El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza
Conversación sobre la historia
Fedicaria/Consejo de redacción de la revista Con-Ciencia Social
e-mail: concienciasocialrevista@gmail.com
Bluesky: @fedicariac.bsky.social
X: @FedicariaC
Instagram: @concienciasocialreview
Clara Zetkin organizó en marzo de 1915 una Conferencia Internacional de Mujeres contra la guerra en Berna (Suiza). En el verano de 1914 había comenzado la Gran Guerra. Este gesto le valió ser acusada de traición y encarcelada. Con toda seguridad, en esos meses, los europeos no se imaginaban lo que estaba por venir. Previamente se había reunido en Copenhague en agosto de 1910 la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, en la que se propuso conmemorar el Día Internacional de las Mujeres, que se celebraría por vez primera en Berlín en marzo de 1911. Entre ellas se encontraba Rosa Luxemburgo, quien organizaría la Liga Espartaquista con motivo de la aprobación por parte del SPD (partido socialista alemán) de los créditos de guerra en agosto de 1914. Era el inicio del movimiento obrero internacionalista contra la guerra, en palabras de su compañero Karl Liebknecht en el Reichstag (parlamento alemán) en diciembre de ese mismo año: “No a la guerra, el enemigo está en casa”.
Esta es probablemente, una vez más, la postura que debe tomar el pensamiento democrático y progresista en el siglo XXI. Por un lado, la posibilidad de una guerra a gran escala es aterradora. Por otro, la hegemonía política parece decididamente en manos del conservadurismo, ya sea este entendido como derecha tradicional liberal, neoliberal o abiertamente posfascista. Todas estas corrientes se sitúan del lado de las agresiones imperialistas a países de Oriente Medio y América Latina y, por tanto, están del lado de la guerra. Es especialmente sangrante el genocidio perpetrado por Israel en Gaza o la situación de embargo de EE. UU a Cuba, que condena a toda una nación a la miseria. Parecería que el lenguaje empleado en esta somera introducción estuviese sacado de otra época. No obstante, quienes verdaderamente están aplicando unas políticas beligerantes y agresivas más propias de otros periodos históricos son los dirigentes de las principales potencias imperialistas, incluida Rusia. Mientras muchos países de la Unión Europea cooperan con un silencio e inacción cómplice o abiertamente simpatizan con estas posturas.
Fue Marx, en su obra El 18 de Brumario de Luis Bonaparte (1852) quien mencionó que la historia se repite, primero como una tragedia genuina y, después, como una farsa ridícula. Pero no nos llevemos a engaño, el mundo y la geopolítica del presente introducen unas coordenadas novedosas en las que la influencia de las oligarquías de las multinacionales tecnológicas y energéticas y la capacidad de control de los individuos a través de la tecnología y procesos informáticos dirigidos por la Inteligencia Artificial (IA) poco o nada tienen que ver con el pasado. Cuesta pensar que el desvelamiento de la información proporcionada por el caso Epstein, entre otros que le preceden (tales como algunos de los cables rebelados por WikiLeaks desde 2006 por Julian Assange), no haya hecho caer ningún gobierno. Refuerzan el control de la razón burocrática autoritaria y el enorme poder de sus élites en la era del totalcapitalismo.
Este manifiesto es una llamada de urgencia a todas aquellas personas que se sientan interpeladas por la paz. Esto es, que rechacen frontalmente la guerra como medio para resolver conflictos diplomáticos ni de otro tipo. Nuestro país cuenta con una larga tradición contra la guerra. La Constitución republicana de 1931 indicaba en su artículo 6º que: “España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional”. Recogía una tradición cívica que se remonta a las lecciones de Francisco de Vitoria dentro del contexto del humanismo renacentista del siglo XVI. Este año asistimos al quinientos centenario de su magisterio en la Universidad de Salamanca, cuando interpelaba a la guerra justa en su “Relección segunda de los indios o del derecho de guerra de los españoles en los bárbaros”, lección impartida en torno a 1539. Para este hombre, la guerra legítima era aquella que, salvando las distancias, quedaba recogida en el derecho internacional. En aquel entonces expresado como derecho de gentes (ius gentium) que, con el tiempo, inspiró el discurso de los Derechos Humanos. Renovaba una tradición que se remonta a Tomás de Aquino, quien recomendaba que las guerras no se librasen por el deseo de codicia o de crueldad, sino de paz (Suma Teológica, Parte II-IIae, Cuestión 40). La cuestión de la guerra justa cuenta con una larguísima tradición que puede retrotraerse a los clásicos del pensamiento occidental, si es que este concepto sigue teniendo algún sentido. No es preciso relatarlos todos ellos en este texto porque no es necesario demostrar que los conflictos armados abiertos en el presente no responden a ninguna causa justificada, sino simple y llanamente a los intereses económicos de unas cleptocracias cuya voracidad no conoce límites.
