresos, seminarios y jornadas dedicados a la dictadura. Se han normalizado así los foros donde acudían los investigadores a exponer, discutir y contrastar sus investigaciones, así como conocer las de otros compañeros y compañeras. Los congresos bianuales de la Asociación de Historia Contemporánea siempre han contado en los últimos tiempos con no pocas mesas dedicadas al franquismo o donde las contribuciones sobre la dictadura sobresalían. Determinantes también fueron los Encuentros de Investigadores del Franquismo organizados por la Red de Archivos Históricos de Comisiones Obreras: si ya fueron relevantes para el despegue de la historiografía durante los noventa, en nuestra centuria se han consolidado, llegando recientemente a la duodécima edición.[4] A todo ello habría que sumar la fundación y puesta en marcha de asociaciones vinculadas a la “historia actual”, con sus respectivas revistas, como puede ser la Asociación de Historia del Presente y la Asociación de Historia Actual. Y por supuesto, no debemos olvidar lo decisivo que ha sido la existencia de los programas de investigación del Gobierno de España o de algunas comunidades autónomas, esenciales para conformar equipos de investigación y abordar diversas cuestiones relacionadas con nuestra historia reciente.

Hay otra clave para explicar el avance de la historiografía del franquismo: la internacionalización, tanto de los historiadores e historiadoras como de sus publicaciones. Es frecuente verlos asistir a congresos internacionales celebrados en países europeos o americanos. Era de esperar que sus trabajos llegasen a conferencias como las organizadas por la Association for Spanish and Portuguese Historical Studies (ASPHS); pero hace unas décadas su presencia se ha hecho frecuente, por ejemplo, en la European Social Science History Conference, en la European Rural History Organisation (EURHO), en la International Association for Comparative Fascist Studies (ComFas), en la European Society for Environmental History (ESEH), o en la American Historical Association (AHA), por citar algunas. La confirmación de la madurez de la historiografía del franquismo se refleja, además, en la publicación de numerosos trabajos en revistas académicas de primer nivel internacional (Journal of Contemporary History, Contemporary European History, European History Quarterly, Mobilization, 20 & 21. Revue d’histoire, o Passato e presente) o incluso en monografías de autor único o colectivas en las mejores editoriales académicas del mundo (Routledge, Palgrave, Bloomsbury o Berghahn Books, por ejemplo).
Lo relevante de la internacionalización de la historiografía no se refleja sólo en los aspectos antes mencionados. Lo más importante es que, desde el estudio del franquismo, se participa ya en los debates internacionales en temas tan variados como el fascismo, el nacionalismo, la violencia, las actitudes y las políticas sociales, la memoria, las hambrunas, los refugiados o la lucha por la democracia, tan sólo por mencionar una enorme amalgama de temas. Y por supuesto, la internacionalización también ha revertido “hacia dentro”: hacia las preguntas, metodologías y enfoques adoptados por los historiadores del franquismo.
Porque es difícil que exista renovación historiográfica si no la hay también conceptual y metodológica. En lo que va de siglo, los estudios sobre el franquismo han bebido de los giros y nuevas tendencias registrados en la historiografía internacional. En este sentido, merece la pena llamar la atención sobre los aportes de la historia sociocultural para comprender la dictadura.[5] Desde luego no ha sido el único prisma para mirar el pasado, pero a nuestro juicio ha abierto camino a nuevas preguntas, sujetos y temas, como se pone de manifiesto para el franquismo en los artículos de este monográfico.
El dosier se compone de cinco artículos. Los dos primeros quieren hacer un recorrido por la historiografía del primer (1939-1959) y del segundo franquismo (1959-1975). Ambos quieren ser una puesta al día de hallazgos y temas abordados, más que un compendio completo de obras y autores, algo del todo imposible y que siempre quedaría incompleto. Se plantean como un vademécum para historiadores que quieran apreciar el camino andado o plantear nuevas investigaciones.

El primero de ellos corre a cargo de Miguel Ángel del Arco Blanco y Ana Cabana Iglesia. Destacan el importante giro sociocultural de las investigaciones del franquismo, que ha permitido no sólo profundizar en el conocimiento de la dictadura, sino también en las vidas de los hombres y mujeres que vivieron bajo la misma. La renovación metodológica, la internacionalización y la interdisciplinariedad han ensanchado lo social, profundizando en temáticas antiguas o planteando algunas nuevas. Valoran los impresionantes avances para “los años del hambre”, pero advierten sobre el relativo vacío historiográfico de los años cincuenta.
Por su parte, Jaume Claret y Nicolás Sesma se ocupan de la segunda etapa de la dictadura, para la que proponen incluso una nueva cronología que cuestiona el relato construido por el franquismo: 1955-1975. Fue una época definida por el recambio generacional tanto dentro de la dictadura como entre sus opositores. Se constata una complejización de las temáticas, en gran parte debido al avance de la historiografía señalado más arriba, pero también por la posibilidad de consultar nuevas fuentes. Así, sin abandonar temas clásicos como la oposición al franquismo, la represión o violencia desplegada por éste, los estudios más recientes profundizan en la comprensión de la evolución interna del régimen, en la evolución de sus políticas económicas y, por supuesto, en la profunda transformación de la sociedad de entonces, mostrada en el análisis de lo cotidiano o en determinadas dinámicas socioculturales.
Los otros tres artículos que completan el dosier abordan cuestiones clave para comprender la dictadura y que, en los últimos años, han sido especialmente relevantes: las violencias; FET-JONS o el “Movimiento”; y la construcción de la democracia vinculada a la oposición al franquismo. Todos ellos adoptan una mirada que comprende toda la dictadura, para ofrecer una visión transversal de todo el periodo e incluso sugerir la agenda investigadora futura. Y en todos se percibe la importancia de lo social para profundizar en el conocimiento o ensanchar los temas abordados.
Antonio Míguez Macho y Fernando Molina Aparicio se ocupan de las múltiples caras de la violencia en el franquismo. Un tema siempre difícil de abarcar, pero troncal en cualquier aproximación a la dictadura en cualquiera de sus periodos. Desde luego es un tema clásico en la historiografía del franquismo, pero en los últimos años ha experimentado unos avances considerables. La violencia franquista se ha conectado con la Europa de su tiempo, ahondado con profundidad en sus sujetos, sus lógicas y en los procesos. Esto ha permitido llevar a cabo una profunda reflexión conceptual que ha enriquecido el estudio, además de participar en debates internacionales. Sin abandonar a las víctimas, ha habido un giro en el estudio de la complejidad de sujetos que participan en la violencia, contexto en el cual los perpetradores han entrado en escena. Las causas de la violencia se han complejizado también, así como sus expresiones. Y por supuesto, el estudio de ésta comienza a extenderse a fases más allá de la posguerra, llegando incluso después de la muerte del dictador.

