El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza

Conversación sobre la historia


 

Sergio Riesco Roche
Universidad Complutense de Madrid

 

La historia del Gobierno Republicano en el Exilio (GRE) constituye uno de los capítulos menos conocidos de la contemporaneidad española. A menudo relegado a un segundo plano frente a la atención que suscitan la guerra civil, la dictadura franquista o la propia transición a la democracia, el GRE fue, sin embargo, el espacio institucional donde se mantuvo viva la legitimidad de la II República durante casi cuatro décadas. Su existencia, marcada por divisiones internas, por la dependencia de los apoyos internacionales y por la progresiva irrelevancia política, se prolongó hasta 1977, cuando sus dirigentes decidieron disolverlo en un gesto que simbolizaba la aceptación de la nueva democracia parlamentaria surgida tras la muerte de Franco. En ese largo recorrido, figuras como Diego Martínez Barrio, Claudio Sánchez Albornoz, José Maldonado o Fernando Valera han recibido atención historiográfica. Sin embargo, otros protagonistas han permanecido en la sombra. En estas líneas quiero centrarme en la figura de Antonio Alonso Baño, abogado nacido en Ayamonte en 1928, cuya trayectoria permite comprender mejor las conexiones entre la oposición interior y el exilio, así como la evolución ideológica de una generación que había vivido la guerra durante su infancia y que, en la madurez, se enfrentó a la consolidación de la dictadura y a la necesidad de mantener viva la memoria republicana en condiciones de adversidad.

La familia de Alonso Baño encarna bien lo que se ha denominado “exilio interior”. Su abuelo, Juan José Alonso Jiménez, había sido gobernador civil en varias provincias durante la transición a la II República, participando en el delicado proceso de traspaso de poderes en abril de 1931 y muy probablemente, coincidiendo con Franco en Zaragoza: uno como gobernador civil; el otro como director de la Academia Militar. Su padre, Antonio Alonso Giráldez, jurista y masón, se vinculó a Unión Republicana, el partido fundado por Martínez Barrio como alternativa moderada al lerrouxismo, y fue compromisario en la elección de Manuel Azaña como presidente de la República en 1936. Tras el golpe de Estado, sufrió cárcel y depuración, aunque logró recuperar su carrera como secretario de administración local en distintas ciudades españolas. La familia vivió constantes traslados y dificultades, pero consiguió que el joven Antonio y sus hermanos pudieran cursar estudios superiores. Él mismo relató a Martínez Barrio los sacrificios que hizo su padre a fin de que Antonio hiciera el Bachillerato en Sevilla y la carrera de Derecho en Madrid, aunque finalmente tuvo que concluir administrativamente en Oviedo debido al cierre de la Universidad madrileña tras las célebres huelgas estudiantiles de 1956, en las que debió participar de forma activa.

Diego Martínez Barrio, presidente de la República Española en el exilio (1945-1962) con el segundo gobierno de José Giral (mayo de 1946). Primera fila, de izquierda a derecha, José Giral Pereira (Izquierda Republicana); Diego Martínez Barrio; el general José Hernández Saravia; detrás, de izquierda a derecha: José Expósito Leiva (Movimiento Libertario Español), Santiago Carrillo Solares (PCE), Manuel de Irujo Ollo (PNV), Rafael Sánchez Guerra (republicano conservador), Horacio Martínez Prieto (CNT) y Manuel Torres Campaña (Unión Republicana).

Este contexto familiar explicaría en buena medida la sensibilidad política de Alonso Baño. Creció en un entorno marcado por la memoria republicana, por la represión franquista y por la pertenencia a redes masónicas que habían sido duramente perseguidas. Esa herencia le proporcionó un sentido de continuidad con la tradición republicana y una conciencia de resistencia frente a la dictadura que se reflejaría en su posterior trayectoria.

