El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza
Conversación sobre la historia
Shlomo Ben-Ami
Exministro de Exteriores de Israel
El ser humano es la única especie consciente de su historia y capaz de razonar sobre aquello que recuerda. La historia está presente en la mente de los dirigentes cuando se disponen a tomar decisiones sobre la guerra y la paz, o incluso sobre los asuntos públicos más prosaicos. Ante la pregunta de cómo había sobrevivido Irán a las incesantes arremetidas de Israel durante la guerra de los Doce Días librada el verano pasado, el analista político iraní Fayaz Zahed respondió: “No fue gracias a la ideología delirante del régimen, sino a la historia antigua de Irán y a la experiencia de haber sobrevivido a las invasiones de Alejandro Magno, los mongoles y los árabes”. La rica historia y el legado imperial de Irán han moldeado su autopercepción como nación destinada a la grandeza y han influido en sus políticas en Oriente Medio y más allá de la región. Siendo como es un país no árabe en una región árabe y siendo también el único Estado del universo musulmán con el chiismo como religión oficial, la relación de Irán con el exterior debe entenderse en el marco de lo que autopercibe como excepcionalismo. El trauma nunca olvidado del derrocamiento en 1953 de Mohammad Mosaddeq, primer ministro y dirigente democrático de Irán, por parte de los servicios británicos y estadounidenses tras atreverse a nacionalizar el sector petrolero del país, sentó las bases para un generalizado sentimiento antioccidental que creció a lo largo de la década de 1970 y que acabó por conducir a la revolución islámica de 1979.
De las revoluciones francesa y soviética, Irán aprendió que exportar la revolución es otra forma de asegurar su supervivencia. Mientras que el panarabismo suní fue una ficción que acabó destrozada a causa de su delirio obsesivo acerca de la destrucción de Israel, se suponía que el islam chií de Irán iba a ser su sustituto en tanto que reencarnación de la lucha de Frantz Fanon por la redención de los condenados de la tierra. Sin embargo, lo encontrado por los pilotos de combate israelíes y estadounidenses bajo los cielos de Teherán ha sido un régimen tiránico e impopular que se ha gastado miles de millones en proyectar la Revolución islámica en la región por medio de grupos armados intermediarios, al tiempo que era responsable de un desastre económico en el propio país.
El choque de Irán con Israel es una pugna con un competidor de rango similar por la supremacía regional y con un enconado enemigo teológico. Se trata de un conflicto entre dos potencias existencialmente vulnerables. Una, Irán, representa el legado de un imperio auténtico y perdido. El antiguo imperio de Israel, en cambio, es un edificio de memoria y certificados milenarios de grandeza espiritual puestos hoy en entredicho tanto en el país como en el extranjero. Se trata de una típica trampa de Tucídides en la que la estrategia de juego de suma cero de Israel responde a sus temores holocausticos. La idea iraní de la destrucción de Israel proviene de la creencia escatológica chií en el regreso del último mesías islámico, el imán Mahdi, en medio de un Armagedón que provocará la destrucción de su archienemigo. Al igual que Xi Jinping, el dirigente supremo Jamenei estaba obsesionado por el recuerdo de la caída de la Unión Soviética. Las lecciones que ambos extrajeron son similares: hay que aferrarse a los fundamentos del régimen. Ahora bien, mientras que China es una potencia mundial, Irán es una potencia mermada. La insistencia en la ilusión de destruir a Israel podría llevarla al fracaso, como ocurrió con el panarabismo.

De modo que la historia no es un proceso lineal que conduce a la redención eterna; las estructuras del comportamiento humano se repiten a lo largo de los siglos. Vemos, así, que las revoluciones (con un comportamiento todas ellas de religiones sustitutivas) han tenido siempre fecha de caducidad. La utopía que las impulsa siempre se ha estrellado contra las puertas del gulag y el reinado del terror. Que se lo pregunten a los franceses, los soviéticos, los chinos y los iraníes. También pensábamos que había terminado la lucha por África , la pelea decimonónica por el reparto de los recursos del continente, pero no es así. Nuestra época digital requiere un tipo de minerales raros que ha hecho revivir en Estados Unidos el imperialismo de los recursos naturales, ya sea en Ucrania, Venezuela o Groenlandia.
