El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza

Conversación sobre la historia


Introducción (CSH)

En los últimos días estamos viendo al presidente Pedro Sánchez recorrer platós. Evidentemente los problemas que se han desatado en la ciudad de Ceuta han permitido que las argumentaciones que se basan en la ilegitimidad del Gobierno, y en particular del presidente, vuelvan a tomar fuerza. El argumento en esta ocasión es que Pedro Sánchez está en manos del rey de Marruecos. No es exactamente ésta la opinión generalizada en la sociedad, pero se le acerca mucho, pues el 59,7% de los españoles opinan que lo sucedido en Ceuta es directamente un chantaje de Marruecos (Encuesta de Sigma Dos para El Mundo del 28 de agosto de 2026). Una situación perfecta, según algunos, para reclamar que el presidente del Gobierno desvele la causa por la que el rey de Marruecos puede extorsionarle política e internacionalmente.

El exministro del primer Gobierno de Pedro Sánchez, Manuel Castells, plasmó en un artículo de opinión el pasado 27 de junio, lo que él denomina como “la cacería”, y que hoy reproducimos en Conversación sobre la Historia. Es un texto anterior a los acontecimientos de Ceuta que nos sirve para hacernos una idea de la situación a la que se enfrentaba Pedro Sánchez antes de finalizar el verano. El texto de Castell sirve para encuadrar la cuestión sobre la que buena parte de los españoles reflexionamos y que ha llevado a Pedro Sánchez a los platos: ¿las narrativas sobre las razones de la entrada masiva en Ceuta será el final de “la cacería”?

Los paralelismo con la cacería que parece ser que sufriera Felipe González en el 1996 son notorios. Ahora bien, no sin cierto grado de paradoja, habría sido, a juzgar por Castells, el propio Felipe González el que en esta nueva cacería habría hecho sonar la caracola montera de inició de la partida.

Hace diez años Felipe González respondía así a la siguiente ¿podría formarse un ejecutivo alternativo?:

Claro que sería posible. Pero no un gobierno de coalición, [sería un Gobierno] con antiproyectos, no con proyectos. Es que se puede hablar de un gobierno de coalición para ofrecer un proyecto a España cuando hay dentro de esa coalición muchos componentes que ni siquiera creen que España sea un espacio público compartido y están dispuestos a cuestionarla, que es cuestionar a los españoles. cuestionar los derechos, las libertades, la igualdad de trato de todos los españoles. Eso no es un proyecto de país, es un proyecto de reino de taifas, que cada uno lo asume. Pero no es un proyecto que identifica al PSOE”. (El País, 26 de septiembre de 2016)

Desde entonces y gracias a la confrontación con Pedro Sánchez, Felipe Gonález fue ganando un cierto reconocimiento por parte del electorado de derechas, el cual admitió en parte lo que Luis María Ansón había expuesto en la revista Tiempo el 23 de febrero de 1998 y que en su día El País reprodujo parcialmente:

Había que terminar con Felipe González, ésa era la cuestión. Al subir el listón de la crítica se llegó a tal extremo que en muchos momentos se rozó la estabilidad del propio Estado. Eso es verdad. Tenía razón González cuando denunció ese peligro…, pero era la única forma de sacarlo de ahí (…).

Pero la argumentación de Luis María Ansón no era para entonar un mea culpa, todo lo contrario, era para justificar eso de “sacarlo de ahí”, es decir, las artes utilizadas por los medios de comunicación en aras de una hipotética defensa de la democracia:

Hubo que elevar la crítica hasta extremos que a veces afectaron al propio Estado. González bloqueaba algo vital en una democracia: la alternancia. Si llega a ganar las elecciones del 96, con la bonanza económica no hubiera habido quien lo echase hasta el 2004. No salimos de 40 años de Franco para entrar en 30 años de González.

(…) era preciso que concluyera su etapa. Como los ataques a González, muy fuertes en el 92-93, no terminaron con él, (…) vimos que era necesario elevar el listón de la crítica. Entonces se buscó ese mundo de las irregularidades, de la corrupción (…). No había otra manera de quebrantar a González (…). Aun así, perdió las elecciones por menos de 300.000 votos… (…) A pesar de haber lanzado contra él una de las mayores ofensivas que se hayan desencadenado contra un político.

Tal como se ha desenvuelto la historia parece que la ofensiva de 1996 fue el prólogo de la de 2023, y que lo sucedido entonces podría estar repitiéndose. Con este encuadre de la escena sería suficiente para leer detenidamente el texto de Manuel Castells y analizar su verosimilitud, no obstante, antes hay un momento, ciertamente esperpéntico, que hay que recordar.

Viñeta de Ferreres en Ara, 10 de febrero de 2024

Con ocasión de la segunda moción de censura de Vox a cargo de Tamames, Enric Juliana publicó “El Sindicato del crimen” del que se hizo eco Conversación sobre la historia  en una de las publicaciones más vistas. Juliana sostenía:

Tamames podría haber colocado en el vestíbulo de su casa un retrato de González cabeza abajo, pero eso hoy estaría muy mal visto en Madrid. Quienes más le combatieron, ahora hablan muy bien de él. “Un verdadero hombre de Estado”. Las conspiraciones contra González cesaron en seco el día en que perdió la presidencia del Gobierno. A partir de entonces todos son halagos.

