Francisco Espinosa Maestre (*)

Historiador

 
Desde España
Tanto en la zona republicana como en la franquista se tuvo noticia de la nueva vida de Chaves a través de los artículos que con su firma comenzaron a aparecer en diversos países. El 17 de junio de 1937 una columna sin firma del ABC de Sevilla recordó el pasado de Chaves y le advirtió que por mucho que condenara ahora el terror rojo no tendría cabida en la “España auténtica”. Le acusaba de haber manipulado en su momento a la Asociación de Prensa de Madrid contra la represión realizada en Asturias en octubre de 1934; de su actuación a partir de febrero de 1936, convirtiéndose en “capitán de los revoltosos”, y de cómo se apoderó de la directiva de la Asociación tras el 18 de julio haciendo lo que le vino en gana. Según ABCes el periódico Ahora, (…), el que con mayor saña incita al crimen y al saqueo”. Así, lo tachó de “lacayo de Rusia” y lo responsabilizó del asesinato de diversos periodistas, entre ellos Antonio Bermúdez Cañete[24] y el subdirector del ABC de Madrid y presidente de la Asociación de Prensa Alfonso R. Santamaría, de quien decía –en artículo firmado por “Juan de Córdoba”– que había resistido pese a sentirse espiado “por aquel Gobierno de criminales que capitaneaba Chaves Nogales…” dentro de la Asociación.[25]

 

Alfonso Rodríguez Santamaría, presidente de la Asociación de Prensa de Madrid y subdirector del diario ABC, fusilado el 20 de agosto de 1936 (foto: ABC)

Según el diario monarco-fascista

Chaves Nogales quiere congraciarse con la España auténtica, en la inminencia de la plenitud del sol triunfal y escribe desde el extranjero –donde está huido y rebasado– unos reportajes para condenar y execrar el terror rojo en Madrid. (…). No. Decididamente, no. Hay mucha sangre en el foso para que se pueda saltar sobre ella con una pirueta que es un sarcasmo, ¡y un ensañamiento más! para nuestros mártires…

También le acusaba del cinismo con que el periódico había informado de los crímenes que se produjeron en el Madrid del verano del 36. Citaba el caso del general Saro, asesinado el 19 de agosto de 1936. En su edición del 20 pudo leerse en Ahora lo siguiente: “Ha fallecido en Madrid el general don Leopoldo Saro, que, como se recordará, formó parte del Directorio Militar de Primo de Rivera”.

Poco después de la columna del ABC, el 8 de julio de 1937, apareció en la sección “Tiro al blanco” de La Voz, bajo control del PCE, un texto titulado “Un equilibrista. El Sr. Chaves Nogales”, donde se leía:

… el ex director de Ahora –ex director desde el 7 de noviembre: que conste bien el pequeño dato–, (…), está haciendo equilibrios en la cuerda floja de la neutralidad. De una neutralidad que casi siempre supone inclinarse del lado faccioso, como ha hecho ahora –(…)– el romántico autor de “A.M.D.G.” [Ramón Pérez de Ayala]. Y que es lo que hará el Sr. Chaves tan pronto como se decida a tomar carrerilla. Lo que está haciendo ahora es un entrenamiento absolutamente tímido. Preparativos para el día de mañana, en efecto.

José Luis Salado, autor de la sección «Tiros al blanco» de La Voz, en un encuentro de corresponsales (foto: ABC 21 de enero de 1932)

A continuación, al mencionar casos como los de Baroja, Pérez de Ayala o Martínez Ruiz, se preguntaba qué sucedía cuando se pasa la frontera “con un pasaporte concedido a base de airear en cándidos despachos oficiales un antifascismo perfectamente camuflado”. Decía también el articulista que cómo, por más que lo peor le cogió ya en Barcelona, había podido olvidar tan pronto los primeros bombardeos sobre Madrid y qué hacía escribiendo sobre hechos que no conocía ni había vivido. “Son los inconvenientes de marcharse con demasiada prisa” o, lo que es lo mismo, “de marcharse del teatro antes de que acabe la función”. Concluía así:

… cuando la guerra se acabe ya vendrá el Sr. Chaves Nogales (D. Manuel) a que se la cuente cualquier “maestro Juan Martínez” de los que han estado aquí. Ahora bien: eso tendrá que ser también para los lectores de Toulouse. Lo que es a nosotros el biógrafo de Belmonte no nos engaña más de una vez.            

Por esas mismas fechas, en julio de 1937, la Agrupación Profesional de Periodistas de Madrid expulsó a los afiliados que había huido de la ciudad. Ahí estaban, entre otros y aparte de Chaves, los directores de varios diarios. Se les concedió un último plazo de dos semanas para que volvieran a su puesto y así poder explicar su decisión ante una comisión formada por los delegados ugetistas de los periódicos. 

