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Conversación sobre la historia


 

 

 

Antonio Pérez Girón

 

Andalucía no dejó indiferente a viajeros, historiadores, literatos o investigadores. Querida y rechazada al mismo tiempo, su interpretación dio para muchas páginas y filmaciones. Todos los que hablaron de ella creyeron encontrar la razón de su protagonismo. Identificarla, sin embargo, no ha sido tarea fácil a pesar de todo cuanto se ha pretendido pontificar sobre ella. José Luis Venegas, profesor de la Wake Forest University (Estados Unidos), aborda la cuestión en su libro Andalucía sublime. La imagen del Sur en la cultura española contemporánea (Marcial Pons Historia, Madrid, 2024).

Partiendo del orientalismo asumido por intelectuales nativos y divulgado por los viajeros románticos del XIX, la imagen andaluza se distorsionaría hasta llegar a convertirse en parque temático, incluso de momentos estelares más recientes. Este paisaje, que confundiría Andalucía con Oriente, sería argumento para que ensayistas hispanos considerasen al país andaluz como una rémora, cuando no una amenaza a la modernización de España. Dos de los intelectuales más influyentes del Novecientos español sostuvieron estas tesis en las primeras décadas del siglo. En efecto, Miguel de Unamuno destacó la «inferioridad de los andaluces» para excluir a este territorio de la vanguardia cultural, y José Ortega y Gasset imprimió en su Teoría de Andalucía una visión decadente del territorio, anclado en costumbres orientales irremediables.

La intelectualidad progresista de esa época parecía olvidar, de otro lado, el gran lastre que suponía para el desarrollo andaluz el trato dado por el sistema centralista y el papel de la propia oligarquía regional, tan nefasta para los intereses generales de una tierra. Contra ello emergieron figuras como la de Blas Infante (asesinado por los rebeldes fascistas en 1936), bien distinta a la del reducido andalucismo cultural, y volcado hacia una clara apuesta política de signo federal y decididamente transformador en lo social y económico. En el fondo se trataba del debate sobre lo benéfico y lo negativo de lo que supuso la presencia árabe en el territorio, que dividía (y ocurre en el momento actual) a pensadores e historiadores relevantes, tales como Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz. Los primeros andalucistas enfrentaron visiones dispares al respecto.

Caricatura de Antonio López Sancho del concurso de cante jondo organizado en Granada en junio de 1922. En la imagen aparecen intelectuales y artistas como Federico García Lorca, Manuel de Falla, Fernando de los Ríos, Santiago Rusiñol o Ignacio Zuloaga.

La respuesta más preclara, profundiza el libro de Venegas, se encontraría en la pluma de poetas como Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca. Esa nueva propuesta vanguardista pretendía «transformar los estereotipos más rancios y gastados sobre el sur en el pilar de la renovación cultural de un país que, a principios del siglo XX, se veía como una anomalía arcaica dentro de Europa», expone el autor.

La implantación de la dictadura franquista rompería con todo intento de interpretar una teoría sureña progresista. A tal efecto, utilizó la cultura andaluza para acentuar sus aspectos más rancios e incorporarlos al discurso propagandístico del régimen (Andalucía, la más España de las Españas). Apropiándose de su cultura creó «un mundo feliz» de Despeñaperros hacia abajo. Intelectuales autóctonos, como el gaditano José María Pemán, fueron pieza clave en la «glorificación de la miseria», ensalzando una tierra «esencia de la España eterna», como relata Venegas.

Ante esa Andalucía de cartón piedra, compuesta de toreros, bandoleros y bailaoras, habituales del celuloide, trataron de responder a partir de la década de 1960 –como hicieron en otro contexto Juan Ramón y Federico– escritores de la talla de Juan Goytisolo (Campos de Níjar, La Chanca y Tierras del Sur) o diversos articulistas en la emblemática revista antifranquista Triunfo, que impugnaban los esfuerzos por avivar el discurso a un mismo tiempo mitificador y despreciativo de lo andaluz en el contexto del desarrollismo franquista. A esa sociedad de fantasía y manipulación, que pasaba por alto el subdesarrollo, la explotación y el recurso a la emigración de muchos andaluces, le salieron al paso cada vez más respuestas. Un número importante de cantaores (los más conocidos: Enrique Morente, Manuel Gerena y José Menese), el grupo de escritores conocidos como los «narraluces», la canción popular (Agua Viva), el teatro popular flamenco o el colectivo de cantautores de Manifiesto Canción del Sur se incardinaron dentro de esta tradición contestaria.