Juliana sostenía que “la cultura del sindicato del crimen”, una noción muy cercana a la de “la cacería” de Castells, se había forjado en los años noventa, y estaba basada en la deslegitimación sistemática del adversario, la apología del enemigo, el golpe bajo y el todo vale. La moción de censura de Vox enlazaba directamente con el momento clave de la historia reciente de España: hablamos del 11-M de 2004. La misma cultura que estaba bajo el argumentario que había conducido a aquella moción era la de quienes durante meses siguieron insistiendo en que ETA era la autora de la matanza de Atocha, pese a la evidencia de las pruebas contrarias. Fuese o no cierta aquella autoría lo vital para esa cultura era sostener la ilegitimidad del Gobierno de Zapatero. Y de nuevo, como ahora, Marruecos era y es el Perejil de la salsa.  Es la cultura política de quienes en estos momentos sostienen que España se ha convertido en un país totalitario, con un presidente autócrata, pero chantajeado por independentistas y por Marruecos.  

La cacería
Manuel Castells*

 

La cacería contra Pedro Sánchez no tiene parangón en la historia reciente. Empezó en octubre del 2016 con una conspiración teleguiada por Felipe González para defenestrar al secretario general del PSOE elegido por el congreso del partido y así investir a Rajoy, a lo que se negaba Sánchez. Una vez Sánchez en el Gobierno y tras haber ganado dos elecciones en el 2019 se puso en cuestión la legitimidad del Gobierno de coalición con Podemos, partido que sufrió veinte acusaciones judiciales desestimadas. Aun así, ese gobierno realizó reformas importantes y mejoró la economía, la sociedad y las instituciones, capeando el temporal de la covid y las dificultades internacionales.

Pero cuando se desataron las furias del averno fue tras la elección de julio del 2023, que frustró las expectativas de PP y Vox. Así que si no podía doblegarse el reformismo de Sánchez por las buenas, se haría por las malas. “El que pueda hacer que haga”. Enfocando la conspiración contra su mujer y su familia, al entender que ese era el punto débil del autor del Manual de resistencia. 

Todo vale en un país en que la derecha, democrática o no, controla el Estado profundo desde siempre. La principal motivación compartida por los opositores diversos fue conjurar el peligro de una mayoría parlamentaria que expresara la plurinacionalidad del territorio español en las instituciones y en las políticas. Con énfasis en Catalunya, donde se había llegado a una situación límite. Refrendando asimismo la autonomía vasca, que consiguió superar las fuentes sociales del terrorismo. Y extendiendo la multiculturalidad a otros territorios. El Estado autonómico se desarrolló hasta desvirtuar la ficticia unidad de una patria española de raíz centralista castellana.

Más que las políticas económico-sociales, que podían ser negociadas, fue la puesta en cuestión del Estado español unitario lo que aglutinó a políticos, ideólogos, ciertos medios de comunicación madrileños, Iglesia conservadora y jueces. Sí, también jueces, no solo el puñado de posibles prevaricadores, sino los que se erigen en garantes del Estado tradicional, como se evidenció en la inusitada persecución de los independentistas catalanes. Con el apoyo de la policía patriótica, que se entrenó en la operación Catalunya para luego posiblemente extenderse en otros ámbitos. Claro que hay mayoría de jueces dignos y profesionales que imparten justicia. Y en ellos confío para ir deshaciendo entuertos, pero ardua tarea tienen por delante.

La ofensiva contrarreformista utilizó a fondo las redes sociales. Y se apoyó en una plétora de asociaciones de ultraderecha, parafascistas o cristianas fundamentalistas, con legiones de abogados, que se constituyeron en acusaciones populares e influenciaron a jueces seleccionados por su proclividad ideológica. Habría que saber quiénes financian dichos grupos de presión.

Acto de apertura del año judicial en septiembre de 2025 (foto: cadena SER)

Por si faltara algún enemigo a la coalición progresista, su decidida defensa de los derechos humanos en Palestina y la crítica al expansionismo israelí, así como la oposición frontal a la mili­tarización de Europa decretada por Estados Unidos, acrecentaron el caudal de contribuciones a la conspiración que busca destruir todo ese proyecto político, empezando por la destrucción personal de Sánchez. Y de paso se liquida a Zapatero, a quien se la tenía guardada Estados Unidos desde la guerra de Irak.

Es cierto que la cacería aprovechó la corrupción de dos secretarios de organización del PSOE y de sus insólitos acólitos. Sánchez nunca debió confiar en ellos. Pero lo hizo y le está costando caro. Aun así, el gran problema no es la corrupción del PSOE y del PP, que se podría erradicar, sino la deslegitimación de la democracia por quienes no aceptan sus resultados. Estamos en una crisis política que pone en cuestión todo lo que habíamos conquistado en libertades, en bienestar y en paz. Para eso llega Vox al gobierno.

*Manuel Castells: Sociólogo y profesor universitario español, que ejerció como ministro de Universidades entre enero de 2020 y diciembre de 2021.

Fuente: La Vanguardia 27 de junio de 2026

Portada: Corsini & Urquijo (corsinihunts.com) La Finca La Flamenca es uno de los cotos de caza más emblemáticos de España. Situada en Aranjuez, a 40 minutos de Madrid, es además la finca donde el Rey Alfonso XIII introdujo el ojeo de perdiz roja en el país, y sigue perteneciendo hoy al Duque de Fernán Núñez.

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

Artículos relacionados

Hace ahora un año: “gobierno ilegítimo”

La rebelión de los aparatos del Estado (y los bajos fondos del PSOE)

El Sindicato del Crimen [1996]

José María Aznar, el elemento tóxico del sistema electoral

 


Descubre más desde Conversacion sobre Historia

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Apoya a Conversación sobre Historia

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí