Entre 1953 y 1962, Jorge Semprún trabajó clandestinamente en España enviado por el PCE y organizó en Madrid un grupo compuesto en su mayoría por universitarios antifranquistas que terminaron siendo detenidos, interrogados y encarcelados. Bajo diferentes identidades, entre ellas la de Federico Sánchez, Semprún fue puesto al descubierto en la Dirección General de Seguridad por uno de ellos, que hasta el presente permanecía en el anonimato. Una cuestión fundamental en la biografía del autor de Autobiografía de Federico Sánchez que con el tiempo se convertiría en una de las mentes más lúcidas del siglo XX.

 

Francisco Xavier Redondo Abal

Universidade de Santiago de Compostela / Consello da Cultura Galega

 

Na memoria do meu irmán,
José Enrique Sobral (1959-2020),
sempre na miña lembranza

 

En el verano de 1953, los responsables del Partido Comunista de España exiliados en París ordenaron al ciudadano francés Jacques Grador una misión tan arriesgada como temeraria: traspasar la frontera franco-española con el objetivo de articular, incrementar y potenciar la lucha en el interior contra la dictadura franquista. En aquel caluroso mes de junio y durante tres semanas, Grador visitó Barcelona, Valencia, Madrid y San Sebastián, y contactó con antiguos comunistas que habían pasado por las cárceles del régimen, camaradas que habían logrado sobrevivir a las duras condiciones de los presidios españoles, aunque no solo ni principalmente con ellos pues también tejió complicidades con personas aún no adheridas a la militancia antifranquista.

Aquel iniciático viaje a la clandestinidad tuvo su continuidad en otros traslados y estancias durante nueve años, con reiteradas entradas y salidas de España, con permanencias cada vez más duraderas en el tiempo y bajo diferentes identidades. Ello le granjeó ser el hombre más buscado por la policía política franquista, la Brigada Político-Social, que nunca logró conocer su aspecto físico ni, mucho menos, identificarle y detenerle. Una documentación falsa confeccionada con maestría por el genial Domingo Malagón, tras el regreso de Jacques de su primer viaje a España, junto a su astucia, prudencia o, tal vez, un sexto sentido, evitaron la caída en manos de la policía de Grador y un futuro a todas luces plagado de torturas, cárcel y quién sabe si un pelotón de fusilamiento. Su ocasional nombre pronto fue substituido por el de Federico.

En realidad, aquel enviado ni era francés ni se llamaba Jacques. Tampoco Federico. Su nombre verdadero era Jorge Semprún Maura (Madrid, 10 de diciembre de 1923 – París, 7 de junio de 2011). Nacido en el seno de una familia de la alta burguesía conservadora, su abuelo Antonio Maura lideró las filas monárquicas a finales del siglo XIX y principios del XX, mientras que su tío Miguel ostentó la cartera de Gobernación en el gobierno provisional de la Segunda República. Su padre, José María Semprún Gurrea, profesor auxiliar de Derecho en la Universidad de Madrid, gobernador civil en Toledo y Santander y encargado de negocios durante la etapa republicana, partió al exilio nada más iniciarse la Guerra Civil, se instaló con toda la familia (Jorge contaba entonces con trece años) primero en La Haya y desde 1939 en París, donde el joven Semprún estudiará preparatorio y parte del primer curso de Filosofía y Letras en la Sorbona.

Los hermanos Semprún durante las navidades de 1936. De izquierda a derecha Álvaro, Jorge, Gonzalo, Carlos y Francisco. A la derecha Elsa Grobety.

En 1942, ya militante del PCE, comenzó a participar en la Resistencia contra el nazismo en la Francia ocupada. Detenido en Borgoña en 1943 y torturado en Auxerre por la Gestapo de Haas y sus esbirros, Semprún fue deportado al campo de concentración de Buchenwald, en la Turingia alemana, con apenas veinte años de edad, donde lució cosido a su chaqueta un triángulo rojo –es decir, Rot–, la letra S de Spanier en color negro y el número de prisionero 44.904. Se había convertido en un Rotspanier. Aquella dolorosa experiencia aparecerá recogida en obras como El largo viaje, La escritura o la vida y Viviré con su nombre, morirá con el mío.[1]

Tras la liberación de aquel infierno, el 11 de abril de 1945, regresó a París, donde trabajó como traductor para la Unesco y continuó militando en las filas comunistas. Estalinista convencido, Semprún perteneció desde 1954 al Comité Central del PCE y entró dos años después en su Buró Político, llamado desde 1960 Comité Ejecutivo. Más tarde, evolucionó ideológicamente distanciándose de las tesis defendidas por Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri y el CE (Buró Político) y, junto a Fernando Claudín y Francesc Vicens, acabó siendo expulsado primero de los órganos directivos, en 1964, y, a continuación, del propio partido en marzo/abril de 1965. Los “intelectuales con cabeza de chorlito” de los que hablaba La Pasionaria no tenían sitio dentro de la organización. Sin embargo, cuando en 1977 Semprún obtenga el Premio Planeta por su Autobiografía de Federico Sánchez, declarará: “Nunca he dejado de ser marxista”.[2] La novela premiada era, según su autor, una respuesta al libro de entrevistas dadas por Carrillo a Régis Debray y Max Gallo titulado Demain, l’Espagne, publicado en 1974.[3]

Jorge Semprún, a la derecha, y Santiago Carrillo, junto a sus familias en 1960 en la costa del Mar Negro. FOTOS CEDIDAS POR DOMINIQUE LANDMAN

Como avanzamos anteriormente, entre 1953 y 1962, el enviado comunista utilizó, además de Grador,[4] distintas identidades a lo largo de su etapa clandestina en territorio hispano: Rafael Artigas, Gérald Sorel, Agustín Larrea, Ramón Barreto, Rafael Bustamante, Camille Salagnac y, especialmente, Federico Sánchez, su firma oficial en documentos y artículos. Unas veces ejerció de hispanista francés, otras de sociólogo. Penetró en el mundo intelectual y estudiantil de la época para atraer a las filas del PCE y a la movilización contra la dictadura a escritores, guionistas, universitarios, editores y también toreros. Filósofo y ensayista político, novelista con una sólida obra literaria donde la memoria juega un papel prioritario y autor de memorables guiones cinematográficos para cineastas como Constantin Costa-Gavras, Alain Resnais, Joseph Losey, Yves Boiset o Pierre Garnier-Defferre,[5] Jorge Semprún vivió una vida intensa, comprometida y arriesgada, al tiempo que se convirtió en uno de los testigos más lúcidos del siglo XX.

Su verdadera personalidad no fue descubierta por la policía franquista hasta 1963; hasta entonces esta última solo persiguió sombras y un nom de guerre extraído a los detenidos bajo la tortura sistemática y atroz practicada a obreros y militantes significados en las dependencias de la madrileña Dirección General de Seguridad. Aquel nombre de guerra –Federico Sánchez– fue lo único que conoció la policía política secreta del Régimen durante los años de actividad clandestina de Semprún. Aquel año, 1963, descubrieron quién se escondía bajo la identidad de uno de los hombres más perseguidos y buscados por la dictadura franquista.

