El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza

Conversación sobre la historia


 

François Godicheau
Catedrático de historia contemporánea 
Universidad de Toulouse

 

Está ocurriendo algo muy triste en la universidad francesa y en su entorno. En una situación en la que buena parte de las clases las imparten docentes precarios, pagados por debajo del salario mínimo y con pagos que se realizan solo dos veces al año –con frecuencia para más de la mitad de las asignaturas–, se suma una quiebra financiera de muchas universidades y la supresión de numerosos puestos. Se estima que faltarían alrededor de 30.000 puestos para volver a la ratio docentes/estudiantes del año 2000. Paralelamente, los ataques contra las libertades académicas han ido en aumento recientemente. Culminan hoy, a raíz del genocidio en Palestina.

El 9 de noviembre último, el administrador del Collège de France, la institución universitaria más prestigiosa del país, comunicó su decisión de cancelar la celebración de un gran congreso de historia contemporánea, titulado “Palestine et Europe : poids du passé et dynamiques contemporaines”, que debía celebrarse los días 13 y 14 de noviembre. Este evento estaba organizado por el profesor Henri Laurens, especialista internacionalmente reconocido por sus numerosos libros sobre las relaciones entre Europa y Palestina, y profesor en el Collège de France y por el investigador Salam Kawakibi, director del Centre arabe de recherches et d’études politiques de Paris (CAREP). Este congreso, cuyo argumentario y cuyo programa se pueden consultar aquí, reunía a científicos reconocidos de varios países y concluyó con una mesa redonda coordinada por Dominique de Villepin, ex primer ministro del Presidente de la República francesa Jacques Chirac, Francesa Albanese, comisionada por la ONU sobre Palestina, y el  ex-Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Josep Borrell.

En su carta del 9 de noviembre, el administrador del Collège de France, Thomas Römer, justificaba su decisión como una “reacción a la polémica” a propósito del congreso y rubricaba de manera sorprendente la iniciativa de la reunión bajo el rótulo del “militantismo” y no del “saber y de su difusión”. El día anterior, había recibido una carta del ministro de universidades Philippe Baptiste que, viendo en la convocatoria un “planteamiento sesgado sobre un tema delicado y polémico”, manifestaba su “profundo desacuerdo personal”. Expresa además la “duda” de que los organizadores pudieran garantizar “la pluralidad de las ideas”. En el mismo mensaje, revelado más tarde por el diario Le Monde, el ministro enuncia de manera algo contradictoria que una intervención suya para impedir el congreso sería contraria al estado de derecho. La única solución era que el administrador tomara él mismo la decisión de cancelar, a pesar de considerar que el congreso no iba “en contra de las reglas generales en materia de libertad académica”.[1]

La primera reacción colectiva de universitarios, al día siguiente, provino de la asociación “France Universités”, que reúne a los rectores de las universidades públicas: emitió un comunicado diciendo su “estupor” al constatar esta cancelación y califica de “extremadamente preocupante” la “voluntad deliberada de impedir la investigación académica sobre Israel-Palestina, siempre que no se inscriba en los marcos intelectuales sostenidos por los apoyos a la política israelí.”

Luego, el consejo académico de la organización Jewish Voice for Peace publicó una reacción en el espacio de blogs del diario Mediapart el día 11. Condenaba la cancelación del congreso por el ministro a raíz de declaraciones “difamatorias e incendiarias”. Subrayaba la gran calidad y reconocimiento de los especialistas llamados a intervenir en el congreso y exhortaba al ministro a “defender los principios ampliamente compartidos de la libertad universitaria : la publicación y la difusión de trabajos universitarios, la libre investigación en las universidades y el debate público en las sociedades democráticas”. Asimismo, recordaba que es enemigo de toda forma de antisemitismo y contra “los esfuerzos desplegados para utilizar la acusación de antisemitismo con fines de censura o para expresar puntos de vista sobre Israel y Palestina que deberían debatirse”. Al respecto, llamaba la atención del ministro sobre « las calumnias proferidas por la LICRA, la Ligue internationale contre le racisme et l’antisémitisme (…) un grupo cuya credibilidad científica es desde hace mucho tiempo considerada como muy limitada, y que concentra sus esfuerzos en campañas para alimentar los miedos y prender fuego al odio anti-árabe/musulmán/palestino.” Al final, advertía que esta decisión constituía un “precedente inquietante para las universidades que luchan para mantener sus normas internas y sus procedimientos de autogestión en estos tiempos cada vez más autoritarios.”

