Presentación

Fueron muchas las líneas de fractura de la sociedad española durante la Segunda República, y en particular durante el periodo del Frente Popular. Estaba el problema de la desigualdad de la tierra, y las izquierdas recordaron en la campaña electoral la necesidad inmediata de la reforma agraria. “Acordaos de Casas Viejas”, replicó la CEDA de Gil Robles en sus octavillas. Continuaba la hostilidad/asimilación de la política religiosa y no faltó la desconfianza agresiva con “el problema catalán”. Ya es ilustrativa la portada de esta publicación que muestra al Alma Mater de Sevilla con carteles en sus balcones contra el Estatut; los ejemplos son abundantes. En un pueblo salmantino, situado en una comarca donde triunfaban las esencias tradicionales, aparecieron durante un acto  “los individuos de la CEDA dando voces de ‘Viva España unitaria’ y ‘Muera Cataluña’, a las que hubieron de contestar compañeros nuestros con gritos de vivas a Cataluña; fueron a la cárcel unos pocos compañeros  nuestros; otros pocos fueron heridos y acabando de salir de la cárcel dos compañeros nuestros también, que fueron a responder de esos supuestos delitos”. El relato es del diputado socialista Manso  en la sesión de Cortes del 2 de abril de 1936; con el triunfo del golpe militar se convertiría  en una de las víctimas mortales  más tempranas.

Los desencuentros Cataluña/Castilla jalonan la historia contemporánea en contextos políticos muy variados. El artículo que se publica a continuación apareció en catalán en 2005 cuando gobernaba el tripartito y el  independentismo había obtenido en las elecciones generales del año 2000 el 5,7% de los votos. En las elecciones autonómicas del 14 de febrero de este año ha llegado hasta el 52% si se cuenta el 2,5% de votos del PDeCAT, que quedó fuera de reparto de escaños. La lectura del artículo permite sopesar qué argumentos permanecen o no en la disputa política actual respecto a los de 2005 y de otros momentos anteriores. No parece que haya habido mucho progreso. Al contrario. Como acaba de preguntarse Josep Ramoneda ¿Existen los liberales en la derecha española? ¿Dónde están?:  “Cuando el presidente Sánchez intenta abrir el juego para salir del bloqueo catalán con la propuesta del indulto, la derecha se junta, en un nuevo Colón, con Vox en una estruendosa alianza vestida de batalla patriótica, sin que ninguna voz rompa la armonía desde un cierto liberalismo”.

 

 

Ricardo Robledo

 

Un viejo fantasma recorre la España interior, si bien ha cambiado de aspecto; ya no es aquel viajante catalán del siglo XIX o del XX, que recorría Castilla con sus muestras de tejidos y de hilaturas Fabra y Coats o que dejó su acento inconfundible en el cine de Berlanga promocionando porteros electrónicos. Tampoco inquietan los botiguers, por ejemplo, los Puyol, que habitaron casa importante en la recién construida Plaza Mayor de Salamanca (cuyo 250 aniversario se celebra este año). Lo que se cuestiona, como es bien sabido, es el mercado político y la aritmética parlamentaria obliga a la oposición a debilitar al adversario exhibiendo alianzas inconfesables. A tal fin se resucitan viejos fantasmas que ya no son  los de aquellos personajes más o menos anónimos, donde se asienta la formación del mercado interior en lo que a bienes de consumo se refiere. Tampoco la  hostilidad se dirige contra los proteccionistas del siglo XIX, los harineros del litoral, o la Zona Franca donde está la SEAT con la intención de demostrar, en contra de una tesis bien fundada en historia económica, que Cataluña es lo que es gracias a las ventajas conseguidas en Madrid.

Ahora a quien se mira de reojo es al tripartito, y suele jalearse un nombre por encima de otros; se ha convertido en un espantapájaros que se agita en manifestaciones o mítines, atribuyéndole la disolución de España. De momento no es que haya funcionado como fetiche para ganar elecciones, pero resulta cómodo reavivar rescoldos del pasado para corregir la endeblez de un discurso que tiene como intelectuales orgánicos a Pío Moa o a Alfonso Ussía.

Pasquín de la campaña contra el estatuto catalán de 1932 (foto: Viquipèdia)

Parece que la mirada del historiador puede ilustrar el origen y  persistencia de algunos tópicos respecto a “la cuestión catalana”,  que en términos modernos nace con el siglo XX cuando el catalanismo político de  la Lliga consigue en 1901 una victoria que arruinó el caciquismo electoral del Principado. Joan Maragall expresó bien lo que significaba aquella ruptura cuando escribió en 1902 “Castilla ha concluido su misión directora y ha de pasar el cetro a otras manos…”. Desde entonces las reticencias entre Castilla y Cataluña no hicieron más que crecer. Quizás haya que corregir el sesgo de una imagen sólo anticatalanista cuando se habla de regionalismo en Castilla, pues Gumersindo de Azcárate, por ejemplo,  no tiene por qué equiparase al Antonio Royo Villanova que llegó a pensar que el Primer Frente Popular había nacido en 1906, cuando  Cataluña se opuso a la Ley de Jurisdicciones.

Posiblemente el llamado “regionalismo sano” de Castilla (frente al “regionalismo morboso” de Cataluña), actuaba como un dios Jano que podía tapar la reivindicación regional para ver sólo españolismo cuando las circunstancias lo exigían.  Y estas circunstancias abundaron a partir de 1907 cuando llegó Solidaritat Catalana; fue entonces, en el mes de junio, cuando se oyó decir a Melquíades Álvarez en el Congreso de Diputados, “Vosotros, ilustres catalanes, padecéis una preocupación que es propia de espíritus mediocres”. Los sucesivos peldaños que iban a conducir a la autonomía de la II República fueron profundizando la brecha; poco ayudó que Unamuno fuera amigo de Maragall, pues de hecho el rector de Salamanca podía dar una de cal y otra de arena en el tema del regionalismo catalán.

Los representantes de las diputaciones provinciales castellanas entregan al conde de Romanones el «Mensaje de Castilla» (foto: El Norte de Castilla)

Después de la Mancomunitat, la agitación creció cuando se planteó el primer Estatut. A principios de diciembre de 1918, cuando concluía el año más mortífero del siglo, las diputaciones de Castilla y León reunidas en Burgos elaboraron el llamado “Mensaje de Castilla”, considerado el documento matriz del castellanismo, y que terminaba diciendo que “Castilla considera el separatismo disfrazado como una gran desgracia nacional, y por ello, antes de consentir o pasar por disgregaciones simuladas de parte del territorio español, apelará, en defensa de su integridad, a cuantos medios las circunstancias impongan”. No hay inconveniente en afirmar que no todo fue anticatalanismo antes y después de 1918, que hubo una vertiente cultural digna de mención que ayudó al conocimiento de la región, pero cualquiera que lea ese “Mensaje de Castilla”  convendrá en que el objetivo principal era defender la soberanía y unidad nacional, puestas en entredicho (según los reunidos en la ciudad del Cid) por el Primer Estatut de Cataluña. Esto avalaría la tesis de que el regionalismo castellano, de 1907 en adelante,  funcionaba como un Guadiana que aparecía con fuerza cuando en el horizonte salían Mancomunidad o Estatuto de Autonomía que parecían sancionar políticamente la superioridad económica de Cataluña.

¿Era ésta la única opinión en estas tierras? ¿No surgieron otras voces menos intolerantes con “el problema catalán”? Las había y frente al movimiento de las diputaciones castellanas reunidas en Burgos, intelectuales y políticos como Francisco Bernis, Sánchez Rojas, Íscar Peyra, Díaz Caneja… deciden reunirse en la misma Salamanca a fines de enero de 1919 para desmarcarse de lo que consideraban una “farsa castellanista” y “sumarse a la corriente de avance que implican los movimientos sociales y políticos de otras regiones”. El castellanismo no podía convertirse en una “ofrenda propiciatoria” y lo que se requería era un “criterio liberal, amplio y ecuánime”.