Jorge Semprún posa con las primeras doce traducciones de Le grand voyage, con la que ganó el premio Formentor en 1963 (foto: cepb.eu)

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Durante los años de clandestinidad en España, Semprún comenzó por alojarse en hoteles y pensiones. Con el tiempo, ya en Madrid, aquellas estancias fueron cada vez más prolongadas, se instaló en pisos particulares de veteranos militantes comunistas como, por ejemplo el de Manuel Azaustre o en el del productor cinematográfico Ricardo Muñoz Suay, “uno de los más antiguos compañeros de clandestinidad de Federico Sánchez”, en palabras del mismo Semprún. Pero, ¿qué hacía aquel hombre de apenas treinta años de edad en aquella España vigilada, controlada y reprimida por los vencedores en la Guerra Civil? ¿Cuántos riesgos asumía aquel exiliado y militante del PCE en aquel peligroso país anticomunista, nacional-católico y dictatorial? ¿Qué misión le fue encomendada? ¿Cuáles eran sus objetivos?

Desde su llegada a España en 1953, Jorge Semprún se convirtió en los ojos y los oídos del Comité Central del Partido Comunista en el interior. Su absoluto compromiso en la lucha antifranquista le llevó a redactar informes que periódicamente enviaba a la cúpula del partido en París. Para Semprún, la mayor esperanza en aquella lucha desigual contra la dictadura residía en la clase obrera; pero también entendía el papel relevante de los intelectuales en general y en los estudiantes universitarios en particular, algo que había que aprovechar. De esta manera, Federico Sánchez se infiltró entre escritores, editores, directores y productores cinematográficos, estudiantes universitarios, artistas… El pequeño pero creciente mundo intelectual antifranquista encontró en Semprún el artífice que organizaría una red de activismo político contra el Régimen entonces desconocida. De hecho, la Dirección General de Seguridad escribirá un informe interno fechado el 22 de junio de 1968, del que trataremos más adelante, en el que afirma que Semprún “como ‘Instructor’ enviado por el Partido consigue la incorporación al trabajo clandestino de personas de cierto relieve por sus apellidos y origen”.

Lo cierto fue que entre 1954 y 1956 Federico Sánchez aglutinó, entre otros, a licenciados y estudiantes universitarios como Enrique Múgica, Ramón Tamames, Javier Pradera, Julio Diamante, Fernando Sánchez Dragó, Javier Muguerza, Julián Marcos, Ignacio Romero de Solís, Jesús López Pacheco, Domingo González Lucas, Jaime Maestro y muchos más, ganándolos para la causa comunista y la lucha antifranquista. Así, el primer día de abril de 1955, en un descampado de la Ciudad Universitaria, quedó constituido el primer núcleo de estudiantes comunistas con solo cuatro de los citados. Todos ellos tenían en común su activismo en la universidad madrileña y su juventud.

Una de las pocas imágenes conocidas de la movilización estudiantil de 1956 en la universidad Complutense, obra de Arlanza y reproducida en Palacios Jesús, «Febrero caliente en la Universidad. Un grupo de estudiantes se rebela este año contra el SEU y el sistema educativo, provocando graves disturbios en Madrid». Franquismo año a año, nº 16 (1956), Biblioteca EL MUNDO,

Pero la realidad, tal y como señala Manuel Juan Farga en su estudio sobre la universidad y la democracia, era que “en apariencia, hasta fines de 1955, todo estaba en paz en los centros de enseñanza superior”.[6] En la misma línea se sitúa Pablo Lizcano cuando afirma que en la universidad reinaba el “más hueco de los vacíos”.[7] Sin embargo, el panorama estudiantil comenzaba a moverse de manera inexorable a través de una serie de convocatorias y, en unos pocos meses, los acontecimientos en la Universidad Central de Madrid (actual Complutense) pondrán en alerta a las autoridades del Régimen: el malogrado Congreso Universitario de Escritores Jóvenes, previsto para noviembre de 1955 y que jamás llegó a celebrarse; el Congreso Nacional de Estudiantes de finales de enero de 1956, ideado por Tamames, Múgica y Pradera, que culminaría con el conocido “Manifiesto” (“Desde el corazón de la Universidad española…”), escrito por Miguel Sánchez-Mazas y repartido por las aulas universitarias el primer día de febrero de aquel año de 1956; y, por último, especialmente, los sucesos cruciales ocurridos entre los días 6 y 9 de febrero.

Muchos autores coinciden en afirmar que los graves altercados de febrero de 1956 marcan el inicio de la revuelta estudiantil contra el franquismo. La Universidad, siempre mal vista por las autoridades del Régimen, se convertirá a partir de entonces en semillero de estudiantes antifranquistas. Durante aquellos cuatro días de febrero, el nerviosismo y la tensión crecieron de forma exponencial. Por un lado, la convocatoria de elecciones libres en las facultades del Distrito Universitario de Madrid condujo a la pérdida del control que desde la victoria franquista venía ejerciendo el Sindicato Español Universitario (SEU). Por otro, el paso adelante dado por la Falange y su Centuria 20 junto a miembros de la Guardia de Franco radicalizó los acontecimientos. Entonces, venció la dialéctica de los puños y las pistolas: asaltos a la Facultad de Derecho, enfrentamientos en los recintos universitarios… hasta llegar al día 9 de febrero y la celebración del Día del Estudiante Caído. Aquella jornada de confrontación entre estudiantes democráticos y miembros de la Falange y de la Policía Armada se saldó con las graves heridas del joven de apenas diecinueve años Miguel Álvarez Morales, miembro de la Centuria Sotomayor del Frente de Juventudes de Madrid, que resultó abatido por un disparo accidental. Lo cierto es que los únicos participantes armados en aquellos sucesos fueron los falangistas y la policía.

Las detenciones no se hicieron esperar. El mismo día 9 caían Miguel Sánchez-Mazas, Gabriel Elorriaga, Javier Pradera, Enrique Múgica, Ramón Tamames… Dos días más tarde le llegó el turno a Julián Marcos, Jesús López Pacheco, Fernando Sánchez Dragó, María del Carmen Diago y José Luis Abellán. Poco tiempo después fue detenido Julio Diamante. Mientras, el día 10 era cerrada la Universidad madrileña y comenzaban las carreras de dimisiones y ceses: Manuel Torres López, decano de la Facultad de Derecho; el rector Pedro Laín Entralgo; Joaquín Ruiz-Giménez, ministro de Educación; y, por último, Raimundo Fernández Cuesta, ministro de la Secretaría General del Movimiento.

Informe de la Dirección General de Seguridad con una relación de detenidos por la movilización estudiantil (foto: Crónica Popular)

A la prensa del régimen le faltó tiempo para presentar a los detenidos como integrantes de una amplia conjura judeo-masónica confabulada en un contubernio internacional. El diario madrileño Arriba en su editorial del 11 de febrero calificaba a los detenidos de “insensatos” y “provocadores”, portadores de “turbias y criminales maquinaciones”.[8] Por su parte, en la misma fecha, La Vanguardia de Barcelona se decantaba por denominarlos “tránsfugas, apóstatas y resentidos fracasados” que se han dejado llevar por “los filósofos, los retóricos, los clínicos, las clases seudo [sic] intelectuales” que los alientan hacia “la rebelión juvenil (…) de maleantes o de zascandiles”.[9]

Tal vez fue un universitario, Elías Díaz, quien ya en 1974 supo elaborar el resumen más acertado de aquellos sucesos cuando escribió: “Una etapa concluye verdaderamente en 1956: la Universidad ha alcanzado ya una cierta madurez e independencia crítica (…). Puede decirse que es a partir de entonces cuando comienza, en efecto, a configurarse una actitud de oposición intelectual y política, y después de escisión más profunda, entre hombres procedentes del propio régimen y, sobre todo, entre jóvenes educados en él”.[10] Y en aquella configuración, resultó fundamental el papel desarrollado por Jorge Semprún, quien se convirtió en el cabecilla de la insurgencia cultural del PCE en los ámbitos universitario, editorial y cinematográfico.[11]Federico Sánchez articuló, en definitiva, la lenta pero sostenida infiltración en las entrañas de la dictadura por parte de estudiantes, intelectuales, editores, artistas y, en general, hombres y mujeres del mundo de la cultura.