Y tampoco la globalización es un invento de nuestra época. La globalización encabezada por los británicos, que dominó el mundo en el siglo XIX, llegó a su fin en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial. Y el sistema liberal encabezado por Estados Unidos surgido tras la Segunda Guerra Mundial no ha sido eterno. Donald Trump es su enterrador, no su asesino. La crisis financiera del 2008 tuvo ciertas resonancias con la crisis de 1929. En ambos casos, los defectos éticos del capitalismo dieron lugar a oleadas de populismo, hipernacionalismo y autocracia, así como a movimientos de desglobalización.
El euroescepticismo es anterior a Donald Trump. El Brexit se produjo en el 2016, y el regalo de Angela Merkel a la derecha radical en forma de acogida de un millón de refugiados musulmanes fue su forma de redefinir la identidad de Alemania con el fin de convertirla en un país acogedor que había superado los fantasmas del hitlerismo y el Holocausto. Quizás resulte paradójico, pero un millón de sirios debieron su salvación al exterminio de seis millones de judíos.

¿Quién habría imaginado en 1945 que, ochenta años después, los sucesores de Mussolini estarían en el poder en Italia y que los del nacionalsocialismo, la AfD, sería una alternativa legítima al gobierno de los partidos mayoritarios alemanes? Tampoco podía prever nadie que las dos potencias derrotadas en 1945, Alemania y Japón, abandonarían en el 2026 sus credenciales pacifistas para convertirse en grandes potencias militares, en la esperanza del mundo libre en la interminable lucha contra las fuerzas de la tiranía, es decir, Rusia en Europa y China en Asia Oriental.
Ha llegado también el momento de que Europa rinda cuentas por su desafío a la Historia. Europa se equivocó al pensar que 1945 marcaba el fin de la Historia y entró con ello en un marco mental post-histórico. Externalizó la defensa a su salvador estadounidense, invirtió en un generoso Estado del bienestar y adoptó el derecho internacional como eje de la política exterior. Sin embargo, el regreso de la Historia en forma de las guerras de Putin, el auge de China, el aislacionismo selectivo de Estados Unidos, el colapso del multilateralismo y el auge de un proteccionismo como el anterior a la Primera Guerra Mundial han obligado a Europa a rearmarse y prepararse para la guerra.
Europa vive hoy una conversión damascena al gaullismo y ha abrazado el escepticismo en relación con la alianza estadounidense y la autonomía estratégica en tanto que requisito estructural en un mundo dominado por la pugna entre grandes potencias bajo la sombra de la amenaza nuclear. Lo que De Gaulle, detractor de la unificación de Alemania, no habría concebido ni en sus peores pesadillas es que Alemania, con su billón de euros en defensa e infraestructuras, fuera el motor de semejante conversión. Tampoco habría imaginado que un ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, país que luchó durante siglos contra la agresión alemana, dijera como dijo Radosław Sikorski lo siguiente: “Es probable que sea el primer ministro de Asuntos Exteriores polaco de la historia en decir esto: temo menos el poder alemán de lo que temo la inacción alemana. Se han convertido ustedes en el país indispensable de Europa”.

Ahora bien, la tragedia siempre puede estar acechando en la sombra. Una Alemania dominante podría resultar especialmente peligrosa en caso de una llegada al poder del extremista AfD, que hoy encabeza las encuestas nacionales. Dicho partido defiende una ideología de extrema derecha, antiliberal y euroescéptica. Es favorable a Rusia, se opone al respaldo de Ucrania y quiere revertir la integración económica y militar en la Unión Europea y la OTAN de la Alemania posterior a 1945, al menos en su forma actual. Ése era el temor de Margaret Thatcher cuando se opuso a la unificación alemana: una hegemonía nacionalista y militarista alemana en Europa.
