El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza
Conversación sobre la historia
Peter Linebaugh*
La gente común solía ser gente de los comunes. Leah Gordon y Stephen Ellcock, con la colaboración de Annabel Edwards, explican esto en un libro tan encantador como Common People: A Folk History of Land Rights, Enclosure and Resistance (Watkins: Londres, 2025). El libro combina texto e imágenes. De las 240 páginas, apenas hay alguna sin imágenes y ninguna imagen carece de una buena cita que la acompañe. Diré algo sobre cada una de ellas, pero primero, en general, sobre este 500º aniversario de la revuelta campesina alemana, el libro se presenta con imágenes del «“Monument to the Vanquished Peasants.”» de Alberto Durero.
En la base de la columna hay ovejas, cerdos y ganado, y de la base surgen una cesta de huevos y otra de pan, seguidas de aperos de labranza: el mayal, la horquilla y la pala, luego una gavilla de trigo, una mantequera, un gallinero y, finalmente, la figura abatida del campesino sentado con la cabeza entre las manos y un cuchillo en la espalda. La abundancia terrenal, el reino pacífico, la buena comida y los símbolos de una vida feliz han sido arruinados hasta casi su extinción por la guerra de clases. Del mismo modo, estos son los dos polos morales de cada palabra y cada imagen, a saber, la creatividad colectiva humana con y en la tierra y la ira clara y duradera contra los poderes que la acaparan para sí mismos. Los dos sentimientos se mantienen en equilibrio, sin sucumbir ni a la amnesia ni a la nostalgia.
Tras esta introducción, nos sumergimos de lleno en la historia y sus fechas, ocho páginas de una clara cronología de los cercados y la resistencia. Estos son los hechos de la guerra de clases inglesa entre los que tienen y los que no tienen. Estos hechos conforman lo que E. P. Thompson llamaría «idiomas» o «peculiaridades de los ingleses». Busqué la palabra «idioma» en el Dictionary of Modern English Usage de Fowler y descubrí que proviene de una palabra griega que se traduce aproximadamente como «manifestación de lo peculiar». Fowler explica que, en el ámbito del habla, esto podría referirse a lo que es peculiar del idioma de un pueblo, el dialecto de una región o el vocabulario de una técnica. Lo idiomático coexiste con la gramática abstracta, aunque no se opone a ella. Lo mismo ocurre con los plebeyos y sus derechos de pastoreo, estovers, turbary, pannage, piscary: todos son idiomáticos, es decir, peculiares del idioma, la región y la profesión. Algunos podrían confundir lo idiomático con lo incidental o trivial.
Observe las imágenes de Ahuyentar cuervos, Otra de Recoger ramitas, Espigadores, Buscadores de sanguijuelas o Golpeadores de bellotas. Se nos invita a recordar el mundo en el que Adán cavaba y Eva hilaba. Es a través de ellos que comenzamos a encontrar relaciones misteriosas, mágicas y espirituales.
Para indicarlo gráficamente, se fotografía a una serie de dieciocho plebeyos del condado de Shropshire en sus tierras comunales con otros animales (caballos, vacas, cerdos, peces y, por supuesto, perros) y sus herramientas favoritas (cintas, patines de hielo, cuerdas, una cortadora de césped, un hacha). Las personas están situadas en el centro, rodeadas de tierra, agua, árboles y hierba. Lejos de ser triviales o anecdóticas, estas fotografías han sido coloreadas a mano por Marg Duston con tonos delicados, ligeramente saturados pero inconfundibles. La impresión es hermosa y confiere a los comuneros su propia soberanía terrenal, peculiar, idiomática y majestuosa.
Annabel Edwards se dirige a nosotros directamente (en segunda persona) para ofrecernos la narrativa de los cercados ingleses. Los sitúa en un contexto planetario junto con las praderas americanas, las pampas sudamericanas, el interior de Australia y la sabana africana, y empezamos a ver al campesinado inglés junto con los pueblos indígenas del mundo. En junio de 1381, John Ball dijo:
«Mis buenos amigos, las cosas no pueden ir bien en Inglaterra hasta que todo sea común; hasta que no haya vasallos ni señores; hasta que los señores no sean más amos que nosotros mismos».
Fue el comienzo de esa peculiar expresión idiomática de la elocuencia indígena inglesa sobre la libertad que encontramos en Tomás Moro, Robert Kett, Gerrard Winstanley y John Clare. «¡Levántate, Albión!» fue su grito contra el cercado de las tierras, y así será hacia el final de este libro. Pero primero…
El capítulo sobre «Rebeldes y tradiciones rurales» comienza con diez ilustraciones bien elegidas que hacen hincapié en el disfraz, la máscara, el travestismo, la cara pintada de negro, los bufones, los juglares y los mimos, y luego otras dos docenas de fotos y arte de la resistencia incrustadas en la profunda historia popular de la oposición: el caballo de juguete, el oso de paja, el deshollinador, el bailarín Morris, Jack-in-the-Green, el día de la manzana de roble, el hombre verde, mari lwyd, hoodening, el burryman. Al igual que la Flora Britannica, maravillosamente descrita en el libro del mismo título de Richard Mabey, estas formas populares son propias del lugar y peculiares de la vida comunitaria en los comunes, «las minucias granulares de las actividades cotidianas de los campesinos».
Sin embargo, estas son precisamente la puerta de entrada al mundo entero, como explica Leah Gordon en «Cosmology of the Rural». El cercado de la tierra va acompañado de la abolición y la degradación del arte y las alegrías del pasado. Los autores descubren historias alternativas en artistas menos conocidos como Samuel Palmer o John Cotman. Recoger juncos, pescar anguilas o recolectar turba ayuda a tejer una cosmología desde abajo. A continuación, se presentan tres docenas de hermosas obras de arte: pinturas, dibujos, fotografías y collages. Estas nos preparan para reflexionar sobre lo que sucedió después, lo que ocurrió tras el cercado, lo que les pasó a las almas errantes que pronto serían empujadas a «cottonopolis», las fábricas sin alma del capitalismo industrial.
Sí, la famosa clase trabajadora inglesa comenzó su existencia precisamente con este vagabundeo, es decir, como vagabundos. Aquí se presentan como historia antigua y nueva: rebeldes rurales que siguen al Capitán Swing, el cazador de ratas, el cazador furtivo, la cervecera, el alfarero itinerante y los campistas del Rainbow Circle en el bosque de Dean que viven en los tipis de las Grandes Llanuras de Turtle Island, no en la indigencia más absoluta, sino en una solidaridad casi desnuda con los pueblos indígenas del mundo. «¡Levántate, Albión!», exclama el capítulo final con sus relatos de las protestas en las carreteras, las reivindicaciones del derecho a vagar, las raves musicales, la invasión masiva de Kinder Scout (1932), la batalla de Beanfield en Stonehenge (1985) y el campamento de paz de las mujeres en Greenham Common (1981).
En realidad, este libro no concluye con el vagabundeo y la movilidad causados por la colosal pérdida de los bienes comunes, sino con una pequeña pero profundamente arraigada concesión arrancada de las fauces del capitalismo, es decir, con la permanencia y la habitabilidad que permite la jardinería a pequeña escala del cultivo de parcelas. Si vuelas a Inglaterra a la luz del día, verás los setos de los recintos. Luego, desde el aeropuerto, por la ventana del metro o del tren, pasarás por los límites de la ciudad, donde se encuentran las parcelas. Son la restauración de pequeñas parcelas de tierra para los que no tienen tierras, y las fotografías que siguen son tiernas y precisas representaciones de la armonía pura entre la gente común y los frutos de la tierra, en este caso alrededor de Coventry. En conjunto, constituyen una «estrategia positiva para reunir a personas de todas las razas con los bienes comunes».
*Peter Linebaugh es autor de “The London Hanged, The Many-Headed Hydra: the Hidden History of the Revolutionary Atlantic” (con Marcus Rediker) y “Magna Carta Manifesto”. El último libro de Linebaugh es Red Round Globe Hot Burning.
Fuente: Counterpunch 5 de noviembre de 2025
Fuente: Antoni Soy Casals en Sin Permiso 7 de noviembre de 2025
Portada: Buscadores de sanguijuelas, The Costume of Yorkshire, George Walker (1814) CREDIT: Science Museum Group.
Ilustraciones: blog de Leah Gordon (https://leahgordon.co.uk/)
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