«Las utopías no se han de confundir con les quimeras, porque no son imposibles”, uno de los muchos aforismos que el amigo Arcadi Oliveres ha ido desgranando  por todos los lugares de España, siempre disponible para ayudar a cualquier causa justa.Vivió la batalla de Seattle en 1999, en la contracumbre de la OMC, y sus análisis y propuestas nos acompañaron en Praga, Niza o Génova y, obviamente, en Barcelona 2001 y 2002, en las marchas contra el Banco Mundial y la Europa del Capital. “El profeta desarmado”, “El poeta de la indignación” son algunos de los títulos de esta entrada en la que se inserta el enlace a un youtube impagable por  la franqueza con se expresa la indignación. Fue en Catalunya, en Barcelona, donde  sus huellas arraigaron más. Es importante recordar siempre «un dels referents socials més estimats a Catalunya dels últims 30 anys»

«Si este mundo no nos gusta, hay que buscar otro», insistía en una de sus últimas  entrevistas.   Descanse en paz. 

Conversación sobre la historia


 

Marco Aparicio, Mar Valldeoriola, Jesús Carrión,
Dani Gómez-Olivé, Iolanda Fresnillo *

 

“¿Sabéis que el gasto militar mundial anual es 40 veces superior al dinero necesario para erradicar el hambre en el mundo?”. Silencio y estupefacción entre el público. “Pero atención: nuestra manera de vivir y de consumir puede cambiar las reglas del juego”. El público respira: siempre hay esperanza.

Así se han construido las miles y miles de charlas y conferencias que ha hecho Arcadi Oliveres a lo largo de su vida: una suma de agitaciones, de descargas que han despertado conciencias, incluso las más adormecidas.

“Aquella charla cambió mi vida”. Durante décadas, y de manera casi frenética en el contexto del movimiento del 15M, ha recorrido Arcadi barrios y pueblos de Catalunya y del resto del Estado. Lo mismo daba la hora o el lugar, si se dirigía a 10 o a 100 personas. Su entrega ha sido tal que ha llegado a realizar más de 500 conferencias al año. “Las 16 grandes fortunas del planeta acaparan la mitad de la renta de toda la humanidad”. “Harían falta más de 3 planetas si todos quisiéramos vivir de la manera que vive de media una persona europea”. “La Marató de TV3 recauda 14 millones de euros, mientras el gasto militar del Estado español es de 56 millones al día”. “A nivel global, en tres años y medio el rescate bancario ha supuesto 4 billones 600.000 millones de dólares. Con una sencilla operación veremos que si lo dividimos por los 50.000 que reclama la ONU para erradicar el hambre, nos da un cociente de 92. ¿Esto qué significa? Que podríamos haber erradicado el hambre en el mundo 92 veces”.

El profeta desarmado

“El profeta desarmado” ―como lo describiría un periodista y escritor amigo suyo―, Arcadi Oliveres es, desde hace décadas, un referente de los movimientos sociales en Catalunya. Como economista, experto en relaciones Norte-Sur, desarme y cooperación, ha hecho de la palabra (en conferencias pero también como profesor universitario) su herramienta para sacudir y transformar conciencias. Hombre de palabra pero también de acción, de calle, coherente con su manera de vivir y su manera de creer.

Recuperemos un Momento Arcadi (1). Hará como unos 20 años, Arcadi explicaba en una charla cómo durante el fin de semana de la catástrofe del Prestige, el presidente de la Patronal Española de Armadores de Barcos, personaje de la vida social y empresarial madrieña y uno de los principales beneficiados por la gestión de la catástrofe, se hallaba en la provincia de Toledo disfrutando de una cacería junto a un tal Manuel Fraga. Arcadi, en tono socarrón, nos decía que esa información la había extraído de un diario que, no obstante, había olvidado informar en qué finca se celebraba la mencionada cacería. Tras decirlo, venía uno de sus largos silencios que nos dejaba a todas a la espera, con ojos abiertos y respiración suspendida, pendientes de otro nuevo dato sorprendente y revelador. En este caso, la finca era propiedad de Don Isidoro Álvarez, presidente de El Corte Inglés. ¡Bingo! En una frase se contiene un nítido retrato del poder en España: inacción ―cuando no complicidad― frente al daño social y el compadreo con el poder económico, representado por Don Isidoro, quien con sus campañas de publicidad marca el ritmo de las estaciones del año en el Estado español. Publicidad capaz de comprar durante décadas tantos silencios de los medios de comunicación. Y todo ello al hilo de una alegre montería. La Escopeta Nacional.

Su recorrido de militancias y compromiso arranca en los años sesenta (participa en la Caputxinada, en 1966, de la que surge el Sindicato Democrático de Estudiantes), y fueron pocas las iniciativas antifranquistas en las que Arcadi no participó activamente: la Asamblea de Catalunya, la lucha contra la pena de muerte tras el asesinato de Puig Antich, la denominada “Marcha por la Libertad” o el movimiento vecinal más activo, por citar algunos ejemplos. Ya en el marco del nuevo régimen, digamos que liberal-representativo, su presencia y su palabra fueron clave en las protestas contra la entrada de España en la OTAN. Su crítica implacable a Felipe González, como orquestador de una acelerada desdemocratización y de una economía de oligopolios arranca en esta época, como lo hace su denuncia de los intereses que el monarca, y “el principito”, como solía llamarlo, tenían en el desarrollo de la industria militar. Posteriormente escribiría su tesis doctoral sobre la viabilidad económica del desarme en España, donde abogaba por una inmediata reconversión de la industria militar en una economía productiva distribuida, diversa y social.

Su pensamiento pacifista impulsa su actividad durante los años en que presidió Justicia y Paz, al frente de la Universidad Internacional de la Paz o de Pax Christi. Fue miembro destacado de Cristianos por el Socialismo, de la Sociedad Catalana de Economía y, posteriormente, de ATTAC. Arcadi forma parte del cristianismo de base que vio encarnado en algunos de sus profesores de l’Escola Pia de Diputació donde estudió: Lluís Maria Xirinacs, Francesc Botey ―hermano de Jaume Botey, uno de sus incondicionales cómplices en tantas luchas, y compañero también en la Universitat Autònoma de Barcelona― y Octavi Fullat, sacerdotes “obreros”, como se hacían llamar. Ello, desde la firme defensa de los derechos humanos mediante métodos de protesta de desobediencia civil noviolenta. Arcadi vio en ellos una actitud de compromiso y servicio que impregnó su adolescencia, y que le ha acompañado a lo largo de toda su trayectoria vital. Por su trayectoria ha sido merecedor del premio “Constructores de la Paz” (ICIP, Generalitat de Catalunya, 2017) y de la Medalla de oro al Mérito Cívico de Barcelona en 2019.

El poeta de la indignación

Un “poeta de la indignación”, podríamos llamarlo, pues con sus palabras hemos podido verbalizar aquello que nos hierve por dentro, en forma de denuncia y en forma de anhelo. Palabras y contextos contados con estadísticas, evidencias y reflexiones, con un discurso pedagógico, con la fuerza de la educación popular, al alcance de cualquiera para conjugar la crítica del sistema con una retahíla de propuestas y alternativas para contrarrestarlo y luchar contra las injusticias globales.

Son muchas las generaciones que nos hemos nutrido de sus razones e indignaciones, de su fuerza y optimismo. Las que lo hemos conocido hemos crecido con la compañía de un discurso que nos ha enseñado una forma de vivir y de tomar partido, y también de preguntarnos en qué mundo vivimos y de qué forma podemos actuar para conseguir que este sea un mundo… más amable, más humano (y menos raro). Nos referimos a distintas generaciones, aunque, dejadnos decir, quienes escribimos este texto nos consideramos parte de una generación privilegiada, pues hemos vivido junto a él ciclos de movilizaciones, nos hemos hecho activistas por la justicia social, cultural y ecológica a su lado.

