Luis Javier Pérez. Periodista

Detrás de las llamadas continuas al “olvido”, a enterrar el pasado y “mirar adelante”, existe una clara voluntad de evitar que la verdad se conozca. En concreto existe la intención de que los responsables de los crímenes que fueron bendecidos, impulsados o dirigidos por el gobierno ilegal nacido del golpe militar dado por los franquistas, no tengan que enfrentarse a sus responsabilidades, ni después de muertos.
De las mismas bocas que aseguran que las víctimas de unos crímenes , o sus familias, tienen derecho a todo (incluso a guiar las resoluciones judiciales o administrativas), tenemos que escuchar que las víctimas de otros, o sus familias, deben callar y olvidar. Porque su petición de Verdad, Justicia y Reparación, solo sirve para “reabrir viejas heridas”.
Por eso leer este artículo me ha producido un profundo desasosiego. La historia de lo ocurrido en un pueblo de Badajoz, lejano de mi en lo geográfico, pero tan cercano en lo personal. Esta historia terrible de asesinos impunes nos ofrece una “cata” de lo que pasó a lo largo de todo el Estado según los pueblos iban cayendo en manos de los insurgentes.
En la web de El Salto, Chema Álvarez Rodríguez nos resume el contenido de un relato anónimo de 17 páginas que cuenta con «pelos y señales», es decir con nombres propios, los terribles días que siguieron al control por parte de los insurgentes de la población pacense de Montijo. Un relato que, con mayor detalle, refuerza los estudios ya realizados por algunos historiadores empeñados en dar a conocer esa parte de la historia. Entre ellos destaca, como se indica en el propio artículo, Juan Carlos Molano Grager  autor, entre otros libros, de «Materiales para el estudio de la Falange en Montijo, 1933-1945» (Editorial Regional de Extremadura, 2010).
Aquel régimen infame duró tantos años a base de mantener un estado de terror permanente en el interior; y gracias, también, a la traición de las democracias occidentales que, con honrosas excepciones, se olvidaron de sus principios.
La historia, la de verdad, la que debemos recuperar, es la de todas esas personas que cayeron en manos de aquellos psicópatas asesinos, violadores y ladrones. Contar sus historias, su sufrimiento, es una obligación de todos aquellos que quieran que esta sociedad se cure, de una vez, de la peste del Franquismo, que aun hoy, impregna y corrompe todos sus rincones.
El Salto – 2/10/2018 

Verdugos conocidos: la represión fascista en Montijo en 1936

LA ESCUADRA NEGRA DE MONTIJO Cabecera del texto anónimo
LA ESCUADRA NEGRA DE MONTIJO Cabecera del texto anónimo

La historia que se va a contar aquí, aunque parezca entresacada de una novela de terror, es tan real como la vida misma, y tan cierta y lúgubre como la muerte que acaba con ella.
El pasado 28 de agosto, a media mañana, alguien depositó en el buzón de mi casa un sobre autoadhesivo blanco de tamaño cuartilla, sin remitente ni destinatario. Al abrirlo entresaqué del mismo 9 folios numerados en 17 páginas, doblados por la mitad, con un texto impreso a doble cara, sin autoría ni firma que pudiera identificar quién lo había redactado. Sin embargo, el encabezamiento del pliego, en letra Broadway versal, no dejaba lugar a dudas acerca de su contenido:
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