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La convocatoria para la realización de la Huelga Nacional Pacífica (HNP) quedó fijada para el 18 de junio de 1959. Para entonces, Semprún trabajaba en su organización junto a Simón Sánchez Montero, Ángel, y Francisco Romero Marín, Aurelio. Los tres comunistas eran los únicos miembros del Buró Político del PCE en Madrid. Sánchez Montero, que en aquellos momentos se alojaba en el hogar de Gabriel Celaya y su mujer Amparo, fue detenido la víspera de la jornada que debía celebrar la HNP, “tres iniciales mayúsculas y carismáticas que han hecho vivir a los comunistas tantos años en el universo fantasmático de los sueños”, según escribiría luego el propio Semprún.[12] Para otro protagonista de aquellos días, Javier Pradera, la huelga “fue un fracaso tremendo. Fracasó. Fracasó”.[13]

V Congreso del PCE. De derecha a izquierda Jorge Semprún, Simón Sánchez Montero, Pepe Ortega y otros camaradas. Praga, 1954 (foto: archivo fotográfico de la biblioteca de la Universidad Complutense)

Todo lo contrario pensaron Santiago Carrillo y el resto de la dirección del PCE en el exilio. Una visión errática y confusa sobre la real situación en el interior de España condujo a un análisis triunfalista y complaciente. Eso abrió la primera gran pugna dentro del partido. Fernando Claudín y Jorge Semprún comenzaron a poner en cuestión las tesis defendidas desde el Comité Central y el Buró del partido en relación a su política en el interior de España. Años más tarde se sumará a todo ello la crítica a los procesos estalinianos ocurridos dentro del PCE en las décadas cuarenta y cincuenta (Gabriel León Trilla, Heriberto Quiñones, Jesús Monzón, Joan Comorera), la persecución sufrida por Rudolf Slánský, Artur London, Josef Frank y otros once miembros del PC checoslovaco, detenidos y juzgados por “complot sionista” en 1952, los sucesos de Hungría de 1957 y el aplastamiento de su revuelta por las tropas soviéticas…

La resultante fue que desde 1960 Semprún comenzó a cuestionar, todavía no abiertamente, las líneas estratégicas seguidas por el partido en su lucha contra la dictadura. Era solo cuestión de tiempo que Carrillo, Ibárruri, Juan Gómez y el resto del Buró se reunieran en Praga en abril de 1964, en un antiguo castillo antes propiedad de los reyes de Bohemia, para dictaminar la salida de Claudín y Semprún (presentes en aquellas sesiones) del Buró político del PCE. Luego, el Comité Central debatió el asunto y llegaron a participar, vía epistolar, los miembros que en aquellos momentos sufrían prisión en España: Narciso Julián, Ramón Ormazábal, Pere Ardiaca y Miguel Núñez, en la de Burgos; Luis Lucio Lobato y Sánchez Montero en el penal cántabro de El Dueso, en Santoña. Todos, presos y exiliados, coincidieron en que Semprún y Claudín tenían que ser expulsados del Partido Comunista de España. Comenzaba la primavera de 1965.

Jorge Semprún y Simón Sánchez Montero (foto: rtve.es)

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En diciembre de 1966, casi dos años después de ser apartado de los órganos de dirección comunistas y tras ser expulsado del PCE, Semprún solicitó en el Consulado General de España en París un pasaporte español con el que poder regresar a su país “bajo su propia responsabilidad”. La petición fue más tarde cursada a la Dirección General de Asuntos Consulares que, a su vez y dada la condición de exiliado político de Semprún, la remitió a la Comisión Interministerial de Repatriaciones. Esta informó negativamente el 27 de diciembre, alertando sobre las actividades y antecedentes políticos del madrileño, considerándolo “persona eminentemente peligrosa”. Semprún no se dio por vencido y en enero de 1967 reiteró su petición, pero la Comisión Interministerial se mantuvo firme.

Ante los repetidos desplantes que impedían al ya exmilitante comunista acceder a la documentación que le posibilitara entrar en España de manera legal, optó por acudir a un viejo amigo con buenos contactos dentro del régimen: Luis Miguel González Lucas, más conocido como Luis Miguel Dominguín, famoso matador de toros en las décadas de 1940 y 1950, hijo y hermano de toreros. Semprún y Luis Miguel se conocieron en casa del hermano de éste, Domingo, cuando el agitador comunista se hacía llamar Agustín Larrea, sociólogo y opositor a cátedra. La ayuda solicitada por Semprún a Luis Miguel no tardó en activarse y el torero de Madrid escribió una carta el 6 de marzo de 1967. Iba dirigida, nada menos, al ministro de Gobernación, el general ferrolano Camilo Alonso Vega, hombre de confianza de Franco y persona que había destacado por su dureza en la represión contra el maquis y la oposición antifranquista cuando ocupaba el cargo de director general de la Guardia Civil, entre 1943 y 1955.

Alonso Vega respondió a Luis Miguel Dominguín diez días más tarde, el 16 de marzo, con una corta misiva. La negativa del ministro franquista a conceder un pasaporte a Jorge Semprún fue su contestación, advirtiendo, por otro lado, sobre la posible querella contra el solicitante por parte de la autoridad judicial. La causa para no facilitar aquel documento de identidad residía en el comportamiento del propio Semprún durante más de dos décadas de actividades políticas, en España y en el extranjero. La carta del ministro dirigida a Luis Miguel Dominguín iba acompañada por un informe de la Dirección General de Seguridad fechado el 12 de diciembre de 1966 donde ya aparece el nombre de Federico Sánchez. Informe, por otro lado, plagado de inexactitudes y errores de bulto.[14]

Pasaporte de Jorge Semprún de 1961 (foto: rtve.es)

Todas las solicitudes realizadas por Semprún para obtener el pasaporte que le permitiera cruzar legalmente la frontera española crearon una inusitada alarma y en seguida pusieron en alerta a las fuerzas represoras del Régimen que, como veremos, conocían la verdadera identidad de Federico Sánchez desde 1963 gracias a la información proporcionada por un detenido. Así, llegamos hasta un documento excepcional: el Boletín informativo de la Brigada Político-Social, que lleva el número 42 y fue redactado el 22 de junio de 1968 en las dependencias de la Dirección General de Seguridad de Madrid, más concretamente en la Comisaría General de Investigación Social. Estos Boletines, cuyo primer número se remonta al 16 de diciembre de 1946 y el último a octubre de 1977, eran los herederos del llamado Boletín de Información Antimarxista, donde el conocido comisario y periodista Eduardo Comín Colomer jugó un papel de especial relevancia. Los BIA aparecieron en dos épocas diferentes: la primera, editada en Valladolid, abarcó desde el 20 de octubre de 1938 hasta el 31 de marzo de 1939. La segunda época, ya en Madrid, se inició en julio de 1941, tuvo diferentes periodicidades (mensual al principio, bimensual más tarde) y culminó con el número 30 de 1945. Con clara intencionalidad pedagógica para aleccionar a los cuerpos policiales del momento, los BIA trataron infinidad de temas relacionados con el comunismo (nacional e internacional), el anarquismo y el movimiento sindical, el judaísmo, la masonería, etc.

Los llamados Boletines informativos eran redactados en Madrid por la Secretaría General de la Comisaría General de Investigación Social (la secreta, la Social, así llamada en los ambientes antifranquistas), dependiente de la Dirección General de Seguridad. Aquellos informes secretos conformaban una documentación de uso interno, para consumo propio, por lo que no debemos dudar de su verosimilitud, lo que no que significa infalibilidad. Con una periodicidad irregular, redactados por manos anónimas, los Boletines tenían como objetivo informar a todos los integrantes de la policía secreta franquista sobre movimientos, actividades, lugares, historiales, nombres propios, grupos, organigramas y todo aquello que tuviera relación con la oposición al régimen franquista.

Boletín informativo de la Comisaría general de Investigación Social (procedencia: blog Justicia y Dictadura)

El ámbito de actuación abarcaba, como no podía ser otra manera, a todo el territorio del Estado y englobaba múltiples manifestaciones: laborales, universitarias, culturales, religiosas, ideológicas… Todo aquello que fuera considerado una amenaza para el régimen y su dictadura era analizado escrupulosamente y recogido en aquellos textos para conocimiento de los integrantes responsables de la represión policial. Se trataba, en definitiva, de garantizar el orden establecido manteniendo la salvaguardia del statu quo imperante desde 1939.

Cada ejemplar de aquellos boletines partía hacia las diferentes comisarías repartidas a lo largo del Estado, es decir, aquellas donde operaban las Brigadas Regionales y Secciones Locales de la Brigada Político-Social. Sus integrantes tenían la obligación de leer y conocer los contenidos de aquellos informes y las diferentes dependencias de las BP-S conservarían siempre como documento propio cada Boletín informativo recibido en sus comisarías, “realizando las gestiones que de su contenido tengan derivación en las comarcas respectivas”.

Como ya señalamos anteriormente, el Boletín informativo número 42 del 22 de junio 1968 es un documento excepcional.[15] Su título es ya toda una declaración de intenciones: “Agitadores comunistas. Jorge Semprún Maura”. El encabezamiento del texto de once páginas que trataremos a continuación es el siguiente:

INFORME sobre sus antecedentes y actividades dentro y fuera de España, con su propia identidad y con los nombres conspirativos de FEDERICO SÁNCHEZ, en la dirección del Partido Comunista de España, y los de AGUSTÍN, FEDERICO y FEDERICO ARTIGAS, en actuaciones clandestinas en el interior del país (57-58).[16]

Jorge Semprún en 1970

El Boletín comienza con una muy breve anotación biográfica de Semprún: lugar y fecha de nacimiento, nombre de los padres, estudios y residencia desde su salida al exilio junto a su familia, participación en la Resistencia francesa, detención y deportación a Buchenwald, labores de traductor para la Unesco,[17] matrimonio y divorcio de la actriz francesa Loleh Bellon. Como en el caso del informe policial del 12 de diciembre de 1966 que acompañaba la carta de contestación de Alonso Vega a Luis Miguel Dominguín, también este documento, redactado casi dos años después, presenta lagunas cronológicas, ciñéndose únicamente a sus años de actividad en el interior entre 1957 y 1958. En consecuencia, el boletín ignora todos los acontecimientos ocurridos entre 1953 y 1956, así como la presencia de Semprún en España desde 1959 hasta su salida definitiva (y clandestina) del país en 1962, momento en que fue sustituido por la persona que a su vez había reemplazado a Sánchez Montero tras su caída en junio de 1959, José Sandoval, que apenas duró año y medio en su misión ya que fue detenido en 1964 y condenado a quince años de prisión de los que cumplió diez. Con Sandoval también entró en la escena madrileña Julián Grimau.[18]

Para la policía política franquista, Semprún fue “el cerebro de las tareas de agitación y propaganda en el interior de nuestro territorio”.[19] O, dicho de otra manera, según la Dirección General de Seguridad las actividades desarrolladas por el investigado “han revestido características delictivas”, desarrollando actuaciones políticas “verdaderamente intensas y siempre en contra del Régimen español”. No en vano, según el informe que tratamos, Semprún poseía “un extraordinario rango de agitador al servicio del comunismo”.

Al margen de toda esta literatura descriptiva policiaca, el Boletín informativo responsabiliza a Federico Artigas, en otros momentos simplemente Agustín, de ser el responsable de “la difusión de propaganda enfocada a los medios intelectuales y juveniles” que culminará en “las algaradas estudiantiles registradas en nuestra Patria”. Además de los sucesos de febrero de 1956 en la Universidad Central de Madrid, ya comentados anteriormente, el documento policial se centra en las detenciones practicadas en la capital de España en enero de 1958: treinta y tres detenidos, la mayoría estudiantes universitarios, de los cuales al menos catorce declararon en comisaría haber sido captados por un tal Agustín o Federico. Jorge Semprún aparece entonces como ‘el Instructor’, con unas señas que lo definen como “de 32 o 33 años, más bien alto, delgado, con gafas, pelo liso”.

Entre aquellos estudiantes adheridos a la lucha contra la dictadura que fueron captados por Semprún, el informe policial cita a Javier Muguerza, Jorge Deike, Julián Marcos, Ángel González Osorio, Félix Villameriel, Jorge Asensio, Francisco Carmona, Manuel Moya, Emilio Sanz, José Herreruela, Julio Ruiz Barrio, Alberto Saoner y Fernando Sánchez Dragó. También aparecen en la lista Javier Pradera (alférez de la Escuela Jurídica del Ejército del Aire), Antonio Ron Méndez (auxiliar en el Instituto Nacional de Previsión) y Alberto Villa Landa (médico). Toda esta organización estudiantil estaba dirigida por Pradera, Moya y José María Álvarez Cruz, que contaban con el sustento de un Comité de Coordinación Universitaria, al frente del cual se encontraban Sánchez Dragó, Sanz Hurtado, Villameriel y Saoner.

Pero la actividad clandestina de Jorge Semprún no se limitó al mundo estudiantil. Como no podía ser de otra manera, Federico/Agustín articuló entre los trabajadores de diferentes ramas laborales grupos que comenzaron a organizar actos de oposición a la dictadura. Semprún colocó al frente de este apartado al médico Alberto Villa Landa que, en muy poco tiempo, captó para el partido a periodistas (Enrique Chena), corredores de seguros (Ángel Fernández), trabajadores del metal (Luis Serrano, Felipe López Bernardo, Juan Ruano de la Fuente), de la construcción (Valentín Descalzo, Vicente Polo) y de Renfe (Magdaleno Sawa, José Luis Martín Cadenas).

Por otro lado, el Boletín menciona la concesión a Semprún del prestigioso premio de literatura Formentor, otorgado en 1963 “por su novela ‘El gran [sic] viaje’ (…)”, título en traducción libre y desafortunada realizada por el aparato policial. El galardón, fallado en la isla de Corfú, tuvo como jurado a los principales editores europeos, entre ellos Carlos Barral, y compitió por el premio con La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa. La obra, escrita en francés con el título Le grand voyage y traducida de inmediato a catorce idiomas, apareció publicada en París en mayo de 1963 por deseo de Claude Roy, responsable de Gallimard, y con ella Semprún dio inicio a su fructífera carrera literaria. A ella le seguirían obras magistrales como L’évanouissement (1967), La deuxième mort de Ramón Mercader (1969, Premio Femina), Quel beau dimanche! (1980), L’algarabie (1981), La montagne blanche (1986), Netchaïev est de retour (1987), L’écriture ou la vie (1994, Premio Louis Guilloux), Veinte años y un día (2004, Premio José Manuel Lara) y un largo etcétera.

Para finalizar, apuntemos que el documento redactado en la Comisaría General de Investigación Social realiza unas  breves referencias a las colaboraciones periodísticas de Semprún en Realidad (editado en Roma),  Mundo obrero (París) y L’Unitá (órgano del PC italiano), así como a la participación del investigado dentro de la Editorial Ruedo Ibérico, de cuya “orientación política nos da exacta idea la simple mención de algunos libros publicados: ‘La guerra civil española’ de Thomas; ‘El laberinto español’ de Gerald Brenan; ‘Diario de la Guerra de España’, de Mijail Koltsov; y ‘Falange. Historia del fascismo español’, de Stanley R. Payne”.

Sin embargo, son las páginas 7 y 8 del Boletín informativo de 22 de junio de 1968 las que nos proporcionan una información crucial, hasta ahora no revelada, y, a nuestro juicio, no menor. Más bien, al contrario, esas dos páginas descubren un hecho de una importancia vital en la trayectoria clandestina de Jorge Semprún que, por circunstancias afortunadas para el madrileño, no le acarreó consecuencias graves e incluso irreparables. Semprún se encontraba ya en Francia en 1963 y no volvería a pisar suelo español hasta 1969 cuando con un pasaporte legal aterrizó en Madrid haciendo escala de un viaje París-La Habana, invitado por Carlos Franqui.

Esas dos páginas del documento policial desvelan el nombre de la persona que informó –que no delató, cosa bien diferente– a la Brigada Político-Social sobre la verdadera identidad de Federico Sánchez. La redacción del texto no deja lugar a dudas y las páginas 7 y 8 proporcionan el nombre del entonces detenido cuyas revelaciones debieron dejar estupefactos a los funcionarios policiales durante el interrogatorio al que fue sometido: Federico Sánchez se esconde, en realidad, en la personalidad de Jorge Semprún Maura. ¿Quién fue ese informante? Pues un joven amigo y camarada del Partido Comunista de España.

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Los estudios sobre la vida y la obra de Jorge Semprún llevan ya muchos años ocupando buena parte del mercado editorial. En las dos últimas décadas hemos asistido a la aparición de solventes monografías que, en su mayoría, están orientadas al análisis literario y crítico de la literatura sempruniana desde diferentes puntos de vista: el estilo narrativo, la deportación y la memoria como ejes centrales de su escritura, la autobiografía como género literario, el ensayo político, el teatro y los guiones cinematográficos… ocupan buena parte de los recientes trabajos sobre Semprún.[20]

No podemos afirmar lo mismo cuando tratamos del pensamiento político y social de Semprún, sus años de clandestinidad en España, su militancia y expulsión del PCE, su exilio, su evolución ideológica y su abandono del estalinismo, etc. Resulta obvio que un ensayo sobre la historia del Partido Comunista de España en la segunda mitad del siglo XX tendrá que incluir a Semprún entre sus páginas (Gregorio Morán, Paul Preston).[21] Incluso al tratar de ciertos protagonistas de la lucha antifranquista, como Javier Pradera o Fernando Claudín, será necesaria la alusión al autor de Autobiografía de Federico Sánchez (Santos Juliá).[22]

Ahora bien, si nos ceñimos a la biografía política de Semprún, no hallaremos demasiados trabajos. Contamos, no obstante, con sobresalientes ensayos que nos acercan con mucha fiabilidad a la trayectoria vital y política de Semprún, como los firmados por Soledad Fox Maura,[23] Franziska Augstein[24] y, especialmente, el estudio elaborado por Felipe Nieto, un documentado ensayo que nos aproxima de manera fehaciente a la figura del polifacético autor madrileño desde una óptica ideológica, de pensamiento y de acción.[25] Mientras las dos autoras citadas centran buena parte de sus estudios en el exilio, la Resistencia en Francia y la deportación (sin descuidar, por tratarse de unas biografías, de la lucha clandestina en España y la posterior ruptura con el PCE), la escritura y, por último, su paso por el Ministerio de Cultura en el Gobierno socialista de Felipe González, entre 1988 y 1991, el trabajo de Nieto pivota fundamentalmente en los años comunistas de Semprún, desde el exilio hasta su salida del PCE. Es decir, desde 1939 hasta 1964.

En el año 2014 vio la luz su voluminoso estudio La aventura comunista de Jorge Semprún: exilio, clandestinidad y ruptura, editado por Tusquets en su colección “Tiempo de memoria”, obra merecedora del XXVI Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias.[26] Para su elaboración, Nieto se apoyó en una vasta bibliografía, en fuentes documentales archivísticas y en un buen número de entrevistas a muchos de los protagonistas de aquellos años, desde Javier Pradera hasta Santiago Carrillo, pasando por Julio Diamante, Luis Goytisolo, Domingo Malagón, Enrique Múgica, Javier Muguerza o Simón Sánchez Montero, por citar algunos. Y por supuesto el propio Jorge Semprún. Y así, a lo largo de más de seiscientas páginas, Felipe Nieto clarifica y expone con sumo rigor “los momentos más fascinantes de la aventura vital de Jorge Semprún: los años de peligrosa actividad clandestina en la España de Franco”, tal y como reza en la contracubierta.

A este respecto, tratando sobre esa peligrosa actividad clandestina, en el noveno y último capítulo de su estudio, “Crisis y expulsión (1963-1964)”, el profesor Nieto escribe un apartado titulado “Federico Sánchez-Jorge Semprún, identificados”.[27] Allí narra la declaración de un detenido en la redada de 1963 y describe el informe policial del año 1968 al que hicimos referencia en páginas anteriores: el Boletín informativo número 42 de 22 de junio. Como vimos más arriba, ese informe desvela la identidad de la persona que identificó plenamente a Federico Sánchez como Jorge Semprún. En el texto de Felipe Nieto podemos leer:

Uno de los detenidos en la redada de 1963 (…) dice a la policía,

en conversación con los funcionarios que intervenían en el caso, hizo constar “que se había visto sorprendido extraordinariamente al comprobar que la fotografía de JORGE SEMPRÚN MAURA, que aparecía en un periódico comunista italiano, elogiándose [sic] por haber obtenido el ‘Premio Formentor’, correspondía a un amigo suyo que en los años 1956 y 57, llevaba la dirección del trabajo del Partido Comunista en Madrid, siendo conocido por el nombre de FEDERICO ARTIGAS.[28]

Y continúa el autor de La aventura comunista de Jorge Semprún desgranando el contenido del informe policial:

El informante declaró asimismo haberse cruzado varias veces son Semprún en París en actos y conferencias a favor de la amnistía. “Con esto, por consiguiente”, concluye la policía, “quedó determinada la personalidad de AGUSTÍN-FEDERICO y JORGE SEMPRÚN MAURA (…) que acreditó de tal suerte su extraordinario rango de agitador al servicio del comunismo.[29]

Si, como veremos a continuación, el texto elaborado en la Comisaría de Investigación Social menciona a la persona informante con nombre y apellidos, las preguntas, entonces, saltan como un resorte: ¿por qué el profesor santanderino no cita en su investigación la verdadera identidad del informante? ¿Por qué no aparece con nombre y apellidos la persona que identificó a Federico Sánchez como Jorge Semprún? No hay en el estudio de Nieto, desde luego, autocensura de ningún tipo y la explicación hay que buscarla en la despersonalización de los documentos de archivo, es decir, en la práctica archivística de tachar los nombres propios de acuerdo a la Norma-Real Decreto 1708/2011, de 18 de noviembre, que establece el Sistema Español de Archivos y regula su régimen de acceso y consulta. En concreto, su Capítulo IV, de Procedimiento de acceso a documentos y archivos, establece severas restricciones en su artículo 28 cuando no hayan transcurrido cincuenta años desde el momento en que se originó el documento. Algo similar podríamos decir de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español (BOE, número 155, 29 de junio de 1985), cuyo artículo 57.1, apartado c, establece la normativa sobre la consulta de documentos archivísticos.[30]

Felipe Nieto nunca pudo leer el nombre de la persona que identificó en comisaría la verdadera identidad de Federico Sánchez, simplemente porque ese nombre, como otros tantos, aparecía tachado. Dicho de otra manera: la despersonalización del documento impidió al historiador afirmar (y confirmar) con plena rotundidad la identidad del detenido[31] que en su declaración ante la policía descubrió la doble personalidad Semprún/Federico Sánchez. Con todo, en una nota a pie de página, la 57 del capítulo “Crisis y expulsión”, página 607, Nieto aventura dos posibles informadores: Fernando Sánchez Dragó y Ángel Sánchez Gijón, ambos promotores de la Alianza Democrática Popular Española, organización que no pasará a la historia por la huella dejada tras de sí.[32]

Fernando Sánchez Dragó a finales de la década de los 50, con sus hermanos (foto: sanchezdrago.com)

Para desvelar este episodio de una vez para siempre, transcribimos parte del Boletín informativo número 42, fechado el 22 de junio de 1968. Respetamos en todo momento la presencia de mayúsculas y subrayados en el texto. Dice así, literalmente, el documento policial:

Cabe indicar que hasta el mes de septiembre de 1963 no volvieron a tenerse noticias de AGUSTÍN o FEDERICO. Pero ello no se debió a nuevas actuaciones clandestinas, sino a unas manifestaciones de Fernando SÁNCHEZ DRAGÓ, al margen de diligencias que le eran instruidas por su participación en una organización denominada “Alianza Democrática Popular Española”.

SÁNCHEZ DRAGÓ, en conversación con los funcionarios que intervenían en el caso, hizo constar “que se había visto sorprendido extraordinariamente al comprobar que la fotografía de JORGE SEMPRÚN MAURA, que aparecía en un periódico comunista italiano, elogiándose por haber obtenido el “Premio Formentor”, correspondía a un amigo suyo que en los años 1956 y 57, llevaba la dirección del trabajo del Partido Comunista en Madrid, siendo conocido por el nombre de FEDERICO ARTIGAS”. [33]

El documento, por si quedara alguna duda, continúa exponiendo:

Igualmente señaló SÁNCHEZ DRAGÓ, que después de haberlo reconocido en la fotografía, lo vió [sic] personalmente en París, en la Conferencia pro Amnistía; por lo que la identificación no ofrece dudas.[34]

Para finalizar, el texto remata con la siguiente conclusión:

Con esto, por consiguiente, quedó determinada la personalidad de AGUSTÍN – FEDERICO y JORGE SEMPRÚN MAURA, que acreditó de tal suerte su extraordinario rango de agitador al servicio del comunismo.[35]

Sánchez Dragó fue el primero en caer en la amplia redada efectuada por la policía franquista en el verano de 1963. Procedía de Padua, Italia, donde disfrutaba de una beca de estudios. Con él cayeron, entre otros, Pradera, Ángel de Lucas, Chicho Sánchez-Mazas, Julio Ferrer y algunos más, la mayoría acusados de propaganda ilegal, que de nuevo fueron conducidos a la cárcel de Carabanchel donde permanecieron algunos meses.[36] Fruto de aquella detención llegó la declaración anteriormente expuesta.  

Informe policial sobre Julio Ferrer, Javier Pradera y Chicho Sánchez Ferlosio (imagen: http://pueblodeespana.blogspot.com/)

 

*****

Esta no es la única referencia que el Boletín informativo de junio de 1968 realiza sobre Sánchez Dragó. Al tratar de las detenciones ocurridas en la gran redada llevada a cabo en Madrid en enero de 1958 contra activistas antifranquistas y miembros del clandestino PCE, el documento policial describe las personalidades de aquellos detenidos que “declararon su conocimiento y contactos con el ‘Instructor’ del Partido Comunista que actuaba enviado desde Francia con los nombres de AGUSTÍN, FEDERICO y FEDERICO ARTIGAS”.[37] Tras los nombres de Muguerza, Deike, Marcos Martínez, Villa Landa y Saoner, aparece Sánchez Dragó, al que la Brigada Político-Social califica de la siguiente manera:

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ.- Estudiante. Detenido desde el 18 de febrero al 18 de abril de 1956 por participar en disturbios universitarios, a los pocos días de quedar en libertad fue llamado por Javier Pradera Cortázar citándole y conociendo a FEDERICO como agitador comunista. Luego de otras entrevistas a través del mencionado Pradera, SÁNCHEZ DRAGÓ enlazó directamente con FEDERICO, que le dio a conocer la táctica comunista, sobre la “Jornada de Reconciliación Nacional”. Entre otros contactos, FEDERICO apareció con el nombre de AGUSTÍN, siendo encargado por éste de diversas tareas orgánicas y políticas en relación con estudiantes.[38]

Que Fernando Sánchez Dragó no fue un delator pero sí facilitó información a la policía es tan cierto como que su memoria se volvió selectiva con el paso de los años. No obstante, hay que reconocer que no debía ser plato de gusto ser interrogado en las dependencias de la Dirección General de Seguridad en aquellos años. Durante las décadas de 1950, 1960 y 1970, permanecer detenido en las instalaciones de la madrileña Puerta del Sol suponía, en muchos casos, penetrar en un mundo tenebroso donde el maltrato y la tortura eran práctica habitual durante las sesiones de los famosos “hábiles interrogatorios”.

Patio interior de la Dirección General de Seguridad, donde accedían los vehículos policiales por la entrada sita en la calle de Correos. Allí mismo se encontraba la enfermería y se bajaba a los sótanos donde estaban las celdas; las ventanas superiores a las arcadas daban a los despachos y dependencias de la Brigada Político Social (foto de 1997 reproducida en el blog Justicia y Dictadura)

Sin embargo, los integrantes de la temible Brigada Político-Social sabían que ciertos detenidos eran intocables, pues sus orígenes o pertenencia a determinadas familias vinculadas al Régimen franquista favorecían esquivar el maltrato, las amenazas y los golpes durante los interrogatorios. Así, Javier Pradera, nieto e hijo de carlistas fusilados por anarquistas al inicio de la Guerra Civil, confinado en destacamentos para oficiales del Ejército del Aire, o el mismo Sánchez Dragó, sobrino del ministro de Educación Joaquín Ruiz-Giménez, pasaron muchas jornadas detenidos en un ambiente que nada tenía que ver con los interrogatorios sufridos por destacados dirigentes comunistas como Simón Sánchez Montero, Julián Grimau o José Sandoval y tantos otros, por poner tres ejemplos donde la tortura salvaje a la que fueron sometidos fue moneda corriente.

Fernando Sánchez Dragó (Madrid, 1936), ensayista, novelista, periodista y crítico literario, comenzó estudiando Derecho pero acabó licenciándose en Filología Románica y en Lenguas Modernas, en la especialidad de italiano. Dos veces Premio Nacional de Ensayo, recibió asimismo galardones como el Planeta, el Ondas y otros más. En el verano de 1954 y de la mano de Javier Pradera contactó con Federico Sánchez y se unió al PCE. En ese momento dio inició su andadura en la lucha contra la dictadura, un camino traducido en tres estancias en prisión con un total de diecisiete meses encerrado, más unos cuantos años de exilio. Aunque, como él mismo se encargó de aclarar, “la cárcel para los presos políticos de los hijos de los vencedores era como ir a un colegio mayor”.[39] Lo que no que deja de ser una hipérbole vergonzante.

Con motivo del fallecimiento de Jorge Semprún, en el año 2011, el diario madrileño El Mundo publicó unas páginas especiales dedicadas a su figura bajo el título nada original de “Jorge Semprún, 1923-2011”. Allí se dieron cita autoras como Carmen Serna (“Una vida en lucha”), Esther Mucientes (“El preso 44.904 de Buchenwald”), Marta Arroyo (que trató de su legado político) y también Luis Alemany (estudioso del cine y la literatura de Semprún) que loaron en sus obituarios la vida y trayectoria del exministro socialista. En aquel número especial no podía faltar Sánchez Dragó que escribió su particular homenaje bajo el título “¿Jorge o Federico?”.[40]

Extracto del expediente penitenciario de Fernando Sánchez Dragó (sanchezdrago.com)

Precisamente es en este corto homenaje donde Sánchez Dragó da muestras de esa memoria selectiva a la que aludíamos anteriormente. Tras un inicio donde el divulgador cultural afirma “No le seré desleal”, el premiado novelista y ensayista afirma:

Fue a comienzos de los sesenta -en el 63, me parece- cuando dejó de existir Federico Sánchez y salió a escena Jorge Semprún. Mi sorpresa fue morrocotuda. Estaba yo desayunando en el mostrador de un café de Padua. Desplegué L’Unitá, leí en su primera página la noticia de que Carlos Barral, Gallimard, Einaudi y otros editores de prestigio habían concedido en Mallorca [sic] el premio Formentor a un tal Jorge Semprún, bajé los ojos, los posé sobre la foto que servía de soporte al titular y se me cayó la taza de café al suelo y el alma a los pies al comprobar que era Federico Sánchez, Agustín, mi amigo, mi enlace con el Partido y mi superior en él, quien había conseguido ese premio con una novela titulada ‘El largo viaje’.[41]

Mucho más reciente es una entrevista que Sánchez Dragó concedió al diario digital El Independiente y que fue publicada el 9 de julio del pasado año 2020. Allí, el octogenario escritor habla de su libro autobiográfico Galgo corredor: los años guerreros (1953-64), editado por la Editorial Planeta, donde describe el Madrid “viscoso, interesantísimo y contradictorio” visto desde sus 17 años de edad. En la mencionada entrevista, Sánchez Dragó afirma:

Yo tenía el deber moral de escribir este libro, porque sobre aquellos sucesos, sobre el proceso político de concienciación ideológica que se produjo en ese momento hay muchos libros escritos, hechos por analistas y profesores, pero no por gente que lo vivió directamente. La mayor parte de las personas que aparecen en este libro ya están muertas y los pocos que no están muertos pues están medio gagás. Yo no me he muerto ni estoy medio gagá, así que soy un poco la memoria de esa generación. Soy casi el único que puede dar testimonio.[42]  

En la obra referida, Galgo corredor,[43] su segundo volumen de memorias, Sánchez Dragó alude en varias ocasiones a Jorge Semprún, como no podía ser otra manera, y lo define como “guapo, elegante, distinguido… Lo que se dice un seductor de arriba abajo. Se llamaba Federico Sánchez, aunque no era ése su verdadero nombre”. Y continúa en tono revelador: “Tendrían que pasar varios años hasta que se hiciese pública en España su genuina identidad, y yo fui, involuntariamente, el responsable de que eso sucediera”.[44] Involuntariamente, nada que ver, por tanto, con el documento policial que hemos analizado.

Semprún no sale bien parado en la obra autobiográfica de Sánchez Dragó. Cuando se refiere a sus entradas en la cárcel, junto a otros camaradas como Pradera, escribe: “A Semprún, no. Cierto es que había estado, tiempo atrás, en un campo nazi de concentración –el de Mauthausen– [sic], pero la Policía de Franco no lo capturó nunca, ni siquiera cuando se enteraron de su identidad. No quisieron (o no les dejaron) hacerlo. Era un Maura. Hay apellidos que son un salvoconducto”.[45]

El 10 de septiembre de 1963, Sánchez Dragó fue detenido en Madrid por seis inspectores de la Brigada Político-Social que, esposado, lo trasladaron a las dependencias de la Dirección General de Seguridad.[46] En el registro practicado en el piso donde fue apresado, los funcionarios encontraron un documento que acreditaba a Sánchez Dragó como representante de la Federación Universitaria Democrática Española (FUDE) en Italia. Pero a la policía le interesaba, al parecer, conocer su participación en la Alianza Democrática Popular Española y le mostró un informe de seis páginas que Dragó había hecho llegar a todos sus integrantes. Fue ese informe, según Sánchez Dragó, la causa involuntaria de la identificación por parte de la policía de Federico Sánchez como Jorge Semprún. Así lo describe el propio Sánchez Dragó:

A causa de aquel informe, en el que yo daba cuenta de todos los contactos mantenidos en París, la Policía española se enteró de que el misterioso Federico Sánchez era el laureado escritor Jorge Semprún.[47]

Fernando Sánchez Dragó a finales de los años 50 (sanchezdrago.com)

En consecuencia, según Sánchez Dragó, todo respondió a una desafortunada coincidencia, a un hallazgo fortuito en un documento. Nada que ver con el relato policial recogido en el citado Boletín informativo del 22 de junio de 1968, cuyo texto explicativo difiere mucho de la versión aportada por el periodista y novelista madrileño.

Memoria selectiva, pensamos, pues a su manera Sánchez Dragó recuerda su paso por la comisaria franquista aquel verano del 63 pero no, ni mucho menos, si en la conversación con sus interrogadores (la fotografía de Semprún en L’Unitá como ganador del Premio Formentor; la reunión en París durante la Conferencia pro Amnistía) desveló la verdadera identidad de Federico Sánchez. Una identidad, por otra parte, ansiada de ser conocida por la policía franquista.

Verdad incómoda, suponemos, pues en 1963 Semprún acababa de abandonar España, algo que probablemente desconocía Sánchez Dragó. La salida forzada del ‘Instructor’, que todavía era militante del PCE, evitó sin duda su caída en manos de la Brigada Político-Social del comisario Roberto Conesa,[48] que con absoluta probabilidad, y al contrario de lo expuesto por Sánchez Dragó, puso todo su empeño en detener al ya identificado (nominal y fotográficamente) Jorge Semprún/Federico Sánchez, el enemigo público número uno y la pieza más codiciada para el aparato represivo del Régimen franquista.

Referencias bibliográficas

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TIDD, Ursula, Jorge Semprún: writing the European other, Legenda, Londres, 2014.

 

Notas   

[1]Originalmente escritas por Semprún en francés: Le grand voyage, Gallimard, París, 1963; L’écriture ou la vie, Gallimard, París, 1994; Le mort qu’il faut, Gallimard, París, 2001. Las tres fueron traducidas al español y publicadas por Seix Barral, 1976, y Tusquets, 2004 como El largo viaje; La escritura o la vida, Tusquets, 1995; y Viviré con su nombre, morirá con el mío, Tusquets, 2001, respectivamente.

[2]Jorge Semprún, Autobiografía de Federico Sánchez, Planeta, Barcelona, 1977. La novela, dedicada a Javier Pradera y a Domingo González Lucas, vendió en solo cuatro meses 150.000 ejemplares.

[3]Hay traducción española: Santiago Carrillo, Mañana, España, Ebro, París, 1975.

[4]En junio de 1953, Semprún conoció a Vicente Aleixandre en su domicilio madrileño y charlaron durante unas horas. El académico trataba con un hispanista francés que le impresionó por la soltura de su castellano y decidió obsequiarle con un ejemplar de su discurso de recepción en la Real Academia en donde escribió la siguiente dedicatoria: “A Jacques Grador, recuerdo de nuestra primera charla de amistad, su amigo Vicente Aleixandre”.

