Mariano López de Miguel (*)

Universidad de Cantabria

 

General Petraeus, usted debería saber que yo, Qasem Soleimani, controlo la política de Irán para Irak, Líbano, Gaza y Afganistán. El embajador en Bagdad es miembro de la división Quds. El que lo va a reemplazar es miembro de la división Quds [1]

 

Escribió Eric Hobsbawm que el siglo XX fue el más corto de la historia reciente: empezó en 1917, en los albores de la Revolución Rusa, y  finalizó con otro alzamiento para destronar a un déspota como era el Sha de Irán, Mohamed Reza Pahlevi durante la Revolución Islámica de Irán, que triunfó el 2 de febrero de 1979. Más de cuatro décadas después de la victoria del ayatollah Jomeini, la historia y los hechos acontecidos posteriormente, sólo una cosa permanece clara en el horizonte: la desconfianza mutua -cuando no, abierta hostilidad- entre Teherán y Washington. El enfrentamiento ha vivido uno de sus momentos críticos el pasado 3 de enero, tras el asesinato en Irak del General de la Fuerza Quds Iraní, Qasem Soleimani (Kerman, Irán, 1957 – Bagdad, Irak, 2020).

Imagen tomada en los momentos inmediatamente posteriores al atentado que causó la muerte de Soleimani (foto: AFP)

El considerado segundo hombre más poderoso de Irán tras el ayatollah Ali Jamenei, perecía junto a un líder chií iraquí de las conocidas como “Fuerzas Populares de Movilización” (milicias chiítas a sueldo de Teherán) en su tránsito desde el aeropuerto de Bagdad a la conocida como “Zona Verde” de embajadas, tras ser atacado su vehículo por misiles disparados desde un vehículo aéreo no tripulado (más comúnmente conocidos como drones). La respuesta iraní clamando venganza no se hizo esperar. Escasos días después, una batería de misiles despegó de Teherán con un objetivo fijado: varias bases norteamericanas en Irak. Si bien Estados Unidos se replegó de Irak tras pactar la salida de sus tropas en diciembre de 2011, la aparición del mal llamado Estado Islámico y su amenaza a la integridad territorial de Irak, causaron que el primer ministro iraquí Haydar Al Abadi, pidiese el retorno de fuerzas norteamericanas para asesorar y ayudar al fagocitado ejército iraquí en octubre de 2014. El sucesor de Abadi, Adil Abdul-Mahdi quien dimitió tras las protestas de la juventud iraquí contra las redes corruptas y nepotismo del gobierno, admitió que desconocía como pedir a Washington que abandonase nuevamente el país. Numerosos analistas, afirmaron que Irak, aparte de ser la víctima de una invasión ilegal en marzo de 2003; ha pasado a ser la pieza central de la “Guerra Subsidiaria” entre Irán y EEUU. ¿Desde cuándo suenan estos tambores de guerra?

La caída del Sha Pahlevi en la antigua Persia, tanto por inesperada como por dura -Washington se quedaba sin su mejor y más estable aliado en una región por lo general sumamente volátil-, dio lugar al establecimiento de un Gobierno Provisional Revolucionario integrado por toda la oposición al monarca caído (religiosos chiítas, comunistas del TUDEH, socialdemócratas, maoístas, liberales y mercaderes del bazar entre  otros muchos) y dirigido posteriormente por un economista anteriormente exiliado en Francia por su oposición al Sha (Abolhasán Banisadr). Desgraciadamente el líder y máxima autoridad de la Revolución, el casi octogenario ayatollah Ruhollah Jomeini, no buscaba entregar o delegar poderes a lo que el denominaba “los corruptos” -que no eran otros más que aquellos opositores que no deseaban el establecimiento de una República Islámica de trasfondo teocrático-.

Jomeini, a través de dos referéndum y un proceso constituyente, logró crear tanto un estado revolucionario, como una nación islámica regida por la shari’a o ley coránica. El ayatollah logró implementar la ley conocida como “Gobierno de los Juristas Islámicos” o Velayat-e-Faqih[2], en el persa original, crear una magistratura dependiente de sus designios y en las que solo podrían ejercer clérigos influyentes ligado al entorno del líder supremo, así como islamizar las fuerzas armadas -principalmente a través de su nueva «fuerza de choque” como era la Guardia Islámica Revolucionaria, junto a milicias paramilitares conocidas como Basiji o Komiteh-.

