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Conversación sobre la historia


 

Jaume Claret

Universitat Oberta de Catalunya (UOC)

A finales de los años ochenta, el entonces todavía joven Javier Marías había acabado un libro cuyo título provisional era “La novela de Oxford”. El relato se beneficiaba de su conocimiento directo de la universidad británica, en cuyas aulas había ejercido como docente en 1983 y en 1985. Finalmente, y a sugerencia de Álvaro Pombo, el volumen llegaría a las librerías el 1989 bajo el título “Todas las almas” (en referencia al college donde el narrador, alter ego de Marías, imparte sus clases). Este título supuso la consagración definitiva del autor madrileño, su profesionalización como escritor y el inicio de su expansión como autor global. “Todas las almas” es, sin duda, una de las mejores “novelas de Campus”, un género mucho más frecuentado en inglés, y donde se sitúan dos recientes novedades que vale la pena comentar. Estas obras, nacidas en un espacio tan europeo como sus universidades y reforzado por iniciativas como Erasmus, exploran desde la sátira a la crítica social cómo la institución que produce conocimiento también sufre crisis, contradicciones y absurdos cotidianos.

 

Dos traducciones recientes se aproximan con humor al mundo universitario con voluntad de denuncia de la deriva burocrática y mercantilista que lo hostiga

Las universidades podrían ser una forma de definir Europa. Además de su vínculo histórico, ninguna iniciativa ha tenido tanto éxito a la hora de generar «europeidad» como el programa Erasmus, fundado en 1987 para promover el intercambio en la formación superior dentro del espacio de la Comunidad Económica Europea primero y de la Unión Europea (UE) después. Según datos oficiales, a finales de 2023, la cifra de universitarios (de estudiantes a docentes, pasando por personal de servicios) había superado los 15 millones de participantes.

Conferring Ceremony de los alumnos de Master y PHD del Instituto Universitario Europeo de Florencia (foto: facebook del EUI)

El precedente de este exitoso programa es, sin duda, el mucho más selecto Instituto Universitario Europeo. Con sede en Florencia, sus instalaciones han acogido desde 1976 a estudiantes de doctorado y posgrado de toda Europa. No es extraño que The Economist lo haya bautizado como el Hogwarts de la UE y, de hecho, en una entrevista reciente concedida a Agenda Pública, su presidenta, la alemana Patrizia Nanz, recordaba el estrecho vínculo entre el proyecto europeo y sus instituciones universitarias. Para esta Dumbledore de carne y hueso, el ataque contra las Universidades responde al actual asedio mundial contra el conocimiento por parte del populismo y los extremismos, pero también tiene una derivada propia por esta identificación entre los valores del proyecto europeo y su espacio de educación superior.

A raíz de esta relevancia y significación, las universidades han generado su propia historiografía sobre sus orígenes y desarrollo, tanto a partir de trabajos de iniciativa institucional y espíritu hagiográfico como de escuelas historiográficas de prestigio como la valenciana –de Marc Baldó y Mariano Peset a María Fernanda Mancebo y Yolanda Blasco— y la madrileña –del grupo encabezado por Luis Enrique Otero-Carvajal en CIAN-Revista de Historia de las Universidades—. Ahora bien, también están las aportaciones desde la ficción en lo que la crítica ha calificado como «novela de Campus».

La «novela de Campus» sitúa su acción en el espacio universitario. A partir de esta ubicación, la trama puede derivar del género negro al rosa, del planteamiento filosófico a la roman à clef, y del consumo interno para eruditos al best-seller juvenil. A pesar de que encontraríamos algún precedente, es en el mundo anglosajón y a partir de los años cincuenta del siglo XX, que vivimos una constante presencia. Prácticamente no hay ningún gran autor que no lo haya trabajado: Kingsley Amis, Vladimir Nabokov, Tom Sharpe, David Lodge, Malcolm Bardbury, Philip Roth, Robertson Davies, Don DeLillo, Bret Easton Ellis, Donna Tartt, J. M. Coetzee, Tom Wolfe, Paul Auster, Jeffrey Eugenides, Sally Rooney, entre otros.

