Joan Maria Thomàs

Profesor de Historia Contemporánea en la Universitat Rovira i Virgili y autor de «Los Fascismos españoles» (Ariel, 2019)

He leído el artículo del profesor Alejandro Lillo –Captar lo vivo: sobre el fascismo de Vox (Una respuesta a Joan Maria Thomàs)– publicado en estas mismas páginas el pasado domingo 23 de noviembre, donde critica otro mío aparecido en El País el 15 de del mismo mes –Por qué Vox podría seguir creciendo–-. Con el objetivo de contribuir a proporcionar argumentos al análisis de lo que es realmente Vox, así como para combatir su creciente influencia electoral, e ideológica sobre el resto de opciones de la derecha, ofrezco algunas reflexiones complementarias a lo que en su día argumenté.

1.- No creo que Vox sea fascista, ni en cuanto a tipo de partido ni en cuanto a programa. Creo que entre sus votantes se encuentran personas que se sienten franquistas, o fascistas; otras (muchas) más que comparten una visión de la Historia heredada de la versión franquista de la Guerra Civil y del Régimen franquista popularizada en los últimos años por determinados autores, y deudora de la memoria histórica franquista, mucho más presente de lo que se cree entre determinados sectores de la población española; y aún muchísimas más que, votándole, expresan su protesta contra “los políticos”; contra el llamado procés catalán, exigiendo mano dura contra el mismo;  que profesan un nacionalismo español excluyente de otros nacionalismos peninsulares y ven en peligro la permanencia de España; que protestan contra el (supuesto) trato de favor a la inmigración -ilegal y legal- en nuestro país y claman por “los españoles primero” a la hora del reparto de las ayudas sociales; que ven en los musulmanes y en el Islam peligros inminentes e infiltrados para la esencia católica y cristiana de España y de Europa; que protestan contra los derechos adquiridos por el colectivo LGTBI y en contra de la Ley de violencia de género vigente; contra la inseguridad -la presunta blandez del Estado contra la pequeña delincuencia, las ocupaciones de pisos, etc-, exigiendo de nuevo mano dura; o que se oponen a los animalistas y están a favor de la caza y los toros; entre otros aspectos de su extenso programa.

El grupo parlamentario de Vox posa ante la puerta de los leones del Congreso (foto: 20 Minutos)

2.- En función de todo ello, considero a Vox como una formación populista de extrema derecha, populista por todo lo que tiene de apelación “al pueblo sano” contra “los políticos”, así como  contra “los extranjeros” e instituciones “extranjeras”, sean los inmigrantes (pobres) o una Unión Europea que se quiere con mayor poder en los estados, todo ello junto a un neoliberalismo rampante. Tras Vox hay una concepción ultraconservadora de España y de sus problemas actuales ante los que ofrece recetas demagógicas nacional-populistas susceptibles de encontrar apoyo entre sectores de una población que comparte el malestar, o los malestares, y que con su voto a Vox expresa su protesta, o sus protestas.

3.- Considerar el partido y programa de Vox como no fascistas no tiene nada que ver con “blanquearlos”. Tampoco considero que demonizarlos o ignorarlos sea útil ni efectivo, tal y como podemos comprobar en nuestro propio país. Como no sirve de nada poner el foco exclusivamente en la cuestión nominalista de su (presunto) fascismo. Lo relevante es la crítica del programa y de las prácticas efectivas de Vox en los espacios de poder que ya ocupa; y más aún generar  frente a todo ello alternativas efectivas y progresistas a problemas que llevamos años arrastrando, producto de la aplicación de políticas de austeridad y de un neoliberalismo rampante que viene generando un incremento incesante de las desigualdades; para resolver de manera dialogada los problemas de articulación interna del país; y para acercar la política a los ciudadanos; entre otros muchos aspectos que nuestro sistema político democrático y sus protagonistas deben mejorar para recuperar mayores credibilidad y consenso.

4.- En cuanto a la cuestión de la definición de Vox como partido fascista y sustentador de una ideología de este tipo, si concebimos, como es mi caso, el fascismo como una ideología ultranacionalista, antidemocrática, antiizquierdista y anticonservadora que fue capaz de inspirar la existencia de partidos de este signo en el período de Entreguerras y aún, en algunos casos, después, y que dio lugar a dos regímenes de este tipo en Europa, la Italia fascista y la Alemania nazi, que marcaron la historia europea y mundial hasta su derrota en 1945; si concebimos a los partidos fascistas como organizados en tanto que milicias paramilitares que usaban, o usan, la violencia como táctica política preferente; que están dirigidos por un líder carismático generador de una doctrina con pretensiones de devenir ley; que tienen como objetivo destruir el sistema democrático para implantar un régimen de partido único de tipo totalitario, destruyendo a la oposición democrática y de izquierdas; que auspician un proyecto reunificador en lo interno frente a las “divisiones artificiales” creadas por los partidos políticos para después proyectar tal re-unión hacia la formación de un imperio; que propugnan subordinar sus economías nacionales a su proyecto por la vía de la implantación de políticas de autarquía y extremado intervencionismo económico radicalmente antiliberales, entre otros aspectos…..resulta algo difícil identificar a Vox con el tipo de ideología, partido y estrategia fascistas.

Encuentro del grupo de Visegrado (Hungría, Polonia, Eslovaquia y la República Checa) con el primer ministro de Austria en junio de 2018 (foto: Tamas Kaszas/Reuters)

5.- Otra cosa muy diferente es considerar, como hace el profesor Lillo, que el fascismo sea, en sus propias palabras, “la corriente que describe a organizaciones racistas, ultranacionalistas, anti-políticas, anti-democráticas, machistas y violentas” o que “lo que ha hecho esta formación política [Vox] (y muchas otras por todo el mundo) ha sido actualizar el ideario fascista, modernizarlo, adaptarlo a los nuevos tiempos”. Pero aún en este caso debería justificar el antidemocratismo y la violencia de Vox. Por otra parte y en lo referente a su programa, a no ser que también imaginemos una agenda oculta del tipo “ahora aparecen con piel de cordero, pero al llegar al poder mostrarán su verdadera esencia totalitaria fascista” (éstas dos últimas son expresiones mías) tampoco creo que el programa de Vox sea fascista o pretenda convertirse en tal una vez llegado al poder. En este sentido contamos con los ejemplos de los dos únicos partidos populistas de extrema derecha que han accedido a gobiernos en Europa, los de Polonia y Hungría, y lo que nos muestra su gestión es la aplicación efectiva de sus programas populistas en política interior, su adhesión al llamado Grupo de Visegrado en política europea (junto con Vox) y algunos intentos de subordinar el poder judicial a las directrices del ejecutivo. Ello ha llevado a algunos estudiosos a clasificarlos de manera novedosa y adaptada a los nuevos retos que plantean como iliberales, no como fascistas.

6.- Tal y como argumenté en mi artículo, creo que el fascismo en cuanto tal está representado en España por los grupos falangistas, que mantienen sus programas originales; que son marginales en cuanto tales; y que resultan irrelevantes electoralmente. Por el contrario, en Grecia, una formación netamente fascista -ideológica, táctica y programáticamente-, Amanecer Dorado, sí ha sido capaz, hasta hace muy poco, de generar numerosos apoyos entre la población. Apoyos que han disminuído radicalmente en las últimas elecciones. Aquí no ha ocurrido nada parecido. Lo que sí ha ocurrido y, por desgracia, seguirá ocurriendo si no lo remediamos con votos y políticas, es algo diferente. Se llama Vox.

Fuente: Infolibre 26 de noviembre de 2019


 

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