En su artículo publicado el 11 de noviembre, Le Monde explicaba que esta cancelación era completamente inaudita desde la suspensión de Ernest Renan en 1862, por el emperador Napoleón III. Sobre todo, revelaban el carácter artificial y artificioso de la famosa “polémica” evocada por el ministro y el administrador del Collège de France: consistía en realidad en una ofensiva de semanario Le Point, cuyo tradicional conservadurismo evoluciona hacia la extrema derecha y sirve de vocero de la negación del genocidio en curso. El 7 de noviembre, un artículo titulado “Un congreso pro-palestino de alto riesgo”, presentó el evento como “de tendencia pro-Hamas” y como una reunión “poco académica”. Fue inmediatamente colgado en X por la LICRA la cual anunció que apelaba al ministro de la Enseñanza superior y la investigación, tratándose de un “coloquio antisionista”. Inmediatamente, la “galaxia mediática de la extrema derecha”, como dice otra encuesta de Le Monde, retomó y amplificó, en particular en la televisora CNEWS. El día 8, una abogada de la LICRA entrevistada en la radio Europe 1, habló incluso de una “feria antisionista”, con personalidades todas sospechosas de “apología del terrorismo” y “defensoras del Hamas”. En estas denuncias, se explica que el CAREP recibía subvenciones regulares de Qatar y que esto constituía un caso de ”penetración” (entrisme) de la organización de los “Hermanos musulmanes”.[2] El Journal du Dimanche, otro media de la misma tendencia, acusaba finalmente a los organizadores de haber fijado la fecha como gesto de mofa en el décimo aniversario del atentado del Bataclán del 13 de noviembre de 2015, cuando en realidad la fecha había sido fijada por la administración del Collège de France.

La “polémica” artificial, por ser completamente ajena a cualquier dimensión argumentativa académica, no está desprovista de todo vínculo con el mundo universitario. En realidad, una red llamada Réseau de recherche sur le racisme et l’antisémitisme (RRA), había llamado atención del ministro desde el 6 de noviembre. Esta red se presenta como un vínculo entre centros de investigación, asociaciones e instituciones públicas y privadas y reúne a personalidades muy significadas en la defensa de la política de Israel, como la abogada Deborah Journo, presidenta de la “Asociación Action Avocats”, el historiador y director de la revista de la LICRA Emmanuel Debono, o Pierre André Taguieff, politólogo retirado, conocido por su virulencia en los debates sobre el antisemitismo.[3] En el conjunto de actividades de esta red, ocupa un espacio privilegiado la denuncia del antisionismo como nueva forma del antisemitismo, en conformidad con la definición patrocinada por Israel en el plano internacional. Según el medio informativo alternativo Blast, los intercambios al día siguiente del artículo en Le Point eran despectivos e insultantes hacia los organizadores del congreso, acusados de ser “militantes” y éste de ser un “mitin” y la institución de convertirse en el “Collège de la France antijuive”. En el chat de RRA, se informaba que los ministros habían sido alertados e iban a pedir al administrador del Collège de France que cancelase el congreso. Al día siguiente de la anulación, llegó la auto congratulación : “hemos mandado un correo al administrador del Collège de France, más copia al ministro (…) Imagino que nuestro correo y todas las demás iniciativas han permitido esta anulación. ¡Bravo a todos!”.[4]