Esta corriente coadyuvó a la lucha por la autonomía que, una vez conseguida tras superar en principio un referéndum por el que sólo transitó Andalucía (el histórico del 28 de febrero de 1980), se vio adormecida desde el nuevo poder autonómico. Como denuncia José Luis Venegas, la nueva clase política vio en la conquista autonómica (aquí no hubo concesión) la meta final del esfuerzo popular desplegado en los últimos años franquistas y el período de la transición política, dando al traste con los anhelos y empeños interesados en hacer del autogobierno el resorte hacia un nuevo estado de cosas que dejara atrás las ensoñaciones orientalistas que enmascaraban una realidad de desigualdad y miseria. Ese desarme político de la utopía autonomista, del mismo modo, incluyó el mantenimiento de unos mitos que recuerdan mucho a la actitud persistente del nacionalismo centralista, por más que a veces asumiera tonos, paradójicamente, andalucistas o, si se prefiere, regional-chovinistas. Buena muestra de ello ha venido siendo la propia televisión pública andaluza, Canal Sur (antes con el gobierno socialista y hoy con el de los conservadores del PP) y otros escenarios públicos, como bien desgrana Venegas.

Franco recibe a Lola Flores, Juanita Reina, Paquita Rico y Carmen Sevilla en el Palacio de La Granja en 1958 (foto: J. Arce)

A esa realidad se une actualmente el discurso negador de Andalucía por los más directos herederos del franquismo, amparados por la ola internacional que ha penetrado en las naciones democráticas. Un discurso de retorno a uno de los capítulos más negros de la historia andaluza, como bien expone la obra, y que requiere la contestación desde la propia Andalucía.

El autor propone romper con los «paradigmas identitarios» sustentados en ficciones y alude a una serie de Basilio Martín Patino realizada para la propia Canal Sur donde se desliza, con especial maestría, «por la frontera de la realidad-ficción», basándose «en el concepto de lo sublime». Esa frontera de la «fascinación» y lo «sublime» se mueve en un terreno deslizante. «La fascinación, al igual que lo sublime, representa un límite peligroso que nos empuja hacia lo que puede paralizarnos», sostiene Venegas. Porque aceptar el canon colectivo no debe conducir al autoengaño.

José Luis Venegas realiza una interesante aportación al debate sobre la imagen del Sur. Diría que trabajos como el comentado –y otros también recientes, como Sur poscolonial. Ensayos críticos y políticos de José Antonio González Alcantud–, desde una visión aséptica, contribuyen a entender mejor el pasado y el presente de un pueblo. El debate siempre abierto sobre un país que no dejó indiferente a nadie y que persiste en esa frontera entre lo querido y lo rechazado. Porque, en definitiva, la Andalucía maltratada y utilizada cuando interesaba (interesa) a los poderes emerge en estas páginas. De igual manera, exige el nivel necesario de autocrítica, pero también –para evitar la continuada banalización– de conocimiento desde fuera.

Sin duda, corresponde a la propia sociedad andaluza creerse a sí misma, sin fuegos artificiales. Andalucía cuenta con suficientes valores para ello, destacando su proyección cultural, su condición europea y el papel inequívoco en el conjunto de España.

Ilustración de Juan Genovés de 1980

Índice de la obra

Introducción. El bucle orientalista.

Sublimidad andaluza.

El orientalismo en España.

Andalucía ante el desafío de la modernidad.

Resumen de capítulos.

Capítulo 1. El Oriente interno.

Arabismo y africanismo.

Orientalismo andalucista.

Política y flamenco.

Marruecos andaluz.

Capitulo 2. Cultura y modernidad desde el sur (1898-1936).

Contra Andalucía.

Quijotismo y donjuanismo.

La España castellana y sus instituciones.

El paradigma orteguiano.

El sur responde.

El andaluz universal.

Modernidad exótica.

Coda divagante.

Capítulo 3. Andalucía y franquismo.

Pantallas de humo.

Carmen y el Caudillo.

Meditaciones andaluzas.

Spain is different! (and yet the same).

Orientando y desorientando.

Territorio en disputa.

Capítulo 4. Autonomismo andaluz: la persistencia del mito.

Televisión étnica.

Exhibicionismo cultural.

Una autonomía de museo.

Epílogo. Rompiendo el hechizo identitario.

Fuente: Conversación sobre la historia

Portada: La consagración de la copla (1911-12), obra de Julio Romero de Torres (Wikimedia Commons)

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

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