El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza
Conversación sobre la historia
Toda historia tiene algo de discrecionalidad, pues el historiador o historiadora escoge una cronología, un enfoque, unas evidencias, unas interpretaciones o incluso una geografía. Esta última elección supone dejar fuera todo lo sucedido más allá de unas determinadas fronteras, cuya proyección hacia el pasado nos concede una falsa sensación de continuidad. Pero historiar nos fuerza a ello y, sin duda, resultaría absurdo renunciar a los relatos nacionales dada su potencia, su abasto y su relevancia. Ahora bien, incluso dentro de los márgenes de la ‘historia nacional’ hallamos diversidad de concreciones y, evidentemente, de calidades.
Jaume Claret
Bajo una falsa desgana al estilo Josep Pla y un imposible retiro ante la ominipresencia de las redes, el amigo Daniel Capó concentra informaciones, influencias e iniciativas en un rincón del Levante mallorquín. Ahora hace un tiempo creó un blog (https://danielcapoblog.com/) para recopilar parte de sus numerosos escritos. Incluso, promovió una curiosa –e intermitente— sección donde el invitado de turno era interrogado sobre los libros que no había leído. No se trataba solo de reconocer la propia ignorancia (cosa siempre saludable), sino de explicar cómo aquella no-lectura había influido, condicionado o sobrevolado la propia trayectoria.
Invitado a participar en 2018, reconocía no haber leído el clásico Catalogne dans l’Espagne Moderne. Recherches sur les fondements économiques des structures nationels. Publicado originalmente por Pierre Vilar en 1962, su impacto fue inmediato y entre 1964 y 1968 ya se tradujo al catalán por Eulàlia Duran en los cuatro volúmenes editados por Edicions 62. Posteriormente se han hecho reediciones y, sobre todo, ha sido citado y referenciado tanto por lectores generales como por la profesión. En cambio, en castellano no se publicó hasta 1978… y mucho me temo que se encuentra prácticamente descatalogado. En todo caso, como me parece pertinente un fragmento de aquel texto de autoinculpación, me tomo la licencia de reproducirlo, siguiendo la estela de reaprovechamiento –entre el plagio y el autoplagio— practicada por los motores de lenguaje de la tan acríticamente alabada IA generativa. Disculpad la extensa autocita:
«Sin embargo, si existe un historiador marxista decisivo para la historiografía catalana –y, por extensión, española— ese fue Pierre Vilar. Este hispanista de origen occitano y discípulo de Ernest Labrousse viajó como geógrafo por primera vez a España en 1927, con la intención de redactar una monografía regional sobre Cataluña. Aunque acabó licenciándose con La vie industrielle dans la région de Barcelone (1929), el contacto con el país trastocó completamente su carrera. Durante los siguientes veinte años realizó diversas estancias de investigación, especialmente en Barcelona donde ejerció como profesor del Liceo local, intimó con buena parte de la intelectualidad republicana, aprendió castellano y catalán y se fue decantando progresivamente hacia la historia siguiendo el ejemplo de Marc Bloch.
Como el famoso autor de Apología de la historia, también Vilar participó activamente en la Segunda Guerra Mundial en defensa de su país. Sin embargo, mientras Bloch moría a manos de la Gestapo, el geógrafo-historiador occitano logró sobrevivir al cautiverio en un campo de prisioneros alemán. Durante su retención –y gracias únicamente a su memoria y a la Historia de España y de la civilización española de Rafael Altamira que le hizo llegar su mujer, la franco-navarra Gabriela Berrogain— redactó un librito maravilloso: Histoire de l’Espagne. A pesar de la prohibición franquista, la posterior traducción castellana de esta síntesis se convirtió en un éxito de ventas absoluto.»
De pie sobre hombros de gigantes
Miembro destacado de esta escuela fundada por Vilar, el catedrático emérito Juan Sisinio Pérez-Garzón (Gójar, 1949) nos presenta su nueva Breve historia de España (Catarata, 2025). Más allá del reto compartido, muchas son las diferencias entre ambos libros. Destacaremos dos.