Acta de la Agrupación Profesional de Periodistas de Madrid en octubre de 1936 (foto: blog laepopeyadelchato.blogspot.com/)

Volvemos a encontrar otra andanada contra Chaves en el periódico CNT de 26 de noviembre de 1938 nuevamente por sus artículos. Su título “Chaves Nogales, el periodista inverecundo. De lacayo de Montiel a colaborador de publicaciones periódicas francesas”. Se aludía en esta ocasión a un texto firmado por él en el diario L’Oeuvre en el que se leían cosas como que “Nosotros, los españoles, depondríamos las armas –con mucho gusto– si hubiera un momento de reflexión que haría (sic) la guerra imposible” o que “El terror blanco es tan brutal y tan horrible como el terror rojo. El número de asesinatos cometidos en la España nacionalista no es inferior al número de asesinatos cometidos en la España republicana”. Efectivamente se está aludiendo al artículo “¿Mediación en España o guerra de exterminio?”, publicado en dicho periódico el 12 de noviembre de 1938 y en el que se leía

El principal argumento de la resistencia a toda mediación es la repugnancia que hay a tratar con un enemigo deshonrado por sus crímenes. No se pacta con asesinos, es evidente. El argumento sería incontestable y justificaría una guerra de exterminio si todos los asesinos se encontraran enrolados bajo la misma bandera. Pero a pesar de todas las propagandas no se ha logrado demostrar que una de las dos Españas tenga el monopolio del crimen. El terror blanco ha sido tan brutal y tan horrible como el terror rojo. El número de asesinatos cometidos en la España nacionalista no ha sido inferior, en total, al de los asesinatos perpetrados en la España republicana.

Actualmente, por motivos de propaganda, unos y otros quieren hacer pasar a sus asesinos por agentes de la autoridad y pretenden convertir los asesinatos en ejecuciones; pero la guerra solo espera para terminar el momento en que los españoles honorables de uno y otro campo quieran desligarse completamente de los criminales a los que se encuentran fatalmente ligados.[26]

Esta “neutralidad” y equidistancia sacaban de quicio a quienes vivían y conocían la realidad española, que acusaban a Chaves de haber abandonado su puesto al frente del diario Ahora y de haber huido a Francia dedicándose a escribir artículos lamentables en los que “pretende cubrirse con una capa de afección a la España republicana” igualando a las dos partes en conflicto y situándose por encima de ellas. Por lo demás, el artículo demostraba el escaso conocimiento que Chaves tenía de lo ocurrido en España, tanto por lo que se refiere a igualar el terror en ambas zonas como a la ingenua idea de que por parte del fascismo podría llegarse a algún acuerdo con el gobierno republicano.

Tumba sin lápida de Chaves Nogales en Londres (foto: El País)
Reflexiones finales

Chaves Nogales, un buen periodista, podía haber abandonado Madrid en los días claves de noviembre de 1936 y dirigirse a Valencia y Barcelona para pasar a Francia ese mismo mes y, por poco glorioso que resultase, lo entenderíamos. Se trataría simplemente un hombre acosado por el miedo y convencido de que si los fascistas entraban en Madrid su vida corría peligro, lo cual no es de extrañar sabiendo lo que luego pasó a periodistas menos significados que él. A Chaves no lo comprometía solo el republicanismo moderado de su periódico sino, sobre todo, lo ocurrido desde que se incorporó al diario el 6 de agosto hasta el día clave del 7 de noviembre. El problema es que, al verse desbordado por la realidad, en vez de reconocer los hechos optó por justificar lo que hizo buscando motivos más allá del miedo.

Si los fascistas hubieran entrado entonces en Madrid él hubiera encontrado a posteriori un buen pretexto para tomar la decisión que tomó, pero la ciudad quedó en poder de la República y la vida siguió mientras él ya se había escapado de la realidad creándose un mundo propio ajeno a ella. De ahí que sus escritos a partir de ese momento, pese a la calidad e interés de muchos de ellos, estén desenfocados y no reflejen realmente lo que estaba ocurriendo. Así, de afirmar tres semanas después del golpe que era cosa de “los espíritus más simplistas y elementales” reducir lo que estaba ocurriendo en España a una lucha entre comunismo y fascismo, pasó en noviembre de 1938 a decir que la lucha iniciada en España en julio de 1936 era entre la Revolución y el Imperio, es decir, exactamente lo contrario.[27]

Tras pasar a Francia lo lógico es que, harto de lo vivido y convencido de todo lo que dijo estarlo, se hubiera olvidado de la guerra de España, pero no fue así. La guerra de la que había huido lo persiguió hasta la muerte. Quedaría su obra pero desde luego no lo que escribió sobre lo vivido en Madrid y en España a partir del 7 de noviembre. Para calibrar su desenfoque basta con aludir a su obsesión favorita de igualar el terror en ambas zonas, bien recibida y explotada por los que no cejan en su empeño de denigrar la República igualándola con quienes la agredieron, pero en modo alguno refrendada por diversos testimonios del momento ni por la investigación histórica.