[5]Entre los guiones escritos por Semprún para los directores citados caben destacar La guerre est finie (1966), Z (1969), L’Aveu (1970), L’Attentat (1972), Staviski (1974), Section spéciale (1975), Une femme à sa fenêtre (1976) y Les Routes du Sud (1978).

[6]Manuel Juan Farga, Universidad y democracia en España: 30 años de lucha estudiantil, Editorial Era, México, D.F., 1969, p. 45.

[7]Pablo Lizcano, La Generación del 56: la Universidad contra Franco, Grijalbo, Barcelona, 1981, p. 87.

[8]Arriba (Madrid), 11 de febrero de 1956, “Sereno rigor de la ley”.

[9]La Vanguardia (Barcelona), 11 de abril de 1956, “Fichas conocidas”.

[10]Elías Díaz, Notas para una historia del pensamiento español actual, 1939-1973, Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1974, p. 125.

[11]Gregorio Morán, Miseria y grandeza del Partido Comunista de España, 1939-1985, Planeta, Barcelona, 1986, p. 223.

[12]Jorge Semprún, Autobiografía…, pp. 79-80.

[13]Santos Juliá, Camarada Javier Pradera, Galaxia Gutemberg, Barcelona, 2012, p. 1.

[14] Jorge Semprún, Autobiografía…, pp. 70-75.

[15] Archivo Histórico Nacional (Madrid). Fondos Contemporáneos, Mº Interior Policía, H, Exp. 53114.

[16] En mayúsculas, en el original. “57-58” hace referencia a los años 1957 y 1958.

[17] Semprún trabajó como traductor para la Unesco entre 1947 y 1952.

[18] Julián Grimau operaba en la clandestinidad en Andalucía y Barcelona cuando Carrillo le ordenó dirigirse a Madrid. Allí fue detenido el 7 de noviembre de 1962. Torturado salvajemente en las dependencias de la DGS, fue posteriormente juzgado en un consejo de guerra sumarísimo por sus actividades durante la Guerra Civil. Condenado a muerte, fue fusilado el 20 de abril de 1963 en el campo de tiro del Cuartel de Campamento, Madrid.

[19] Todas las citas literales y entre comillas proceden del referido Boletín informativo, número 42 del 22 de junio de 1968.

[20] Véanse, a modo de ejemplo, los estudios de Pierre Mertens, Xavier Pla, Viridiana Molinares Hassan, Corinne Benestroff, Marta Ruiz Galbete, Mirjam Leuzinger, Ursula Tidd, Jaime Céspedes, Françoise Nicoladzé y Manuel Aznar Soler.

[21] Gregorio Morán, Miseria, grandeza y agonía del Partido Comunista de España, 1939-1985, Akal, Madrid, 2017. Paul Preston, El zorro rojo, Debate, Barcelona, 2013.

[22] Santos Juliá, Camarada Javier Pradera, Galaxia Gutemberg, Barcelona, 2012.

[23] Soledad Fox Maura, Ida y vuelta: la vida de Jorge Semprún, Debate, Barcelona, 2016.

[24] Franziska Augstein, Lealtad y traición: Jorge Semprún y su siglo, Tusquets, Barcelona, 2010.

[25] Felipe Nieto, La aventura comunista de Jorge Sempún: exilio, clandestinidad y ruptura, Tusquets, Barcelona, 2014.

[26] Fallado en septiembre de 2013, el jurado estuvo compuesto por Miguel Ángel Aguilar, Francesc de Carreras, Emilio La Parra, José María Ridao y Josep Maria Ventosa.

[27] Felipe Nieto, La aventura comunista…, pp. 438-440.

[28] Felipe Nieto, La aventura comunista…, p. 439.

[29] Ibídem, pp. 439-440.

[30]Los documentos que contengan datos personales de carácter policial, procesal, clínico o de cualquier otra índole que puedan afectar a la seguridad de las personas, a su honor, a la intimidad de su vida privada y familiar y a su propia imagen, no podrán ser públicamente consultados sin que medie consentimiento expreso de los afectados o hasta que haya transcurrido un plazo de veinticinco años desde su muerte, si su fecha es conocida o, en otro caso, de cincuenta años a partir de la fecha de los documentos”.

[31] Como sospechábamos desde el principio, Felipe Nieto accedió al documento de la BP-S mutilado o despersonalizado: todos los nombres propios están tachados, excepto el de Jorge Semprún (que autorizó a Nieto en la consulta). El autor lo confirmó vía correo electrónico los días 4 y 5 de febrero de 2021.

[32]Felipe Nieto, La aventura comunista…, pp. 607-608.

[33] Dirección General de Seguridad, Comisaría General de Investigación Social, Secretaría General, Boletín informativo, número 42, 22 de junio de 1968, p. 7. Las mayúsculas y el subrayado, en el original.

[34] Ibídem, p. 8.

[35] Ibídem, p. 8.

[36] Felipe Nieto, La aventura comunista…, p. 439.

[37] Dirección General de Seguridad, Comisaría General de Investigación Social, Secretaría General, Boletín informativo, número 42, 22 de junio de 1968, p. 4.

[38] Ibídem, p. 6.

[39] Le Miau Noir: el ronroneo de la cultura, 3 de diciembre de 2015. Recuperado de: https://www.lemiaunoir.com/fernando-sanchez-drago-entrevista/. Consultado el 31/7/2020.

[40] Fernando Sánchez Dragó, “¿Jorge o Federico?”. En: El Mundo, junio de 2011. Recuperado de: https://www.elmundo.es/especiales/2011/06/cultura/jorge-semprun/firmas_sanchez_drago.html. Consultado el 9/7/2020.

[41] Ibídem.

[42] Fernando Sánchez Dragó, «España está desguazada, está despiezada como un cordero en una carnicería». En: El Independiente, 9 de julio de 2020. Recuperado de: https://www.elindependiente.com/tendencias/libros/2020/07/09/espana-esta-desguazada-esta-despiezada-como-un-cordero-en-una-carniceria/

Consultado el 31/7/2020.

[43] Fernando Sánchez Dragó, Galgo corredor: los años guerreros (1953-1964), Planeta, Barcelona, 2020.

[44] Ibídem, p. 134.

[45] Ibídem, pp. 344-345.

[46] Como ya indicamos en páginas anteriores, en aquella redada cayeron, además de Sánchez Dragó, Javier Pradera, José Antonio Sánchez Ferlosio, Juan Antonio Matesanz, Julio Ferrer y Ángel de Lucas. En Valencia fue detenido Ángel Sánchez-Gijón.

[47] Fernando Sánchez Dragó, Galgo corredor, pp. 595-596.

[48] “Conesa, como imagen genérica, multiforme, personificación de la Brigada Social… ”, Jorge Semprún, Autobiografía…, p. 64.

Correo electrónico: fran.redondo@usc.es

ORCID iD: https://orcid.org/0000-0002-6551-3777

 

Portada: Jorge Semprún (segundo por la izquierda, de pie) en el sexto congreso del PCE, en 1959 (foto el pais)

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

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2 Comentarios

  1. Con la justicia tan represiva que tenemos, mejor que cuidemos las palabras y no llamemos delator a FSD, pero el caso es que informó a la policía franquista sobre la identidad de Federico Sánchez. Y no lo haría bajo excesiva presión cuando no había pistas de que tuviera la información. ¿Sobre quiénes más no informaría? Y encima presume a su modo, tergiversando, en sus memorias. Menuda calaña de personaje.

  2. Interesantísimo artículo, muchas gracias!
    Como yo no soy tan educado ni elegante como el autor, me abstendré de dar mi opinión sobre el informante.

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