Victoria de la Revolución Islámica iraní, febrero de 1979
Los inicios

Fue en esa misma época, previa al inicio de una sangrienta guerra de diez años contra el vecino Irak, que conllevaba un millón de víctimas mortales, donde se moldearía la figura carácter del hoy difunto Qasem Soleimani. El conocido por los servicios de inteligencia de EEUU como “El General en la Sombra”, nació en 1957 en la región de Kermán en el centro del país. Territorio caracterizado por ser una zona de riesgo sísmico y muy empobrecida por las diversas sequías que azotaron Irán desde 1938 a 1965, fue una de las zonas “castigadas” por el Sha tras el golpe palaciego de 1953 contra el primer ministro Mohammed Mosaddeq, debido a que la población se posicionó a favor del jefe del ejecutivo al nacionalizar los hidrocarburos del país. Soleimani creció en el seno de una familia campesina y muy empobrecida por las deudas contraídas por su padre frente a terratenientes protegidos por la burguesía de Teherán y los prohombres de Reza Pahlevi. A los 11 años, hubo de emigrar desde su pueblo de  Qanat-e Malek a la capital de la región para trabajar y ayudar a su familia, primero como obrero de la construcción y posteriormente como funcionario de los servicios de agua e irrigación de la ciudad de Kerman[3].

Sería por esos años cuando atendiendo a los sermones del Hojjatoleslam Hassan Kamyab, escuchó los discursos antigubernamentales de Jomeini, que eran llevados en casetes de contrabando par ser reproducidos en las radios de las mezquitas. Tras el triunfo revolucionario, Solemani pasó a ser uno de los miles de jóvenes (solo tenía 22 años) que pasaron a conformar la nueva Guardia Revolucionaria. Su primera prueba de fuego, fue aplastar la rebelión kurda en la provincia del Azerbaijan Oriental (región autónoma dentro de Irán, no debe confundirse con el país independiente que formó parte de la Unión Soviética hasta 1991). Inmediatamente después, Soleimani pasó a ser llamado a filas de nuevo. Saddam Hussein, nuevo líder del Irak Baazista tras un sangriento golpe en Bagdad contra el presidente Ahmed Hassan Al Bakar y habiendo liquidado a la oposición interna que clamaba un acercamiento a Siria e Irán para crear un frente común contra Israel; anulaba el acuerdo de Argel suscrito con el Sha Pahlevi -por el cual Irak, reconocía la soberanía iraní del territorio de Shat Al Arab-. El ejército iraquí invadió la región del Khuzestan (denominada desde Bagdad como “Arabistan”) iniciándose así la guerra Irán-Irak. Soleimani sería uno de los supervivientes de los peores combates urbanos vividos desde la Segunda Guerra Mundial (Batalla de las Marismas, Ataque de Al Faw, Operación Kerbala…).

Cementerio de víctimas de la guerra de 1980-1988 en Basora (foto: Getty Images)
Líder de la Fuerza Quds

El fin de la guerra y la llegada de un nuevo líder supremo -Ali Jamenei, ex presidente del país persa-, tras el fallecimiento de Jomeini, no hicieron si no aumentar la fama y prestigio del ya comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria Iraní. En un país devastado por varios años de guerra, sufriendo las sanciones de EEUU y recuperándose asimismo del escándalo Irán-Contra, un nuevo ejecutivo liderado por Akbar Hashemi Rafsanyani (1934-2018), comenzó a desarrollar una apertura política de la nación y un paulatino liberalismo económico, que permitiría el enriquecimiento de las asociaciones de mártires de guerra, conocidas como “Bonyads”. Estas organizaciones, escapaban al control económico del estado y sus principales dirigentes o gestores, eran  personajes ligados a la Guardia Revolucionaria. Así pues, en la más inmediata postguerra la organización de Soleimani, no hizo si no aumentar su fortuna, sin tener que rendir cuentas. Igualmente, el general consiguió incrementar las arcas de su guardia pretoriana a través del dinero decomisado a los traficantes de opio procedentes de Afganistán o Turquía.