Resulta simplemente imposible explicar esa intensa ola de movilizaciones que arranca en la segunda mitad de los años noventa sin subrayar el influjo que para tantas de nosotras tuvo Arcadi. Así ha sido, al menos, desde que se reactivó la Campaña por el 0,7%, en el otoño de 1994 (recordemos que ésta nació en los años ochenta, y ahí estaba él). En ese momento empieza a moverse el engranaje de un internacionalismo altermundista que emergería con fuerza con el movimiento antiglobalización del que, de nuevo, Arcadi fue parte y fue esencia. Vivió la batalla de Seattle en 1999, en la contracumbre de la OMC, y sus análisis y propuestas nos acompañaron en Praga, Niza o Génova y, obviamente, en Barcelona 2001 y 2002, en las marchas contra el Banco Mundial y la Europa del Capital.

Pero su presencia no se agota ahí, ni mucho menos. Su voz ―a menudo junto a la de otra economista incansable, Miren Etxezarreta― se ha dejado oír ―hemos pedido con insistencia poder oírla, mejor dicho― en otras campañas, como la Consulta social por la abolición de la deuda externa, el “No a la Guerra”, el 15M ―del que, ufff, se cumplen diez años―, las consultas municipales por la independencia o el Multireferéndum celebrado en 2014.

Recordemos otro Momento Arcadi (2). La consulta de la deuda había sido prohibida por la Junta Electoral Central. Frente a la prohibición, la asamblea optó por seguir adelante. Arcadi llegó jadeante segundos después de haberse tomado la decisión, probablemente venía de dar una de las charlas de difusión que le caían por formar parte de la bossa de xerraires (bolsa de “charladores”). Preguntó, preocupado, si la decisión implicaría incumplir la ley. Al conocer la respuesta, sonrió satisfecho. En Catalunya votaron más de medio millón de personas y en el Estado un millón de personas. Otra economía es posible, y otra democracia también.

Podemos afirmar, asimismo, que Arcadi ha sido zapatista. Y lo ha sido porque ha formado parte de multitud de luchas globales y locales que ha entendido interdependientes, y porque ha sabido como pocos ejercer la resistencia, canalizar la rabia frente a la desigualdad y transmitirla en forma de enfado creativo. Más acá de lo global, ha desnudado al poder más local y ha formado parte de luchas justas, como por ejemplo los encierros y huelgas de hambre de cientos de sinpapeles que tuvieron lugar en distintas iglesias durante el invierno de 2000-2001. Participó, como en otras ocasiones junto con Gabriela Serra, como mediador en la negociación con la Administración, y más de una vez nos ha confesado que ha sido una de las luchas que más le han removido.

El divulgador de ideas

Existe un documental que recoge de manera intensa la intensa vida de Arcadi como divulgador de ideas. Se llama Mai és tan fosc (Nunca es tan oscuro), que es, como él ha recordado muchas veces, el que se da justo antes de que salga el sol. En este documental lo vemos, por ejemplo, leyendo ante miles de personas el manifiesto en la marcha en Barcelona previa al 15M. O en la acampada de Plaza Catalunya, o denunciando en la radio la represión de los Mossos d’Esquadra sobre la movilización “Aturem el Parlament” (Paremos el Parlament), algo que le costó un enfrentamiento directo con el por entonces Conseller de Interior, Felip Puig, que amenazó a Arcadi con una querella por calumnias. Aunque más le costó a Felip Puig, pues la ola de solidaridad con Arcadi aún resuena.

En mayo de 2012, un año después del 15M, entrevistaron a Arcadi en un medio de comunicación y le preguntaron si veía maduro el movimiento para poder acceder ya al poder. Su respuesta fue clara: no se trata de acceder, se trata de tener fuerza social para recuperar la capacidad de decisión política, para incidir directamente en los gobernantes. Y ese fue el sentido que dieron, junto a Teresa Forcades, a Procés Constituent, un proyecto que logró llegar donde pocas, o ninguna organización había llegado hasta entonces, con un proyecto que pretendía servir de lugar de encuentro para distintos espacios de la izquierda alternativa. No fructificó en todos sus propósitos. Pronto el ciclo electoral se encargaría de ir disolviendo su impulso. “Yo siempre me quedo con la otra política”, dice cuando apoya a formaciones de izquierdas, pues lo importante es “dejar la lucha siempre en la calle”. Así lo explica en su último libro, Palabras de Arcadi. Qué hemos aprendido del mundo y cómo podemos actuar (Angle editorial).

Todo maestro tiene sus referentes, sus propias fuentes donde beber, tomar aliento, reposo y fuerzas para continuar. Arcadi no es una excepción. Momento Arcadi (3): día de clase con él en la Universidad. Pasaban ya 10 minutos y todavía no había llegado (cosa no extraña, ya que la puntualidad nunca ha sido su fuerte). Pasaron 15 minutos, 20… y todavía no llegaba (eso ya no era tan normal). La gente no marchaba (os podréis imaginar que con otro profesor a los 10 minutos de rigor el bar no esperaba). Casi a la media hora llega Arcadi, con su leve cojera, bolsa al hombro y excusa en boca. El motivo: alguien de su casa (no delataremos quién) se había deshecho de la mayor parte de los periódicos que guardaba amontonados en su despacho y los había tirado, eso sí, ¡dentro del contenedor de papel azul! Él, enfadado, convenció a uno de sus hijos para que se metiera dentro del contenedor y rescatara todos y cada uno de sus estimados periódicos. De ellos extraía datos y más datos que ha guardado en su asombrosa memoria interna, para luego entrelazar y explicar, de la manera más pedagógica y divertida posible, entramados familiares del poder político y económico que nos ayudan a visualizar las incesantes puertas giratorias de esta falseada democracia en la que vivimos.

Su palabra nos ha cautivado, y nos sigue enseñando a mantener la esperanza y a construir la vida de otra manera. Nos ha arengado a consumir menos y con consciencia, a cuidarnos, a autogestionar necesidades creando cooperativas de trabajo y de consumo o apoyando proyectos de finanzas éticas. Una persona lúcida capaz de convertir la complejidad del mundo en argumentos sencillos que desvisten a los poderosos y nos muestran su violencia, siendo capaz, además, de mostrar un camino distinto, de respuestas colectivas y, pese a todo, esperanzadas.

Arcadi es un hombre de mirada profunda y con un corazón que no se acaba. Hace unos días, después de comunicarnos la gravedad de su enfermedad, nos regaló unos preciosos versos:

“Estoy a punto de emprender el gran viaje.
Que todo lo que haya podido sembrar
con las manos de mis palabras
y con la atención de mi mirada
pueda dar el fruto que tú esperabas”.

Somos devotamente arcadistas, como muchas otras personas que también han tenido la suerte de escucharle, sentir su comprometida conciencia y su pedagogía cercana. Aprendimos de él a decir “capitalismo” sin que se nos pusiera cara de politburó, para poder afirmar, con él, que el capitalismo es un sistema criminal, asesino.

Arcadiseguim.

 

Fuente: Diario El Salto (26 de febrero de 2021)

* SOBRE LOS Y LAS AUTORAS

Marco Aparicio (presidente del Observatori DESC)
Mar Valldeoriola (activista y editora de Angle Editorial)
Jesús Carrión (economista y activista)
Dani Gómez-Olivé (Lafede.cat)
Iolanda Fresnillo (Plataforma Auditoria Ciutadana del Deute

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