El artículo de Javier Tébar y de Agustí García Larios se ocupa de FET-JONS, el partido único posteriormente conocido como el “Movimiento”. Es curioso cómo las claves del avance en esta temática vuelven a coincidir con las explicaciones ya avanzadas más arriba. La renovación temática y la profundidad de las investigaciones hubiesen sido imposibles sin las conexiones con debates internacionales en temas como el fascismo. Los historiadores han pasado de tratar de identificarlo en España a adentrarse en el impresionante (y explicativo) mundo de las culturas políticas del franquismo, en lo cual la renovación de la historia sociocultural ha tenido mucho que ver. Así, FET-JONS no sólo se ha estudiado ya en sus grandes hombres o en sus instituciones, sino que el panorama temático se ha enriquecido, incluyendo sus políticas, su contacto con la sociedad, su papel en la implantación o en la supervivencia de la dictadura, entre otras. Hemos pasado al estudio de las prácticas, de los procesos, ofreciendo así explicaciones más complejas a un elemento esencial para comprender la dictadura.
La última contribución es de Antonio Herrera González de Molina. Al diseñar este dosier pensamos recurrir a un tema clásico: la oposición al franquismo. Sin embargo, atendiendo a la evolución de la historiografía de los últimos tiempos y a los debates sociales en torno a los orígenes de la democracia española, decidimos adoptar un prisma algo provocador: hablar de la reconstrucción de la democracia en el franquismo. El artículo demuestra que ésta no se produjo, claro está, porque el régimen la promoviese; sino porque fue ganada poco a poco, pulso a pulso y con mucho esfuerzo por cada vez más españoles y españolas a través del conflicto y la movilización social. De nuevo la clave estuvo en una renovación metodológica que nos ha permitido pasar de una visión institucionalista y elitista de la democracia hacia una lectura más social que reconoce el papel fundamental de las movilizaciones colectivas antifranquistas en la deslegitimación del régimen. De nuevo aquí se han multiplicado los actores, los espacios y las cronologías.
Cuando ha pasado medio siglo desde la muerte de Franco, no es difícil vislumbrar una crisis de la democracia en el mundo. Comenzábamos esta introducción aludiendo a la concepción que los jóvenes y las primeras generaciones que no vivieron la dictadura tienen del franquismo y, por ende, de los regímenes autoritarios. Queremos terminar por tanto con una idea que enlaza con esta cuestión que abraza nuestro presente. Los autores de este dosier forman parte de esa sociedad y se encuentran preocupados por sus problemas y desafíos. Por eso, todos ellos conciben la Historia como una disciplina con una función social: la de explicar los problemas del presente a través del pasado, delineando el futuro a seguir. Es difícil que la publicación de artículos académicos como los que firman en este dosier cambie la concepción que las generaciones más jóvenes tienen de la dictadura franquista, pero sí estamos convencidos de que la investigación histórica y la generación de conocimiento son el punto de partida necesario para lograrlo.

Notas
[1] Entre otros: Juan Pablo FUSI: Franco: autoritarismo y poder personal, Madrid, País, 1985. Paul PRESTON: Franco: Caudillo de España, Barcelona, Debate, 2025. Antonio CAZORLA: Franco: biografía del mito, Madrid, Alianza, 2015. Enrique MORADIELLOS: Franco: anatomía de un dictador. Madrid, Turner, 2018. Javier RODRIGO: Generalísimo Las Vidas de Francisco Franco, 1892-2020, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2022. Julián CASANOVA: Franco, Barcelona, Crítica, 2025.
[2] Otra reflexión sobre ello: Marc GIL GARRUSTA y Anna Catharina HOFMANN: “Tres razones que explican la nostalgia de la dictadura”, El País, 27-11-2025.
[3] En la línea de: François GODICHEAU y Jorge MARCO: El franquismo: anatomía de una dictadura (1936-1977), Granada, Comares, 2025.
[4] XII Congreso de Investigadores del Franquismo. Universidad de Oviedo, 5-7 de noviembre de 2025.
[5] Geoff ELEY: Una línea torcida. De la historia cultural a la historia de la sociedad, Valencia, Publicacions de la Universitat de València, 2008.
* Esta introducción se ha enriquecido con los comentarios y correcciones de los autores que han participado en el dosier.
Fuente: Ayer
Portada: Niños mirando un cartel con el retrato de Franco realizado por Crispín Martínez (Noticiero de España, Núm. 5, 2 de octubre de 1937)
Ilustraciones: Del autor y Conversación sobre la historia
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