Reunión de la Fuerza Quds durante la festividad de Ashura, 2015

En público, Soleimani mostraba la imagen de un luchador impoluto frente a la lacra de los estupefacientes (pandemia que afectaba al 23% de la población menor de 30 años en 1995). En privado, distribuía los ingresos de las drogas decomisadas entre los mandos de su organización. Por aquella época la imagen aperturista de Rafsanyani se nubló a raíz de tres ataques en diferentes puntos del globo, de los cuales se responsabilizo a Irán: Dos de ellos ocurridos en Argentina (el ataque a la misión diplomática israelí en 1993 y al siguiente año, el atentado mortífero con más de 80 víctimas en la Asociación Mutual Israelí Argentina -AMIA-), junto a la voladura de las torres Al Khobar en Arabia Saudí, donde perecieron 19 marines estadounidenses. Si bien en esta última acción nunca se apuntó la autoría directamente hacia Teherán, el ex “zar” contraterrorista de EEUU, Richard Clarke[4] acusó a Irán de usar una milicia chií vinculada al  gobierno (Hezbollah Al Hejaz -distinta al partido/organización militante del mismo nombre del Líbano-) de estar detrás de dichos hechos.

Anteriormente, la inteligencia gala advirtió que Soleimani había acudido en Jartum, capital de Sudán, a un cónclave islamista, auspiciado por el hombre fuerte del país, el clérigo Hassan Al Thurabi, al cual también llegaron integristas de Al Qaeda -el propio Bin Laden residía en la capital del país africano tras ser desposeído de la nacionalidad saudí por sus críticas a la corona-, bosnio (el posterior viceministro de defensa, el clérigo Hassan Çengiz), líderes del islam político turco (Necmettin Erbakan) o ex dirigentes del Frente Islámico de Salvación argelino. El objetivo sería crear una internacional islamista para hacer frente al “Gran Satán” (EEUU), así como combatir a Israel y los regímenes árabes laicos como el Egipto de Hosni Mubarak. Un nuevo presidente, reformista y ávido por mostrar un Irán amigable (Mohamed Jatami), juró su cargo en 1997 al mismo tiempo que Soleimani era designado para hacerse cargo de la unidad de élite de la Fuerza Quds (o Jerusalem). Poco es conocido acerca de esta subdivisión de la Guardia Revolucionaria, salvo que fue fundada en las postrimerías de la caída del Sha, que su lealtad al líder supremo es total y que su principal baza es la “guerra no convencional”. Este hecho se traduciría en operaciones externas, como fue el asesinato selectivo de líderes kurdos en Atenas y Berlín en la última década del siglo XX, la colaboración con actores no estatales como son el Hezbollah libanés o el Hamas y la Yihad Islámica, ambos de Palestina, junto al asesoramiento de guerrilleros islámicos en las guerras de la Antigua Yugoslavia, más concretamente en Bosnia y la región de Kosovo.

Desfile de la Guardia Revolucionaria iraní (AFP / Getty Images)

En el plano interno, la Fuerza Quds se inmiscuyó directamente en la política del país entre marzo y abril de 1999, cuando ante la permisividad de la administración Jatami frente a numerosas protestas estudiantiles en Teherán, Qom y Tabriz por la brutalidad policial, Soleimani advirtió “Señor Presidente: Corte las protestas contra nuestra sociedad islámica…o actuaremos”. Jatami se vio obligado a revertir muchas de sus medidas aperturistas al encontrarse su gabinete bajo la vigilancia de la Fuerza Quds, el servicio secreto iraní y los propios asesores del líder supremo. El nuevo siglo y milenio trajeron una soleada mañana de septiembre de 2001, el peor atentado vivido hasta la fecha por Occidente. Varios aviones impactaron el 11 de septiembre en el World Trade Center neoyorquino y el Pentágono, símbolos del capitalismo y poder militar norteamericano. La nueva administración republicana liderada por George W. Bush, sin mucha experiencia internacional, vio en la red terrorista Al Qaeda dirigida por Osama Bin Laden (anteriormente aliado de Washington durante la guerra afgano-soviética de 1979-1989) al culpable de dichos actos espeluznantes y al régimen talibán afgano que mantuvo de invitado al saudí, como cómplices del ataque.

EEUU logró el apoyo de la OTAN para invadir Afganistán, no sin antes recordar la experiencia de un ex general soviético (Ruslan Aushev), veterano de la guerra contra la insurgencia islamista “Se entra fácilmente en Afganistán, pero el problema es cómo, cuándo y de qué modo se abandonará el país”. La CIA desde sus cuarteles en Langley optó por elegir de modo subrepticio y secreto a un extraño compañero de viaje: la Fuerza Quds por su conocimiento del territorio afgano y su experiencia en guerra asimétrica. Soleimani pasó a ser un aliado temporal de su peor enemigo, siendo fuerzas especiales iraníes las que ayudaron a la heterogénea Alianza del Norte Afgana (en realidad, un amalgama de señores de la guerra) en la toma de Mazar-e-Sharif, Jalalabad, Herat y el feudo talibán en Kandahar[5]. Desgraciadamente el armisticio duró poco. En enero de 2002, Bush, envalentonado por sus asesores neoconservadores -principalmente Richard Perle y John Bolton-, se dirigió en el Discurso sobre el Estado de la Nación a los representantes de ambos cámaras legislativas para hablar de un “Eje del Mal” formado por Irak, Corea del Norte…e Irán. La pax romana con Teherán, llegaba a su fin. Menos aún ayudó la invasión ilegal de Irak en marzo de 2003 y la caída del régimen de Saddam Hussein. Irán vio como sus conciudadanos iraquíes de credo chií eran liberados de un déspota y no iban a desaprovechar la oportunidad de regir los destinos de la principal minoría del país (un 53% de la población iraquí es de credo chií).

A través de clérigos como el radical Muqtada Al Sadr, pero también tanteando a moderados como el Gran Ayatollah Ali Al Sistani, Soleimani empezó a tejer redes por todas las comunidades chiítas en busca de un sueño imaginado ya por Jomeini: Una gran media luna chií que abarcase Irán, Irak, Siria, Líbano y se expandiese igualmente por Kuwait, Arabia Saudí, Yemen y otras regiones de credo islámico (sin tener que ser necesariamente chiítas, tal es el caso de Palestina o incluso Nigeria con el movimiento insurreccional del jeque Ibrahim Zakzaky). No ayudó tampoco  a calmar los ánimos la llegada a la presidencia del país persa de un integrista como era Mahmud Ahmadineyad el cual en su primer discurso tras jurar el cargo se apresuró a decir que su objetivo era “acabar con Israel”. Frente al Eje del Mal, desde Teherán y más concretamente bajo órdenes de Soleimani se creó un Eje de Resistencia formado por dos países (Irán y Siria), junto a un actor no estatal (el Hezbollah libanés).

Protestas anti-gubernamentales en Teheran durante el «movimiento verde» (imagen Wikimedia Commons)

Algunos países de América Latina, como fue la Venezuela de Hugo Chávez, apoyaron esta organización, expulsando al embajador de Israel en Caracas tras el conflicto de 34 días entre Israel y Líbano durante Julio-agosto de 2006. En dicho conflicto, la sombra de Soleimani volvió a proyectarse. Tras asesorar a Hamas y Hezbollah, dichas milicias lograron secuestrar a tres soldados israelíes cerca de la Franja de Gaza -dos de ellos fallecerían, el superviviente, Gilad Shalit sería canjeado por 447 prisioneros; entre ellos el jefe militar de Hezbollah Samir Kuntar en octubre de 2011-. Ya en 2009, la organización de Soleimani respondió de manera brutal a la oposición interna iraní o “Movimiento Verde” que protestaron ante el amaño electoral que daba la reelección a Ahmadineyad frente al último primer ministro del país y líder reformista, Mir Hossein Mousavi.

La «Primavera Árabe» y más allá

Pero el momento álgido de la carrera de Soleimani ocurrió en febrero de 2011. Tras casi tres décadas de poder ininterrumpido, dos de los principales dictadores del mundo árabe (con la connivencia de Occidente), Zineb Ben Ali en Túnez y Hosni Mubarak en Egipto, veían caer sus regímenes como un castillo de naipes ante la presión popular de unas sociedades hartas de sus excesos. Se iniciaba lo que posteriormente se conocería como “Primavera Árabe”. Seguidamente se convocaron jornadas de protesta en Libia, Yemen, Bahrein, Marruecos, Argelia, Irak y Siria. En Libia, la brutal respuesta de Muammar el Gaddafi dio lugar a una intervención de la OTAN bajo los auspicios de la ONU. El régimen caería en Agosto de 2011 y el propio Gaddafi sería capturado y ejecutado por milicias, el 20 de octubre de dicho año. En el resto de países salvo Yemen y Siria, la respuesta gubernamental fue de desarrollar reformas constitucionales y económicas que calmasen las revueltas.

Inicios de la «Primavera Árabe» (febrero de 2011)

En Bahrein, el temor a que la mayoría chiíta del país (90%) acabase con la autocracia sunita y pudiese virar hacia Teherán, causó la invasión de una fuerza conjunta emiratí-saudí que ahogó en sangre la revuelta. Siria, con un presidente (Bashar Al Assad) considerado un «maestro del engaño” por sus virajes -liberalizador en lo económico, represor en lo político y que permitía el paso de insurgentes desde Damasco a Irak para atacar a las tropas de EEUU acantonadas en la antigua Babilonia-, comenzaría un descenso a los infiernos en forma de cruenta guerra civil que continúa a fecha actual; casi 9 años después de su inicio. Lo que empezó siendo una protesta cívica en la ciudad de Dera’a por el encarcelamiento y tortura de 15 adolescentes que pintaron grafitis contra Assad, derivó en una respuesta brutal a manos del ejército sirio y de bandas criminales de credo alauita -los “shabiha”, emparentados con los chiítas-. Para Irán, la caída de Damasco significaría la pérdida del único estado árabe aliado de los ayatollah, a pesar de que tanto Irak con un primer ministro lacayo de Teherán (Nouri Al Maliki) o Egipto (que restableció las relaciones con Teherán tras la victoria electoral del islamista Mohammed Morsi) viraron desde la ya clásica desconfianza árabe ante Irán hacia una diplomacia pragmática.

De este modo,  desde la fase inicial de protestas civiles, el ayatollah Jamenei envió a Soleimani para prestar su apoyo a Bashar Al Assad y así reprimir las protestas. Tanto la Guardia Revolucionaria como la Fuerza Quds ayudaron a la Brigada de Maher Al Assad -hermano del presidente sirio- a aplastar las revueltas en Homs, Hama e Idleb principalmente. Aunque se llegó a pensar que la oposición siria iba a ser derrocada fácilmente, el surgimiento de grupos de desertores que conformarían el autodenominado “Ejército Libre Sirio”, junto a milicias islamistas (Frente Al Nusra -rama local de Al Qaeda-, Jaysh Al Islam o Ahora Al Sham), demostró que el conflicto sirio parecía que iba a ser duradero. Si bien el apoyo diplomático a Siria ante la ONU de China y Rusia que vetaron las sanciones del Consejo de Seguridad e igualmente la ayuda iraní canalizada a través de un apoyo no estatal como eran las milicias de Hezbollah, el régimen de Damasco se hallaba en una situación precaria. Máxime cuando la mayor ciudad del país y pulmón económico estatal, Aleppo, se hallaba controlada en un 85% por la oposición a Assad. Un golpe de efecto contra el régimen fue el ataque a los servicios de seguridad del estado, situados en la Plaza Rawda, el 18 de julio de 2012. Dicho atentado se cobró la vida del asesor de seguridad (y cuñado) del presidente, Assef Shawkar, del ministro de defensa, Dawood Rajiha, el ministro del interior, Hassan Turkmani y del ex jefe del aparato de seguridad Hisham Iktiyar.

El grupo Jaysh al Islam, junto al Ejército Libre Sirio, se atribuyeron el ataque. Aunque no pocas voces dentro el régimen opinaban que fue una maniobra de Assad a través de Soleimani, para acallar los elementos “nacionalistas” como Shawkat, que protestaban ininterrumpidamente por la presencia iraní en el país. Presencia que se volvió aún más necesaria, cuando un oscuro grupo fundamentalista y apocalíptico, heredero de Al Qaeda en Irak -el autodenominado Estado Islámico de Irak y el Levante, conocido también por su acrónimo en árabe “DAESH”-, arrebató la ciudad de Raqqa a la oposición siria, proclamando  un califato. Estado Islámico, formado por antiguos  miembros del aparato de seguridad de Saddam Hussein (suníes que no pudieron reincorporarse al nuevo Irak por la campaña de desbaazificación ordenada por el virrey estadounidense L. Paul Bremmer entre junio-julio de 2003-) militantes sirios liberados por Assad en un conato de amnistía general tras las primeras revueltas en 2011 e integristas procedentes de otros países (principalmente tunecinos, saudíes y chechenos, pero también un nutrido grupo de conversos europeos), logró tomar casi sin fuerza la segunda ciudad iraquí, Mosul, de dos millones de habitantes, a fines del mes de junio de 2014[6].

Liberación de Alepo en 2016 por las fuerzas gubernamentales sirias con apoyo ruso e iraní (imagen: Abdalrhman Ismail /Reuters)

Desde la Gran Mezquita de dicha ciudad, su oscuro líder, un clérigo llamado Ibrahim Al Samarrai, rebautizado como Abu Baku Al Baghdadi proclamó un califato global, heredero del mismo sistema político abolido por Mustafa Kemal Ataturk nueve décadas atrás. El shock geopolítico fue global, máxime cuando DAESH se encontraba a menos de 50 kilómetros de Bagdad, llevando por donde pasaban el caos y destrucción (principalmente contra la minoría yazidí y los chiítas, hechos que posteriormente la ONU calificaría como actos de genocidio). La inoperancia del premier iraquí, Nouri Al Maliki, dio lugar a que la máxima autoridad del país el ayatollah Ali Al Sistani contactase directamente con Teherán en busca de ayuda. Jamenei enviaría a Soleimani con un ultimátum para el jefe del ejecutivo iraquí: debía dimitir y aceptar la presencia militar iraní para proteger plazas sagradas chiítas en Karbala y Najaf, como anteriormente había aceptado Assad en Damasco. A Soleimani le valía exhibir la fatwa o decreto islámico de Sistani que llamaba a la movilización de los chiítas iraquíes frente  DAESH para lograr la dimisión de Maliki y la llegada de Hayder Al Abadi que se apoyaría en brigadas chiítas paramilitares como eran el Grupo Badr o las Fuerzas de Movilización Popular. Soleimani logró captar también a chiítas de Pakistán, Afganistán, Yemen y Bahrein para crear una fuerza operativa de dicho credo que liberase Siria e Irak de las huestes de Baghdadi. La entrada de Rusia como socio de Damasco para apoyar a Assad frente a la insurgencia dio un vuelco a la situación desde septiembre de 2015.

Un año y dos meses después, la fuerza aérea rusa y las tropas de Soleimani, “liberaron” Aleppo. Al coste de una estrategia como la sufrida por Grozny en Chechenia: un bombardeo masivo de la ciudad, que abrió paso a las tropas de tierra, las cuales entraron sin casi oposición de una ciudadanía agotada tras 5 años de guerra y bloqueo de la ciudad. Soleimani no pudo apuntarse las victorias en Raqqa o Mosul (octubre-diciembre de 2017), pero si logró que la presencia de tropas de la Fuerza Quds en Siria por tiempo indefinido fuese un hecho. El General pasó a ser galardonado por la Federación Rusa y por el propio gobierno iraní (Recibió la máxima condecoración militar, la Orden de Zulfikar en enero de 2019) , mientras EEUU y la Unión Europea ampliaban las sanciones hacia él (se declaró a la  Fuerza Quds y la Guardia Revolucionaria como “entidades terroristas” por parte del Senado de EEUU, de mayoría republicana) o su familia: su hermano, director de la temible prisión de Evin, fue sancionado por Bruselas, debido a las torturas sufridas por detenidos en las protestas gubernamentales de fines de 2017 e inicios de 2018.

Milicianos hutíes en Saná (Yemen) en marzo de 2019. Imagen: M. Hamoud – Getty

Igualmente desde Riyadh se acusó a Soleimani de brindar apoyo en Yemen a los separatistas chiítas de Ansar Allah, también conocidos por el nombre de Movimiento Hutí, debido a su primer líder, el jeque Hussein Badreddin al-Houthi. Desde que el movimiento tomó la capital yemení, Saná en marzo de 2015, obligando al impopular presidente Mansour Hadhi a huir a Arabia Saudí, una coalición de estados árabes e islámicos de credo sunita -liderados por Mohammed Bin Salman de Arabia Saudí- desarrollan una guerra de venganza y desgaste contra Yemen que fue calificada por Naciones Unidas como la peor crisis humanitaria de este siglo. Los saudíes y emiratís (principales socios en la coalición), acusaron a Teherán y especialmente a Soleimani, junto al jefe de la diplomacia persa, Javad Zarif, de proporcionar armas y logística a los hutíes. La respuesta saudí fue el bombardeo masivo de Saná y el bloqueo de varios puertos yemenitas, para evitar la llegada de buques iraníes con víveres, bajo la  acusación de transportar armas secretamente. Numerosos analistas consideraron el conflicto en Yemen como otra ampliación del proxy asimétrico entre Riad y Teherán que en tiempos ya definió el académico Malcolm Kerr en su necesaria obra “La Guerra Fría Árabe”[7]. Dicho conflicto y el intentar mediar con Irán también se cobró otra víctima: Catar pasaba a ser considerado un estado terrorista por EEUU, bajo la advertencia de Arabia Saudí y numerosos estados árabes, rompieron sus relaciones diplomáticas con Doha, caso de Egipto, Sudán o Mauritania. Ello no impidió que la partida de tropas norteamericanas, turcas o pakistaníes, junto a asesores de diverso nivel, fuese sustituida por gente de la confianza de Soleimani.

Fin de Daesh y asesinato

Dichos movimientos de tablero costaron el puesto a dos asesores de seguridad del actual presidente de EEUU, Donald Trump (H.R. McMaster y John Bolton), junto a la dimisión a fines de 2018 de su secretario de defensa; James Mattis. La posición el presidente estadounidense y su belicosidad hacia Irán, saliendo del acuerdo nuclear firmado en 2015, asustaron a Mattis. Estudioso de la historia, el ya ex secretario de defensa admitió que las sanciones contra Irán solo envalentonarían a gente como Soleimani. Que en 2019 no pudo hacer suyo su principal objetivo: dar caza a Abubakr Al Baghdadi. Serían tropas estadounidenses, apoyadas por peshmerga kurdos, quienes localizarían al líder del cada vez más debilitado DAESH -pero no eliminado-, que optó por activar su chaleco cargado de explosivos y morir, antes que ser capturado. Los últimos meses de Soleimani se tradujeron en viajes concretos entre Damasco, para apuntalar de nuevo el régimen de Assad, frente a Beirut, Bagdad y Saná.

La antigua suiza del Levante vivía una revolución que acabó con la dimisión del primer ministro Saad Hariri y una crisis institucional no vivida desde el fin de la  Guerra Civil en 1990, mientras la otrora capital abasí descendía de nuevo al caos en actos de violencia confesional. En Saná los hutíes hacían frente al quinto año de guerra, debilitados tras la alianza a tres bandas entre Hadhi, los saudíes y los separatistas del sur del país. Con Oriente Medio de nuevo en ebullición, Soleimani fue invitado a Bagdad bajo los auspicios del dimisionario primer ministro, para entablar conversaciones de paz con altos mandos estadounidenses y saudíes. Reunión que buscaba un pacto regional para la estabilidad de Irak y Siria. Sería su último viaje. En el tránsito desde el aeropuerto de Bagdad a la denominada “Zona Verde” o recintos diplomáticos de la capital iraquí un misil lanzado desde un dron, acababa con la vida del segundo hombre más importante de Irán que iba acompañado de  Abu Mahdi al-Muhandis, líder de las Fuerzas de Movilización Popular. El ataque, autorizado por Donald Trump quien apareció a las pocas horas del magnicidio para narrar el suceso ante las televisiones mundiales, causó un terremoto político en Oriente Medio. El líder supremo definió el ataque como “cobarde” y a los EEUU como “terroristas” citando diversos oprobios al pueblo iraní, desde el golpe de 1953, al derribo de un avión de pasajeros sobre Bandar Abbas en 1988 al ser confundido con un F-14 de la fuerza aérea iraní; mientras se dirigían a la ciudad santa de La Meca. Numerosos grupos chiítas clamaron venganza y Soleimani pasó a ser considerado un “Shaheed Inshallah” (“Mártir por la voluntad de Dios”).