El 12 de noviembre, el tribunal administrativo, ante el cual se había presentado un recurso de amparo urgente, falló a favor de la decisión de cancelación del congreso, basándose en el hecho de que los organizadores del congreso han decidido mantenerlo, en los locales del CAREP. En realidad, este centro dispone únicamente de una sala de 30 asientos (para un congreso de 39 oradores), muy lejos de la capacidad del anfiteatro Marguerite-de-Navarre del Collège de France, de 460. Por su parte, la dirección del Collège de France alegaba la presencia en la calle de pintadas insultantes y amenazantes contra Henri Laurens, el organizador del congreso, y el “riesgo de perturbación del orden público” que ello acarrea. En realidad, las pintadas en cuestión habían aparecido el 3 de noviembre, antes del principio de la “polémica” y no eran las únicas en el Quartier Latin.[5] En solidaridad con los organizadores, varias asociaciones, como la Federación del Libre Pensamiento y varios medios alternativos difundieron el enlace de transmisión del congreso, al que terminó asistiendo mucha gente (se contabilizan decenas de miles de visitas en YouTube, tanto en su primer día como en el segundo), aunque los físicamente presentes estuvieran confinados en la pequeña sala del CAREP.

El mismo día de la apertura del congreso, 13 de noviembre, se publicaba una tribuna firmada por 300 universitarios (y luego por otros centenares) que denuncia la anulación como “un ataque sin precedente a la libertad académica en Francia” y alerta contra una “era de censura institucional” donde campañas mediáticas podrían impedir la reflexión universitaria. Recuerda que la vocación de la investigación no es “conformarse a un ‘equilibrio político’ dictado por el poder” y termina llamando a “la comunidad científica entera, en Francia y en Europa, a defender el principio fundador de toda ciencia: el derecho de pensar libremente”.[6]

Este derecho lleva varios años bajo amenazas de diversas procedencias, originadas en la extrema derecha pero también apoyadas desde el mismo Estado. Desde el principio de este siglo, se denuncia en efecto la existencia de una corriente “islam-izquierdista” y desde hace diez años, se apunta a la universidad como lugar de elección del “islam-izquierdismo”: esta figura del enemigo interior, escondido en las entrañas de una nación amenazada, es una versión renovada del viejo “judeo-bolchevismo” del entreguerras, pero centrada en detestar el islam, asimilado al fanatismo (“islamismo”) y al terrorismo. La carga emocional, mezcla de odio y de miedo, es proyectable hacia la izquierda, o más bien cualquier izquierda que no comulgue con la política exterior de Israel y en particular de su franja de extrema derecha, hoy en el poder, o bien, con la celebración de las “raíces judeo-cristianas” de Europa, común en la derecha y la extrema derecha.[7] En el último decenio, este producto muy francés de la “izquierda-islamismo” se ha mezclado con un producto de importación de Estados Unidos, el “wokismo”, es decir, la unión en un “ismo” de todo lo que odia el movimiento MAGA. La homología en ambos casos del procedimiento de demonización de figuras y opiniones para su amalgama en algo próximo a un enemigo interior sigue funcionando como en los años treinta: desde el “judeo-bolchevismo” y el “rojo-separatismo” a las sartas de “ismos” de la propaganda estalinista y de los procesos de Moscú, la lógica de un período en el que las lógicas de la guerra se invitaban en la política está en la sombra de estas denominaciones.

Pues bien, la particularidad de Francia es que sin esperar la llegada al poder de la extrema derecha, este vocabulario se ha convertido en algo común en los gobiernos de estos últimos años, acreditando los análisis en términos de “extremo centro”. En febrero de 2021, en una entrevista de la ministra de la Enseñanza superior y la Investigación Frédérique Vidal, una bióloga que había sido rectora de la Universidad de Niza, por el canal de televisión de extrema derecha CNews, a una pregunta del periodista que afirmaba que el “islam-izquierdismo gangrena la universidad” francesa, la ministra asintió y reforzó el “diagnóstico”, contestando que en realidad “gangrena toda la sociedad”.[8] Inmediatamente después, anunciaba que iba a pedir una encuesta disciplinaria al Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS): su idea, como la de la extrema derecha, era que los “islam-izquierdistas” y “wokistas” estaban imponiendo sus temas y métodos a los universitarios, ejerciendo a veces un verdadero terror. Afirmaba que unos universitarios utilizaban sus títulos y su prestigio para difundir las ideas “radicales” y “militantes” del “islam-izquierdismo”, para “dividir” y “designar al enemigo”.[9] De paso, uno puede notar que lo de usar sus títulos y su prestigio para militar políticamente en lugar de producir ciencia se corresponde exactamente con los reproches de cuantos, desde el ministro hasta RRA, han hecho cancelar el Congreso del Collège de France. Se podría considerar que esta reciente campaña de censura, por vía de prensa y red de “vigilancia” y apoyo ministerial, no está muy lejos de ser una aplicación del programa de disciplina ideológica enunciado por Frédérique Vidal en su momento.

