Rafael Serrano García

Universidad de Valladolid. Ha publicado diferentes estudios sobre el Sexenio Democrático y es autor de la biografía «Fernando de Castro. Un obrero de la humanidad (1814-1874)».

 

Cuando este breve texto esté circulando por la red habremos llegado al 150º aniversario de la Revolución de 1868, conocida también como la Gloriosa y que cabría enfocar como la última de las revoluciones españolas del Ochocientos –o la penúltima, si entendemos como tal a la revuelta cantonal de 1873-, que abrió paso a un periodo de seis años, el Sexenio revolucionario  o democrático pues los diferentes regímenes ensayados en su transcurso encontraban en la democracia su razón de ser y su principio políticamente vertebrador. Un periodo muy inestable, pero fecundo al propio tiempo, que se cerró con la restauración de la dinastía borbónica en el trono español, hecha posible merced al pronunciamiento de Arsenio Martínez Campos, en Sagunto, el 29 de diciembre de 1874.

Béjar 1868
Béjar 1868

En realidad la Gloriosa había comenzado mediante otro pronunciamiento, pero de signo muy distinto del anterior (no en vano España se hallaba todavía sujeta al llamado régimen de los generales) por su carácter antiborbónico y  la promesa de que el futuro del país sería decidido por unas Cortes elegidas por sufragio universal. El grito fue dado en la Bahía de Cádiz por el brigadier Juan Bautista Topete desde la fragata Zaragoza el 18 de septiembre de 1868 a la que afluyeron a continuación varios generales involucrados en la conspiración, como Juan Prim, Francisco Serrano, Domingo Dulce, entre otros. Allí darían a la luz el manifiesto ¡Viva España con honra! La batalla del Puente de Alcolea, librada en este lugar cercano a Córdoba justo diez días después, el 28 de septiembre, despejó definitivamente la suerte de la revolución: la victoria conseguida por el general Serrano sobre las tropas de la Reina mandadas por Novaliches abrió a los revolucionarios el camino hacia Madrid, y fue determinante en la decisión de Isabel II de abandonar el territorio español y de instalarse en Francia.
Este protagonismo del elemento militar, muy acorde con la lógica de un sistema político en el que el mecanismo de la doble confianza no había funcionado por lo que respecta al relevo de los gobiernos, se vio sin embargo compensado por el empuje del elemento civil encuadrado por partidos como el progresista o el demócrata que constituyeron rápidamente juntas revolucionarias por todo el territorio peninsular cuyas proclamas recogieron los puntos clave del credo democrático forzando al Gobierno provisional, formado el 3 de octubre a asumir buena parte de sus postulados a cambio de disolverse lo que aproximadamente se completó hacia el 20 del mismo mes. Ya sin la presión de estos organismos populares el Gobierno se decidió a dar el paso de romper su neutralidad en cuanto a la forma de gobierno con lo que provocó una de las fracturas más graves y duraderas en la coalición revolucionaria.
Intentaremos, en lo que sigue, aportar algunas razones que justifiquen por qué la Gloriosa merece ser recordada y rescatarla del olvido en el que, por desgracia se hallan sumidos otros episodios relevantes del siglo XIX español.
La Revolución de Septiembre proporcionó el impulso para el ensayo, por primera vez en su historia, de un régimen democrático en España, muy garantista y avanzado, además, en cuanto al enunciado y eventual protección de los derechos individuales. Un régimen que quedó plasmado en la Monarquía democrática (art. 33 de la nueva constitución), que puede ser considerada como un antecedente de la actual monarquía parlamentaria española.
Esa importante novedad se halla muy relacionada con la notable contribución de las clases populares cuya entrada en escena en las jornadas revolucionarias explicaría por qué la Gloriosa fue más allá, en cuanto a su programa político, que las anteriores revoluciones españolas.
La Puerta del Sol, septiembre de 1868
La Puerta del Sol, septiembre de 1868

Por su carácter democrático, la revolución significará el acceso a la ciudadanía efectiva de todos los españoles varones mayores de 25 años, un hecho completamente nuevo en la España liberal por cuanto el goce de los derechos políticos había hasta entonces venido determinado por la posesión de un determinado nivel de riqueza. En el periodo considerado, los españoles pudieron ejercer ya sus nuevos derechos en las elecciones municipales de diciembre de 1868, y en las constituyentes de enero de 1869.
La revolución inauguró también un periodo inédito de libertad en la historia contemporánea española ya que el gobierno provisional, espoleado por los compromisos previos de las Juntas revolucionarias promulgó una serie de decretos por los que se reconocían y regulaban en el sentido más liberal, los derechos fundamentales de la persona en varios casos ignorados en la legislación española o regulados hasta entonces  más para limitarlos que para promover su libre ejercicio: no solo el derecho de todos los ciudadanos a participar en la vida política a través del sufragio universal (decreto de 9 de noviembre de 1868), sino también el derecho de reunión, de asociación, la libertad de prensa, entre otros.
De todos estos derechos, quizás el que cobra un significado histórico más hondo dada la trayectoria religiosa de una España moldeada hasta entonces por la intolerancia y el fanatismo, será la libertad de conciencia y culto, regulada en el artículo 21 de la Constitución.
En todo caso, el clima de libertad, de discusión apasionada, de protesta, constituyó un componente imprescindible del nuevo escenario, que se tradujo en una movilización política y social también novedosa tanto por el repertorio utilizado (manifestaciones, mítines, peticiones masivas), como por los sujetos implicados (jóvenes, obreros, mujeres, que claman contra las quintas o los consumos, o, en el caso de las mujeres católicas, que  suscriben peticiones a favor de la unidad religiosa), como por la proliferación de asociaciones, clubs de discusión política, medios periodísticos, publicaciones satíricas en la que el grabado juega un papel esencial, etc. Se podría decir que la esfera pública en España se ensancha y vuelve mucho más compleja.
Manifestación contra las quintas
Manifestación contra las quintas

En buena medida, la clave de esta intensa y renovada movilización reside en la aparición de un nuevo actor político: el Partido Demócrata Republicano Federal surgido tras una serie de reuniones celebradas en el Circo de Price de Madrid en octubre de 1868. El nuevo partido capitalizaría la frustración de un sector de los revolucionarios ante la opción monárquica tomada por el Gobierno Provisional, pero también el descontento de los sectores populares urbanos ante el incumplimiento de algunas promesas como la abolición de las quintas. En las zonas de latifundio, la Federal se volverá un mito movilizador para las ansias de tierra de los campesinos.
Pero, en cualquier caso, ambos proyectos liberales de regeneración nacional legitimados en la revolución de 1868, el monárquico y el republicano, tuvieron como principal objetivo democratizar y secularizar el Estado y el espacio público para poner a España a la altura de las naciones “más prósperas y civilizadas” de Europa.
Otros significados de la Gloriosa: La revolución de 1868 promovió muy tempranamente un cambio en la unidad monetaria, al adoptarse la peseta; y llevó a cabo una modificación sustancial en la política arancelaria sustituyendo el proteccionismo por un librecambismo moderado (Arancel de Figuerola, junio de 1869), respondiendo así al influjo de la Escuela economista.
Se propuso variar radicalmente el enfoque de la política educativa, legislando a favor de la libertad de enseñanza al objeto de desmontar el rígido corsé que el último moderantismo en estrecha ligazón con la Iglesia católica había impuesto sobre el sistema escolar, muy en especial sobre las Universidades, y favorecer el desarrollo de iniciativas novedosas en ese campo, emanadas de los propios docentes, de ciudadanos privados o de los entes locales. En todo ello se notaba el influjo del Krausismo.
El clima de libertad instaurado por la revolución permitió asimismo la constitución de núcleos obreros radicalizados, que rápidamente giraron en la órbita del anarquismo, inaugurando así una de las corrientes más poderosas en el movimiento obrero español.
A las pocas semanas de iniciarse la Gloriosa se inició  una insurrección anticolonial /en la Isla de Cuba contra el poder colonial español que condicionó profundamente el desarrollo del proceso político revolucionario y que agudizó en la Península las movilizaciones en contra de las odiadas quintas y a favor de la abolición de la esclavitud.
La falta de titular en el trono español que derivaba de la situación de interinidad fruto de la opción por la monarquía cuando se carecía de un firme candidato español a la Corona (el más popular, el anciano general Espartero, rechazaría el ofrecimiento) pero faltando inicialmente un candidato al trono aceptable (y que hubiera al mismo tiempo aceptado) dio alas al carlismo y a su nuevo pretendiente, Carlos VII, que promovió una intensa agitación en su favor, y llevó a los dirigentes monárquicos de la Gloriosa a iniciar una afanosa búsqueda de rey entre las casas reinantes europeas. A estas gestiones se vincularon los proyectos de Unión ibérica que tenían como clave la aceptación del trono por un miembro de la dinastía gobernante en Portugal.
Caricatura de las etapas de la Primera República Española
Caricatura de las etapas de la Primera República Española

La Revolución de 1868, en fin, abre una etapa en la que se producen interesantes novedades en el plano cultural, como la cristalización de la novela como género literario por fin aclimatado en España; el auge que cobra el teatro político; los comienzos de la educación de la mujer; el desarrollo de la sociabilidad que adoptará formas muy variadas; la apertura a la ciencia moderna (penetración del darwinismo); las tensiones entre misoneísmo [aversión a las novedades] y apertura al exterior…
Finalizaremos este brevísimo repaso indicando, para orientación del lector, algunas obras destacadas en la bibliografía reciente sobre la Septembrina:
 
ARIAS CASTAÑÓN, E., La Revolución de 1868 en Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 2010.
CAPELLÁN de MIGUEL, G., La España armónica. El proyecto del krausismo español para una sociedad en conflicto, Madrid, Biblioteca Nueva, 2006.
CHECA GODOY, A., El ejercicio de la libertad. La prensa española en el sexenio revolucionario (1868-1874), Madrid, Biblioteca Nueva, 2006.
FUENTE MONGE, G. de La, Los revolucionarios de 1868. Elites y poder en la España liberal, Madrid, Marcial Pons, 2000.
HIGUERAS CASTAÑEDA, E., Manuel Ruiz Zorrilla. Con los Borbones, jamás, Madrid, Marcial Pons, 2016
.MIGUEL GONZÁLEZ, R., La pasión revolucionaria. Culturas políticas republicanas y movilización popular en la España del siglo XIX, Madrid, Centro de Estudios políticos y constitucionales, 2007.
MÍNGUEZ BLASCO, R., Evas, Marías y Magdalenas. Género y modernidad católica en la España liberal (1833-1874), Madrid, Asociación de Historia contemporánea/Centro de Estudios políticos y constitucionales, 2016.
MIRA ABAD, A., Secularización y mentalidades. El Sexenio Democrático en Alicante (1868-1875), Alicante, Universidad de Alicante, 2006.
PASCUAL, M. I., La Italia del ‘Risorgimento’ y la España del Sexenio democrático (1868-1874), Madrid, CSIC, 2002.
PÉREZ ROLDÁN, C., El Partido republicano federal. 1868-1874, Madrid, Endymion, 2001.
SERRANO GARCÍA, R., España, 1868-1874. Nuevos enfoques sobre el Sexenio democrático, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2002.
SERVÁN, C., Laboratorio constitucional en España. El individuo y el ordenamiento, 1868-1874, Madrid, Centro de Estudios políticos y constitucionales, 2005.
TOLEDANO GONZÀLEZ, Ll. F., La muntanya insurgent. La tercera guerra carlina a Catalunya 1872-1875, Girona, Cercle d’Estudis històrics i socials, 2004.
VILCHES GARCÍA, J., Progreso y libertad. El Partido progresista en la revolución liberal española, Madrid, Alianza editorial, 2001.
 
 

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