Reportaje de Chaves Nogales en la revista francesa Match, 17 de noviembre de 1938

Prueba de que no percibía bien lo que había ocurrido en España y la situación real del país a fines de 1938, a solo unos meses del final, es su convencimiento de que la mayoría de los españoles deseaban llegar a un acuerdo que pusiera fin a la pesadilla. Estas eran sus palabras: “Si fuera posible hacer un plebiscito en España, se comprobaría que el noventa y nueve por ciento de los españoles se pronunciaría por la mediación y el compromiso”.[28] Afirmar tal cosa a esas alturas significa que Chaves Nogales ignoraba totalmente los principios genocidas que habían guiado a los golpistas desde que se lanzaron a destruir la República con el apoyo de los sectores más reaccionarios. Prueba de ello es su afirmación de que “los asesinos no son de derechas ni de izquierdas”,[29] que va en apoyo de su teoría de que todos eran iguales pero que olvida que quienes dieron el golpe militar eran per se una coalición surgida para imponerse mediante la violencia a quienes habían dado vida a la República y votado en febrero de 1936 al Frente Popular.

La razón de que no se haya mirado de manera objetiva la vida y obra de Chaves se debe exclusivamente al hecho de que su prólogo viniera bien a los que andaban buscando a un personaje con pedigrí republicano y que al mismo tiempo despreciase por igual a ambos bandos. Con las figuras clave de la generación de la República lo tenían complicado, ya que, por muy críticos que pudieran ser con los excesos habidos en zona republicana, todos tuvieron claro de qué parte estuvo la razón. Bastará con recordar lo dicho por dos figuras del exilio como Luis Cernuda y Juan Ramón Jimenez:

Para mí el levantamiento es responsable no solo de la muerte de miles de españoles, de la ruina de España y de la venta de su futuro, sino que todos los crímenes y delitos que pueden achacarse a los del lado opuesto fueron indirectamente ocasionados también por los franquistas.[30]

Yo lamento profundamente muchas cosas que han ocurrido en la España republicana, cosas que en ninguna catástrofe natural o social es posible evitar, pero estoy siempre en mi mismo sitio, y no porque hayan ocurrido tales cosas de una parte, voy a pasarme a la otra, donde han ocurrido además las mismas o peores cosas. Siempre estaré conmigo y con la democracia, con los demócratas dignos (…).[31]

Incluso dentro del gremio de la prensa es difícil encontrar a periodistas que siguieran la línea de Chaves. Lo que sin duda no encaja en la imagen que de él han dado los “descubridores” del prólogo es que de su pluma también salieran los encendidos editoriales de Ahora de las semanas anteriores al 7 de noviembre de 1936. No resulta fácil conciliar una sentida arenga en favor de la defensa de Madrid con la preparación de la fuga al día siguiente. Al contrario que tantos literatos y periodistas Chaves Nogales, pese a acabar tan mal como ellos, ofrecía un perfil diferente que lo había relegado al olvido y que fue el objeto de estudio de María Isabel Cintas. Luego llegaron  los que necesitaban un personaje que sirviera a sus intereses, lo cual demuestra una vez más que el pensamiento dominante lo devora todo.

Lo cierto es que Chaves necesitó tachar de asesinos a unos y otros sin más matices para dar sentido a su escapada y es precisamente esta excusa la que ha sido utilizada por algunos para sumarlo a la “tercera España”. La teoría del “defensor de la democracia” que se ve obligado a salir de España “empujado por los odios de uno y otro bando” debe ceder espacio a la del periodista demócrata que no supo superar el miedo y decidió justificar su deserción en que todos eran iguales. Y en cuanto a la idea fija de que pudo ser víctima de ambos bandos no es del período en que estuvo al frente de Ahora, sino posterior a su huida. La realidad era otra: para la España franquista era un indeseable por su trayectoria profesional y su republicanismo, y para la España republicana se convirtió en un traidor desde el momento en que abandonó su puesto. Nunca le perdonaron que huyera cuando más falta hacía ni que, ya desde Francia, se dedicara a igualar a unos y otros.

Pese a todo, el interés por la obra de Manuel Chaves Nogales no se agota en lo que escribió entre 1936 y 1944. Su obra es amplia y contiene suficientes elementos de interés como para que merezca nuestra atención. Lo que no es de recibo es reducir su vida y obra a un prólogo hecho en un momento crucial de su vida tras salir de su país y en medio de una Europa carcomida por los fascismos y que se encaminaba hacia la guerra mundial. La perspectiva del tiempo confirmaría que el primer embate de este proceso se libró en España, donde, tras un golpe militar parcialmente fallido y una larga  guerra, triunfaría el fascismo.

 Notas

[24] De Bermúdez Cañete se dice que fue asesinado el 21 de agosto de 1936 en la puerta de la checa existente en el Círculo de Bellas Artes. Pero existe otra versión que afirma que fue asesinado por agentes nazis que actuaban en Madrid. Bermúdez, católico militante, había sido expulsado de la Alemania nazi por sus artículos contra la política religiosa del nazismo. El origen de esta versión es la documentación hallada en la embajada alemana cuando su gobierno rompió con la República, según la cual existió una sección de la Gestapo encargada de organizar atentados y actos de provocación (véase Venegas, José, Las elecciones del Frente Popular, Buenos Aires, 1942, p. 91).