Inmediatamente después de sus declaraciones, el escándalo en las universidades fue muy importante y la misma dirección del CNRS tuvo que recordarle a la ministra que era un organismo de investigación y no una policía del pensamiento: recordaba que el “islam-izquierdismo” era un “lema político” que no corresponde “a ninguna realidad científica” y que “la explotación política que se hace de ello es sintomática de una lamentable instrumentalización de la ciencia”. Condenaba las tentativas de deslegitimación de campos de investigación como los estudios postcoloniales, los estudios interseccionales y las investigaciones sobre el término “raza”.[10] No se trataba de un desliz de Frédérique Vidal: el análisis de varias declaraciones de ministros ha hecho pensar que en general, la universidad era tomada como blanco por el macronismo. Desde entonces, entre los sucesores de la señora Vidal, estuvo Patrick Hetzel un miembro del partido Les Républicains (LR, derecha “clásica”) bastante desconocido, salvo por su “combate personal” contra el “islam-izquierdismo” y el “wokismo” en la universidad. El siguiente es el actual ministro Philippe Baptiste.

Este contexto es importante para comprender la nueva iniciativa del ministerio de la Enseñanza superior y la Investigación, la semana siguiente del congreso cancelado, el 19 de noviembre exactamente. Se trata de una encuesta de opinión que se pide llevar a cabo en todas las universidades por parte de los rectorados, una encuesta sobre opiniones políticas, religiosas y en particular respecto a la política de Israel. Este sondeo, encargado al instituto IFOP y elaborado por el centro de investigación CEVIPOF, se enmarca en un proyecto de investigación centrado en el antisemitismo, ha suscitado un escándalo mayor que la anulación del congreso. Una petición iniciada por la Ligue des Droits de l’Homme, sindicatos y varias asociaciones de defensa de las libertades académicas pidió su anulación. La alerta vino de un colectivo de defensa de la investigación que denunció una tentativa de fichaje político generalizado del personal universitario y de los estudiantes, y un sondeo que naturaliza categorías racistas. Denunció el carácter ilegal de un cuestionario político destinado a ser respondido por agentes del servicio público, un cuestionario maquillado de iniciativa científica (“sondeo seudocientífico”). Este colectivo proporcionaba enlaces a la carta del ministerio a los rectores y a las preguntas del sondeo.

Entre éstas, encontramos unas sobre la adhesión a estereotipos sobre “los judíos”, sobre qué partidos son responsables del crecimiento del antisemitismo, si uno está dispuesto a salir a la calle para manifestarse contra el antisemitismo, etc. No hay posibilidad de saltarse una pregunta ni de declarar que uno “no sabe”. Luego, algunas preguntas claves solo ofrecen respuestas sin matices: a la pregunta “qué piensa de la situación de Israel”, hay que elegir entre la versión “país potente que lleva a cabo una política agresiva con sus vecinos” y “pequeño país que se defiende contra sus vecinos, algunos de los cuales desean destruirlo”. Luego, a la pregunta sobre la existencia de determinados fenómenos políticos en la universidad del sondeado, este debe responder si hay poco o mucho “apoyo a la causa palestina”, “odio a Israel”, “apoyo a Hamas”, “odio a los sionistas”, etc. Luego los sondeados deben identificarse políticamente con una escala de 0 (muy a la izquierda) a 10 (muy a la derecha); ésta es la única pregunta con posibilidad de no elegir. En cuanto al anonimato de los encuestados, deben identificarse por sexo, edad (y no grupo de edad), código postal, tipo de puesto, de diploma, etc., en total una decena de preguntas. El cruce de las variables permitiría identificar a mucha gente como lo explica este billete metodológico. Para colmo de todo, las respuestas se guardan en un servidor de Google y cualquiera puede contestar, hasta varias veces (no se pide ni atribuye ninguna identificación), lo que autoriza todas las manipulaciones. Fue tan escandalosa la iniciativa que la conferencia de rectores de universidades anunció que se negaba a transmitir el sondeo a los establecimientos. Pocos días después, el Ministerio abandonaba la iniciativa del sondeo “sobre el antisemitismo en la universidad”.