José Sánchez Rojas con los diputados gallegos elegidos para las Cortes constituyentes (foto: Crónica 25 de julio de 1931)

Después del “Mensaje de Castilla” gestado en Burgos, los representantes de las diputaciones provinciales de Castilla y León se reunieron en Segovia para sentar las Bases que regulasen la autonomía para la región. José Sánchez Rojas (1885-1931), que viajaba en dirección a Salamanca para asistir al encuentro de los “intelectuales” nos dejó estas impresiones: “En el tren he venido con unos cuantos pobres hombres del partido de Béjar que marchan en busca de pan a Francia. Hablamos de la cosecha, que se presenta espléndida, del dinero que se gastó el año pasado en los votos de Peñaranda, de las rentas que suben y que suben. Y un secretario, letradete y leguleyo, se dolió de esos ‘separatistas’ catalanes, ensalzando, naturalmente, el gesto grave de los diputados que hoy, en Segovia, aludirán a Lepanto y a San Quintín, a Doña Isabel la Católica y al Cid Campeador para que los catalanes «no se vayan».- De que nosotros nos vayamos, echados por el hambre, de la tierra, no protestarán jamás esos señores! dice un emigrante que no ha vuelto a despegar la boca.»

Merece la pena rescatar las voces de gentes como José Sánchez Rojas, tan identificado con esta tierra como revelan sus escritos, pero también receptivo a sus “amigos catalanes” a quienes pedía cordialidad y comprensión para la Castilla compadecida por Maragall “que quiere oír, que puede oír, si vosotros nos ayudáis, la canción del mar de Cataluña, del mar de Italia, del mar de Grecia!”. Voces que deben recuperarse como la del  reformista y exministro Filiberto Villalobos (1879-1955),  no menos identificado con estas tierras que Sánchez Rojas;  su propuesta en la citada reunión de Salamanca se dirigía a luchar  “contra todas las organizaciones oligárquicas que actualmente usurpan las representaciones políticas de Castilla”. de cuya muerte se cumple medio siglo.

Filiberto Villalobos  y Julio Senador 

Es decir, tampoco aquí hay un discurso único  regional. Era posible defender la Castilla en escombros  invocando poemas de Maragall, como hizo Julio Senador (1872-1962), lo que ayudaba al mismo tiempo a reivindicar una sociedad  libre del “tinglado caciquil”; es otra forma de ver la tesis del “doble patriotismo”… Creo que merece la pena recuperar escritos, correspondencia y encuentros de estos escritores castellanos con los catalanes, por ejemplo con Pere Corominas y otros. ¿Estarían dispuestos hoy los intelectuales de esta región a escribir con normalidad  en periódicos publicados en catalán como hicieron Unamuno, Sánchez Rojas o Senador? ¿Lo consideraría un mérito la actual Junta de Castilla y León para conceder premios? Estas preguntas también cabría hacerlas en la otra dirección para que la lógica defensa del catalán tuviera el contrapeso de la cultura castellana, pues su olvido significaría un empobrecimiento para Cataluña; si conseguir  el punto justo de equilibrio es imposible, al menos cabría tener claro la amplitud del horizonte que debe mantenerse.

El viejo fantasma de los resentimientos regionales ha recorrido de nuevo los caminos de la “Castilla  miserable, ayer dominadora”. El rescoldo de desconfianza secular generado contra el catalán “chantajista”, que saca ventajas a costa de los demás, se ha reactivado estos días. Por definición, los políticos viven de sacar rentabilidad al corto plazo, pero las deficiencias estructurales de esta región, no parece que se puedan corregir poniendo toda la carne en el asador de los agravios del nacionalismo no españolista; de momento, la receta no ha funcionado  para frenar la “atonía” de esta región. Lo salmantinos somos cada vez menos, más viejos y  con menos peso en España. La renta familiar puede seguir subiendo, tanto más cuantos menos salmantinos o castellano-leoneses queden por estas tierras. Evitemos al menos que su número no disminuya aún más por el rechazo al mundo cerrado y provinciano, como le ocurrió a los protagonistas de Entre visillos, huyendo hacia Madrid,  y a su autora Carmen Martín Gaite.

Fuente: «Sense intemperància des de Salamanca», Publicado en L’Avenç, 306,  octubre 2005.

 

Portada: acto contra el Estatuto de Autonomía de Cataluña en la Universidad de Sevilla, mayo de 1932 (foto: Mundo Gráfico)

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

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