Por otra parte, tampoco supone el impulso del gobierno de Trump por desmantelar el sistema establecido tras 1945 a imagen estadounidense novedad alguna en la historia del país. En 1919, la retirada por parte del gobierno de Woodrow Wilson de la Sociedad de Naciones y de cualquier promesa de garantizar la seguridad de Europa no fue menos relevante que el comportamiento de Trump. Tuvo como resultado el ascenso de Hitler y el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Abandonada a sus propios medios, Europa siempre ha caído en la guerra y el conflicto. Ahí radica el riesgo de la Estrategia de Seguridad Nacional de Donald Trump hecha pública en diciembre de 2025 en la que dejó clara la retirada de Estados Unidos de su papel de garante de la seguridad internacional y declaró una guerra civilizatoria contra Europa. Trump también ha renunciado a defender la inviolabilidad de las fronteras internacionales, un pilar central del orden mundial desde la paz de Westfalia de 1648.
Todo esto plantea la cuestión de si, en el actual interregno entre un orden mundial y el siguiente, podría relajarse la axiomática resistencia a la secesión. Lo cierto es que algunos de los cambios fronterizos no carecen de sentido geopolítico. Tomemos el caso de la secesión en 1991 de Somalilandia de Somalia, un Estado fallido que lleva décadas siendo una fuente de inestabilidad crónica en el Cuerno de África. Somalilandia, país considerado por Freedom House como más democrático que Somalia, puede hacer más difícil que los hutíes hostiguen a su antojo el tráfico del mar Rojo y proporcionar además un punto estratégico para vigilar a China, que tiene una base en el vecino Yibuti.

Resulta erróneo afirmar que China aspira a la hegemonía mundial. Como ha ocurrido a lo largo de su historia, China se centra en su esfera de influencia inmediata y se preocupa por la estabilidad del régimen, pues teme una repetición del auge y el colapso de la Unión Soviética. Mientras que Estados Unidos es una isla que goza de una envidiable geografía protegida por dos océanos, China es un gigante inseguro que tiene fronteras con 14 países y está rodeado de alianzas militares estadounidenses. Los principales objetivos de China, incluidas las reivindicaciones territoriales concretas, coinciden con los que tuvo durante el Reino Medio de la época imperial y luego con los de mediados del siglo XX, cuando el país era débil y pobre.
En cuanto a Putin, el presidente ruso ha descrito sus ambiciones en Ucrania como una repetición de la “recuperación” por parte de Pedro el Grande de los Estados bálticos durante la Gran Guerra del Norte. Putin ha impulsado su estrategia revisionista frente a Occidente por medio de una de las batallas de tergiversación histórica más intensas de cualquier conflicto conocido. En un extenso artículo publicado en julio de 2020 en la revista The National Interest , “The Real Lessons of the 75th Anniversary of World War II” (“Las verdaderas lecciones del LXXV aniversario de la Segunda Guerra Mundial”), Putin recurrió al legado de la Segunda Guerra Mundial como llamamiento a que Rusia ocupara el lugar que le correspondía en un orden de seguridad mundial revisado. Un año más tarde, sentó las bases de su invasión de Ucrania en otro artículo, “On the Historical Unity of Russians and Ukrainians” (“De la unidad histórica de rusos y ucranianos”).
El estar inspirado o manipulado por el pasado no excluye la búsqueda de soluciones. Sin embargo, la tarea del estadista no es perseguir la justicia abstracta ni la perfección ideológica, sino proporcionar años de estabilidad y equilibrio entre potencias en conflicto, como hicieron en 1815 los estadistas del Congreso de Viena que, manteniendo a raya las fuerzas disruptivas de la época, establecieron una paz europea que duró casi un siglo hasta la primera guerra mundial.