Por un lado, el historiador granadino no ha tenido que fiarlo todo a su memoria y a Altamira, sino que ha construido su relato a partir de la acumulación de conocimiento hecha por la historiografía española en los últimos decenios y en la que él mismo, ya sea como autor, editor, investigador, académico o responsable político, ha jugado un papel decisivo. A pesar de que el texto se libera de las citas y las notas, el lector encontrará al final una lista de nombres referenciales de cada uno de los periodos históricos. Ahora bien, para el especialista no será difícil detectar, más allá de la explicitación genérica de las deudas debidas –homenaje y reconocimiento—, el origen de algunos datos e interpretaciones concretas, fruto –todos somos humanos— de las filias y fobias del autor.
Por el otro, Pérez-Garzón supera la cronología y la mirada de Vilar. Así, el texto comprende desde la presencia de los primeros homínidos en la península Ibérica hasta las páginas del periódico de ayer. Esta ampliación temporal justifica la inclusión de breves resúmenes de fechas para orientar al lector dentro de unos epígrafes que prácticamente van desde Atapuerca a Vox. Más programática es la ambición temática donde, coherente con una trayectoria donde se incluye tanto una Historia del feminismo como una Historia de las izquierdas en España (Catarata, 2024 y 2022 respectivamente), hay un destacado protagonismo de las mujeres y de las ideas progresistas.
Esta doble integración no es forzada. En el caso de las mujeres, no se trata de un acto de justicia (que también), sino de coherencia por no dejar a la mitad de la población fuera del relato y para enriquecer la complejidad de nuestra comprensión del pasado. Lejos de plantear una historia feminista o de salpimentar el relato con los lugares comunes, Pérez-Garzón asume el reto de integrar el elemento femenino como sujeto y objeto históricos.
En cuanto al sesgo ideológico, este viene a compensar la tentación de toda síntesis por el resumen basado en reyes, gestas y fechas. Sin olvidarse de ellos, hay una voluntad de aproximarse más a los procesos históricos y, sobre todo, de rehuir los tópicos, tanto los excepcionalistas (del supuesto singular destino de España al Spain is different) como los agónicos (leyenda negra, cainismo atávico…). Precisamente, y a modo de ejemplo, sobre el obsesivo Desastre del 98, escribe: «España no estaba estancada ni atrasada como se lamentaron algunos intelectuales al desaparecer el último vestigio de la España imperial en Cuba y Filipinas. Estaba a un 85% de desarrollo humano de los paises imperiales del momento».
Compañeros de viaje
En este combate contra los esencialismos Pérez-Garzón no está solo. Dentro de una tradición ya bastante consolidada y sin duda relevante, encontramos compañeros de viaje como el medievalista Eduardo Manzano (Madrid, 1960). De hecho, con pocas semanas de diferencia, este investigador del CSIC ha publicado su España monumental. Una historia a través del patrimonio que se presenta como la continuación natural, ahora a partir de los 46 lugares españoles declarados Patrimonio Mundial por la Unesco, de su celebrado España diversa. Claves de una historia plural (Crítica, 2024).
Tanto Pérez-Garzón como Manzano, entre otros, comparten una forma de hacer historia, pero sobre todo coinciden en una manera de entender el papel de la disciplina en una sociedad democrática y en un contexto complejo como el actual. Como se dice en Breve Historia de España: «En los momentos de grandes mudanzas se recurre al pasado y adquiere un auge inusitado la memoria de determinados momentos históricos, tal vez para compensar los vértigos de un presente sumido en una globalización de cambios inciertos.»
Fuente: Política & prosa 3 de noviembre de 2025
Portada: Rendición de Granada, por Francisco Pradilla y Ortiz (1882)
Ilustraciones: Conversación sobre la historia
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