[25] ABC de Sevilla, 20/08/1938.

[26] Agradezco a Maribel Cintas la ayuda para localizar el artículo, en francés en el original pero que se encuentra traducido en Chaves Nogales, Manuel, Crónicas de la guerra civil, Espuela de Plata, Sevilla, 2011, pp. 131-136 (Edición de M.I. Cintas).

[27] Me refiero a los artículos “Lo que pasa en España y lo que pasará” (La Nación, Argentina, 08/08/1936) y ¿“Mediación en España o guerra de exterminio”? (La Paix Civille, nº 7, noviembre de 1938), ambos incluidos en Chaves Nogales, Manuel, Crónicas de la guerra civil, Espuela de Plata, Sevilla, 2011, pp. 23-29 y 131-136. Edición a cargo de María Isabel Cintas Guillén.

[28] Tomo la frase del artículo ya citado en la nota anterior “¿Mediación en España…?”.

[29] Chaves Nogales, M., “La gran mentira de las adhesiones al franquismo”, diario Madrid de 27 de enero de 1938. (Se trataba de un diario gubernamental publicado en París que se conserva en el Archivo Negrín).

[30] Cintas Guillén, Chaves Nogales. El oficio…, p. 291.

[31] Orihuela, Antonio, Ruido blanco. Textos (in) surgentes, La Vorágine, Santander, 2018, p. 87-88.

 

ANEXO: FRAGMENTOS DE LOS EDITORIALES DE AHORA (2 OCTUBRE – 6 NOVIEMBRE 1936)

 

(…).

Ahora no hay más que la necesidad vital de aniquilar a esas malas bestias de comandantes y capitanes del Tercio y Regulares que, sin ningún escrúpulo de orden intelectual, tienden instintivamente su garra sobre Madrid.

                                                                                                              “Obedecer y herir”, Ahora, 02/10/1936

¿Qué hacemos con los que huyen? –pregunta Ángel Pestaña en el editorial de “El Sindicalista”. Fusilarlos. No puede haber otra respuesta. Son inútiles los aspavientos y los distingos. A la guerra nos han llevado; como en la guerra tenemos que producirnos. (…).

Los trabajadores que han empuñado las armas para defender sus libertades tienen que ser soldados con todas sus consecuencias. El que no se sienta capaz de serlo, que abandone el fusil. A ninguno se fuerza. Pero el que se crea acreedor al honor de defender la revolución con las armas en la mano, ya sabe a lo que se compromete. Si no cumple con su deber, si huye, si deserta ante el enemigo, se le fusila.

Tal fe tenemos en el pueblo, que nos atrevemos a pronosticarlo: Planteado el problema en sus verdaderos términos, ni un solo fusilamiento será necesario.

“El honor de defender la revolución con las armas en la mano”, Ahora, 04/10/1936

(…).

La guerra, tal como está planteada, es la etapa más dolorosa, si se quiere la más crítica, de un vasto proceso de evolución que empezó mucho antes del 18 de julio y terminará mucho después de haber sido de haber sido aniquilada en las montañas de Navarra la última partida facciosa. Queremos recalcarlo así hoy, segundo aniversario de la revolución de los mineros de Asturias.

                                                                                              

“Cómo afrontar la guerra”, Ahora, 06/10/1936

(…).

La tensión de la guerra se mantiene difícilmente en el ambiente urbano; pero la dura realidad es que la amenaza cierta sobre Madrid nos obliga a todos, absolutamente a todos, a adoptar la actitud del combatiente y su íntima disposición de ánimo. Combatientes somos ya virtualmente todos los que estamos en Madrid. La guerra no es una preocupación remota, sino una realidad de presencia que hay que afrontar como tal, aunque no suenen ni lleguen a sonar en el recinto urbano los cañonazos y las descargas de fusilería.

Esta debe ser la convicción que guíe nuestros actos y nuestras palabras. Colocados en esta disposición de ánimo, penetrados de cuál es nuestra verdadera situación, prescindiremos automáticamente de todo aquello que por ser superfluo o frívolo puede restar eficacia en un momento dado a nuestra capacidad combativa. Ese momento culminante de la defensa de Madrid puede no llegar, pero no quisiéramos que. Si llegase, nos sorprendiera pronunciando discursos, redactando arengas, teorizando, fijando posiciones, discutiendo… Hay que echarse el fusil a la cara y esperar. Si la guardia es molesta y al final resulta innecesaria, no habremos perdido nada. Tanto mejor. 

                                                                                                           

  “En guardia”, Ahora, 11/10/1936

 

Maniatada en los primeros momentos por esa confabulación de egoísmos y ruindades que preside hoy los destinos de Europa, se puso España el 18 de julio a luchar por si independencia. Hemos tenido que pelear a la desesperada con uñas y dientes contra la traición de unos militares canallas y unos señoritos cretinos que nos vendieron al imperialismo fascista, como en 1808 nos vendieron los Borbones al imperialismo napoleónico. (…).