Su carrera como abogado se vinculó desde el inicio a la oposición al franquismo. En 1958 se integró en el recién creado secretariado de abogados de la UGT, ofreciendo asistencia gratuita a despedidos por huelgas y colaborando con sus dos principales gestores, José Federico de Carvajal y Josefina Arrillaga. Apenas un año después, en 1959, defendió a dos acusados en el consejo de guerra derivado de la fracasada Huelga Nacional Pacífica convocada por el PCE. Logró reducir sus condenas y ganó notoriedad como jurista antifranquista. Sobre todo accedió a un círculo de relaciones que le permitiría aunar voluntades para que el encuentro de Munich en 1962 fuera un éxito. Nombres como el de Gil Robles, Álvarez de Miranda, Cavero figuran entre ellos. Participó en campañas internacionales de denuncia sobre la situación de los presos políticos en Carabanchel y publicó artículos en El Socialista de Toulouse. Se relacionó con otros jóvenes abogados e intelectuales que buscaban abrir espacios de protesta en un régimen cada vez más consolidado.

Estos años muestran la permeabilidad entre oposición interior y exilio. Aunque Alonso Baño actuaba desde Madrid, sus escritos y denuncias circulaban en publicaciones del exilio, y sus contactos con figuras como Victoria Kent —y su revista Ibérica— o Julio Cerón le situaban en una red transnacional de resistencia. La represión era intensa aún en medio del desconcierto que para el régimen eran esas nuevas formas de protesta de la década de 1950. En ese contexto, la abogacía se convirtió en un espacio de lucha, y Alonso Baño fue uno de los jóvenes letrados que, conscientes de lo que su trabajo podía aportar, no dudaron en comprometerse.

Primera página de una lista manuscrita de los asistentes a la reunión de Múnich en 1962, en la que Antonio Alonso Baño figura en primer lugar (imagen de la exposición ‘Múnich 1962. El “contubernio” de la concordia’, organizada en 2012 por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y la Casa de América)
El salto al exilio y la incorporación al GRE

En paralelo, Alonso Baño fue estableciendo contacto con figuras del exilio como Diego Martínez Barrio y Fernando Valera. En 1957, durante un viaje a Alemania, escribió a Martínez Barrio presentándose como hijo de Alonso Giráldez y ofreciéndose a colaborar en la causa republicana. La presión policial sobre la abogacía y la represión creciente quizá lo empujaron finalmente al exilio. En junio de 1960 recibió una carta de Valera invitándole a incorporarse al Gobierno Republicano en el Exilio, destacando su perfil de jurista joven, procedente del interior y con raíces republicanas. El 1 de julio de 1960 fue nombrado ministro de Justicia y Gran Canciller de la Orden de la Lealtad en un gabinete presidido por el ahora recién rehabilitado Emilio Herrera, con Martínez Barrio como presidente de la República.

Su incorporación respondía a la necesidad de revitalizar el GRE con figuras jóvenes procedentes del interior. Gordón Ordás, jefe del gobierno dimisionario, había pedido que se incorporaran ministros con esa procedencia. Alonso Baño cumplía el perfil: jurista, republicano de tradición familiar, socialista en el interior, dispuesto a aportar aliento generacional a un GRE muy debilitado por la consolidación de la dictadura y por las divisiones internas.

La trayectoria de Alonso Baño en el GRE se divide en varias etapas. Entre 1960 y 1962 ejerció como ministro de Justicia, participando en la preparación de la reunión de Múnich. Entre 1962 y 1970 fue subsecretario de Emigración e Interior, consolidándose como figura clave en la gestión interna del GRE y manteniendo contactos con el interior. En esta etapa su ideología evolucionó desde el socialismo hacia un republicanismo moderado, influido por la personalidad de Martínez Barrio quien falleció en 1962. Entre 1971 y 1977 volvió a ocupar la cartera de Justicia, en un contexto de creciente irrelevancia del GRE, a pesar de la descomposición del régimen de Franco. Tras la muerte del dictador, su papel se centró en garantizar una disolución ordenada de las instituciones y la preservación de sus fondos documentales, los cuales fueron a parar a la Fundación Universitaria Española.

Emilio Herrera Linares (en la imagen de 1933, con su esposa Irene Aguilera Cappa), presidente del gobierno de la República Española en el exilio en 1960-1962, el primero del que formó parte Antonio Alonso Baño (foto: Virgilio Muro/Fundación Enaire)

La historia del GRE se inserta en un contexto más amplio. Desde 1939, trató de mantener viva la legitimidad de la República. En sus primeros años estuvo marcado por las conocidas divisiones entre el SERE de Negrín y la JARE de Prieto, con el trasfondo de los fondos para la subsistencia. Posteriormente, la Junta Española de Liberación y la influencia de partidos como Unión Republicana, Izquierda Republicana y Esquerra Republicana de Catalunya condicionaron su evolución. Tras la II Guerra Mundial, con la esperanza de un derrocamiento de Franco gracias al nuevo orden internacional, se recompusieron las instituciones republicanas, con Martínez Barrio como presidente. Sin embargo, el progresivo reconocimiento internacional del régimen franquista y el acercamiento a Estados Unidos fueron apagando las expectativas de una restauración republicana.

Entre 1947 y 1977 se desarrolló una tercera y última fase del GRE, con los gobiernos de Álvaro de Albornoz, Gordón Ordás, Emilio Herrera, Jiménez de Asúa, Claudio Sánchez Albornoz y finalmente José Maldonado y Fernando Valera, quienes cerraron aquel complejo entramado institucional en 1977. Durante este tiempo, el GRE trató de mantener su relevancia mediante iniciativas como el pacto luso-español para impulsar la democratización ibérica o el asalto al trasatlántico Santa María, pero su visibilidad fue decreciendo, especialmente cuando sus principales dirigentes residían en Buenos Aires.

Alonso Baño debió desempeñar un papel importante en la preparación de la reunión de Múnich de 1962. Se opuso a las voces que se oponían a la participación del GRE, para las cuales el Congreso Internacional del Movimiento europeo sería algo así como el acta de defunción de las instituciones republicanas en el exilio. Es probable que así fuera, pero Alonso Baño trató de acaparar protagonismo debido a sus contactos con la oposición interior y quizá con la vana esperanza de un mayor reconocimiento del GRE. Sin embargo, el resultado de esta reunión, tan vinculado a una no poco probable restauración en la forma de una monarquía constitucional no hizo sino relegar aún más al GRE a un espacio de resistencia simbólica. La muerte de Martínez Barrio en 1962 y la posterior presidencia de Jiménez de Asúa y Claudio Sánchez Albornoz marcaron ese período de menor visibilidad internacional. En los años setenta, con José Maldonado como presidente y Fernando Valera como jefe de gobierno, la institución vivió sus últimos momentos. La transición española, iniciada tras la muerte de Franco en 1975, supuso un desafío definitivo: el GRE careció de capacidad para influir en el proceso y sus dirigentes comprendieron que la legitimidad republicana debía ceder ante la nueva legalidad democrática. En 1977, con la celebración de las primeras elecciones democráticas, se decidió la disolución del GRE. Eso sí, se produjo después de la legalización de Acción Republicana Democrática Española (ARDE), partido representante del republicanismo moderado, el cual trató de presentarse a esos comicios: quizá el peso de la historia fuera un obstáculo para su legalización: de forma sibilina, no fue autorizado hasta el verano de 1977, después de la celebración de aquella convocatoria electoral constituyente. La disolución fue un acto doloroso, pero también consciente: se trataba de evitar que la institución quedara como un vestigio irrelevante y garantizar que sus archivos se conservaran en condiciones adecuadas.

José Maldonado, presidente de la República Española en el exilio (derecha) saluda al presidente de México, López Portillo, durante el acto en el que se anunció la cancelación de relaciones diplomáticas entre ambos gobiernos, en marzo de 1977. A la izquierda, Fernando Valera, último presidente del gobierno de la República (foto: Tiempo de Historia)
La Segunda República y el Ejército. Planteamiento inicial de la guerra civil