Fuente: La Vanguardia 4 de marzo de 2026
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Irán y la izquierda
[…] Debemos, sugiero, empezar por responder a los imperialistas liberales que nos preguntan: “¿Pero qué pasa con las mujeres? ¿Y la libertad?”. A ellos les digo esto: las mujeres de Irán no necesitan que Washington o Tel Aviv les lancen bombas los F-35. El camino hacia el lema “Mujer, Vida, Libertad” no pasa por las ruinas humeantes de Teherán. Pasa por la derrota de los mismos poderes que llevan 70 años asegurándose de que Irán nunca conozca la paz ni la democracia. El pueblo de Irán debe liberarse primero de las garras de la horrible elección entre el régimen actual y un destino peor que el de Irak, Libia y Siria juntos.
Nuestra tarea, como gente de izquierda en Occidente, consiste en presionar a nuestros gobiernos para que detengan los bombardeos. Para poner fin a las sanciones que matan de hambre a los pobres y enriquecen a los contrabandistas del régimen. Para desmantelar la maquinaria propagandística que nos dice que la guerra es paz y la ocupación es libertad. Entonces, y sólo entonces, el pueblo iraní, ejerciendo su inmenso poder propio, podrá recuperar su futuro tanto de manos de los teócratas como de sus propiciadores imperiales.
Fuente: Sin Permiso 15 de marzo de 2026
Shlomo Ben Ami en Barcelona, el 20 de octubre de 2025.
Shlomo Ben Ami, historiador y exministro de Exteriores de Israel: “EEUU ha sido derrotado estratégicamente en Irán”
Entrevista 24 de abril de 2026
Shlomo Ben-Ami
Diario.es
Escribió recientemente un análisis sobre la guerra de EEUU e Israel contra Irán en el que traza un paralelismo con la invasión estadounidense de Vietnam. ¿Realmente cree que nos encontramos en un momento histórico similar?
Son dos escenarios distintos, pero estructuralmente son guerras parecidas porque son asimétricas, con un poder claramente superior en todos los parámetros (armamento, personal, capacidades de movimiento de fuerzas a través de todo el planeta). Realmente, desde la guerra de Corea hasta hoy, lo que tenemos no son guerras entre Estados potentes, sino más bien entre un Estado potente y otro mucho más débil u organizaciones terroristas como Al Qaeda, el Estado Islámico o las FARC.
Estamos en la era de las guerras asimétricas y, en estas guerras asimétricas, la primera lección que tienes que sacar es que nunca se ganan. Es simple. Puedes, desde luego, conseguir victorias tácticas, dar golpes insoportables, decapitar a toda la cúpula, destrozar las capacidades militares, incluso las infraestructuras civiles. Pero eso no te trae la victoria.
Usted titula su análisis “Victoria estratégica de Irán”. Otros analistas hablan ya de derrota estratégica de EEUU. ¿Estamos realmente ante una derrota de EEUU?
Sin duda alguna, EEUU ha sido derrotado estratégicamente. ¿Por qué? ¿Qué lección sacan los aliados de Estados Unidos en el golfo Pérsico? Pues que Estados Unidos ya no es el guardián de su seguridad. Más bien al contrario: las bases americanas en el golfo Pérsico han sido la razón de los ataques, han expuesto a estas sociedades a los ataques de Irán más que defenderlas.
La disuasión de la que goza una fuerza militar superior como la estadounidense existe cuando no la utilizas. En el momento en que la utilizas, expones sus limitaciones. EEUU, con todos esos portaaviones gigantes y esas capacidades extraordinarias, no ha podido derrotar a Irán, que no tiene fuerza aérea y que lo único que tiene es la capacidad de resistencia y de asumir bajas. Y así, EEUU ha perdido poder de disuasión.
También ha sufrido un daño reputacional. EEUU ya no es visto como una fuerza para el bien de sus aliados. El cisma en la OTAN se ha profundizado aún más. La OTAN ya estaba en un estado de crisis y ahora muchísimo más, porque los aliados europeos se han dividido o se está divorciando de EEUU y de sus constantes violaciones del derecho internacional.
Netanyahu es un agente del caos. Israel no tiene realmente capacidad de reordenar Oriente Medio. Pretender cambiar el régimen en Irán, reordenar el sistema regional y convertirse en el poder hegemónico en la región es una fantasía.
