Con el fenómeno de «Imperiofobia» de Roca Barea ha ocurrido algo similar al éxito de Pío Moa en la divulgación de la historia  de la Segunda República: se ha satisfecho la necesidad ideológica de amplios sectores de la sociedad española. En el caso de Moa, la de los conservadores o franquistas con reparos, que se sentían dubitativos u hostiles con la experiencia republicana.  Gracias al  libro de Roca Barea, ha crecido la autoestima por un país ‘simpático’ y  ‘moderno’,  que, aunque tuviera defectos, nunca llegaron a los de otros países colonizadores.  De nuevo la batalla de la opinión se ha perdido. Nadie compra un libro y las bibliotecas públicas carecen de fondos. Pero cuando llega Papá Noel o el Día del libro, se hacen colas y se vacían estantes con  libros de esa categoría. Ya podemos otros investigar y publicar. Inútil. Con Roca Barea/Moa/Vidal… se ha instalado el escepticismo como dogma: ‘usted tendrá su historia pero yo tengo otra’. Y esta otra, con poquísimas excepciones, suele ganar por goleada a la primera en éxito de ventas. 
En el caso de Roca Barea se añade la circunstancia del éxito mediático y político: Medalla de Andalucía 2018, Medalla San Telmo 2018 y premio ese año otorgado por los libreros independientes españoles (CEGAL) por el ensayo «Imperiofobia». Las afinidades de los políticos se comentan más abajo. El año 2018 debió ser el cénit cuando la Cadena Ser la incluyó como fichaje  de la temporada radiofónica en Hora 25 de Ángels Barceló (acompañando a Álvarez de Toledo, como «voces de contraste»). Pero quizá quede por escalar algún cielo si  le conceden el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, para el que ha sido propuesta por distintas organizaciones.  ¿Triunfa y seguirás venciendo? 
Aunque ha habido de todo, la Academia no ha  sido benévola con el relato de Roca Barea, «una serie de disparates que han desaparecido de cualquier relato histórico científico desde hace ya mucho tiempo», como acaba de expresar Martínez Shaw en El País.  A fines de agosto de 2017, el profesor Esteban Mira publicó Imperiofobia y leyenda negra. Medias mentiras y medias verdades  . No es el momento de presentar las distintas reseñas con sus críticas y loas.  Tan solo dos juicios de Villacañas.
En julio de 2017,  con motivo de los 500 años de Lutero, escribió en El Mercantil Valenciano
«Roca publica lo que no puede ser si no un montón de prejuicios personales. Siento inquietud ante esta expansión de prejuicios cargada de resentimiento, xenofobia, incomprensión y demagogia, aliñada con carencia de criterio histórico, confusión y oscurantismo».   
Y en la presentación de su libro Imperiofilia:  «En realidad, pronto comprendí que Roca Barea no estaba interesada en la verdad de nuestro pasado, ni en parte alguna de nuestra historia. Lo que realmente le interesa es rehabilitar la capacidad directiva de la jerarquía católica sobre la vida y la conciencia de los españoles de hoy» . Ricardo Robledo


 
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José Luis Villacañas: «Los libros que blanquean el Imperio español constituyen un suicidio de la inteligencia»

 

Mónica Zas Marcos

Periodista. Formada entre los micrófonos de una radio, alguna redacción y Budapest. Entre Cultura e Internacional de eldiario.es

Hace tres años, un libro fue capaz de poner de acuerdo a políticos tan dispares como Felipe González y José María Aznar, a Isabel Coixet y al fundador de Vox, Alejo Vidal Quadras, a Esteban González Pons y a Josep Borrell. El título que obró el milagro fue Imperiofobia y Leyenda Negra, de Elvira Roca Barea. Esta profesora de secundaria y escritora defendía que aún pesa sobre los españoles un «prejuicio histórico» que nos retrata como el paradigma de la irracionalidad, la crueldad y el atraso.

Entre otras cosas, aboga por no demonizar la Inquisición ni la conquista de América, pues los imperios fueron «un motor de evolución crucial». Así, la Leyenda Negra habría «fabricado imágenes arquetípicas negativas con el fin de perjudicar a las naciones a las que se teme» y, según Roca Barea, esta propaganda no es cosa del pasado.

Su intención de recuperar la autoestima española a través de la Historia la convirtió en un best-seller en la calle y en los despachos políticos. Ciudadanos, Vox y el PP han laureado a Imperiofobia, y no son los únicos. Pero tras las loas tenían que aparecer las voces discordantes, y la más severa ha sido la del filósofo y catedrático José Luis Villacañas, que acaba de publicar Imperiofilia y el populismo nacional-católico con Lengua de Trapo como réplica al libro de Roca Barea.

