La inmigración amenaza con monopolizar nuestro debate político, especialmente como argumento electoral. La paradoja es que el miedo al otro incitado interesadamente por algunos y las disfunciones evidentes de algunas situaciones convive con una necesidad económica de los países receptores y con unas realidades desesperadas en los países emisores. La literatura no vive al margen de esta realidad y, de hecho, su mirada puede a menudo ser especialmente interesante, aguda e informada y complementar, en buena medida, a los informes, expertos y estadísticas. Precisamente, la editorial catalana y en catalán Periscopi ha sabido acoger en su catálogo a muchas de estas voces de la literatura contemporánea.

 

Jaume Claret

Islandia se ha consolidado como un destino veraniego. Junto con sus atractivos paisajísticos y culturales, los mediterráneos buscan refugio ante dos azotes estivales: el calor bochornoso y los mosquitos impertinentes. Ambas ausencias resultan una bendición, pero seguramente los turistas no se libran de otra plaga omnipresente: nosotros. Los seres humanos han sido de los pocos animales capaces de colonizar todo el planeta y, desde su cuna africana y en diferentes oleadas migratorias, han llegado hasta los últimos confines, sin que ni climas extremos ni condiciones cambiantes los hayan detenido.

A pesar de que individualmente cada cual es un mundo, como especie sobresalimos por esta tendencia expansiva. Lo hicieron nuestros ancestros y lo hacen nuestros contemporáneos. La diferencia entre aquel pasado y nuestro presente es que hoy la inmigración se ha convertido en un argumento político-económico, donde se mezclan intereses y miedos, mitos y tragedias. El ideal de una inmigración ordenada y culturalmente afín, capaz de hacer convivir una elección en origen adecuada a las necesidades del receptor con medidas disuasorias respecto de mafias e ilegales… es una falacia.

Como nos recordaba ahora hace un año la demógrafa Joana Maria Pujadas en una entrevista en estas mismas páginas: «ante esta realidad, no se pueden admitir discursos contrarios a la inmigración. Recordemos, además, que hay una selección previa. Es decir, quienes migran suelen ser los más jóvenes y saludables, los mejor formados y con mayores posibilidades de éxito. La inmigración puede llegar a ser un recurso escaso y, como que los inmigrantes tienden a converger con los modelos de fecundidad del país de llegada, siempre hacen falta nuevas aportaciones. Hay que saber apreciar a los inmigrantes porque, además, y desde la perspectiva demográfica, la migración es una constante histórica, un elemento constitutivo del ser humano».

Insistía en ello el pasado octubre la misma Pujadas en uno de los diálogos impulsados por la Fundació Ernest Lluch y el Institut Valencià d’Investigació Econòmica: «la demografía no es un problema». La cuestión es la ausencia de realismo, de discurso y de políticas. Porque la inmigración seguirá fluyendo y, mientras tanto, el vacío, la inacción o el pensamiento mágico serán desplazados por teorías conspirativas, por abusos de los derechos humanos y por interesados discursos de odio.

La inmigración se hace letra

La centralidad de la inmigración ha tenido también un reflejo editorial más allá de la literatura académica y científica, especialmente significativa dentro de la narrativa estadounidense. Este florecimiento no deja de ser coherente en un país que ha hecho de la inmigración mito fundacional y, a la vez, debate divisivo. En las recientes convenciones para coronar a los respectivos candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, hemos vuelto a oír referencias a los orígenes de la vicepresidenta Kamala Harris, clamores a favor de endurecer las medidas punitivas, peticiones de amnistía para los ya residentes desde hace tiempo, advertencias contra Canadá y México, recordatorios sobre la carencia de mano de obra, visiones apocalípticas de delincuentes foráneos…

Incluso, la poeta Amanda Gorman, que ya intervino en la ceremonia inaugural del presidente Joe Biden, se refería al fenómeno en poema leído ante los delegados demócratas: «Like a million roots tethered, branching up humbly, making one tree. / This is our country from many, one, from battles won, / our freedoms sung, our kingdom come has just begun».

El sello barcelonés en catalán Periscopi se ha destacado por la sensibilidad hacia estas voces que, desde los Estados Unidos, han situado sus obras en el terreno de la inmigración. Ya en 2020 publicaba A l’horitzó (traducción de Josefina Caball) del cosmopolita –argentino de nacimiento, crecido en Suecia, educado en Londres y residente en Brooklyn— Hernán Díaz (1973). A través de los tópicos del wéstern cinematográfico, el libro sigue las vicisitudes del sueco Håkan en un viaje a la inversa del habitual –del Pacífico al Atlántico— y donde revisa los mitos fundacionales de su país de acogida para ofrecernos una cara B del sueño americano. En castellano y con traducción de Jon Bilbao, apareció en Impedimenta.