Benjamín Netanyahu quería reconfigurar el orden de Oriente Medio con esta guerra, tumbar la República Islámica e imponer un cambio de régimen, algo que parece imposible. ¿Qué consecuencias va a tener esta derrota estratégica para la región?
Netanyahu es un agente del caos. Israel no tiene realmente capacidad de reordenar Oriente Medio. Pretender cambiar el régimen en Irán, reordenar el sistema regional y convertirse en el poder hegemónico en la región es una fantasía. Lo único a lo que Israel tiene que aspirar es a integrarse en la región y a ser un aliado a la par con sus vecinos.
Estos vecinos no quieren que Israel sea un poder hegemónico, lo quieren como un miembro dentro de un sistema regional de paz y seguridad y, por lo tanto, la imagen de un Israel que es capaz de controlar los cielos de todo el Medio Oriente es algo que el mundo árabe no puede digerir fácilmente. Israel debe ser capaz de equilibrar su poder militar de tal manera que sea un agente de reconciliación regional más que un agente de dominio, porque el mundo árabe no lo va a aceptar.
¿Cree que se puede construir una arquitectura de seguridad en Oriente Medio en contra de la República Islámica de Irán?
Los Acuerdos de Abraham estaban basados en esa idea, en una alianza entre Israel y ciertos países árabes con la mirada puesta en la amenaza iraní. Pero realmente no ha funcionado de esa manera, entre otras cosas, porque los países del Golfo han pensado que lo que más les conviene es absorber los ataques iraníes. No han atacado, no han participado realmente en la guerra. Y eso significa que nunca creyeron en la victoria de EEUU e Israel. Temían que el resultado de la guerra iba a ser un Irán más envalentonado y con un espíritu de venganza.
La fragilidad de los países del Golfo es uno de los resultados de mayor alcance, en mi opinión, de esta guerra. Han perdido la confianza en EEUU y, al mismo tiempo, el modelo que han desarrollado en los últimos años: un paraíso empresarial ideal para inversiones. Habían prometido a EEUU billones de dólares en inversiones y andan por toda Europa comprando equipos de fútbol. Todo esto ahora se va a revisar porque tampoco tienen ya los fondos necesarios si quieren diversificar su economía. Así que esto es un terremoto de gran alcance. Israel debe ser capaz de equilibrar su poder militar de tal manera que sea un agente de reconciliación regional más que un agente de dominio
Usted es historiador. Me gustaría preguntarle sobre otro paralelismo histórico. La invasión de la URSS de Afganistán se consideró en su momento una especie de “Vietnam soviético”. Fue otra derrota estratégica y el preámbulo del hundimiento del imperio soviético. ¿Qué consecuencias puede tener esta derrota estratégica de EEUU frente a Irán para la hegemonía estadounidense en la región y en buena parte del planeta?
EEUU es realmente un poder único en la historia. No soy de los que le gusta insistir en la decadencia de EEUU, pero ha perdido todas las guerras desde la de Corea hasta hoy. Al mismo tiempo, ha demostrado una capacidad extraordinaria de absorber este tipo de shocks. Imagínese usted a Rusia perdiendo tantas guerras. Regímenes autoritarios del tipo de [Vladímir] Putin en Rusia o incluso de Xi Jinping en China suelen caer después de este tipo de derrotas o suelen tambalearse.
Mire usted el cuidado que tiene China con la cuestión de Taiwán. Llevamos ya 20 años o 30 años hablando de la inminente invasión de Taiwán. Los chinos tienen muchísimo cuidado por dos razones: una es que China no ha sido tradicionalmente proclive al uso de la fuerza militar, algo que está bien, porque de otra forma hoy estaríamos en la Tercera Guerra Mundial. La segunda razón es que ellos saben que una guerra mal gestionada puede tener consecuencias fatales para la política doméstica.