En la primavera de 2024, durante la presentación de un libro en Soto del Real (Madrid), una sobrina de Alonso Baño me habló de que conservaban dos copias mecanografiadas de un libro escrito por él y titulado La Segunda República y el Ejército. Planteamiento inicial de la guerra civil, que ha sido publicado por editorial Comares hace apenas unos meses. Además del libro, inédito, conservaban numerosa documentación de Alonso Baño que se encuentra en proceso de depósito en el Centro Documental de la Memoria Histórica. Entre ellos, se encuentran fragmentos manuscritos de los diarios de Diego Martínez Barrio. Esa cercanía explicaría en parte por qué Alonso Baño se embarcó en los años sesenta en una investigación monumental. Su objetivo inicial era defender la actuación de Martínez Barrio durante las horas críticas del 18 y 19 de julio de 1936, cuando intentó evitar la guerra civil mediante el célebre y frustrado gobierno de conciliación.

El manuscrito, de unas cuatrocientas páginas, analizaba con detalle el papel del ejército en cada región militar la noche del golpe y sostenía una tesis clara: la mayoría del ejército permaneció leal a la República, pero el gobierno quedó atrapado entre la sublevación militar y la presión de los sindicatos obreros, que reclamaban armas. Para Alonso Baño, abrazando la hipótesis de Martínez Barrio, esa doble fractura explica el colapso del aparato republicano y el inicio de la dictadura.

El estilo del libro es ágil y bien documentado. Alonso Baño entrevistó a protagonistas como Escofet o Riquelme; recopiló consejos de guerra y escalafones militares;  se apoyó en la bibliografía del exilio y en los primeros estudios extranjeros sobre la guerra, como los de Brenan o Hugh Thomas. Su obra era innovadora: hablaba sin tapujos de “golpe de Estado”, sugería el asesinato del general Balmes y aportaba datos inéditos sobre los primeros días de la sublevación. El libro, muy bien documentado para los medios con los que contó, debió estar terminado en torno a 1967, aunque los originales tienen numerosos pequeños cambios y añadidos que hemos tratado de integrar en la versión final publicada por Comares.

Sin embargo, el libro no llegó a ver la luz. Hubo intentos: artículos en Le Monde, colaboraciones con Cuadernos para el Diálogo, propuestas a La Vanguardia y El País —donde fue autor del editorial en varios 18 de julio durante la transición, e incluso la edición parcial de un capítulo en un libro Homenaje a Diego Martínez Barrio de 1978, libro autopublicado por los últimos integrantes del GRE y distribuido casi de forma personal y artesana por el propio Alonso Baño. Pero el manuscrito completo quedó guardado hasta tiempos recientes sin que hayamos averiguado la razón final por qué no logró publicarse. De hecho, la ausencia de José Soriano y los entornos de Ruedo Ibérico, el lugar en el que con toda lógica podría haber aparecido en toda la documentación de Alonso Baño es algo que nos llama la atención.

Conclusiones

La figura de Antonio Alonso Baño se revela como un testimonio singular de la persistencia republicana en el exilio y de la voluntad de mantener viva una memoria política que la dictadura franquista intentó borrar. Su custodia de los diarios manuscritos de Diego Martínez Barrio y el esfuerzo por sistematizar en un libro —La Segunda República y el Ejército— la interpretación de los acontecimientos del 18 de julio de 1936 muestra hasta qué punto se consideró heredero de una tradición política moderada y legitimista. El hecho de que dedicara años de trabajo a reconstruir el comportamiento de cada región militar en la noche del golpe, entrevistando protagonistas, recopilando documentación y confrontando escalafones, indica que su propósito no era únicamente historiográfico, sino también político: fijar la posición de Martínez Barrio y defender la viabilidad de aquella “última tentativa” de conciliación que, aunque fracasada, él consideraba fundamental para comprender la tragedia posterior.

La importancia de Alonso Baño descansa sobre varios planos. En primer lugar, en su papel como puente entre la oposición interior y el exilio, pues su experiencia como abogado antifranquista en Madrid le otorgaba credibilidad en un GRE necesitado de figuras jóvenes procedentes del interior. En segundo lugar, en su evolución ideológica, que refleja el tránsito del socialismo militante hacia un republicanismo moderado, influido por la personalidad de Martínez Barrio y por la dinámica interna del GRE. En tercer lugar, en su empeño por preservar la memoria documental, tanto a través de la custodia de los papeles de Martínez Barrio como mediante la donación de fondos del GRE a instituciones como el Archivo Histórico Provincial de Málaga. Finalmente, en su resistencia contra la irrelevancia, acompañando hasta el final a Maldonado, Valera y Julio Just en la disolución ordenada del GRE en 1977.

Su manuscrito inédito, escrito desde el exilio en la década de 1960,  constituye una aportación innovadora a la historiografía de la Guerra Civil. Aunque no llegó a publicarse en vida, anticipaba debates que sólo décadas más tarde serían abordados con rigor académico: la caracterización del golpe de Estado como tal, la importancia de las primeras horas del 18 de julio, el papel de los generales fusilados por Franco, la mixtificación de la República por parte de los sindicatos y la manipulación del Ejército por parte de los sublevados. Su estilo, ágil y apoyado en fuentes, revela la voluntad de un jurista convertido en historiador por necesidad, consciente de que la memoria de los vencidos debía ser defendida frente a la censura y frente a la operación propagandística del régimen.

En sus últimos años, Alonso Baño donó parte de su archivo al Archivo Histórico Provincial de Málaga y siguió acompañando a sus correligionarios del GRE hasta la disolución en 1977. Falleció en París en 1987, con apenas 59 años, dejando inédito gran parte de su trabajo. Su vida y su manuscrito son testimonio de la dignidad con la que muchos republicanos mantuvieron viva la memoria de la República en el exilio, incluso cuando sabían que sus esfuerzos no cambiarían el rumbo político de la España democrática.

En definitiva, Alonso Baño no fue un dirigente de primer orden en términos de poder político, pero sí un protagonista esencial en términos de legitimidad, memoria y resistencia. Su vida y su obra muestran cómo la causa republicana sobrevivió en condiciones adversas, cómo se transmitió a las generaciones posteriores la conciencia de que la democracia española tenía raíces más profundas que las de la transición, y cómo la dignidad de quienes permanecieron inéditos constituye hoy un patrimonio historiográfico de gran valor. Su manuscrito, publicado al fin, es la prueba de que la historia del exilio no se reduce a la irrelevancia política, sino que también fue un espacio de producción intelectual y de defensa de la memoria democrática.

José Maldonado, presidente de la República Española en el exilio, y Fernando Valera, presidente del gobierno de la República, con el presidente de México, López Portillo, en marzo de 1977

Índice de la obra

Prefacio, por Lola Alonso Ordóñez

Semblanza de Antonio Alonso Baño, por Sergio Riesco Roche

Perteneció a la generación de abogados jóvenes que en la década de los años 50 combatió al franquismo
Se vio obligado a emigrar a París en el año 60
Acogido por el Gobierno de la República en el exilio desempeñó los cargos de Secretario del Gobierno y Ministro de Justicia hasta la auto disolución del gobierno en 1977
Su libro «Homenaje a Martínez Barrio» (1978) inserta íntegro el capítulo VI del libro (no publicado) «La Segunda República y el Ejército» documento histórico de gran valor que destruye tanta falsa leyenda.
Bibliografía citada.

Nota de los editores

LA SEGUNDA REPÚBLICA Y EL EJÉRCITO

Dedicatoria

Introducción

  1. LA REPÚBLICA Y EL EJÉRCITO

El Ejército al proclamarse la República: el cambio de bandera y el problema militar
Las reformas militares de don Manuel Azaña
Causas del malestar en el Ejército
El Ejército y el orden público

2. REPÚBLICA Y LOS SINDICATOS

La República y las organizaciones obreras. La CNT y la UGT
El PSOE

1. Destitución del presidente de la República don Niceto Alcalá-Zamora
2. El Partido al estallar la sublevación militar del 18 de julio de 1936
3. El PSOE durante la guerra civil
El 15 de mayo de 1937
El 1 de octubre de 1937
El 5 de abril de 1938

  1. COMPOSICIÓN DEL EJÉRCITO

La estructura del Ejército el 18 de julio de 1936
1) Organización Divisionaria
2) Organización Regimental
3) Efectivos del Ejército español el 18 de julio de 1936
4) Organización del Ejército de Marruecos
5) Organización y fuerzas de la Guardia Civil
6) Carabineros: organización y fuerzas
7) Relación de Parques de Artillería y Fábricas de Armas

  1. EL EJÉRCITO Y LA SUBLEVACIÓN

El generalato español en julio de 1936
Generales de División
Generales de Brigada
Los mandos supremos del Ejército
La postura de los generales. El generalato español ante la sublevación
La postura del Estado Mayor del Ejército
Los efectivos sublevados de la oficialidad del Ejército
Divisiones familiares causadas por la guerra

Pozas Perea, Sebastián y Gabriel
Aranguren Roldán, José y Carlos
Hidalgo de Cisneros, Ignacio y Francisco
Villalba Rubio, José y Ricardo
Lacalle, Víctor y Daniel
De la Cruz Bouliosa, Manuel y José
José Fernandez Villa-Abrille

  1. EL GOBIERNO Y LA SUBLEVACIÓN

Dos tesis para aplastar la sublevación militar
El Gobierno Martínez Barrio: tres intentos por constituirlo
El Gobierno de Martínez Barrio
Epílogo al Gobierno de Martínez Barrio
Orden (…) escrito a mano

  1. EL 18 DE JULIO EN LAS REGIONES MILITARES

Primera Región Militar. (Primera División Orgánica). Madrid, Toledo, Cuenca, Guadalajara, Ciudad Real y Badajoz
Segunda Región Militar. (Segunda División Orgánica. Sevilla, Huelva, Cádiz, Córdoba, Málaga, Granada, Almería y Jaén)
Tercera Región Militar. (Tercera División Orgánica). (Valencia, Alicante, Castellón de la Plana, Albacete y Murcia)
Cuarta Región Militar. (Cuarta División Orgánica). Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona
Quinta Región Militar. (Quinta División Orgánica). Zaragoza, Huesca, Teruel y Soria
Sexta Región Militar. (Sexta División Orgánica). Burgos, Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya, Álava, Santander, Palencia y Logroño)
Comandancia militar exenta de Asturias
¿Cuál fue la postura de Aranda el 18 de julio?
Séptima Región Militar (Séptima División Orgánica). Valladolid, Zamora, Salamanca, Ávila, Segovia y Cáceres
Octava Región Militar. (Octava División Orgánica). La Coruña, Lugo, Orense, Pontevedra y León
Fuerzas militares de Marruecos
Orden cronológico de la sublevación del general Franco

  1. SE DESENCADENA LA GUERRA CIVIL

Bibliografía citada en el texto

Índice onomástico

A propósito de La Segunda República y el Ejército. Planteamiento inicial de la guerra civil (Granada: Comares, 2025)

Fuente: Conversación sobre la historia

Portada: pasaporte diplomático de Antonio Alonso Baño

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

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2 COMENTARIOS

  1. Alonso Baño fue mi Lector de espagnol en el Instituto de Saint Coud, afueras Oeste Paris. Le entrevisté 10 años después sobre D. Martínez Barrio al que asistió de asesor . Alonso Baño era la persona más discreta del mundo. Nunca nadie supo nada de su carrera política y de su compromiso político.
    Luis Bertrand Fauquenot
    investigador Université d’Angers

  2. Mi enhorabuena por el excelente trabajo de investigación. Han transcurrido once años desde que la Junta de Andalucía recibió el archivo personal de Alonso Baño y, hasta ahora, poco o nada se sabía de este ilustre republicano. Ni siquiera era posible identificarlo visualmente, ya que la única fotografía disponible procedía de una revista republicana. Resulta especialmente gratificante encontrarse con obras de esta envergadura, capaces de rescatar del anonimato una historia que se ha intentado silenciar. Aún quedan, sin duda, otros personajes relevantes por descubrir, como Manuel Riera Clavillé o Mariano García Landa. Att. Luis Egea

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