El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza
Conversación sobre la historia
El texto de Alicia Reigada nos invita a reflexionar sobre nuestra propia condición de emigrantes; una realidad que vivimos en el pasado y que recobramos en parte con la crisis de 2008. Nuestro pasado migratorio, especialmente si se mira desde Andalucía, hace que lo acontecido en la frontera con Marruecos deba verse con ojos más humanos. Es un artículo que desmonta los palos del sombrajo de la altanería de considerarnos una sociedad rica, culta y avanzada frente a los rudos parias en chanclas que invaden nuestra frontera con la intención, según algunas primeras ministras europeas, de asaltarnos.
Hemos incluido la sección “para leer más” al final del texto para quienes busquen profundizar en el tema.
Mirando a Ceuta desde Andalucía. Frente a la deshumanización, “descender «a tierra»”
Alicia Reigada
Grupo de Investigación GEISA
Dpto. de Antropología Social
(Universidad de Sevilla)
Hay muchos momentos en la vida que nos recuerdan la importancia de mirar atrás para tomar conciencia histórica de dónde venimos y dónde estamos, sin olvidar que es desde aquí, desde el presente, desde donde interrogamos el pasado. Lo ocurrido en Ceuta a finales del mes de julio es uno de esos momentos.
A los pocos días de la entrada de cerca de 60.000 personas desde Marruecos, el telediario abría con las noticias sobre el drama humano y la crisis política que se estaba viviendo en Ceuta para, acto seguido, dar paso a la ya clásica información estival que celebra que “España vuelve a batir récord de turistas extranjeros”. En la sociedad del espectáculo -en la que también viven los telediarios- hemos normalizado pasar de un drama humano a un récord Guinness en un abrir y cerrar de ojos. Los milisegundos que tardamos en pasar de la percepción del extranjero como fuente de amenaza y pobreza a su consideración como fuente de bienestar y riqueza; en pasar de la invasión al desarrollo: “Casi 46,6 millones de visitas y un gasto de 63.800 millones. Más de 9,7 millones de extranjeros escogieron nuestro país en junio con un desembolso de 13.579 millones”. La orilla de Andalucía que mira a Ceuta es, desde hace décadas, uno de los principales enclaves especializados en la atracción de turistas.
Sin obviar la especificidad y complejidad de los factores geopolíticos,[1] económicos y sociales que explican la reciente crisis en la ciudad de Ceuta, esta tragedia fronteriza expresa violencias que vienen de lejos. Entre ellas, la violencia de un mundo, el nuestro, que niega el derecho de las personas a vivir en su tierra con dignidad y, al mismo tiempo, el derecho a emigrar en condiciones dignas y seguras. Vivimos en un mundo con una larga historia de deshumanización de las personas migrantes; de determinadas personas migrantes. Reducirlas a cifras o a mano de obra son dos formas frecuentes y normalizadas de deshumanización. Las cifras de personas que han cruzado la frontera, que han retornado, que han sido deportadas, que han muerto. Las cifras de contratos en origen, de afiliados extranjeros a la Seguridad Social, de familias migrantes que llegan a trabajar y llenar la España vaciada.
El verano pasado, el sociólogo Antonio J. Ramírez aportaba algunas claves para situar el conflicto racista y xenófobo vivido en Torre Pacheco (Murcia). En el marco de su reflexión nos recordaba que “las personas migrantes tienen derecho a planificar su propio proyecto de vida, no vienen a repoblar pueblos o pagar pensiones, esta mirada utilitarista de las personas es miserable.”[2] La concepción instrumental de la migración va de la mano de la deshumanización. El proyecto de vida de algunas de las personas que han intentado cruzar la frontera de Ceuta puede que las lleve, más adelante, a los campos andaluces, cruzando otras fronteras: la de Canarias, la del Estrecho, la de las contrataciones en origen. La orilla de Andalucía que mira a Ceuta es, desde hace décadas, uno de los principales enclaves especializados en la exportación de productos agrícolas; un sector sostenido -también desde hace décadas- en el trabajo realizado por personas migrantes procedentes, muchas de ellas, de África.
Me gustaría rescatar un momento de nuestra historia, que nos traslada a los inicios del camino hacia la intensificación de la agricultura y el turismo,[3] para movernos del presente al pasado en busca de conciencia histórica.

A principios de la década de 1960 Fritz Baade, asesor económico del programa de desarrollo del régimen franquista, visitó el cultivo experimental de fresas en Huelva. Llegó a Moguer, a la finca Las Madres, propiedad del empresario sevillano Antonio Medina Lama y punta de lanza de los métodos de cultivo intensivo. Baade, economista y diputado socialdemócrata en Alemania Occidental, era director del Instituto de Economía Mundial de la Universidad de Kiel y responsable de un informe sobre las posibilidades de aumento de producción de frutas y hortalizas en el sur de Europa. Junto con el litoral levantino, consideraba que Andalucía ofrecía las máximas posibilidades para “aumentar la exportación de sol a los países que no lo tienen, mediante los envíos de los productos agropecuarios a las naciones que por falta de sol no pueden cultivarlos”.[4] En una entrevista realizada por el diario ABC dos años después defendía un modelo de desarrollo que aunase exportación agrícola y turismo:
Considero que Andalucía es una de las regiones más susceptibles de desarrollo de España. A la balanza de pagos española, Andalucía puede contribuir con tres tipos de aportaciones muy importantes. En primer lugar, por un aumento de las divisas por las exportaciones de productos agrícolas y también por los ingresos de las divisas procedentes del turismo y por el ingreso de divisas de los trabajadores en el extranjero a su Patria.[5]
En esta línea, defendía que Andalucía tenía la posibilidad de jugar en Europa un papel similar al que California desempeñaba en Estados Unidos. «España, la California de Europa» reza el título de un artículo publicado por Antonio Medina en 1965,[6] en el que hace suyas las valoraciones del economista alemán. El mapa con el que abre el artículo, extraído del informe Baade, ilustra dos cuestiones clave: la comparativa con California y el objetivo de la especialización territorial. El impulso que experimenta el turismo, de la España aislada de 1954 a los catorce millones de turistas que recibe una década después, constituye –a los ojos de este empresario– un indicador claro del crecimiento análogo que iba a experimentar la nueva agricultura.
A menudo, el desarrollo -antes, ahora- se mide en cifras; en divisas. Las divisas procedentes de las exportaciones agrícolas, del turismo, de la emigración. Pero si queremos comprender adecuadamente la economía y el desarrollo no podemos perder de vista la vida social que rodea a esas divisas. No podemos olvidar, como recordaba Lucien Febvre para el caso de la historia, que las ciencias humanas y sociales no son ciencias de las cosas, sino disciplinas que se construyen sobre los sólidos cimientos de lo que debe llamarse la humanidad.[7] Esta premisa obliga a situar el aumento, la salida o la llegada de divisas en el marco de una historia viva y humana; una historia que nos haga “descender «a tierra»”.
Descender, por ejemplo, a las historias de vida y trabajo de las personas que emigraron de Andalucía a Francia, Suiza o Alemania entre los años cincuenta y setenta del siglo XX. Las que tantas veces fueron reducidas a cifras, a remesas, a divisas. Las que también fueron percibidas como fuente de amenaza y pobreza -mientras el turismo procedente de estos países era recibido, en la orilla de Andalucía que mira a Ceuta, como fuente de bienestar y riqueza. Las que eran consideradas mano de obra antes que personas. Esta consideración se expresaba de forma contundente en los programas de migración temporal que tanto peso adquirieron en la economía política de Europa occidental entre 1945 y la década de 1970. Unos programas basados en la limitación temporal y el retorno, el principio de rotación, la restricción de derechos, las trabas a la reagrupación familiar, los empleos con baja cualificación, bajos salarios y malas condiciones laborales, así como en el presupuesto de que los trabajadores migrantes no se iban a involucrar en luchas laborales y sociales[8]. «Trabajadores invitados» (Gastarbeiter), les llamaban en Alemania. “Buscan importar trabajo, pero no personas”, afirmaba Stephen Castles hace cuatro décadas.

Frente a esta concepción instrumental de la inmigración, nuestra historia agraria también nos dejaba muestras de quienes no veían solo fuerza de trabajo, sino, ante todo, personas. Algunos párrocos andaluces “acompañamos a los temporeros y trabajamos como ellos. Hacer esto, ser uno más con ellos, nos acerca a sus centros de interés, nos hace descender «a tierra»”, explicaba Esteban Tabares,[9] integrante del grupo de curas de la Sierra Sur de Sevilla comprometido con la realidad y la lucha del colectivo jornalero en Andalucía.
Al hablarnos de esa “realidad inhumana” que es la emigración temporera, de la vida de esa “gente desarraigada de su tierra”, “con la maleta siempre preparada”,[10] este cura obrero recogía las reivindicaciones del movimiento jornalero en la campaña de la vendimia de 1982 en Francia, donde la mano de obra española era indispensable. En particular, se detenía en la necesidad de revisar el Acuerdo Franco-Español que regulaba la llegada, estancia, contratación y condiciones de trabajo, teniendo en cuenta las siguientes demandas: evitar la emigración obligada de miles de temporeros y temporeras; asegurar un mínimo de 24 jornadas de trabajo y unas condiciones de transporte y alojamiento dignas; no permitir el trabajo de menores y proveer de Escuela-Hogar o ayudas de asistencia a las familias; eliminar los destajos; acabar con la discriminación de los patronos franceses hacia los temporeros españoles que reclaman sus derechos; garantizar una mayor presencia de los sindicatos de clase -españoles y franceses- entre la emigración temporera.[11]
Esteban Tabares contribuyó a fundar el Sindicato de Obreros del Campo (SOC) en 1977, y en 1985 la Fundación Sevilla Acoge, pionera entre las entidades de apoyo a la población migrante en Andalucía y en España. Dentro de esta población se encuentran las personas que, desde los años ochenta y noventa, emigran de África a nuestra tierra.