Qasem Soleimani como mártir entre los brazos del imán Hussein

La comitiva funeraria del general partió de Bagdad, pasando por las ciudades santas chiítas de Kerbala y Najaf, en las cuales ondeaban banderas rojas del Imam Hussein -interpretadas como símbolo de guerra-. El funeral de Soleimani en Teherán reunió a cerca de dos  millones de fieles, siendo el acto más masivo en el país tras el del Imam Jomeini treinta años atrás. Su entierro en la localidad que le vio nacer (Kerman), no estuvo exento de problemáticas: una estampida humana se cobró la vida de 80 personas. Ahora, tras la muerte del teniente general (fue ascendido póstumamente a ese rango), queda saber que pasará en Oriente Medio. Pero quizás deberíamos recordar las famosas palabras del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación, Ryszard Kapuscinski en su obra El Sha o la desmesura del poder: “El chíi es ante todo un opositor implacable”.

[1] Carta del General de la Fuerza Quds, Qasem Soleimani (1957 – 2020) al Jefe de la Fuerza Multinacional en Irak, General David H. Petraeus durante la primavera de 2007. 

[2] Jomeini, Ruhollah; Algar, Hamid (2002). Islamic Government: Governance of the Jurist. Alhoda UK.

[3] Alfoneh, Ali (January 2011). «Brigadier General Qassem Suleimani: A Biography»

[4] Clarke, Richard. Against All Enemies: Inside America’s War on Terror

[5] Coll, Steve Ghost Wars: The Secret History of the CIA, Afghanistan, and Bin Laden, from the Soviet Invasion to September 10, 2001

[6] Kilcullen, David. Blood Year: The Unraveling of Western Counterterrorism

[7] Kerr, Malcolm H. The Arab Cold War. Gamel Abd al-Nasr and his Rivals, 1958–1970 (Oxford University 1965, 3d ed. 1975)

—–

(*) Investigador predoctoral en Universidad de Cantabria. Ha publicado «Génesis del fundamentalismo islámico. Auge de los movimientos islamistas globales con los ejemplos de Egipto y Argelia de 1979 a 2001”. [2016]. (En colaboración con  Fabio Angeoletto (Universidade Federal de Mato Grosso (UFMT). «La Génesis del Fundamentalismo Islámico y el Auge de los movimientos islamistas globales«.  (2014).


 

Ilustraciones: Conversación sobre Historia

Portada: cartel con la fotografía de Qasem Soleimani en un desfile en Teherán, 2019, foto Saeediex/Shutterstock.

Enlaces relacionados

[https://nuso.org/articulo/soleimani-el-irani-que-siempre-estuvo/]

[https://www.lavanguardia.com/opinion/20200110/472813004494/tambores-de-guerra.html]

[https://vientosur.info/spip.php?article15503]

[https://www.eleconomista.es/internacional/noticias/10280565/01/20/-Quien-es-Qassem-Suleimani-El-granjero-que-llego-a-ser-mas-importante-que-el-presidente-de-Iran-.html]

[https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-48759280]

https://www.pagina12.com.ar/240684-es-una-guerra-accidental-o-deliberada

Artículo relacionado

Guerra híbrida y el ocaso de la contrainsurgencia ¿El fin de un ciclo histórico?

Estados Unidos, en manos de la enfermedad de Huntington

 

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here