Si España es Europa o no, si Europa necesita o no integrar en su cuerpo  ese mundo marginal y fronterizo, tan exótico como Turquía o los pueblos del occidente caucásico, es el problema que debaten los mejores intelectuales españoles a lo largo de los siglos XVIII y XIX, hasta llegar a la llamada Generación del 98, en que políticos, ensayistas, poetas y filósofos llegan a teorizar la necesidad de españolizar Europa. El siglo XX es el siglo del total aislamiento de España. Tanto es así que, como un cuerpo extraño, queda totalmente al margen incluso de las dos grandes Guerras europeas. Mientras tanto, en una pequeña isla del Mediterráneo, Ventotene, cuya única vocación parece ser la de tierra de destierro o exilio, junto a un penitenciario borbónico, nace una idea que puede cambiar Europa y el mundo. De la meditación de unos desterrados, Eugenio Colorni, Altiero Spinelli y Ernesto Rossi, los tres castigados por el régimen fascista, entre 1938 y 1941, nacen ideas genera doras de inmensas perspectivas, de grandes, impensables novedades. Esta idea se plasma en un “Manifiesto por una Europa libre y unida”, Manifiesto de Ventotene‘, que viene precedido por  “Un Manifiesto pensando también en España” de Francisco J. Lobera Serrano.

 

Conversación sobre la historia

 

 

 

 
Andreu Mayayo
Catedrático de Historia Contemporánea
Universitat de Barcelona

 

Podemos prescindir del Parlament, como lo han hecho los secesionistas en estos últimos años, y también del goyesco duelo a garrotazos de las Cortes Generales, pero de ninguna manera del Parlamento Europeo que garantiza las vacunas, la deuda pública y los fondos para la transición energética y la nueva economía verde. Al antifascismo y el Estado del bienestar, la Unión Europea añade sin titubeo ahora en su ADN el combate contra el cambio climático. Asimismo los tribunales holandeses han sentado jurisprudencia con la sentencia condenatoria a la todopoderosa Shell. Los accionistas de las empresas del ramo ya han empezado a mover las acciones para reducir las emisiones de dióxido de carbono. 

El Parlamento Europeo se ha convertido, como nos hizo cantar e incluso bailar el malogrado Franco Battiato, en nuestro ‘centro di gravità permanente’. A diferencia de la anterior y todavía no superada crisis financiera y económica, la respuesta de la Unión Europea ante la emergencia sanitaria y las consecuencias económicas negativas originadas por el covid-19 ha sido el protagonismo del Estado y del sector público en un viraje que nos lleva de las políticas neoliberales basadas en la austeridad fiscal a unas políticas de corte keynesiano que nos recuerdan el espíritu del 45, la construcción del Estado del bienestar en la segunda posguerra mundial y el inicio de los ‘Treinta años gloriosos’. 

Votación en el Parlamento Europeo (foto: European Parliament Multimedia Centre)

El proyecto político de una Europa libre y unida bajo el modelo del federalismo estadounidense nació en la isla de Ventotene, de apenas dos kilómetros cuadrados, repleta de centenares de antifascistas confinados por el régimen fascista de Mussolini, en los mismos días de junio de 1941 en que Hitler ponía en marcha la ‘operación Barbarroja’ e invadía la Unión Soviética tras asegurar su dominio en el continente europeo. Cuando los 30 siglos profetizados por el Führer parecían dar comienzo en una larga noche sin amanecer, antifascistas procedentes del socialismo marxista, del socialismo liberal, del comunismo, del republicanismo, algunos de ellos combatientes de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil española, discutían sobre el futuro de unos Estados Unidos Europeos libres, democráticos y socialmente justos. 

El conocido como ‘Manifiesto de Ventotene‘ partía de la premisa de la crisis del estado nación, de la vía equivocada del proteccionismo que conducía al Estado totalitario fascista y del dogmatismo (el empecinamiento en el error) de construir una Europa alemana. La alternativa era abolir las soberanías nacionales, construir una Europa federal con una Alemania europea, un parlamento democrático, un gobierno con el monopolio de la fuerza y un tribunal superior de justicia. Asimismo, era necesario un sistema de partidos de carácter y ámbito europeo que trasladaran el debate político del ámbito nacional al federal. 

El ‘Manifiesto de Ventotene’ pecó de ingenuidad y la derrota nazi-fascista no dio paso a la federación europea sino a la reconstrucción de los estados nación que, lentamente y empezando por el mercado, protagonizaron el nacimiento de la Comunidad Económica Europea (1957). La Guerra Fría congeló el sueño del Movimiento Federal Europeo -creado en Milán en el verano de 1943 entre la caída del fascismo y la creación de la República de Saló encabezada por Mussolini- de una Asamblea Constituyente europea. Habría que esperar hasta el año 1979 para elegir un Parlamento Europeo por sufragio universal que permitiera, cinco años después, aprobar el inicio de una propuesta de Constitución europea que se materializaría en la Acta Única Europea (1992).

El proceso de construcción política europea ha ido avanzando, sobre todo para los federalistas, a paso de tortuga. No obstante, cabe recordar que la construcción política de los Estados Unidos de América (EEUU) tardó entre 130 y 150 años y con una guerra de secesión por medio más mortífera que la Gran Guerra Europea (1914-1918). Con todas las insuficiencias y limitaciones la Unión Europea hoy es nuestro ‘centro di gravità permanente’ y se lo debemos en buena medida a antifascistas como Altiero Spinelli, Ernesto Rossi, Eugenio Colorni y, la menos conocida pero más fascinante, Ursula Hirschmann, que supieron ver la luz del final del túnel.

Fuente: «Ventotene: ‘centro di gravità permanente’ «, El Periódico de Catalunya 14 de junio de 2021

Portada: Confinados en la isla de Ventotene (foto: Corriere della Sera)

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

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1 Comentario

  1. Otro que no sabe ni quiere saber lo que es la UE: un constructo neoliberal para satisfacer los intereses del capital. Asombra y entristece que un historiador que se autositúa en la izquierda ignore las aportaciones críticas sobre este artefacto realizadas, entre otros, por W. Streeck y C. Lapavitsas. Incluso P. Vilar tenía claro que se estaba construyendo una potencia económica y no una federación. Nunca existirá una federación.

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