Otros muchos títulos podrían citarse del catálogo de este sello catalán. Con todo, pocos tan pertinentes como dos de las últimas incorporaciones a las mesas de novedades de este 2024: Solito. Una història real de Javier Zamora (El Salvador, 1990) traducido por Marta Marfany y Caps de serp. Una crònica sobre el poder i el contraban de persones a Chinatown de Patrick Radden Keefe (Massachussetts, 1976) traducido por Ricard Gil. En castellano están disponibles en Random House con traducción de José García Escobar y en Reservoir Books con traducción de Eduardo Iriarte Goñi, respectivamente.

 
El contrabando de personas

Solito reconstruye los dos meses de viaje del propio autor –del 6 de abril al 7 de junio de 1999—, con solo nueve años, desde un pueblo de pescadores salvadoreño donde vive con los abuelos y la tía, hasta los Estados Unidos donde lo esperan sus padres, inmigrantes también ilegales, pero ya instalados al país. A través de la mirada ilusionada y asustada de Zamora, somos testigos de cómo inmigrantes y coyotes emulan una versión pobre de Phileas Fogg –en bus, en bicitaxi, en furgoneta, en lancha y a pie—, de cómo los imprevistos hacen evolucionar el trayecto y los caracteres, y cómo el juego del gato y el ratón con policías corruptos mexicanos y con la implacable «migra» estadounidense condicionan el resultado final.

La veracidad del relato se complementa con una lengua especialmente trabajada, donde se filtran expresiones en castellano y algunos modismos locales, muy preservados en la versión catalana. Además, sin traicionar la credibilidad del niño narrador, el texto emociona a través del crecimiento personal del solitario protagonista, de su vínculo con el resto de los viajeros y de fragmentos de cierto lirismo: «Es oscuro oscuro oscuro, pero los ojos se nos acostumbran. No sé nunca si estoy en los Estados Unidos o en México: los mismos matorrales, los mismos Solitarios y de vez en cuando Peludos».

Muchas menos concesiones ofrece Caps de serp (Cabeza de serpiente). Surgido como sus anteriores libros de una primera pieza para The New Yorker, el periodista se parapeta en una acumulación de datos que incluyen desde entrevistas personales con los implicados, a transcripciones de juicios y procedimientos administrativos, bibliografía, archivos y hemeroteca. Con estos sólidos cimientos, el contrastado temple narrativo de Keefe se centra en el caso protagonizado por Cheng Chui Ping. Más conocida como Hermana Ping, esta cabeza de serpiente ejemplifica la compleja diversidad de las redes de contrabando de personas, su capacidad para generar beneficios y su impacto sobre personas, países, economías y administraciones.

A la vez, el libro va más allá del estudio de caso y se presenta como un eslabón más de un proceso histórico con raíces que, en el caso de los Estados Unidos, entroncan con su fundación y que, sobre todo, se proyecta hacia el futuro. Como nos recuerda Keefe, el negocio es «una realidad omnipresente y sofisticada: según algunas estimaciones, una industria criminal de millones de dólares, solo por detrás del tráfico internacional de drogas. Ignorarlo es imposible, y también irresponsable».

Balance agridulce

De la lectura de ambos libros, el lector sale con un balance agridulce. Es el contraste entre los abusos mafiosos –incluyendo el asesinato y todo tipo de depravaciones— y la alegría, a pesar de todo, de los que completan el viaje. Es la incoherencia entre las necesidades constantes de mano de obra en determinados sectores y el rechazo al diferente y los problemas de convivencia. Es la asimetría entre la riqueza y el bienestar de unos, y la miseria y la desigualdad de los otros. Es la distancia entre las buenas palabras y la respetabilidad de la ley, y la corrupción del sistema y la realidad de los guetos. Es la discrepancia entre la inercia inalterable de quien emigra y … nosotros. Estos dos libros buscan, precisamente, salvar –o al menos entender— esta fractura.

Fuente: Política&Prosa 30 de septiembre de 2024

Portada: Migrantes viajan en el techo del tren conocido como ‘La bestia’, el 25 de abril de 2024, en Ciudad Juárez, México. Fotografía de Luis Torres. EFE

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

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