Este no es el caso de EEUU, hay que reconocerlo. EEUU ha perdido todas las guerras y su sistema ha absorbido esas derrotas. EEUU es como una isla rodeada de dos océanos. Se sienten muy seguros de sí mismos, lo cual alimenta frecuentemente un espíritu aislacionista. China es un imperio continental, inseguro y vulnerable. Tiene fronteras con 14 países. Los imperios continentales, a través de la historia, han sido siempre tiranías. Han sido siempre paranoicos por el temor a una invasión o la rebelión de sus minorías nacionales oprimidas.
Así que EEUU tiene una ventaja en ese sentido. Confío en que sepa superar estos reveses y en que tarde un tiempo en repetir este tipo de comportamientos, al igual que ocurrió tras la guerra de Vietnam. Con Vietnam siempre en la memoria, tardaron largos años en repetir ese tipo de guerras.
Israel también tiene que hacer un esfuerzo por resolver el problema palestino. Ahí es donde está el meollo del problema existencial de Israel, no en Irán
Usted ha advertido de que la actual situación, tanto interna como regional, supone una amenaza para el mismo futuro de Israel como proyecto político. ¿En qué posición queda su país y el Gobierno de Netanyahu tras la derrota estratégica ante Irán?
Esta era una guerra totalmente innecesaria. Israel queda mal primero en EEUU, donde cunde la idea de que ha arrastrado a EEUU a una guerra que va en contra de sus intereses nacionales. No sé si es una realidad, pero incluso si fuera sólo una leyenda, es una leyenda que ha calado en la sociedad norteamericana. Que Israel pierda a EEUU como aliado sería una catástrofe, una catástrofe de dimensiones históricas. Esta guerra ha debilitado a Israel dentro del sistema estadounidense.
Israel tiene unas capacidades extraordinarias que vienen de su tecnología, de su capacidad de innovación, del capital humano, pero al mismo tiempo se ha demostrado que todo eso no gana una guerra. Esta guerra ha expuesto los límites de lo que se puede conseguir a través de la fuerza. Es tiempo para que Israel debata cuáles son sus objetivos, de intentar buscar otras vías, de compaginar esa capacidad militar con la diplomacia. La diplomacia ha desaparecido por completo con Netanyahu en el poder.
Israel también tiene que hacer un esfuerzo por resolver el problema palestino. Ahí es donde está el meollo del problema existencial de Israel, no en Irán. El problema existencial de Israel reside en la cuestión palestina y ahí estamos perdiendo a la opinión pública mundial. Además, estamos poniendo en peligro la democracia israelí, porque lo que está ocurriendo en los territorios ocupados es una campaña de limpieza étnica puesta en marcha por parte de ciertos elementos dentro de las colonias israelíes y avalada por ciertos ministros en el Gobierno.
La cuestión palestina siempre fue el punto de partida de la guerra. ¿Cómo hemos llegado a esta guerra actual? Primero llegó el 7 de octubre de 2023, cuando Hamás ataca y masacra a civiles. Israel responde. ¿Qué ocurre un día después, el 8 de octubre? [El grupo chií libanés] Hizbulá, un proxy iraní, ataca Israel. Hizbulá dice que sólo parará si Israel frena la guerra en Gaza. Todo el anillo de fuego que Irán ha creado en torno al Estado de Israel se activa el 8 de octubre a raíz de la cuestión palestina. E Israel consigue derrotar ese anillo de fuego.
Ahí se abre una cuenta que Israel quiere cerrar y lo hace en junio del año pasado, con la llamada guerra de los 12 días [contra Irán]. Y así llegamos a la guerra actual, que es una continuación de la guerra del pasado junio. Hay que recordar que el pecado original está en la ocupación. Si no resolvemos ese problema va a ser muy difícil, incluso para los países árabes que quieren reconciliarse con Israel, crear ese sistema de seguridad y paz que anhelamos en la región.
Fuente: El Diario.es 24 de abril de 2026
Portada: Arab Center Washington D.C. / Shutterstock/Visuals6x (https://arabcenterdc.org/)
Ilustraciones: Conversación sobre la historia
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