Su ensayo se divide en una estructura parecida al de Imperiofobia, pero intentando desmontar una tesis, según él, «ajena a los parámetros de la investigación histórica y académica».

De la Corona a la Inquisición, de Castilla a las Indias, el autor trenza los pasajes más controvertidos de nuestra historia para defender que, tras la supuesta incorrección política de Roca Barea, se esconde «un ejercicio de blanqueamiento y manipulación ideológica». eldiario.es ha intentado contar también con ella en este artículo, pero la autora declinó la propuesta.

 

¿Por qué se ha pronunciado un filósofo sobre Imperiofobia y no un historiador, si incurre en errores tan graves?

La respuesta que te dan es que no merece la pena, que no es un libro de Historia de España sino uno de intervención política. Esto puede ser cuestionable, dependiendo de cómo comprendas tu oficio de intelectual.

Por supuesto vivimos en una academia muy fragmentada. Pero el filósofo es el especialista en no tener especialidad. Si tiene alguna misión todavía, es la de identificar qué es lo importante. E Imperiofobia es un importante peligro y un importante daño a la salud intelectual de los españoles.

¿A qué nivel?

No es baladí defender la democracia española y este libro es una amenaza contra ella porque impone una única visión de la Historia de España. Es algo inédito desde los años 50. Obliga a posicionarte alrededor de determinadas consignas que ocultan completamente la realidad y te declaran como antiespañol y como esbirro traidor si no las compartes.

Esto es contrario a la Historia, porque la Historia es pluralidad, y es contrario a la democracia, porque la democracia es una conversación de diversos relatos. Quizá antagónicos, quizá diversos, pero en los que se encuentra la propia estructura de la sociedad y de su heterogeneidad básica. Y ese es el motivo por el que he escrito esto.

¿Y no le preocupa que le acusen de oportunista?

Ya lo han hecho. Pero muchísimas veces nos acusan a los filósofos de no intervenir en la conversación, de no decir nada de nada. Pero luego, cuando intervenimos, nos acusan de buscar protagonismo. Yo llevo 42 años escribiendo. Te puedo asegurar que el protagonismo no me interesa en absoluto.

En el prólogo, Arcadi Espada alababa que Imperiofobia había conseguido que España parezca un «país simpático». ¿Cree que la intención de Roca Barea era alterar el presente en lugar de revisar el pasado?

Ella no está interesada en la Historia de España, pero le sirve de coartada y de excusa para imponer un lineamiento político en el presente. Y no solo en el ámbito interno.

También distribuye una mirada geoestratégica actual que, por una parte, reivindica el papel imperial de Rusia, por otra, establece una alianza estrechísima entre EEUU y el mundo hispano y, finalmente, ve una extraordinaria vinculación a la dimensión sionista de determinados actores del Estado de Israel. Efectivamente, es un libro de propaganda y populismo político.

De hecho, Ciudadanos propuso impartir una «Historia en positivo» en las aulas con ese libro en la mano. ¿Qué peligro tiene empezar a blanquear la educación?

El problema real de Ciudadanos es que habla de publicar un libro en defensa de la Constitución y a la vez defiende Imperiofobia como el libro de Historia compatible con esa Constitución. ¡Pero si Imperiofobia es profundamente anticonstitucional!

La Constitución española se basa en los principios ilustrados del Estado de Derecho: ella es una enemiga acérrima de la Ilustración. Se basa sobre el reconocimiento de la pluralidad específica de España: ella es una enemiga acérrima de todo lo que huela a pluralidad interna de España. Se basa sobre el alineamiento con los países europeos, porque España no aprobó su texto sin el arropamiento de Francia y de Alemania: su libro es profundamente antieuropeo.

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Primer desembarco de Cristóbal Colón en América, de Dióscoro Teófilo de la Puebla, 1862. Museo del Prado

Es decir, Roca Barea promueve un Estado confesional católico donde las únicas élites legítimas para definir lo que es el bien y lo que es el mal en conciencia es la jerarquía de la Iglesia católica, y esto es un principio anticonstitucional. Por lo tanto, a pesar de lo que diga Ciudadanos, Imperiofobia es precisamente la bomba que haría estallar la Constitución.

Y no solo Ciudadanos, la candidatura de Roca Barea al Princesa de Asturias la apoyaron desde Felipe González hasta José María Aznar, por ejemplo.

Mucha atención a los que piden para la señora Roca Barea el Príncipe de Asturias. Porque además de hacer el ridículo a nivel internacional e insultar a la inteligencia, están alentando una posición que destruye radicalmente todos los principios sobre los que se basa el ordenamiento constitucional español en el presente.

Aquí no podemos decir que no es mi negociado académico, que no es mi cátedra. No. Estamos hablando de algo que, si se impone, nos haría regresar a un estado donde la Iglesia Católica estará en condiciones de imponer la agenda política.