El orden internacional creado tras la Segunda Guerra Mundial se consolidó con la creación de la ONU y la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1945. Las comparaciones históricas, si bien nos ayudan a comprender (o intuir) la dimensión de la catástrofe si esta escalada de violencia no se frena, no sirven para calcular el sufrimiento que está por venir. Tampoco resarcir el daño que ya está hecho en lugares como Palestina y, más recientemente, Líbano. Como planteara Benjamin en su octava Tesis sobre filosofía de la historia (1940), debemos mostrar empatía con los vencidos, puesto que olvidarles es una de las marcas del progreso, cuyo reverso es la barbarie, que deja a su paso una montaña de muertos. Esta simpatía no ha de ser la caridad cristiana, o no solamente, sino una postura consciente y beligerante contra la guerra. Situarse del lado de quienes sufren los conflictos, por tanto, es plantarse y esgrimir el “guerra a la guerra” de la tradición internacionalista de la clase obrera.
Desde Fedicaria queremos que este escrito sea algo más que una mera declaración de intenciones. Por ello interpelamos a la sociedad civil, esto es, a la gente de paz, a que realice acciones, individuales y/o colectivas, que difundan idearios de paz y se posicionen enérgicamente contra la guerra. No se trata solamente de una interpelación al mundo académico, al profesorado o al mundo de la cultura, sino a la ciudadanía. Invitamos también a que se narren y documenten estas experiencias dirigidas hacia este esfuerzo, las cuales publicaremos en un informe en la revista Con-Ciencia Social, web y redes sociales de Fedicaria. Por nuestra parte, haremos lo propio y compartiremos públicamente diversos actos que programamos con este objetivo. Sabemos que tal vez no será mucho, pero que representan una grieta en el muro del poder como el que un día iniciaron un puñado de mujeres valientes. Fue Eduardo Galeano quien planteó en El libro de los abrazos (1989) que: “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”. Hagamos que esto sea posible puesto que, entendemos que defender la paz es defender la democracia. Una democracia real, antifascista, feminista, antirracista, internacionalista y multicultural. Una democracia en la que los viejos ideales republicanos de libertad, igualdad y fraternidad que inspiraron el final del Antiguo Régimen y alumbraron la modernidad vuelvan a cobrar sentido. Una democracia de las multitudes, de las personas oprimidas y diversas que apueste por la defensa del medio ambiente y por la vida. Una democracia en la que quepan, libres y en paz, todas las personas que habitan el Planeta Tierra.
E-mail para el envío de experiencias (breve resumen e imágenes y/o vídeos): concienciasocialrevista@gmail.com
Fuente: Fedicaria
Portada: imagen aérea de la excavación de tumbas en un cementerio de la provincia de Hormozgán, mientras operarios acondicionan con palas las tumbas recién abiertas para acoger a las víctimas del bombardeo colegio al colegio Shajareh Tayyebeh, al inicio de la ofensiva de Israel y EE.UU. contra Irán (foto: Reuters).
Artículos relacionados
La Europa de nuestros sueños y pesadillas (Manifiesto de un centenar de historiadores)
Descubre más desde Conversacion sobre Historia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.




















![El Sindicato del Crimen [1996]](https://i0.wp.com/conversacionsobrehistoria.info/wp-content/uploads/2023/03/la-tertulia-byn-foto-abc.jpg?resize=356%2C220&quality=89&ssl=1)