La intensificación de la agricultura y el turismo no ha dejado de aumentar desde que Fritz Baade nos visitó en los años sesenta, y el modelo de desarrollo que proponía para Andalucía -él, y los distintos gobiernos que sucedieron a la dictadura- ha traído de vuelta los programas de migración temporal, que han bajado de Europa central al sur de Europa. Cada año, miles de temporeras contratadas en origen emigran de Marruecos para recoger los frutos rojos que Andalucía exporta. Desde su experiencia vivida como antigua «trabajadora invitada» en Alemania, una mujer originaria de Huelva tomaba la palabra en un acto del 8 de Marzo para recordar a sus vecinas de dónde venían; para no olvidar la historia y la vivencia de la emigración andaluza; y para mirar y tratar, desde ahí, a las personas extranjeras que llegaban a Huelva. Han pasado veinte años desde ese 8 de marzo; hay detalles del trabajo de campo que se pierden en la memoria, hasta que el presente, de pronto, los busca y los encuentra.
Acompañar a las personas que emigraban desde Andalucía y trabajar como ellas era una forma verdaderamente comprometida y profunda de descender «a tierra». Como lo es la labor que desempeñan las organizaciones sociales que cada día acompañan a las personas que cruzan -o intentan cruzar- la frontera de Ceuta. Seguro que en nuestros espacios cotidianos de vida y trabajo hallamos una forma, aunque sea más pequeña, de humanizar el mundo y descender «a tierra». Y de no perder la conciencia histórica.

Para leer más (consejos de lectura de “Conversación sobre la Historia”)
Posiblemente y siendo este un blog de historia habría que empezar por recordar la larga relación colonial entre España y Marruecos. Una buena síntesis está en la Entrevista a Juan Francisco Fuentes realizada por El Confidencial: “Los fracasos de España con Marruecos han tenido efectos catastróficos desde hace 125 años”
Los artículos aparecidos desde el día 30 de julio pueden dividirse eh dos hornadas. En la inicial se van desgranando culpables, intereses y causantes para explicar lo sucedido en Ceuta El texto de Carla Fibla titulado “Y ahora un muro en el mar: Ceuta” aparecido en Fronterad el 6 de agosto es un buen y extenso texto que va analizando uno a uno los motivos y que enlaza muy bien con el texto de Alicia Reigada. En esta misma línea de análisis internacional, el diario italiano Il Post disecciona en su artículo “Che ruolo ha avuto il Marocco nella crisi migratoria a Ceuta?” (aparecido el 1 de agosto) las complejas hipótesis geopolíticas que envuelven el conflicto, apuntando a los pulsos diplomáticos entre España, Marruecos y Argelia. En consecuencia, las explicaciones son múltiples, complejas y con su historia profunda. Sin embargo, subyace la sensación de que todas tienen un sesgo de actualidad común. En esta crisis no queda otra que abrir el foco para captar el panorama y a la vez enfocar cada aspecto para entender el conjunto en el momento actual.
Desde el día 6 en adelante, la sensación de que las escenas similares a la de la playa de El Tarajal pueden volver a reproducirse a muy corto plazo está ahí. Los medios nacionales españoles y los locales lo recogen, como es el caso de El Faro de Ceuta: “Europa vigila las redes sociales ante el 15 de agosto por un nuevo intento de entrada en Ceuta” Esta preocupación ha hecho que el acontecimiento del día 30 se entienda como una crisis abierta en la que lo que está en juego es realmente la fortaleza, tanto en el sentido peyorativo como en el moral, de Europa.
El artículo, del que fuera Comisario europeo de Mercado Interior Thierry Breton, titulado “Tras la crisis de Ceuta, Europa debe aprender a proteger sus fronteras digitales”, publicado en Le Grand Continent, apuesta por un análisis en el que la perspectiva es netamente europea y está dominada por dos puntos de fuga: primero, el de las denominadas guerra de emigrantes, que se fija en el movimiento de las personas lo que está en juego no es la frontera física, que se vuelve absolutamente vulnerable y, segundo, el del mundo virtual donde lo que cuenta es la frontera digital. Desde la perspectiva de Thierry Breton la soberanía sobre nuestra frontera digital europea se ha vuelto tan importante como la física y la crisis de Ceuta está siendo el segundo gran intento de asaltarla.