Pero como decíamos, Imperiofobia no ha sido aplaudido solo por parte de la derecha, la misma Isabel Coixet lo ha recomendado. ¿Qué testimonia que sea capaz de unir visiones políticas opuestas?

También el gobierno socialista de Pedro Sánchez organizó una intervención en la embajada de Austria y en la Escuela Diplomática de Viena, una mesa sobre los 500 años de fake news y Leyenda Negra, y llevó como representante del pueblo español al eurodiputado de Vox German Tersch y a la señora Roca Barea.

Esto testimonia que estamos ante muchísima gente que no tiene ni idea de lo que es España y la rellena con ese tipo de cuestiones. Pero también testimonia que hay una responsabilidad específica de la ciencia española, de las universidades, de dotar a la ciudadanía de una idea razonable y fundada de lo que es la Historia de España. Y si no se hace, se ocupará ese vacío con este tipo de ideas.

Elvira Roca Barea, autora de 'Imperiofobia'
Elvira Roca Barea, autora de ‘Imperiofobia’

Lo hemos visto con la memoria histórica. ¿Se ha convertido laimperiofilia en un filón para conseguir votos?

Creo que es un fenómeno muy importante y que tiene íntimamente que ver con la inseguridad política del electorado español. En un momento determinado, Podemos pareció estabilizar a los críticos con la estructura de la representación española, pero no estuvieron a la altura de ofrecer una idea de Estado y unidad de España. Fue ahí donde los partidos vieron la oportunidad de captar al electorado flotante a través de las tradiciones españolas.

Roca Barea dice que ella es católica pero no es creyente. Porque el ser español es ser católico. Esto ha permitido recomponer el vínculo con la Iglesia Católica, pero no a través del credo, sino de las tradiciones. Las procesiones, la Navidad, las Cruces de mayo…todo eso.

Al fin y al cabo, España tiene un 20 por ciento de creyentes católicos, pero un 80 por ciento de usuarios de tradiciones católicas. Y ese electorado lo querían todos: el PP, el PSOE, Vox y Ciudadanos.

Hablando de Vox, además del ridículo, la retirada del busto de Abderramán III lanzó un mensaje racista sobre la forma única de «ser español» que comentaba. ¿Menospreciamos el peligro de alterar la Historia?

Tenemos que quitarnos de la cabeza la idea de una guerra eterna, multisecular y de ocho siglos entre cristianos y musulmanes. Porque si hay alguien que se parece como dos gotas de agua a Abderramán III es cualquiera de los reyes cristianos. Es nuestro primo, lo llevamos en los hábitos de poder. Pensar que Abderramán III está fuera de la civilización europea es una barbaridad de ignorantes completa.

¿Queremos ir un país de fanáticos ignorantes o no? ¿Vamos a reducir la inteligencia hispana a un exabrupto, un insulto y una confusión permanente? Un país no puede regirse por una autonegación y libros como el de Roca Barea constituyen un suicidio de la inteligencia. Con ellos no se podrá formar una élite más que de salvajes.

En su prólogo, usted dice que algunos han usado Imperiofobia como argumento contra el independentismo. ¿Cómo es eso?

Claro. Cubre la herida catalana, la autoestima y la humillación que nos produce esa herida. La de alguien que dice, «no quiero estar con vosotros». Pero, ¿cómo? Si somos un gran pueblo, somos una gran nación. En realidad no quieren estar con nosotros, algo que a mí también me humilla, porque creen que todos los españoles son como Roca Barea (y yo también me iría si fuese así).

Pero creo que Catalunya no debe jugar con esto para tener una excusa para irse de España. Es una irresponsabilidad histórica que también es denunciable. Catalunya no puede generar un caos de manera que se acabe imponiendo una irracionalidad completa en España donde la mentalidad de Roca Barea sea la dominante y entonces puedan decirle al mundo, «nosotros somos seres civilizados, con este pueblo incívico no queremos estar».

Es la prueba de que los independentistas son igualmente arcaicos, porque buscan el conflicto como coartada para alcanzar unos fines sectarios. En el fondo se comportan con la misma barbarie y la misma tradición política dogmática -pero con formas más refinadas- que Roca Barea. El problema es que no hemos tenido la fuerza para crear una Historia de España que esté a la altura de la Constitución española. Nada más. Y esto es una catástrofe desde el punto de vista de la inteligencia.

Pero, también admite que hay una parte de verdad. ¿Dónde empieza y acaba la Leyenda Negra?

Por supuesto que hubo Leyenda Negra. Fue una lucha ideológica y propagandística iniciada por los intelectuales que en el s.XVII combatían contra España: calvinistas y anglicanos que distorsionaron la imagen del pueblo español en una época de lucha política imperial. Esto tuvo como momento álgido el inicio del reinado de Felipe II, pero antes de Carlos V no se puede hablar de Leyenda Negra.

Naturalmente nadie cree que sea verdadera. El problema es pensar que refutándola conocemos la verdad de la Historia de España. Son dos cosas distintas. Pero donde la Leyenda Negra dice «no» decir «sí» es igualmente mentira. Por lo tanto, la Leyenda Negra tiene que ser reconocida como el índice de un problema. Y es que España no logró ofrecer un relato histórico alternativo al de los demás pueblos por una voluntad de los propios reyes y de las élites.

Aunque preocupa la imagen que tenga Europa de nosotros, indigna mucho más que se nos afee el colonialismo, como demostró la reacción ante la petición de perdón del presidente de México.

Esto es la hipersensibilidad del suceptible. Hay que leer los textos de Gandhi sobre la colonización inglesa de la India. Su justicia es de tal índole que ningún historiador inglés ha podido negarlo. Incorporan de una manera natural las barbaridades que hicieron sus antepasados y nadie se rasga las vestiduras.

Todos los pueblos colonizados han hablado mal de sus pueblos imperiales. Y todos ellos han tenido élites subalternas que han hablado bien de los imperios. En estos momentos, las repúblicas latinoamericanas reconocen claramente la herencia civilizatoria hispana y no tienen un prejuicio general contra España. Pero tampoco pueden olvidar que el régimen racial sobre el que se constituyen lo impusieron los españoles.

¿No fue también una forma de negar un racismo que sigue implantado en la sociedad española hacia los migrantes latinoamericanos?

Justo. No nos pedían que reflexionásemos sobre lo que hicimos hace 500 años, sino sobre el hecho de que el régimen racial que implantamos sigue teniendo efectos en la actualidad para su pueblo. Si miras bien el discurso del presidente de México, lo que dice es que tanto España como México deberían pedir perdón a los indígenas.

Ellos lo mantienen y lo han mantenido dos siglos hasta ahora. Dijeron que hoy, aquí y ahora había que posicionarse contra un régimen racial injusto y que se implantó con la Conquista. Pero no piden que los españoles les demos una indemnización. La posición ante la Historia es una posición moral ante el presente. Siempre. Y cuando dices que el imperio español lo hizo todo bien, lo que estás diciendo es que volverías a hacerlo.

 
FUENTE: https://www.eldiario.es/cultura/historia/Imperiofobia-Abderraman-III-barbaridad_0_912009548.html

2 Comentarios

  1. […] En verdad, empero, la polémica entre ambos se había iniciado antes, a raíz de un artículo de Roca Barea sobre Lutero (Martín Lutero: mitos y realidades) publicado el 23 de julio de 2017, el cual fue respondido dos días más tarde por Villacañas en 500 años de Lutero y fue a su vez replicado por Roca Barea en Más sobre los 500 años de Lutero. Ahora bien, lo importante en esta polémica no era solo el juicio histórico sobre la figura de Lutero sino de qué manera abordar la misma historia, algo que Villacañas retoma al final de Imperiofilia con su alegato en favor de una historia escéptica. Su pretensión, por eso, pienso que no se agota en el hecho de proporcionar un contrarrelato contrario al confeccionado por Roca Barea, algo que ya ha realizado y sigue realizando en su abundante obra, sino que sobre todo sirve en este caso para denunciar y cuestionar la sesgada versión de la Leyenda Negra que se explica en Imperiofobia y así intentar que la historia vuelva a ser un espacio plural de discusión y debate, algo en lo que ha insistido en una de sus entrevistas: […]

  2. […] En verdad, empero, la polémica entre ambos se había iniciado antes, a raíz de un artículo de Roca Barea sobre Lutero (Martín Lutero: mitos y realidades) publicado el 23 de julio de 2017, el cual fue respondido dos días más tarde por Villacañas en 500 años de Lutero y fue a su vez replicado por Roca Barea en Más sobre los 500 años de Lutero. Ahora bien, lo importante en esta polémica no era solo el juicio histórico sobre la figura de Lutero sino de qué manera abordar la misma historia, algo que Villacañas retoma al final de Imperiofilia con su alegato en favor de una historia escéptica. Su pretensión, por eso, pienso que no se agota en el hecho de proporcionar un contrarrelato contrario al confeccionado por Roca Barea, algo que ya ha realizado y sigue realizando en su abundante obra, sino que sobre todo sirve en este caso para denunciar y cuestionar la sesgada versión de la Leyenda Negra que se explica en Imperiofobiay así intentar que la historia vuelva a ser un espacio plural de discusión y debate, algo en lo que ha insistido en una de sus entrevistas: […]

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