«Los especuladores de la traición”, Ahora, 15/10/1936

                                                                                    

Contra la traición del fascismo nos hemos alzado todos: liberales, pequeños burgueses, republicanos demócratas, nacionalistas catalanes y vascos, de derecha y de izquierda, socialistas, comunistas, sindicalistas y anarquistas. (…).

La gratitud del pueblo español al pueblo ruso no puede aceptar limitaciones, salvedades ni fronteras ideológicas. Con la U.R.S.S. y con el Partido Comunista estamos desde ahora todos, absolutamente todos los que somos dignos de llamarnos españoles. En un momento crítico el mundo, temeroso y egoísta, nos volvió la espalda y se resignó vilmente a consentir sin protestas que los traidores de dentro y los enemigos de fuera estrangulasen impunemente a nuestro pueblo. (…). A ese pueblo, a la U.R.S.S. y al Partido Comunista se lo debemos todo. (…).

La ayuda de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas no es de las que envilecen, sino de las que dignifican a quien la da y a quien la recibe. “No hacemos más que cumplir con nuestro deber”, dice escuetamente el telegrama que Stalin envió ayer al secretario del Partido Comunistas español. “Defendemos la República, conservando intactas nuestras convicciones”, dicen aquí los partidos políticos y las organizaciones proletarias, desde los burgueses liberales hasta los anarquistas. Sobre esta base de mutua dignidad ha de edificarse el monumento de gratitud de España. Cuando los comunistas va a las trincheras a batirse por la República democrática, los no comunistas tienen el deber moral de corresponderles con idéntica y, si es posible, mayor generosidad.

                                                                                                                        “U.R.S.S.”, Ahora, 17/10/1936

Hay dos corrientes de opinión meritísimas nacidas de la entraña generosa de nuestro pueblo que pugnan inútilmente por abrirse un cauce: una de ellas es la humanización de la guerra; otra, la resistencia de la conciencia popular a la adopción falta del régimen de terror en la retaguardia, puesto en práctica desde el primer día por el enemigo con una crueldad tan monstruosa que difícilmente podrá emularla nunca el pueblo en armas por grande y ciego que sea su furor. (…). Dura es la justicia revolucionaria, terrible ha sido la reacción popular contra sus opresores; pero nunca, nunca quienes contemplamos el espectáculo terrible de la guerra civil desde este lado, tendremos una idea exacta de lo que es el terror de la otra parte. Esto es necesario tenerlo muy presente. No hacemos la guerra que queremos, sino la guerra a que nos han llevado. Cuando los comandantes y los capitanes del Tercio y Regulares azuzaban a sus chacales ofreciéndoles primas en metálico por las orejas y las manos cortadas a los marxistas, el pueblo español, consternado, no podía concebir cómo se atrevían los militares a poner en práctica en su patria misma las reglas salvajes de las guerras africanas. ¿Humanizar la guerra? ¿Pero es que las bestias feroces que cometieron las matanzas de Andalucía y Extremadura son capaces de humanos sentimientos? ¿Es que se puede llegar a un estatuto humanitario con quienes tienen a gala el desprecio que sienten por la vida humana y a orgullo el haber roto traidoramente con todos los compromisos que los ligaban al pueblo?

No; esas generosas corrientes de humanidad no pueden tener expansión mientras se alce ante nosotros el dique de la bestialidad fascista. Hay que cerrar los ojos y oprimirse en corazón para que no suene su latido. El único medio que tenemos en nuestra mano para humanizar la guerra es abreviarla. Acabar pronto. Como sea. Pero acabar.

El horror de esta hora no debe acongojarnos. Nuestra responsabilidad histórica está salvada. Cuando en el futuro se juzgue la conducta que en este trance observó nuestro pueblo, habrá de hacérsele justicia. Pueblo alguno de la tierra afrontará idénticas circunstancias con más humano y justiciero sentido.                                                                                                                  

 “El terror”, Ahora, 18/10/1936

 

(…).

El enemigo está cerca. Sus vanguardias, melladas ya en el batir constante de estos tres meses, por recio que sea su temple, llegan al corazón de España. Aquí van a encontrarse con la verdadera fuerza de choque del pueblo, que no tiene punto de semejanza con  esas tropas de africanos y mercenarios que siembran el terror por pueblos y aldeas. Nuestra arma decisiva es el bloque de acero del proletariado organizado sindicalmente, que acaso no haya sabido convertirse con bastante rapidez en ejército regular; pero conserva intacta hasta el momento su capacidad insurreccional, la gigantesca fuerza explosiva de sus masas de trabajadores.

Esta es la punta de acero de la que carecíamos. Nuestra arma ofensiva es la capacidad ofensiva del proletariado, que si no conoce a estrategia militar, ha aprendido en sus heroicas luchas sociales a vencer y a morir antes que someterse. La fuerza de choque de los traidores y nuestra verdadera fuerza van a enfrentarse. Ha llegado la hora. El proletariado está en pie.