Entretanto, otro frente ha sido abierto por la LICRA: un catedrático de historia medieval de Lyon ha sido acusado a través de X de haber realizado y publicado una “lista de judíos” famosos con una llamada a boicotearlos. Inmediatamente, la “información” ha sido retomada, primero en la esfera mediática de extrema derecha y luego en todos los medias, y denunciada por el mismo ministro de la Educación. En realidad, se trata de un montaje a partir de una republicación en una red social, en septiembre, de un artículo que criticaba escandalizado lo que llamaba la “carta de la vergüenza”, una carta enviada a E. Macron y firmada por una veintena de personalidades (varios de confesión judía, otros no, entre ellos un cura), exigiéndole no reconocer Palestina antes de que fueran liberados todos los rehenes israelíes. El universitario, que es también animador de un programa de televisión en un canal independiente de izquierdas (Le Media), es autor de un libro sobre mitos de la historia de Francia que contiene un capítulo negando la tradición de un “antisemitismo de izquierdas” y ha empezado a darse a conocer más allá de su nicho mediático y a aparecer en la esfera pública de primer plano. Militante antiracista hiperactivo, de marcado compromiso propalestino, es uno de los pocos intelectuales universitarios en haber establecido un diálogo fructífero con la corriente colonial muy activa en Francia. En su hiperactividad, llegó a republicar hace dos años, en reacción a una provocación de representantes del gobierno de Netanyahu que enarbolaron estrellas amarillas en la ONU, un meme perfectamente legible como antisemita. Consecuencia: además de una inculpación por delito de odio e insultos racistas, de un linchamiento público y de amenazas de muerte, el susodicho ha sido suspendido, como anticipación de condena judicial, dando a una medida cautelar unos aires de decisión de policía.

No es la primera vez que pasa. Después del 7 de octubre de 2023, varias personalidades han sido atacadas, procesadas o citadas por la policía bajo la acusación de “apología del terrorismo”: representantes políticas como la diputada europea Rima Hassan o Mathilde Panot, presidenta del grupo parlamentario de la France Insoumise, pero también un investigador como François Burgat. Este politólogo especialista del islam internacionalmente reconocido fue procesado por una denuncia de una asociación de abogados muy preocupados por las críticas a la política de Israel y por la LICRA.[11] El motivo era una serie de tweets que se usaron para acreditar que este eminente colega era un peligroso “agente islamista”. El 24 de abril de 2025, el tribunal declaró sobreseído el caso, aunque los denunciantes declararon que apelarían.

La protesta firmada recientemente contra la persecución del colega de Lyon denuncia un “macartismo” a la francesa. Otra tribuna de centenares de libreros y editores, después de múltiples ataques a librerías independientes y a una editorial importante, alerta sobre un cambio sin vuelta atrás en cuanto a la libertad de expresión. Los ataques a la universidad no son de uso exclusivo de Donald Trump y no solo proceden en parte de la extrema derecha. Lo que, en la perspectiva de su eventual llegada al poder, deja poca esperanza acerca de los apoyos a la resistencia frente a esta eventualidad.

François Burgat, investigador del CNRS, durante el juicio al que fue sometido por apología del terrorismo en el tribunal d’Aix-en-Provence, el jueves 24 de  abril de 2025. (Le Parisien/Marc Leras)
Notas

[1] Otro profesor del Collège de France, François Héran, escribió al administrador una carta abierta llena de ironía, extrañándose de que las posturas radicalizadas de un periódico “muy conocido por su tratamiento objetivo de los hechos” tuvieran más legitimidad que un profesor que lleva 22 años en su cátedra. Proponía en su carta nuevas normas interiores de la institución destinadas a evitar que se ejerciera en adelante la libertad de investigación y enseñanza sobre temas que pudieran resultar de actualidad.