Tenemos en nuestras manos las herramientas de nuestro poder
Se trata de una lección importante, que no tiene nada de abstracto, y que corresponde a la Comisión y a las autoridades europeas dar a conocer a todos los ciudadanos que desean comprender y controlar lo que está sucediendo en nuestras fronteras.
Esta exigencia de claridad comenzó a traducirse en medidas el 11 de diciembre de 2024, cuando la Comisión aprobó, como primera medida en pleno de su segundo mandato, una comunicación sobre la lucha contra la instrumentalización de la migración como amenaza híbrida y el refuerzo de las fronteras exteriores. Ursula von der Leyen lo recordó, con razón, al inicio de su mandato.
Esta comunicación respondía entonces a la presión ejercida por Bielorrusia en las fronteras de Polonia y Finlandia. Hoy en día, debe actualizarse para incorporar la dimensión algorítmica de la amenaza.
El enemigo ya no es solo aquel que empuja físicamente a los migrantes hacia una valla; también es aquel que dirige flujos de información hacia poblaciones vulnerables.
La lectura de Thierry Breton conduce inevitablemente al papel de Marruecos en el control y la aquiescencia en esta “guerra de emigrantes” y la capacidad para manejar el desorden causado por los algoritmos diseñados contra la frontera digital. En este sentido, en ilPost ya se hacían la pregunta clave el 1 de agosto: ¿Qué papel desempeñó Marruecos en la crisis migratoria de Ceuta? La respuesta se encuentra en la entrevista al sociólogo Mehdi Aliqua titulada “Por qué Marruecos no pudo orquestar la crisis de Ceuta” y publicada también en Le Grand Continent. La entrevista no tiene desperdicio y Mehdi Aliqua desgrana una a una las argumentaciones fáciles que hacemos desde España y que toman como nodo explicativo la confabulación Trump-Mohamed VI contra “El último mohicano” (véase el artículo publicado por Iván Redondo el 10 de agosto en La Vanguardia) nos deja una reflexión muy pegada al terreno circundante a Sebta (Ceuta)
Queda la dificultad de fondo, heredada de un anacronismo colonial: la de controlar una línea trazada en medio de millones de personas en movimiento y que, por un extraño giro de los acontecimientos, se ha convertido en la frontera exterior de Europa en suelo africano.
(…) Aquí encontramos lo que la psicología de las masas nos enseña desde Gustave Le Bon, y más aún desde Robert Ezra Park y la escuela de Chicago. Un movimiento de multitudes nunca es racional, pero su punto de partida siempre lo es: el miedo a perder una norma necesaria para la supervivencia del grupo, o la voluntad de instaurar una nueva. Fue esa racionalidad inicial, la esperanza de no volver a ser expulsados al entrar a Sebta tras 30 años de espera, lo que puso a la gente en marcha; lo irracional no se sumó hasta después. No hace falta ningún manipulador cuando una norma esperada parece por fin al alcance de la mano.

Notas
[1] de Lucas, Javier “La geopolítica que pasa por Ceuta”. Público, 31/07/2026 [https://www.publico.es/opinion/geopolitica-pasa-ceuta.html].
[2] Ramírez, Antonio J. (2025) “¿Torre Pacheco como síntoma?” Zona de Estrategia, 19 de julio de 2025 [https://zonaestrategia.net/torre-pacheco-como-sintoma/]
[3] El momento histórico que se rescata a continuación ha sido extraído de una investigación más profunda: Reigada, Alicia (2022) Historia, trabajo y territorio. El conflicto capital-vida en los campos de fresas de Huelva. Barcelona: Universidad de Barcelona.
[4] ABC, 26/04/1962.
[5] ABC, 12/03/1964.
[6] ABC, 13/02/1965.
[7] Lucien Febvre (2017) [1952] “De 1892 a 1933. Examen de conciencia de una historia y de un historiador”, en Combates por la historia. Barcelona: Ariel.
[8] Castles, Stephen (1986) “The Guest-Worker in Western Europe: An Obituary”. International Migration Review 20 (4): 761-778.
[9] Tabares, Esteban (1983) “Los temporeros españoles en Francia”. Documentación social 51: 235-244, pág. 243.
[10] Tabares, Esteban (1983) “Los jornaleros y temporeros andaluces: nuestro tercer mundo”. Documentación social 51:229-234, pág. 230.
[11] Tabares, Esteban (1983) “Los temporeros españoles en Francia”. Documentación social 51: 235-244. pág. 240-241.
Fuente: Conversación sobre la historia
Portada: calzado, flotadores y otros objetos abandonados en la playa del Tarajal tras la entrada masiva del pasado 30 de julio (foto: Adrián Sevilla/El Salto)
Ilustraciones: Conversación sobre la historia
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