                                                                                                       

“La punta de acero”, Ahora, 20/10/1936

(…).

Ahora, al llegar el enemigo a los alrededores de Madrid, es cuando vamos a tener en vanguardia la verdadera fuerza del pueblo. (…). Ahora, a los puestos de Madrid, nuestra verdadera fuerza de choque, el obrero consciente de la ciudad, el aguerrido militante de la lucha social, el proletario con capacidad insurreccional y conciencia revolucionaria, va a enfrentarse, al fin, con su enemigo mortal. Sabe lo que se juega en el envite. Conoce toda su responsabilidad y mide exactamente el peligro que le amenaza. Detrás de él no hay nada. Ningún efugio [sic], ninguna esperanza. En sus manos tiene su vida y su muerte, su gloria y su ruina. De una vez y para siempre. Las hordas de salvajes africanos y mercenarios asesinos avanzan hacia él. El instante ha llegado.

                                                                                                     

“Frente a frente”, Ahora, 22/10/1936

(…).

Cuando nosotros hacemos desde Ginebra patéticas apelaciones a la conciencia universal para que los pueblos libres vengan en nuestra ayuda, ya tienen ellos media España entregada traidoramente a la codicia extranjera. Esto es todo. No hay más. Esa tropilla de intelectuales canallas y traidores que se esfuerzan en dar al fascismo un contenido ideológico, no ha conseguido enmascarar con sus facecias la trágica verdad de ese Ejército nacional de soldados moros, legionarios extranjeros, aviadores italianos, técnicos alemanes y espías portugueses que se titulan “salvadores de España”.

                                                                                                     

“Los bárbaros”, Ahora, 24/10/1936

(…).

¡Basta ya! Vamos a ganar la guerra. ¡Como sea! Entiéndase bien. La conducta seguida por el enemigo con el tácito consentimiento del mundo civilizado, que nos vuelve la espalda, nos releva de las consideraciones y escrúpulos que hasta aquí detuvieron nuestro brazo. El ejército rebelde ha llagado a las puertas de Madrid. En estos instantes la opinión pública de toda Europa sabe que la entrada triunfal de estas hordas en Madrid equivaldría a una matanza espantosa, calcula fríamente que pasarían de cien mil los asesinatos que se cometerían solo en la capital de España, y ante este hecho monstruoso la conciencia universal se inhibe diciendo resignadamente: ¡Ay de los vencidos!

Pues bien; que nadie ose pedirnos cuentas el día de mañana. ¡Ay de los vencidos!, decimos también nosotros.

                                                                                                   

“¡Ay de los vencidos!”, Ahora, 27/10/1936

(…).

Detrás de nuestro Ejército hay un pueblo organizado ya. La revolución que había que hacer en España está en marcha, y el tránsito de un régimen a otro se está haciendo casi insensiblemente. Tabla rasa hicimos el 18 de julio. Aquel mismo día empezó nuestra obra constructiva. La gran sorpresa del mundo será comprobar maravillado que, al mismo tiempo que ganábamos la guerra, hacíamos una revolución. Ni el enemigo, que se fía para triunfar en el proceso de descomposición social que, según sus cálculos, estamos siguiendo, ni las potencias extranjeras, que miran con recelo nuestra audaz experiencia, han sabido advertir este hecho, que es la máxima garantía de nuestra victoria. La vida social, política y económica de España se organiza sobre nuevas bases, a retaguardia de las Milicias populares, que contienen los asaltos del enemigo. Este, que no es dueño más que del terreno que pisa, no deja detrás de sus columnas de mercenarios más que campos de muerte y desolación. Venceremos. La aguda punta de su vanguardia va a quebrarse al chocar con la pétrea fortaleza del proletariado organizado de la capital. Y rota el arma ofensiva, se verá que tras el puño criminal que la esgrimía no hay nada, absolutamente nada.

Mientras aquí hay un pueblo, todo un pueblo, organizado ya para una vida social más justa, más libre, más humana, en fin, que la que hasta ahora aquí arrastrábamos.

                                                                                                   

“Lo que hay detrás de cada ejército”, Ahora, 28/10/1936

 

(…).

¿Cuándo has ido así a la lucha, soldado de España? Nunca, antes de que fuesen expulsadas de la gobernación del Estado las pandillas de militares traidores y políticos venales al servicio del capitalismo. Unas semanas han bastado para que un Gobierno tuyo, auténticamente proletario e identificado con el pueblo, pueda poner en tus manos las herramientas de la victoria y decirte: ¡Adelante!

No es vana ilusión ni garrula palabrería. Es una realidad tangible. Hoy mismo el ejército del Centro avanzará asistido de todos los medios materiales que el triunfo requiere. Los partes de victoria que el ministro de la Guerra aguarda no se harán esperar. En veinticuatro horas –(…)– nuestras escuadrillas de bombardeos han destruido las bases aéreas de los rebeldes en Talavera, Sevilla, Granada y Cáceres. ¿Es, o no, una realidad?

¡Adelante, milicianos, soldados de España, que por primera vez vais a batiros por vuestros propios ideales y sin la angustia de ser traicionados por el mismo Estado que os manda a la muerte! Delante de vuestros parapetos está el enemigo, la tropa mercenaria y extranjera, tras la que se oculta y protege el brillante cortejo de los generales traidores, los señoritos asesinos, los curas sin conciencia, los explotadores sin entrañas, toda la canalla que hay que raer de España. ¡Adelante, milicianos, soldados del pueblo, trabajadores! ¡Adelante!

                                                                                                       “Alocución”, Ahora, 29/10/1936

(…).

La guerra no está ganada por muchos tanques y muchos aviones que tengamos. Tendremos que ganarla a fuerza de heroísmo y sacrificio. Ayer hemos visto correr como gamos, delante de nuestras vanguardias, a los rebeldes. No nos equivoquemos. Para hacerlos correr mañana tendremos que dar el pecho como lo hemos dado hoy. Cien veces les derrotaremos y cien veces reharán su frente y nos presentarán batalla.

Hasta que los exterminemos. ¿No vienen ellos predicando y practicando una guerra de exterminio?                                                                                                   

“La dura verdad”, Ahora, 30/10/1936

(…).

La infamia cometida ayer por la canalla fascista al bombardear sin previo aviso y desde tres mil metros de altura las calles céntricas de Madrid, a las cinco de la tarde, merece tal castigo, tan fría e implacable venganza, que desearíamos no dar ninguna expansión verbal a nuestra ira, porque no perdiese con el torrente de nuestras imprecaciones la violencia explosiva que, encerrándola celosamente en el pecho, ha de conservar intacta hasta el instante feliz en que podamos hacerla saltar. (…).

Quisiéramos –lo repetimos– conservar en estos momentos toda nuestra serenidad, la sangre fría que necesitamos para poder castigar implacablemente, pero sin perder un punto nuestra condición de hombres. Herir, no con el instintivo y ciego zarpazo de la bestia acosada, como hacen ellos, sino con la dignidad con que el hombre castiga a la alimaña.

                                                                                                   

 “El hombre y la bestia”, Ahora, 31/10/1936

(…).

Tenemos que resistir y que avanzar de cara a la muerte, sin más coacción que la de nuestra conciencia. El miedo no podemos vencerlo con el terror, sino con la convicción, con el noble sentimiento del deber, con la fe. Vuestro jefe, el general de las fuerzas del Ejército del Centro, os ha dicho ayer escuetamente: “Pensad a solas, en los momentos de descanso, lo que sería de nosotros y de los nuestros si por no poner en la lucha todo nuestro valor y disciplina, perdiéramos la contienda”.

¡Pensadlo, soldados de la libertad! Pensad en vuestras mujeres y en vuestros hijos. El enemigo no puede ganar la horrenda partida. No la ganará más que si vosotros la dais por perdida. Y entonces sí que perderíais cierta e inexorablemente esa vida que os hacéis la ilusión de hurtar al peligro. A la muerte se la desafía y se la vence dando el pecho; retrocediendo, se la concita no solo desde nuestras cabezas, sino sobre la de vuestras mujeres y vuestros hijos inocentes, que sucumbirán por el solo delito de ser vuestros.

Hoy es el día decisivo. Mucho ha sido hasta aquí vuestro heroísmo, soldados de la libertad, pero no basta. ¡Un esfuerzo más! ¡Adelante!

¡La victoria es la vida!

¡Y está al alcance de vuestros fusiles!

«El precio de la vida es la victoria», Ahora, 01/11/1936

¡Alto! ¿Qué es eso del canje de prisioneros? ¿Qué es eso de la humanización de la guerra? El Pueblo español, que ha sido arrastrado a la más inhumana y bestial de las guerras por la exclusiva y caprichosa voluntad de unos generales traidores, el pueblo que ha visto caer a sus hijos a millares, sacrificados fríamente por el implacable terrorismo blanco, tiene derecho a preguntar, cuando se le hable de humanización de la guerra. ¿Qué es eso? ¿Qué es lo que se pretende? (…).

No sabemos lo que pensará el Gobierno ante esta contingencia; pero nuestro deber como órgano de opinión del pueblo es señalar desde ahora mismo el riesgo que supondría su aquiescencia a una maniobra de tal naturaleza que no tendría más finalidad que la de procurar impunidad al adversario. (…).

¿Qué es eso del canje de prisioneros? ¿Qué potencia amiga puede, sin atentar a la soberanía del Estado español, hablar siquiera de prisioneros? ¿Qué prisioneros son esos? ¿Los delincuentes contra la seguridad del Estado? ¿Pero es que puede haber en Europa o en el mundo un solo Estado capaz de tratar en pie de igualdad a los que se rebelaron contra el Estado legalmente constituido y al poder público que ejerce legítima y constitucionalmente su función? (…).

En cautividad no hay en España más que la inmensa masa de población civil toma en rehenes por los facciosos para asegurar, merced a esa injerencia exterior que ahora se intenta, la impunidad de su rebeldía.

Si lo que se pretende es eso, conseguir la impunidad para los rebeldes, el Estado español tiene el deber inexcusable, apremiante, de hacer ante el mundo una petición de principio que corte en flor tan intolerable maniobra.

«La soberanía del Estado», Ahora, 03/11/1936

                                                                                       

(…).

Esta es la situación. Todo se gana y se pierde en esas colinas de los alrededores de Madrid; todo está ahí, en esas lomas pardas, contra cuyos surcos se aplastan nuestros milicianos; ellas lo son todo: el bienestar de las clases trabajadoras, la libertad de los ciudadanos, el porvenir de la patria, el pan, la vida. Que nadie se equivoque. Esos desnudos repechos son hoy la sede de la España federal, la capital de Cataluña y de Euzkadi, el último reducto de las libertades ciudadanas, el firme bastión de las conquistas del proletariado.

¿Sabremos defenderlas?

A la lucha. Todo es gana y se pierde en un metro cuadrado de terreno. ¡Defiéndelo si quieres defender tu vida, soldado del pueblo!

“A vida o muerte!”, Ahora, 04/11/1936

 

                                                                                                          

¡Pueblo de Madrid! La hora ansiada y terrible ha sonado. Esta misma mañana, en tus propios arrabales, se está jugando a vida o muerte tu destino. Vas a salir a luchar, y quisiéramos que fuese con el corazón ligero; que entrases en fuego con el ánimo alegre del que, pase lo que pase, ha de ganar por fuerza. Todo un mundo mejor tienes por delante y al alcance de tus fusiles. No tienes nada que perder: tu hambre, tu tristeza, tus cadenas; si acaso la pobre vida de esclavo que te harían llevar tus vencedores. (…).

Toda tu vida esperaba este día. El heroísmo no se improvisa. Si no supiéramos que el héroe, el verdadero héroe, va elaborándose lentamente a lo larga de toda la existencia y que la vida entera de nuestro pueblo ha estado aguardando este trance heroico, podríamos dudar de ti, pueblo de Madrid. No podemos dudar quienes te hemos visto año tras año rechinar los dientes y apretar los puños de rabia e impotencia, soñando que algún día habrá de llegar la hora del triunfo final.

Esa hora ha llegado. La hacen sonar, mientras amanece, los cañones extranjeros que están vomitando su metralla sobre nuestros hogares.

                                                                                                                          “Arenga”, Ahora, 05/11/1936

(…).

Nunca hemos estado tan cerca del triunfo. Pero nadie se figure que hemos de lograrlo sin antes llegar al máximo rendimientos del heroísmo y del espíritu de sacrificio. Dura ha de ser la pelea. La misma conciencia que el enemigo tiene de su vulnerabilidad le hará atacar desesperadamente y revolverse con temibles coletazos. Hagámosle frente con el ánimo bien dispuesto para la más feroz de las batallas. Nadie piensa que a estas alturas sea posible economizar esfuerzo ni sacrificio alguno. Si no lo damos todo, si no lo echamos todo por delante, si no adelantamos heroicamente el pecho, no ganaremos. No ganaremos, aunque tengamos tanques y cañones y aviación; aunque todo el pueblo esté a nuestro lado; aunque el mundo entero venga a ayudarnos. Con todo eso no ganaremos si, individualmente, en lo íntimo de nuestro ser, cada combatiente no está convencido de que solo arriesgando la propia vida, sacrificándose si es preciso, se puede ganar. No es esta una guerra de habilidades estratégicas y sutilezas políticas. Un ímpetu biológico ha lanzado a las grandes masas de España contra las clases tradicionalmente directoras que las traicionaron. No hay nada que pueda eludir el choque espantoso que ha de producirse fatalmente para que esta tragedia llegue a su término.

El que lo eluda perecerá.

El enemigo, que está instintivamente avisado, querrá provocar la horrible y definitiva colisión cuanto antes. Y acudimos hoy a las puertas de Madrid dispuestos a aniquilarlo, o será él quien nos aniquile. 

                                                                                                                 

“Hoy y aquí”, Ahora, 06/11/1936

 

Vamos a la vida o a la muerte. La aurora de este día ha de ser la de un nuevo mundo, más justo, más bueno, más luminoso y radiante del que hasta ahora aquí hemos vivido. O será ya una noche eterna el mundo de las sombras, entre las que se alzará el pavoroso espectro y la tiranía de los más bajos instintos extraídos de su sepulcro medieval por una horda de asesinos.                                                                                                               

 “Aurora Roja”, Ahora. 07/11/1936

 

 

(*) Fuente: Pasajes: Revista de pensamiento contemporáneo. 2019. Núm. 57
Ilustraciones: Conversación sobre la Historia
Portada:

Fotograma del documental «Manuel Chaves Nogales, el hombre que estaba allí»(2013), de Daniel Suberviola y Luis Felipe Torrente.


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