[2] Por su parte, en defensa contra esas alegaciones, el director del CAREP explicaba que el Arab Center for Policy Studies es un prestigioso think-tank árabe basado en Doha, con antenas en Washington, Beyrouth, Amman, Tunis, Madrid y París, fundado por un hombre procedente de la izquierda laica, con un consejo de orientación de la antena de París dirigido por un respetado diplomático jubilado. Otro elemento que induce a pensar que lo que molestaba no era la colaboración con el CAREP, es que ya se había llevado a cabo una colaboración con el Collège de France para un gran congreso en 2023 sobre el tema “Pensar las ciencias humanas y sociales en los mundos árabes” sin que nadie hubiese comentado nada,

[3] En su página de LinkedIn, Deborah Journo define su actividad y la “Asociación Action Avocats” (AAA), creada después de la masacre del 7 de octubre de 2023, como “lobbying” contra “el antisemitismo, el racismo, el negacionismo y toda forma de terrorismo”). Pierre André Taguieff, colaborador habitual de publicaciones de extrema derecha donde arremete contra el “islam-palestino” o el “racismo anti-blancos”, es el inventor de la noción de “nueva judeofobia”.

[4] Poco después, sin embargo, se pretendió que la red no tenía parte en la cancelación del congreso, al tiempo que desde el Ministerio, se declaró a Le Monde que no había habido ninguna presión sobre la dirección de la institución, pero el diario consiguió hacerse con la carta del ministro y la publicó.

[5] Lo cual significa que el juez convertía un hecho aislado y sin relación directa con el acontecimiento en indicio de perturbación potencial del orden público, sin que mediara ningún señalamiento a la policía, según el análisis de un abogado.

[6] Entre las firmas famosas : Judith Butler, Jean-François Bayart, François Héran, Maurice Sartre.

[7] Esta acusación ha dado lugar a la creación de una comisión parlamentaria, a iniciativa de una derecha en vía de radicalización, para explorar los vínculos de los partidos con el “islamismo radical”, un instrumento confesamente dirigido hacia el principal partido de izquierda La France Insoumise. Después de varias audiciones, la del líder de ésta, Jean-Luc Mélenchon, transmitida por tres canales de televisión, ha consagrado el derrumbe estrepitoso de la iniciativa.

[8] El periodista partía de una portada del diario Le Figaro, tradicionalmente de derechas pero empleador de Eric Zemmour y donde se realizan loas a Franco y a su dictadura.

[9]  El periodista tuvo a bien en la entrevista de pedir confirmación a la ministra que su preocupación incluía también a “los indigenistas que dicen la raza, el género, la clase social”, concluyendo en “una alianza entre Mao Zedong y el ayatolá Jomeiní”.

[10] En un debate con Marine Le Pen, Gérald Darmanin la había tildado de “blanda” sobre los temas de inmigración.

[11] La asociación de abogados llamada “Organisation juive européenne” (OJE) se ha dado a conocer primero por una denuncia contra el humorista Guillaume Meurice, que ejercía en France Inter. Ha lanzado en realidad, desde octubre de 2023 decenas de procedimientos por “apología del terrorismo”, criminalizando de facto toda opinión disidente sobre la política de Israel, hasta tal punto que el juez que el arquitecto de la ley de 2015 sobre la apología del terrorismo, Marc Trevidic, estima que asistimos a un uso tergiversado de la ley.

Fuente: Conversación sobre la historia

Portada: Policías antidisturbios frente a la facultad de Ciencias Políticas en Paris, el 14 de marzo de 2024, tras la prohibición de una manifestación pro palestina por la prefectura de Paris (Thomas Samson/AFP)

Ilustraciones:

Artículos relacionados

‘Islamoizquierdismo’: ¿el gobierno francés contra la Universidad?

Cuando Estados Unidos invadía Irak

Francia (III): Demonización de la izquierda ¡Que vienen los bárbaros!

Resbalando por la pendiente entre el extremo centro y el fascismo

 


Descubre más desde Conversacion sobre Historia

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Apoya a Conversación sobre Historia

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí