El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza

Conversación sobre la historia


 

Ahora que vuelve a estar en el centro del debate político y del demagógico, valdría la pena examinar qué certezas científicas existen y qué aprendizajes vividos nos pueden ser útiles

 

Jaume Claret

 

En artistas de larga trayectoria siempre hay pequeñas obras maestras sepultadas por sus grandes éxitos. Particularmente, y en el caso de Joan Manuel Serrat, el disco en castellano 1978 –oculto entre dos maravillas en catalán como Res no és mesquí y Tal com raja— encajaría en esta categoría de tesoros a redescubrir. A pesar de contar con grandes valedores, como el desaparecido Rafael Moll, en general sus canciones nunca se cuentan entre las más escuchadas o recordadas.

De ahí la alegría que, al serle concedida la medalla de oro de la Generalitat al cantautor del Poble-sec el pasado 22 de diciembre, en la glosa a cargo de Raimon Obiols se hiciera referencia a una pieza incluida en este LP olvidado: Por las paredes (mil años hace). La cita ilustraba el tercero de los cinco motivos que, según el político socialista, justificaba el galardón: «La tercera raó és que en Serrat és un símbol de la Catalunya gresol, la Catalunya que des de sempre es fa i es refà amb la barreja de noves i velles llavors. Ho va explicar en un poema-manifest dels anys 70 (“Lo están gritando / siempre que pueden, / lo andan pintando / por las paredes”) que descriu alhora la seva personalitat i la del nostre país, adreçant-se als de fora, i particularment als nouvinguts que encara no n’eren conscients: “Mil años hace y unas horas / que, con manos trabajadoras, / se amasa un pueblo de aluvión […] Que la ignorancia no te niegue / que no trafique el mercader / con lo que un pueblo quiere ser.”».

Ahora que la inmigración vuelve a ser elemento central del debate político y del demagógico, quizás valdría la pena tener presente qué certezas científicas existen y qué aprendizajes vividos nos pueden ser útiles. Sobre la primera cuestión, lo mejor sería empezar dando un vistazo a la investigación del catedrático holandés Hein de Haas (Noordwijk, 1969) y a Los mitos de la inmigración. 25 falsos mantras sobre el tema que más nos divide (Ariel, 2024, trad. Juanjo Estrella), donde nos recuerda que: «Cualquier debate real sobre migración lo será sobre la clase de sociedad en la que aspiramos a vivir».

Respecto de la segunda, y más allá de las apelaciones al pasado migratorio o a las necesidades económicas y/o demográficas, queda la evidencia de cómo la mejor forma de cohesión es la identificación de un proyecto político y social compartido por las generaciones que vendrán. Sin este horizonte común se haría difícil de entender el impulso, después de cada sucesiva oleada migratoria, de la Mancomunidad, la Generalitat republicana y la actual autonomía. ¿Y ahora?

«Quants homes calen per a fer un país»

El primero de enero de 2025 se superó por primera vez la cifra de tres millones de españoles residentes y empadronados en el extranjero. De hecho, solo el año anterior se habían ido del país casi 140 mil, de los cuales unos 88 mil habían nacido aquí. Lo más grave es que el 40% de ellos disponían de estudios superiores y, en el caso de Cataluña, si sumamos a quienes tienen estudios postsecundarios no universitarios nos acercamos al 60%. Esta fuga de cerebros no es estable, puesto que algunos vuelven en el marco de los diferentes programas de captación de talento, otros lo hacen después de unos cuantos años y todavía hay quienes ya solo viene a jubilarse.

Este ir y venir no es nuevo. Si no caemos en el adanismo y levantamos la mirada, veremos cómo bisabuelos y abuelos partían a la búsqueda de mejores perspectivas de forma episódica y, en algunos casos, definitiva. Para la gente de Baleares, por ejemplo, Argel o La Habana no eran destinos exóticos, sino alternativas muy presentes. Solo hay que recordar que la capital argelina es la más próxima a Ciutat de Mallorca (300 km y pico), o saber que en un pequeño pueblo como Sant Llorenç des Cardassar existió durante medio siglo una agencia para enviar hombres a Cuba.

El trajín, insistimos, no siempre fue unidireccional. Había quien solo iba a hacer una temporada (y repetía o no) y había quien, al cambiar su situación personal o el contexto del país, regresaba a la tierra madre. Entre los estudios existentes, quizás ninguno me afectó tanto como el del periodista Juli Esteve (Puçol, 1959) que se plasmó en el libro L’emigració valenciana als Estats Units i el Canadà. El somni americà contra el caciquisme i la fil·loxera (Infotv, 2021, versión del documental previo: Del Montgó a Manhattan. Valencians a Nova York, 2015). De los casi 16 mil emigrantes valencianos documentados, la mitad procedían de la Marina Alta. En el caso de Orba, por ejemplo, el 90’5% de los hombres huyeron de un territorio sometido a una tiranía señorial de una crueldad extrema, a lo que se añadió la desaparición de la viña.

No sin dificultades, aquellos jóvenes valencianos se abrirían camino en la otra orilla del Atlántico. Y algunos volvieron coincidiendo con la proclamación de la Segunda República. Y aquí se da una derivada inesperada, puesto que impregnados de los valores democráticos vividos en los Estados Unidos y Canadá, algunos de ellos se convirtieron en alcaldes o regidores de sus municipios y participaron de los movimientos sindical y obrero. Esta transfusión de vitalidad democrática, sin embargo, se vio descabezada por el posterior franquismo y su represión. Precisamente, la historiadora Conxita Mir (Torregrossa, 1952) recupera, a través de una investigación ejemplar, la figura de su abuelo en Indià i republicà. Una vida a las Amèriques amb els orígens de fons. Ramon Curcó Rubio (Torregrossa, 1884- Lleida, 1939) (Pagès, 2023) quién, después de 15 años en Venezuela, volvía a casa con un ideario republicano y progresista que llevaría a su fusilamiento por las autoridades dictatoriales.

«En Galiza non se pide nada. Emígrase»

Ahora bien, quizás ningún territorio ilustra la relevancia de la emigración como Galicia. La bibliografía sobre la cuestión es inmensa y quizás la mejor puerta de entrada sea el ensayo de un referente de la historiografía española como Ramón Villares (Cazás, 1951) Galicia. Una nación entre dos mundos (Pasado&Presente, 2019). Ahí ya se nos deja claro que «la identidad de la Galicia moderna tiene un fuerte origen americano», hasta el punto de que es en el exilio americano donde se construyen los referentes principales del regionalismo/nacionalismo moderno: de los mitos a la bandera, de la financiación a la puesta en valor del propio país.

Partiendo de esta premisa y de la inevitable experiencia personal intrínseca a todo gallego, el periodista Arturo Lezcano (Ferrol, 1976) ha construido uno de los mejores libros de no ficción posibles. O país invisible. A epopea atlántica da diáspora galega (Libros del KO, 2025, hay traducción castellana a cargo del mismo autor) es una sucesión de maravillas articulada a partir de nueve grandes territorios de emigración, pero donde sobresalen Cuba y Argentina. El texto va ensartando un recorrido geográfico, sentimental y literario, donde se mezcla el relato histórico con los testimonios directos e indirectos de las diferentes generaciones de gallegos.

La quinta provincia gallega –de la misma manera que para los canarios, Venezuela es la octava isla— genera aquello que la tierra originaria no podía dar: una gran ciudad (Buenos Aires), una burguesía emprendedora, un orgullo de pertenencia y una palanca de actuación. Esto último se explicita en iniciativas como la construcción de escuelas financiadas desde el exilio en municipios sometidos al analfabetismo, en la generación de todo un imaginario identitario e, incluso, de una industria cultural (desde editoriales a canciones como A Rianxeira, pasando por prensa, archivos y asociaciones).

Lezcano nos toca la fibra, pero no empalaga. Nos recuerda la dureza de la decisión, del viaje y de los inicios porque, para empezar, los promotores de la travesía «eran escravistas sen escravos, una ida e volta de carne humana, un instrumento para gañar diñeiro a través de navieiras e consignatarias con seus propios personaxes populares». Todo ello nos recuerda aquella frase de Castelao (Rianxo, 1886-Buenos Aires, 1950), él mismo muerto al exilio: «en Galiza non se pide nada. Emígrase»

Fuente: Política & Prosa 1 de marzo de 2026

Portada: Detalle del cartel propagandístico de 1957 de la Comisión Católica Española de Migración para el Día del emigrante. El autor de la ilustración es Félix Puente. AFB

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

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