Esta fascinación también ha llegado a España. Lo comprobamos en la reciente publicación del estudio colectivo La novela de campus en España, 1980-2020, coeditado por César Ferrera y Esther Sánchez-Couto (Albatros, 2025). Entre los muchos ejemplos posibles, sobresalen firmas muy reconocidas como Javier Marías y su Todas las almas (1989) –a pesar de que en otras obras suyas aparece el mundo universitario como en la trilogía Tu rostro mañana (2002-2007)—, Javier Cercas y buena parte de sus primeras novelas –de El inquilino (1989) a La velocidad de la luz (2005), pasando por El vientre de la ballena (1997)—, o Antonio Orejudo y su Un momento de descanso (2011). Esta última, además, tiene la curiosidad de enlazar ficción y realidad al ocuparse, entre otras cuestiones, de la investigación y los investigadores del «atroz desmoche» practicado por el franquismo contra la universidad. En catalán también hay algunos ejemplos a señalar. Por su renombre, sobresale Carme Riera autora de Natura quasi morta (Edicions 62, 2011) y, por su exigencia y ambición, Borja Bagunyà con Els angles morts (Periscopi, 2022).

Una aproximación humorística

A todos estos títulos se han sumado últimamente dos traducciones que comparten una aproximación humorística al mundo universitario, no exenta tanto de mala leche como de cierta voluntad de denuncia de la deriva burocrática y mercantilista que lo hostiga. El italiano Dario Ferrari es el autor de Se acabó el recreo, donde Marcello, eterno procrastinador y doctorando por accidente, se convierte en su alter ego por desvelar las miserias de la vida académica: el catedrático dictador, el ayudante pelota, el becario perenne… Tanto los absurdos institucionales como los posos de crueldad de los departamentos son objetivo del escalpelo de la sátira. Ya lo dejó dicho Ernest Lluch cuando un periodista le preguntó sobre la dureza de la política: «Oiga, que yo vengo del mundo universitario». O, en palabras del propio narrador: «La universidad es un mundo psicótico afectado por una grave carencia de percepción de la realidad, poblado por individuos con una fama extremadamente acotada».

Se acabó el recreo ha acumulado merecidamente galardones como los italianos Premio Ennio Flaiano y el Satira Politica Forte dei Marmi y se ha convertido en un fenómeno literario en su país. Seguramente porque, a la calidad literaria de esta novela de campus ejemplar, se suma también la investigación de Marcello sobre un desconocido escritor-terrorista llamado Tito Sella. Este hilo permite a Ferrari enlazar con los años de plomo del terrorismo de extrema izquierda, justo cuando esta cuestión ha vuelto a estar presente en novelas como Salir de la noche de Mario Calabresi (Libros del Asteroide, 2023, también traducido por Gumpert) o en miniseries de televisión como la cautivadora Esterno Notte de Marco Bellocchio (2022) sobre el magnicidio del dirigente democristiano Aldo Moro.

La crítica del ultraje

Por su parte, la estadounidense Julie Schumacher mereció en 2014 el premio Thurber—la primera mujer en recibir el máximo galardón concedido a novelas humorísticas— por el magnífico Queridos miembros de la Junta (2024). Pese a los diez años de distancia, el libro mantiene toda su vigencia: «Tanto tú como yo nos dedicamos profesionalmente a creer en, y promocionar, cosas que no existen todavía. El salto de fe: está hecho a partes iguales de ilusiones, ambiciones indirectas y patrañas, y sin embargo…».

Formalmente, la trama se desarrolla de forma epistolar a partir de cartas, correos electrónicos y notas que Jason Fitger, profesor de literatura inglesa, hace llegar a diferentes destinatarios. En estas epístolas, el protagonista combina el relato de sus desventuras profesionales y personales con cartas de recomendación, advertencias diversas, súplicas y amenazas con una gradación de ironía cáustica creciente. Como dijo una de las muchas reseñas elogiosas, la novela «deftly mixes comedy with social criticism and righteous outrage. By the end, you may well find yourself laughing so hard it hurts».

Pese a su extensión, no me puedo resistir a reproducir uno de los post-scriptum con que Fitger pone el dedo en la llaga sobre la alienación laboral: «Se me ocurre a destiempo que algunos miembros de su comité de Recursos Humanos, unas cuantas almas escépticas, podrían estar retorciéndose las manos de preocupación y preguntándose en voz alta qué tiene de práctico o útil un grado en Estudios Ingleses frente a uno en, digamos, Informática. Se lo aseguro: el estudiante de Literatura ha aprendido a analizar, a cuestionar, a interpretar, a criticar, a comparar, a investigar, a argumentar, a filtrar, a analizar, a formular, a expresar. Su intelecto puede servir a un amplio abanico de propósitos. El graduado en Informática es, en cambio, un técnico: un fontanero aferrado a una sola caja de herramientas, por reluciente que esta pueda ser».

Fuente: Política & Prosa 1 de diciembre de 2025

Portada: Estudiantes juegan al cróquet en el Corpus Christi College. Oxford, Reino Unido. Junio de 2019. Fotografía de Volodymyr Vlasenko.

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